miércoles, 23 de abril de 2014

VIOLENCIA GRATUITA










Empiezan acosando al compañero de clase, en los servicios del instituto, luego graban en el móvil una agresión a un pobre diablo y terminan la faena quemando viva a una mendiga indefensa, que duerme en un cajero de Barcelona. Todo esto lo llevan a cabo chavales de gente bien, para reírse un rato, cuando se fuman unos porros. Casi sin darnos cuenta, hemos pasado de los ‘crímenes de sangre’ de la España profunda, al sadismo grabado de hoy y a los asesinatos por pura diversión. Antaño, cuando ‘La Codorniz’, leíamos a Margarita Landi, en el semanario de sucesos ‘El Caso’, con todo lujo de detalles: “la mató de un hachazo, envenenó a su marido con matarratas, ‘el Lute’ y ‘el Medrano’ asesinan a un joyero…”. Y me vienen a la memoria los crímenes del cortijo de los Galindos, en la provincia de Sevilla, allá por los años 70, aunque nunca llegó a descubrirse al autor de la matanza. El malogrado escritor, Alfonso Grosso, escribió un libro sobre el tema, aventurando quién podía ser el asesino. O bien los asesinatos de ’el Jarabo’, un famoso psicópata que acabó encomendándose al garrote vil.

Estos días, uno se entera en la prensa del asesinato de la granadina, Dolores Santiago, que ocurrió en Palma de Mallorca, en 1977, y posteriormente fue emparedada en el sótano de la lavandería de unos apartamentos. Sin embargo, el crimen ha prescrito y nada se puede hacer contra el presunto autor, Pepe ‘el Mallorquín’, que anda ya por los 80 años. También hemos leído, horrorizados, cómo Ricardo Suárez, en plena ciudad de Sevilla, le vació dos cargadores a un conductor, porque atropelló levemente, con el vehículo, a su hija de siete años. En su descargo, el homicida alegó que estaba borracho cuando lo acribilló a balazos.

Un informe de la Guardia Civil asegura que, la tasa de criminalidad en 1965 era de 91 delitos por cada 100.000 habitantes, mientras que en 1998 había pasado a 273 delitos. Los casos se triplicaron. Y la Fiscalía informa que, en el 2004, se cometieron en España tres millones de delitos, algunos menos que en el año anterior. Pero si la cosa la extrapolamos a Granada, podemos echar las campanas al vuelo: aquí tenemos a 48,6 delitos por cada mil habitantes, por lo que –agárrense– estamos por debajo de la media nacional, que anda en 49,4, y también de la media andaluza. ¿Quién se va a creer esto, cuando Granada ha sido –después de Sevilla y Málaga–, la ciudad que más delincuencia tenía? Y si no, que se lo pregunten a los vecinos del Albayzín –ya no está Francisco Izquierdo para contarlo–, o bien a los japoneses, que ya no trepan a la plaza de San Nicolás para echarse fotos. Decía Borges, en los años 80, que “la democracia es un abuso de la estadística”. Hoy, más que un abuso, es un arma que los políticos utilizan para maquillar su incompetencia. Que nos come la delincuencia: pues le encargamos al CIS una encuesta, de quita y pon, que demuestre con cifras que con Franco vivíamos peor: “¿Está usted de acuerdo que antes…?”.


Todo cambió a partir de los crímenes de Puerto Hurraco, en 1990 (con la venganza de los hermanos Izquierdo), y el caso de las tres jóvenes de Alcásser: “Ha cambiado la brutalidad con que se actúa. Antes había carteristas (recuerden a Tony Leblanc, en ‘Los tramposos’). Luego aparecieron los sirleros, con el arma blanca. Pero hoy cada vez hay más armas de fuego”, afirma el periodista de sucesos, Francisco Pérez Abellán. En el asunto doméstico, creo que el asesinato de Ana Orantes, a causa de la alarma social que provocó, dio lugar a la mal llamada ‘Ley contra la Violencia de Género’, donde la mitad de los españoles hemos dejado de ser iguales ante la ley. Hace unos días, se dio el caso en Jaén de un homosexual al que su pareja intentó agredirle con un hacha. El denunciante se apostó, ante la Delegación para la Igualdad y Bienestar Social, para exigir la misma ayuda que reciben las mujeres maltratadas.

Sin embargo, el Instituto Andaluz de la Mujer no ha querido saber nada del asunto, con la excusa de que “no hay recursos establecidos para este tipo de casos”. Esto me recuerda a una directora del IAM, que solía poner un cartelón anunciando el número de mujeres que habían muerto a causa de la violencia doméstica; pero se le olvidaba poner los muertos del sexo opuesto. Los hombres ni siquiera merecían figurar en las estadísticas: mismamente lo que hacía Billy ‘el Niño’ con los chicanos balaceados. Los valores han cambiado para el periodista Pérez Abellán: “Reina lo material sin cortapisas morales que coarten los impulsos al crimen. La delincuencia se ha sofisticado y, en 30 años, el crimen ha cambiado más que en dos siglos”. Es lo que decía un chaval, criticando a sus compañeros que quemaron viva a la mendiga de ‘la Caixa’: “Ha sido una violencia gratuita”. En fin, hemos pasado del atraco con navaja en la esquina, a los chicos de la gasolina y las sádicas agresiones a los mendigos. Sólo nos queda recordar a la sociedad, a los padres y a los profesores –deberían de tener más sensibilidad con el acoso escolar– los versos de José Hierro: “Lo has olvidado todo porque lo sabes todo”.


 Publicado en La Opinión de Granada, el 8 de febrero de 2006. 


Posdata: La indigente María del Rosario Endrinal Petit murió quemada viva en el interior de un cajero automático de ‘la Caixa’, en Barcelona, y estos días han sido condenados los tres menores que ocasionaron su muerte. Uno de ellos la roció con gasolina y le prendió fuego, mientras se reía. Antes, la mendiga llevó una vida de distinción como secretaria de lujo, precisamente en ‘la Caixa’. Los vecinos del casco antiguo del barrio de Sants, en Barcelona, son los últimos testigos de su historia de éxitos que acabó en una larga agonía. 
 Trasladándonos a hoy, están los famosos casos de Anabel Segura (fue secuestrada y asesinada poco después, a pesar de ello los secuestradores exigieron un rescate a la familia durante un año). La joven María Teresa Fernández, que desapareció en Motril, en el año 2000, este caso apenas sale en la prensa. La sevillana Marta del Castillo, violada y asesinada, aunque la Policía todavía no ha encontrado su cadáver. Todos ellos son casos de violencia gratuita.




domingo, 13 de abril de 2014

LA ‘GAZETILLA CURIOSA’, DE FRAY ANTONIO









El libro se intitula ‘Gazetilla curiosa, o semanero granadino, noticioso, y útil para el bien común’, y el autor viene como el “P. Lect. Juvilado Fr. Antonio de la Chica Benavides, del Orden de la SSma. Trinidad Calzados de Granada”. En la obra se recogen todos los semaneros, que fueron editándose entre el nueve de abril de 1764 y el diecisiete de junio de 1765 y los vendía, entre otros, el mercader de libros Eugenio Arévalo, en su librería de la calle Elvira, la calle de las manolas y de los libreros. A la muerte del autor, se recopilaron los papeles en un solo volumen bajo el título de ‘Mamotreto’ y, según reza, fueron dados “a luz en la imprenta del Convento de dicha Orden..., con las licencias necessarias”. Fue, en 1992, cuando la empresa granadina Impredisur S.L. hizo una edición reproducida del ‘Mamotreto’ –rescatando así a la primera prensa granadina–, al que yo he tenido conocimiento porque me lo recomendó mi amigo Paco Rodríguez Barragán, voluntario en 'Proyecto Hombre' donde ha ocupado diversos cargos.

