domingo, 22 de julio de 2018

EL TRÁGICO VERANO DE 1936






El Albaicín desde e Peinador de la Reina. 1955





En los días previos a la Guerra Civil (18 de julio), el diputado y jefe de la Oposición José Calvo Sotelo visita las Escuelas del Ave María, acompañado del obispo Manuel Medina Olmos y de don Pedro Manjón. La foto es todo un presagio y nadie podía imaginar la tragedia que se estaba tramando en España. Calvo Sotelo fue asesinado el 17 de julio y el obispo Medina Olmos, el 30 de agosto. Sin embargo, el uno de julio de 1936 aparece en el periódico Ideal este refrescante anuncio: “Pruebe la mejor chufa en café bar Suizo. Nevería mostrador. Horchata de chufa, blanco y negro, leche rizada..., a 0,50 pts. Merengada y turrón napolitano, a 0,70”. Este otro anuncio ofrece al público las legítimas tortas: “Última novedad: torta valenciana a 0,5 y 1 peseta pieza. Pastelería Bernina”. Un viajante ofrece el último grito en bragueros: “A los herniados. El conocido ortopédico ‘Hernius’ en Granada, con el famoso ‘super comprensor Hernius automático’ (patentado). No lleva trabas ni tirantes, bajo nalgas, no oprime...”. Otros anuncios de entonces solían utilizar como gancho nombres como los de los actores de Hollywood: “Será usted hermosa conservando sano su cutis. El tratamiento de Elizabeth Arden... Para detalles e instrucciones pida ud. el folleto, ‘En pos de la belleza’. Perfumería la Victoria. Zacatín, 51”. Pero liarse un cigarro, darle un lametón al papel y encenderlo con el ‘mataconejos’, seguía siendo cosa de hombres, así como llevar la colilla apagada colgando del labio: “Almacén de papeles de fumar al por mayor. Ventas en firme. José Costales. Mesones, 22”.

“La Higienizadora-Vaquería ofrece a usted, como siempre, su puntual servicio a domicilio en botellas precintadas y venta directa de leche ordeñada, a presencia del cliente, en su establo-modelo. Nueva de San Antón, 13”. Entonces, el olor a las vacas llegaba hasta Puerta Real. La vaquería se trasladó enfrente del Hospital la Inmaculada y hoy se encuentra al final de la avenida de los Juncos. La conocida farmacia Zambrano, en Reyes Católicos ofrecía “medicamentos químicamente puros. Análisis de orina, sangre, esputos, etc.”. Era la más antigua, pero la han cerrado hace poco, cuando conservaba el artesonado de madera y muchas reliquias de aquellos años. Entre los anuncios por palabras, destacaba esta vieja profesión, como las famosas cigarreras de la fábrica de tabacos de Sevilla: “Liador de tabaco. Juan de Dios Pareja. San Juan Baja, 17”. Los entierros pobres, con los pies del muerto asomando por la cuesta de los Chinos, tenían los días contados: “Funeraria católica, casa Moral. Servicios económicos y traslados en auto. San Jerónimo”. En esta calle siempre ha habido alguna funeraria. En aquel caluroso y largo verano del 36, el desaparecido teatro Cervantes estrena una película sonora: “Metro Goldwyn Mayer presenta una de sus producciones de mayor éxito y totalmente hablada en español, ‘La estropeada vida de Oliverio VIII’. Por los famosos actores Stan Laurel y Oliver Hardy. Dos horas de risa, dos. Butaca 1 pta. General  0,40”. Los personajes de “el Gordo y el Flaco” desaparecieron con la llegada del cine sonoro, en esos años, como le ocurrió a muchos actores. Una academia prometía un buen sueldo para toda la vida: “Oposiciones oficiales Diputación Granada; 3.000 pesetas (año) y quinquenios”.


