Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro
Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella
muriera. Así
arranca una de las obras universales de las Letras Hispanas. Se puede decir que Juan Rulfo pasó a la historia de la literatura con
sólo 250 páginas, pues, desde que escribió Pedro
Páramo, en 1955, y El llano en llamas ya no volvió a publicar más. Años después, confesaría con
humildad: Nunca me imaginé el destino de
esos libros. Cuando escribí Pedro Páramo sólo pensé en salir de una gran
ansiedad, porque para escribir se sufre en serio. El caso es que compró un
cuaderno escolar y apuntó el primer capítulo de una novela que durante muchos
años había ido tomando forma en su cabeza: Sentí
por fin el tono y la atmósfera tan buscada para el libro que pensé tanto
tiempo. Fue como si alguien me lo dictara.
En marzo de 1985, Juan Rulfo escribió para la Agencia Efe un memorable artículo –que
conservo desde entonces–, Pedro Páramo, 30 años
después, donde
aclaraba: Era difícil aceptar una novela
que se presentaba como la historia de un cacique, y en verdad es el relato de
un pueblo: una aldea muerta en donde todos están muertos.
Su bella prosa me cautiva, a pesar
de que la novela transmite tristeza, y hasta el mismo autor llegó a definirla
como un rencor vivo. Copio este diálogo de la novela: Mire usted –me dice el arriero,
deteniéndose–: ¿Ve aquella loma que
parece vejiga de puerco? Pues detrasito de ella está la Media Luna... El caso
es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de
Pedro Páramo. La frase última es del personaje, Juan Preciado, que busca a su padre en un pueblo
que ya no existe. La convivencia con la
muerte está en el carácter mismo de los mexicanos, precisaba el escritor.
Las muertes violentas de su padre y
de su abuelo, en la Rebelión Cristera, a comienzos del siglo XX, y más tarde de su madre, lo van
convirtiendo en un ser solitario. En la
familia Pérez Rulfo nunca hubo mucha paz; todos morían temprano, a la edad de
33 años, y todos eran asesinados por la espalda, decía el escritor. Con
posterioridad vivió recluido en un orfanato, entre los 10 y los 14 años. Por
eso, Juan Rulfo llegó a crear un mundo imaginario: Yo quería escribir cómo hablan los campesinos de mi tierra y ubicar a
mis personajes en una geografía real, conocida y vivida por mí. Como el Jalisco de la Rebelión Cristera. Fue cuando regresé al
pueblo donde vivía, 30 años después, y lo encontré deshabitado… Entonces
comprendí yo esa soledad de Comala. Lo cierto es que la novela está cargada de
simbolismo: un comal
es una chapa metálica donde calientan las tortillas, por lo que Comala parece cocerse en el páramo
mexicano. En lo más íntimo –apuntaba
el autor–, Pedro Páramo nació de una imagen y fue la búsqueda de un ideal,
que llamé Susana San Juan. Ella no existió nunca, fue pensada a partir de una
muchachita a la que conocí brevemente cuando yo tenía 3 años. Y no hemos vuelto
a encontrarnos. El personaje, Pedro Páramo, una vez perdida toda esperanza, exclama: Esperé treinta años a que regresaras, Susana.
Decía este escritor ensimismado y
de pocas palabras: De pronto, a media
calle, se me ocurría una idea y la anotaba en papelitos verdes y azules... y me
salió así. Gabriel
García Márquez aún no
había escrito Cien
años de soledad,
cuando un amigo le entregó la novela de Juan Rulfo: Aquella noche –dijo– no pude dormir mientras
no terminé la segunda lectura. En 1983, el mexicano recibió el Premio Príncipe de
Asturias, cuando en realidad tenían que haberle concedido el Premio Cervantes. Rulfo sólo tardó unos meses en escribir aquel librito, pero es posible que fuera
devorado por su propia criatura. En sus últimos años, cuando le preguntaban si
iba a escribir otra novela, respondía con sorna: Es que se murió el tío Celerino, que era el que me contaba las
historias. El escritor uruguayo, Juan Carlos Onetti, al enterarse de la muerte de Juan Rulfo en enero de 1986,
escribió: Sabía que su obligación
literaria había concluido. Era un hombre honrado y respetó su decadencia.
En marzo de 2005, con motivo del cincuentenario de la
publicación de la novela Pedro Páramo, le hicieron un homenaje a Juan Rulfo en
la ciudad de México. Pero
setenta y un años después de publicar Pedro Páramo, las ánimas en pena siguen deambulando en el pueblo
fantasma de Comala, mientras nos susurran sus
desesperanzas y frustraciones.
A
mediados de marzo pasado, vi en RTVE PLAY
el programa ‘A fondo’, de Joaquín Soler Serrano, donde entrevistó a Juan Rulfo, a
mediados de los años setenta del pasado siglo. Copio lo que va diciendo:
“Imagino
a los personajes, los ubico, les doy una realidad aparente y el modo de
expresarse. En ese páramo, con la luminosidad del paisaje, los personajes no
tienen rostro. La novela Pedro Páramo la
escribí en tres o cuatro meses, la tenía en mi cabeza, pero se necesita leerla tres
veces para entenderla. Es de técnica complicada, la novela va de delante hacía
atrás y de costado. Están rotos el tiempo y el espacio, pues se trabajó con
muertos, que cobran vida y la vuelven a perder, no se pueden ubicar. Es una
novela fantasma y aparentemente no tiene estructura. En 1953 publiqué El llano en llamas y se vendieron cuatrocientos mil ejemplares,
hasta 1995. Mientras que de Pedro Páramo se
vendieron medio millón de ejemplares al principio”.
Juan Rulfo es un novelista enraizado en la
tierra, sus personajes son irracionales con contradicciones constantes, la
realidad no es tal como es. Hay que dejar al escritor en el mundo de los
sueños. Tras las muertes de su padre, de su abuelo y más tarde de su madre, el
niño vivió con su abuela, pero lo metió en un orfanato: “Era un correccional
donde nos reprimían. Es la primera vez que hablo en público y el aspecto
depresivo me viene del orfanato”, confiesa el escritor mexicano. Es un hombre
tímido, de pocas palabras, y era de ascendencia española. Habría que preguntar,
¿cómo se le ocurrió a la abuela meter a aquel niño, traumatizado por las muertes
de sus padres y de su abuelo, en un orfanato? Y sin embargo, aquellas penurias
contribuyeron a que, años más tarde, Juan
Rulfo plasmara sobre el papel aquella gran
ansiedad…, como si alguien me lo dictara. Precisamente por eso, volveré a
releer su novela Pedro Páramo para
entenderla.
Juan Rulfo, Programa A fondo
https://www.youtube.com/watch?v=lpmDc1aNWRg
No hay comentarios:
Publicar un comentario