jueves, 25 de diciembre de 2025

LA MEMORIA PERDIDA

 



“¡Ramón, hace tiempo que quiero preguntarte una cosa! ¿Cuál es la nación de los gitanos? Porque todo el mundo tiene su nación y yo no sé cuál es la mía. Sólo es interés por saberlo”. Y Ramón Jiménez, el joven bibliotecario, le entrega un libro: “Aquí te lo explica todo”. A uno le sorprende la humildad de Concha Heredia, y de ella podría decirse mismamente lo que cantaba Imperio Argentina de Antonio Vargas Heredia, el gitano: que es flor de la raza calé. Pero Concha no quiere que Ramón le haga una foto, porque dice que sale mu mal.

–En la Nochebuena, yo pongo mi potaje gitano (garbanzos con bacalao) y luego los moniatos, ja, ja, y el remojón, que se hace con aceitunas, cebolletas, cascos de naranjas y bacalao. ¡Y a cantar villancicos y a pasarlo bien con la familia! De la panadería me traigo dos taburetes y dos tablas de pan, y pongo mis dos mesas en dos habitaciones. Este año pasado nos juntamos unas cuarenta personas. Mi marido Juan Córdoba, que en gloria esté, era tratante de animales y también iba a escardar. Aquí donde me tienes –dice Concha con ese orgullo gitano–, me casé en el 1939 con diecisiete años; y hoy tengo cinco hijos, quince nietos y once bisnietos. Aunque a mi hija pequeña la tengo desepará...

–El mulo que tiene tinteros en los dientes (roales negros) es porque todavía está fresco para trabajar. Pero con 16 años tiene los dientes planos, y ya no le para el grano en la boca  –dice Felipe Sánchez el Mediaúva, que de caballerías entiende un rato–. Y claro, al no masticarlo, lo caga entero. Entonces el mulo ya está viejo para morirse. Antes había muchos gañanes en los cortijos que sabían arrear bestias, pero todos aprendíamos de los gitanos para curarles las mataúras. Yo me fui de gañán con mi tío y, como él no tenía dinero, compró una yunta de mulos viejos; así estuve hasta que me casé a los treinta años. Trabajaba de sol a sol y me pagaba un duro, pero yo he tenío que aprender de la vida porque mis padres me dejaron huérfano de chico. Y te advierto que sé cuando la gente habla de oídas o por experencia...

Felipe Sánchez y Salvador Solera

Felipe, con su gorra ladeada, le da un aire al marqués de las Marismas Luis Escobar; aquel personaje inolvidable y dicharachero de ‘La escopeta nacional’, de García Berlanga. Pero confiesa que lleva mucho mundo corrido y penado, y hasta estuvo trabajando en un barco mercante.

–De la Pascua bien poco te puedo hablar, pues las he pasado solo. ¡Ésa es la verdad! Y también porque la Navidad no ha existido para los pobres. En cambio, los ricos han sido siempre unos engurruñíos, porque ellos tenían el dinero y no lo gastaban –al poco cambia de tercio–. Pero yo voy delante de la vida diez o doce años, porque estoy pensando en lo que puede pasar... Mira que te diga, en tiempos de mis padres las personas no se casaban por amor, sino que lo hacían por apaños. Arreglaban el ennoviao porque los suegros, a lo mejor, tenían una burra... ¿El marrano? El marrano de San Antón iba y se metía solo en el corral por la noche, porque aquí en Gabia había marranos que sabían más que las criaturas...


Servicial y de confianza como Pepe Morales, ya no se encuentran hoy día: “En llegando la Navidad y Semana Santa, la familia Villanova Ratazzi, propietaria de la fábrica de harinas –hoy desaparecida– repartía alimentos y mantas a los más necesitados. Entonces, el que pillaba un nabo ya tenía la merienda apañada”. Luego cuenta la anécdota de que, cuando las mujeres trabajaban haciendo manillas (manojos) de hojas de tabaco, se metían debajo una lata de sardinas llena de ascuas para calentarse: “Al braserillo de picón le decían el querío”. Risas y lágrimas. Pepe se acuerda, como si la estuviera viendo, de cuando la Hermandad de las Ánimas iba pidiendo por las casas: “Rigores tocaba el acordeón de botones y llevaba siempre un cigarro liao colgando del labio, mientras que el Recotines iba todo vestido de rojo: ‘A las ánimas benditas no se les cierra la puerta, / que diciendo que perdonen / se van ellas tan contentas... Ánimas benditas de mi corazón, / a Dios te lo pido con mucha razón’”.

Carmen Polo recuerda cómo en los años cincuenta las gabeñas iban hasta la cuesta del Chapiz a comprar cordeles, con los que luego hacían sogas de cáñamo y de pita: “Para acá veníamos cargadas de cordeles, y para Granada de sogas. Seis reales nos pagaban por un kilo de sogas, y 20 pesetas por un velo de tul bordado a mano”. Luego recita aquellas coplas populares que Carmen tanto oía de chica: “No te cases con ningún agramaor, / porque tienen la vista cansada / de tanto mirar al sol. / Y sin embargo los tejeros / ¡válgame la cruz de Dios! / porque cuando llega la semana / ya no les queda ni un botón”.

Pepe Morales. Foto Ruiz Junco
Encarna González nació en Gabia Chica, que tiene su encanto: es como esas alquerías decimonónicas que entonces se hallaban diseminadas por la extensa Vega de Granada: “De niñas íbamos a casa de los abuelos a que nos dieran una perra gorda, y te ponían tu plato de dulces. En mi casa hacíamos vigilia el 23 de diciembre, y el 24 mi padre siempre mataba un choto”. En aquellos años todo el mundo hacía matanza y, cuando iban a hacer la morcilla, era costumbre invitar a los vecinos: “Mis padres mataban dos marranos y una cabra para hacer chorizo –y añade Encarna–. Es que con la carne de la cabra, el chorizo sale más bueno. Al mes lo metían en una orza, cubierto de aceite; en cambio, las salchichas se enterraban en la paja. Así la matanza te duraba un año”.