El 16 de julio está la famosa ‘Semana del Duro’ –¡todo a duro, señora!– y en grandes letras puede leerse en Ideal: “Almacenes la Paz continúa la venta especial del duro. Tres camisas caballero y una corbata, un duro. Un vestido percal y un jersey señora, un duro... Y muchos lotes más. Gran Vía, 2”. Para la gente acomodada, nada mejor que un pisito céntrico: “Alquilo hermoso piso, amplio, confort y con aguas corrientes. 100 pts. Arteaga, 6”. Este otro señor se sacaba unas perras apretujando a la familia: “Huéspedes. Admitiría estables en familia. Buensuceso, 1”. Como había falta de higiene y malas costumbres, abundaba esta publicidad: “Dr. Cazorla Romero. Especialista en piel, venéreo y sífilis. Calle Duquesa”. Pero el 19 de julio, apareció el diario con estos titulares: “El Gobierno denuncia la existencia de una sublevación militar en Marruecos. Confía en dominarla rápidamente”. Sin embargo, en páginas interiores, la vida discurría como siempre: “Pastelería López Mezquita hermanos. Reyes Católicos, 45”. El compositor Manuel de Falla, que era dulcero, solía hacer los encargos aquí. Para el 21 de julio, todo había cambiado dramáticamente para los granadinos: “Ayer fue declarado el estado de guerra. Las Fuerzas ocuparon sin incidentes la población y los edificios públicos”. Dos días después, Ideal sale con seis páginas, en vez de las ocho habituales. A finales de julio, apenas se ven anuncios en la prensa y sólo dos cines –de los cuatro que hay en Granada– publican la cartelera.

Un mes después, el 21 de agosto, las páginas del diario son ya una incesante crónica de sucesos, con algún que otro bando y consignas a la población: “En el casino, en el café, en el coche, te puede oír quizá un enemigo...”. Media página ocupa la “charla de casino” del general Queipo de Llano. Daba charlas radiofónicas en Radio Unión de Sevilla y lo suyo eran los fusilamientos. Para acallar los continuos rumores que circulan estos días, las autoridades franquistas aseguran en un titular de prensa (sic): “En Granada reina absoluta tranquilidad”. Sin embargo, en los primeros días de la guerra fue cuando más se fusiló en ambos bandos. Este anuncio del 16 de septiembre llama poderosamente la atención: “Liadora de tabaco. Viuda de Juan de Dios Pareja. San Juan Baja”. De la noche a la mañana, aquella mujer se quedó viuda y sin saber qué hacer. Una patrulla se llevaría de noche a su marido y ya no lo vio más. Tanto es así, que nadie sabría describir el pánico de los niños, el llanto de las mujeres y el miedo de los hombres,  

Los camiones llenos de soldados recorrían las calles de Granada y, al amanecer, las camionetas repletas de presos subían por la cuesta de Gomérez, mientras que la atemorizada población escuchaba, por la radio, los partes de guerra al anochecer (de ahí viene “el parte”, que tanto le gustaba oír a nuestros padres). Esto era el pan de cada día, pero la vida seguía su curso: “Ama de cría se necesita para casa de padres”. A finales de septiembre, se podía leer esto: “¿El mejor regalo para San Miguel? Las exquisitas tortas de pastelería París. Reyes Católicos, 14”. En Lanjarón, una casa próxima al balneario, anunciaba: “Se alquilan pisos amueblados, con aguas corrientes en todas las habitaciones. Razón en el Hotel Salud”. Y la fábrica de jabones la Maravilla, de Cájar, todavía no había echado el cierre: “Los jabones de esta casa están elaborados con aceite de primera calidad”. En esos años, ya era famoso en España el jabón ‘Lagarto’. Pocos meses después del comienzo de la guerra, millones de españoles comían pan negro y las autoridades impusieron las cartillas de racionamiento hasta 1953. Este 18 de julio ha hecho 82 años que estalló la Guerra Civil y todavía no han cicatrizado las heridas entre los españoles.





sábado, 7 de julio de 2018

RECORTES EN EL SAS





Hospital Reina Sofía de Córdoba





“El SAS recorta en verano en la Sanidad Pública en la Comarca de Baza” así  reza este titular en el diario Motril@Digital, de fecha 22 de junio pasado, y añade que “la Junta de Personal del Área de Gestión Sanitaria Granada Nordeste ha mostrado hoy su desacuerdo con el plan de vacaciones  programada por la Gerencia  en dicha área sanitaria para este verano, basado  una vez más en la política de recortes del Servicio Andaluz de Salud (SAS). Así se va a reducir personal y se reduce en número de camas”. Los representantes sindicales denuncian también que en el Hospital Comarcal de Baza se van a cerrar 14 camas del Servicio de Cirugía y 6 camas del Servicio de Medicina Interna, y se van a reducir el número de consultas médicas tanto en el hospital como en los centros de salud de la comarca, a la vez que se van a cerrar algunos consultorios. Por si esto fuera poco, el gerente ha decidido de forma unilateral el cierre de la planta de Cirugía, y la une con la planta de Traumatología. Todo esto supone menos personal, menos camas y menos calidad del servicio al usuario.

