![]() |
| Imagen de la Virgen de Lourdes, Los Carriones. Años sesenta |
Dedicado a los vecinos de Los Carriones y a Radio Castilléjar
De Carmen García nadie diría que ha sido maestra, porque se la ve entre sencilla y alegre. Lleva un pañuelo anudado al cuello y, mientras habla, va moviendo las manos como tratando de darle sentido a sus palabras. Pero a sus 77 años, ¡quién lo diría!, Carmen parece que está disfrutando de la madurez y no de la jubilación. La encontré en El Salto, en la cueva de una vecina, que estaba de matanza. Había dos enormes marranos colgados en la pared y abiertos en canal –los marranicos de San Antón–, un enorme barreño de carne picada y la negra caldera de Pedro Botero, encima de las trébedes y a todo gas. Mientras que las ricas morcillas se inflan tanto que lo mismo te pegan un ‘explotío’. En la cueva había varias mujeres, porque ellas son muy ‘apañosas’ para estas cosas. Te cogen la máquina del embutido y la recalcan de carne picada; luego le dan media vuelta a la manivela y, por el tubo de escape, van rellenando las tripas de chorizo. O lo que es lo mismo: por aquí meten el marrano y por el canuto va saliendo la longaniza. Y eso cunde una barbaridad... Y luego le atan sus cordelillos y todo, y cuelgan las tripas en los alambres porque a los gatos les gusta mucho la galguería. Y del marrano, ¡pues qué quieres que te diga!, que se aprovecha todo. Desde la ‘carota’ hasta los andares. Lo único que les quitan son las pezuñas postizas. En fin, que le digo cuatro cosas a Carmen, y deja el mandil y nos sentamos a una mesa camilla, a echar una parrafada:
–Cuando vine aquí, en el año 48, me
acogieron con mucho cariño. Yo era muy jovencilla, pues tenía unos veinte años,
y éste fue mi primer destino. Me fui a vivir a la cueva de la tía ‘Anica’ y,
como vieron que yo no tenía experiencia de la vida ni de la escuela, me
trataron como si fuera uno de ellos. Aquí yo fui muy feliz y era amiga de todo
el mundo, que salía y me encontraba con una mujer, pues me iba con ella
‘p’allá’... Entonces, Los Carriones era una calle con el suelo de tierra, las
cuevas a un lado y los bancales al otro. No había agua corriente y la gente iba
a la acequia a lavar y a por agua, con unos grandes cántaros blancos. No había
nada más que la tienda de Ángel, ‘el Capagatos’, la escuela y un salón de
baile. Recuerdo que era una gente sencilla y muy necesitada, y lo mismo
trabajaba el padre, que la madre... En fin, todo el mundo trabajaba. Yo
solamente daba clases por las mañanas, ya que los niños iban a guardar las
cabras o a trabajar en los bancales. Sin embargo, había otros niños que no
venían nunca a la escuela, porque eran de muy lejos, o sólo venían un par de
días a la semana.
Carmen
señala que don Antonio Motos venía a Los Carriones dos veces al año y decía
misa en la escuela
–una antigua casa que todavía se conserva en la era, cerca de la ermita–. Y luego, cuando el párroco se puso enfermo,
vino a sustituirlo don Rafael Torija, que estaba recién salido del seminario.
Éste era joven y bastante abierto, con otras ideas. Años más tarde fue obispo de Ciudad Real y en mayo del 2003 se jubiló,
al cumplir los 75 años.
–Los jueves venía a casa de la tía
‘Anica’ un herrador, que se llamaba Fernando; y allí se juntaba mucha gente, que
venía de los alrededores a que le herraran los animales. Ese día era como una
feria –lo que son las cosas: la simple llegada del herrador se convertía en
todo un acontecimiento–. Recuerdo que todos los domingos iba a misa en
bicicleta a Castilléjar. Pero, al cabo de los cincuenta años, he regresado y me
ha maravillado muchísimo cuando he visto el restaurante de Emilio –éste fue
quien me avisó de la presencia de Carmen–. También las escuelas nuevas y la
cantidad de casas que han hecho, y esas cuevas tan bonitas. Ahora la gente está
más cultivada y sabe más... La maestra doña Natalia vino después que yo, y ella
tendría entonces unos treinta años. La gente me ha dicho que hizo mucho bien al
pueblo. Aquí los que quedan son los que tenían mejor vivir, pero los jóvenes se
han marchado...
El
14 de agosto de 2002, Carmen dio el pregón de las Fiestas de la Virgen de
Lourdes, patrona de Los Carriones.
He aquí un resumen del pregón:
“Tengo que recordar y agradecer las
atenciones que tuvieron para conmigo, en los cuatro cursos en que conviví con
vosotros, a todas las personas que me recibieron con cariño. Sólo quedan los
que fueron mis alumnos y algunos jóvenes que ya habían salido del colegio. Y
todos, mayores ya, con hijos y nietos, pero igual de acogedores que sus padres.
No puedo por menos de recordar a los que se fueron... Me alegro de que hayáis
prosperado, de que tengáis una vida mejor y hayáis podido dar a vuestros hijos
un bienestar y una preparación de que habíamos carecido en otros tiempos...
Pero en mi caso se ha cumplido aquello que se dice de que “nunca se olvida el
primer lugar en que se ha trabajado”. Y ya me callo. No sé cómo ha quedado
esto. Yo soy feliz mientras hablo...,
que la Virgen os bendiga”.
![]() |
| El motocarro de Demetrio y doña Natalia sentada. 1959 |
De
esta guisa se presentaba Demetrio con su isocarro en Castilléjar. La foto es de las que hacen época,
fue portada en mi libro anterior ‘Artículos
del Altiplano y de Granada’. Delante
están Demetrio “el Capagatos” con su madre, y a la derecha mi madre Dora;
sentadas en sillas de anea en el remolque, la maestra doña Natalia y dos
vecinas de Los Carriones. Yo estoy de pie en el remolque y abajo está mi
hermana Dorita. Parece que estoy
viendo a doña Natalia, con su
simpatía y su cara de bonachona, cuando venía al pueblo se pasaba a veces por
la casa de mis padres. Falleció en
Almería.
Publicado
en Ideal en Clase
https://en-clase.ideal.es/carmen-la-antigua-maestra-de-los-carriones/










