lunes, 2 de octubre de 2023

EL CASTILLO Y LAS CUEVAS DE LA MORERÍA

 

Aspecto de la excavación. Foto de MEMOLab


RESUMEN

 A finales de julio de 2022, la olvidada villa de Castilléjar se despertó con un castillo y el acceso a las cuevas de la Morería, a través de una antigua cueva comprada por el Ayuntamiento. Atrás quedaban siglos abandono donde las cuevas se han ido desmoronando en medio de la total indiferencia. “Hay restos visibles de la torre, el Murallón… Será visitable, recuperando así la historia de Castilléjar. La idea es asomarnos a la Morería”, decía el arqueólogo José María Martín Civantos, encargado de la excavación, con el equipo MEMOLab, de la UGR. Destacar también la subvención de la Diputación.

1.  CONTEXTO HISTÓRICO

 Gabriel M. Cano García afirma en la introducción de su libro “La comarca de Baza”, editado en 1974: “La comarca de Baza sólo era un pieza tributaria donde no había qué invertir. ¿Para qué? ‘Son gentes sin remedio, descendientes de moros, que viven en cuevas y no les gusta el trabajo’. Y así se ha llegado a una situación de extremo subdesarrollo (...) y, sobre todo, por medio de la emigración, que en los últimos veinte años ha reducido a la mitad los efectivos demográficos”. Es tremendo lo que escribía el catedrático Cano García, pero han pasado 47 años y las cosas siguen igual porque las comarcas de Baza y Huéscar son de las más pobres de la Unión Europea. Si nos remontamos a la expulsión de los moriscos, entre los años 1571 y 1609, Hurtado de Mendoza escribe en la “Guerra de Granada”: “Quedó la tierra despoblada y destruida, vino gente de toda España a poblarla y dábanles las haciendas de los moriscos por un pequeño tributo que pagaban cada año”. Pío Caro Baroja calculaba que la población morisca en el Reino de Granada ascendía a unos 300.000 habitantes y que la mitad de ellos fueron expulsados, mientras que Antonio Domínguez Ortiz reducía a 80.000 los deportados. Esto supuso el abandono de las tierras de agricultores expertos, de manera que Peyrón lo describió así, en 1772, cuando viajó por estas tierras: “Mientras los moros poseían el reino, Granada era el país del mundo más alegre y mejor cultivado; su población era inmensa, sus valles y sus montañas estaban cubiertos de viñas y de árboles frutales, pero hoy ¡qué cambiado está!, la población es una plaga temible para las campiñas. Cuántas colinas que no tienen otro adorno que las plantas con que la naturaleza las cubre”. Lo cierto es que, a pesar de la repoblación (vascos, navarros, leoneses…), en 1575, el Reino de Granada tenía la mitad de habitantes que cuando vivían los moriscos. La población no alcanzaría los niveles precedentes hasta el final del siglo XVII. Al despoblamiento hay que añadir las epidemias, la crisis de subsistencia y los periodos de sequía en los últimos años del siglo XVI.

    En el artículo “Las cuevas, sus barrios y su origen en nuestra tierra”, publicado en la revista “La Sagra” (marzo de 1981), el historiador Vicente González Barberán escribe: “El Catastro del Marqués de la Ensenada, elaborado a mediados del siglo XVIII, registra en todo el término de Huéscar sólo unas 25 cuevas… El fenómeno viene de más abajo: en mi opinión, de las Hoyas de Guadix y Baza, donde había antecedentes cueveros anteriores al siglo XIX”. En esa época, los ayuntamientos concedieron licencias para excavar cuevas, ante la avalancha de nuevos vecinos (los inmigrantes levantinos) y “surgieron auténticos barrios trogloditas”. González Barberán  asegura que los moros no las usaron jamás como viviendas y que las cuevas abandonadas, con puertas y ventanas, que encontraron los nuevos repobladores, tras la Guerra de Granada, en los frentes de los acantilados, “son precisamente las conocidas ‘cuevas de moros’, ‘boticas de los moros’ o ‘hafas’ (en Benamaurel las llaman así)”. El historiador aclara que estas grutas son frecuentes en la zona oriental de España, como Granada y Almería. En el estudio “Arquitectura subterránea”, de Lasaosa Castellanos y Ron Cáceres (1989), en referencia a Castilléjar, dice que “la población que vive en cuevas es aproximadamente el 50% de sus habitantes”. Entonces había 239 cuevas y casas-cueva, pero a causa de la emigración muchas se encontraban abandonadas y “una cantidad elevada de cuevas que no se han contabilizado al haber quedado ya relegadas por la casa”.

Cuevas de la Morería, mayo de 2022. Foto del autor


 

2.  LAS CUEVAS DE LA MORERÍA

 En Castilléjar se encuentran, además, en un acantilado sobre el río Guardal, las Cuevas de la Morería que están repartidas en dos niveles: trece cuevas aunque ya no es posible el acceso a ellas debido a los desprendimientos del terreno. Están relacionadas con las “hafas”, de Puente Arriba,  y son las más antiguas de la comarca de Huéscar. Son del período almohade y datan del siglo XII. El historiador Lorenzo Cara Barrionuevo refiere de las cuevas de los moriscos que, “sobre ellas pesa un profundo vacío documental y bibliográfico”, mientras que en un estudio que hizo sobre la Morería, en 1992, el Centro de Profesores de Huéscar, llega a esta conclusión: “Por lo que se refiere a su datación, es muy probable que se trate de refugios musulmanes de época medieval, llegando algunos casos de conjuntos troglodíticos a ser utilizados todavía en el siglo XVI (…). Hace unos 40 ó 50 años era posible acceder a algunas de ellas a través de estrechas veredas que ya se han desplomado”. Las ‘hafas’, de Benamaurel, las de Cúllar, Baza, etc., son cuevas de características similares.