El Servicio Andaluz de Salud suele hacer esto cuando llegan las vacaciones del verano, dejando menos personal y menos camas en los hospitales. Nada de extraño tiene que Andalucía ocupe los últimos lugares de España en Sanidad y en Educación, por no hablar de pobreza. El País Vasco gasta el doble que Andalucía, por alumno en Educación; y otro tanto se puede decir en Sanidad. Desde hace más de diez años, se han ido produciendo continuos y alarmantes recortes en el SAS, lo que produce largas listas de espera, numerosas reclamaciones y menos atención a los pacientes. Muchos servicios están privatizados y Susana Díaz casi ha desmantelado la Sanidad con sus recortes.

Si, ahora, el Gobierno de Pedro Sánchez va a dar cobertura a un millón de inmigrantes en la Sanidad española, las cosas van a empeorar bastante. Primero tendrán que aumentar las inversiones para contratar más personal y adquirir más camas, pero de esto no dicen nada. En los pueblos, la asistencia médica o las Urgencias lo tienen peor que en las ciudades, como en las comarcas del Altiplano, los Montes Orientales y las Alpujarras, donde la despoblación hace estragos. Cuando yo era un niño, recuerdo que la gente decía: "Nosotros tenemos  unas  perras guardadas por si nos ponemos malos". Y cuando mi hermano cogió el sarampión, mi madre me metió en la cama con él para que yo me contagiara también. Esto solía hacerse para que pasáramos la enfermedad a la vez, no sé si por indicación del médico o por ignorancia. Recuerdo que mi madre nos dio de postre un plátano, cuando esta fruta sólo la comían los ricos. En los años sesenta, cuando alguno se quedaba enfermo en la cama y decidían llamar al médico, la familia se ponía la ropa del domingo o algo más decente porque la visita del facultativo era todo un acontecimiento.

Los médicos de cabecera entonces eran unos profesionales, con vocación, pues tenían que darle solución a todas las enfermedades y casos que se les presentaban, cuando la higiene era mucho menor mientras que la mortalidad infantil y de la población en general era bastante alta. La vida media de los españoles estaría en 70 años, cuando hoy se encuentra en 83 y 85 años para los hombres y mujeres, respectivamente. Habría unos dos millones de jubilados, con sus paguillas, como decían los abuelos, cuando hoy pasan de nueve millones y hay que poner dinero de los presupuestos porque las cotizaciones no alcanzan para pagar las pensiones. Estaba entonces lo que llamaban la ‘Iguala’, donde el paciente le pagaba cierta cantidad de dinero al médico para tener derecho a la asistencia sanitaria. También solían regalarles una gallina, un borrego o un conejo, en fin, una especie de copago; una mujer me contó hace unos diez años que le regaló un borrego a su médico. Baza distaba 30 km de Castilléjar, por aquella infame carretera de piedras y de polvo, y recuerdo que mi madre me llevó a que me viera el especialista para hacerme una radiografía. Los Rayos X entonces eran el no va más, y Baza (los baceños, como les decían entonces) tenía un pequeño hospital y algunos especialistas médicos. Había que salir a las 8 de la mañana, en el coche correo de la empresa Maestra, y regresar al pueblo a las 6 de la tarde. Granada se encontraba a unos 140 km, se echaba un día para ir y otro para venir, pues el transporte público no daba para más. Las Urgencias no existían y para todo estaba el médico de cabecera, por lo que no era difícil morirse por falta de medicamentos o de asistencia sanitaria.

En 1908, el Gobierno conservador de Antonio Maura creó el Instituto Nacional de Previsión mientras que los trabajadores cotizaban una perra gorda para el Seguro Obrero Obligatorio. De ahí el nombre de la Casa de la Perra Gorda, en la Gran Vía de Granada, donde se encontraba el Instituto Nacional de Previsión, y que hoy es la Tesorería General de la Seguridad Social. El SOVI (Seguro Obrero de Vejez e Invalidez) estuvo en vigor desde 1939 hasta 1967 para cubrir situaciones de jubilación e incapacidad permanente, incluyendo el derecho a acceder a la pensión de viudedad a la mujer del trabajador fallecido que lo estuviera percibiendo, aunque, en los años sesenta, miles de los españoles no tenían acceso a la Seguridad Social. En 1978, ya con la democracia, se reorganiza el Instituto Nacional de Previsión mientras que la Constitución española reconoce en el artículo 41: “Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo. La asistencia y prestaciones complementarias serán libres”. Ni que decir tiene que se ha avanzado mucho en la asistencia sanitaria y en los servicios sociales, no hay más que comparar los índices de mortalidad infantil de aquellos años con los actuales. Sin embargo, se producirá un notable retroceso con los recortes de personal, de camas y de presupuesto.




