jueves, 25 de diciembre de 2025

LA MEMORIA PERDIDA

 



“¡Ramón, hace tiempo que quiero preguntarte una cosa! ¿Cuál es la nación de los gitanos? Porque todo el mundo tiene su nación y yo no sé cuál es la mía. Sólo es interés por saberlo”. Y Ramón Jiménez, el joven bibliotecario, le entrega un libro: “Aquí te lo explica todo”. A uno le sorprende la humildad de Concha Heredia, y de ella podría decirse mismamente lo que cantaba Imperio Argentina de Antonio Vargas Heredia, el gitano: que es flor de la raza calé. Pero Concha no quiere que Ramón le haga una foto, porque dice que sale mu mal.

–En la Nochebuena, yo pongo mi potaje gitano (garbanzos con bacalao) y luego los moniatos, ja, ja, y el remojón, que se hace con aceitunas, cebolletas, cascos de naranjas y bacalao. ¡Y a cantar villancicos y a pasarlo bien con la familia! De la panadería me traigo dos taburetes y dos tablas de pan, y pongo mis dos mesas en dos habitaciones. Este año pasado nos juntamos unas cuarenta personas. Mi marido Juan Córdoba, que en gloria esté, era tratante de animales y también iba a escardar. Aquí donde me tienes –dice Concha con ese orgullo gitano–, me casé en el 1939 con diecisiete años; y hoy tengo cinco hijos, quince nietos y once bisnietos. Aunque a mi hija pequeña la tengo desepará...

–El mulo que tiene tinteros en los dientes (roales negros) es porque todavía está fresco para trabajar. Pero con 16 años tiene los dientes planos, y ya no le para el grano en la boca  –dice Felipe Sánchez el Mediaúva, que de caballerías entiende un rato–. Y claro, al no masticarlo, lo caga entero. Entonces el mulo ya está viejo para morirse. Antes había muchos gañanes en los cortijos que sabían arrear bestias, pero todos aprendíamos de los gitanos para curarles las mataúras. Yo me fui de gañán con mi tío y, como él no tenía dinero, compró una yunta de mulos viejos; así estuve hasta que me casé a los treinta años. Trabajaba de sol a sol y me pagaba un duro, pero yo he tenío que aprender de la vida porque mis padres me dejaron huérfano de chico. Y te advierto que sé cuando la gente habla de oídas o por experencia...

Felipe Sánchez y Salvador Solera

Felipe, con su gorra ladeada, le da un aire al marqués de las Marismas Luis Escobar; aquel personaje inolvidable y dicharachero de ‘La escopeta nacional’, de García Berlanga. Pero confiesa que lleva mucho mundo corrido y penado, y hasta estuvo trabajando en un barco mercante.

–De la Pascua bien poco te puedo hablar, pues las he pasado solo. ¡Ésa es la verdad! Y también porque la Navidad no ha existido para los pobres. En cambio, los ricos han sido siempre unos engurruñíos, porque ellos tenían el dinero y no lo gastaban –al poco cambia de tercio–. Pero yo voy delante de la vida diez o doce años, porque estoy pensando en lo que puede pasar... Mira que te diga, en tiempos de mis padres las personas no se casaban por amor, sino que lo hacían por apaños. Arreglaban el ennoviao porque los suegros, a lo mejor, tenían una burra... ¿El marrano? El marrano de San Antón iba y se metía solo en el corral por la noche, porque aquí en Gabia había marranos que sabían más que las criaturas...


Servicial y de confianza como Pepe Morales, ya no se encuentran hoy día: “En llegando la Navidad y Semana Santa, la familia Villanova Ratazzi, propietaria de la fábrica de harinas –hoy desaparecida– repartía alimentos y mantas a los más necesitados. Entonces, el que pillaba un nabo ya tenía la merienda apañada”. Luego cuenta la anécdota de que, cuando las mujeres trabajaban haciendo manillas (manojos) de hojas de tabaco, se metían debajo una lata de sardinas llena de ascuas para calentarse: “Al braserillo de picón le decían el querío”. Risas y lágrimas. Pepe se acuerda, como si la estuviera viendo, de cuando la Hermandad de las Ánimas iba pidiendo por las casas: “Rigores tocaba el acordeón de botones y llevaba siempre un cigarro liao colgando del labio, mientras que el Recotines iba todo vestido de rojo: ‘A las ánimas benditas no se les cierra la puerta, / que diciendo que perdonen / se van ellas tan contentas... Ánimas benditas de mi corazón, / a Dios te lo pido con mucha razón’”.

