domingo, 19 de abril de 2015

EN RECUERDO DEL SEMANARIO ACCI









El semanario Acci, de marzo de 1955





Desde hace unos meses, tengo unas fotocopias de los primeros números de Acci Semanario Informativo Gráfico-Literario –con el yugo y las flechas de la Falange, en la mancheta–, que se publicó desde 1955 a 1959. Vaya por delante mi agradecimiento al buen accitano que me proporcionó estos papeles, pero lo cierto es que no recuerdo quien fue. El primer número salió el 12 de marzo de 1955 –hace ahora sesenta años– y en una página interior viene una entrevista al entonces alcalde de Guadix, José Vega García. Para ello, la redacción del semanario se trasladó al despacho del edil. A la pregunta sobre la traída de las aguas potables y el alcantarillado, responde: “Se encuentra en marcha. El presupuesto aprobado alcanza a unos diez millones de pesetas y las obras darán comienzo en breve por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Guadix, que flota sobre un pantano, ofrece muchas dificultades. Nadie debe ignorar su coste. Las aguas se traerán de Jérez del Marquesado. En cuanto al alcantarillado es más penoso, ya que el dar salida a las aguas es más difícil que darles entrada. La pavimentación antigua, etc., son inconvenientes”.

El teniente de alcalde, Carlos López Abellán, explica lo dificultoso del terreno de Guadix, su constitución y su enorme extensión, que excede posiblemente como ciudad al de Granada capital: “Ofrece el inconveniente de tener en proporción un número muy escaso de habitantes, ya que viven 30.000 almas en una extensión que corresponde a 500.000. Las cargas impositivas no pueden cubrir de ningún modo los gastos correspondientes”. El redactor le dice al alcalde que Guadix necesita una biblioteca popular, y le contesta así: “Se va a construir en el Parque”. Esto da a entender que no hay presupuesto ni nada que se le parezca. A continuación, Acci señala que “ha abierto una suscripción pro monumento a Pedro Antonio de Alarcón con 500 pesetas. Tenemos el proyecto de colocarlo en la próxima primavera y realizar al mismo tiempo un homenaje público, intentamos tenga carácter nacional… ¿Contaremos también con el Ayuntamiento?”. La respuesta deja mucho que desear y el político se pierde en palabras grandilocuentes para no comprometerse a nada: “Desde este momento. Todo cuanto sea ornato del pueblo, como lo será Acci, es inquietud nuestra”.



Vista de las cuevas y de la Catedral, de J. Valverde. 1931




En aquella época las cartillas de racionamiento estuvieron hasta 1953, pero cuesta trabajo creer que no hubiera una biblioteca en Guadix, pero así era. Y qué me dicen del monumento al guadijeño más famoso. Murió en 1891 y, más de sesenta años después, no había nada en la ciudad que recordara su nombre, pero esa era la España de la posguerra, de la miseria y de estraperlo. España había sido arrasada por tres años de guerra civil, mientras que nuestros padres regresaron del frente traumatizados, envejecidos y con todas sus ilusiones rotas. Pero dando gracias por haber sobrevivido.

El semanario lleva un pequeño recuadro, casi como un telegrama: Buenos Aires: 419 años. Aniversario de una fundación. Aquí se lee que Radio Nacional de España, dedicó para España y América su emisión “Los forjadores del Nuevo Mundo, los días 20 y 23 de febrero, al recuerdo del Adelantado accitano don Pedro de Mendoza”. Este fue el gran homenaje que le dedicó el franquismo al fundador de la ciudad de Santa María del Buen Aire, que murió con treinta y tantos años. Y eso que las relaciones de España con la nación hermana de Argentina eran muy buenas, pues nos abasteció de trigo en los años cuarenta, cuando se pasaba hambre por la pertinaz sequía.


Camino de chimeneas, de Whindam Tryon. 1916





Con motivo del Día del Seminario, el 19 de marzo de 1955, Acci entrevista al rector del Seminario, Manuel Ballesteros, de la que entresaco estas frases: “Espero que la idea del Seminario cale cada día más entre los católicos. Entre ambos seminarios, Mayor y Menor, hay 169 seminaristas. Un curso son 3.000 pesetas, más matrículas y libros, no llega a 4.000. Nosotros pensamos en la baratura, pues cualquier cualquier internado modesto cuesta un curso 8.000 pesetas… En el Día del Seminario se recaudan 60.000 pesetas, de ellas 15.000 en Guadix: 11.000 en la colecta y 4.000 en la Obra de las Vocaciones Sacerdotales… Esta cantidad no está muy a tono con la categoría de capital de la diócesis. Pedro Martínez es el pueblo más generoso, y le siguen Cúllar Baza, Benalúa y Galera”. A la pregunta de que no todo será estudio y oración en el Seminario, el rector responde con sorna: “Los curillas se divierten y mucho, teniendo para ello: fútbol, tenis, ping pong, frontón, paseos, excursiones, cine y en Pascua teatro”. Debajo de la entrevista aparece este anuncio comercial: “Muro, especialidad en pañería. San Francisco 4 y 6. Teléfono 136”.

