miércoles, 22 de febrero de 2017
miércoles, 8 de febrero de 2017
TURISMOS, EXENTOS DE MULTAS
Estas fotos fueron tomadas los días 13 de diciembre del pasado año y el 6 de febrero. Estos vehículos siempre están aparcados en la acera de la derecha y no respetan las normas, como puede apreciarse por las señales de tráfico que hay en la calle Murillo, de Las Gabias, esto es, aparcar cada quince días a un lado u otro de la acera. Los turismos llevan meses aparcando siempre en el lado derecho, a pesar de que la Policía Municipal fue avisada por teléfono, por un vecino, el pasado 13 de diciembre. Por las fotografías puede apreciarse que están mal aparcados, vulnerando las señales de tráfico.
Hace
unos meses, en esta misma calle, fue multado un turismo de un foráneo, el día
uno –los días uno y dieciséis de cada mes hay que cambiar de acera–, mientras
que el vehículo de un vecino, que estaba al lado, no fue multado.
Habría
que preguntar al concejal de Tráfico si conoce estos privilegios con los propietarios
de los vehículos, de las fotos, y ¿por qué se multa a un turismo el día uno, mientras
que se hace la vista gorda con otros que están mal aparcados en la
misma calle durante meses? ¿Cuál es la razón para que a estos vecinos de la calle
Murillo (normalmente son tres turismos y una moto los que están mal aparcados) no
se les multe? ¿Es que las ordenanzas no rigen para ellos? ¿Por qué todos los españoles no somos iguales
ante la ley, en Las Gabias?
¿Hace
falta dirigir una petición al concejal de Tráfico, y a los grupos políticos del
Ayuntamiento de Las Gabias, para que tengan conocimiento de estas
arbitrariedades que están ocurriendo desde hace meses, en Las Gabias, a la
vista de todo el mundo, con el fin de que todos los vecinos cumplan las
ordenanzas municipales sin excepciones? Es vergonzoso que estas malas prácticas ocurran en una localidad, a 8 kilómetros de Granada, y que nadie diga nada.
Posdata: bastante fotos del blog se han borrado, he encontrado esta foto en Internet
Posdata: bastante fotos del blog se han borrado, he encontrado esta foto en Internet
lunes, 23 de enero de 2017
EL PEQUEÑO COMERCIO
En los primeros días de las rebajas de enero, fui a la pequeña tienda de un antiguo compañero de colegio. Me convenció de que los pantalones de pana abrigaban, en el invierno, me enseñó el forro que llevaban por dentro y al final me llevé unos parecidos a los que él llevaba puestos. A continuación le dije que me sacara cazadoras y, entre ellas, me enseñó una de color azul parecida a los anoraks, aunque me dijo que el tejido es diferente. No me gustaba por eso, pero me la puse, me miré en el espejo y vi que aquella prenda de abrigo no estaba mal. El caso es que, mirándome por delante, por la espalda y de perfil vi que era mi talla, y se produjo lo que se dice el flechazo.
A la semana siguiente estaba pensando en
pasarme por el Corte Inglés, para comprarme unos jerséis, pero decidí darme una
vuelta por la tienda del compañero del alma. “Yo quiero que el jersey sea un
poco recio, pues los que tengo son finos y no me abrigan”, le dije, pues cada año
que pasa soy más friolero. Me sacó de varios colores y modelos, de los que
abrigan como a mí me gustan, con el cuello de pico y otro con el cuello alto, y
no se habló más. Con el descuento, me cobró setenta euros por dos jerséis y una
camisa de franela, y entonces me dijo: “En el Corte Inglés te hubiera costado
setenta euros, un solo jersey, allí lo que pagas es la marca y a lo mejor lo
han fabricado en un país asiático. En cambio, esta camisa de franela está hecha
en Córdoba”. También me dijo que hacían el arreglo en la tienda, “en un par de
días, cuando el pantalón no queda bien”, y me enseñó la máquina de costura. Te
quedas alucinado. Zara es una multinacional española –lo mismo que el Corte
Inglés–, pero quitando a los empleados españoles, todo lo demás está hecho en el
extranjero, sobre todo en los países asiáticos donde la mano de obra es más
barata. Como el caso de una conocida marca de balones de fútbol, están cosidos por
niños de la India a los que les pagan cuatro perras y a veces sin contrato.
El amigo del colegio lleva bastantes
años con la tienda de ropa, en Guadix, después de experimentar en otros oficios
y negocios, y le va bastante bien. Sabe convencer y vender. Hace unos días
entré en una pequeña tienda de deportes de Guadix, donde el empleado te habla
de la marca Chiruca para hacer senderismo, lo mismo que los bastones, y se
fabrican en España. “Vas a Decathlon, en Granada, y encuentras bastones de doce
euros, pero no son buenos. Y las botas de senderismo son de marcas extranjeras
y más baratas, pero más malas. Estas gorras de hombre que tengo son
tradicionales, valen trece euros y las vendo bien. Traje unas boinas a treinta
euros, pero me tiré diez años para venderlas. No me trae cuenta”. Al final acabamos
hablando del pellet para la estufa y me aconseja que lo compre en un comercio
determinado, porque el que compro en Leroy Merlin es más barato, pero de más
baja calidad y de menor poder calórico. “El pellet barato echa humo negro y te
atora los tubos, no trae cuenta porque al final te va a costar más limpiarlos”,
me dice.
En una tienda de electrónica de Guadix
compré un programador: señalas los días, horas y minutos, y se enciende una
bombilla en tu casa, en las horas programadas. Era un aparato fabricado en
China y las complicadas instrucciones a veces no las entendía, de manera que el
propietario de la tienda me atendió muchas veces, para solucionarme el problema.
Antes del año, el aparato falló y el comerciante me devolvió el importe, diez
euros. Le dije que me lo cambiara por otro programador, pero no le quedaban. Lo
que trato de decir es que, las veces que el comerciante me atendió y me sacó del
atolladero chino, valían más que el precio que pagué. Esta atención personal al
cliente no la hacen en Media Markt ni en ningún supermercado.
Guadix es un ejemplo del pequeño
comercio, donde sobrevive con dignidad, a pesar de que ya tiene supermercados
como Mercadona, Dani, Lidl, Día y algún otro, así como el Mercadillo de los
sábados, que abarata los precios bastante. La gente de la comarca se acerca a
comprar aquí, por la calidad y el precio. Sin embargo, en Las Gabias, distante a
ocho kilómetros de Granada (un pueblo dormitorio con 19.000 habitantes, cuando
en los años noventa tenía 6.000), ocurre todo lo contrario: el comerciante apenas
vende, porque los vecinos se van a comprar a Granada, sea a Kinépolis o al
Centro Nevada. Posiblemente esto sea debido a la cercanía de Granada, mientras
que Guadix se encuentra a cincuenta kilómetros de distancia y para aparcar en
el centro de la capital tienes que pagar. Esto disuade bastante al personal. Esta
anécdota me la contó un amigo: antiguamente, los vecinos de Jéres del
Marquesado se acercaban a Guadix a vender los sacos de trigo, pero, de regreso venían
diciendo que los habían engañado. No sabrían mucho de cuentas o esperaban otro
precio.