sábado, 9 de junio de 2018

EL FÚTBOL Y LAS ILUSIONES PERDIDAS


Equipo de fútbol de Castilléjar, septiembre 1968



Cuando jugábamos al fútbol en el pueblo, teníamos que limpiar los montones de estiércol de las eras -entonces las pulgas nos comían- y mover aquellos rulos de piedra del Paleolítico. Ir en bicicleta de Castilléjar a Galera -16 km ida y vuelta-, jugar el partido y regresar cansados de noche, por aquel camino de herradura, era una bonita aventura de unos chavales de quince y poco más años que ponían toda la ilusión del mundo y sin ayuda de nadie. Para organizar el partido de fútbol, íbamos a la operadora de la centralita del teléfono para que nos pusiera con la operadora de la centralita de Galera: Mire usted, a ver si puede hacer el favor de llamar a Pepe, el hijo de Encarna, para organizar un partido de furbo. La buena mujer mandaba a alguien que le diera el recado a Pepe y, mientras iba y venía, nos tirábamos toda la mañana en la centralita.

En 1968, ¡cuántas sensaciones!, cuando llegué a ver al Real Madrid de Gento, Velázquez y Amancio pasándose la pelota en el estadio Los Cármenes, a unos metros de donde yo me encontraba, y a Ñito (Ciprianito), el portero del Granada haciendo de las suyas... Gento dijo entonces que el estadio Los Cármenes parecía una era. Recuerdo que algunas tardes acompañaba al maestro don Miguel Lozano, dando un paseo por la carretera de tierra del pueblo, mientras oíamos por el transistor Radiogaceta de los Deportes, en la Cadena Ser, que entonces comenzaba su andadura. Pero todo aquel mágico mundo del deporte en que yo vivía se vino abajo bastantes años después. Con los millones que costaban los grandes fichajes del fútbol, vinieron oscuros empresarios y personajes grotescos: zafios como Jesús Gil o impresentables como Ruiz de Lopera, del Betis... Incluso el entrenador del Real Madrid, el mítico Amancio, le llamaba la atención al joven Butragueño porque no le gustaba que estudiara la carrera de Economía, en sus ratos libres, lo que da idea de la pobreza intelectual del fútbol.

Y con los grandes ídolos, vino el fútbol global, recordando el famoso pan y circo de Marcial. Desde hace años, los comentaristas deportivos y los futbolistas hablan de la Champions League, aunque a los ingleses nunca se les ocurriría decir la Liga de Campeones, y del centro-chut (centra y dispara). Llaman el mister al entrenador o la selección de basket, en vez de baloncesto. Luego tienes los anglicismos –bastantes deportes vienen del Reino Unido– linier (juez de línea), off side (fuera de juego), play off (fase final de una liguilla), córner (saque de esquina), etc. En más de una ocasión, me ha sorprendido ver en las portadas de la prensa deportiva, el horroroso y difícil vocablo hat-trick, cuando lo suyo sería marcó tres goles o hizo tres dianas en el partido. ¡Cuánto analfabetismo! También se oyen expresiones incorrectas, como pasó lamiendo la cepa del poste (sobra la cepa); o el equipo no está acertado a la hora de definir. Es mejor decir a la hora de marcar, pues los goles no se definen. ¿Y cuando el comentarista deportivo repite por enésima vez el tiempo reglamentado? Lo correcto es el tiempo reglamentario. Incluso hoy apenas se oye la palabra guardameta, en vez de portero. El guardameta Ricardo Zamora, se leía en la prensa de los años sesenta… Me encantan las palabras el cuero (antiguamente los balones eran de cuero) y la usan en Argentina, o la cancha, que proviene de los quechuas peruanos. También el término larguero.

