miércoles, 30 de enero de 2013

LA BIBLIOTECA UNIVERSITARIA Y PROVINCIAL


Biblioteca del Hospital Real

La ‘Gaceta del Sur’ fue un diario católico granadino, que se editó entre 1908 y 1931. El 20 de febrero de 1910, salió publicado el artículo ‘Las Bibliotecas de Granada. La Biblioteca Universitaria y Provincial’, firmado por ‘S.’, donde explica los orígenes y avatares de esta Biblioteca. El enigmático autor destaca “la utilidad de las bibliotecas para la cultura del pueblo y de la importancia intrínseca de estos depósitos del saber”, da una somera idea de lo que es y debe ser un bibliotecario y las condiciones que ha de reunir, e indica algunas de las principales reglas que deben observarse en la organización, conservación y servicio de una biblioteca: “en una palabra, un resumen de Biblioteconomía”. Asegura que la Biblioteca Universitaria es la más importante de Granada y ocupa uno de los departamentos del colegio, del antiguo convento de PP. Jesuitas, “suprimido en virtud de la injustificada y por tanto arbitraria pragmática de Carlos III, dada a 2 de abril de 1767 y llevada a cabo de un modo tan neroniano, pecado del que nunca le absolverá la Historia, a pesar de lo mucho que hizo este Rey a favor de la ilustración”. El colegio fue ocupado por la Universidad en 1758 y después se estableció la Biblioteca, de manera que los libros de los jesuitas fueron el primer núcleo. Según el articulista, “la Universidad no miró en un principio con gran interés estos libros, lo que dio lugar a innumerables extravíos”.

Dos hermanos, los jesuitas Mohedano, formaron el primer índice o catálogo: constaba de 10.555 obras, en 29.483 volúmenes. Sin embargo, en el posterior catálogo del padre Echevarría –el autor de ‘Paseos por Granada’–, quedaban 4.979 obras, en 7.924 volúmenes. Aquello fue un verdadero expolio, pues desaparecieron más de dos tercios de los volúmenes. Lamentándose, el autor escribe: “A pesar de tan lamentables e inapreciables pérdidas se ve aún hoy que el fondo más antiguo de la Biblioteca Provincial lo constituyen las obras del Convento de los PP. Jesuitas. Después de la exclaustración y de la constitución de esta nueva Biblioteca, fue su primer bibliotecario don Juan Gil Palomino y luego el citado y célebre P. Echevarría”. Pero las disminuciones siguieron, pues el tercer índice, hecho después de 1811 por don Antonio Pineda, ya sólo reflejaba 478 obras en 7.260 volúmenes. Estos datos están sacados del anuario del cuerpo facultativo de archiveros bibliotecarios y anticuarios de 1881. Tras la guerra de la Independencia –numerosas librerías y archivos de conventos fueron saqueados y quemados–, ‘S.’ reconoce que la Biblioteca Provincial “era frecuentada por personas de todas las clases ilustradas de la sociedad granadina…, concurriendo los lunes, miércoles y viernes que eran los días de lectura”.

En 1837, aumentaron los libros de la Biblioteca con las aportaciones del extinguido Colegio Real Mayor de Santa Cruz y el de Santa Catalina. En 1841 ingresaron 3.131 obras, en 5.583 volúmenes, procedentes de la Biblioteca del Museo. Dos años antes, aumentó el personal y abrió al público diariamente. En 1858 se creó el cuerpo de archiveros y bibliotecarios “y ya desde entonces entra la Biblioteca en un periodo de prosperidad y bienandanza, pues el personal técnico que ha venido sucediéndose ha trabajado constantemente por colocarla a la altura de las circunstancias. Éste se rige hoy por el reglamento de 1901 y por las instrucciones de 1902 para el catálogo alfabético de impresos”. El articulista añade que la Biblioteca siguió aumentando sus fondos con los envíos de Madrid, con libros adquiridos y con varias donaciones de particulares, entre las que cabe destacar la de Riaño, que tuvo lugar en 1903, y que se compone de impresos y manuscritos antiguos y modernos, “más la verdadera valía de la donación se halla en lo referente a Granada que constituye más de las dos terceras partes. Para memoria de esto se colocó al frente del salón de lectores… el busto del señor Riaño a cuyo pie una elegante inscripción latina recuerda dicha donación”.