En el prólogo, el fraile trinitario trata de justificar esta especie de ‘Hoja del lunes’ (sic): “No siendo de menor authoridad la Ciudad de Granada, que otras de España, en donde semanariamente se dà à el público la Gazetilla, con muchas noticias de que se pueden aprovechar los Vecinos y Forasteros, se hà discurrido darlas todos los Lunes de las Semanas del Año, para no defraudar de su bien a todo el que las necessite”. Y advierte al lector que “se dirà de todos los Actos piadosos..., se tratará de Ventas y Compras de todo género de especies: de Arrendamientos de Casas, Caserías, Cortijos, Olivares &c. de las Alhajas perdidas, avisando, à quien las hallare, del sugeto... Se dará aviso, à los que buscaren donde entrar à servir, en qualidad de sirvientes de cozina, ò de Mayordomos, Mozos de Despensa, Lacayos, Cocheros... para que con facilidad hallen este alivio, con expresión siempre de la edad, habilidad y estado”. Y finaliza diciendo que “se darà noticia de otras extraordinarias, que ocurran, como del precio de las carnes, granos, y algunos otros géneros de abastecimiento”.

La primera publicación diaria en España, ‘El Diario Noticioso, Curioso, Erudito, Comercial y Político’, se editó en Madrid el 17 de enero de 1758, en los tiempos de Carlos III. Y hasta no hace muchos años, ‘La Gaceta’ era el nombre del periódico oficial del Gobierno, donde se publicaban las leyes y disposiciones, lo que hoy es el Boletín Oficial del Estado (B.O.E.). Recordemos también la ‘Gaceta Literaria’, la ‘Gaceta de Madrid’… Pero, con la ‘Gazetilla’ de Fray Antonio de la Chica estamos asistiendo al nacimiento de uno de los primeros periódicos de Granada. Copio algunas ventas del semanero, en el lenguaje de aquellos años: “En la Carrera del Darro, en la Calle del Smo. se vende una Casa Principal con s. fuentes, y su tinaja: se acudirá al Señor D. Juan Beltrán, Veintiquatro de esta Ciudad (...). El Diccionario Santoral Español, compuesto por la Compañía Literaria Granadina, en papeles periódicos..., y su precio es à tres quartos cada pliego”.


Entre las noticias extraordinarias, destaca ésta: “Pocos días hà que murió en una Cueva de esta Ciudad, en la feligresía de San Ildefonso, Diego de Mesa, de edad de 114 años. Era su exercicio Cazador...; pero es lo más singular, que casó de terceras nupcias con Francisca Zibantos, à los 107 años de su edad”. Este otro anuncio avisa que “D. Pablo Mauricio, Cirujano, Oculista y Dentista... hace toda suerte de operación pertenecientes à el Arte Cirugica, tiene varios secretos particulares, para diferentes enfermedades, q hablando con el mismo, luego le desengaña si tiene cura, ò no; tiene una invención de Bragueros a la inglesa, nunca vistos...”.


También se hace eco de los titiriteros: “Como por el Teniente de Alguacil Mayor de la Casa de Comedias, se ha conducido a Granada, la Compañía de Cómicos, que ha de representar y dará principio en la Casa de Teatro...”. En la sección Amos y Criados, “un manzebo de 19 años pretende acomodarse para Lacayo, también està habil en escribir y contar”. Entonces, sólo se venía a penar en la vida: “Joseph, Francisca y María, todos negros de Etiòpia, libres, como lo haràn ver, buscan Amos à quien servir: las dos para Cocineras...”. Esta otra pobretica venía de las tierras de Toledo y se ofrecía para cualquier cosa: “Una muger de circunstancia, de edad 26 años, viuda, con una hija de 4, busca Casa para servir à algún Eclesiàstico; con la advertencia, que no ganará salario, dándole las manos libres, y de comer à su Hija...”. Así de miserable era la vida en la Granada del siglo XVIII, tal y como nos la describe Fray Antonio de la Chica en su querida ‘Gazetilla curiosa’. Hoy, en cambio, como dejó escrito Haro Tecglen: “El trabajo de nosotros, los gacetilleros, es el de escrutar los signos”. Y de paso, digo yo, comentar la jugada. 


sábado, 29 de marzo de 2014

EL MÁS ANTIGUO DEL BARRIO DE PINICHE


 Francisco Alba con sus alumnos, 1928. Adolfo con un círculo




Adolfo Capilla es hermano de Frasquito y cumple hoy -dieciocho de julio de 2003- nada menos que ochenta años. Pero también hoy, desgraciadamente, hace un año que Rosa, su mujer, falleció de un infarto. Por eso el hombre anda cariacontecido. Después de estar toda la vida bregando al final te ves solo. “Es el destino que nos espera a todos”, pensé para mis adentros.
–Yo he tenido muchos amigos, pero ya quedan pocos. De mi quinta éramos 74, y ahora cuento unos ocho o diez. De pequeños jugábamos al fútbol con una pelota de trapo en la plaza del Fuerte, los del barrio Alto contra los de Montes Jovellar. Y por la tarde echábamos otro medio partido. Por la noche, hacíamos una guerrilla con las hondas y también contra los del pueblo de Churriana. Los del barrio Alto tiraban por los chalés de los Chopos, mientras que los de El Ejido entrábamos por la calle de la Churra –aquello era una maniobra envolvente-. Y como atacábamos por los dos lados, los churrianeros salían corriendo.
Había quedado con Adolfo que me contaría más cosas, pero los meses fueron pasando. Cerca de la Navidad le dejé una nota en la puerta de su casa, y ya nos vimos el diecinueve de diciembre, unas fechas antes del Nacimiento. Adolfo da la impresión de ser un hombre humilde y sencillo.
–Mi madre tuvo nueve hijos, pero uno se murió del sarampión. Y luego, dos sobrinos de cinco y diez años, que regresaron de América, los recogió mi padre de manera que nos juntamos una familia numerosa. De pequeño estuve en la escuela particular de don Francisco Alba, que daba en su casa de la calle Motril -la que va al antiguo Matadero-. Era de adultos por la noche y de niños pequeños durante el día, y estaríamos unos veinticinco o treinta. Se dedicó a la enseñanza toda su vida y era conocido como el maestro (sin título) Alba. Mi padre le pagaba unas perras gordas, esto entre los años 1928 y 1930. Más tarde estuve con don José Muñoz Murcia, que era un gran maestro, con el que aprendí a multiplicar, dividir y algunos poblemillas fáciles. Tenía dividida la clase en tres secciones: en la primera estaban los que no sabían las cuentas -esto es, ni hacer la o con un canuto-. En la segunda, los que sabían cuentas y escribir medio regular. Y en la otra, ya sabían hacer algunos poblemas. Entonces a la escuela íbamos sin libros, pues allí había una enciclopedia -Adolfo me dice una palabra parecida al Espasa-, también un libro de cuentos, creo que Miguel Trogoff, y El Quijote se leía casi todos los días. Como había escuela por la mañana y por la tarde, el maestro dividía los temas por días. También dábamos Historia de España y dibujo de forma constante, pues don José era un buen dibujante. El caso es que no necesitábamos libros ni libretas y, luego, cada uno teníamos nuestro número y nuestro tintero en el pupitre. El maestro explicaba la lección a cada sección, y después le preguntaba a varios alumnos. Pusieron unos comedores al mediodía para los niños que tenían menos medios, donde hoy está la Escuela de Adultos. Ahora vamos a hablar del tiempo ese, cuando salíamos a jugar al fútbol en la plaza del Fuerte, durante unos veinte minutos; y muchas veces acabamos peleándonos. Como la escuela empezaba a las nueve de la mañana, aprovechábamos para jugar en las eras de Juanico Artena, que estaban frente al Consultorio; y siempre acabábamos formando la guerrilla, pues ninguno estábamos conforme con el resultao del partido. Otros días nos íbamos a la Ermita y, desde el cerro, los zagales hacíamos un resbalizo y nos tirábamos hasta lo hondo. Y cuando no había agua, nos meábamos. Te ponías en cuquillas y bajabas p’abajo como un cohete, pero al final salíamos con culeras y, cuando llegabas a casa, te daban una tunda. Algunas tardes, cada niño iba con su caballo de caña -una caña entre las piernas-, formábamos regimientos y poníamos una bandera en la Atalaya -a un vecino se le ocurrió derribarla en los años sesenta-. Y allí hacíamos nuestra guerrilla: unos atacaban y otros defendían, hasta que el más valiente quitaba la bandera mientras que los otros tenían que rendirse. Vamos a otra etapa: en los años 1933 y 34, vino el maestro don Andrés Bayón, hizo sus tres secciones y le gustaba más la Gramática y cosas de Filosofía y de Química, que de Aritmética. Todos los días, un alumno del tercer grado tenía que escribir lo que se había hecho en la escuela en el diario; y luego, cada catorce días se hacía una competencia entre los más aplicados. Eran preguntas de lo que se había dado en clase los días anteriores. “Fulano de tal, dime el primer rey de los godos”, le preguntaba un alumno a otro; que no la contestaba, pues el maestro lo mandaba al último puesto. Ahora bien, si el niño que preguntaba no se había estudiado la respuesta, era castigado sin preguntar en una pila de tiempo. Y si la sabías, pero se te atrancaba la lengua, pues no contestabas. El caso es que te las tenías que aprender muy bien. Bueno, eso ya está terminao.

