miércoles, 8 de julio de 2020

A PROPÓSITO DE ANTONIO JARA




Fachada antigua del Ayuntamiento de Granada






El 14 de junio pasado, el diario Ideal publicó una extensa entrevista con Antonio Jara, que fue alcalde de Granada durante los años 1979 y 1991. Me han llamado la atención varios comentarios suyos: “Los partidos buscan disciplina y obediencia, no quieren pensamiento, no quieren ideas… Antiguo Ayuntamiento de GranadaHe vivido en guerra permanente con el Psoe”. Y más adelante, afirma: “Me temo que a nivel local, el listón político ha ido bajando…, la formación de la gente es corta (…). La sólida formación era incompatible con la militancia”. Estoy de acuerdo, pero esto también ocurre a nivel nacional después de la Transición, donde había políticos muy preparados, como Tierno Galván, Herrero de Miñón, Oscar Alzaga, Fernández Ordóñez… Yo recuerdo que, para ser delegado provincial, era requisito pertenecer al grupo A (licenciado universitario), hasta que entró gente de aluvión con bachiller elemental, fácilmente manejable, o que nunca ha cotizado a la Seguridad Social, como se quejaba Joaquín Leguina no hace mucho de sus compañeros del Psoe. A esto hay que añadir que los partidos políticos no son democráticos, sino ‘dedocráticos’.

Jara se queja con razón de que “en Granada no hay espíritu público, no hay ciudadanía, no hay asociación, no hay comunidad, no hay objetivos compartidos… Yo, a efectos ilustrativos, digo, son familias. No he visto nunca tantos apellidos compuestos en una ciudad”. Más adelante, afirma que “no hay proyecto, no hay liderazgo, no hay sociedad. ¡Estas cosas de que hay que ir a Madrid para enterarse de qué acuerdo se ha alcanzado en Granada!”. Se refiere al acuerdo que alcanzaron en Madrid, Ciudadanos y el Partido Popular para que el alcalde de Granada fuera Luis Salvador y no Sebastián Pérez, a quien le correspondía el cargo por el mayor número de concejales. Jara se olvida cuando el vicepresidente Alfonso Guerra destituyó al presidente andaluz Rafael Escuredo, porque entonces los presidentes de la Comunidad de Andalucía eran poco menos que delegados del Gobierno de MadridDe Gaspar Zarrías, vicepresidente de Manuel Chaves, se decía que no se movía una hoja en Andalucía sin que él lo supiera, porque lo controlaba todo. Es cierto que los políticos granadinos casi siempre han hecho lo que les han ordenado sus partidos de Sevilla y que en Granada predomina la oligarquía y el caciquismo, tanto de la derecha como de la izquierda.

En otro apartado, el exalcalde afirma que “es una sociedad más unida y cohesionada por las creencias que por los valores cívicos y aglutinada en torno a la Catedral y no en torno al Consistorio”. Viene a decir que la ciudad de Granada es católica, con una mentalidad atrasada. Aquí ha gobernado el Ayuntamiento durante más años la izquierda que la derecha. Y no digamos la Diputación o Andalucía. Seguidamente, Jara cita una frase de García Lorca, “en esta bendita tierra nunca dos y dos no son cuatro”. Es sabido que el poeta dijo que “en Granada está la peor burguesía del mundo”, porque se sintió rechazado por algunos sectores de la sociedad y aquí nunca hubiera triunfado. Pero la desunión en Granada siempre ha sido por culpa de los políticos y por su escasa talla.

El periodista Quico Chirino le recuerda a Jara que “en los últimos veinte años hemos vivido más tiempo en contra de los proyectos que a favor. Que no se acabara la autovía de la Costa, que no se haga el espacio escénico”. Y le responde que Granada “ha sido en los últimos años comparsa muda y desdeñada por culpa de los partidos políticos”. Sin embargo, hay que aclarar que desde que tenemos la autonomía en Andalucía, Granada ha sido marginada continuamente por los diferentes gobiernos socialistas andaluces, mientras que Sevilla y Málaga se llevaron siempre las mejores tajadas. Cuando estaba de consejera, la malagueña Magdalena Álvarez, la terminal 2 del aeropuerto de Málaga recibió más inversiones que toda la provincia de Granada. El aeropuerto de Granada (más parece el de la señorita Pepis) y el puerto de Motril son claros ejemplos de las escasas inversiones de la Junta en Granada. Un cargo granadino del Psoe denunció en la prensa que, el Gobierno de la Junta boicoteaba todos los proyectos que llegaban de Granada, mientras tanto, le echaban la culpa de todo al entonces alcalde Torres Hurtado. Hasta que se descubrió el pastel. Jara se queja de que “Todos nuestros grandes valores, nuestros recursos potentes (se refiere a la Alhambra, Sierra Nevada, el Centro Lorca…) están sufriendo reputacionalmente. ¿Alguien se ha preguntado por qué?”. Se olvida de los casos de corrupción de la Alhambra y de Sierra Nevada, donde las directoras de estos organismos fueron denunciadas en los juzgados. Item más, los ingresos de la Alhambra no se destinaban a la ciudad de Granada, sino que servían para financiar otros proyectos de Andalucía. Por esto tienen mala reputación. Fue precisamente Jara quien ordenó construir la estación de autobuses en el Paseo del Salón y, cuando estaba casi construida, se despachó así: “Ya decía yo que no era viable que saliera un autocar cada cinco minutos del Paseo del Salón”. Cuando el proyecto fue suyo.