“Las Cuevas de la Morería presentan un aspecto ruinoso y alarmante, acabarán cayendo al río si no se actúa pronto, pues el terreno sobre el que se asientan es flojo. Sería conveniente y necesario que la Consejería de Cultura hiciera un estudio del terreno”, escribía este autor en el artículo “Las cuevas moriscas de Castilléjar”, en 2014. En cambio, son completamente desconocidas, incluso para los castillejaranos, las cuevas moriscas de Los Carriones (anejo de Castilléjar). Al compararla con otra foto, que hice en agosto de 2007, se ha desprendido una parte de la pared y de la ladera, que hay al lado del camino. Hay una casa-cueva de piedra roja, con su chimenea, cerca de las cuevas, en fin, un pegote que afea el conjunto.  Vistas las cuevas desde el Oeste, el cerro ofrece el aspecto de un barco.  En los años sesenta, un vecino colocó una carrucha en el morro del cerro para subir paja a las cuevas moriscas, aunque se han conservado mejor que las de la Morería. En un correo electrónico, que en 2009 le envié a la entonces alcaldesa de Castilléjar, Josefa Carasa, le preguntaba si podía hacer alguna gestión para la conservación y protección de las cuevas, antes de que se pierdan o deterioren. Le recordaba que, entre los monumentos naturales de la provincia, sólo está incluido el poblado ibero de la Balunca, en Castilléjar, pero no vienen las cuevas de la Morería. En cambio, en Benamaurel tienen las “hafas” y cuatro monumentos más, y en Castril, la Peña... “De aquí a cincuenta años, nadie se acordará de nosotros pero quedará el legado histórico de la Morería y de las cuevas moriscas de Los Carriones, como monumentos naturales, si hacemos algo. Como alcaldesa eres la más indicada, podrá haber un Ecomuseo en Castilléjar, pero no es nada comparado con la historia que encierran las cuevas moriscas. Son nuestro pasado. Éstas pueden perderse y deteriorarse por abandono o desidia (como ha ocurrido siempre en el pueblo), son muchas las personas interesadas en la conservación de nuestro patrimonio, aparte de que es nuestra obligación como castillejaranos”.

 

Cuevas moriscas de Los Carriones. Foto del autor

 La respuesta de la alcaldesa no pudo ser mejor: “Indagaré para ver la manera de incluirlo en nuestro patrimonio y tratar de conservar y mejorar su estado. Todos los datos que tengas al respecto me los envías”. Esperemos que se inicien pronto los trámites para que las cuevas moriscas de Castilléjar sean declaradas Bienes de Interés Cultural, será un día inolvidable para muchos paisanos y conocidos, porque se reparará la injusticia y el abandono de siglos. Éste es el “mejor legado” que le podemos dejar a las futuras generaciones: nuestro patrimonio histórico estará ya protegido. Recuerdo que cuando yo tenía siete años, mi padre me llevaba a Los Carriones en su vieja “Guzzi”, sentado en el depósito de gasolina. En el frontal del cerro había una especie de jaula de hierro (se desprendió con los años) y mi padre me decía, poniéndose serio: "¿Tú ves eso?, pues ahí están las calderas de Pedro Botero". Cada vez que veía a aquel siniestro armatoste se me antojaba que estaba ante las puertas del Infierno, pero mi padre no podía imaginar que, tres siglos antes, estuvieron viviendo allí los moriscos y que todavía quedan en el anejo algunos vecinos con el apellido de origen árabe. 

Jesús Martínez, que falleció en 1990, me contaba que cuando él nació (creo que por 1910) hubo una fuerte riada que causó el desprendimiento de una parte de la Morería, de manera que cambió el curso del río Guardal. Lo cierto es que esas cuevas las utilizaron los moros, como habitáculo. En Castilléjar existe el barrio del Cenete, que era el antiguo barrio morisco. El nombre proviene de la tribu bereber de Zeneta (los cenitas), una de las más antiguas y principales de África del norte. Las cuevas de la Morería tienen una Catalogación Genérica, por lo que están protegidas, es de esperar que sean declaradas monumento natural. “De vez en cuando se cae un testero”, me dijo un pastor que tiene las cabras por allí, hace siete años. Yo siempre había visto las cuevas de la Morería desde lejos, que es de donde se toman las fotografías, pero al acercarme a ellas se ve este espectáculo. Lo peor de todo es la indiferencia general ante el desmoronamiento que hay en Castilléjar, tanto por parte del Ayuntamiento como del pueblo ante este barrio morisco con tanta historia. En la Morería se aprecia ruina total, con grietas en las paredes y bastantes entradas de cuevas ya caídas, cuando en los años cuarenta había una vereda por donde se accedía a ellas. Quiero expresar mi agradecimiento a Jesús María García, de Galera, miembro del CEPS, y Juan José Martínez, de Huéscar, por la documentación que me han proporcionado para elaborar este artículo.

 3.  En defensa del patrimonio histórico

 En agosto de 2021, publiqué en mi blog el artículo “En defensa del patrimonio histórico”, donde advertía:Para que restauren y apuntalen las cuevas de la Morería (se vendrán abajo), el ayuntamiento debe de hacer un informe a la Delegación de Cultura en Granada”. José Julián Torregrosa Castillo hacía este comentario: “En Castilléjar hace décadas que esos yacimientos fueron expoliados, tanto por arqueólogos profesionales como vividores de la arqueología, son muchos los [1]‘castillejanos’ que se han dedicado a expoliar todos esos yacimientos y a vender las piezas encontradas. Por desgracia Castilléjar no tiene solución…”. Yo le recordaba que, “Esto también ocurrió en el poblado de Tútugi (Galera), expoliaron arqueólogos y paisanos, incluso en Baza. Pero esto no quita la obligación del ayuntamiento de conservar el patrimonio histórico”. A continuación, el historiador Miguel Ángel Rivas Hernández expuso estos razonamientos:

“Esta es la triste realidad de nuestras comarcas respecto al Patrimonio Histórico-Artístico local. Qué país es este el nuestro que da más importancia a los purines que a la preservación de la Historia. Por desgracia para nosotros no todos son Galera (bien para ellos). Piensan los defensores de las macrogranjas que primero es el comer y después el conocer la Historia. Ocurre lo mismo con los defensores de poner contadores de agua en el campo y tuberías para el riego, dado que el agua escasea y la desertización avanza. Por desgracia no hay ningún lumbreras que sea capaz de conciliar ambos intereses, los públicos con los privados. Fijaos lo que ocurre en Galera por ejemplo: la visita al yacimiento argárico y a Tútugi ha estado detrás -y lo sigue estando- de su oferta cultural (Museo Arqueológico y yacimientos) y gastronómica (latas de cordero y vino Galeyra), religiosa (iglesia parroquial), ligada a la historia de los Moriscos. Esto atrae desde colegios a particulares y le imprime carácter y personalidad. No hay que olvidar que nuestras comarcas se encuentran en el furgón de cola de la economía del norte de Granada, junto con el norte de la cercana Almería. Comarcas que curiosamente editan varias revistas de Historia de gran interés: Boletín del Centro de Estudios Pedro Suárez, Revista Velezana y Bastetania, entre otras, que ponen de manifiesto la gran riqueza histórica, documental y arqueológica del Altiplano granadino, Vélez Rubio y Vélez Blanco, Baza, Guadix, Cenete, etcétera. Paradójicamente, en todas ellas la protección de la Junta de Andalucía y la propia dinámica social de las comarcas han propiciado un enorme vacío, cuando no la abulia y el olvido de su olvidado y rico patrimonio. Palacios y conventos abandonados, baños árabes en franco proceso de deterioro, molinos harineros y ventas de arrieros, desaparecidos o arruinados, aljibes de campo y balsas de riego encenagados... pero, eso sí, central fotovoltaica del Marquesado y aerogeneradores sepultando el viejo camino real que lo atraviesa junto al ferrocarril hacia Almería y elevando la temperatura global del entorno, la extracción de agua del acuífero que es la divisoria de aguas entre el Atlántico y el Mediterráneo que es el llano, granjas de cerdos, gallinas y conejos que bordean la A-92, un Geoparque que no termina de arrancar y que se disputan Granada, Guadix y Montes Orientales, etcétera. Esta triste realidad apenas se pone de manifiesto con algunas iniciativas como las que conocemos a través del Boletín del Centro de Estudios Pedro Suárez y dichas revistas.  Esta es la realidad que hay que cambiar”.