El caso es que los errores y los desmanes lingüísticos están a la orden del día en los medios de comunicación deportivos, incluso en los diarios de opinión, y la cosa no se queda ahí. Hace quince años, copié este titular de la portada del diario deportivo AS, de Madrid: Ronaldo desafía a Ronaldinho en la concentración de Brasil. ‘Pelitos, olvídate: la Liga es blanca’. Y en páginas interiores, después de dedicarles un chorro de fotos, decía: AS reunió a los dos cracks brasileños... El caso es que, después de describir todo el fútbol de Primera y Segunda División, y parte del extranjero, la Vuelta ciclista a España aparece a partir de la página 28: Petacchi ganó el sprint sobrado... Para el diario deportivo tenían más relevancia las opiniones de los dos futbolistas brasileños -no alcanzaban a tener los estudios primarios-, que toda una etapa de la Vuelta. Gasol, que entonces era el máximo anotador del Campeonato de Europa de Baloncesto y jugaba ya en la Liga ACB de los Estados Unidos, aparecía en la página treinta y dos del deportivo AS. Lo cierto es que los periódicos deportivos y los comentaristas de la televisión de hoy no han cambiado mucho y siguen dando preferencia al fútbol, porque es un deporte de masas. Con frecuencia he observado que un deportista español ha conseguido una medalla o un récord en el extranjero, o bien un equipo de baloncesto se ha clasificado para la final... Pues, bien, en primer lugar, te ponen en la televisión el fútbol de primera división, aunque sea un partidillo de entrenamiento, o te comentan alguna payasada de Piqué, luego le dan un repaso al fútbol de segunda y, por último y de pasada, mencionan al atleta español o al equipo de baloncesto o vaterpolo. Mayor analfabetismo, por no decir maldad, no se puede pedir, aparte que de esta forma no se fomenta el atletismo, ¿quién se va a meter a atleta en España? Con la de horas de entrenamiento y esfuerzo que lleva.

En el ciclismo, también se utiliza la palabra francesa el maillot amarillo, en vez de la camiseta. Y en el mundo del motor destacan los anglicismos la pole position (en vez de decir la primera posición), pero los comentaristas son más finos y dicen la pole, o bien, el ferrari ha entrado en boxes. Y encima se las dan de cultos, como que saben inglés. Los anglicismos, galicismos y extranjerismos han colonizado el idioma español, también en informática, en el mundo de los vehículos (airbag, sistema ABS o de antibloqueo) y no digamos con el teléfono móvil: envíame un email o un wasap, en vez de decir un correo electrónico o un mensaje; compra un Iphone android o un Smarphone. Pero el español no sabe defender siquiera sus tradiciones (como los ingleses, franceses, estadounidenses y tantos países europeos…), mientras se queda admirado con todo lo que viene de fuera. Esto ya lo denunciaba José de Cadalso en sus “Cartas marruecas”, en el siglo XVIII.

Queremos conservar el medio ambiente y no tener contaminación, las especies en peligro de extinción y nuestros monumentos. Sin embargo, nos hemos olvidado de conservar nuestro idioma y cada día utilizamos más los términos extranjeros para relacionarnos. ¿Qué será de aquí a unos años? El español o castellano está perdiendo peso en el mundo, aunque se habla nada menos que en veinte países, pero aquí estamos adoptando cualquier palabreja que nos viene de fuera, especialmente del mundo anglosajón. ¡Es el sino de este país! La culpa la tenemos todos, porque los españoles no sabemos defender lo nuestro, ni siquiera nuestra historia y nuestras victorias, a diferencia de nuestros vecinos europeos. La Academia Española de la Lengua debería estar más vigilante con la conservación y la pureza de nuestro idioma, pues se ha convertido ya en un mestizaje de palabras, el spanglish, como le llaman a la fusión semántica y morfosintáctica del español con el inglés británico. Y sin embargo, siempre habrá unos chavalines que quieran imitar a sus ídolos del deporte, con las mismas ilusiones que cuando nosotros éramos unos chiquillos.

PosdataLa alineación del equipo de Castilléjar, empezando por arriba, de izquierda a derecha: Javier López, Julio Carasa, Antonio Jiménez, Miguel, Pepe Pinteño y Leandro García. Agachados: Ramón Zambudio, Cirilo Vico, Pepe Lózar, Quico 'el Coca' y Andrés el de la Lucre. Ganamos al equipo de Galera 2-1, en la Feria de Septiembre de 1968. Quiero tener un recuerdo para los que fallecieron: Javier López, Antonio Jiménez, Pepe Lózar, Quico 'el Coca' y Andrés. 

Artículo de de mi libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro. 2020

sábado, 21 de abril de 2018

EL TREN DEL ACEITE





Antigua estación de Jaén



Dedicado a Rocío y Oliver



En las sofocantes tardes de verano de Jaén, una patulea de chiquillos jugaba como si tal cosa entre los raíles del Tren del Aceite, que venía de la estación de Espeluy. A comienzos de los años ochenta, sobre las 19 horas, resoplaba la renqueante locomotora mientras que sus vagones se ondulaban al bordear la ladera del monte. Al pasar cerca de las primeras viviendas de Jaén, el maquinista lanzaba pitidos que se desparramaban por el inmenso y sediento olivar para que la gente se apartara de las vías. Y cuando el tren llegaba por las Fuentezuelas, los niños que jugaban a la pelota en un pequeño descampado se apartaban de la vía y contemplaban el cansino y lento trotar del convoy, mientras algunos saludaban a los escasos pasajeros, que se asomaban por las ventanas para contemplar el paisaje monótono de los olivos.