Fundación CajaGranada y Bankia





Más adelante leemos que “en 2002 entró en el Consejo Consultivo”, aunque tengo entendido que el exedil fue presidente de este órgano, que deja mucho que desear. Hasta que en 2009, le encargaron que asumiera la presidencia de CajaGranada. El exalcalde afirma que “el Gobierno andaluz nunca tuvo una política financiera para Andalucía. El proyecto de ‘caja única’ no era más que un proyecto de absorción de todas las entidades por Unicaja. Se han podido hacer las cosas mejor”. Aquí lleva toda la razón, Manuel Chaves quiso tener una caja donde hacer sus manejos y financiar al Psoe andaluz, hasta le condonaron un elevado préstamo. Debo señalar que CajaGranada era la que tenía más cartillas y tarjetas de la provincia de Granada, hasta que los políticos del Psoe la arruinaron, lo mismo que hicieron los partidos con el resto de las cajas de España. Finalmente, Jara trata de justificarse: “Yo no traicioné nada, en CajaGranada los clientes no han sufrido, no ha habido corralito, no ha habido intervención…”. Hay que añadir que de la antigua Caja de Ahorros de Granada fueron despedidos cientos de empleados y otros tantos fueron trasladados, pues fue absorbida por Bankia. Pero, con sus luces y  sombras, se puede decir que Antonio Jara ha sido uno de los mejores ediles que ha tenido Granada.


domingo, 14 de junio de 2020

"LEANDRO: CASTILLEJA DE LOS RÍOS EN BLANCO Y NEGRO





Compartido de Jesús Martínez







Ayer, 14 de junio, Ideal le dedicó esta crónica del periodista Antonio Arenas a mi libro sobre las fotografías de mi padre.

El 2 de junio, Juan Ramón Martínez, 'Juanra', me envió este escrito:
Leandro, en primer lugar darte las gracias por el blog sobre el vídeo de Castilléjar, bien narrado lo que en él se ve, solo una anotación en la placa de la plaza, no pone plaza de la República sino plaza del Caudillo. En tu libro “Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro” de nuevo aportas un documento fotográfico de gran valor. Lo publicas en un momento que todavía podemos disfrutar y valorar la importancia que supone para nosotros, la generación que estamos más allá de los sesenta años y por ley de vida los años que nos restan son ya muy limitados, los que tienen menos edad ni tienen la vivencia ni le son conocidos los personajes que aquí aparecen y por tanto, aún reconociendo su valor recordatorio de tiempos pasados, no les aporta el valor emocional que supone para nosotros reconocernos en estas imágenes. Una vez más, reconocer la labor de tu padre, el verdadero protagonista del libro, como reportero, de unas décadas, en el pueblo que han dejado un testimonio gráfico que posiblemente ningún pueblo tan aislado como era el nuestro tenga. Era tu padre un trabajador incansable que estaba allí donde se le requería para realizar su tarea de fotógrafo, no tenía ni horario ni le importaba el lugar para poder ganarse un duro que facilitara el bienestar de su familia. De una manera muy generalizada, así lo recuerdo: no era muy extrovertido yo diría que daba un poco en serio, de pocas palabras pero siempre muy solícito, al contrario de la mayoría de los hombres del pueblo pocas veces se le veía en un bar. Como te comenta Mari Carmen Martínez Carasa yo también lo recuerdo con sus cubos de fotos que colgaba de uno de los caños de la plaza para que se limpiaran y es que, como tu bien sabes, el proceso fotográfico, una vez conseguido el positivo, primero se meten en una cubeta con líquido revelador y después se pasa a otra con fijador y después hay que lavar el papel para quitarle las impurezas y esta operación la hacía en los caños aunque yo lo recuerdo solo en verano, no sé si lo hacía durante todo el año.

Has recuperado para tu libro el topónimo Castilleja de los Ríos y aunque ese sea su nombre original a mí me gusta más Castilléjar de los Ríos, el primero es despectivo de castillo y el segundo, aun siendo lo mismo suena mejor. Tampoco es tan importante. En la página 45 dices que las Casas Baratas se construyeron sobre lo que fue la era del Salitre y no es así, se llamaba la era La Cruz y la era que estaba enfrente de la casa de Pepe el Herrador, donde estaba la báscula de la remolacha, se llamaba la era La Horca aunque ahora estoy dudando si confundo la una por la otra. Las casas Baratas se construyeron en los años 56-58 y el contratista que las hizo creo que se llamaba Pepe Vilches y era de Alfacar. Página 80. Ya te lo comenté por teléfono, no es Carmelo Zambudio sino Enrique, primo hermano del Lolo, que a los pocos meses emigraron a Argentina y por la información que me ha llegado allí estuvieron unos años y volvieron a España, concretamente a Cataluña. Página 81, dices que fue una excursión a las presas, no fue allí, no sé decirte exactamente donde fue pero sí cerca del cortijo del Felín o Santa Catalina, por la carretera de Castril. En la foto aparecen entre otros: Antonio “El Rubio”, Julio Terrón, Paco Agüera, Paco “El Cascarilla, Andrés Fernández, Ramón Zambudio, El Clodo, yo, no recuerdo el nombre de los tres últimos. Sentados están: El Lózar, Diego el de la Posá, Eloy Abellán, Julio Carasa, Andrés el de la Lucre, Pepe Vico, Javier López Cuartero, de los demás no recuerdo el nombre. Página 82 La foto del pilar la hizo mi tío Salvador en año 1963, que estuvo de médico en el pueblo por los años 53 - 54.