Y esta fue mi respuesta: “Expones muy bien la situación, Miguel Ángel, porque conoces la historia de estas comarcas, que son de las más pobres de la Unión Europea. Cada pueblo elige su alcalde y su destino, unos apuestan por el patrimonio y el turismo y otros por las macrogranjas, como vemos. Tenemos el Geoparque pero los inversores murcianos instalan macrogranjas (la Junta busca inversores foráneos), pero en el patrimonio histórico se podría decir, como en el siglo XIX, creo que fue Ángel Ganivet, que se gastaba más dinero en las caballerías del Ejército que en la conservación de la Alhambra, que estaba casi abandonada y en ruinas. En Orce, Galera, Gorafe, Fonelas... se están viendo los resultados con subvenciones de la Junta y de los citados pueblos, pero creo que se pueden crear puestos de trabajo (aunque el Altiplano se está despoblando) y conservar el patrimonio histórico. Habría que procurar que no se perdiera más patrimonio, pues se ha perdido mucho y se ha llegado a veces demasiado tarde”. Finalizaba el artículo, con estas reflexiones: “Sé que a muchos les preocupa el patrimonio histórico, pero lo cierto es que nadie reclama ni dice nada por lo que las Cuevas de la Morería y de Los Carriones, y el poblado argárico de la Balúnca, siguen en ruinas desde hace siglos. Los ayuntamientos de Galera, Orce y Castril hace años que invierten en los yacimientos arqueológicos y en el turismo rural, por lo que son bastante conocidos en España. Sin embargo, el Ayuntamiento de Castilléjar apostó por las macrogranjas y sus ganancias, por lo que ya son muchos los ‘castillejanos’ que se quejan de los malos olores y de la contaminación de los purines. En definitiva, cada pueblo tiene los gobernantes y el patrimonio que se merece”.

 4.  EL DESCUBRIMIENTO DEL CASTILLO Y DE LA CUEVA

 


Restos de la torre. 
Foto del autor

 

El 23 de julio realizan una visita a las excavaciones del antiguo castillo y a la cueva de la Morería, el alcalde de Castilléjar y algunos arqueólogos, acompañados de varios vecinos. La exalcaldesa, Josefa Carasa, me envió un audio del que entresaco estas explicaciones del arqueólogo José María Martín Civantos, que es el encargado de la excavación: “Hay restos visibles de la torre, el Murallón, en el encofrado tapial, que era de calicanto. Será visitable, recuperando así la historia de Castilléjar. La idea es asomarnos a la Morería y a la vega para entender el entorno, pues la vega con sus regadíos ha sido la subsistencia en los últimos mil años. Esto le da sentido a la Morería. Debajo del castillo tenemos un granero fortificado, son cuevas sencillas, de una habitación de tres o cuatro metros, de largo, comunicadas entre sí. Son parecidas a las que existen en el Rif (Marruecos) y en la zona de Túnez, de los siglos VIII y XIX, donde utilizan palos o escalas para subir. La reconquista de Castilléjar se produce en 1488, cada cueva era de una familia morisca –eran familias numerosas y tenían una estructura tribal– y aquí guardan el trigo, las legumbres, los documentos de propiedad o la dote para la hija. A las cuevas les falta una parte que se ha ido cayendo, mientras que las hafas de [2]Puente Arriba se han conservado mejor. El castillo y las cuevas son dos estructuras defensivas, que son complementarias. El castillo es público y pertenece a los vecinos, y está abastecido de agua, leña…, para defenderse de los ataques. Hay más castillo de lo que esperábamos, aunque tiene rellenos, se conserva la estructura. Las murallas están hechas con morteros de cal, arena y tierra, pero tuvo derrumbes. El murete pensamos que era del castillo, en Benamaurel está el murallón y la hafa, igual que en el castillo de Benzalema, en Zújar. El murallón lo derribó Quico ‘el Coca’, el antiguo propietario, en los años setenta. Tenemos que ir excavando esta semana, esto era una marranera y más allá, al final de la cueva, se ve la vega. La chimenea tiene un secreto, está rellena de tierra suelta y de  trozos de cerámica, hay tres metros de relleno contra la muralla”. 

Al final, el alcalde, Emilio Sánchez, dirige unas palabras a los asistentes: “Un día se nos presentó esta cueva, que era de la heredera de Quico ‘el Coca’. Tuvimos una  subvención de la Diputación y la ayuda de la Universidad. Queremos hacer un  proyecto y un mirador bonico hacia la vega, a largo plazo, y vamos a continuar. Doy las gracias a José María…”. La citada cueva tiene un pozo de más de diez metros, que fue excavado por el antiguo dueño, con el objeto de acceder a las cuevas de la Morería, pero años después lo rellenó de nuevo. Ahora han tenido que sacar el relleno del pozo (se baja por una escalera metálica) y excavar una mina para acceder a una habitación de la Morería.