El primer juguete de Nieves Capilla fue una aguja, un ovillo y un trapo: “Con eso me hice mi primera muñeca, que luego rellené con serrín. La Nochebuena nos daba mucha alegría, porque mi padre trabajaba de panadero en la Tahona, y era la única noche del año que cenábamos juntos”. Nieves recuerda aquellas Navidades de su niñez con mucho frío: “A las seis de la mañana, decían en la Ermita de la Virgen de las Nieves la misa del aguilando, para que la gente pudiera luego irse al campo”. Y confiesa con añoranza que, “durante la misa, un coro de mujeres cantaba villancicos...”. ¡Pero aquellos eran otros tiempos, compañero!

 Cuando Sebastián Beltrán el Ramales está bien, se acuerda hasta de los años veinte.

–Parece mentira, pero antes celebraban las fiestas del Corpus en el Salón. Recuerdo que estábamos todos embobados viendo la montaña rusa, cuando me birlaron diez pesetas del bolsillo. ¡Vaya! El primer jornal que eché me dieron tres pesetas. Y cuando ya escardaba como un hombre, dijo el capataz, amos a darle el peón (la peonada). Entonces los chaveas no teníamos adonde ir y, cuando Marianico Pertíñez daba la voz, nos íbamos a escardar y te pagaba un duro –y añade, como quejoso–. “Tóos se han muerto y yo soy el más viejo de Gabia, quitando a la tía... Mi hermano estaba comiéndose el bocadillo y ¡pom! se cayó al suelo”.

Sebastián asegura que entonces era costumbre ver a la novia a través de las rejas de la ventana, pero “a mí me dieron la entrá” -aunque ya el abuelo no está para muchos trotes-. “¡Estoy hecho una mierda y ya no valgo para nada! Con noventa y seis años que tengo se me ha pasao tóo por la historia, me dice al despedirse, mientras se pasa la mano por la frente como dando a entender que no se acuerda de nada. Sebastián es el único sobreviviente de la fallida experiencia del colectivismo agrario, en la Gabia republicana de 1933.

De lejos, la torre de la iglesia de la Encarnación es como el minarete de una mezquita, alzándose orgulloso por encima de los tejados rojizos. Mientras que el suave y dulce tañido de las campanas se desparrama por los verdes campos de la Vega, y trepa hasta la montaña mutilada de Montevive; donde un guarda jurado me prohíbe el paso. Han destruido el paisaje sagrado de Gabia, la montaña de color cobre al sur de Granada: “Montevive era como los pechos de una mujer”, me decía una gabiense. Pero ya casi nadie se acuerda de esto.

 Este artículo fue publicado en Ideal, el 24 de diciembre de 2002; y recibió el tercer premio de los Relatos de Navidad. En 2004 publiqué la novela Gabia, la memoria perdida, donde los gabirros entrevistados van contando la historia de su vida, "personajes sencillos, sufridos y curtidos en la tierra", como escribió Francisco Gil Craviotto en el prólogo. No quedan ejemplares de la novela.

Felipe Sánchez ‘el Mediaúva’ falleció en octubre del 2006 y José Lechuga también murió ese año. Carmen Bertos, la abuela de Gabia, murió a finales de febrero de 2004. Sebastián murió pocos meses después, en el 2003. También nos dejaron José Franco, Salvador Solera y Manuel López ‘el Chupa’, en diciembre de 2004, a los pocos días de fotografiarlo. Ellos ya forman parte de la intrahistoria de Gabia y la mayoría de ellos han fallecido. 

Añado ahora estos apuntes que no salieron entonces:

Concha Heredia:

“¿Quieres que te diga un villancico? ¡Amos a ver!: La Virgen va caminando por una montaña arriba / y, al vuelo de la perdiz, / se le ha espantao la mula. / Agacha la rama y coge limones, / y dale a la Virgen de los más mejores”.

Felipe Sánchez:

 Yo aprendí el caló en una casa de putas, en el bar de los Tres Hermanos, y toda la esa de Granada se juntaba allí, ¿me entiendes? Allí iban de todas las clases a buscarse la vida y yo estaba de encargao en el bar, donde transitaban los amolaores (los que hacían el amor).

Sebastián Beltrán:

¿El cortijo? “Del cortijo de La Jara apenas me acuerdo; sé que íbamos por la mañana y veníamos por la noche, unos diez kilómetros entre ida y vuelta”. Luego recuerda aquellos años de miseria en que la gente andaba con una mano delante y otra detrás. Hace unos cinco años que le dio una trombosis cerebral: no andaba, ni hablaba, ni siquiera podía comer. “Me quedé hecho un penco”, confiesa. Pero se recuperó en un año y pico con un andador. La hija dice que ha enterrado a todos los hermanos y primos. Cuando termino, Sebastián se apoya en mí tratando de salir a la calle; y en un gesto amistoso, me despidió en la puerta de su casa.

Carmen Polo asegura que en Gabia había una mujer que hacía unos roscos muy grandes, y la hija le decía: “Mama, con otros dos roscos como ésos, nos quedamos sin masa...”.







viernes, 19 de diciembre de 2025

RECORDANDO A HANS CHRISTIAN ANDERSEN

 






“Mi vida es un bello cuento, ¡tan rica y dichosa! Si de niño, cuando salí a recorrer el mundo, solo y pobre, me hubiese salido al paso un hada prodigiosa que me hubiera dicho: ‘Escoge tu camino y tu meta, que yo te protegeré y te guiaré conforme a las facultades de tu entendimiento y conforme es razón que se haga en este mundo’, no pudiera mi suerte  haber sido más feliz”. Con esta frase, resume su vida el escritor danés, Hans Christian Andersen (1805-1875). En el fondo era como un niño grande, bastante inseguro y con esa sensación de sentirse diferente a los demás, que le acompañará durante toda la vida. Era alto, desgarbado y con una nariz enorme. Si a esto le añadimos que era torpe y algo afeminado, nada de extraño tiene que los niños de su edad se burlaran de él y que tuviera una infancia solitaria.