Página 83. Don José, el médico, Emilio Navarro, juez de Paz, don Atanasio, mi padre, el alcalde y Pepe Gallardo, de la Hermandad de Labradores. Están también Ángeles Navarro, Martirio, Pepa Zambudio, Regina, Piedad Carasa, Resure, Amor, Jovita y Felici… Página 98. Don Rafael Torija estuvo de cura en los primeros años de la década de los 50, dejó una muy buena imagen en el pueblo. Él pertenecía a la diócesis de Toledo y a los pocos años pasamos a depender de la diócesis de Guadix - Baza, como tú apuntas. Era primo hermano de un ministro de Franco, Licinio de la Fuente. Página 102. Los bancales de mi madre llegaban hasta la acequia que iba por encima del molino, pues en los bancales que daban a la parte lateral del cine mi abuelo tenía una almazara que mis padres tiraron porque ya no estaba en uso y con parte de esos materiales mis padres construyeron la casa delante de la cueva que heredaron. Los conos de piedra del molino de la almazara que  se encuentran a la entrada del pueblo, que se abrió desde la carretera hasta la casa de Carasa, fue una donación de mis padres al Ayuntamiento. Página 125. La era la Cruz y a la izquierda en primer plano la caseta de báscula de pesar la remolacha. En esta era es donde trillaban mis padres la cosecha de cereal y aquí he dormido muchas noches de verano, me gustaba porque dormías con una manta y como techo un cielo totalmente estrellado.

Página 155. Los tamborileros son Andrés Martínez y Everardo. Página 173. También están Andrés “El Gordo” Miguel Periago, Antonio “El Mecánico”, Ángel “El Terne”, Antonio Sánchez, Antonio Vico, Pedro “El Coscón”, Pepe Zambudio “El de la Caja”, Miguel el “Coscones” (camisa blanca), Isidro Pinteño, Antonio “El Rubio”,  Gil el de Leandra. Página 183. Entre Martirio y Ángeles está Pepa, hermana de Antoñilla. Es la única foto en que aparece Eloy Abellán, del cual yo fui alumno. El aula la tenía en la primera planta de su casa, en las habitaciones, que habían unido tirando el tabique que las dividían, y que daban a la calle del Rosario. Allí estábamos unos treinta chicos y chicas de distintas edades y niveles, podríamos decir que era una unitaria, era la privada del pueblo. Don Eloy fue un maestro represaliado de la guerra al que le prohibieron ejercer en la escuela pública. Él durante la República fue alcalde de Albox y diputado, no sé si provincial o nacional, por el partido Izquierda Republicana de Azaña que era un centro-izquierda de ahora. No sé si estuvo en prisión o no pero  lo cierto es que la escuela la puso después de agosto del 58, que fue cuando nombraron alcalde a mi padre, lo digo porque fue mi padre el que le consiguió la casa, que era del Ayuntamiento, y la autorización para dar clase. Lo cierto es que don Eloy era una persona inteligente pero, en ese momento, un tanto desmotivado para su trabajo docente.

Domingo de Resurreción, 1964






Página 185. El del sombrero es el alcalde el tío Nicolás. Página 189. Isidora era hermana de Angelillo. Página 190. No creo que sea María Egea sino Piedad la madre Paco Agüera e hija del la tía Francisca la del horno. Página 192 -93. Recoge fotos de el “Tonto Gitano” y Roque y faltan otros  personajes como el “Chavito” y el “Tonto Cortes” con los cuales teníamos un comportamiento incorrecto y que hoy sería impensable por los nombres que les dimos y por el tratamiento casi vejatorio de burlas y chanzas. Así era la sociedad en la que nos criamos y aun así creo que todos supimos rectificar nuestros comportamientos. Página 204. Esta foto está hecha en la plazoleta que había en la calle Mayor nada más empezar desde la plaza, ahora está la casa de Manolo y Carmen, que estuvieron en Suiza. Ahí  estamos arriba: Sebastián, Quico “El Zoqueto”, Pepe el de la fragua, Antonio “El Misindo” y Quico “El Latas”. Abajo: el primero no recuerdo su nombre, vivía en la cuesta del Rio, Juanito Zambudio, el tercero era de los Olivos pero no recuerdo su nombre era primo hermano de Juanito Zambudio, y Miguel Periago. Página 230. Están Miguel “El Ochopanes”, el segundo no me suena, Hipólito y “El Coscones”. Página 231. En los comentarios que hacéis sobre el río Guardal decís que había cangrejos y no es así solo tenía peces, lucios y en la parte alta truchas. Los cangrejos solo estaban en el río Galera que como comentáis los cogíamos a espuertas. Página 249. No puede ser don Cayetano. Las obras que se están haciendo son la canalización del agua para llevarla a la plaza Nueva y al pilar y esto se hizo en los primeros años de la década de los 50. Yo diría que puede ser don Rafael Torija. Bueno Leandro, ya te he hecho algunos apuntes, puedes utilizar aquellos que te sirvan para aclarar alguna situación y espero que te hayan servido de ayuda. Un abrazo. 2 de junio DE 2020