Era todo un espectáculo ver pasar el Tren del Aceite, aunque para los que vivíamos cerca se había convertido en una rutina diaria, que rompía la cadencia de la tarde. Pero un día, a mediados de la década de los ochenta, el casi centenario tren de la línea Jaén-Espeluy dejó de chirriar y de resoplar por la vía. Lo habían retirado de la circulación y los niños ya no saludaron más a los pasajeros, mientras que los vecinos y viandantes no se asomaron más a los balcones para verlo trotar como un viejo potro por la vía. Poco tiempo después, una cuadrilla de trabajadores levantó los raíles y los dejó por allí tirados, junto a los maderos y los enormes tornillos. En los días siguientes, apareció la pezuña de una máquina que sin compasión extrajo toneladas de tierra y las piedras de la vía. Y a continuación, vinieron las máquinas que nivelaron el terreno.

Unas semanas después las potentes y ruidosas máquinas se marcharon, dejando un paisaje dantesco de tierra amontonada y caminos de polvo o de barro, según la época del año. Seguidamente, empezaron a llegar furtivos motocarros que descargaban escombros y toda clase de cachivaches en el descampado. Poco tiempo después, ya eran camiones y furgonetas los que descargaban cascotes de las obras, ante la impotencia de los vecinos y el asombro de todos. De manera que, donde antes crecía la hierba,  donde se oían las voces de la chiquillería y donde paseaban los viandantes, de la noche a la mañana lo habían convertido en una inmensa y maloliente escombrera de color ocre, que llegaba hasta las puertas del Instituto de Formación Profesional. Todos fuimos testigos mudos de aquel desastre medio ambiental. De forma insensata habían decidido cambiar la naturaleza y el paisaje, que servía de decorado al cansino paso de aquel tren romántico, que se deslizaba por el olivar, arrancando la vía a la vez que dejaban un enorme estercolero. Eran los años de la Transición y entonces no existían organizaciones ecologistas que protestaran, ni el pueblo tenía suficiente conciencia para movilizarse ante aquel desastre, lo cierto es que nadie se movió ni dijo nada.


El Tren del Aceite hacía un recorrido de 32 kilómetros, entre la línea de Jaén a Espeluy, que fue inaugurada el 18 de agosto de 1891, hasta que por decreto del Gobierno de Felipe González fue cerrada en diciembre de 1985, dirigía entonces el ministerio José Borrel. La provincia de Jaén era rica en olivos y en aceite, pero no había un plan de desarrollo industrial e incluso fue la última provincia andaluza en conectarse por autovía. En esa década, también se suprimieron las líneas Linares-Puente Genil, Guadix-Baza-Almendricos y otras, por falta de rentabilidad, cuando antes como hoy día la mayoría de las líneas férreas españolas son deficitarias, salvo la del AVE Madrid-Barcelona y alguna que otra. Unos años después, Felipe González apostó por el AVE Madrid-Sevilla, por la Expo-92 en Sevilla y por los Juegos Olímpicos de Barcelona-92. Todo aquello resultó demasiado costoso para un país atrasado como España. El embajador japonés dijo entonces que su país no hubiera podido organizar la Expo y los Juegos Olímpicos a la vez, por el inmenso coste que le hubiera supuesto. Y eso que Japón era y es un país de los más ricos.

Sin embargo, aquí tiraron la casa por la ventana como siempre y España quedó exhausta y arruinada. Fue un gran error cerrar numerosas líneas férreas deficitarias, porque decían que España no las podía costear, y luego se gastaron hasta lo que no teníamos en juegos y exposiciones florales. El mandatario socialista se había propuesto cambiar la imagen de España en el mundo y no sé si lo consiguió. Al rebujo de aquellas obras faraónicas, empezó también el auge de la construcción de manera que los pisos llegaron a doblar el precio en poco tiempo. Pero, volviendo a Jaén, fue tanto el destrozo que hicieron en la antigua vía del Tren del Aceite, que desecaron para siempre la pequeña fuente que había en aquel paraje, de forma que sólo ha quedado en su recuerdo el nombre de las Fuentezuelas.