Adolfo no se cansa de hablar y tengo la impresión de que tiene los temas pulcramente ordenados en su mente, mientras me va dictando. Desde el principio me trata de usted, aunque yo de vez en cuando lo tuteo. Conserva una memoria prodigiosa pues te da fechas y datos, cosa bastante rara a su edad. Y aunque tiene el pelo cano, no aparenta que tenga ochenta años. Me habla de una foto de don Andrés dando clase, pero “cuando vienen mis nietos se lían a escurcar, de manera que tengo que buscarla a ver si la encuentro”.
–Don Andrés Bayón tenía gafas pero, en un partido de fútbol, le dieron un pelotazo y nos tuvo castigaos durante un mes sin recreo. Le pilló el Movimiento Nacional y, con los niños de tóas las escuelas, formó una centuria de balillas (también llamados flechas). Cada uno se tuvo que comprar una camisa azul y unos pantalones negros, aunque el correaje nos lo dieron en el Cuartel de los Flechas -estaba en la planta baja del Torreón-; y me acuerdo que tenía un escudo de la Falange. Arriba estaba la clase y el maestro venía todos los días en el tranvía de Granada. Por su cuenta nombró al jefe de centuria, mientras que él era el jefe mayor y llevaba unos cordones blancos cruzados sobre el pecho, junto con el correaje y el escudo de la Falange. El Ayuntamiento compró tambores y cornetas, y también un cornetín de órdenes, formándose una escuadra de gastadores que llevaban el correaje, las manoplas y la boina de color rojo, con una borla amarilla. En cambio, los subjefes y jefes la llevaban de color plateao, según la categoría. Resulta que todos los domingos desfilábamos por las calles hasta la iglesia, y la gente nos hacía palmas a los chaveas. El cornetín de órdenes iba al lao del jefe, que era Antonio Sánchez, Antoñillo, o Francisco Franco el Pino. A Antonio le prestaban un caballo blanco -murió en marzo de 2002- y, como era tan malo, le hincaba las espuelas y el caballo salía corriendo. Hasta que se lo quitaron porque iba a formar un desastre. Después de la misa formábamos a la puerta de las escuelas, cantábamos el Cara al sol y rompíamos filas. De manera que, cuando le tocaba a una escuadra, hacíamos guardia con una carabina.



En tiempos de la guerra, cuando ya vinieron los aviones de caza Fiat (unos veinte) y los Saboyas, que eran trimotores, paraban en la Base Aérea de Armilla. Recuerdo que, estando ya para la toma de Málaga, cayó uno en la cañá de Vílchez -antes de llegar al campo de tiro-, pero el piloto cogió la ametralladora y apuntó a los que estaban por allí escardando, hasta que vio que se encontraba en territorio nacional. Don Andrés nos había enseñado a cantar el himno italiano La Giovanesa: “Giovanesa primavera de belesa...”, que mentaba a Mussolini. Pues se lo cantemos aquel día a los italianos -que vinieron a desmontar el avión y se lo llevaron en un camión-, y nos hicieron palmas a los chiquillos. Luego teníamos la costumbre de ir carretera adelante, hasta el lao del campo de aviación, a ver a los aviones aterrizar. También arrancaban en cuadrilla, de cinco en cinco. Volaban para ir a la toma de Málaga, pero una tarde se presentaron cinco aviones rojos y tiraron una bomba en el estanque del aeródromo, y bajó la carretera llena de agua. Nosotros nos tumbamos en la cuneta y, cada vez que caía una bomba, nos levantaba un palmo del suelo. Las veíamos salir inclinás del avión, pero luego se enderezaban conforme caían, hasta que la tierra pegaba un retemblío. Una vez se llenó el campo de bombas y nosotros decíamos “¿pa qué será esto?”. Hasta que empezaron a llegar aviones bimotores alemanes la Luftwaffe y en dos viajes se las llevaron. Los aviones siempre estaban entrando y saliendo, y nosotros sentíamos los retumbíos de las bombas que tiraban en Málaga o en Motril. Con el tiempo los flechas se efarataron porque tuvieron una discusión entre los jefes, entre ellos un tal Pepe Gámez, que era el secretario. Pero todos los domingos y días de fiesta nos llevaban a misa, y confesábamos una semana sí y otra no. Al final aborrecía uno la misa. Luego, en el año 38, se murió mi padre y ya me eché a trabajar.


Entonces, yo y un amigo mío nos apuntemos en la escuela de nocturno de don Francisco Alba, y le pagábamos un real a la semana. Esto pa enseñarnos las reglas de tres, quebrados y subir a la tercera potencia un número. Recuerdo que una noche fuimos a la clase y se puso el cielo colorao, un rojo, rojo, con unos ramalazos celestes y to el mundo se fue a la Ermita. El maestro nos explicó que era la aurora boreal -se veía desde Granada hasta el Poniente- y que eso suele anunciar una guerra grande, más grande que la que teníamos.
Adolfo, ahora con esto de la viudedad, no para mucho en su casa. La soledad está siempre esperando a uno a la vuelta de la esquina, cuando más falta te hace la compañía. Llega un día y, de pronto, todo se vuelve silencio, mientras que la casa huele a vacía y tiene como un color gris... Adolfo me cuenta que en los años 33 y 34 había dos bicicletas en Gabia: la de José Serrano y Manuel Díaz. Y solamente tenían coche: don Mariano Pertíñez, don Casto el veterinario y los Jiménez.
–Con doce años, los zagaloncillos nos sentábamos en el aljibe después de cenar y contábamos historias de miedo. Decían algunos que en la mina Toleo había una yueca con pollos y salía piando detrás de los chiquillos. Pero yo nunca vi na, y eso que he estado de noche trabajando en la Vega. Otros contaban que salían duendes o que sonaban campanillos... Ten en cuenta que yo soy el más antiguo del barrio Piniche, pues en el 51 me fui a vivir de alquiler a la casa de Gabriel Jiménez, pagándole 15 duros al mes. El tiempo que estuve trabajando en la fábrica de San Isidro (la azucarera de la Bobadilla) me pasó un caso. Esto sería por el año 48. Resulta que salimos del relevo José el Cambiaíllo, un tío mío y yo, y echamos por la carretera de Santa Fe. Eran las 10:15 de la noche y, al llegar al paso de nivel del tren, vimos que en ca tronco de un árbol había un bulto. Estaba lloviznando y un grupo de diez o quince Guardias de Asalto nos gritaron: “¡Manos arriba!”. Nos registraron y pidieron los carnés, pero yo no llevaba ninguna documentación. En esto asomó un coche descubierto y le dijeron al jefe que habían detenido a un indocumentao. Y éste les contesto: “¿Pero cómo se van a llevar a este muchacho a la comisaría, si está harto de trabajar? Unos delincuentes no se van a poner a ir por la carretera”. Al día siguiente me enteré que, durante la noche, habían matado a don Indalecio Romero, un conocido empresario granadino. Lo mataron los hermanos Quero.

