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| En la misión de Kariobangi |
Quedo con el padre Guirao, misionero comboniano (el
fundador fue el italiano Daniel Comboni), en una residencia de mayores, de Baza, a las
diez de la mañana. Aquí está internada su hermana
Caty y viene a visitarla. Llegó el jueves y se marcha el lunes por la mañana,
cuatro días de permiso echando dos de viaje, así cada dos años visita a su
familia y vuelta a la residencia de
Moncada (Valencia). Me recuerda a mi
tía sor Carmen, monja de las Hijas de la Caridad, que también le daban unos
escasos días para estar con la familia, para los sobrinos era una fiesta pues
nos traía siempre unos regalillos. El
padre Guirao nació en la pedanía de Los Olivos, en 1942, en la
posguerra, en los años del estraperlo y
de la pertinaz sequía, como los
denominó el franquismo. Me acordé a última hora y le dediqué el libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y
negro, que edité con las fotos que hizo mi padre durante los años sesenta y
setenta. Le digo que hay dos fotos de su
padre, cuando tocaba los platillos con la Hermandad de las Ánimas, de los
Olivos. El caso es que hojea el libro y al pronto las encuentra.
–Mis
padres procedían de Oria (Almería) y de niño fui a la escuela de don Antonio
Caballero, en Los Olivos. Solamente por la mañanas, ya que por las tardes me
iba a cuidar las cabras de mi padre. A los trece años (en 1957) fui al Seminario de Guadix, entonces teníamos que
hacer el examen de ingreso (un servidor también hizo el ingreso, en 1964) y
aquí pasé cinco años de bachiller, con clases diarias de latín de una hora de
duración. En quinto curso pasaron dos
misioneros combonianos y entonces decidí hacerme misionero, pero mis
padres se opusieron. Estuve dos años haciendo filosofía en el Seminario Mayor de San Torcuato, en Granada, y cuando cumplí los veintiún años (entonces era la mayoría
de edad) me marché a los combonianos, a Corella (Navarra). Hice un año
de noviciado y pasé otro en Moncada
(Valencia). Después me enviaron como formador
al Seminario Menor de Maia (Portugal), desde 1966 hasta 1969.
Seguidamente, estudié tres años de teología en el Seminario de Misioneros de Cucujais (Portugal). Pedí
volver a España y en Moncada hice cuarto de teología. En 1970 me ordené de sacerdote en Castilléjar, con
Mariano López Zambudio, oficiando la ceremonia don Rafael Torija, obispo de
Ciudad Real, que estuvo de párroco en el pueblo en los años cincuenta.
Le recordé que, cuando yo tenía
once o doce años, me paró en la calle del
Rosario (las Casas Baratas) y me habló de los misioneros... Lo cierto es
que aquella anécdota se me quedó grabada y desde entonces se convirtió en un
modelo para mí. Sin embargo, él no se acuerda de aquel breve encuentro. Entonces
estaba yo en el Seminario de Guadix, pasó un
misionero comboniano hablando
de las misiones y estuve escribiéndome con él durante varios años. También
recuerdo que leí un libro impresionante
de un misionero, donde contaba con detalles la fuerte oposición de
los padres y el drama, cuando sus hijos les decían que querían ser misioneros y
marchar a África. Eran
historias reales que a mí me impresionaron. Amigos del Seminario me cuentan que, además de buena
persona, era un buen defensa jugando al fútbol.
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| Con su padre (fallecido), hermanos y familiares. 1995 |
El padre Guirao prosigue con sus recuerdos.
–En Corella estuve varios años de formador y
en 1978 me enviaron de misionero a Kenia, allí estuve cerca de siete años. De 1984 a
1992 fui a Moncada, como
maestro de novicios. Desde el año siguiente hasta 2003 estuve en África, eran inicios de misión donde fui bautizando
a gente mayor de veinte años y a niños. El swahili es el idioma oficial de Kenia y me llevó
un tiempo aprenderlo, aunque sabía inglés. Hakuna
Matata es una expresión muy común y significa Aquí no hay problema. Yo residía en Cabichbich, que significa donde el viento silba, pues se
encuentra a 3.500 metros de altitud, más o menos como el pico del Mulhacén. Apenas nevaba en esas alturas por el clima, pero soplaba
un viento fresco. Atendía treinta poblados, a los que iba con la moto kawasaki
o con el todoterreno toyota, por las montañas o por caminos de tierra, era una
zona bonita, pero difícil. De la moto me he caído muchas veces. Subiendo las
cuestas a veces la moto se calaba, entonces tenía que frenar y guardar el
equilibrio o bien me tiraba a la tierra, para no resbalar hasta el fondo de la
cuesta. Después tenía que intentar arrancarla. Pero siempre encontraba a
alguien que me ayudaba. La gente es pobre pero muy generosa, me daban lo que
tenían o me invitaban a comer. Con frecuencia alguno preguntaba en pokot, Poisho (¿Cómo te
encuentras?). Y el otro le respondía, Poisho nyaman
(Estoy muy bien). Yo tenía treinta poblados
y me ha ido bien con los nativos, así era la vida del misionero, al servicio de
ellos, los hemos ayudado y te recuerdan con cariño. Era una relación cercana pues
atendíamos muchas de sus necesidades. Aparte de la religión llevaba las
escuelas, he abierto muchas pero las clases las dan los maestros, también abría
pequeñas capillas en los poblados. Los habitantes de la montaña tenían más
interés en la escuela que los masái, con
mayores deseos de promocionarse a nivel de escuela y de religión, pues estaban
asentados en poblados y tenían animales. Me llamaba la atención porque eran
gente pobre y sencilla, aunque las perolas y los cacharros de cocina son ya de
acero inoxidable. Mi trabajo era encontrar catequistas, que dieran el catecismo
a los niños y los prepararan para el bautismo. También tenía que celebrar las
misas. Es una zona donde no había otra religión extranjera y no hay luchas sino
que cada uno sigue su camino. En cambio en Nigeria hay
muchos musulmanes y le hacen la guerra a los cristianos. Kenia es uno de los países más estables de África
junto a Tanzania.
