domingo, 18 de octubre de 2015

AL FILO DE LOS DÍAS










El pequeño Aylan Kurdi,





 El 28 de agosto pasado publiqué en mi página de Facebook (no me gusta la palabra muro) una foto de los refugiados sirios, con este texto: “Sirios, iraquíes, afganos, libios, subsaharianos..., huyen de sus países en guerra, o de la miseria. Es el drama humanitario más grande, desde la II Guerra Mundial y, Alemania, por una vez, está dando ejemplo. Este año han fallecido ahogadas más de dos mil personas en el Mediterráneo. Vienen con lo puesto”. A través de la ONG Avaaz.org, yo hacía una petición a favor de los refugiados. Sólo tenían que poner los datos y el correo electrónico, el caso es que obtuve pocas firmas. Más tarde, los medios de comunicación convencieron a muchos indecisos, pues no se podían cerrar las fronteras a quienes huían de la guerra. Días después salió en la prensa la foto del niño sirio Aylan Kurdi, que falleció ahogado cerca de la costa de Turquía. La foto dio la vuelta al mundo y la imagen del niño inerte en la playa nos conmovió a todos y sirvió para que la vieja Europa abriera las fronteras y su corazón con los perseguidos.

Un conocido, defensor del medio ambiente, discutía con otro ecologista y conmigo, diciendo que lo de los refugiados no merecía la pena, que no se iba a conseguir nada. Y le contesté así: “¿Sabes lo que me movió a esa iniciativa a favor de los refugiados, sin ponerme a mirar si eran árabes? Porque las fotos me recordaron a los miles de refugiados españoles, en 1939, y Francia les abrió las fronteras. Pero, con ese pensamiento, no sales de la aldea”. Al final se convenció. He visto tantas fotos e imágenes de los republicanos y de la población española entrando por la frontera de Francia, que tengo la impresión de haber vivido aquel éxodo. Moralmente, Europa no podía cerrar las fronteras a los refugiados sirios, que huían de la guerra, para que los islamistas los mataran, a sabiendas de que acogerlos iba a suponer un efecto llamada, como así ocurrió: miles de árabes llegaron y todavía llegan a las costas de Grecia.

Un amigo me cuenta que, el 24 de septiembre, llamó al teléfono de Atención al Cliente, de la empresa de aguas Emasagra. Resulta que envió la tarjeta con la lectura del contador de su piso de, Granada –no había consumido agua en los últimos meses–, sin embargo, le estimaron un consumo 15 metros cúbicos. Ahora ha alquilado el piso a unos estudiantes y tiene que cobrarles estos metros cúbicos de más, cuando los consuman. En Atención al Cliente le dicen que entre en la web Emasagra.es, después en Oficina Virtual y Contacto. “Y aquí expones el caso, o bien, te pasas por la calle Molinos y te atienden”. Contacto es una página que no está operativa, pues no permite escribir provincia, municipio o localidad, o sea, que no puedes enviar ningún mensaje. Sin embargo, la empresa Emasagra lo anuncia en su web como Portal de Transparencia, en letras grandes. Ahora, el afectado tiene que perder media mañana en la calle Molinos para reclamar y a ver por dónde salen. Cuando Endesa te hace una estimación y comprueba que te ha cobrado de más, automáticamente te ingresa el dinero en tu cuenta. Pero Emasagra, no.









Cuando no hay consumo de agua (cobran 5,49 euros, más IVA), con el alcantarillado y la depuración doméstica, el recibo sale a 9,80. La recogida de basura supone 21,82 y, en total, 31,62 euros, sin consumo de agua. Con 15 metros cúbicos consumidos, la factura sale a 52,74, esto es, 21 euros más. Cuenta el escritor Antonio Muñoz Molina –trabajó en el Ayuntamiento de Granada, de auxiliar administrativo– que, en los años ochenta, la oficina de Emasagra la llevaban dos auxiliares administrativos, en la calle de atrás del Ayuntamiento. Pero, un tiempo después, pusieron a un director general y a la tira de empleados, entonces, el precio del recibo del agua se multiplicó para mantener a tantas bocas. Y así ocurrió con todo en aquellos años.

A finales de septiembre doy de baja una bombona de butano, en un establecimiento de Repsol. Me toman los datos y me devuelven tres euros. El empleado me explica que en el contrato figuran tres bombonas de butano y que la fianza depositada fue de 1.500 pesetas. Sí, le respondo, pero esto fue en 1994 como indica el boletín de la revisión. El empleado me responde que son 500 pesetas por cada bombona devuelta. Mis padres hicieron el contrato de butano a mediados de 1970, y 500 pesetas de entonces equivaldrán aproximadamente hoy a unos 30 euros (calculo que unas 5.000 pesetas), diez veces más de lo que me han devuelto. En los setenta mi padre ganaba unas cinco mil pesetas al mes. Mi pregunta es: ¿qué diferencia hay entre quienes timan a los usuarios, haciéndose pasar por personal de Repsol, y les cobran un dineral por cambiar las gomas de las bombonas, y este caso? Te dicen, como pagaste 500 pesetas en los años setenta, ahora te devuelvo tres euros y estamos en paz.


El Servicio Andaluz de Salud 



Un amigo me cuenta que pidió cita para una ecografía, en un ambulatorio de Granada, a primeros de octubre. El empleado de la oficina le entrega un folio con los datos del paciente, del facultativo solicitante y escribe a lápiz, en la parte superior: pendiente citar. Ante la sorpresa del paciente, le advierte: “Si de aquí a un mes no te han enviado una carta a tu domicilio, te pasas con la cita por el Hospital Virgen de las Nieves y reclamas en Rayos X”. Y mi amigo le responde: “Entonces, ¿que no me da cita?”. “Así es, hay lista de espera y tardan meses en hacer una ecografía” le responde el empleado. De esta manera burda funciona ahora el Servicio Andaluz de Salud: no dan cita al paciente porque tienen un tapón enorme de meses pero en los datos que proporcionan a la prensa anuncian que las listas de espera van disminuyendo.


A otro paciente, que viene siendo atendido desde hace cinco años en el Servicio de Neumología, le ocurrió lo siguiente. Este año le cambiaron de neumólogo y el nuevo le mandó un TAC, para ver cómo se encontraba la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). El anterior neumólogo lo veía cada año, le hacía una espirometría y le recetaba un broncodilatador (nuevo en el mercado), que apenas sirve para nada como no sea para engrosar los beneficios de un laboratorio alemán, según le confesó un médico al paciente. El caso es que el facultativo, a la vista del resultado del TAC, le dijo que la EPOC estaba bien y que ahora su médico de cabecera le haría cada año el seguimiento de la enfermedad. Esta es otra forma sutil para descongestionar las famosas listas de espera del SAS: derivan los pacientes a su médico de cabecera, y aquí paz y allí gloria. Hace un mes, venía en El Mundo de Andalucía este titular: “La comunidad, a la cola en gasto sanitario. Andalucía registró en 2014 un desembolso de 977 euros por habitante, frente a los 1.207 de la media nacional”. Por no hablar de los miles de médicos y enfermeros que han sido despedidos o contratados con menos sueldo.

http://en-clase.ideal.es/opinion-200/2693


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