La portada del 26 de marzo viene con este título, Cuevas de Guadix, como una editorial. Principia diciendo: “Bajo ese fondo de belleza de las cuevas –casi lunar– se mueve el más angustioso de los problemas de Guadix. Las cuevas son como el enorme espejo por donde va pasando nuestra conciencia…, son úlcera nacional y, así, las vemos. Metidos en el corazón del valle más romántico del mundo, en ellos se oculta, confundida con la tierra, la miseria más solemne de los hombres más olvidados. Miseria del cuerpo y miseria del alma. Miseria latente en las más injusta de las injusticias sociales (…). Es justo recordar la entrega que el santo padre Poveda hizo de su vida, de su alma entera, a los pobres de la Ermita. Ya intuía en la desnudez del paisaje la tragedia del problema. Pero es necesario recordar que sin pan resulta difícil comprender el Evangelio. Seguros de su importancia no dudamos que la política del Movimiento –inquietud social– atenderá esta llamada. Las cuevas exigen que se les declare de urgencia nacional”. Cuesta trabajo pensar que la censura no le metiera la tijera a este artículo crítico en aquella época. Puede ser que como en Guadix se conocían todos y, si a esto se le añade la escasa tirada y difusión  de la revista, pues los falangistas hicieron la vista gorda.




Guadix, de J. Valverde. 1935





Al lado del artículo viene una columna, sin firma, con la siguiente reflexión: “Una necesidad: el Instituto de 2ª Enseñanza. Centro nervioso de la vida cultural de un pueblo, Guadix viene notando su ausencia desde hace muchos años (…). Confesamos que hemos sentido sonrojo ante la honda trascendencia del tema. Que Guadix no tenga instituto es cosa que no comprendemos. Ha crecido mucho la población escolar, aumentó el número de habitantes de Guadix y su partido                  –apuntemos que son 32 pueblos, algunos de 3.000 a 5.000 almas–: convengamos en que la vida ofrece mayores exigencias… ¿No tiene acaso Guadix una tradición cultural de primerísima categoría que ya quisieran para sí (lo dice Serrano de Haro) muchas ciudades pobladas de academias y ateneos? ¿A qué se debe el abandono? (…) y, desde allí, la política del Caudillo, alerta siempre a las necesidades de los pueblos, que son las necesidades de España, recoja este grito, no el único, y devuelva a Guadix lo que por Historia le pertenece y las circunstancias le arrancaron en tiempos desfavorables”. Si la editorial era muy crítica con la miseria de las cuevas, la columna apela a la figura del Caudillo y le pide que devuelva a Guadix lo que le pertenece. Sinceramente, hay que descubrirse con la valentía del personal de Acci, pues la censura nunca lo hubiera permitido en un periódico de la capital, sencillamente porque hubieran secuestrado toda la tirada. En el apartado de la Vida Cultural destaca la visita que los estudiantes extranjeros han efectuado a Guadix, organizada por el Patronato de la Cátedra de Extensión de la Universidad de Granada en Málaga.


Pensemos que hace solo sesenta años, Guadix no tenía agua potable ni alcantarillado, en las cuevas vivían en condiciones infrahumanas unas 10.000 personas –yo las recuerdo con humedades, a mediados de los sesenta, y a los niños comiendo en el comedor del Auxilio Social, con un olor insoportable–, sin biblioteca y sin instituto para estudiar, pues en Granada solamente estaban el Padre Suárez y el Ángel Ganivet, y sin un busto que recordara al mejor escritor de la ciudad. A pesar de la crisis y del paro actual, la juventud (y hasta los mayores) no sabemos apreciar lo que tenemos hoy en comparación con la vida miserable que llevaron nuestros abuelos y ancestros. A esto hay que añadirle la democracia de que disfrutamos, con sus imperfecciones y corruptelas, así como de las libertades y derechos de ciudadanos. En el franquismo no había dinero para la cultura, ni para los servicios sociales…, ni teníamos derecho a nada. Y a los gobernantes no se les exigía ninguna responsabilidad, como no fuera su adhesión inquebrantable al régimen de Franco. 


Fotos de Torcuato Fandila. Publicado en el semanario Wadi-as, el 18 de abril de 2015

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