Yo le respondo: 
Veo que eres un buen observador y tienes una memoria fotográfica. He suprimido algunos párrafos tuyos, para no alargar este escrito demasiado, y te respondo a algunas cuestiones que planteas. 1. Mi padre tenía problemas de acidez de estómago y se le fue agravando, de forma que murió de un carcinoma de colon. Yo recuerdo que era alegre, cuando tenía cerca de cuarenta años. Haces muy buenas observaciones sobre la manera que tenía de tratar las fotos, en los caños de la plaza. 2. Los árabes denominaron al lugar Al-Qulayat, del que se deriva Castilleja, que significa castillo pequeño, y no es despectivo sino un diminutivo. Ahí tenemos Castilleja de la Cuesta, Castilleja de Guzmán, del Campo… Como a Huéscar le añadieron la ‘r’ final, supongo que  para diferenciarla de Huesca, pues aquí dirían "nosotros no vamos a ser menos y a Castilleja le ponemos una 'r' también". En el siglo XIX y XX se utilizaban ambos topónimos, indistintamente. 3. Según las escrituras, las Casas Baratas las edificaron en la “antigua era de la Horca y del Salitre”, habrá que pensar que allí ahorcaron a alguien. 4. En cuanto al rio Guardal (viene del nombre árabe Wadi al-Hardar, modificado después por Guadahardal), yo he pescado cangrejos muchas veces y en los remansos tenían las madrigueras. 5. Don Eloy Ferrer fue diputado provincial por Almería y estuvo en la Prisión de Burgos, lo tuve también de maestro. Gracias por los interesantes datos que aportas y me alegro de que tu video Castilléjar 1984 haya recibido más de cinco mil de visitas. Recuerdo mi agradecimiento a los veintiún castillejanos que colaboraron en el libro aportando fotografías.







Posdata: el libro se vende en Castilléjar: en El Ecomuseo, el Estanco y la Panadería de Blas. En GranadaLibrería Don Bosco, calle Melchor Almagro, 9; Papelería Atalaya, Camino de Ronda 101; Hiperprensa, en Pintor Zuloaga 5. En Guadix, Librería Pipper, en Plaza Chuchilleros, 4. Y en Huéscar, Librería Conchi Jesama, en calle Morote, 16. 


jueves, 28 de mayo de 2020

VIDEO CASTILLÉJAR 1984, DE 'JUANRA'



Juan Ramón Martínez, años sesenta





El video lo he visto por dos veces y me ha encantado, para mí ha sido un descubrimiento porque fue hecho hace treinta y seis años, las imágenes fueron tomadas desde sitios estratégicos y desde un turismo, de manera que el pueblo ya no es el mismo. Comienza con una vista general de la vega del río Guardal, poblada de alamedas y sembrados, y de la parte noroeste, seguidamente enfoca la antigua carretera de Benamaurel, a aquella curva cerrada y ascendente que había, antes de llegar a la famosa Fuente del Cuco, donde se observa un buen chorro de agua. Es una pena que destrozaran la única fuente del pueblo, cuando construyeron la nueva carretera. A continuación, se aprecian a la izquierda el barrio del Salitre, los bancales donde ahora está la gasolinera y la cuesta del Baico. Entrando en Los Evangelistas hay unas cuantas casas a la derecha, mientras que a lo lejos se divisa el cerro con la Cruz Misionera que colocó el párroco don Atanasio. Subiendo la cuesta se ve a un hombre montado en una mula, con una carga de hojas de panizo, y a unos vecinos al lado de un renault-8.
La imagen se detiene en la inmensidad de los Barrancos al fondo, así como en las cuevas y chimeneas, en los caminos de tierra y veredas del barrio, donde se observan las eras y terreras, que han desaparecido con las nuevas viviendas. Ahora vemos la calle Mayor, con sus casas solariegas, donde destaca por cima de los tejados el vistoso campanario de la iglesia de la Inmaculada Concepción. En la Plaza de la Constitución enfoca la placa de mármol en la pared de la iglesia, donde puede leerse Plaza de la República, que data de los años treinta. Luego vienen las Cuatro Esquinas, la Cuesta del Río, el puente del Guardal y una vista de la antigua Morería, donde se aprecian las cuevas ruinosas.
A continuación ofrece una panorámica desde la carretera de Castril, por encima de la acequia de las Viñas, por donde discurre el rio Guardal. De regreso al pueblo, vemos la antigua ermita de Santo Domingo y el barrio de San Marcos. Poco antes de llegar a las Cuatro Esquinas, un hombre recoge la basura en un carro tirado por una mula. En la calle del Agua pasamos por el casino de Federico y, en la curva con la calle Huéscar, dos niñas juegan en la calle. Vemos la antigua casa descolorida de Pepillo Zambudio y a una mujer que lleva un carrillo de mano. A la izquierda está la casa, donde Eugenio tenía la antigua fragua, y enfrente la Cruz de los Caídos (años después fue trasladada al patio de la ermita de Santo Domingo), con su jardín cuidado.  A continuación vienen las Casas Baratas y la calle del Salitre, donde se ven algunas cuevas y la casa de Alfredo, antiguo alcalde y padre de 'Juanra'. En la Plaza Nueva hay una bonita fuente con estatuas de niños y unos jóvenes están sentados en las mesas del bar “El Totovío”.