También figuran en este salón los retratos de los poetas Martínez Durán, Enriqueta Lozano y don Julián Sáenz de Torres, “como testimonio de gratitud por sus respectivas donaciones”. El “señor Rector y el señor secretario” envían con frecuencia obras a la Biblioteca y, asimismo, la Diputación Provincial ha donado obras referentes a San Juan de Dios y su orden. Una de las donaciones de más importancia es la de don Manuel Torres Campos, quien en diferentes ocasiones ha regalado multitud de libros y revistas españoles, franceses, ingleses, americanos…, “por cuyas donaciones se le dieron las gracias por Real orden publicada en la Gaceta de Madrid. Últimamente se ha engrosado esta hermosa Biblioteca con la particular de la Facultad de Medicina, ejemplo que debieran imitar las demás facultades, cuyas bibliotecas en vez de estar en locales distintos era más lógico pasaran a formar parte de la Universitaria, para beneficio y mayor comodidad de los lectores”. Es de notar que el articulista unas veces la denomina Universitaria y otras, Provincial.

Biblioteca Pública Provincial

Los signos de los tiempos parece que han cambiado y, en 1910, ya contiene 45.000 volúmenes, con varios incunables y gran número de manuscritos, algunos de ellos árabes. Además, la colección de documentos referentes al Padre Suárez es de lo más notable. Para ‘S’, la Biblioteca Universitaria “se encuentra hoy en su verdadero periodo de esplendor y apogeo tanto por lo que respecta al gran número de obras de que consta, como por lo que atañe a la ilustración y laboriosidad del personal que está al frente de ella, y por las reformas que se vienen haciendo en los últimos años por su celosísimo jefe don Francisco Guillén Robles…”. Destaca también el gran número de lectores “que concurren diariamente”, de manera que a menudo resulta insuficiente el salón de lectores y tienen que ocupar otros departamentos interiores. Finaliza el artículo, con este consejo: “Es conveniente difundir al amor a la lectura y que el pueblo se acostumbre a aprovechar los beneficios que reportan estos centros de cultura”. El autor tuvo que ser una persona culta, ilustrada, humilde y conocida en el mundillo literario granadino –se documentó bastante–, sin embargo, prefería firmar sus artículos con una simple ‘S.’ Gracias a él, conocemos un poco más de nuestra historia.


Posdata: La Biblioteca Universitaria es la del Hospital Real, y la Provincial es la Biblioteca Pública. El autor de este artículo fue el sacerdote de Churriana, Antonio Sierra Leyva, que fue párroco de Los Ogíjares. Nombrado bibliotecario, en la Biblioteca del Seminario de San Cecilio, se encargó de la inmensa labor de ordenar sus 40.000 volúmenes mediante el índice alfabético y material. En septiembre de 1936, el presbítero Sierra fue asesinado por los milicianos en Venta Pavón, Alicún (Almería). Tanto el artículo como esta información me los proporcionó un profesor, que ha querido permanecer en el anonimato.



2 comentarios:

  1. Buen trabajo, Leandro. Merece la pena que estas cosas estén recopiladas. Y tú has hecho una síntesis muy completa. Se la voy a enviar al historiados actual de nuestra provincia jesuítica de Andalucía, que tiene muchos estudios y conocimientos en estas historias que guardan relación con la Compañía.
    Un abrazo

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  2. Yo me he limitado a resumir el jugoso artículo del cura Antonio Sierra, que se hubiera perdido si el profesor que cito no lo encuentra de casualidad, como suele ocurrir con frecuencia. Las olas del tiempo nos devuelven el pasado, nuestra intrahistoria. Al principio lei el artículo, pero no me llamó la atención, hasta que días después me di cuenta de la importancia que tenía, por los datos que iba suministrando... a la posteridad. Nadie se acordará del cura Sierra, pero ahí está su obra.
    Cómo Carlos III expulsa a los jesuitas y los libros pasan a la Universidad, con poco provecho. El colegio de los jesuitas que cita el articulista creo que es la actual Facultad de Derecho, en la plaza de la Universidad. 'Paseos por Granada y sus contornos' fue escrito por el Padre Juan de Echeverría, y no como escribo más arriba. Tengo la duda si este fue también jesuita. Me alegro que el artículo le sirva al historiador de la Compañía. Un saludo.

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