En
Granada recuerdo a Loli, atendiendo en la Librería Estudios, en la calle
Mesones. Siempre la veías con clientes y te atendía de una forma especial, me decía
que su padre la enseñó a atender al cliente así. Esta librería cerró hace un
año, por la tremenda subida de los alquileres antiguos en los locales
comerciales (había que actualizarlos de acuerdo con la ley), pero el local
todavía permanece cerrado. El caso es que la calle Mesones se quedó, por
primera vez, sin librerías, y esto da idea de por dónde va el consumo y por
dónde la cultura. Cada día se lee menos y se teclean más los aparatos
inteligentes, que a su vez generan una sociedad cada vez más idiotizada y
narcotizada.
Lo que quiero destacar es que el
comercio pequeño se está perdiendo, debido a las multinacionales y
supermercados, sobre todo en Granada. Es el pequeño comerciante, que te atiende
con cortesía, te aconseja y al final te convence de que lo que te ofrece es lo
mejor. Sin duda lo mejor del pequeño comercio es el precio, la calidad y el
trato personal, aunque los supermercados tengan más variedad, publicidad y
atractivo. Es una pena, vamos a la globalización y el pequeño comerciante
tendrá que especializarse en lo que le dejan las multinacionales, los bazares chinos
y los comercios extranjeros, si quiere sobrevivir. Los españoles tendremos que
decidir, aunque ya parece decidido, si compramos en Carrefour, Alcampo,
Decathlon, Leroy Merlin, Brico Depot, Aldi (multinacionales francesas), Día y
Media Markt (multinacionales alemanas) o en el Corte Inglés, Zara y Mercadona,
que son españolas, pero la mayoría de los productos que venden los fabrican en
el extranjero. Es el comercio internacional, el liberalismo rampante que paga
sueldos míseros en países pobres (a veces sin contrato y en unas condiciones
miserables), por lo que las ganancias son rápidas y seguras. Vamos a la
desigualdad y la injusticia: el 1% de la población del mundo posee el 99% de la
riqueza. El pequeño comercio va en retroceso en las capitales de provincia,
pero se mantiene en ciudades como Guadix.
miércoles, 18 de enero de 2017
EL TERREMOTO DE ALHAMA 25/12/1884
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| Terremoto de Alhama |
El periódico 'El Defensor de Granada' daba así la
noticia:
Martes, 13-1-1885.- El viaje del rey Alfonso XII en
Alhama.- A las tres de la tarde llegó a Alhama de Granada el rey y su comitiva. En Loja al dejar el tren real, habían montado
en coches preparados al efecto, agregándoseles otras varias personas.
Recibiéronles las autoridades, comisiones de los pueblos comarcanos y el vecindario en masa, que tributó al rey una imponente ovación, pidiéndose protección y amparo. El rey impresionado tristemente ante tantas desgracias, dirigió afectuosas frases a todos, y a pie, seguido de numeroso séquito, recorrió todas las calles inspeccionando los destrozos causados en los edificios por los terremotos. Visitó también las chozas en que habita el vecindario, y penetró en el hospital. La visita a este triste lugar fue conmovedora. El Rey habló con todos los enfermos y heridos; aquellas sencillas gentes sentíanse embargadas por emoción profundísima; de una parte, la catástrofe y sus desventuras, y de otra el respeto, la confianza que las palabras del Rey habían hecho surgir en los corazones.
Cuando el monarca dejó el establecimiento y se retiró al balneario, quedó ya decidida la concesión de pensiones depositadas en el Monte Pio para todos los huérfanos menores de quince años cuyo capital y los réditos que este devengue serán entregados al cumplir la citada edad acumulándose las cantidades respectivas a los que fallezcan, a todos los pensionados. También decidió S. M. que a los heridos solteros se les entreguen 400 reales, 500 a los casados, 600 a los que tengan dos hijos y 100 reales más por cada hijo a los que tengan más de dos.
S. M., algo contrariado por estos obsequios, se retiró a su cuarto a las diez y media de la noche. Antes de la comida recibió a varias comisiones de los pueblos comarcanos, entregando a cada alcalde 4.000 reales para el socorro de las necesidades más precisas. Especialmente para Alhama dejó 30.000 reales. El terremoto de las seis de la mañana, fue observado por S. M. y sus acompañantes. El fenómeno tuvo allí muy escasa importancia. Justamente a esa hora se vestía el Rey para continuar su expedición
Recibiéronles las autoridades, comisiones de los pueblos comarcanos y el vecindario en masa, que tributó al rey una imponente ovación, pidiéndose protección y amparo. El rey impresionado tristemente ante tantas desgracias, dirigió afectuosas frases a todos, y a pie, seguido de numeroso séquito, recorrió todas las calles inspeccionando los destrozos causados en los edificios por los terremotos. Visitó también las chozas en que habita el vecindario, y penetró en el hospital. La visita a este triste lugar fue conmovedora. El Rey habló con todos los enfermos y heridos; aquellas sencillas gentes sentíanse embargadas por emoción profundísima; de una parte, la catástrofe y sus desventuras, y de otra el respeto, la confianza que las palabras del Rey habían hecho surgir en los corazones.
Cuando el monarca dejó el establecimiento y se retiró al balneario, quedó ya decidida la concesión de pensiones depositadas en el Monte Pio para todos los huérfanos menores de quince años cuyo capital y los réditos que este devengue serán entregados al cumplir la citada edad acumulándose las cantidades respectivas a los que fallezcan, a todos los pensionados. También decidió S. M. que a los heridos solteros se les entreguen 400 reales, 500 a los casados, 600 a los que tengan dos hijos y 100 reales más por cada hijo a los que tengan más de dos.
S. M., algo contrariado por estos obsequios, se retiró a su cuarto a las diez y media de la noche. Antes de la comida recibió a varias comisiones de los pueblos comarcanos, entregando a cada alcalde 4.000 reales para el socorro de las necesidades más precisas. Especialmente para Alhama dejó 30.000 reales. El terremoto de las seis de la mañana, fue observado por S. M. y sus acompañantes. El fenómeno tuvo allí muy escasa importancia. Justamente a esa hora se vestía el Rey para continuar su expedición
'Apéndice Documental de Historia de Alhama y sus Monumentos', de Salvador Raya Retamero, 1992. 'Alhama en blanco y negro'
El Periódico 'El Defensor de Granada' escribía una durísima editorial y una
crónica ese mismo día. Las dos las trascribimos aquí.