Carmen Polo recuerda cómo en los años cincuenta las gabeñas iban hasta la cuesta del Chapiz a comprar cordeles, con los que luego hacían sogas de cáñamo y de pita: “Para acá veníamos cargadas de cordeles, y para Granada de sogas. Seis reales nos pagaban por un kilo de sogas, y 20 pesetas por un velo de tul bordado a mano”. Luego recita aquellas coplas populares que Carmen tanto oía de chica: “No te cases con ningún agramaor, / porque tienen la vista cansada / de tanto mirar al sol. / Y sin embargo los tejeros / ¡válgame la cruz de Dios! / porque cuando llega la semana / ya no les queda ni un botón”.

Pepe Morales. Foto Ruiz Junco
Encarna González nació en Gabia Chica, que tiene su encanto: es como esas alquerías decimonónicas que entonces se hallaban diseminadas por la extensa Vega de Granada: “De niñas íbamos a casa de los abuelos a que nos dieran una perra gorda, y te ponían tu plato de dulces. En mi casa hacíamos vigilia el 23 de diciembre, y el 24 mi padre siempre mataba un choto”. En aquellos años todo el mundo hacía matanza y, cuando iban a hacer la morcilla, era costumbre invitar a los vecinos: “Mis padres mataban dos marranos y una cabra para hacer chorizo –y añade Encarna–. Es que con la carne de la cabra, el chorizo sale más bueno. Al mes lo metían en una orza, cubierto de aceite; en cambio, las salchichas se enterraban en la paja. Así la matanza te duraba un año”.

El primer juguete de Nieves Capilla fue una aguja, un ovillo y un trapo: “Con eso me hice mi primera muñeca, que luego rellené con serrín. La Nochebuena nos daba mucha alegría, porque mi padre trabajaba de panadero en la Tahona, y era la única noche del año que cenábamos juntos”. Nieves recuerda aquellas Navidades de su niñez con mucho frío: “A las seis de la mañana, decían en la Ermita de la Virgen de las Nieves la misa del aguilando, para que la gente pudiera luego irse al campo”. Y confiesa con añoranza que, “durante la misa, un coro de mujeres cantaba villancicos...”. ¡Pero aquellos eran otros tiempos, compañero!

 Cuando Sebastián Beltrán el Ramales está bien, se acuerda hasta de los años veinte.

–Parece mentira, pero antes celebraban las fiestas del Corpus en el Salón. Recuerdo que estábamos todos embobados viendo la montaña rusa, cuando me birlaron diez pesetas del bolsillo. ¡Vaya! El primer jornal que eché me dieron tres pesetas. Y cuando ya escardaba como un hombre, dijo el capataz, amos a darle el peón (la peonada). Entonces los chaveas no teníamos adonde ir y, cuando Marianico Pertíñez daba la voz, nos íbamos a escardar y te pagaba un duro –y añade, como quejoso–. “Tóos se han muerto y yo soy el más viejo de Gabia, quitando a la tía... Mi hermano estaba comiéndose el bocadillo y ¡pom! se cayó al suelo”.

Sebastián asegura que entonces era costumbre ver a la novia a través de las rejas de la ventana, pero “a mí me dieron la entrá” -aunque ya el abuelo no está para muchos trotes-. “¡Estoy hecho una mierda y ya no valgo para nada! Con noventa y seis años que tengo se me ha pasao tóo por la historia, me dice al despedirse, mientras se pasa la mano por la frente como dando a entender que no se acuerda de nada. Sebastián es el único sobreviviente de la fallida experiencia del colectivismo agrario, en la Gabia republicana de 1933.

De lejos, la torre de la iglesia de la Encarnación es como el minarete de una mezquita, alzándose orgulloso por encima de los tejados rojizos. Mientras que el suave y dulce tañido de las campanas se desparrama por los verdes campos de la Vega, y trepa hasta la montaña mutilada de Montevive; donde un guarda jurado me prohíbe el paso. Han destruido el paisaje sagrado de Gabia, la montaña de color cobre al sur de Granada: “Montevive era como los pechos de una mujer”, me decía una gabiense. Pero ya casi nadie se acuerda de esto.