Leemos en ‘El patito feo: “... pero todos rechazan al último que ha nacido. ‘¡Qué estrafalario y desgarbado es!’, dicen, picándolo. La madre pata lo defiende, pero, pasados unos días, incluso ella acaba pensando que sería bueno que se fuera lejos de allí. Como todos lo maltratan, el patito feo decide volar por encima de la cerca y huir. ‘No es nada extraño que me rechacen: ¡soy tan feo!’, se dice, mientras se aleja”. Andersen nació en un barrio miserable de Odense (Dinamarca), era hijo de un zapatero remendón –que le fabricó un teatrillo de títeres para que desarrollara la imaginación– y de una campesina casi analfabeta, que le enseñó el folclore y tuvo fe en su talento. Su madre quiso que aprendiera el oficio de sastre pero Andersen le suplicó que lo dejara marchar a Copenhague –a probar fortuna–, que para él era la capital del mundo. “¿Y qué va a ser de ti allí?, preguntaba mi madre. ‘Seré famoso... Primero hay que pasar penalidades sin cuento, y luego se hace uno famoso’, le respondía yo. Era un impulso inexplicable el que me arrastraba”, escribió Andersen en su libro ‘El cuento de mi vida’.



En la capital trabajó de bailarín, declamador, titiritero, cantante... Pero fracasó en todo. Su vida fue entonces tan desgraciada como la que describe en su cuento de El soldadito de plomo, a quien le falta una pierna, pues no había suficiente plomo para repararla. Y cuando el soldadito ve a una bailarina danzando sobre una pierna, cree que ella también es coja: “¡Sí, de ésta sí me puedo enamorar!”, pues ingenuamente piensa que ella era de los suyos. Lo cierto es que se enamoró de algunas damas pero todas lo rechazaron, y aseguran que no conoció el amor de una mujer. En otro momento, escribe: “Charles Dickens habla en sus novelas de las penalidades de los niños pobres. Si hubiera visto lo que yo estaba pasando y sufriendo, no lo hubiera encontrado menos duro o menos digno de un relato humorístico. Hay cosas en la vida que están tan enlazadas con la vida de otros, que uno no tiene derecho sobre ellas”. Uno también pasó penalidades sin cuento por ahí, y por eso te sientes retratado. Andersen fue amigo de Víctor Hugo, de Alejandro Dumas y de Dickens, pero llegó a considerarse como un personaje dickensiano y se sintió incomprendido hasta en su propio país.



Al final sus sueños se cumplieron en Copenhague, pues se convirtió en el más famoso narrador de cuentos, de manera que cada dos de abril –en el aniversario de su nacimiento–, se celebra en todo el mundo el Día del Libro Infantil. De los 160 cuentos que publicó –‘La sirenita', ‘La reina de la nieve’, ‘La pequeña cerillera’, ‘El ruiseñor’, ‘La campana’, ‘La princesa y el guisante’, etc–, la mayoría son originales mientras que sus protagonistas, como no podía ser de otra forma, son los humildes y los desheredados. El cuento que más ha quedado oculto, donde relató su propia peripecia personal, social y literaria, es ‘El cuento de mi vida’. Fue también como su testimonio religioso: “La historia de mi vida dirá al mundo lo que a mí me dice: ‘Hay un Dios que es amoroso y que encamina todo a un buen fin’”, confiesa en las primeras líneas. Andersen tuvo fama de ser un autor triste y muy susceptible a las críticas, por lo que su vida no fue precisamente un cuento de hadas. El caso es que, mientras observaba distraídamente una conocida foto suya, llegué a esta conclusión: “Sí, el rostro de nuestro querido Andersen se parece mucho a su personaje de ‘El patito feo’”. El 4 de agosto pasado se cumplieron 150 años del fallecimiento, de este personaje de cuento.

Publicado en Ideal en Clase.

https://en-clase.ideal.es/leandro-garcia-casanova-recordando-a-hans-christian-andersen/

https://elindependientedegranada.es/cultura/hans-christian-andersen-granada



viernes, 5 de diciembre de 2025

LA HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA

 





Juan Miguel Zunzunegui es un escritor mexicano que está considerado como hispanista y revisionista de la historia de México. Ha publicado varias obras literarias y ensayos históricos en los que intenta desmitificar algunos de los episodios más relevantes del pasado mexicano, ofreciendo una perspectiva diferente a la tradicional. ​Sobre México opina que “es un país que se cae a pedazos, con cien mil asesinatos al año llevados a cabo por los narcos –en colusión con el Gobierno–, por la violencia, la corrupción, los secuestros, las extorsiones, en fin, la seguridad está peor que nunca  y los indios viven hoy en peores condiciones”. También  recuerda que al comienzo de la conquista,  “los franciscanos construyeron comunidades y conventos. Hernán Cortés firmó alianzas con los pueblos méxicos y los españoles llegan y se quedan allí, son mis abuelos. En 1547 ya se habían construido cuarenta ciudades, con hospitales, universidades y colegios, de forma que toda la cultura popular mexicana incluyó a los pueblos indios”. Añade que, “en 1821, el 60% de los indios lucharon contra la independencia pero la tragedia de ellos nace en esa fecha: México tenía seis millones de habitantes de los que cuatro millones eran indígenas, el 80% de la población. Hoy en cambio representan el 10%, ¿quién los mato? El Gobierno mexicano independiente”, afirma Juan Miguel Zunzunegui. Hace poco el canciller español José Manuel Albares pidió disculpas al Gobierno mexicano por la conquista, “mientras que López Obrador y la presidenta Claudia salen diariamente en programas de televisión, donde dicen a los mexicanos que deben de odiar a España. La izquierda proletaria internacional se basa en mentir y en falsificar la historia porque son movimientos antinacionales”, de esta forma el escritor mexicano deja en evidencia a estos farsantes.