 5.                  el “Centro de Estudios Pedro Suárez”

 


“El Murallón”, como era conocido en Castilléjar. Foto de MEMOLab

 

El 30 de julio, el “Centro de Estudios Pedro Suárez” publica varias fotos de las excavaciones en Facebook, con este texto: “Castilléjar descubre su castillo. Siglos de abandono y transformación habían perdido toda memoria del castillo andalusí de Castilléjar, considerado por muchos como una simple atalaya. Sin embargo, las excavaciones dirigidas por el equipo MEMOLab demuestran la importancia de este enclave nazarí en los años en que fue frontera del reino de Granada con Castilla. Hasta 5 obras de reforma y ampliación, incluyendo la construcción de una antemuralla, han podido documentarse en esta fase. Al tiempo que lo pone en relación con las cuevas de la Morería y otras del entorno, como silos para el almacenamiento de grano”. El historiador y profesor, Miguel Ángel Rivas Hernández, comenta en la página del “Centro de Estudios Pedro Suárez”: “He aquí cómo en Castilléjar, después de mucho tiempo y mucha tinta sobre papel han terminado concienciándose de la necesidad de recuperar el pasado en todas sus dimensiones. Está claro que el castillo o alcazaba se halla estrechamente unido con las cuevas por cuyo reconocimiento tanto ha luchado Leandro. Magnífica decisión que ojalá imiten otras localidades”. Y este autor le contesta: “Gracias por acordarte, Miguel Ángel. Yo llevaba años luchando y publicando pero nadie me hacía caso, mientras que las cuevas de la Morería se estaban desmoronando sin remisión. En ti tengo un ejemplo a seguir, por lo mucho que quieres y has escrito sobre la historia de tu pueblo, Huéneja. Por encima del Murallón del antiguo castillo de Castilléjar había una atalaya, pero un vecino la derrumbó en los años setenta, pensando que escondía oro desde el tiempo de los moros”. Miguel Ángel Rivas interviene de nuevo: “Gracias por tus palabras, Leandro. La defensa del patrimonio histórico se hace casi siempre ante la incomprensión de los vecinos afectados para quienes "lo viejo" debe derruirse. Después, cuando se quiere corregir ese fallo es ya demasiado tarde. Por eso la labor de los historiadores debe ser la de recoger por escrito todo lo ‘antiguo’ para concienciar al pueblo de lo que debe de respetarse para que pase a las generaciones futuras su conocimiento, al menos”.

El castillejarano, José Miguel Ortiz, hace estas observaciones: “Eso que se ve, más que muralla era atalaya. Todas las atalayas de la zona, hasta una altura de unos tres metros, más o menos, estaban rellenas de tierra compactada, que es lo que se ve en la foto, la piedra que lo cubría estará en las tapias de los antiguos corrales del barranco. Estoy seguro que en su época, desde la atalaya, se podría observar las demás torres, la del Campo Valentín, en la carretera de Huéscar a Castril, la de la Sierra del Muerto y las de Sierra de la Encantada y Botardo, en Huéscar, o las de la Sierra de la Umbría y el Salar en Orce, al igual que la atalaya que hay en Fuente Amarga, que pertenece a Galera. Desde cualquier atalaya de esas se pueden ver todas. Hay otras como la de Ozmín, que es la única de planta rectangular y se encuentra frente al cortijo Ros, y la del Salto del Moro, que está en la Sierra Bermeja, frente al camino de las Santas, en Huéscar”.

 6.   valor histórico y cultural


 
Aspecto de la desaparecida torre, en 1928. Foto del médico Eliseo Avellán


Josefa Carasa me envió un segundo audio, el 31 de julio, donde varios arqueólogos explican a los vecinos de Castilléjar, los resultados de las excavaciones del castillo, que están llevando a cabo estos días. El alcalde, Emilio Sánchez, presenta al arqueólogo, José María Martín Civantos, de la Universidad de Granada, y al equipo MEMOLab (Laboratorio de Arqueología Biocultural), con los técnicos y compañeros, que han realizado la primera intervención: “Ha costado trabajo empezar, pero nunca esperábamos estos resultados, pues fue complicado: murallas y habitaciones enteras. Hoy ha venido Miguel Castellano, de Patrimonio de la Diputación, que va a financiar la segunda fase. Estuvo Leonor, con el tema de la recuperación de las semillas antiguas. Vamos a seguir y se va a quedar un conjunto precioso. Doy las gracias a los estudiantes de arqueología y de historia del arte, y a vosotros…”. Seguidamente, interviene el arqueólogo José María: “Es una alegría presentar los resultados de la intervención arqueológica, que han tenido unos preliminares muy interesantes. El castillo y las cuevas de la Morería tienen un enorme valor histórico y cultural, con el agua forman un oasis, y las cuevas eran un granero fortificado. El uso del agua y del regadío tiene más de mil años y es la historia de los campesinos de la comarca. Quiero destacar la labor del equipo de trabajo: el topógrafo, el especialista de cerámicas, la colaboración del equipo geológico de España, así como del equipo espeleológico de los Vélez, que se descolgó hasta las cuevas. Vino también de Madrid una especialista en estudio de semillas. Las cuevas tienen tres niveles de depósitos: las piedras, la paja para el ganado y las semillas, como trigo y cebada. También hemos encontrado cerámicas de los siglos XII y XIII”. Otro arqueólogo hace estas precisiones: “Llevamos dos semanas de intenso calor. El castillejo es un gran castillo, los resultados son interesantes y hay un nuevo castillo en la provincia de Granada. Desde el siglo XII hasta su reconquista, Castilléjar ha estado en la primera línea de la frontera. El castillo con las cuevas y la agricultura han sido la base de la subsistencia. Es un hito dentro de la comarca”. Un miembro del equipo destacó la financiación de la Diputación y la labor desinteresada de los estudiantes de arqueología, conservacionistas y de secundaria, así como la comida que les han llevado algunos vecinos del pueblo y el permiso que otro les ha dado para excavar.



Estudiantes voluntarios, durante la excavación. Foto del ayuntamiento


Según me informó mi paisano, Ángel Linares, los estudiantes voluntarios trabajaban en la excavación, desde las 6 de la mañana hasta las 13:30 horas, a pesar de las temperaturas, de hasta más de cuarenta grados, que han hecho durante el mes de agosto, y dormían en una nave que tiene el Ayuntamiento en el barrio de Los Evangelistas. Ha tenido que ser un trabajo agotador, vaya nuestro agradecimiento a cuantos han colaborado en la excavación. Los trabajos se espera que continúen en octubre. Ángel me aclara que, encima de la cueva de Quico 'el Coca' no había una atalaya, como se creía, sino que la excavación ha puesto al descubierto que había una torre. Quiero finalizar con esta frase que Miguel Ángel Rivas me ha enviado por correo electrónico: “El tiempo y tu buen hacer espero que consigan hacer reconocer a los responsables de la Junta de Andalucía que este patrimonio que conserváis es más importante que los purines que os amenazan. ¿Es que no son capaces de ver que lo que ahora parece hallarse en franca decadencia o desaparición puede ser lo que más adelante dé prosperidad a esa tierra que tan abandonada ha estado a lo largo del tiempo?”.