Posdata: no he podido encontrar fotografías del Tren del Aceite.




lunes, 9 de abril de 2018

HISTORIA DE ZÚJAR, DE FRANCISCO ARREDONDO
















El historiador y catedrático, Francisco Arredondo Arredondo, es miembro del ‘Centro de Estudios Pedro Suárez, de Guadix’ y de la ‘Asociación de Escritores del Altiplano de Granada y Pozo Alcón’. Ha publicado varios libros, ‘Regadíos y pagos de la Vega de Zújar’, en el 2000; ‘Fiestas de Zújar en honor de Ntra. Sra. de la Cabeza’. La representación de Moros y Cristianos’, en 2007, así como diversos trabajos de investigación histórica, publicados en revistas. En 2016, editó de su bolsillo la obra ‘Notas de historia y geografía urbana de Zújar’, debo señalar que ha hecho un trabajo de investigación histórica muy completo y que el pueblo de Zújar puede sentirse orgulloso. El autor destaca la evolución urbana que ha tenido a lo largo de la historia y da a conocer las diferentes facetas por las que ha transcurrido la vida del pueblo: “La geografía y la historia han ido influyendo en las formas de vida, costumbres, comportamientos de las gentes y ello ha contribuido a elegir un asentamiento (…). El hecho de ser una zona cruce de caminos también ha influido para la continua presencia de pueblos del ámbito mediterráneo y europeo configurando un crisol cultural rico en matices”. La primera parte del libro trata de la ‘Evolución del urbanismo en Zújar’, abarcando la Antigüedad, la Época Medieval y los siglos que van del XVI al XX. La segunda parte la dedica a la ‘Morfología urbana’: el plano y el paisaje urbano, análisis de la vivienda, arquitectura religiosa (las ermitas e iglesia) y arquitectura de producción, con molinos y almazaras. Al final vienen unos cuadros de la población zujareña: por el lugar de nacimiento, por titulación, por calles, barriadas y caseríos, así como la población extranjera residente. También dibuja la pirámide de la población, con las edades de hombres y mujeres, la clasificación de los trabajadores en los sectores primario, secundario y terciario, etc.

En el Llano de la Jarea y el Camino de Guadix se han encontrado vasijas con restos óseos, de la época argárica (1.500 a. C.), debido a la vecindad de Murcia y Almería. La presencia de los iberos se manifiesta por la abundancia de trozos de vasijas, una figurilla femenina y trozos de molinos de mano. Esta zona fue romanizada en el siglo II a. C. y posiblemente hacían escala los viajeros que iban de Castulo a Málaga. La presencia musulmana durante ocho siglos dio lugar a unas construcciones diferentes, dejando huella también en el regadío, los cultivos, las costumbres y la toponimia, como los barrios de Alquería, Harasmontarit, Harasçocat, Sima-Xarea y Abatel. En época árabe, los contornos del pueblo eran muy distintos a los que conocemos hoy, afirma el autor: “La Vega, sin olivos y con cultivos diferentes a los actuales, constituía un vergel de naturaleza exuberante con acequias y fuentes de aguas cristalinas como la de Las Doncellas a la que acudían las zujaríes a solazarse en las tardes (…). Asimismo, los once molinos harineros constituyeron un elemento importante de trasiego, vida activa e ir y venir de todo tipo de gentes”.

“El ataque a la Alcazaba y conquista de Zújar se enmarca como acción previa al asedio de Baza, por los Reyes Católicos, en 1489”, señala Arredondo. Fernando el Católico aceptó la capitulación honrosa de los defensores zujareños, después de ocho días de asedio, permitiéndoles irse a Baza. Tras la rendición de la Alcazaba, los Reyes Católicos prometieron a los musulmanes que respetarían su religión “e los dexar en el uso de sus leyes y costumbres, otrosí, de nos les façer, ni consentir que les sea fecha fuerça, ni robo ni injuria”. Sin embargo, la reconquista de Zújar supone un cambio de población y de creencias. En las plazuelas de los barrios se agramaba el cáñamo y eran frecuentes los oficios de agramador y alpargatero, en cada uno de los barrios de Zújar había un horno de pan cocer. Como existían once molinos harineros, era un continuo ir y venir de arrieros, de los caseríos y cortijos. Los oficios más comunes eran, además de los citados, los agricultores, cesteros, talabarteros, tenderos, yeseros, carpinteros, alarifes, porqueros, herreros, jaboneros… Los cristianos nuevos o moriscos eran más de 2000 tras la sublevación, en 1571. Sin embargo, un año después,  no llegan a los mil a causa de la expulsión del Reino de Granada.  Se intenta suplir con la repoblación de cristianos venidos del Reino de Jaén, en su mayoría.