Ciertamente, España cometió abusos en Hispanoamérica pero venir ahora, al cabo de más de dos siglos de independencia, a exigir que pida perdón resulta cuanto menos anacrónico y fuera de lugar, cuando hay tantas cosas que nos unen. Los países hispanos han acogido a miles de exiliados y emigrantes españoles –baste recordar la labor humanitaria del presidente mexicano Lázaro Cárdenas, tras la guerra civil española, lo mismo hicieron Argentina y otros países –, mientras que España ha hecho lo propio y lo está haciendo con los miles de hispanoamericanos que tuvieron que irse de sus países por motivos políticos y económicos.

Luis Antonio de Villena  ha escrito el artículo ‘México y la Nueva España’, en The Objective, el 9 de noviembre. “Un amigo llegó a decirme México es tu segunda patria’. No lo sé, pero siempre me he encontrado muy bien allí y he comprobado la cercanía y hospitalidad de muchos mexicanos, para quienes el México actual es toda la variación del mestizaje. He sido amigo de grandes mexicanos (Octavio Paz, José Emilio Pacheco) muy cercanos a lo español… Y como es fruto de la tan con justeza mentada ‘leyenda negra’, propalada hoy incluso por anglosajones, me he dicho que un país o una monarquía que solo intentan o buscan robar, saquear y esclavizar, no llenan el país de iglesias, hospitales, universidades, crean una gramática de la principal lengua indígena, el náhuatl, y animan a los matrimonios mixtos… Pero son los ingleses y luego los gringos, quienes divulgaron la expresión ‘el mejor indio es el indio muerto’… Cuando —a raíz de la guerra de independencia— el virreinato de Nueva España deja de existir en 1821… Por de pronto los voraces EEUU se apoderan manu militari de los actuales estados de California, Oregón, Nevada, Colorado, Arizona, Nuevo México y Texas. Nada menos. Florida había sido antes comprada a España, como Louisiana se compró a Francia… El burdo populismo del partido que se llama Morena, el del tosco AMLO (nieto de españoles) y el de la necia Claudia Sheinbaum, actual presidenta cada vez más cuestionada, quiere que España pida perdón por la conquista de México, lejos de todo sentido de la Historia, como explica muy bien el historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui, pero no se les ocurre decir a EEUU —tienen miedo— que pida perdón por el expolio de más de un cuarto del total territorio del país… La presidenta de México debe pedir perdón a España por bruta, y los españoles (incluso la vulgaridad sanchista) deben aprender también lo que fue y es esa ‘leyenda negra’”.

Me pregunto por qué la presidenta Claudia y López Obrador no le exigen al presidente Donald Trump que pida perdón por las recientes detenciones y expulsiones de cientos de mexicanos a México, a los que encima ha acusado de delincuentes. No abren el pico este par de sectarios, porque tienen miedo a las represalias de Trump. El Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, decía de México que era “la dictadura perfecta”, mientras que hoy habría que decir que es el “Estado narco perfecto”. En muchas escuelas de Hispanoamérica enseñan la leyenda negra, incluso la izquierda populista española la tiene asumida, mientras que España ha renunciado a contar su propia historia. ¿Hace falta recordar a estos populistas que los romanos, los cartagineses, los árabes, los franceses y tantos otros…, entraron a sangre y fuego en España?

El catalán Albert Boadella opina que, “Las declaraciones del ministro de exteriores, José Manuel Albares, ante la presidenta de México, hablando del dolor y las injusticias causadas por España a los pueblos originarios me han causado una profunda vergüenza. Estas proclamaciones de perdón por hechos sucedidos hace siglos pertenecen al ámbito de la hipocresía, de la falsedad… En este plan vamos a tener que pedir a la señora Meloni que pida perdón por el asedio a Numancia y Sagunto, y no digamos media Europa a Napoleón. En el caso de México, sus dirigentes deberían de pedir perdón por el genocidio de sus etnias, pues son mucho más responsables que los españoles…”.

Agustín Lara homenajeado en Granada


Pero es que los independentistas catalanes y vascos hacen lo propio: primero falsean y manipulan la historia de su comunidad y después acusan a España de toda clase agravios, como la frase que se inventó Jordi Pujol, “España nos roba”, precisamente cuando más estaba robando el clan de los Pujol, con el fin de desviar el foco de atención.

Copio este párrafo del escritor Jaume Carabassi: “La verdad sobre la conquista del salvaje oeste americano”. “Cuando los «yankis» empezaron la colonización del «viejo Oeste» no se encontraron unas tierras desocupadas y llenas de tribus salvajes y violentas, sino un mundo hispano, mestizo, donde el Virreinato de Nueva España había reconocido el derecho de propiedad sobre la tierra de las tribus nativas a los que nunca se las arrebatamos. Siglos después, cuando llegaron los colonos estadounidenses les negaron estos derechos apropiándose de sus tierras y masacrando a las tribus indígenas para luego confinar a los supervivientes en las conocidas como «reservas indias»… Un caso más en la historia a donde llegaron los colonizadores anglosajones arrasando a los pueblos nativos con un genocidio robándoles todas sus tierras y sometiéndolos a ellos a un régimen de segregación y discriminación racial. La industria cinematográfica de Hollywood se ha encargado de ocultar este infame pasado y ha borrado el largo pasado hispano de presencia e historia en la zona inventándola y manipulándola, sin ningún miramiento ni escrúpulo, para adecuarla a sus intereses colonialistas”. Han falseado tanto la historia que los indios, los nativos, son los malos en las películas del Oeste, los mexicanos salen como los feos mientras que los blancos (los yanquis) hacen el papel de buenos, algo parecido a la película ‘El bueno, el feo y el malo’. Y todo para ocultar el genocidio y las deportaciones a las reservas indias. Con estas infamias, los anglosajones aparecen siempre como los buenos en el mundo del cine.