Jueves, 15-1-1885.- ¡Pobre Alhama!.- ¿Qué va a suceder en este desdichado pueblo? ¿Qué piensa el gobierno, qué piensa el ministro de la gobernación en socorro de esta desventurada ciudad? El rey ha pasado por allí como una luz brillante y esplendorosa, socorriendo huérfanos y heridos, mitigando desventuras privadas; pero ya ha pasado: y Alhama queda sola en su desventura; con sus edificios por el suelo; con los cadáveres de sus hijos entre los escombros; con los supervivientes más favorecidos albergados en tiendas de campaña, y espuestos allí a los rigores de la temperatura y de las enfermedades, con los braceros sin trabajo; con el espíritu aplanado por su inmensa pesadumbre.
¿Puede esto continuar así un sólo instante? ¿A cuando se espera para enviar a Alhama un regimiento de ingenieros que escombre las ruinas y extraiga los cadáveres, y
construya albergues provisionales de madera interin se normaliza la situación y se reedifica la ciudad? Sigue nevando, y aquellos desgraciados se siguen muriendo lentamente, víctimas del horror y de las penalidades y de la incuria y de la ineficacia de un gobierno que ni siquiera sabe imitar las virtudes de su soberano.
¡Pobre Alhama! ¡La bella, la grande, la rica... qué sola y qué abandonada se ha quedado en su desventura! Y la estamos viendo morir y nadie vuela en su socorro.
¿A qué se aguarda? ¿A qué se aguarda señor ministro, señor gobernador? ¿A qué se aguarda?
Jueves, 15-1-1885.- ¡Pobre Alhama!.- ¿Qué va a suceder en este desdichado pueblo? ¿Qué piensa el gobierno, qué piensa el ministro de la gobernación en socorro de esta desventurada ciudad? El rey ha pasado por allí como una luz brillante y esplendorosa, socorriendo huérfanos y heridos, mitigando desventuras privadas; pero ya ha pasado: y Alhama queda sola en su desventura; con sus edificios por el suelo; con los cadáveres de sus hijos entre los escombros; con los supervivientes más favorecidos albergados en tiendas de campaña, y espuestos allí a los rigores de la temperatura y de las enfermedades, con los braceros sin trabajo; con el espíritu aplanado por su inmensa pesadumbre.
¿Puede esto continuar así un sólo instante? ¿A cuando se espera para enviar a Alhama un regimiento de ingenieros que escombre las ruinas y extraiga los cadáveres, y
construya albergues provisionales de madera interin se normaliza la situación y se reedifica la ciudad? Sigue nevando, y aquellos desgraciados se siguen muriendo lentamente, víctimas del horror y de las penalidades y de la incuria y de la ineficacia de un gobierno que ni siquiera sabe imitar las virtudes de su soberano.
¡Pobre Alhama! ¡La bella, la grande, la rica... qué sola y qué abandonada se ha quedado en su desventura! Y la estamos viendo morir y nadie vuela en su socorro.
¿A qué se aguarda? ¿A qué se aguarda señor ministro, señor gobernador? ¿A qué se aguarda?
Jueves, 15-1-1885. Los
terremotos de esta Provincia.- Desde Alhama nos escribe nuestro
corresponsal don R. L. C. una sentida e interesante carta de la que
reproducimos los siguientes párrafos.
"Un pastor regresaba del campo
el día 25 de diciembre: se dirige a su casa en busca de su familia, compuesta
de mujer, una hija mozuela y un hijo de 5 años; ni encuentra la casa ni la
calle, pues todo era un montón de escombros; después de andar de acá para allá
como loco, al fin encuentra esos pedazos del corazón que buscaba con tanta
ansiedad: ¿Pero dónde y cómo? en el depósito de cadáveres tuvo lugar de
identificarlos y perderlos para siempre. A un joven como de 18 años,
decentemente vestido, le coge en la calle esa noche del 25: tan luego se hubo
repuesto del sobresalto de las dos terribles sacudidas, vuela hacia su casa y
la encuentra convertida en ruinas y debajo de ella a sus padres y cinco
hermanos que tenía y que no volverá a ver.
A otra familia compuesta de cinco individuos, cuatro adultos y una niña de tres años, se le hunde la casa, les coje debajo, y sólo el matrimonio que en ella habitaba se salva, pero milagrosamente: el marido, que se hallaba en el piso bajo al fuego de la chimenea, en un estrecho hueco del que le sacaron a las 24 horas magullado, que casi no podía respirar, y a la mujer en el piso alto colgada de la punta de una viga de el en cuya situación permaneció doce horas mortales, pues era una habitación que quedó también en hueco entre las derribadas por el siniestro. Ayer sacaron, entre otros, tres cadáveres de una cama de matrimonio destrozada: marido, mujer y una niña como de dos años, los tres abrazados. Hoy el cadáver de una niña como de 2 años, en una cuna, destrozada y con un pedazo de pan en la mano. Pero a ¿qué proseguir describiendo cuadros de esta naturaleza? Sería tarea inacabable. También sería largo de describir, por más que de parte de ello no se haga con bombo, la conducta con que en las más críticas de las circunstancias del terrible siniestro, se han portado este dignísimo señor juez de instrucción don Juan Martínez Marín y el no menos digno señor alcalde D. Pedro Negro, quien desde los primeros días del conflicto, acompañado de sus respectivas secciones de empleados y trabajadores, se lanzaron en los parajes más peligrosos, despreciando el grave riesgo que a cada paso exponía sus vidas, extrayendo multitud de víctimas de entre los escombros, algunos con vida, y los demás cadáveres".
