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| Diseño de Antonio Arenas |
Una mañana de abril de 2006
me entretuve copiando las papeletas de colores –que estaban clavadas en el
tablón de anuncios–, cada una con su mensaje. Y es que la Biblioteca Pública de Granada pedía a los lectores que recomendaran
un libro. Esta papeleta dice lo que sigue: “Recomiendo el libro IT (Eso), de Stephen King. Es muy largo, pero merece la pena, sobretodo para los
que les guste la narrativa de terror. Es una joya”. En otro papel, un joven
escribe: “Best seller El doctor Jivago,
de L. B. Pasternak, Premio Nobel. Seguro que has oído hablar o visto la
película. Nada que ver con este fascinante libro que nos lleva a la Rusia zarista
a través de una familia burguesa. No te lo pierdas, te gustará”. Señalar que el
escritor Boris Pasternak aceptó el Premio Nobel en 1958, pero fue forzado por el gobierno
soviético a rechazarlo, debido a la persecución política, por lo que se convirtió
en un símbolo de la resistencia cultural contra el régimen. En 1989 su hijo
aceptó el premio póstumamente. Se
escribe El doctor Zhivago.
Fui copiando las notas tal cual, pero a veces aparecía alguna falta de ortografía. A este otro se ve que le ha gustado La caída de la Casa Usher, de mi admirado Edgar Allan Poe. Aquél nos recuerda “Los pilares de la Tierra, de Ken Follet; La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, y Un milagro en equilibrio, de Lucía Etxebarría”. Unos años antes, al escritor Juan Marsé se le ocurrió decir que Lucía, la ganadora del Premio Planeta, era un bluff. Yo lo felicité por esto, cuando estuvo en Granada firmando ejemplares de una de sus mejores novelas, Últimas tardes con Teresa. Juan Marsé –él se consideraba un charnego– levantó los ojos y me miró sonriendo.
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| Biblioteca Pública de Granada |
“Los
Hollister y el misterio de la laguna encantada están chulísimos”, apostilla
éste. En otra papeleta se ve dibujado a un muñeco sonriendo: “Libro cojonudo: 4
Amigos, de David Trueba. Versa sobre la amistad, amigos, sexo, drogas...”.
¿Qué estarían tramando los Cuatro Amigos? Los gustos de este van
por otros derroteros y, en letras de molde, dibuja Un mundo feliz y Las
puertas de la percepción, novelas de Aldous Huxley. Aquel recuerda esa obra
excelente, como es “El hombre que era Jueves, de Chesterton, y Los príncipes
nubios (poder y sexo)”. Olvida decir que la segunda novela es del gaditano
Juan Bonilla. A éste otro le van las lecturas profundas y filosóficas: “Del
paternalismo a la justicia social, de Carlos Almira”. Cada vez que oigo justicia
social, me doy cuenta que en esta vida cada uno va a su avío. Y no nos
engañemos, la sociedad siempre ha sido y será injusta con los más débiles.
“Por mucho
que se diga que Harry Potter es muy repetido sus libros son geniales y
con una imaginación increíble”, añade un amante de las aventuras a todo gas.
Una cosa son los superventas, los best
seller, y otra, la literatura de siempre, que sólo podremos
encontrar en las cumbres de las montañas, allí donde moran los lamas. Una joven
nos recomienda esta obra, “El silencio del asesino”. Aquí el silencio debe
ser fundamental y no como aquel sospechoso que trincó la policía: “¡Yo no sé
nada, pero lo diré todo!”. Este lector se nota que está al día: “1984, de
George Orwell. Lleva escrito más de 50 años, su autor fue un brigadista
internacional en la guerra civil española y ayudó a la democracia contra el
fascismo”. Y en letras mayúsculas, añade: “Cojonudo. Leedlo…”. En esta otra
nota, destacan varios títulos: “Nada, de Carmen Laforet; La colmena no
vale, ver la película. El nombre de la Rosa, de Umberto Eco. Genial a
partir de la página 50. El árbol de la ciencia hacia la mitad se hacen
un poco duras las reflexiones filosóficas, pero ¡ánimo!”. Sin duda, esta es de las
mejores novelas de don Pío Baroja, junto con Zalacaín el aventurero,
su novela favorita quizá porque fue la primera que escribió. La colmena es
la mejor novela que escribió el Premio Nobel, Camilo José Cela. Se pasó dos
años con el manuscrito debajo del brazo para que se lo publicaran. Aquél nos
aconseja “El jinete polaco, de Muñoz Molina”. Por esta novela le
concedieron el Premio Planeta, en 1991. Otro nos recomienda
encarecidamente: “Palabra sobre palabra. Leedlo es buenísimo”. He aquí a
un fan: “Toda Marfalda, de Quino”. Habrá que pensar que ha sido
una errata de imprenta.
Copio este párrafo de Santiago Posteguillo, sobre la muerte del poeta Gustavo Adolfo Bécquer:
“(…). Cuando mis pálidos restos
opriman
la tierra ya,
sobre
la olvidada fosa,
¿quién
vendrá a llorar?
¿Quién
en fin, al otro día,
cuando
el sol vuelva a brillar,
de que
pasé por el mundo,
quién
se acordará?
Pero el
poeta se equivocó: sus amigos sí fueron a su funeral; y luego, a la una de la
tarde, se reunieron en un estudio de pintura convocados por Casado del Alisal.
Creo
que todas las bibliotecas deberían de pedir a sus lectores que recomendaran un
libro, en el tablón de anuncios: por las historias, la transmisión del
saber y el misterio que encierra la Literatura.




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