Todos esperamos que la Junta de Andalucía ofrezca su colaboración, junto a la Diputación y la Universidad de Granada, en la excavación de la torre (castillejo) que le da nombre a Castilléjar, y en la conservación y apuntalamiento de las cuevas moriscas, en completo estado de ruina. Y que la Consejería de Cultura declare Bien de Interés Cultural (BIC) las cuevas de la Morería. Es de desear que con el descubrimiento de la antigua torre, con las cuevas moriscas y con el Ecomuseo, Castilléjar salga del ostracismo y del abandono de siglos y que recupere su historia y su identidad. Estoy seguro que, con esta oferta cultural, con sus paisajes insólitos y su gastronomía, atraerá las visitas de colegios, de particulares y del turismo rural.

 BIBLIOGRAFÍA

Cano García, Gabriel M: Introducción de su libro “La comarca de Baza” (1974).

González Barberán, Vicente: “Las cuevas, sus barrios y su origen en nuestra tierra”, publicado en la revista “La Sagra” (marzo de 1981).

Lasaosa Castellanos y Ron Cáceres: “Arquitectura subterránea” (1989).

García Casanova, Leandro: “Las cuevas moriscas de Castilléjar” (2014).

García Casanova, Leandro: “Leandro: Castilleja de los Rios en blanco y negro” (2020).

FOTOS

Envío siete fotos, con pie de texto:

1. 723/3 Aspecto de la excavación, con Castilléjar y los Barrancos al fondo. Foto de MEMOLab.

2. Cuevas de la Morería, mayo de 2022. Foto del autor.

3. Cuevas moriscas de Los Carriones. Foto del autor.

4. 357 Restos de la torre. Foto del autor.

5. “El Murallón”, como era conocido en Castiilléjar. Foto de MEMOLab.

6. Aspecto de la desaparecida torre, en el barrio de San Marcos, en 1928. Foto del médico Eliseo Avellán.

7. Estudiantes voluntarios durante la excavación. Foto del Ayuntamiento.

Las Gabias, 18 de agosto de 2022

Leandro García Casanova




[1] “Me gusta más el gentilicio “castillejanos”, de Castilleja de los Rios…. Entre los años veinte y cuarenta del siglo pasado cambiaron el topónimo por Castilléjar, luego suprimieron el apellido De los Rios y ya desgraciaron el pueblo”. Copiado  del prólogo de mi libro “Leandro: Castilleja de los Rios en blanco y negro” (2020).

[2] Aldea de Benamaurel.

Posdata. Esta es la colaboración que envié para el Boletín, del ‘Centro de Estudios Pedro Suárez’, tal cual, como no la publicaron ni recibí ninguna comunicación (¿para qué?), envié una reclamación al presidente pidiéndole los informes de los evaluadores. Según estos, mi trabajo no cumple las normas de edición incluso un informador utiliza ataques personales y me denigra, como puede verse en el informe escaneado de abajo (a la derecha),  todo ello con la aprobación del presidente. Este informe lleva la misma fecha que mi reclamación, 10 de marzo, y lo encargó el presidente. Debo señalar que en “el Boletín número 33, de 2020, vienen 11 artículos de miembros y 19 de investigadores, o lo que sean, ajenos al CEPS. Y en el Boletín, número 35, de 2022, vienen 23 trabajos publicados: 8 son de miembros del CEPS, mientras que los 15 restantes (casi el doble) son de personas ajenas”, se supone que son amigos del presidente. Entre los miembros incluyo la memoria del secretario, pero no puede ser considerado como un trabajo de investigación. Muchos de estos trabajos ni siquiera cumplen las normas de edición, que nos exigen a los miembros. El descubrimiento del castillo y de las cuevas ocurrió tal y como lo describo (el CEPS también se hizo eco de la noticia en su página de Facebook, lo mismo que los medios), con dos audios que me envió la exalcaldesa, donde los arqueólogos y el alcalde de Castilléjar dan explicaciones de la excavación al público asistente, comentarios de testigos y de historiadores, siete fotografías (visité el lugar con posterioridad a los hechos), bibliografía de cinco autores sobre la comarca y las cuevas, etc. Como puede verse en el informe de abajo, el evaluador de marras concede a mi trabajo un punto en los cuatro apartados, cuando la  valoración está entre uno y cinco puntos. La peor nota. Y en los aspectos relevantes, es tanto el cinismo y el desvarío sin límites del evaluador que ahora pasa del insulto a la mentira por sistema (lo subrayado): “La primera imagen está parcialmente velada, los pies de fotos de todas están incompletos en su redacción, no aparece el autor y en alguna no existe el pie de foto”. Sin embargo, las normas de edición no pueden ser más claras: “Los textos se pueden acompañar de gráficos y fotografías…, vayan con sus correspondientes pies de imagen con indicación de autoría y fuente”. A estos extremos hemos llegado en el CEPS.


Valoración de un evaluador


Observaciones del mismo evaluador


viernes, 8 de septiembre de 2023

LOS AMIGOS DE DON JOSE MANUEL

 




     El 10 de marzo pasado, le envié una reclamación al presidente del Centro de Estudios Pedro Suárez, de Guadix, don José Manuel Rodríguez, quejándome que en diciembre de 2022 salió publicado el Boletín número 35 del CEPS, en edición digital, sin embargo mi trabajo de investigación El castillo y las cuevas de la Morería (de Castilléjar) no viene publicado e ignoro los motivos. Y de que no he recibido ninguna comunicación de la directora del Boletín (Ana María Gómez, esposa del presidente) motivando por qué no ha admitido mi trabajo, si le faltaba algún dato, requisito o no reunía las condiciones. Al final le pedía que se motivara la no admisión de mi trabajo y que me envíen los informes de los dos revisores anónimos y las recomendaciones o indicaciones oportunas sobre mi trabajo. Incluyo este párrafo de la reclamación: 2.    El descubrimiento del castillo del siglo XII, en Castilléjar, y el acceso a las cuevas de la Morería tras un siglo de aislamiento, perforando una cueva contigua, por el equipo Memolab, dirigido por el arqueólogo José María Martín Civantos, fue todo un acontecimiento del que se hizo eco la prensa granadina y andaluza, a finales de julio del pasado año. Sin embargo, mi trabajo sobre este importante descubrimiento arqueológico, destacando el contexto histórico, la defensa del patrimonio, el valor histórico y cultural y hasta la publicación en la página de Facebookdel CEPS, no ha sido admitido y se ha preferido publicar temas que no han salido en la prensa y escritos por quienes no son miembros. ¿Qué criterios de evaluación han aplicado para rechazar un tema mediático, como es un  hallazgo arqueológico de hace nueve siglos…”.