A otra familia compuesta de cinco individuos, cuatro adultos y una niña de tres años, se le hunde la casa, les coje debajo, y sólo el matrimonio que en ella habitaba se salva, pero milagrosamente: el marido, que se hallaba en el piso bajo al fuego de la chimenea, en un estrecho hueco del que le sacaron a las 24 horas magullado, que casi no podía respirar, y a la mujer en el piso alto colgada de la punta de una viga de el en cuya situación permaneció doce horas mortales, pues era una habitación que quedó también en hueco entre las derribadas por el siniestro. Ayer sacaron, entre otros, tres cadáveres de una cama de matrimonio destrozada: marido, mujer y una niña como de dos años, los tres abrazados. Hoy el cadáver de una niña como de 2 años, en una cuna, destrozada y con un pedazo de pan en la mano. Pero a ¿qué proseguir describiendo cuadros de esta naturaleza? Sería tarea inacabable. También sería largo de describir, por más que de parte de ello no se haga con bombo, la conducta con que en las más críticas de las circunstancias del terrible siniestro, se han portado este dignísimo señor juez de instrucción don Juan Martínez Marín y el no menos digno señor alcalde D. Pedro Negro, quien desde los primeros días del conflicto, acompañado de sus respectivas secciones de empleados y trabajadores, se lanzaron en los parajes más peligrosos, despreciando el grave riesgo que a cada paso exponía sus vidas, extrayendo multitud de víctimas de entre los escombros, algunos con vida, y los demás cadáveres".
Editorial de 'El Defensor de Granada', el
viernes, 6-2-1885.
El abandono de Alhama
Es el colmo de la vergüenza, la
apoteosis de la incuria lo que está pasando con Alhama. ¿Quién lo creería sin
verlo? Hoy, cuarenta días después de la catástrofe, hallase la ciudad en el
mismo estado, poco menos, que la terrible noche del 25. Las calles sin
desescombrar, muchos cadáveres aún bajo los escombros; los edificios que
amenazaban ruina, cayéndose y aplastando a los transeúntes; el vecindario, sin
albergues donde refugiarse. Allí estuvo el ministro de la Gobernación, ¿Qué
hizo? ¿Qué determinaciones ha adoptado? Allí el Gobernador de la provincia, y
después de dar algunas limosnas, se volvió tan satisfecho. ¿Es este el modo de
gobernar el país y de curar sus heridas?
Ved lo que son las cosas. Mientras Alhama sufre en el abandono, mientras aquel pueblo agoniza, el ministro de la gobernación se entretiene en reírse de los diputados en el Congreso, y los diputados en hacer rabiar al ministro de la Gobernación y en estériles ejercicios oratorios de habilidad o de elocuencia. Si con palabras y sofismas y vanidades se construyesen los pueblos, Alhama surgiría como por encanto de entre sus escombros; pero las catástrofes se remedian con recursos, buena voluntad y energía, y los recursos necesítalos el gobierno para sostener esa muchedumbre de empleados que le sirve de base, su buena voluntad la agota en engaños al país con promesas que nunca se cumplen, y la energía en sostener a sablazos a sus abusos y arbitrariedades, en procesos a periodistas, en escarnecer a jueces honrados que no se doblan ni se corrompen y en acuchillar a media docena de chicos indefensos. Saltó a la vista de todos, desde el primer instante, y todo el mundo lo dijo, que lo más urgente en Alhama era un batallón de ingenieros que dirigiese y ejecutase el desencombramiento de la ciudad. ¿Por qué no se ha enviado? ¿Para cuándo se reserva ese distinguido instituto? ¿Para qué lo paga el país? ¿Es mejor que estén en sus cuarteles, mano sobre mano, que trabajando por la humanidad y por la patria y por la vida y la seguridad de sus hijos, en las ruinas de aquel pueblo sin ventura?
Ved lo que son las cosas. Mientras Alhama sufre en el abandono, mientras aquel pueblo agoniza, el ministro de la gobernación se entretiene en reírse de los diputados en el Congreso, y los diputados en hacer rabiar al ministro de la Gobernación y en estériles ejercicios oratorios de habilidad o de elocuencia. Si con palabras y sofismas y vanidades se construyesen los pueblos, Alhama surgiría como por encanto de entre sus escombros; pero las catástrofes se remedian con recursos, buena voluntad y energía, y los recursos necesítalos el gobierno para sostener esa muchedumbre de empleados que le sirve de base, su buena voluntad la agota en engaños al país con promesas que nunca se cumplen, y la energía en sostener a sablazos a sus abusos y arbitrariedades, en procesos a periodistas, en escarnecer a jueces honrados que no se doblan ni se corrompen y en acuchillar a media docena de chicos indefensos. Saltó a la vista de todos, desde el primer instante, y todo el mundo lo dijo, que lo más urgente en Alhama era un batallón de ingenieros que dirigiese y ejecutase el desencombramiento de la ciudad. ¿Por qué no se ha enviado? ¿Para cuándo se reserva ese distinguido instituto? ¿Para qué lo paga el país? ¿Es mejor que estén en sus cuarteles, mano sobre mano, que trabajando por la humanidad y por la patria y por la vida y la seguridad de sus hijos, en las ruinas de aquel pueblo sin ventura?
Posdata: el terremoto fue un seísmo registrado el 25 de diciembre de 1884,
con epicentro en Arenas del Rey (Granada). El temblor tuvo una magnitud de
entre 6,2 y 6,5 grados en la escala de Richter,
y duró aproximadamente 10 segundos con un hipocentro entre 40 y 50 kilómetros
bajo tierra, causando entre 1.050 y 1.200 muertos, y casi el doble de heridos. La provincia de Granada es la más sísmica de España (las placas tectónicas de África, Europa y Asia se juntan en el Estrecho de Gibraltar), en Albolote ocurrió en 1955, y desde hace tiempo se espera un fuerte terremoto en la provincia. El terremoto de Lorca creo que ocurrió en 2010, varios años después el pueblo seguía esperando la ayuda del Gobierno. A principios del siglo XIX, Benito Pérez Galdós decía de la clase política española que se dedica a pastar de los presupuestos y no se puede esperar nada de ella.
¿Hay que recordar que cada año
se producen muchos terremotos, en rincones míseros del mundo, y ocurre
exactamente igual o peor que en Alhama, 130 después? Pero las imágenes por
televisión de las víctimas ya no conmueven a nadie. Algunas palabras no están escritas correctamente, pero he copiado estas crónicas tal cual de ese gran periódico como fue 'El Defensor de Granada', dirigido por Francisco Seco de Lucena.
domingo, 1 de enero de 2017
IN MEMORIAM, PEPE MARÍN
A finales de agosto me acerco a casa de Pepe Marín, donde tiene su
huertecillo y el hombre allí se distrae. Pepe remanece de Iznalloz, de los
Barranqueros, y es algo flamenco. Anda ya por los 66 años, le gusta madrugar
y lo mismo te lo encuentras por el campo con su inseparable Copito, y
con un palo en la mano. El perro está ya, lo que se dice, a punto de cobrar la
jubilación; poca cosa, pero bueno. Yo le digo a Pepe que no merece la pena
mover los papeles. El palo que lleva dice que es, por si se le avienta algún
chucho de esos, “es que ya no te puedes fiar y con esto le doy en los hocicos”.