Imagen del video





En 1983, 'Juanra' graba la matanza en la casa de sus padres, donde se ve cómo echan agua caliente al cerdo mientras lo van pelando y afeitando con navajas barberas, y las mujeres lavan las tripas del animal. La salida de la gente de la iglesia, con motivo de las fiestas del patrón Santo Domingo de Guzmán, es antológica. En esa época pocos faltaban a esa misa, reconozco a Rafael, el marido de María, a Pepe “el de la Caja”, a Antonio Heredia, al maestro don Jesús Carricondo, todos ellos fallecidos, el párroco don Horacio va vestido de blanco… Tras las andas de Santo Domingo, van las damas de honor, la banda de música… Se puede decir que en la procesión va todo el pueblo de Castilléjar. En agosto de 1986, 'Juanra' grabó “La vaquilla”, en las Eras Altas, donde se ve que la plaza se ha llenado de público, de jóvenes y mayores. Los espontáneos se tiran al ruedo y el bicho casi sin cuernos arremete con furia contra unos y otros, hasta que aquello se llena de jóvenes y al pobre animal le crecen los enanos. Al final del video vienen unas fotos memorables en blanco y negro. Aparte de que Castilléjar ha perdido mucha población, ahora está en unos 1.600 habitantes mientras que en los años ochenta tendría unos mil más, no sabría decir si ha perdido el encanto y la alegría de aquellos años. Un castillejano me decía,  hace años, “en el invierno no se ve ni un alma por las calles”.
Este fue el comentario que me envió 'Juanra', el 17 de mayo: “Sobre la fuente del Cuco tengo que apuntarte, a lo mejor lo sabes, que en año 1971 se produjo en Castilléjar un episodio de cólera que hizo que estuviéramos aislados durante unos días y se vacunó a todo el pueblo, a mi me cogió en el pueblo que aunque no eran vacaciones había ido por algún motivo y me vacunaron. Pues bien después de analizar todas las aguas del pueblo descubrieron que la causante del cólera era la fuente del Cuco y desde entonces estaba declarada su agua como no potable y así lo hacía constar un cartel que pusieron, y tiene su lógica porque el agua que manaba era la filtración de los bancales de arriba, el Llano del Pino, y el abono que se utilizaba en ellos, principalmente, era la basura de las cuadras o de la paja que se dejaba en las eras amontonada para que se descompusiera”.

Posdata: Video Castilléjar 1984

martes, 28 de abril de 2020

LA GRIPE ESPAÑOLA DE 1918 Y 1919





Carroza fúnebre, entre calle Elvira y Plaza Nueva







Copio estos párrafos del libro “Granada, un siglo que se va” (1996), del escritor Juan Bustos Rodríguez, que falleció hace varios años. Así estaba el panorama.

“La gripe española. Granada fue una de las provincias españolas más afectadas por aquella trágica epidemia, que en 1918 y 1919, alcanzó una gran mortandad (…). El primer telegrama acuciante llega de Freila (1.969 habitantes), rogando el envío de un médico con urgencia. Hay 250 vecinos con gripe, entre ellos el único médico. Otro mensaje, simultáneo casi, informa que en La Calahorra los afectados son más de 200 entre los 2.060 habitantes. A partir de aquí se hacen continuas las malas noticias.

En Orce, el 27 de septiembre de 1918, de 1.000 habitantes, 800 tienen la gripe. Desde el día 15, aparición del primer caso en el pueblo, ya los muertos eran 45. A finales de mes, el doctor Fidel Fernández Martínez, profesor auxiliar de la Facultad de Medicina, asegura en “El Defensor”, que la gripe se presenta en tres formas: ‘En Castilléjar (2.538 habitantes entonces), en pocas horas, había visto enterrar a 18 personas víctimas de la gripe, la situación era peor y la desolación completa: Han enfermado los sepultureros, con lo que los enterramientos se hacen dificilísimos. He contado veintidós cadáveres por enterrar y se carece de cal para cubrirlos, porque los industriales que se dedican a producirla o han muerto o han enfermado’. El panorama empezaba a ser trágico. Pero lo iba a ser más. (…). En Baza, un mes después, se sigue registrando un promedio de 15/20 defunciones diarias a causa de la epidemia (…). En Pedro Martínez, en el mes de enero (2019), en tres días se suceden veinte defunciones y hay 500 personas afectadas… En Guadix fallecieron 41 personas en un día; en Cúllar, 20 en varios días; en Albuñol murieron 15 enfermos de gripe el 21 de octubre.

El mundo llevaba una carrera alocada hacia el precipicio y la destrucción, pues tenemos pendiente el calentamiento global del que sólo se pueden esperar  muchas desgracias, con lluvias intensas y riadas, la gran contaminación de las ciudades, así como la extinción de miles de plantas y de especies de animales. Sólo buscábamos el bienestar y el consumo, todo lo demás no nos importaba. Cuando acabemos con la naturaleza, cuándo no exista el águila, ¿qué nos quedara?, habrá que decir como el gran jefe indio al presidente de los Estados Unidos, a finales del siglo XIX.
 Se ha juntado la ineptitud de los gobernantes de hoy (nunca hubo tanto incompetente gobernando, tenemos el ejemplo de Estados Unidos, México, Reino Unido, España y muchos más) y el afán consumista de todos. Pero el mundo ha sufrido un parón debido al coronavirus, que nos ha llegado una vez más de China. No sabemos si es que el virus se le ha ido de las manos o porque alguien se comió un animal infectado, el efecto de la mariposa se ha convertido en el efecto del pangolín. Un chino se come un pangolín contagiado y resulta que contagia a toda la humanidad y nos confina a todos en los pisos, mientras que los animales toman las calles y el terreno que nosotros le arrebatamos un día. Los animales están tomando lo que fue suyo y de sus antecesores no hace muchos años, incluso se ven delfines y ballenas en los puertos de las ciudades y por el Estrecho de Gibraltar.