Añado tres anécdotas que reflejan la realidad. El compositor mexicano, Agustín Lara, compuso la canción ‘Granada’, en 1932, inspirándose en la ciudad aunque no la había visitado. Fue recibido en Granada por el alcalde Manuel Sola, en 1964, y Agustín Lara lloró de emoción. El poeta mexicano, Francisco de Icaza, compuso este famoso verso: “Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”. Precisamente lo escribió en Granada, al ver a un ciego que pedía limosna. Y en las veces que me he encontrado con hispanoamericanos, noto que son muchas las cosas que nos unen: la lengua, la religión, la historia, la cultura, los malos gobiernos… Un millón de españoles emigraron a Argentina a comienzos del siglo XX, 600.000 venezolanos han venido a España huyendo de la dictadura de MaduroPorque son los pueblos con los que tenemos más afinidad y lazos de sangre.



Por eso, deberíamos conocer la ‘Historia verdadera de la conquista de la Nueva España’, la formidable crónica de Bernal Díaz del Castillo, un soldado extremeño de la expedición de Hernán Cortés, que acabó con el imperio azteca. Cuenta, de forma detallada, cada acontecimiento en los que tuvo participación en la conquista así como el establecimiento de los españoles en las tierras descubiertas. De cualquier forma España no ha sabido vender su historia, ni siquiera fundar una comunidad de naciones hispanoamericanas, como hizo Inglaterra con la "Commonwealth",  la Mancomunidad de Naciones, una asociación voluntaria de 56 estados soberanos que comparten lazos históricos. Pero nosotros también tenemos nuestra ración de culpa, como indica el verso del poeta Joaquín Bartrina: “Oyendo hablar a un hombre fácil es / acertar donde vio la luz del sol: / si habla bien de Inglaterra, será inglés; / si os habla mal de Prusia, es un francés; / y si habla mal de España... es español”.

Publicado en Ideal en Clase:

https://en-clase.ideal.es/2025/12/04/leandro-garcia-casanova-la-historia-verdadera-de-la-conquista/


viernes, 21 de noviembre de 2025

LOS QUINTOS

          




Los quintos, en las Cuatro Esquinas. Entonces tenían la costumbre de que, cuando los mocicos eran llamados a filas, compraban un pollino y se lo zampaban. Estos son de la quinta de finales de los sesenta. De izquierda a derecha: Antonio Martínez Lorente, los hermanos Antonio y Bernardo Sotero, Agapito y Manolo el de Catalina. Abajo se encuentran: José Carrasco, Andrés Román, Pedro ‘el Huesquerino’ y Abdón”.

         Los jóvenes de la imagen son de la quinta del cincuenta, por lo que irían al servicio militar en 1970, con veinte años. Para celebrarlo, la costumbre entonces era comprar un pollino y comérselo. Hoy tienen setenta y cinco años, pero hace un año falleció Antonio Sotero (segundo por la izquierda, en la fila de en medio) mientras que su hermano Luis murió hace unos meses. En los años sesenta y en décadas anteriores, la única vez que se salía del pueblo era para servir en el ejército y entonces muchos padres solían decir a los hijos: “En la mili te vas a hacer un hombre”. Sin embargo en el cuartel pronto aprendías a obedecer la rígida disciplina militar y a veces se pasaban con los castigos, por lo que poco tenía que ver con hacerte un hombre. También circulaban entonces muchos chistes, como aquel sargento que intentaba en vano enseñar al recluta, “se dice cartucho y no 'carchuto'. O el del zangolotino, con poca sal en la mollera, que después de hacer el servicio militar, decía: “¡Padre, tíreme usted la maza y verá como esta vez no me da!”. Ante la insistencia, se la tiró y por poco lo descalabra.

           El texto que sigue, con los comentarios, los he copiado del perfil de Facebook, de Antonio Ruz García. Álbum Granada. 15 de noviembre.

“Castilléjar (Granada); 1970; Fotógrafo desconocido; “Los “quintos” para celebrarlo tenían la costumbre de comerse el pollino”.

Comentarios.

El fotógrafo no es desconocido, se llamaba Leandro García, de Castilléjar

Leandro. Gracias, amigo Manolo Martínez Puerta, por acordarte de mi padre. No se entiende que pongan el título de la foto, del año y de la localidad, pero que no citen el nombre del fotógrafo

El único que me gusta, el de las orejas largas

 Y el más inteligente

 Un amigo gitano vendió un pollinillo y se lo comieron, aún sigue emocionándose cada vez que recuerda su preciado pollino . Pero eran años muy difíciles y tenía muchas bocas que alimentar

Yo te comprendo bien, mi vecino los llamaba los 'matagorricos' pues más o menos la misma historia

Que cara de Felicidad de todos.

Mis tíos eran de la época del pollino y los de mi quinta éramos del lechones del 78

Lo importante es que en la foto hay verdad...y gente buena....

Lo que le hacen al pollito no es de gente muy buena

No sé por qué...

Por toda España se celebraban los quintos con una gran inquina

Nadie es imprescindible en la selección. Se fue Ramallet, Amancio, Casillas, Iniesta, Villa, Iribar, llegó Del bosque y campeones del mundo. Un cocido por un garbanzo no se estropea.

En mi vida he oído de comerse un pollino,  en Granada un animal de trabajo

Nunca se comía, si fuese un cordero, un chivo, un ternero, un cerdo pero un pollino no sé, pero es antinatural, pero si es así decírmelo para no pasar ni por la carretera, cuando yo era quinto un chivo los quintos

 Yo no me lo creo

Qué cara de felicidad de todos

¿Cuál es el pollino?