 Este artículo fue publicado en Ideal, el 24 de diciembre de 2002; y recibió el tercer premio de los Relatos de Navidad. En 2004 publiqué la novela Gabia, la memoria perdida, donde los gabirros entrevistados van contando la historia de su vida, "personajes sencillos, sufridos y curtidos en la tierra", como escribió Francisco Gil Craviotto en el prólogo. No quedan ejemplares de la novela.

Felipe Sánchez ‘el Mediaúva’ falleció en octubre del 2006 y José Lechuga también murió ese año. Carmen Bertos, la abuela de Gabia, murió a finales de febrero de 2004. Sebastián murió pocos meses después, en el 2003. También nos dejaron José Franco, Salvador Solera y Manuel López ‘el Chupa’, en diciembre de 2004, a los pocos días de fotografiarlo. Ellos ya forman parte de la intrahistoria de Gabia y la mayoría de ellos han fallecido. 

Añado ahora estos apuntes que no salieron entonces:

Concha Heredia:

“¿Quieres que te diga un villancico? ¡Amos a ver!: La Virgen va caminando por una montaña arriba / y, al vuelo de la perdiz, / se le ha espantao la mula. / Agacha la rama y coge limones, / y dale a la Virgen de los más mejores”.

Felipe Sánchez:

 Yo aprendí el caló en una casa de putas, en el bar de los Tres Hermanos, y toda la esa de Granada se juntaba allí, ¿me entiendes? Allí iban de todas las clases a buscarse la vida y yo estaba de encargao en el bar, donde transitaban los amolaores (los que hacían el amor).

Sebastián Beltrán:

¿El cortijo? “Del cortijo de La Jara apenas me acuerdo; sé que íbamos por la mañana y veníamos por la noche, unos diez kilómetros entre ida y vuelta”. Luego recuerda aquellos años de miseria en que la gente andaba con una mano delante y otra detrás. Hace unos cinco años que le dio una trombosis cerebral: no andaba, ni hablaba, ni siquiera podía comer. “Me quedé hecho un penco”, confiesa. Pero se recuperó en un año y pico con un andador. La hija dice que ha enterrado a todos los hermanos y primos. Cuando termino, Sebastián se apoya en mí tratando de salir a la calle; y en un gesto amistoso, me despidió en la puerta de su casa.

Carmen Polo asegura que en Gabia había una mujer que hacía unos roscos muy grandes, y la hija le decía: “Mama, con otros dos roscos como ésos, nos quedamos sin masa...”.







viernes, 19 de diciembre de 2025

RECORDANDO A HANS CHRISTIAN ANDERSEN

 






“Mi vida es un bello cuento, ¡tan rica y dichosa! Si de niño, cuando salí a recorrer el mundo, solo y pobre, me hubiese salido al paso un hada prodigiosa que me hubiera dicho: ‘Escoge tu camino y tu meta, que yo te protegeré y te guiaré conforme a las facultades de tu entendimiento y conforme es razón que se haga en este mundo’, no pudiera mi suerte  haber sido más feliz”. Con esta frase, resume su vida el escritor danés, Hans Christian Andersen (1805-1875). En el fondo era como un niño grande, bastante inseguro y con esa sensación de sentirse diferente a los demás, que le acompañará durante toda la vida. Era alto, desgarbado y con una nariz enorme. Si a esto le añadimos que era torpe y algo afeminado, nada de extraño tiene que los niños de su edad se burlaran de él y que tuviera una infancia solitaria.

Leemos en ‘El patito feo: “... pero todos rechazan al último que ha nacido. ‘¡Qué estrafalario y desgarbado es!’, dicen, picándolo. La madre pata lo defiende, pero, pasados unos días, incluso ella acaba pensando que sería bueno que se fuera lejos de allí. Como todos lo maltratan, el patito feo decide volar por encima de la cerca y huir. ‘No es nada extraño que me rechacen: ¡soy tan feo!’, se dice, mientras se aleja”. Andersen nació en un barrio miserable de Odense (Dinamarca), era hijo de un zapatero remendón –que le fabricó un teatrillo de títeres para que desarrollara la imaginación– y de una campesina casi analfabeta, que le enseñó el folclore y tuvo fe en su talento. Su madre quiso que aprendiera el oficio de sastre pero Andersen le suplicó que lo dejara marchar a Copenhague –a probar fortuna–, que para él era la capital del mundo. “¿Y qué va a ser de ti allí?, preguntaba mi madre. ‘Seré famoso... Primero hay que pasar penalidades sin cuento, y luego se hace uno famoso’, le respondía yo. Era un impulso inexplicable el que me arrastraba”, escribió Andersen en su libro ‘El cuento de mi vida’.