 Unos días después, recibí un correo electrónico del presidente: Una vez recabados los informes de valoración, que en tu caso han sido 4 (en lugar de los 2 preceptivos), te los hago llegar. De nuevo le envío un correo al presidente, el 24 de marzo, quejándome de las irregularidades que observo (copio el párrafo): “Aunque los informes son negativos, qué menos que comunicarme las deficiencias y las posibles modificaciones, antes de la publicación del Boletín (…). Este cuarto informe de última hora tiene fecha de recepción el 10/03/2023, precisamente el mismo día que te envié la reclamación por correo electrónico, por lo que resulta chocante la coincidencia de fechas”. Reproduzco casi íntegras las observaciones del evaluador: En mi modesta opinión, este trabajo no presenta los requisitos mínimos para su publicación en el boletín del CEPS. En todo caso se trata de un artículo, nada riguroso e incoherente, propio de un blog informal o de un texto de memorias personales a la baja. Hay afirmaciones sin respaldo bibliográfico, no presenta fuentes primarias (pero no especifica), ni notas a pie de página (hay dos, habrá que pensar si ha leído el trabajo). (…). Este amago de artículo pseudo periodístico no aporta ningún valor en el conocimiento científico del patrimonio. Las citas textuales sobre comentarios en las redes sociales y las declaraciones de los políticos locales demuestran que se trata de un género de trabajo inclasificable. Además, hay errores conceptuales y cronológicos de calado, entre cuevas almohades y cuevas moriscas, un poblado ibérico que después es un poblado argárico…

 

Sin embargo, no concreta dónde están los errores conceptuales y cronológicos de calado, y es cierto que falta la conclusión pero del último párrafo se deduce claramente… Dan vergüenza ajena los ataques personales, las expresiones despectivas y zafias que utiliza el evaluador, lejos de  la imparcialidad, objetividad y seriedad que deben tener los informes. Se sirve del informe para insultarme y difamarme, incluso califica el trabajo como si fuera un fraude, pero lo más grave es que lo hace con total impunidad y con el visto bueno del presidente. En estos casos, lo lógico es indicar al investigador que corrija esto, que aquello no es adecuado o no cumple las normas. Sin embargo, el evaluador no prueba nada sino que se inventa toda esta bazofia con el objeto de hacer daño. Me gustaría decirle a este tipo que he editado cuatro libros y que me han publicado artículos en Ideal durante cuatro años y en La Opinión de Granada durante tres años, así como en el ABC de Sevilla, por no hablar de los premios literarios que me han concedido. No se entiende que una asociación cuyo objeto es investigar, conservar y difundir el patrimonio histórico de las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar, avale un informe que rechaza con insultos y burdas descalificaciones mi trabajo sobre el hallazgo arqueológico de un castillo del siglo XII y el acceso a las cuevas de la Morería, violando además la dignidad y los derechos más elementales de las personas. Habrá que recordar que el CEPS, en su estructura interna y funcionamiento, debe ser democrático como establece la Constitución.

 

En el Boletín número 33, de 2020, vienen 11 artículos de miembros y 19 de investigadores, o lo que sean, ajenos al CEPS. Y en el Boletín número 35, de 2022, vienen 23 trabajos: 8 son de miembros del CEPS, mientras que los 15 restantes (casi el doble) son de personas ajenas. Y en este plan, a unos les sirve para hacer méritos académicos y al presidente para hacer amistades por el mundo y prodigarse en los medios. En mi escrito, le recuerdo al presidente que algunos trabajos ajenos no cumplen con los criterios y los aspectos relevantes que exigen las Normas de presentación. Sin embargo, les aplican una doble vara de medir. Nada de extraño tiene que haya mucho descontento entre los compañeros del CEPS: se quejan porque en los últimos años se han elevado inexplicablemente las exigencias de manera que no les publican los trabajos. Como dice un compañero, ¿de qué nos sirve celebrar nuestro treinta y cinco aniversario, cuando se excluyen a los miembros en favor de otros? Seguro que ellos, no tienen problemas para publicar. Un miembro publicó un libro con una editorial y el presidente le prometió que el CEPS le compraría cincuenta ejemplares. Al final no cumplió lo prometido y este miembro ya no envía colaboraciones al Boletín ni asiste a las asambleas desde hace años, porque está desengañado. Otro me dijo que desde hace tiempo no envía artículos porque no se los publican y hasta miembros históricos confiesan que están pensando en marcharse. Y así, unos y otros se van desengañando.

 

A la vista de las últimas publicaciones, es evidente que el presidente ha puesto el Boletín al servicio de sus amigos mientras se excluyen con excusas y sin contemplaciones las colaboraciones de los miembros. Al mismo tiempo se prodiga en los medios de comunicación, sacándole un buen rendimiento al cargo y, en este plan, dirige el CEPS como si fuera su cortijo. Y esta es la razón por la que ponen tantas trabas y obstáculos a la publicación de los artículos, por lo que el presidente deberá explicar en la próxima asamblea a qué se debe este doble rasero y con qué derecho un evaluador insulta y descalifica en su informe a un miembro (con su complicidad), porque le ha pedido explicaciones por su colaboración.

Copio este párrafo de mi reclamación al presidente: “El Boletín no puede estar dirigido por una sola persona, que publica o no los trabajos sin siquiera informar a los miembros interesados. Debe de haber un consejo editorial efectivo, que controle y dirija los trabajos presentados, con un baremo imparcial, para que no ocurran las arbitrariedades que he padecido y he tratado de demostrar. Considero que deben cambiar las normas de publicación, de manera que sean más transparentes, proporcionales, adecuadas y equitativas, para que los miembros podamos ser informados de nuestros trabajos y para que el Boletín esté al servicio de todos. Entre todos podemos ceder y tratar de llegar a acuerdos. Por todas estas razones, te pido que se trate el tema del consejo editorial y de los trabajos presentados en la próxima asamblea”. Los miembros del CEPS tendremos que decidir si queremos que nuestros trabajos salgan publicados en el Boletín, o que el presidente lo siga utilizando para sus amigos.




martes, 29 de agosto de 2023

CARLOS ASENJO, MEMORIA DE UN SIGLO

 

Carlos Asenjo, a la izquierda. Foto de Granada Hoy


Sobre las 11:30 de la mañana caminaba con un antiguo amigo por la Avenida de Medina Olmos, de Guadix, y me paré a saludar al historiador Carlos Asenjo y a Jesús Gil, que estaban sentados en la terraza de un bar. Por indicación de Jesús, nos sentamos con ellos. A este lo conozco desde 1995, cuando era secretario general del Delegado de Agricultura, de la Junta de Andalucía, mientras que yo acababa de llegar a la Delegación de Medio Ambiente. Entonces, ambas delegaciones se encontraban en el mismo edificio de la Gran Vía, de Granada, junto al antiguo Gobierno Civil. Con el tiempo hicimos amistad y hará un año que nos encontramos de casualidad en la Plaza de las Palomas, de Guadix, pues en el verano se traslada a la casa que tiene frente a la Catedral. Han pasado veintiocho años, casi en un soplo, pero, cada vez que nos vemos nos saludamos como viejos amigos aunque vivimos alejados el uno del otro. Le digo en broma a Carlos Asenjo que tiene que escribir una carta a los filipenses, recordando las famosas cartas del apóstol San Pablo a los primeros cristianos.