Nuestros queridos seres que han fallecido (unos treinta mil en España) deberían hacernos reflexionar, ¿qué mundo queremos para nuestros hijos, qué futuro les espera, qué enfermedades mortales nos acechan…? Pensábamos que lo habíamos conquistado todo, que lo sabíamos todo, lo queríamos todo, pero no hemos aprendido nada, como recordaba el verso del poeta José Hierro. Ni siquiera nadie recordaba que en 1918 y 1919 hubo una gripe mal llamada española, que se llevó a 30 millones de personas. 


“TE ESPERARÉ EN LA ALCAZABA”













La novela Te esperaré en la Alcazaba, (2013), del escritor Antonio Medina Guevara, fue finalista del Premio Hispania de novela histórica. Ha escrito otras novelas y cuentos que han sido publicados en España, Colombia, México y Estados Unidos; también fue unos de los fundadores de AEAGRA (Asociación de Escritores del Altiplano y de Pozo Alcón), hoy prácticamente desaparecida. La novela nos recuerda que en 1609 se adopta en España la expulsión de los moriscos, incluso los que han sido bautizados. Esto produce un auténtico drama, pues familias enteras se ven obligadas a abandonar España rumbo a África. El autor reconoce que “la novela es una suma de cuentos, leyendas, prosa poética…”. Señalar que es una historia novelada, donde una familia de moriscos ve cómo en varias oleadas les van invadiendo los “cristianos viejos”. “Este libro es la historia contada por un muchacho de la villa de Zújar sobre lo que pudo pasar y sentir una familia morisca de las muchas que vivieron en este lugar a finales del siglo XVI y principios del XVII. Lo que debieron de sentir al verse obligados al destierro, imaginar cómo serían sus vidas en los años anteriores a su expulsión”. El autor confiesa que esto empezó en una conversación con su amigo Francisco Arredondo (historiador zujareño), en el verano de 2012: “Parecía como si el legado tan impresionante que nos dejó la dominación árabe y los mismos moriscos a los parroquianos y a los que tienen la obligación de preocuparse por todo eso, no les importara”. La novela está basada en personajes reales de la villa, que han sido documentados por el historiador.

Hay que señalar que muchos lugares de Zújar (Cuxar en árabe) conservan los nombres de aquella época: barrios como los de Abatel, Alquería y San Leandro. El lugar Harasmontari, Sima-Xarea, la Alanda, la Alcazaba, que está derruida, así como el impresionante y eterno Cerro de Jabalcón. Calles y lugares cargados de historia con su sabor morisco y fuerte personalidad. En el capítulo I, La llegada de Isabel, el padre previene al joven Fernando de los repobladores cristianos, que “compraban a cambio de favores o dinero, lo que de siempre es nuestro… Y venían a despojarnos a nosotros, a los que despectivamente llaman ‘moriscos’ de todas nuestras tierras y haciendas después de tantos siglos”. Unas páginas más adelante, una familia de Pozo Alcón llega a Zújar y el protagonista se queda mirando a una muchacha: “Cuando ella cruzó la plaza y entró en el lugar de culto, yo la seguí como un perro sigue a su amo… ¡Y cómo giró su cabeza y clavó su mirada en mí, con la intensidad de un rayo azul! En el capítulo III, Mi madre, Fernando se ha quedado prendado de la cristiana: “Desde que vi de cerca a Isabel por primera vez, me extrañó que una cristiana oliera así de bien… Ella enamoraba con todo lo que tocaba, miraba y hablaba. Isabel era perfecta… como mi madre…”.

En otro momento, la nostalgia del protagonista deja entrever el cariño de Antonio Medina por su tierra: “Solo puedo recordar momentos felices cuando veo en mis pensamientos a mi pueblo, a su vega y sus fuentes, al río que anda serpenteante por entre valles de riqueza, al cielo, que casi siempre brilla en destellos de azul, al cerro que nos saluda con su imponencia cada vez que lo vemos o recordamos, a mi padre y abuelo que me enseñaron mil cosas…”. En el capítulo VI, “La llegada del Inca”, Fernando narra una historia que le contó su abuelo. Llegó a Zújar Garcilaso de la Vega, el famoso poeta de Cuzco y el primer capitán mestizo, por el camino que viene de Wadi-Ash (Guadix). Se dirigía a las Alpujarras con la tropa donde se habían sublevado los moros en 1568 y, de paso, nos recuerda algunos hechos del asedio a Galera, por los soldados de don Juan de Austria. El capítulo VII, La muerte de mi abuelo, describe la toma de la Alcazaba de Zújar por los Reyes Católicos: “¡Aquella fue una batalla de las que hacen historia!”, ellos creían que era inexpugnable, pero, después de una semana de lucha memorable, fue conquistada por los cristianos. Sin embargo, a los moriscos vencidos se les permitió recoger sus cosas y marcharse: “…la caravana más honrosa que recuerdan estas tierras, partió a Baça (Baza) llena de orgullo por haber parado al ejército más poderoso de la historia…, donde fueron recibidos como héroes. Cuando al final también cayó Baça y la rendición ya fue un hecho, los vencedores también se comportaron con los vencidos y celebraron unos torneos…”. 