–¡Mira qué pitorras! –me
dice, señalando unas gallinas pequeñas y negras, que están encima del palo del
gallinero–. Yo aquí tengo mis gallinas y mis gallillos... Ésta que ves con el
cuello pelado, es una gallipava. ¿Y ves ahí los caracoles en ese trozo de
tierra? Tengo una buena banda y les echo hojas de lechuga. Los caracoles hunden
los cuernos en la tierra y ponen huevos. A mí me gustan mucho en salsa, pues mi
mujer hace unas salsillas y están muy buenos. Esta es la churra del
gobernador –en diciendo esto, le aplica el metro a un cactus–, que mide 80
centímetros de largo. Y a este antiguo laurel el Sol lo estroza, ¿no ves
las hojas en el suelo? Esto no cría nada más que hojas
Ahora vamos por un
estrecho pasillo, donde se pueden apreciar cinco largos calabacinos colgando
del aire, y otras tantas calabazas de agua: como las que llevan los negros en
el desierto de África, a modo de cantimplora. Y esto es lo que sorprende del
huerto de Pepe: los calabacinos nacen en la tierra, entre las matas, pero
cuelgan del emparrado como si fueran enormes falos.
–Los calabacinos
tienen 120 centímetros de largo y han nacío junto a las calabazas de agua,
porque han venido huyendo del Sol y buscando el fresco. Tengo uno seco del año
pasado que mide 138 centímetros. Y estas otras calabazas son de adorno, buscas
un corchillo y las llenas de agua. La gente que viene, me dice “¡qué primor de
casa!”. Pero esto tiene su trabajo, aquí entre estas cuatro paeres. A
esto le digo yo picante de adorno –semejantes a los pimientos rojos– y es parecío
a los faroles. Y esta planta es un galán de noche. Aquellas que ves en el suelo
son calabazas de comer, y el año pasado salió una que pesaba treinta kilos por
lo menos. ¡Vamos, Copito!
También
se ven colgando del emparrado unas calabazas pequeñas, que son del mismo color
y tamaño que las naranjas. Parecen bombillas de colores adornando en medio de
las ramas. Pepe el Barranquero también me enseña una higuera grande, que
tendrá unos quince años, y donde los gorriones se comen los higos; las granadas
todavía están verdes. El huerto es bastante vistoso y tupido, y por la mañana
hace un contraste entre sol y sombra, como un invernadero. Pepe ha aprovechado
todos los rincones del huerto y es una delicia estar allí. Luego me cuenta
algunos chascarrillos:
“Su
perra salió a cazar a lo alto del Calvario, / echó la mirá p’atrás
y vio a su novia cagando. / Y dice ‘ahora voy a tirarle un tiro por echar un
rato de risa’. / Y del susto que le ha dao, en la camisa sa
cagao. / Y salta el zocato de su padre: / ‘¡En mi casa que no entre,
tirarle a mi hija cagando, eso lo tengo yo presente!’”. Y este otro viejo
dicho, que será por lo menos de la Edad Media: “¡Si no sirve pa gallo, capallo”.
O aquel hijo listo que le dice al padre: “Tú das el golpe y yo el jipío”. Este
otro dicho también tiene trazas de antiguo: “Montevive está en un cerro y Gabia
en una cañá; y el pobrecito de Híjar en medio de un olivar”. Luego pasa
a hablarme de la juventud:
–Hoy
nadie quiere hacer na, mientras ves a los jóvenes con sus gorrillas, sus
aretes y sus amotos. Antes, los niños llevaban nada más que un baberillo
y los veías con la gurrina y el culo al aire. Y claro, se meaban y
echaban la pella en cualquier lado.
“¡A
ver si para el año que viene siembras pepinos!”, le digo al despedirme. Y es
que como los pepinos, con perdón, los calabacinos colgantes de Pepe el
Barranquero, no se ven todos los días por estos pagos de Gabia la Mayor.
Este
texto lo he copiado tal cual del artículo El huerto de los calabacinos colgantes, de mi libro Gabia,
la memoria perdida (2004), una edición de autor que dediqué a este pueblo
de la Vega de Granada. Pepe Marín falleció en noviembre de 2016, de un cáncer de pulmón, en cuestión de semanas. A veces me lo encontraba por Gabia o sentado en un
banco de la calle de San Isidro, que estaba
cerca de su casa. Allí solía ir por las tardes a charlar con los vecinos,
acompañado de Isabel, su mujer, que ya tenía un principio de alzheimer.
Hablábamos de política o de cualquier tema y, con la retranca que tenía y el
tono que empleaba, te partías de risa. Siempre tenía buen humor y, con
cualquier cosa que dijéramos, ya estábamos riendo. Pepe era todo amabilidad. Un
día vino a podarme el naranjo y el limonero que tengo en el patio, al cabo del
tiempo, pues se había olvidado de que habíamos quedado unos meses antes. Estar
con Pepe Marín era pasar un rato agradable y, cuando una persona así fallece, es
cuando la valoras y te das cuenta del vacío que deja.
Llamé por teléfono a
su hijo Juan, para darle el pésame, hablamos un buen rato y me contó anécdotas
que le ocurrieron a su padre. Un día estaba trabajando en una obra y le dice el
encargado: “Pepe, que estos dos te van a ‘ayuar’ a hacer el hormigón”. Pero
resulta que uno estaba arriba, dándole al botón del montacargas, y el otro estaba
al lado del grifo del agua, de manera que el trabajo fuerte lo tenía que hacer Pepe.
Hasta que se hartó de echar paletadas de arena y de cemento, para hacer mezcla,
y les gritó: “¡Que me vais a matar, que to el trabajo lo tengo que hacer yo…!”.
En otra ocasión, Pepe
estaba trabajando en Francia –tuvo que emigrar– y se puso a engrasar la máquina
de las ‘papas’, pero se ve que la bomba cogió aire y aquello no funcionaba. Entonces
el patrón vio a Pepe, le quitó la máquina y le dijo de todo menos bonico.
Cuando acabó, Pepe le espetó: “Patrón, ¿vu fini, no?”. Y el patrón le
respondió: “Sí, español”. “Pues…, tú igual, ¿pourquoi no? Y tú también couchon (cerdo)”. Entonces, el patrón
dijo de llamar a los gendarmes, pero Pepe le respondió tranquilamente: “Allí
mejor, no travail (no trabajo), pero que yo no vengo de España a hincharme de trabajar para que encima me insulten”. El caso es que el francés le pidió perdón y
le decía más tarde, “José, beaucoup (muchos) de nervios”. Los trabajadores españoles, que estaban asustados, le decían: “Pero, ¿cómo has tenido valor para decirle couchon al patrón?”. Sin embargo, al año
siguiente el patrón volvió a contratar a Pepe.