Gabia en los años sesenta



El 17 de enero de 2004 de nuevo me encuentro con Adolfo Capilla por la Aljomaima, lo noto envejecido y me cuesta trabajo reconocerlo. Me dice que tiene unas fotos para dejarme y, cuando al poco me acerco a su casa, resulta que quiere contarme más cosas. Este Adolfo parece la Enciclopedia Británica:

–Yo te contaría más cosas, pero no sé por dónde empezar. Distracciones de los domingos: las muchachas iban a pasear por la vía abajo, hasta la venta de la Gloria -los cullarenses que iban a Granada, se subían al tranvía aquí-. En la venta solían celebrar las bóas, pues se llevaban un acordeón y hacían baile en la placeta. Los zagaloncillos, entonces, se metían en los canales de agua para verle las piernas a las mozuelas, o quitarle las flores que llevaban en el pecho. Algunos se ganaban un tortazo. Ahora vamos a ver... Ya en este tiempo pusieron un guarda para que la gente no fuera a pasear por la vía; entonces salían por la carretera y se adentraban en el campo de aviación -pues no estaba vallado-, hasta el pozo de don Guillermo. Aquí la gente venía a por agua fresca, y también iban a pasearse los novios y todo el mundo. Los domingos se llenaba la carretera de personas -esto ocurre hoy día en cualquier ciudad de Marruecos, pues el paseo va asociado con la pobreza-. En cambio, hoy en España nadie sale a pasear. En Gabia había dos pastelerías, y la gente acudía los domingos a comprar pasteles para los chiquillos. Estaban la del Niño Pérez y Antoñico Pajalarga, que también vendía helados. Recuerdo que pusieron un cine los Antoñillos (Pertíñez), y allí echaban películas muy viejas de aquellos tiempos, que eran múas. Antonio Tostones, que era vendedor de berzas, puso un cine en su casa, en la cuadra de la burra. El cine valía una gorda y había un foyaero de tortas para entrar en lo alto de los pesebres. El Tostones se ponía atrás para echar la película de Charlot o de pistoleros, mientras iba haciendo comentarios. Entonces todos los chiquillos nos echábamos a reír, pues imitaba a los caballos corriendo, a Charlot o al Gordo y el Flaco. Esto, como te digo, era en el 1932.
Adolfo me cuenta que hace poco ha estado en la casa de su hijo en Fuengirola: “Me vine muy contento, pues corrimos todos los pueblos esos que hay cortaos -de la serranía de Málaga-. Pero yo creo que ya no voy a hacer más ese viaje”. El viejo Adolfo gasta una gorra de visera, unos pantalones anchos y el andar cansino. Sabe que está apurando los últimos días de su vida. Salud.

De la novela ‘Gabia, la memoria perdida’, edición de autor, 2004


Posdata: Adolfo falleció hace dos meses, recuerdo que lo vi por última vez una mañana en el parque, sentado en un banco con otros ancianos. Alguna que otra vez lo veía con el andador, en dirección a casa de su hija, donde comía. Adolfo siempre llevaba su gorra puesta, era pequeño de estatura y de trato agradable. Tenía noventa años y era uno de los más antiguos de Gabia. Descanse en paz. No me quedan ejemplares del libro.








miércoles, 12 de marzo de 2014

POR SAN JUAN

Procesión de San Juan, años noventa



Dedicado a mi tío, Bonifacio García-Fresneda Domínguez









Si tuviera que dibujar el Cortijo del Cura, me acordaría de los cuadros de Tàpies: “Una era, varios almiares y unas cuantas cuevas”. Al otro lado de la carretera se extiende la vega y, al fondo, como decorando el horizonte, un paisaje desértico: una cadena de cerros salitrosos donde sólo crecen las matas de esparto. Por abajo, el morisco río Galera, prudente y sinuoso, va trazando la línea divisoria entre la vega y las colinas. Uno esperaba ver los verdes sembrados de siempre y resulta que te encuentras rastrojos en los bancales. “Los campos están abandonados porque ya no se costean; y cuando los jóvenes se meten en el paro, sueltan las tierras –asegura Fermina García, y agrega-: Los sembrados están que no se estremecen (no crecen)”. Aurelio Gómez es de la quinta del 42 y sirvió en Algeciras: “Es la que te digo, de las ochenta familias que había en el cincuenta y cinco, hoy quedan treinta y ocho personas mal contadas, y solamente una niña de once años baja a las escuelas de Castilléjar”. En la niña se puede decir que se resume el oscuro porvenir del Cortijo del Cura, aunque los aldeanos se aferran como un clavo a sus creencias: desesperados por la sequía, hace unos cuantos años llevaron la imagen de San Juan a la acequia del ‘Botero’, y allí la rociaron con agua esperando que se produjera el milagro. El santo patrón dejó que le echaran unas fotos para el recuerdo, pero aseguran que no se ‘canteó’. La imagen la compraron por 500 pesetas después de la guerra, cuando el alcalde Juan García-Fresneda.

 “En el 1936 un cuartillo de vino (medio litro) valía tres perrillas”, recuerda Antonio Pérez, ‘el Moro’, que anda ya por los  85 años. “Entonces íbamos a los cerros a coger esparto mientras el guarda forestal nos iba señalando los tajos”. Y añade: “Por una arroba de esparto te daban tres pesetas”. Su mujer, Amelia Valdivieso, rememora un poco su vida mientras ve pasar los días: “Desde que nos casamos vivimos aquí. Pero en el  último mes se han muerto dos, y nosotros estamos en puertas. ¡A ver!”. Justo García se crió en el cortijo del Arique: “Mi padre tenía ovejas y con ocho años ya le ayudaba al pastor”. Y reconoce que, después de la guerra, “salíamos a espigar, a rebuscar las espigas que habían quedado después de la siega”. Celestino Jiménez, ‘el Peteto’, tiene los borregos encerrados en una alambrada y un par de mulos retozando en la era. El hombre se queja y con razón: “Hoy no hay quien quiera la tierra y la mitad de los ‘paratos’ están perdidos... Aquí ya sólo se ven a cuatro cabras”. Emilio Candela, ‘el Paye’, tiene que hacer un esfuerzo para recordar ‘El Catón’ en aquellos años del candil: “En la cueva de las Paleras puede que ‘haiga’ estado yo dando escuela”. Mercedes y su prima Encarna cuentan que, en tiempos de la República, el tío Leandro (mi bisabuelo) tenía la costumbre de repartir media fanega de trigo (unos veinte kilos) entre los más pobres de la aldea.

A Francisco García Domingo se le ve muy contento con su almiar, pues dice que “la gente se para y le echa sus fotos”. Lo construyó en el año 62, a base de palos y carrizos, y dentro guarda los arreos del campo: “Aquí tenemos el arado de una sola caballería y este trillo es para el panizo...”. La vista del viajero se entretiene sin querer en los altivos almiares, que tienen forma de tienda de campaña canadiense. Los lugareños saben que el día que desaparezcan estos símbolos centenarios, se habrá acabado todo. Pero también llama la atención el largo abrevadero que hay al otro lado de la carretera. A la puesta del sol, y antes de que los encierren en los corrales, las bestias y el ganado se paran a beber mansamente: “¡Sooo...!”. Es ya un rito ancestral. Con 81 años a cuestas, Víctor Castillo recuerda que, “cuando el estraperlo, venían por esos montes los arrieros de Pozo Alcón y te cambiaban los jamones por aceite, o bien te daban cuatro libras de tocino (unos dos kilos) por una de jamón”. 