Antonio Medina




En el capítulo VIII, Malos tiempos, tras la guerra de la Alpujarra, se lee: “el Inquisidor de Baça procuraba perseguir, reprimir y ejemplificar, para intentar que los cristianos viejos no pudiesen huir del miedo”, de manera que los moriscos condenados fueron deportados a un lugar llamado Granadilla. Sin embargo, Fernando vivía en un mundo irreal: “Mi padre y mi abuelo se quejaban de que ya nada era igual, pero a mí me parecía todo lo contrario: que esta tierra ya era y es ¡espléndida…!”. El capítulo X, La cita, lo dedica a los jóvenes amantes, que pasan una noche escondidos en la Alcazaba.
Tras las caricias, Isabel lo aparta y le dice:
–No, no me pidas eso… Ahora no
–Yo no te obligaré a nada que tú no quieras… ¡Yo te quiero…!
–Yo seré tuya…, solo tuya…, pero en la iglesia y de blanco
Da la impresión de que la felicidad se había hecho para ellos dos: “… Yo creo que aquella noche nos sonrió la mirada del Jabalcool (Jabalcón) y nos abrazó la luna a la sombra de los olivos al ver cómo de sus labios a los míos volaban los besos…”. En el capítulo XII, Nuestra propia expulsión, los acontecimientos se precipitan: “Llegó el momento en que todos, absolutamente todos, fuimos desposeídos de todo lo nuestro a la vez que llegaron nuevas órdenes de nuevas expulsiones”. Al ver que todo se acaba, los jóvenes enamorados quedan en la Alcazaba.
Entonces, Isabel le dijo llorando:
–¡Si tú te vas…! ¡Yo me iré contigo…! –repetía y repetía
–Tú no puedes. Tú no eres la expulsada
–¡Yo te quiero…! –decía mientras lamía mis labios
Fernando intentó decirle que ya buscaría la manera de estar juntos: “Después de mil besos seguidos repasamos los términos de nuestro acuerdo”.
Pasado un tiempo, el protagonista recuerda la expulsión de esta manera: “Todos nosotros: mi familia, junto a las demás familias que nos acompañarían y unos pocos soldados, partimos. Después salieron a vernos algunos conocidos que se tapaban sus caras (…), y otros, los más, que nos miraban con un odio infinito y nos lanzaban muecas de placer y victoria”. Martín Álvarez, vecino de un pueblo de Jaén y antiguo soldado, vio así a los cientos de expulsados de Baça, en 1576: “Nunca he podido borrar de mi memoria lo que mis ojos vieron aquel año. Cuando los cierro, veo a una caravana de niños, mujeres y viejos, más parecidos a mendigos que a personas pudientes”. Lo mismo ocurrió con los moriscos expulsados de Granada, salieron escoltados del Hospital Real, desfilaron por la calle Elvira y tomaron el camino de Armilla en dirección a la Costa. Los cristianos salieron a las calles de Granada a contemplar aquel triste y humillante espectáculo.

Capítulo XIV, El final de todo. Al cabo de diez lunas llenas, según lo planeado, Fernando regresa a la Alcazaba para llevarse a Isabel. Pero Pedro Pérez, el hijo, su amigo de la infancia, le dice que ella se marchó hace más de un mes y que lo esperó mucho tiempo… En fin, no vamos a contar el final. Copio este párrafo del Epílogo: “De manera romántica, pensemos que puede estar soñando su alma en alguna de las muchas fuentes de la villa, o yendo a buscar a Isabel a la de las Doncellas cuando tiene agua, o a la de la Sima, en donde a veces esperaba a verla llegar con su cántaro a la cadera. A la del Mentidero, donde cuando paso me imagino a alguien contando historias antiguas o leyendo páginas del Corán…”. Confieso que si Zújar me cautiva es porque ha sabido conservar los nombres árabes de los barrios y lugares, por las amistades que tengo allí (entre ellos Antonio Medina y Francisco Arredondo), por el Cerro de Jabalcón, por sus fuentes y por la Romería de la Virgen de la Cabeza. El autor reconoce que siempre le ha gustado pensar que, “enterrados en ese montón de tierra salpicado por grutas y cuevas, que es la antigua Alcazaba, se esconderán tesoros que no serán de piedras preciosas…, pero seguro que será de innegable valor histórico lo que ahí habrá enterrado”. Dejemos que siga soñando con estas historias y leyendas, de su querido Zújar, mientras nos deleita con la lectura de su novela.

miércoles, 15 de abril de 2020

LA GENERACIÓN PERDIDA








Semana.com






Se ha muerto y está muriendo toda una generación, la de nuestros padres, a causa del coronavirus, en la clandestinidad de las residencias privadas y de las UCIS de los hospitales. Al trabajo y esfuerzo de esta generación le debemos el Estado del Bienestar que disfrutamos hoy, por lo que siempre tendremos una deuda pendiente con los 11.500 fallecidos en las residencias ancianos. No me creo que solo haya habido 61 fallecidos en la provincia de Granada. Con más de 18.000 muertos, este Gobierno de mediocres todavía no se ha enterado de que España está de luto, mientras que en los medios subvencionados y afines (Mediaset, Mediapro y Atresmedia) las noticias son edulcoradas, con enfermos que se salvan en los hospitales, en medio de aplausos de los sanitarios y abrazos de las familias, o entrevistas a gente de la calle que te cuenta lo que va a hacer cuando termine la cuarentena. Pero nada de imágenes de velatorios o entierros, eso está censurado, no vaya a que el personal se desanime. Eso sí, por los medios oficiales y paniaguados estamos bien enterados de lo que ocurre con la pandemia en el extranjero, con videos de fosas comunes o de cómo salían los camiones repletos de ataúdes de la ciudad italiana de Bérgamo, porque ya no cogían en el cementerio, cuando en Madrid hay tres morgues y centenares de fallecidos al día. Somos el país del mundo con más fallecidos por millón de habitantes y con más médicos y sanitarios contagiados (24.000, creo), por la negligencia y la falta de previsión del Gobierno. No había mascarillas, ni equipos de protección, avisaron varias veces de la OMS para que compraran material sanitario y Salvador Illa contestó que estábamos equipados.