La primera vez que fue
a Francia, Pepe trabajó con otros dos paisanos de Iznalloz. Pero estos le daban
las hileras de matas más largas del campo, de forma que siempre se quedaba
rezagado hasta que se dio cuenta y protestó: “Dadme el mismo corte que el que hacéis
vosotros y veréis cómo no iré atrasado”. El caso es que le hicieron varias
faenas, aprovechando que era novato. En otra ocasión Pepe limpió una nave y la
regó, y el patrón, sorprendido, le dijo: “¿Ya finí?”, pues los dos paisanos se
tiraban toda la tarde para hacer el mismo trabajo. “Al año siguiente, el patrón
sólo llamó a mi padre para trabajar”, me dice su hijo Juan.
viernes, 16 de diciembre de 2016
LA CASA DE LAS MUÑECAS, DE ENCARNITA
El 14 de diciembre quedé por la mañana
en la casa de Encarnita Guerrero López, una maestra jubilada que nació en Jérez del Marquesado y que ha ejercido
la docencia en Granada. La conozco desde hace varios años y con cierta
frecuencia nos cruzamos en la calle. Varias veces me había dicho de enseñarme
la colección de muñecas que tiene, pero por diversos motivos lo fuimos
posponiendo. En 2008 publicó el libro La
memoria revivida. Juegos y recuerdos, editado por la Copistería Serrano, y
me lo regaló en 2009. En la
dedicatoria pone: A mis hijos, Marinieves
y Antonio, que cuando eran pequeños y les contaba algunas aventuras de mi
infancia, me llamaban ‘Antonita la Fantastica’. Y en los Agradecimientos cita a su marido, Antonio Vallecillos, a su hija y a una
larga serie de amigos que con gran
ilusión han recordado y recopilado muchísimos juegos y canciones de nuestra
infancia… A las madres jóvenes de Jérez que han participado. A los que con gran
generosidad han buscado fotos en su baúles, y en general, a todos a los que he
recurrido para que me contaran algo de esos años y lo han hecho con mucho cariño.
Gracias a todos.
Copio también este párrafo de la
contraportada del libro, y entonces nos haremos una idea de cómo es Encarnita: No sé cómo puede vivir quien no lleve a flor
del alma los recuerdos de su niñez. Esto lo escribía Unamuno y lo recordaba el
cronista Juan Bustos, en un artículo publicado en el periódico Ideal, a
propósito de la fiebre por los ‘revival’ provocada por la vuelta de la célebre
Mariquita Pérez. Pues bien, en torno a este fetiche iconográfico, voy a
intentar recordar mis juegos, mis juguetes y mis vivencias de infancia, como si
se tratara de uno de estos juegos: la Ruleta, pero al revés.
En La
memoria revivida vienen fotos antiguas de Jérez, con paisajes, personajes y oficios de aquella época, otro capítulo
lo dedica a fotos y a libros de la escuela. El capítulo 5, habla de una
selección de juguetes y toda una serie interminable de juegos infantiles, de
los años cincuenta y sesenta, así como de las canciones que los niños cantaban
en la escuela. El capítulo 6 está dedicado al avión norteamericano, que se
estrelló en la Sierra de Jérez, en la
falda del Picón, el 9 de marzo de
1960, donde por esas casualidades no hubo que lamentar víctimas, pero los
jerezanos se destacaron por su valor al rescatar a los heridos, pues con apenas
medios, los bajaron por las laderas de nieve. Después del rescate, Encarnita
nos recuerda: La gente salió a recibirlos
a la carretera, a lo ‘Bienvenido Mister Marshall’, como en la película de Berlanga. Pero en este caso los americanos no
pasaron de largo. Venían en el pesado helicóptero que se había llevado del
pueblo a los atrapados en la nieve durante el invierno. Bajaron y recorrieron
las calles del pueblo, saludando a unos y otros, respondiendo a los aplausos. Y
luego agasajaron a los vecinos con un banquete con aperitivos extraños…
Decir que el embajador de los Estados
Unidos, en España, vino a Jérez y se
paseó por sus calles para dar las
gracias a los jerezanos por su generosa ayuda en el rescate, ya que
contribuyeron a que se salvara toda la tripulación del avión. También menciona
la coronación de la Patrona La Tizná, en
septiembre de 1965, a la que los jerezanos le tienen una gran devoción. El
libro finaliza así: Y don José María –el
párroco– echaba el resto, tirando de repertorio, conjurando con su palabrería
todos los resortes de su sermonería barroca, hasta provocar como nunca el
éxtasis en la muchedumbre enardecida que llenaba la plaza y las calles,
enarbolando banderas y pañuelos blancos.
Volviendo al principio, Encarnita me
llevó a su Casa de las Muñecas y, cuando
entré, tuve la impresión de estar en el País
de las Maravillas. Nunca había visto cosa igual: el comedor y una habitación
llenos completamente de muñecas, utensilios, casitas, encajes, vestidos y toda
clase de muebles infantiles… En la habitación no cogía un alfiler y eché una
foto desde la puerta (las fotografías están colocadas según las voy describiendo): a la izquierda hay tres estanterías llenas de muñecas
pequeñas y grandes, con maletines y estuches, y al lado de la ventana hay dos
mapamundis, de los años sesenta, que pertenecieron al Colegio de la
Presentación de Guadix. Algunas de las muñecas son Mariquitas Pérez, que salieron en los años cuarenta. Junto a la
pared del fondo hay dos pupitres antiguos, de diferente tamaño, con lapiceros,
tinteros y plumines, donde varias muñecas con gorros están sentadas. En el
rincón hay un bebé en el tacataca y al lado una muñeca con un cochecito de bebé.
Algunas muñecas son alemanas, del siglo XVIII, y otras son francesas, lo que da
idea de su valor, junto a estuches de tazas de café. La mayoría de los juguetes
y utensilios, Encarnita los ha comprado en las tiendas de antigüedades. Al lado
de la puerta hay varias estanterías y, de la pared, cuelgan varios maletines de
la escuela, de los años sesenta. En el suelo destacan dos caballos de cartón,
de los que usaban en los estudios fotográficos para retratar a los niños. En
otro estante destaca la cocina, con su horno y un panel con sartenes y cacharros.
Al lado hay también dos pequeñas cocinas, con varios fuegos, de las primeras de
butano. En un rincón un muñeco oficia la misa, en el altar, “son hostias de
verdad, que recorté” –me dice Encarnita–, y alrededor hay niños y niñas,
vestidos de primera comunión.