En la capital trabajó de bailarín, declamador, titiritero, cantante... Pero fracasó en todo. Su vida fue entonces tan desgraciada como la que describe en su cuento de El soldadito de plomo, a quien le falta una pierna, pues no había suficiente plomo para repararla. Y cuando el soldadito ve a una bailarina danzando sobre una pierna, cree que ella también es coja: “¡Sí, de ésta sí me puedo enamorar!”, pues ingenuamente piensa que ella era de los suyos. Lo cierto es que se enamoró de algunas damas pero todas lo rechazaron, y aseguran que no conoció el amor de una mujer. En otro momento, escribe: “Charles Dickens habla en sus novelas de las penalidades de los niños pobres. Si hubiera visto lo que yo estaba pasando y sufriendo, no lo hubiera encontrado menos duro o menos digno de un relato humorístico. Hay cosas en la vida que están tan enlazadas con la vida de otros, que uno no tiene derecho sobre ellas”. Uno también pasó penalidades sin cuento por ahí, y por eso te sientes retratado. Andersen fue amigo de Víctor Hugo, de Alejandro Dumas y de Dickens, pero llegó a considerarse como un personaje dickensiano y se sintió incomprendido hasta en su propio país.



Al final sus sueños se cumplieron en Copenhague, pues se convirtió en el más famoso narrador de cuentos, de manera que cada dos de abril –en el aniversario de su nacimiento–, se celebra en todo el mundo el Día del Libro Infantil. De los 160 cuentos que publicó –‘La sirenita', ‘La reina de la nieve’, ‘La pequeña cerillera’, ‘El ruiseñor’, ‘La campana’, ‘La princesa y el guisante’, etc–, la mayoría son originales mientras que sus protagonistas, como no podía ser de otra forma, son los humildes y los desheredados. El cuento que más ha quedado oculto, donde relató su propia peripecia personal, social y literaria, es ‘El cuento de mi vida’. Fue también como su testimonio religioso: “La historia de mi vida dirá al mundo lo que a mí me dice: ‘Hay un Dios que es amoroso y que encamina todo a un buen fin’”, confiesa en las primeras líneas. Andersen tuvo fama de ser un autor triste y muy susceptible a las críticas, por lo que su vida no fue precisamente un cuento de hadas. El caso es que, mientras observaba distraídamente una conocida foto suya, llegué a esta conclusión: “Sí, el rostro de nuestro querido Andersen se parece mucho a su personaje de ‘El patito feo’”. El 4 de agosto pasado se cumplieron 150 años del fallecimiento, de este personaje de cuento.

Publicado en Ideal en Clase.

https://en-clase.ideal.es/leandro-garcia-casanova-recordando-a-hans-christian-andersen/

https://elindependientedegranada.es/cultura/hans-christian-andersen-granada



viernes, 5 de diciembre de 2025

LA HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA

 





Juan Miguel Zunzunegui es un escritor mexicano que está considerado como hispanista y revisionista de la historia de México. Ha publicado varias obras literarias y ensayos históricos en los que intenta desmitificar algunos de los episodios más relevantes del pasado mexicano, ofreciendo una perspectiva diferente a la tradicional. ​Sobre México opina que “es un país que se cae a pedazos, con cien mil asesinatos al año llevados a cabo por los narcos –en colusión con el Gobierno–, por la violencia, la corrupción, los secuestros, las extorsiones, en fin, la seguridad está peor que nunca  y los indios viven hoy en peores condiciones”. También  recuerda que al comienzo de la conquista,  “los franciscanos construyeron comunidades y conventos. Hernán Cortés firmó alianzas con los pueblos méxicos y los españoles llegan y se quedan allí, son mis abuelos. En 1547 ya se habían construido cuarenta ciudades, con hospitales, universidades y colegios, de forma que toda la cultura popular mexicana incluyó a los pueblos indios”. Añade que, “en 1821, el 60% de los indios lucharon contra la independencia pero la tragedia de ellos nace en esa fecha: México tenía seis millones de habitantes de los que cuatro millones eran indígenas, el 80% de la población. Hoy en cambio representan el 10%, ¿quién los mato? El Gobierno mexicano independiente”, afirma Juan Miguel Zunzunegui. Hace poco el canciller español José Manuel Albares pidió disculpas al Gobierno mexicano por la conquista, “mientras que López Obrador y la presidenta Claudia salen diariamente en programas de televisión, donde dicen a los mexicanos que deben de odiar a España. La izquierda proletaria internacional se basa en mentir y en falsificar la historia porque son movimientos antinacionales”, de esta forma el escritor mexicano deja en evidencia a estos farsantes.