España está para darle el pésame y para que doblen las campanas, y no para celebraciones de cumpleaños en las calles, a chicos y grandes, con sonido de sirenas, porque esta no es la función de la Policía. El día catorce de abril pusieron 10.500 sanciones en España (6.000 granadinos multados en marzo): con el mazo dando y con la sirena felicitando. Encima del desastre sanitario, económico y social, nos quieren narcotizar. Estamos confinados y tratando de sobrevivir a la pandemia, en la ciudad de Granada y en el Área Metropolitana se han producido nueve de cada diez fallecidos en la provincia y, lo que es peor, la zona se ha convertido en el principal foco de contagiados de Andalucía, aunque los andaluces estamos lejos de las cifras de Madrid y de Barcelona. En Portugal, el país vecino, cuando llegaron los primeros contagiados de España, el Gobierno decretó el estado de sitio y luego el de excepción, con el confinamiento de la población, el cierre de fronteras y la paralización de la economía. Hoy solo tiene quinientos fallecidos, unos trescientos menos que Andalucía. Esta es la diferencia con España, allí se arremangaron las mangas.

El 10 de marzo, yo escribía esto en mi portada de Facebook y se puede comprobar: “Este fin de semana se celebraron los partidos de la Liga, con miles de espectadores, los italianos están viniendo a España procedentes de zonas infectadas de Italia, pero no se hace ningún control en los aeropuertos, y las Fallas de Valencia se van a celebrar porque vivimos en el País de las Maravillas. En todo este tiempo, el Gobierno ha estado de brazos cruzados viendo cómo se extendía el contagio”. Y El Mundo advertía al Gobierno en su editorial: “La negligencia sale muy cara”. Unos días más tarde, escribo: “Hoy, 19 de marzo, es el Día del Padre, pero ahí tenemos a los padres olvidados de todos en las residencias, muchas de ellas convertidas en focos de infección y en morgues. La epidemia del coronavirus no tiene misericordia y, como en las guerras, mueren los más débiles, no ha habido medios ni mascarillas para ellos, olvidados en la soledad de su habitación, ni siquiera para los sanitarios (…). De las ocho muertes en Granada, cuatro se han producido en una residencia de ancianos de La Zubia. Tengamos un recuerdo para nuestros mayores, para los que están enfermos y para los que exponen su salud a diario. Comparto una crónica de El País con este titular: “No querían que viera los cadáveres en las bolsas color crema”. Le llamarían la atención al diario oficial y ya dejó de publicar imágenes de las muertes, aunque sí publicó un video de una fosa común en el Estado de Nueva York.


Cementerio de Granada, 2011





El 7 de abril escribí esto: “Hoy viene en la prensa que, en una residencia de San Juan de Aznalfarache (Sevilla), han fallecido por coronavirus 24 ancianos y 78 están contagiados. Según las estadísticas, hay unos 8.000 jubilados menos y esto es a consecuencia de la epidemia. Se ocultan sus muertes y se falsean los datos. A los ancianos de las residencias no se les han practicado los test, porque no había, y cuando los llevaban al hospital, los sedaban porque las órdenes son que los respiradores se utilicen para los jóvenes. Esto es, mueren solos y olvidados en las residencias donde a veces no acuden los sanitarios o les dicen que no los lleven al hospital porque no hay sitio para ellos. Lo que ocurre en Castilla-La Mancha se puede aplicar a toda España. Descansen en paz”. El editorial de El Mundo era bastante elocuente: “Los enterramientos por coronavirus en Castilla-La Mancha casi triplican los datos oficiales”, según denunció el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma. Hasta que se decretó el Estado de Excepción, el  14 de marzo, yo me levantaba cada mañana con la esperanza de oír que el Gobierno iba a tomar medidas pero, cada vez que mencionaba el portavoz Fernando Simón las medidas de contención o que aconsejaba a su hijo que fuera a la manifestación, me entraba fiebre. En ningún medio se decía nada y me costaba trabajo creerlo.

Pero, ¿es que nadie se da cuenta de lo que está pasando y del peligro que corremos? Y es que el Gobierno había echado ya el bozal a los medios y nadie quería tirar de la manta, mientras que los bares y las terrazas estaban llenos y los italianos llegaban a centenares a los aeropuertos españoles. Hasta que empezaron a salir en los medios las cifras de los fallecidos y de los contagiados. Ayer, 14 de abril, en las noticias de la noche, de Antena3, decían que se habían repartido mascarillas en las estaciones del Metro de Madrid, pero no dijeron que solo se repartieron en el 20% de las estaciones. Fernando Simón también dijo que en cifras de letalidad (los curados entre los contagiados) estamos como en los países de Europa, mientras que el impresentable ministro Salvador Illa nos anuncia que se ha doblado la curva (de la felicidad, digo yo). En vez de pedir perdón y de reconocer los errores, nos siguen mintiendo.

Malos tiempos aquellos cuando una sociedad tiene que reivindicar a sus muertos. Pero, cuando la epidemia pase, tendremos que honrar la memoria de la generación perdida, la de nuestros padres, y pedirles perdón