Qué bestias…

QUÉ BURRADA!!

 Y nunca mejor dicho.

No creo”.

          Uno afirma que es antinatural comerse un pollino y otro tacha de bestias a los quintos. En España se pasó hambre y muchas privaciones durante la guerra y en la posguerra, de manera que se comía de todo. Yo recuerdo que mi padre decía que le gustaba la carne de pollino en una orza, pero en mi mente de niño aquella comida me resultó extraña. En Guadix tengo un vecino que se crió en las cuevas y de vez en cuando recuerda, “anda que no he comido yo gatos, de chico”. En las cuevas entonces no tenían agua sino un pozo ciego en la cuadra para las necesidades o se iban al campo.



           Quintos del año 1972. Agachados: ¿?; José “el Pesca”; José Hernández; Quico el del tío “Churro”; Julián el de Luis; Ezequiel, el ciego de Los Olivos; Antonio el Alejo. De pie el Senso; Julián; ¿?; Manolo García de la Serrana; ¿?; José el hijo del tío José el pastor. Esta quinta es de mi edad”. Entonces yo me encontraba en Sabadell. Arriba uno sostiene el pollino y Manolo Martínez Puerta está a la derecha, con la máquina de fotos. Manolo García de la Serrana falleció hace unos diez años, mientras que José Hernández murió hace unos meses.

            Yo hice el servicio militar en un cuartel que estaba a la entrada de Sevilla, pero hoy hay edificios. Algunos fines de semana me venía a Granada, salía el sábado después de comer, me ponía a hacer autostop en la gasolinera de enfrente del cuartel y solía llegar a Granada sobre las diecinueve o veinte horas. Y el domingo vuelta para Sevilla, de manera que estaba en Granada menos de un día y doce horas tirado en la carretera. Una noche un camionero me recogió en la antigua azucarera de Antequera (la carretera entonces pasaba por allí), pero pronto me di cuenta de que iba haciendo eses en la carretera porque estaba borracho. Yo ponía la ventanilla del cristal para que le diera el aire a aquel malvado, pero nunca recé tanto como esa noche hasta que me dejó en Sevilla. Como trabajaba en las oficinas, algunas veces salía por el cuerpo de guardia vestido de uniforme a la hora de comer (muchos salían a esa hora por lo que había cierto descontrol). Caminaba cerca de tres kilómetros por Sevilla hasta que llegaba a la Cruz Roja (en el barrio de la Macarena), donde estaba destinada mi tía sor Carmen. Me ponía de comer, charlábamos un rato y vuelta al cuartel por la tarde. Incluso una vez intercedió por mí para que me sacaran del calabozo, porque había hecho una chiquillada a mis veinte años.

            Los quintos eran los jóvenes que cumplían la mayoría de edad y se incorporaban al servicio militar obligatorio. Este fue suprimido durante el Gobierno de Aznar, en 2001, pero en algunas localidades siguen manteniendo la tradición de medir y pesar a los quintos. El nombre proviene de las quintas, el sistema discriminatorio de reclutamiento que estuvo vigente en España entre 1730 y 1912, lo estableció Juan II de Castilla (1406-1454) disponiendo que uno de cada cinco varones debía servir en el ejército. Esta disposición la retomó Felipe V  en 1705.

Las dos fotografías con los pies de foto han sido copiadas de mi libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro. 2020. La de arriba la hizo mi padre y de la otra ignoro el autor.

¿Te acuerdas? Los quintos

https://www.rtve.es/play/videos/te-acuerdas/acuerdas-quintos/336622/

Artículo publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/2025/11/20/leandro-garcia-casanova-los-quintos/


sábado, 15 de noviembre de 2025

LAS AYUDAS NORTEAMERICANA Y ARGENTINA

 

Reparto de leche en Algar Plaza del Hondo. 1957


Recuerdo que, en los sacos de leche en polvo americana, venía la bandera pintada y ponía en inglés, donado por el pueblo de los Estados Unidos a España. Incluso un día entre la ropa donada venía un traje de torero de mala calidad. Nadie se explicaba de dónde había salido aquello pero nos reímos todos. Mayores y niños hacíamos cola en la plaza del Caudillo, de Castilléjar, y el reparto se hacía en una habitación, que estaba debajo del salón parroquial de la iglesia: por cada ración recibida de ayuda social americana, te recortaban una pestaña del vale de Caritas Diocesana, como el vale de leche a nombre de mi padre. Aquella leche en polvo americana era dulce y se me pegaba en el paladar, todavía recuerdo el sabor. La ayuda a España fue obra del presidente Eisenhower, le llamaban Ike, a partir de la cesión de Franco a los norteamericanos de las bases de Rota y Morón de la Frontera, en 1953. A cambio, Eisenhower permitió que España ingresara en la ONU pero fue excluida del famoso Plan Marshall, que sirvió para la reconstrucción de Europa. Copio algunos comentarios sobre la leche en polvo, de un grupo de whatsapp:     

“Me acuerdo perfectamente de los sacos de papel de leche en polvo con la bandera norteamericana pintada. En Castilléjar lo repartía la Isidora, la hermana de Angelillo ‘el Chuchaína’”. “Recuerdo que teníamos los bidones de leche en polvo al fondo de la clase y los de la última fila, de vez en cuando, metíamos la mano y… a la boca. Estaba para decir Pamplona". “Mi tía abuela, hermana del obispo, era la presidenta de Caritas en Castillo de Locubín (Jaén). Yo vi las latas de queso, los sacos de leche en polvo... Y montones de colchonetas no muy gruesas, aspecto de fuertes y pinta de usadas que ahora me parece que podían haber sido usadas por el ejército en la 2ª guerra mundial”.