A continuación pasamos al comedor, aquí Encarnita abre un armario y me va enseñando toda clase de ropa, que ella misma ha confeccionado, para sus mil y una muñecas. Me enseña trajecillos de niño, pololos (bragas antiguas) de mujer, sayas, una chaquetilla como la que llevaron los infantes en la boda del rey Felipe VI, vestidos con encajes y muchos gorros para sus quecas. También me muestra cajas y maletines, con encajes y pañuelos, varios paraguas del siglo XIX, de los que llevaban las señoritas (nobles) de la clase alta, un maletín de la escuela, con dibujos dorados, de los años cincuenta y un sinfín de objetos. Junto al balcón, dos muñecas grandes están sentadas en una mecedora y en un sillón y, encima de una estantería, tiene varios maniquís pequeños, adornados con chaquetillas y vestidos de mujer.
En la pared derecha del comedor hay una
casita de juguete, de tres plantas, con sus ventanas y balcones enrejados, que
se los hicieron en el Albayzín. Por dentro, las habitaciones están
completamente amuebladas, con muñequitas y hasta con lámparas. Una preciosidad.
Al lado, en las estanterías repletas, hay tebeos antiguos y dibujos con muñecas
recortables, recuerdo que se vendían en los años cincuenta. Enfrente destacan varios
estantes, con toda clase de cacharros de cocina. Más allá se ven libros de la escuela,
de principios del siglo XX y de los años cincuenta y sesenta, como la Enciclopedia Álvarez, el Catón y de ediciones facsímiles. A un
lado hay dos bustos: de un chino y un africano, que eran las huchas que
antiguamente los curas les daban a los niños para que pidieran por la calle, en
el Día del Dómund (para las misiones).
Debajo de la estantería se ve una foto del
maestro de Jérez del Marquesado, rodeado
de niños, algunos sentados en el suelo. Es de los años cincuenta, cuando
todavía no había escuela en el pueblo. Al lado aparece una muñeca vestida con
el uniforme de la Presentación de Guadix.
En el suelo hay dos muñecas, sentadas en un baúl pequeño y, encima de una mesa,
se ven muchas figurillas vestidas con los trajes regionales. En otra estantería
destacan tiovivos, un muñeco alemán y una caja con un tren de la marca Rico, un Pinocho fabricado en Londres y
la famosa caja de Juegos Reunidos.
Señalar que sólo he descrito lo principal y que, en Jérez, Encarnita tiene más muñecas y juguetes. Me dice que a su hija Marinieves le gusta la colección y
será la que cuide de ella. Cuando se lo comento, Encarnita me responde que no
quiere hacer ninguna exposición en Granada, ella misma es la que borda y confecciona los vestidos, sayas y gorros de sus muñecas. Me cuenta que hay compañeros
y amigos que han visto su colección y han derramado lágrimas, pues se han
criado con estos juguetes. Es un mundo mágico y fantástico el de Encarnita, y las imágenes hablan por sí solas.
domingo, 27 de noviembre de 2016
70 ANIVERSARIO DE MANUEL DE FALLA
El compositor Manuel de Falla murió en Alta Gracia
(Argentina), el 14 de noviembre de 1946, pero el setenta aniversario de su
muerte ha pasado casi desapercibido en España, para que todo siga
igual. Con el IX Festival Manuel de Falla, de cerca, el 29 de
octubre comenzaron en Granada los XXII Encuentros Manuel de Falla y
se extenderán durante todo el mes de noviembre, con talleres, conciertos y
exposiciones de pintores en diferentes centros de Granada. Este mes, además, es
el centenario del estreno de Noches en los jardines de España y
de la muerte de Enrique Granados, amigo íntimo del compositor, así como del 140
aniversario del nacimiento de Falla. La Alianza Francesa de Granada y
la Fundación Archivo Manuel de Falla han organizado la
exposición Manuel de Falla y París –desde el 20 de octubre
hasta el 24 de noviembre–, en la Biblioteca de Andalucía que, junto con la
Biblioteca Provincial, colaboran en la exposición. Ésta ha sido de libros,
documentos, carteles de estrenos de óperas, billetes de tren, carnés de socio
de la Biblioteca de París y de alguna sociedad de música, casi todo en idioma
francés. También se expusieron fotografías del compositor gaditano, durante sus
estancias en la capital francesa, así como fotos dedicadas de Ravel, Picasso, Stravinki
y otros. Se ha completado el evento cultural con la celebración de un ciclo de Cine,
música y poesía y de un concierto de piano. En Cádiz y Córdoba están
haciendo también algunas actividades y conciertos, recordando la figura de
Falla, pero en un plan bastante discreto.
En sus comienzos, Manuel de Falla compuso la ópera La vida breve –una
evocación musical de Granada– y ganó el primer premio de un concurso, que fue
convocado por la Real Academia de Bellas Artes, de San Fernando. En
1907, se marchó a París y dos de los mejores compositores franceses, Claude
Debussy y Paul Dukas, le ofrecieron su apoyo. Allí también entabló amistad con
los compositores Maurice Ravel y el español Isaac Albéniz. En París estuvo
residiendo hasta 1914, donde fue componiendo Cuatro piezas españolas, Siete
canciones populares españolas, Trois mélodies y, sobre
todo, Noches en los jardines de España, para piano y orquesta,
donde se aprecia la influencia del impresionismo de Albéniz. En enero de 1914
se estrena la ópera La vida breve, en el Teatro
Nacional de la Ópera-Cómica de París. Pero en ese año comienza la I Guerra
Mundial y Manuel de Falla se ve obligado a regresar a España, aunque realizó
frecuentes viajes a París con motivo de estrenos e interpretaciones. En una
carta de 1923, dirigida a su amigo el pintor Ignacio Zuloaga, le dice: “Para
cuanto se refiere a mi oficio, mi patria es París”.
Noches en los jardines de España fue una pieza concebida a raíz de los dibujos que Santiago Rusiñol le
mostró al compositor. “Es una obra que revela claramente, a partir de un punto
de vista particular, el dualismo inherente al temperamento y a la conciencia
españoles y, por lo tanto, al arte español. La partitura contiene, como quizá
ninguna otra, los polos gemelos del encanto moro y de la sensualidad del
idealismo intelectual gótico. Los arabescos flotantes, la calidez nocturna y la
poesía emotiva se complementan perfectamente con la hermosa arquitectura de la
Alhambra”, escribió James Burnett. En 1914 Falla regresa a Madrid, donde se
estrenan sus partituras más célebres: la pantomima El amor brujo y
el ballet El sombrero de tres picos, que compuso para un encargo de
los Ballets Rusos, de Serge de Diaghilev. También es de esta época
la Fantasía bética para piano. En 1925, Manuel de Falla
estrenó en París El amor brujo. En 1928 fue condecorado, por el
Gobierno francés, con la cruz de Caballero de la Legión de Honor,
mientras que en 1935 fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes
del Instituto de Francia.