Uno tiene imágenes del Cortijo del Cura grabadas en la retina: la singular figura de Juan Martínez, embutido en su camisa blanca, bajando en bicicleta a Castilléjar a echarse su partida de brisca, como viene haciendo desde hace más de cuarenta años. O esa mujer sentada a la puerta de su corral y las gallinas picoteando la comida en sus manos. Aquí uno tiene la sensación de que el reloj de los años parece haberse detenido. Blas García, ‘el Sordo’, subía todas las semanas con la burra a los mercados de Huéscar y de Orce: “A medida de lo que vendíamos, así comprábamos”. Y fue siempre así la vida de estos campesinos sencillos y humildes: al despuntar el día, y con las aguaderas recalcadas de la fruta del tiempo, hileras de bestias trasponían por el viejo camino de polvo y tierra. Pero el Cortijo del Cura es un anejo de Galera, abandonado a su suerte: ha dejado de tener un alcalde pedáneo y los vecinos van a ver si consiguen un barrendero que les limpie las cuatro calles. Sin embargo, tienen tanta devoción que, por entrar el Santo a la vieja ermita –donde se ve todo el suelo levantado-, pagan de 15 a 20.000 pesetas por cada brazo de las andas. Antaño pujaban con 30 fanegas de trigo. Pero es la que digo: si estos días, por las fiestas de San Juan, pasa usted por el Cortijo del Cura y ve que llevan al Santo por mitad de la carretera, regocíjese y cante con ellos ‘Mi divino San Juan’, porque ‘el Bautista’ les ha salido medio andorrrero.


Cortijo de San José. Al fondo, Cjo. del Cura y Castilléjar



Este artículo salió publicado en Ideal el 22 de junio de 2002, fiesta de San Juan, un detalle que tuvo Esteban de las Heras, subdirector del periódico. También viene recogido en mi libro ‘Diálogos en la tierra de los Ríos’, 2003.




Posdata: copio esta frase de una vecina, que tenía guardada: “Nosotras íbamos a escardar y a segar. También ‘esfarfollábamos’ las panochas en casa de algún vecino, a cambio de que luego hiciera una miaja de baile”. Hoy en el Cortijo del Cura (anejo de Galera, aunque en el siglo XIX perteneció a Castilléjar) están censadas unas trece personas, pero viven solamente cuatro, pues la mayoría de los aldeanos se trasladaron a vivir a Galera y Castilléjar, mientras que los pocos jóvenes emigraron al Levante. Tanto Antonio Pérez, ‘el Moro’, como su amable mujer, Amelia Valdivieso, murieron en el 2003. El mote fue porque, cuando Antonio vino de hacer la mili, alguien lo vio asomar por aquellos cerros y exclamó: “Que vienen los moros…”. Y se quedó para los restos con el dichoso apodo, que también lo heredó su familia. Emilio Candela, ‘el Paye’, también murió en Galera, donde vivía, así como Juan Martínez, ‘el Viborita’, que enfermó y murió al poco tiempo. Mi pariente Víctor Castillo falleció hace algunos años en Castilléjar.


Copio parte de la carta que me envió mi amigo el historiador  Jesús Fernández, en 2002:“A finales del siglo XVIII viene a Galera, como cura párroco, don José Sánchez del Barco y Barnés. Tenía varias propiedades y son todas las que se denominan “del cura”. Sus herederos fueron sobrinos y vecinos de Galera y Castilléjar. El cura hizo el cortijo de San José, que era la única vivienda que había en ese paraje. El 8 de enero de 1795 es la primera vez que se encuentra el nombre de Cortijo del Cura en documentos del Ayuntamiento (...). El edificio de la escuela se hizo en los años 40, siendo alcalde de Galera Aureliano de la Rosa  y alcalde pedáneo, tu abuelo Juan García-Fresneda. Se pagó la obra con dinero procedente del legado de don Cosme Izquierdo, emigrante en América del Norte, que dejó sus bienes a beneficio de su pueblo, Galera (...). Durante mi período de alcalde 1979-83, siempre llevé en primer lugar de prioridades: agua potable para el Cortijo del Cura. Por fin lo consiguieron mis sucesores (...). Perdona mi sintaxis y prosa de anciano repetitivo. Nota: L'Arit = Larique”. Tiene origen árabe. Jesús Fernández falleció hará unos diez años -le dediqué un pequeño artículo en Ideal- y su tumba parece abandonada, pues su hermana fue a una residencia, mientras que su hermano,don Andres -casi impedido-, fue mi primer maestro en Castilléjar. Jesús me decía que éramos parientes por parte de mi abuela materna de Orce, y me contaba anécdotas de mi familia del Cortijo del Cura.
El cura don José Sánchez mandó construir en el Cortijo del Cura una casa –hoy abandonada-, al abrigo del cerro y a orilla del camino. A partir de aquí, se fueron solicitando permisos para hacer numerosas cuevas hasta que poco a poco se fue formando la pedanía, dotándola de luz, agua y demás recursos que permitieron que los vecinos llevaran una vida confortable. Mis bisabuelos paternos, Leandro García-Fresneda y Mercedes García, se trasladaron a vivir en 1902, desde Huéscar al cortijo de San José.

    En 1965, al inicio de curso, entrábamos por la puerta del Seminario de Guadix, los castillejanos Manuel Rodríguez, Tomás Pinteño y yo. Estaban por allí el obispo de la diócesis, don Gabino Díaz Merchán –años más tarde fue presidente de la Conferencia Espiscopal, durante bastantes años– y el rector del Seminario. Entonces el obispo nos preguntó: “¿Han colocado ya el agua en el Cortijo del Cura?”. Y es que hacía poco había hecho un viaje pastoral por la zona.

Las Cuevas Victoria son de mi amigo Nicolás García, que me ayudó mucho en la difusión de mi libro ‘Diálogos en la tierra de los Ríos’.








domingo, 23 de febrero de 2014

LA ESCUELA UNITARIA DE DON PASCUAL

Don Pascual Dengra







Pascual Dengra López (1891-1976) procedía de una familia humilde, pues se padre era albañil. Se quedó huérfano de padre, con nueve años, por lo que tuvo que abandonar la escuela. En 1903 entró a trabajar como lector de su correspondencia en casa del político y escritor don Bruno Portillo, que padecía ya una ceguera avanzada. Y de esta manera pudo estudiar magisterio. Sacó la oposición de maestro nacional en 1914 y obtuvo una plaza en Villacarrillo (Jaén). Dos años más tarde le conceden el traslado a Huéscar, su ciudad natal, en la Escuela Número 1, de Niños, que se encontraba en la calle de las Francesas. Diez años más tarde, Pascual se licenciará en Derecho, en la Universidad de Murcia, y ejerció la abogacía con posterioridad. El 11 de septiembre de 1922, el Pleno del Ayuntamiento de Huéscar acordó lo siguiente (sic): “Que es un hecho cierto que el Sr. Dengra López, desde que se hizo cargo de la Escuela Unitaria de niños de esta ciudad, ha puesto una voluntad y gran talento al servicio de la educación e instrucción de los niños de su clase, cuya magna obra, de resultados ya tangibles, crearía una nueva generación culta y patriótica (…). Que el Ayuntº., en su carácter de representante del pueblo, está obligado a demostrar de alguna forma al Sr. Dengra López su gratitud y reconocimiento, unánimemente acuerda: Conceder a dicho Maestro un expresivo voto de gracias por la obra educativa que persigue y realiza. Concederle también una gratificación anual de quinientas pesetas, a partir del primero de octubre próximo…”.