Ciertamente, España cometió abusos en Hispanoamérica pero venir ahora, al cabo de más de dos siglos de independencia, a exigir que pida perdón resulta cuanto menos anacrónico y fuera de lugar, cuando hay tantas cosas que nos unen. Los países hispanos han acogido a miles de exiliados y emigrantes españoles –baste recordar la labor humanitaria del presidente mexicano Lázaro Cárdenas, tras la guerra civil española, lo mismo hicieron Argentina y otros países –, mientras que España ha hecho lo propio y lo está haciendo con los miles de hispanoamericanos que tuvieron que irse de sus países por motivos políticos y económicos.

Luis Antonio de Villena  ha escrito el artículo ‘México y la Nueva España’, en The Objective, el 9 de noviembre. “Un amigo llegó a decirme México es tu segunda patria’. No lo sé, pero siempre me he encontrado muy bien allí y he comprobado la cercanía y hospitalidad de muchos mexicanos, para quienes el México actual es toda la variación del mestizaje. He sido amigo de grandes mexicanos (Octavio Paz, José Emilio Pacheco) muy cercanos a lo español… Y como es fruto de la tan con justeza mentada ‘leyenda negra’, propalada hoy incluso por anglosajones, me he dicho que un país o una monarquía que solo intentan o buscan robar, saquear y esclavizar, no llenan el país de iglesias, hospitales, universidades, crean una gramática de la principal lengua indígena, el náhuatl, y animan a los matrimonios mixtos… Pero son los ingleses y luego los gringos, quienes divulgaron la expresión ‘el mejor indio es el indio muerto’… Cuando —a raíz de la guerra de independencia— el virreinato de Nueva España deja de existir en 1821… Por de pronto los voraces EEUU se apoderan manu militari de los actuales estados de California, Oregón, Nevada, Colorado, Arizona, Nuevo México y Texas. Nada menos. Florida había sido antes comprada a España, como Louisiana se compró a Francia… El burdo populismo del partido que se llama Morena, el del tosco AMLO (nieto de españoles) y el de la necia Claudia Sheinbaum, actual presidenta cada vez más cuestionada, quiere que España pida perdón por la conquista de México, lejos de todo sentido de la Historia, como explica muy bien el historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui, pero no se les ocurre decir a EEUU —tienen miedo— que pida perdón por el expolio de más de un cuarto del total territorio del país… La presidenta de México debe pedir perdón a España por bruta, y los españoles (incluso la vulgaridad sanchista) deben aprender también lo que fue y es esa ‘leyenda negra’”.

Me pregunto por qué la presidenta Claudia y López Obrador no le exigen al presidente Donald Trump que pida perdón por las recientes detenciones y expulsiones de cientos de mexicanos a México, a los que encima ha acusado de delincuentes. No abren el pico este par de sectarios, porque tienen miedo a las represalias de Trump. El Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, decía de México que era “la dictadura perfecta”, mientras que hoy habría que decir que es el “Estado narco perfecto”. En muchas escuelas de Hispanoamérica enseñan la leyenda negra, incluso la izquierda populista española la tiene asumida, mientras que España ha renunciado a contar su propia historia. ¿Hace falta recordar a estos populistas que los romanos, los cartagineses, los árabes, los franceses y tantos otros…, entraron a sangre y fuego en España?