Estatua dedicada a Pedro A. de Alarcón


 El historiador es una enciclopedia, me va contando episodios de la Guerra Civil en Guadix donde fue muy cruenta. Le explico que mi tío abuelo paterno pasó la guerra en la Catedral de Guadix, que entonces estaba ocupada por el ejército republicano, mientras que mi abuelo materno estuvo trabajando como prisionero en la carretera de Jéres del Marquesado, por pertenecer a la derecha. Ellos no se conocieron, ni siquiera después de la guerra. Carlos me habla de los destrozos e incendios en la Plaza de las Palomas, de los bombardeos… Nació en 1928 y tenía  ocho  años cuando comenzó la guerra, aunque poco después su familia se marchó a Alcudia, como cuenta su hermano José Asenjo en Conversación sobre la Guerra (1977). Le dediqué un artículo a esta novela que apenas se conoce en Guadix. A continuación hablamos del insigne escritor Pedro Antonio de Alarcón, que se marchó de Guadix con el propósito de no volver, y Carlos me recuerda que en los años cincuenta el Ayuntamiento le levantó la estatua en el parque que lleva su nombre, aunque yo creía que había sido por suscripción popular. También me habla de la tertulia que hacen en la terraza de la plaza del Campillo, en Granada, Jesús Gil, Pascual Dengra y algunos amigos más, donde se habla de literatura, política o del tema que toque. Yo asistí alguna vez a la tertulia, hace años, pero al residir en Las Gabias me resultaba complicado desplazarme.



Avenida Medina Olmos, de Guadix

 




Carlos Asenjo es la memoria viva de Guadix, confiesa que ahora escribe menos porque ve poco y solo oye por el oído izquierdo, pero es que ya tiene 96 años. Hace siete años le dediqué un artículo a su obra Las cuevas. Un insólito hábitat de Andalucía Oriental (1990). Copio estas frases de la obra: El arte de la alfarería es esplendoroso, pues es una herencia de los moriscos… la cueva era siempre una actitud de espera ahíta de reivindicar la propiedad de la casa, del terruño, de lo ancestral como posesión de los antepasados. Carlos siempre viene a Guadix durante el verano y le gusta sentarse en la terraza de un bar a echar un rato de charla con los amigos, va desgranando sus recuerdos y me habla sobre la obra del historiador Vicente González Barberán, que falleció hace unos meses: éramos amigos, me dice. Le respondo que era el personaje más famoso de Huéscar y que su biblioteca y obra fueron trasladadas por el Ayuntamiento oscense a un archivo  que lleva su nombre. Con motivo de su fallecimiento, publiqué el artículo Conversando con González Barberán, que recojo en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014). De Pascual Dengra, el historiador accitano me cuenta que su mujer apenas puede andar, por lo que apenas sale a la calle. Recuerdo que este guesquerino (hijo del famoso y olvidado maestro, don Pascual Dengra, porque miles de oscenses pasaron por su escuela unitaria) venía a visitarme a la Biblioteca de Andalucía, donde yo trabajaba, y echábamos un rato de charla. Siguiendo con la conversación, Carlos me cuenta la anécdota de un dentista, en el Guadix de los años cincuenta, que le deja la muela a medio sacar a uno, porque decía que era la hora y tenía que marcharse en el coche de un amigo a Granada, donde residía. Al hilo del tema, le digo que en mi pueblo, Castilléjar, había un sacamuelas que las sacaba con unos alicates y para ello ponía la pierna en el pecho del susodicho (como diría Carlos) para hacer fuerzas, según me contaron. Era también barbero y recuerdo que yo era un crío cuando me pelaba. Sobre las 12:45 horas vino Eugenio, el hijo de Carlos, para llevárselo y ya nos despedimos: Eres la memoria de un siglo, le dije a modo de despedida mientras se alejaba con pasos cansados. Media hora antes habían llegado dos jóvenes de la familia de Jesús Gil para acompañarlo, hace dos años le dio un infarto pero se ha recuperado. El caso es que escribo este artículo de verano porque conviene recordar a los viejos amigos y a los personajes ilustres.

 

IDEAL EN CLASE 

viernes, 11 de agosto de 2023

LOS ROMANCES DE CIEGO, DE PEPE DOMINGO

 

En Castilléjar, 23 abril 2003. Foto Miriam Teruel




Pepe Domingo murió, durante la sofocante madrugada del 9 de agosto de 2005, en Galera, a la edad de 79 años. Nadie mejor que él recitaba los romances de ciego, de manera que todos los años lo llamaban para el Encuentro de Escritores, que se celebra en Castilléjar. Había que ver la pasión que ponía al declamar los romances. Él me contaba que, cuando era un niño, se pasaba por Galera un ciego, llamado Bernabé. Éste cantaba en la Plaza Mayor aquellos romances poéticos, sobre un suceso o una historia y, luego, escritos a pluma en unas viejas cuartillas, los iba vendiendo por la calle al precio de unos céntimos. Los pliegos de cordel eran obras populares, como romances, novelas cortas, comedias, vidas de santos, etc., que se imprimían en pliegos sueltos y, para venderlos, se solían colgar de unos bramantes puestos en los portales, tiendas y mercados. El pliego suelto era un artículo impreso, que vendían los ciegos cantores desde los primeros tiempos de la imprenta, en el siglo XV. De aquí le venía la afición a Pepe, de manera que componía la poesía y la conservaba, durante años, en su prodigiosa memoria.