 Cándido Sánchez, que falleció hace dos años, fue colaborador de la revista oscense ‘Cuadernillos de la Sagra’ (utilizaba el seudónimo de ‘el Pelú de Marras’) y, en su artículo ‘De mis días de escuela. In memoriam del Maestro y dedicado a mis nietos’, de septiembre de 2001, cuenta que con seis años lo llevaron con don Pascual. Entonces, el maestro se ayudaba de figuras geométricas de madera para enseñar: “¿Qué tengo en la mano?, pregunta a uno. El interpelado se ponía en pie y contestaba. A los mayores les preguntaba: ¿Qué hay que hacer para elevar al cubo el volumen del cono? Y así, según el nivel de cada uno, la pregunta era más sencilla o complicada”. Era una escuela a imagen y semejanza de la de don Antonio Machado, en el instituto de Baeza: la vieja mesa del maestro, con sus cajones, y dos hileras de pupitres de madera de haya, con sus tinteros donde los alumnos mojaban la pluma; una desgastada pizarra negra y, encima, un cuadro con la figura de una mujer –‘la Niña bonita’–, que era la alegoría de la República, y un crucifijo al lado. En aquellos agitados días, un decreto del Gobierno de Manuel Azaña ordenó quitar los crucifijos en las escuelas, y más tarde Azaña pudo proclamar aquello de “España ha dejado de ser católica”.

Don Pascual Dengra y sus alumnos. 1930



Cándido recuerda que “el maestro nos lo hizo saber con aquella voz grave, elocuente y sonora con que dictaba: Amor a la patria, al orden y respeto a Dios y al prójimo”. Al poco, entraron en la escuela la madre del maestro, su esposa, sus hijas..., y don Pascual dijo con la voz entrecortada: ‘Un año más, y serán veinte, llevo en esta escuela cumpliendo con mi deber, en ellos voy dejando parte de mi vida... Jamás pasó por mi mente que llegaría el día donde haría lo que hoy tengo que hacer’. Después de quitar el crucifijo, con lágrimas en los ojos, dijo a sus alumnos: ‘Pidamos todos perdón a Dios por este sacrificio, al que nos obligan las circunstancias’”. Durante la Guerra Civil, unos jóvenes armados de fusiles entraron en la escuela. Uno de ellos, que había sido discípulo de don Pascual, se cuadró y le dijo que cumplía órdenes. Dejó que se despidiera de su familia –al joven entonces se le saltaron las lágrimas–, pero pasadas unas horas lo dejaron en libertad. Más tarde, fue cesado como maestro, pasando por las cárceles de Vélez-Rubio, Baza y Huéscar hasta el final de la guerra. Cándido recuerda que “muchos días de invierno nosotros teníamos que hacer gimnasia para no quedarnos arrecíos”. Y más adelante, añade: “En esto la campana de Santa María la Mayor dio las nueve campanadas, hora de entrar en la escuela. Todos asomando la cabeza por las esquinas. El maestro se asomó a la puerta, miró a los lados, dio unas palmadas, y cual manada de potrillos desbocados enfilamos retozones hacia la escuela, ocupando cada cual su sitio”.

Dibujo de Francisco Gª de la Serrana


En otra ocasión, don Pascual recordó estas palabras a sus alumnos: “Niños hoy, hombres mañana, procurad llegar a ser hombres de provecho, luchar si es preciso porque acaben las injusticias sociales, porque la miseria y el hambre no exista en los hogares humildes”. En la posguerra Don Pascual puso, además, una academia de bachillerato ya que los alumnos tenían que examinarse como libres en el Instituto Padre Suárez de Granada. También fue director de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, donde los niños de los pueblos de la comarca veníamos a Huéscar con el pánico y la angustia en el cuerpo a enfrentarnos al temible examen de Ingreso.

Sin embargo, fue al jubilarse cuando el maestro cosechó lo que había sembrado, pues, en el dintel de la puerta de su Escuela Unitaria, pusieron una placa de mármol con esta leyenda: “Aquí vivió y tuvo su escuela don Pascual Dengra López, al que le fue concedida la Cruz de Alfonso X el Sabio  por su relevante labor educativa. 2-4-1961. Sus alumnos”. La medalla fue adquirida por sus antiguos alumnos. Baste recordar que enseñó a más de cinco mil alumnos, de los que 400 iniciaron estudios universitarios, y que el Ayuntamiento de Huéscar le concedió el título de ‘Hijo Predilecto’. Don Pascual falleció el 24 de agosto de 1976, pero la antigua escuela ya ni siquiera existe: la derribaron hace más de quince años para construir una urbanización. Lo de siempre. Hace unos años colocaron la antigua placa de mármol donde estuvo ubicada la escuela unitaria y ahí sigue.
Dibujo de la escuela de don Pascual Dengra

Quiero expresar mi agradecimiento a Juan de Dios Portillo García, director del Colegio Público ‘Natalio Rivas’, de Huéscar, por su interés y por la información que me ha proporcionado. El artículo de Cándido Sánchez me ha servido para recordar aquellas tardes pardas y frías en la escuela, aunque este se consideraba “el peor discípulo de don Pascual”. En cambio, el dibujante Francisco García de la Serrana, que falleció en noviembre de 2006, fue el alumno preferido del maestro. Las casualidades de la vida hicieron que, pasado un tiempo, yo conociera a Pascual, hijo del maestro, hicimos amistad y nos vemos de vez en cuando. Me proporcionó información sobre algunos personajes de Huéscar, lo mismo que su hermano Jaime, ya fallecido, que me sirvieron para escribir algunos artículos. Debo aclarar que una escuela unitaria es aquella donde un solo maestro da clases a alumnos de diversas edades y grados, como la que tenía don Pascual.

De él se puede decir que fue un maestro que dejó huella y no estaría de más recordar esta frase, entre otras, que le dedicó a los niños de su escuela: “Seguid siempre así, apartad, cuidadosamente, sin hacerle mal, la piedra que os intercepte el paso, y con la vista puesta en Dios, recorred la senda de la vida. Vuestro Maestro P. Dengra.
Huéscar, 10 de mayo de 1927”.

Publicado en mi libro 'Artículos del Altiplano y de  Granada', 2014

martes, 4 de febrero de 2014

CARTA A JOSÉ SARAMAGO





 
El rio Castril







Hace unos días celebraron un Pleno, en el Ayuntamiento de Castril, y me contaba Juan Iruela, un amigo castrileño: "El otro día, a solicitud del Grupo Independiente, hubo un pleno extraordinario para que el alcalde se posicione sobre el trasvase. Como suele ser habitual, la indefinición y la confusión fueron las dominantes en el pensamiento de nuestro amigo...". Y yo le contestaba al testigo: "Y ¿qué esperabas del Pleno? La consigna es, sigamos con el trasvase del río Castril a Baza –tienen una empresa colocando ya las tuberías y, paralizar la cosa, les cuesta dinero–, en función de la oposición que hagan los castrileños y corteños. Más las rectificaciones o el tirón de orejas que les mande la Unión Europea, pero aquí parece ser que el PSOE y el PP están de acuerdo en lo esencial, quiero decir en que se haga el trasvase, y no nos engañemos. Les ha dolido mucho la manifestación porque ya cuentan con un alcalde menos  –y no será el último–, aparte de que la gente del Altiplano está cada día más enojada con los socialistas, y con éstos y otros errores los llevarán a la oposición. Quitando a los pueblos favorecidos por el trasvase, todos los demás están en contra o están viendo la barbaridad que van a hacer". Lo que intentan hacer los ingenieros de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir es, lisa y llanamente, cargarse el mejor río de Andalucía –vegetación, flora, fauna y la matraca, el trasvase es contrario a varias directivas de la Unión Europea y es de esperar que lo paralicen–, en vez de coger el agua para riego directamente del pantano del Negratín, que tiene agua sobrante y que sería lo más lógico. Lo que pasa es que siempre guardan un as en la manga.