El padre Antonio Guirao es un hombre amable y sencillo, que te da
confianza desde el primer momento. Lleva puesta una gorra negra, calza unas
deportivas y parece un jubilado. Si no fuera por la cruz que lleva colgada del
cuello, nadie diría que es un misionero. Hay que recordar que la película El Rey León (1994) hizo
muy popular la frase Hakuna Matata.
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| En la residencia de Baza |
–En Áfríca he estado treinta y tantos años, he trabajado muchísimo y a
veces he cogido la malaria. He ido a muchos sitios, donde solamente había gente
pobre, y ha sido una experiencia bonita. He trabajado también con la
tribu de los masái, durante dos o
tres años, viven en chozas, en la
llanura, donde tienen grandes terrenos para el ganado, por la noche lo encierran
en corrales y durante el día lo llevan al campo. Se dedican al pastoreo y viven
en el sur de Kenia. En mi
segunda etapa yo tenía la parroquia en Amakuriat, en las
faldas de la montaña, donde vive el pueblo pokot.
Esta tribu, como los masái, tienen su
dialecto particular. En una ocasión, encontrándome en Tenerife haciendo animación misionera, se me rompió el tendón cuadricípedo que va
unido a la rótula y me operaron. Cuando me recuperé, marché de nuevo a Kenia. Pero en junio de 2025 estaba haciendo
ejercicios espirituales y sentí un dolor en las piernas, de manera que no podía
trabajar y en agosto volví a España para
recluirme en Moncada, cerca
del seminario diocesano, en una casa para sacerdotes mayores, que se encuentra
en una colina. Tengo también artrosis. Es
una residencia de misioneros combonianos, aquí estamos un catalán y otros
dos que son de Cádiz y de Elche, que son los responsables de la comunidad. En España no hay vocaciones de misioneros entre los
jóvenes, en el teologado de Granada hay dos
misioneros, uno de Salobreña y otro que
es africano, mientras que los teólogos son extranjeros. Cada día hay menos misioneros en Europa y en América
del sur. En Kenia todavía
quedan tres o cuatro españoles y también algunos italianos. Yo estoy aquí
terminando este mes de octubre y con 84 años (lo repite varias veces en la
entrevista), pero los dolores en las piernas y en la espalda son fuertes. Procuro
caminar pero los lunes y los miércoles voy al gimnasio con el andador, pues me
coge más lejos.
Le pregunto por los párrocos de Castilléjar que conoció. Responde que fueron
don Antonio Motos en los
años cuarenta, don Rafael Torija en los
cincuenta y, a comienzos de los sesenta, llegó don Atanasio Botía. Le recuerdo que en Los Evangelistas le dedicaron la Escuela Infantil Padre Antonio Guirao –el pasado año yo estuve por allí, en la
Fiesta de la Cruz– y quedamos en que lo pondré en contacto con alguien del pueblo para que lo acerque, pues no la
conoce y le hace mucha ilusión verla. Al final me dice: El sábado tengo misa en Los Olivos y el
domingo, en Castilléjar, dale un saludo especial a todos mis paisanos. Cuando
me despedí de Caty, que
estuvo con nosotros en la entrevista, le dije: Tienes un hermano muy bueno. Y me contestó: Es cierto.
| Delante de la Escuela. Foto Perpe F. |
El domingo, Perpe Fresneda, la sacristana, llevó en su
coche al padre Guirao a la
escuela de Los Evangelistas y le
hizo unas fotos. El lunes se marchó a Moncada y, unos
días después, le pedí que me contara algunas anécdotas, entonces me envió un
audio.
–Yo no sabía dónde estaba la
escuela en Los Evangelistas, pero cuando
la vi sentí gratitud y sorpresa. Te
voy a contar algunas anécdotas. De niño yo cuidaba tres o cuatro cabras de mi
padre por las tardes, pero un día me entretuve jugando y cuando llegó mi madre
del mercadillo, vio que tenía las cabras atadas y sin comer. Entonces yo pensé
llevarlas a la vega para que comieran por los ribazos, pero mi madre me dijo: ¿Qué vas a hacer, si ya está anocheciendo?
Déjalas y les echamos alfalfa. A veces me juntaba con otros niños pastores
y dejábamos que las cabras comieran en los sembrados, mientras uno vigilaba por
si venía el dueño. Y durante las vacaciones del Seminario, le ayudaba a mi padre en el campo. En Kenia, al terminar la escuela algunos
niños decían: Nosotros, que hemos
aprendido tantas cosas, no nos vamos a quedar parados, vamos a ir a los pueblos
cercanos a enseñarles a otros niños lo que hemos aprendido. Es algo que
realmente te llama la atención y te llena de valor y de alegría, viendo la
actividad que llevan estos niños. En estos momentos estoy bastante fastidiado y
no tengo facilidad para escribirte. Un abrazo.
Publicado en Ideal en Clase
https://en-clase.ideal.es/leandro-garcia-casanova-el-padre-antonio-guirao/



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