El compositor Manuel de Falla murió en Alta Gracia (Argentina), el 14 de noviembre de 1946, pero el setenta aniversario de su muerte ha pasado casi desapercibido en España, para que todo siga igual. Con el IX Festival Manuel de Falla, de cerca, el 29 de octubre comenzaron en Granada los XXII Encuentros Manuel de Falla y se extenderán durante todo el mes de noviembre, con talleres, conciertos y exposiciones de pintores en diferentes centros de Granada. Este mes, además, es el centenario del estreno de Noches en los jardines de España y de la muerte de Enrique Granados, amigo íntimo del compositor, así como del 140 aniversario del nacimiento de Falla. La Alianza Francesa de Granada y la Fundación Archivo Manuel de Falla han organizado la exposición Manuel de Falla y París –desde el 20 de octubre hasta el 24 de noviembre–, en la Biblioteca de Andalucía que, junto con la Biblioteca Provincial, colaboran en la exposición. Ésta ha sido de libros, documentos, carteles de estrenos de óperas, billetes de tren, carnés de socio de la Biblioteca de París y de alguna sociedad de música, casi todo en idioma francés. También se expusieron fotografías del compositor gaditano, durante sus estancias en la capital francesa, así como fotos dedicadas de Ravel, Picasso, Stravinki y otros. Se ha completado el evento cultural con la celebración de un ciclo de Cine, música y poesía y de un concierto de piano. En Cádiz y Córdoba están haciendo también algunas actividades y conciertos, recordando la figura de Falla, pero en un plan bastante discreto.
A comienzos de 1922 fija su residencia en Granada, en la Antequeruela Alta, número 11, y hace amistad con el joven poeta Federico García Lorca. En 1924, ambos organizan el Concurso de Cante Jondo, junto al restaurador de la Alhambra, Hermenegildo Lanz, y otros miembros de la Tertulia el Rinconcillo, en el Patio del Aljibe, de la Alhambra. El concurso lo ganó el Tenazas y se dio a conocer el que sería célebre cantaor de flamenco, Manolo Caracol, que entonces era muy joven. Poco después de acabada la Guerra Civil, Manuel de Falla se exilió en Argentina. Hace años leí una carta de un amigo del compositor, donde recogía aquellos duros momentos en que abandona para siempre el carmen y Granada. El compositor se lleva lo preciso y un vehículo está esperando a la familia, en medio de la triste y dolorosa despedida. Durante el exilio, se solidarizó con los intelectuales republicanos que tuvieron que marcharse de España: Manuel de Falla renunció a los derechos de autor debido a que el franquismo se los bloqueó a los intelectuales. El Gobierno de Franco le ofreció una pensión si regresaba a España, pero Falla, un hombre austero y religioso, vivió gracias a la ayuda de algunos mecenas. Cuando fallece, en 1946, la embajada española con la autorización de su hermana trasladó sus restos a Cádiz, en contra de la voluntad del compositor. Está enterrado en la cripta de la Catedral.
En cuanto al estilo de Falla, se puede decir que es una mezcla del
nacionalismo folklorista y de la escuela francesa, adobado con temas, melodías
y ritmos andaluces y castellanos. Alfredo Aracil lo definió así: “No sólo las
enseñanzas de su maestro, Felipe Pedrell, o la admiración que profesaba por sus
amigos Debussy, Ravel, Albéniz o Stravinski formaron parte del mundo de Manuel
de Falla (…). No sólo el París antirromántico de principios de siglo, también
el romanticismo germano o la música medieval estaban en su cabeza. los
cancioneros españoles del siglo XV, la polifonía de Tomás Luis de Victoria,
Cristóbal de Morales o Palestrina, los cánticos de la liturgia bizantina, las
sonatas para clave de Scarlatti o el piano de Chopin, la música de Beethoven,
Wagner, Mahler, Grieg, Mussorgski; todo ello es también parte de un universo
musical tan amplio como la cultura y la curiosidad que delatan su
correspondencia y apuntes en libros y partituras que fue estudiando a lo largo
de su vida (…), como las canciones populares catalanas tejidas por Falla en su
descripción sonora de El incendio de los Pirineos en Atlántida…, una
referencia geográfica, como es la autocita de un breve fragmento de El
amor brujo para señalar la llegada de Hércules a
tierras de Cádiz. La inconclusa La Atlántida es el mejor
compendio del universo de Manuel de Falla…”.
En Granada se ha conservado el carmen de La
Antequeruela, donde vivió, hoy convertido en museo, junto a la Fundación
Archivo Manuel de Falla. Aquí guardan parte de su biblioteca, libros, partituras
y anotaciones. También, en Alta Gracia han convertido en museo la casa donde
vivió. El compositor gaditano dejó escrito: “La música es el arte más joven. No
hacemos sino comenzar”. Sin embargo, habrá que pensar que el mejor compositor
español se merecía algo más en el setenta aniversario de su muerte.
En cuanto al estilo de Falla, se puede decir que es una mezcla del
nacionalismo folklorista y de la escuela francesa, adobado con temas, melodías
y ritmos andaluces y castellanos. Alfredo Aracil lo definió así: “No sólo las
enseñanzas de su maestro, Felipe Pedrell, o la admiración que profesaba por sus
amigos Debussy, Ravel, Albéniz o Stravinski formaron parte del mundo de Manuel
de Falla (…). No sólo el París antirromántico de principios de siglo, también
el romanticismo germano o la música medieval estaban en su cabeza. los
cancioneros españoles del siglo XV, la polifonía de Tomás Luis de Victoria,
Cristóbal de Morales o Palestrina, los cánticos de la liturgia bizantina, las
sonatas para clave de Scarlatti o el piano de Chopin, la música de Beethoven,
Wagner, Mahler, Grieg, Mussorgski; todo ello es también parte de un universo
musical tan amplio como la cultura y la curiosidad que delatan su
correspondencia y apuntes en libros y partituras que fue estudiando a lo largo
de su vida (…), como las canciones populares catalanas tejidas por Falla en su
descripción sonora de El incendio de los Pirineos en Atlántida…, una
referencia geográfica, como es la autocita de un breve fragmento de El
amor brujo para señalar la llegada de Hércules a
tierras de Cádiz. La inconclusa La Atlántida es el mejor
compendio del universo de Manuel de Falla…”.
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