Pero yo quiero explicar un tema bastante complejo, porque es de suponer que a José Saramago –partidario del trasvase, como su esposa Pilar del Río y el alcalde de Castril, que con el Gobierno del PP dijo que iban a cargarse el río, pero con el PSOE ya no se lo cargan, y ahora está a favor del trasvase y de conservar el cargo– le dirían: "No, si lo que quieren hacer es sacar una tubería para Baza, sólo agua para consumo humano, y esto apenas le va a afectar al río". Y no hay más que ver que el Nobel vino a Castril echando la bronca a los ecologistas, como quien está en posesión de la verdad. Lo que trato de decir es que alguien tendría que decirle o explicarle 'la verdad' a Saramago, y por eso creo que no debemos de sacar juicios de valor de antemano. Pero, seguro que lo han engañado con el trasvase, lo mismo que engañaron a los castrileños y corteños, y a todo el que se puso por delante, porque hay políticos que no han hecho otra cosa en su vida. Es más, yo creo que si supiera la verdad de lo que están haciendo con el río, Saramago pondría a más de uno en su sitio, y valga este sencillo ejemplo. A mediados de mes salió en El País esta noticia sobre Azinhaga, el pueblo donde nació Saramago, el cual, bastante orgulloso, decía: "Mi aldea tiene dos ríos, uno se llama Almonda, otro Tajo o Tejo, según se mire desde Portugal o España. Los dos ríos tuvieron mejores épocas, pero pese a todas las fechorías que sobre ellos se han vertido y en ellos se han realizado siguen dándole personalidad a Azinhaga, la aldea ribatejana en la que nací y a la que vuelvo siempre. En Azinhaga hay una plaza, una iglesia, unos buenos restaurantes, una esquina del amor, un paseo junto al río…”.

Y uno piensa: ¿cómo es posible que diga estas frases en la prensa, sobre los ríos de su pueblo y, al mismo tiempo, esté a favor de la destrucción del río Castril? Supongamos que, en Azinhaga, intentaran entubar el río, como quieren hacer en Castril; seguro que la voz de Saramago atronaría por todo el mundo y nadie se atrevería a tocar un pelo al río Almonda... Un escritor que siempre se ha comprometido con la causa de los débiles, que nunca se ha callado allá por donde fuera, que ha dicho siempre las verdades del barquero, no puede aprobar que destruyan uno de los pocos ríos mejor conservados que quedan en España, porque iría en contra de sus principios, echaría todo su discurso por tierra. Lo diré más claro, un premio Nobel no puede estar con unos 'destriparríos', que lo único que están haciendo es una gran chapuza. 'La chapuza nacional', porque, a día de hoy, Baza tiene agua potable para sus habitantes y en ningún momento les ha faltado, ni han sufrido restricciones, como aseguraba algún que otro político interesado. El Grupo Independiente de Castril, el Ayuntamiento de Cortes de Baza (también del Grupo Independiente), Los Verdes, Comisiones Obreras e Izquierda Unida están en contra del trasvase –Pedro Vaquero lo dejó bien claro en la manifestación, que se celebró en Castril hace un mes, y que congregó a más de mil personas–, aunque Saramago da la impresión de que se ha alineado con el PSOE y no con los comunistas, sus compañeros de siempre. Pero no me cabe en la cabeza que, precisamente, el Hijo Adoptivo de Castril, donde le van a construir el Centro Saramago, el Nobel que se ha criado viendo a dos ríos en Azinhaga –a mí me pasa lo mismo, y por eso me tiran tanto–, no puede estar al lado de unos simples chapuceros. 

Manifestación contra el trasvase del río



  
Quiero aclarar que, a veces, he criticado a José Saramago –otras lo he defendido y justificado, porque no sabes a qué carta atenerte, por lo chocante del caso–, por su postura a  favor del trasvase, hasta que he caído en la cuenta de que 'estos fontaneros' nos han ido engañando a todos por tramos, como las tuberías que tienen preparadas para el río Castril. Y si no hay nadie que le escriba una carta o un mensaje a José Saramago contándole la verdad, a su casa de Lanzarote –ya lo hago, a través de este artículo de periódico–, tendré que hacerlo yo mismo, al menos para convencerme como Santo Tomás. Y por otro lado, decir que para conservar el río Castril, vamos a necesitar todas nuestras fuerzas y las de quienes quieran ayudarnos y, de paso, encomendarnos a San Riego, al grito de ¡no pasarán!

Comentario enviado el día 09-09-2008
Muy acertado el artículo poniendo las cosas en su sitio y dándole a cada uno lo suyo. Me parece un artículo valiente que pone los puntos sobres las íes de lo que está ocuriendo en Castril, donde priman los intereses políticos sobre los naturales. Es un artículo valiente y sincero por el que felicito a su autor que también deja entrever la hipocresía de algunos intelectuales según les vayan los vientos. Enhorabuena al autor.
Autor: Carlos H.

Comentario enviado el día 11-09-2008
El artículo lo escribí en un rato, sin pensar demasiado, tratando de buscar una mediación o un arreglo, porque estoy viendo que en Castril va a pasar con Saramago, algo parecido a lo que el pasado año ocurrió en Orce con Gibert, porque los políticos lo contaminan todo y, a pesar de los errores, siempre será mejor tender una mano. Y tú has comprendido el mensaje, porque como yo ves las cosas desde la lejanía y sin pasión. Leandro

El artículo salió publicado en ‘La Opinión de Granada’, el uno de septiembre de 2008.

1-9-8 Amigo Juan, sería interesante que publicaras en el Foro la carta que entre Alfonso y tú le entregasteis a Saramago, así saldríamos de dudas. A mí me merece el respeto de un premio Nobel, así como la trayectoria que tiene de escritor comprometido, pero quiero convencerme de si está al tanto de que quieren cargarse el río Castril, como en su momento denunció en la prensa su amigo el alcalde. A mí este tema me resulta bastante penoso y complicado, porque esperas algo más de tus modelos y porque ya habrá quien se encargue de ponerme a parir por meterme con Saramago. Por eso quiero convencerme escribiéndole una carta –no por protagonismo–, porque todos podemos equivocarnos en un momento dado y, si te están construyendo el Centro Saramago, necesitas reconciliarte con el pueblo de Castril. Pero reconocer esto debe de ser muy duro para todo un premio Nobel. Hace falta gente que mediara en el asunto, porque es evidente que Saramago necesita a Castril y Castril necesita a Saramago, hay que tender un puente sobre el río. Y si me apuráis, vosotros que vais a gobernar el pueblo dentro de poco, debéis de invitarlo a visitar Castril –sin condiciones–, seguro que está deseando y os lo agradecerá y ya veréis cómo se disipan todos los malentendidos. Un saludo

To: 
Sent: Wednesday, September 17, 2008 12:17 PM
Subject: articulo
Estimado José Saramago: Le envío este artículo, con dos comentarios, que salió en La Opinión de Granada –donde colaboro–, el uno de septiembre pasado, y está siendo leído y votado por los lectores de La Opinión digital. Lo colgué en el ‘Foro para la Defensa del Río Castril’ y digamos que no vi mucho entusiasmo en los castrileños, por lo que escribí en el ‘Foro’ diciendo que “yo no iba a hacer una mediación, que nadie me ha pedido”. Sin embargo, creo que los castrileños están esperando unas palabras de usted, un mensaje, algo. En mi opinión, merece la pena intentarlo. Mi artículo me recuerda la carta que usted le envío al presidente de Uruguay, creo que Julio María Sanguinetti –escribo de memoria–, pidiéndole que se interesara por el nieto desaparecido del poeta Juan Gelman. Yo ahora, con toda la humildad del mundo, me dirijo a usted y sin ningún interés por mi parte, pero creo que siempre es mejor llegar a un arreglo, poniendo cada uno de su parte. En el asunto del trasvase, creo que la Administración se ha equivocado y tendrá que rectificar, llegar a un acuerdo.
Yo lo saludé a usted hace un par de años, momentos antes de que diera la conferencia en la Facultad de Ciencias de Granada. Un saludo y le deseo lo mejor.
Leandro