Vales de leche, de mi padre Leandro


Los siguientes comentarios los he recogido del grupo de Facebook, La Guardia de Jaén, el 21-10-2025, sobre el reparto de la leche:

“Yo he conocido eso. Era leche en polvo, que venía de los Estados Unidos, en mi escuela (Escuela de Magisterio Masculino, de Málaga), el conserje (Gabriel, se llamaba), la desliaba con agua caliente y la repartía. Los niños llevábamos de casa vasos… 

...Yo también soy de esa época, tengo 78 añitos de nada. El Presidente de los EEUU era popularmente conocido como IKE. DWIGHT D. EISENHOWER. La famosa leche en polvo y el queso de bola... Ya ha llovido. Un cordial saludo para todos los contertulios.

Yo fui uno de los niños que hice colas para que nos DIERAN Leche en las escuelas

Qué limpios y arreglados están a pesar de las penalidades de sus padres. Todos los padres de esa época merecen una medalla.

Yo tuve suerte, leche de cabra, queso fresquito de vaca o a elegir, condensada la lechera, huevos, pollo, conejo, chivo, verduritas de la huerta y fruta, aceite de oliva más que ahora, se me olvidó las benditas matanzas con toda la familia, buenos jamones y chorizos de los que se comen, no de los políticos.

La España tercermundista de entonces. Yo también lo conocí. Por suerte después estuve en un pueblo que tenían vacas y leche nunca nos faltaba. Era el premio interesado por dejar tener bases americanas en España, en plena guerra fría entre el bloque capitalista y comunista.

Yo también he vivido ésa época y estamos vivos con menos lujos vivíamos bien

Yo fui a la tienda con la libreta de racionamiento y me quitaban los tiques

Bidón de leche en polvo 


A mí me la daban para llevarla a casa, aparte mi madre compraba 2 litros de leche de vaca, diaria... Y no la ponían de la vaca a la lechera. Éramos siete!! Luego en el 65 en Castellón, colegio Serrano Suñer, todos los días un botellín de leche y muchos… 

Aquel queso amarillo era queso de bola y estaba muy rico, era para merendar por la tarde.

Pues yo tengo 67 años y en mi pueblo de Baena, Córdoba, en el colegio SAFA, recuerdo que repartían leche en polvo, sí recuerdo llegar a mi casa llorando porque en el reparto a mí y a otros niños no nos daban leche. ¿Por qué? Mi padre había sido oficial en la República, así fue todo.

Qué recuerdos, nos daban el vaso de leche en polvo y después nos alineaban en el patio y nos hacían cantar el Cara al sol, y no sé por qué también en el colegio nos hacían cantar el himno de Requetés. Después me imaginé que pudiera ser que algún maestro sería carlista.

También tomé los botellones de leche y nos llevábamos de casa un poco de cola cao y azúcar, qué contentos nos poníamos, para que ahora nos digan que nuestros padres todos tenían coche, pisos, vacaciones y demás chorradas, madre mía que sabrán lo que era este país hace 50 años.

Con Franco se vivía muchísimo mejor.

Con Franco se vivió muy mal, hambre, falta de humanidad, de dignidad, maltrato.

Latas de aceite y de ensalada

No sé qué edad tendrá, pero ojalá no tenga que vivir usted esa época, se lo deseo de corazón, creo que no sabe lo que dice, pero lea, investigue, se pasó mucha hambre y muchas necesidades, se trabajaba todo el día por un plato de comida, en lo rural y los que no se fueron a América, o se distribuyeron por Europa. Franco fue lo peor que le pasó a España, se lo aseguro”.

Cuando finalizó la II Guerra Mundial, en 1945, la resolución 39(i) de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas recomendaba, que se excluya al Gobierno de Franco de los organismos internacionales…, hasta que se instaure en España un gobierno nuevo y aceptable. Sin embargo, el general argentino, Juan Domingo Perón, envió a España en 1946 barcos llenos de trigo y de maíz, concediendo un crédito de 350 millones de pesos, lo que ayudó a paliar la crisis de hambre y el aislamiento internacional. En 1947, su esposa Eva Duarte, conocida como ‘Evita’, visitó España durante el verano (iba vestida con lujosos abrigos de pieles) y pasó por Granada. A la familia del conductor del vehículo, donde iba montada Evita, la apodaron los Perones. Años después, cuando Perón tuvo que exiliarse de Argentina, Franco lo acogió en España, correspondiendo así a la ayuda recibida. La foto y el texto que sigue, sobre la visita de Evita a España, los he recogido de Historia del hambre en España y la ayuda argentina tras la guerra civil, publicada por el Instituto Nacional Juan Domingo Perón de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas:

“Sin embargo, a lo largo de sus 18 días de estadía (del 8 al 26 de junio de 1947), la abundancia de comida en cenas y almuerzos ofrecidos en su honor, daba la impresión de que el pueblo español estaba sometido a una leve dieta. Basta tomar como ejemplo la cena servida, en el Salón Mudéjar de la Plaza de América, en Sevilla,  en el que 84 comensales se deleitaron con el menú compuesto de consomé, caviar, paté, salmón del Bidasoa y pularda, regado con abundantes vinos españoles y champagne. Para rematar el festín se presentó un enorme pastel…”.

Evita y Carmen Polo de Franco, en Madrid


Copio este comentario de un compañero del whatsapp, sobre la ayuda argentina: “En 1972 en un hotel en El Puerto de Alcudia (Mallorca), teníamos vaca argentina todas las semana (una entera), envuelta en saco y mi padre la despiezaba y decía que era del año 1946. En 1980, en el campamento de Santa Ana, en Cáceres, vi una etiqueta argentina de 1958, dirigida a la Comisaria de Abastecimientos y Transportes”.

