sábado, 10 de enero de 2026

A RICARDO VILLA-REAL, 'IN MEMORIAM'


Vigésimo segundo aniversario de su muerte


La verdad es que me enteré de la muerte de Ricardo Villa-Real, porque me lo dijo un amigo este domingo pasado; pues yo había estado unos días fuera de la provincia de Granada. Ya por la tarde me acerqué a darle el pésame a su viuda, Carmen Berruezo. Hace un par de años, precisamente por estas fechas, llamé por teléfono a Ricardo para decirle que no podía escribir un artículo, sobre el Seminario de Maestros del Ave María, sin mencionar a un ilustre personaje como él. Entonces me explicó que había escrito unos doce libros, seis de ellos sobre temas granadinos. Yo siempre leía el pregón cuando se reunía la Asociación de Antiguos Alumnos del Ave María, pero hace tres años que no salgo a la calle, por culpa de una enfermedad crónica. Lo cierto es que su salud me preocupaba, pero un conocido me decía no hace mucho que siempre había estado delicado.

Ricardo Villa-Real nació en Tíjola (Almería), en 1920, cursó estudios en el Instituto Padre Suárez y en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, donde más tarde ejerció de profesor. Dio clases de Lengua y Literatura, Francés e Inglés en los colegios del Sacromonte, la Presentación, los Maristas, Regina Mundi y el Ave María hasta que se jubiló. En el 1939, el decano de la Facultad preguntaba, a veces, si había llegado ya el chico de las escuelas manjonianas, me cuenta Rogelio Macías, un antiguo rector avemariano. Entre sus libros destacan Homenaje a Granada, una selección de textos poéticos y literarios de diferentes escritores, que además era su obra preferida. Historia de Granada trata sobre acontecimientos y personajes. La Alhambra contada a los niños es un poco de historia con ilustraciones: todos ellos de ediciones Miguel Sánchez.

Casa Madre del Ave María

Su libro Andrés Manjón, vida, obra y persona lleva esta fabulosa dedicatoria: A todos mis alumnos. Los de ayer. Los de hoy. Los de siempre. Y en el prólogo a la célebre obra de don Andrés Manjón El maestro mirando hacia dentro’ (me la regaló Antonio Idígoras, el maestro impresor de las Escuelas de San Cristóbal), Ricardo escribía lo siguiente: Aprender haciendo se practicaba haciendo a los niños saltar, mientras recitaban las listas de reyes, de una baldosa a otra que habían sido bautizadas con su nombre. Andrés López, actual director del colegio del Ave María, opina que los alumnos sentían devoción por este excelente maestro, que tenía una singular manera de exponer la materia. Además, poseía una gran cultura y era un profundo conocedor de la obra de don Andrés Manjón. El pasado 28 de diciembre Ricardo se fracturó el fémur y, días después, en la otra pierna le salió un coágulo de sangre. Pero ya no se recuperó, me dice su mujer Carmen. Falleció el seis de enero, a los 83 años de edad.



Señalar que fue presidente de honor de la Asociación de Antiguos Alumnos del Ave María y, como don Pedro Manjón, habría que decir
¡Cuánto amó a este colegio! Termino con unas palabras de Gregorio Marañón, que este profesor amable y sencillo recogía en uno de sus prólogos: Con cada autor, al morir, se entierra su obra; y sólo al cabo de los meses o de los años retoña en torno del sepulcro esa obra, valorada en sus quilates verdaderos. Emilio Borrego, a quien tuve de rector en la cuesta del Chapiz, me confesaba hace dos años que a Ricardo Villa-Real teníamos que haberle hecho un homenaje, pero al final no se lo hicimos. Y todavía resuenan en mi mente las humildes palabras de este escribidor docente, que ha enseñado Lengua y Literatura a miles de alumnos: Gracias por acordarte de mí en estos momentos…, me dijo entonces, cuando todos teníamos una deuda pendiente con él. No llegué a tratarlo mucho, pero quizá fue como esas almas que pasan de puntillas por la vida y, cuando emprenden el viaje, dejan la puerta entornada. Con ese talante generoso, habría que retocar un poco su dedicatoria: A todos mis profesores. A los de ayer, a los de hoy y a los de siempre.



Publicado en Ideal, el 20 de enero de 2004

Posdata: Tengo el libro de Los cuentos de la Alhambra, editado por Miguel Sánchez en 1977. El prólogo es de Ricardo Villa-Real. 


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