Posdata: Como es sabido, el escritor José Saramago falleció el 18 de junio de 2010, en Lanzarote. El trasvase del río Castril está paralizado por orden del Tribunal Supremo y están haciendo todo lo posible e imposible por entubarlo. Valen más los votos de Baza y comarca, de cara a conseguir el gobierno de la Diputación, que los de Castril y Cortes juntos. Este es el tema. La naturaleza, el medio ambiental, la flora y fauna, en definitiva, la conservación del río Castril les importa un pito a los políticos. Los votos mandan. En las elecciones municipales de 2011, el Grupo Independiente de Castril (GIC), Nuevo Castril, PP e IU se unieron y le arrebataron la Alcaldía al candidato del PSOE, que fue la lista más votada.
 Fue un alcalde títere que, cuando estuvo en la oposición defendió el río contra el PP, pero cuando gobernó se plegó a los intereses del PSOE, a favor de entubar el río y prometiendo regadíos a los agricultores castrileños para marear la perdiz. Si hubiera defendido el río de sus padres y antepasados -como era su obligación-, se hubiera metido al pueblo en el bolsillo.

martes, 21 de enero de 2014

DOMÍNGUEZ ORTIZ, ONCE AÑOS DESPUÉS








Recuerdo que aquel gélido día, del 21 de enero del 2003, Granada se despertó huérfana con la muerte del historiador Antonio Domínguez Ortiz. Como un suspiro han pasado ya once años y, tras las frases solemnes y sentidas del día del entierro, ¿qué recuerdo nos queda del ilustre investigador? En fin, ya se sabe que las alabanzas son huecas y grandilocuentes, pero la memoria suele ser corta. Por aquellos días, el historiador Juan Pablo Fusi definía así a Domínguez Ortiz: “Su sencillez y falta de pedantería lo convierten en un ejemplo de intelectual”. La escritora Pilar Mañas lo recordaba como un hombre que nos explica la Historia con la sencillez de los sabios. Y la académica e historiadora, Carmen Iglesias, señalaba que “es un maestro irrepetible. Supo hacer accesible al gran público su trabajo de años en los archivos”.

En el año 2000, Domínguez Ortiz publicó su último libro, España, tres milenios de Historia; pero en el prólogo ya advertía: “Escribo estas páginas, con cierto aire de testamento literario... responden a una necesidad, satisfacen unas aspiraciones, llenan un vacío; el vacío que deja la ausencia de una auténtica enseñanza histórica en los actuales planes de estudio de la enseñanza obligatoria”. Y se quejaba de que el nuevo plan de enseñanza era malo, “porque ha destruido la personalidad de la Historia, que se ha metido dentro de un área de Ciencias Sociales”. Lo ilustraba con el ejemplo de que tenía más importancia la Revolución de Asturias que la pérdida de América. Pero, a continuación, añadía: “Eso es un absurdo total. Lo importante de la Historia de España es aquel período en que ésta es universal, y eso es lo que interesa y lo que los extranjeros aprenden”. Como no podía ser menos, reivindicaba las tradiciones de los pueblos, pues decía que se había creado “una polémica artificial” con la Toma de Granada.

¿Por qué los granadinos –pregunto yo–, tenemos que renunciar a nuestras tradiciones o avergonzarnos de nuestro pasado histórico? ¿Acaso renuncian a sus costumbres y fiestas ancestrales los árabes, hebreos, ingleses...? Todos los pueblos procuran conservarlas bajo siete llaves y, si no, ahí están las conmemoraciones de las batallas de Trafalgar, Normandía, Waterloo....,  con su aire festivo: lanzando vivas y pegando unos cuantos cañonazos. Los franceses están muy orgullosos de Carlos Martel –el abuelo de Carlomagno–, que derrotó a los árabes en la batalla de Poitiers y detuvo el islam. Cuando Granada fue tomada, el 2 de enero de 1492, toda la cristiandad celebró la victoria, las campanas repicaron por toda Europa, pues unos años antes había caído Constantinopla en poder de los turcos.

El Islam fue expulsado definitivamente de Europa, aunque yo no discuto que los árabes fueron los más avanzados de su época y que los mejores monumentos de Andalucía los construyeron ellos, ni pongo en entredicho que estuvieran cerca de ocho siglos en la Península, que muchos españoles lleven apellidos de ellos y que el 20% de nuestro vocabulario tenga origen árabe. Hay una época de la historia que me gustaría vivir para conocer a los personajes de los Reyes Católicos (Fernando fue el político hábil que incumplía sus promesas, e Isabel destacó por su tesón y fervor religioso); a Boabdil que ha sido un personaje maltratado por la historia, y no digamos a Cristóbal Colón, que también murió en la miseria y despojado de sus títulos. España fue el primer Estado de Europa y Granada le debe mucho a los Reyes Católicos (quisieron que los enterraran aquí), pero quienes critican la Toma es que no conocen nuestra historia. Cuando el rey Felipe II miraba el cuadro de sus abuelos, los Reyes Católicos, exclamaba: “A ellos se lo debemos todo”. Pero es una desgracia que los extranjeros tengan que reescribir nuestra Historia.

Domínguez Ortiz, siguiendo a Sánchez Albornoz, estaba convencido de que la unidad de España es algo reconocido desde la antigüedad. Pero, ya en el 2002, barruntaba el peligro de que se volviera a romper el Estado español: “Con la Constitución que tenemos hay amenaza de resquebrajamiento, porque fomenta las divisiones, las autonomías y los particularismos. La lección que debemos sacar, es que hemos llegado al límite y que, más allá, no hay nada más que la destrucción de España”. Y lanzaba un aviso a navegantes: “Las discusiones sobre ampliar la Constitución, hacerla más flexible y aumentar las atribuciones a las comunidades, conduce directamente a los reinos de taifas”. ¿Hace falta recordar lo que ya decía el abuelo de Maragall en su tiempo?: “¡Adiós, España!”. El titiritero de Artur Mas quiere la independencia de Cataluña y Rubalcaba, para salvarle la cara al Partido Socialista Catalán de Pere Navarro, pide la reforma de la Constitución para reconocer los privilegios de los catalanes. Once años después, los pronósticos de Don Antonio siguen vigentes.

Todos coinciden en que Don Antonio fue, ante todo, un hombre honesto: “La historia de España está sujeta a discusión y, a lo único que se puede aspirar, es que las personas de buena voluntad interpreten las cosas rectamente y no con un sentido partidista, que es lo que muchas veces sucede”. Incluso se sentía orgulloso de que, Pierre Vilar y él, estaban de acuerdo en casi todo. El historiador debe ser como el notario que levanta acta del pasado, y no como esos intérpretes sectarios que se arriman al sol que más calienta. Pero, cuando uno se pone a releer la Historia de España, te entran ganas de llorar por los malos gobernantes que ha tenido y que, casi siempre, apostaron a caballo perdedor. Y sin embargo, cuanto más la conoces, más amas a tu patria. ¡Triste de ti, España! Te sobran salvapatrias y te faltan gobernantes mediocres, que siquiera tengan algo de sentido común.

Me llamó la atención que la revista valenciana Historia Social (número 47, de 2003), le dedicara un monográfico a Domínguez Ortiz –lo tenían planificado para antes de su muerte–, y quizá por ello me decidí a dedicarle este humilde artículo, a pesar de considerarme un profano de la Historia. El mejor homenaje que le podemos dedicar se resume en esta frase del dramaturgo, José Martín Recuerda, con motivo de la muerte del historiador: “Fue mi profesor en el Instituto Padre Suárez. Yo era un muchachillo, pero me hice amigo de él y me enseñó a amar la Historia”. Creo que los granadinos tenemos una deuda pendiente con Don Antonio, un maestro de la Historia sencillo, sabio y prudente. ¡Ay, de la mi Granada, tan cicatera y sin memoria!