No debemos olvidar que, tras la Guerra Civil, medio millón de españoles se refugiaron en Francia aunque no previeron alimentos para todos en los campos de refugiados, por lo que muchos murieron de diarreas y de otras enfermedades. El presidente de México, Lázaro Cárdenas, dio refugio a miles de exiliados republicanos españoles y a lo más granado del mundo de la cultura española. Asimismo, Argentina y otros países iberoamericanos acogieron a miles de españoles, tras la tragedia más grande de España. En 1937, 456 niños españoles llegaron a la ciudad de Morelia, en México, huyendo de la guerra civil española. Fueron con una maleta y la promesa de volver con sus padres al terminar el conflicto, pero tras la victoria de Franco muchos de ellos nunca regresaron a España. Se les conoce como Los niños de Morelia. Durante la guerra civil miles de niños españoles fueron enviados a Rusia, también al Reino Unido y a otros países. Sin embargo, las generaciones posteriores de españoles desconocen estos hechos que padecieron sus padres y abuelos.

Publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/2025/11/13/leandro-garcia-casanova-las-ayudas-norteamericana-y-argentina/

 Documental Los niños de Morelia

https://www.filmaffinity.com/es/film589916.html

viernes, 7 de noviembre de 2025

LAS NIÑAS DE DOÑA CARMEN

 



Niñas de la clase de doña Carmen, a comienzos de los años sesenta, en las escaleras del desaparecido Ayuntamiento. Esta foto es antológica. Doña Carmen y su marido, Jesús Martínez, fueron vecinos de mis padres, en el barrio Fígares de Granada. Los últimos días los vivió doña Carmen con su hermana, por encima del piso de mis padres. A veces me encuentro con algunas de estas niñas, que eran de mi edad.

 Del libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro. 2020

 Copio estos comentarios del 16 de mayo de 2013, sobre esta fotografía, en Facebook. Han pasado doce largos años y algunas de aquellas niñas fallecieron.

 Carmen Martínez Lorente. Que emoción al verme. No podía imaginar que hubiese perdurado s través del tiempo. En esta foto tenía 8 años. Yo no estuve ni con doña Petra ni doña Luisa. Empecé la escuela con las mayores, recuerdo que don Eloy era mi maestro y un verano al salir del cine le dio algo y falleció, era domingo por la noche. 

Leandro García Casanova. ¿Dónde estás tú, Carmen?

Carmen Martínez Lorente. Estoy según miras, la primera de la izquierda. Con mis botas de punteras despellejadas. Nuestro querido Fancisco, ‘el pescaero’, me las lustraba todos los días y me las recosía mientras Maruja y yo estudiábamos, pero no había forma. Esta menda hacía el recorrido de su casa a cualquier sitio dando patadas a "su piedra", femenina que era la chica.

Flora Román Jiménez. Yo no me veo, ni mi Mari tampoco!!!

Custo Pinteño. Hola Carmen la de veces que he pensado en ti no sé dónde paras, la verdad hay alguna mas que no he vuelto a ver y la verdad me haría ilusión, qué bonito seria poder reencontrarnos en el pueblo todas o la mayoría, por cierto yo estoy en Lérida.

Flora Román  Jiménez. A mí también me gustaría que hiciéramos un encuentro en el pueblo...

Carmen Martínez Lorente. Contad conmigo, que voy

Carmen Salvador García. Hace dos años se hizo el encuentro estuvimos comiendo muchas en Los Carriones lo pasamos muy bien, fue muy bonito, organizad otro yo me apunto.

Leandro. Te había confundido con Carmen Martínez Lorente. Creo que tú tienes una foto con doña Luisa, la maestra.

Carmen Salvador  García. Yo si tengo una foto con doña Luisa

Leandro. Llevas razón, la tenías en tu Facebook. ¿Te toca algo Carmen Martínez Lorente?

Pili Fernández García. Leandro, yo también tengo esta foto yo soy la de en medio que lleva  gafas, que recuerdos tan lejanos con esos uniformes, me acuerdo que el cuello era de plástico mas tieso y en invierno mas frio que la leche

Leandro. Ahora, caigo, Pili. La foto es única

Marinieves Chacón Alcaina. !!! Qué bonitos eran los uniformes!!!

Flora Román  Jiménez. Creo que teníamos otros para la gimnasia, si no recuerdo mal...

Carmen Martínez Lorente. Pilar, ¿has mirado la foto de Doña Petra?. Mira bien, puede que te veas en ella

Leandro. Os propongo esta idea que se me ocurre. Reuniros las paisanas que salen en la foto en el mismo sitio, y yo haría la foto como hijo del fotógrafo Leandro, más de medio siglo después.

Flora Román  Jiménez. Qué idea más bonita

Leandro. Vamos a ver qué dicen

Carmen Martínez Lorente. A mi me gusta la idea. Cuando digáis, agarro el coche y voy.

Leandro. Esa foto se podía colgar en el Colegio De los Ríos, para que las nietas vieran a sus abuelas

Maricarmen Martínez Carasa. ¿Había otra del grupo de Doña Luisa?

Flora Román  Jiménez. Sí, quién la tenga que la suba

Leandro. Hay otra, con doña Petra

Maricarmen Martínez Carasa. Sería esa la que yo habría visto

Leandro. Pili Zambudio la tiene en su Facebook

Mari Román. Muy bonitos recuerdos

Leandro. Han pasado más de sesenta años, toda una vida

Emilia Sanchez Jiménez. Doña Carmen era mi madrina

Custodia Pinteño. Que idea más buena,  yo hay muchas que no las he vuelto a ver, ni sé dónde paran. A ver si alguien da pistas.

Lola Rodriguez Toral. Qué recuerdos…!!! Y qué niñas más bonitas 

Mercedes Dominguez. Yo soy una de ellas

Josefa Carasa. Yo también soy una de las alumnas de doña Carmen.

Leandro. Su marido, Jesús Martínez, falleció en 1990, y doña Carmen murió unos años después, en el piso de su hermana, en la calle Chueca, al lado de la calle Agustina de Aragón, en Granada.