El catalán Albert Boadella opina que, “Las declaraciones del ministro de exteriores, José Manuel Albares, ante la presidenta de México, hablando del dolor y las injusticias causadas por España a los pueblos originarios me han causado una profunda vergüenza. Estas proclamaciones de perdón por hechos sucedidos hace siglos pertenecen al ámbito de la hipocresía, de la falsedad… En este plan vamos a tener que pedir a la señora Meloni que pida perdón por el asedio a Numancia y Sagunto, y no digamos media Europa a Napoleón. En el caso de México, sus dirigentes deberían de pedir perdón por el genocidio de sus etnias, pues son mucho más responsables que los españoles…”.

Agustín Lara homenajeado en Granada


Pero es que los independentistas catalanes y vascos hacen lo propio: primero falsean y manipulan la historia de su comunidad y después acusan a España de toda clase agravios, como la frase que se inventó Jordi Pujol, “España nos roba”, precisamente cuando más estaba robando el clan de los Pujol, con el fin de desviar el foco de atención.

Copio este párrafo del escritor Jaume Carabassi: “La verdad sobre la conquista del salvaje oeste americano”. “Cuando los «yankis» empezaron la colonización del «viejo Oeste» no se encontraron unas tierras desocupadas y llenas de tribus salvajes y violentas, sino un mundo hispano, mestizo, donde el Virreinato de Nueva España había reconocido el derecho de propiedad sobre la tierra de las tribus nativas a los que nunca se las arrebatamos. Siglos después, cuando llegaron los colonos estadounidenses les negaron estos derechos apropiándose de sus tierras y masacrando a las tribus indígenas para luego confinar a los supervivientes en las conocidas como «reservas indias»… Un caso más en la historia a donde llegaron los colonizadores anglosajones arrasando a los pueblos nativos con un genocidio robándoles todas sus tierras y sometiéndolos a ellos a un régimen de segregación y discriminación racial. La industria cinematográfica de Hollywood se ha encargado de ocultar este infame pasado y ha borrado el largo pasado hispano de presencia e historia en la zona inventándola y manipulándola, sin ningún miramiento ni escrúpulo, para adecuarla a sus intereses colonialistas”. Han falseado tanto la historia que los indios, los nativos, son los malos en las películas del Oeste, los mexicanos salen como los feos mientras que los blancos (los yanquis) hacen el papel de buenos, algo parecido a la película ‘El bueno, el feo y el malo’. Y todo para ocultar el genocidio y las deportaciones a las reservas indias. Con estas infamias, los anglosajones aparecen siempre como los buenos en el mundo del cine.

Añado tres anécdotas que reflejan la realidad. El compositor mexicano, Agustín Lara, compuso la canción ‘Granada’, en 1932, inspirándose en la ciudad aunque no la había visitado. Fue recibido en Granada por el alcalde Manuel Sola, en 1964, y Agustín Lara lloró de emoción. El poeta mexicano, Francisco de Icaza, compuso este famoso verso: “Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”. Precisamente lo escribió en Granada, al ver a un ciego que pedía limosna. Y en las veces que me he encontrado con hispanoamericanos, noto que son muchas las cosas que nos unen: la lengua, la religión, la historia, la cultura, los malos gobiernos… Un millón de españoles emigraron a Argentina a comienzos del siglo XX, 600.000 venezolanos han venido a España huyendo de la dictadura de MaduroPorque son los pueblos con los que tenemos más afinidad y lazos de sangre.



Por eso, deberíamos conocer la ‘Historia verdadera de la conquista de la Nueva España’, la formidable crónica de Bernal Díaz del Castillo, un soldado extremeño de la expedición de Hernán Cortés, que acabó con el imperio azteca. Cuenta, de forma detallada, cada acontecimiento en los que tuvo participación en la conquista así como el establecimiento de los españoles en las tierras descubiertas. De cualquier forma España no ha sabido vender su historia, ni siquiera fundar una comunidad de naciones hispanoamericanas, como hizo Inglaterra con la "Commonwealth",  la Mancomunidad de Naciones, una asociación voluntaria de 56 estados soberanos que comparten lazos históricos. Pero nosotros también tenemos nuestra ración de culpa, como indica el verso del poeta Joaquín Bartrina: “Oyendo hablar a un hombre fácil es / acertar donde vio la luz del sol: / si habla bien de Inglaterra, será inglés; / si os habla mal de Prusia, es un francés; / y si habla mal de España... es español”.

Publicado en Ideal en Clase:

https://en-clase.ideal.es/2025/12/04/leandro-garcia-casanova-la-historia-verdadera-de-la-conquista/