 El domingo, día 8, observé junto a él, sentados en un banco de los jardines –pues ya no podía andar mucho–, el paso de la célebre procesión y, casi sin fuerzas, gritó: ¡Viva el Cristo de la Expiración!, pues era muy religioso y, además, hermano de la Hermandad de las Ánimas. Momentos antes me había dicho, tú grita conmigo. Es curioso, aquel ¡Viva el Cristo de la Expiración”, le sirvió para expirar al día siguiente. La religión tiene estas extrañas coincidencias, aunque uno no cree mucho en estas cosas. Su hija Ángeles –que cuidó siempre de él– había muerto hacía seis meses, pero Pepe ya no se recuperó del golpe; es más, en los últimos días se encontraba bastante débil y no hacía más que mentarla. A veces tengo la impresión como si Ángeles hubiera tirado de su padre para cuidarlo, y ahora están allí juntos, uno al lado del otro, en el viejo cementerio de Galera. Hace tiempo que aprendí de memoria estos sencillos y entrañables versos –¿por qué me dicen tanto?–, aunque los galerinos no supieron apreciar la valía de este hombre: 

En Galera, con Carmen y mi madre, 1949


 ¡Galera, pueblo querido, nunca te podré olvidar!, / con tus calles tan derechas para poder pasear, / tus cuevas-casas tan lindas para poder descansar. / Extranjeros y españoles que vienen a disfrutar, / con tus tres puentes hermosos que cruzan nuestra ciudad; / con un río caudaloso que lleva un buen caudal. / ¡Que al Santo Cristo Bendito todos podamos rogar!, / que nos dé salud y suerte para poderle cantar / unas coplas de la Aurora y otras en Navidad. / ¡Pepe Domingo se llama este compositor! En la iglesia no cabía un alma durante el funeral y, ahora, es de esperar que la figura oronda de Pepe el Bueno se agrande con el paso del tiempo. Que la tierra que tanto amaste –la República Tutugiensis, como solían llamarla los romanos– te sea leve: Sit tibi terra levis.

 Posdata: en la lápida, sus cuatro hijos tuvieron el detalle de escribirle unos versos, mientras que en el nicho de Ángeles nunca falta un ramo de rosas. Recordaré siempre a Pepe, mi tío político, cuando me recitaba en su casa la famosa coplilla, Galera es una gran capital, tiene un puente de hierro y una máquina de aventar. Yo lo propuse en Castilléjar para que declamara y su hija Rosario lo llevó en dos ocasiones, al final fue el que más aplausos cosechó en el Teatro-Cine.

Publicado en La Opinión de Granada,  el 12 de agosto de 2005, y en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014).

sábado, 5 de agosto de 2023

AQUEL SUEÑO DE LA INFANCIA

 

Emigrantes, en la estación de Baza. 1978





A principios de los años sesenta tenía yo unos diez años y, por las tardes, me entretenía en quitarle las fajas de papel a los cuatro o cinco periódicos, que entonces llegaban a mi pueblo. Venían siempre con un día de retraso, en la vieja autedia de los Simones de Baza, por aquellos caminos carreteros de polvo y de tierra. Recuerdo que eran el ABC, el YA y PUEBLO de Madrid, el PATRIA e IDEAL de Granada. Me aficioné pronto y, a través de ellos, me asomaba al mundo y me enteraba de lo que ocurría al otro lado de los cerros: el asesinato de Kennedy en 1963, o la muerte del Papa Juan XXIII. Por las mañanas, sonaba por RNE en Murcia –porque las emisoras de Granada no se oían en la comarca del Altiplano– la pegadiza melodía de Protagonistas, nosotros, y por Radio Jaén daban el tostón los machacones anuncios de gaseosa La Revoltosa, o bien entre los novios se juraban amor eterno: Para la niña que yo más quiero... El parte de las dos y media (las noticias, el nombre venía de los partes de guerra que daban a diario) se oía siempre en la vieja radio de mi casa y lo anunciaba la marcha cuartelera de la banda del tirirí: Su excelencia, el jefe del Estado...

 

En el gallinero del Cine de Manolo me divertía con las ocurrencias de Pepe Isbert –siempre con su boina–, en medio del ruido de las cáscaras de pipas y algún que otro pescozón de los zagales. Y por entonces, todos los niños de España queríamos parecernos a Joselito. Pero, con el tiempo, el pequeño ruiseñor se fue quedando retaco y cabezón, mientras todos los demás crecíamos como Dios manda y haciendo cola para que nos dieran una bolsa de leche en polvo americana, que se te quedaba pegada en el cielo de la boca. En España, entonces el ministro López Rodó aprobaba el Primer Plan de Desarrollo y un periódico valía dos pesetas. En Granada solamente se podían estudiar cuatro carreras: Derecho, Medicina, Farmacia y Filosofía. En el Altiplano se sembraba la remolacha y el cáñamo, el esparto se cogía por arrobas mientras que la emigración clandestina era una auténtica sangría: había que ver aquellas escenas dramáticas donde las familias quedaban deshechas para siempre.

 

En las frías mañanas de invierno nos formaban en el sombrío patio de las escuelas y, mientras se izaba la bandera, todos los niños cantábamos el Cara al sol: ...que en España empieza a amanecer... Recuerdo también que me costaba horrores aprender aquellos conceptos huecos y grandilocuentes de la Enciclopedia del maestro Álvarez: El tercer mandamiento de la Iglesia es comulgar por Pascua florida. Y cuando nos desmandábamos, don Pedro, el maestro, que era algo sordo, ponía las cosas en su sitio: nos arreaba unos cuantos correazos y sanseacabó. En aquella época mi padre era el corresponsal del Patria en el pueblo –el carné lo guardo como una reliquia–, pero sospecho que nunca llegó a enviar ninguna crónica. Entonces –como Luther King–, yo tenía un sueño: enviar un apasionado escrito al periódico sobre algún partido de fútbol o un evento local: Ayer tuvo lugar en Castilléjar un reñido y emocionante encuentro de fútbol...

 

Pero allí no se movía ni una mosca y el sueño jamás se cumplió. Entonces me consolaba escribiendo a máquina la aventura que nos suponía cada partido de fútbol. Si el partido era en Galera, hacíamos unos dieciséis kilómetros en bicicleta por caminos de herradura, jugábamos a la pelota y regresábamos de noche, a veces con la rueda pinchada y la bicicleta al hombro. Llegábamos reventados, pero siempre lo hacíamos cantando para que nos oyeran. Y por las noches, matábamos la afición oyendo Radiogaceta de los deportes; y un buen un día, en el viejo estadio de Los Cármenes, no podía creer lo que estaba viendo: allí estaban pasándose la pelota Amancio, Pirri, Gento, Velázquez..., a escasos metros de donde yo estaba.


Comida en el campo. Castilléjar,1965


 

 Pero aquella tierra de frontera está siempre  abandonada a su suerte: donde los jóvenes tienen que emigrar, porque no hay trabajo; donde los pueblos se están quedando casi vacíos, porque el tiempo parece haberse detenido; y donde antes se extendía la vega hoy amarillean los rastrojos, porque ya no están las manos de escarcha del campesino que la cultivaba. Cuando llegas a Baza, junto al Cerro de Jabalcón, destaca a lo lejos el alma de emigrante de la madre Sagra, que estos días de primavera luce su toquilla blanca.

Publicado en Ideal, el 26 de abril de 2002 y en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014).

Posdata. En la foto de la estación de Baza, en la bolsa de plástico de la joven se lee: Castillo, El zapato grande, Baza.