En cuanto al tipo arquitectónico, en los siglos XVI y XVII, se impondrá el estilo cristiano-mudéjar. Se manifestará en la arquitectura civil, religiosa, excavada y de producción, con diferentes cubiertas, patios, fachadas y dependencias en casas, molinos, cuevas, etc. El escribano del concejo, José de Heredia, escribe en el siglo XVIII: “Está la villa de Zújar a una legua de distancia de la ciudad de Baza a el lado de occidente y al pie del cerro nombrado de Jabalcool, en lo hondo de una cañada por donde se vierten las aguas de los convecinos cerros y nacimientos naturales y lluvias a parar a el rio Grande llamado Bravata, después Guadiana (Menor)… con fortaleza que dominaba a todas partes para defensa de sus habitadores cuyas moradas tenían por uno y otro lado vaxo de su alcazaba…”. En otro capítulo, el autor explica: “La excavación de cuevas para vivienda se desborda ya en la segunda mitad del siglo XIX y continúa en aumento constante hasta la primera mitad del siglo XX”. En esta época desaparecen los cultivos tradicionales del lino y cáñamo, y se deja de cultivar la morera para la cría del gusano de seda. Aumentan el cultivo de los cereales y olivos y se introduce el de la remolacha azucarera. Se produce también “la inmigración de muchas familias de braceros y pegujaleros que buscan en la explotación del esparto un recurso económico para ‘satisfacer’, en cierto modo, sus necesidades (el Ayuntamiento recaudaba 6.000 pesetas al año) de aquí que en un período de cien años se triplique la población de Zújar”. En 1850 tiene 2.603 habitantes, en 1947 llega a 8.200, mientras que en 1954 alcanza 9044 habitantes, de los que unas 300 familias vivían en cuevas. Sin embargo, a partir de entonces se produce una emigración masiva llegando a descender un 23% la población, en 1974, según el catedrático Cano García.

Francisco Arredondo, foto de Antonio Arenas







Francisco Arredondo, a través del estudio de los archivos, cita la existencia de un hospital junto al Pósito, que también fue Tercia hasta la Desamortización de Madoz, en 1855, “en la que se almacenaban y guardaban los diezmos de pan en grano de la Iglesia y el cabildo de la Abadía de Baza que eran los cuatro novenos (las tercias reales se quedaban con los 5/9 restantes), después se utilizó para escuelas públicas”, hasta 1970 en que fueron demolidas. A finales de los años cuarenta, el Patronato de Santa Adela construyó la barriada de el Ángel 14 viviendas, las llamadas ‘Casas Baratas’. Pero, en los años setenta, la explotación y comercialización del esparto es cada vez más complicada, por lo que provoca una fuerte emigración a Francia, Alemania, Holanda…, así como a Cataluña, Baleares, Levante, etc. El autor se queja con razón de que “la fiebre constructiva del último tercio del siglo XX y primeros del XXI y los cambios de mentalidad han causado la pérdida de muchas viviendas tradicionales…, se han introducido modelos nuevos de construcción, ha desaparecido la costumbre de colocar balcones tradicionales en fachadas. Con la especulación del suelo…, se emplean cubiertas de uralita, puertas metálicas acristaladas, etc. de forma que se está perdiendo cierta estética, atractivo original y la esencia que ha caracterizado a un pueblo con una densa historia en todos los sentidos”.

Asimismo, va describiendo en qué años se construyen los edificios del Consistorio, del Cuartel, de numerosas viviendas, o cuándo son demolidas las antiguas, el mercado de abastos y las cuevas. Sabemos que la carretera se construye en 1890, mientras que la construcción de una fuente pública se aprueba en 1873, con un presupuesto de 1.500 pesetas. Francisco Arredondo ha desarrollado un trabajo de investigación intenso y prolijo, con muchas horas de estudio en los archivos de la Parroquia y del Ayuntamiento de Zújar, en los Archivos de la Real Chancillería y de Protocolos Notariales de Granada, y ha consultado numerosas obras de autores granadinos y españoles. El libro está ilustrado con abundantes fotografías y dibujos del autor, así como de otros autores. Zújar es un pueblo plagado de nombres árabes, escarbas un poco y encuentras calaveras de los moriscos, como no hace muchos años les ocurrió a unos albañiles al arreglar una calle, porque el pasado y nuestra historia están ahí, a la vuelta de la esquina. “Era costumbre colocar cruces o humilladeros en la entrada de los pueblos y en lugares donde se bifurcan caminos…”, leo en la página 235. He disfrutado leyendo este libro de Francisco Arredondo, que nos enseña y descubre la Historia de Zújar, su pueblo natal, del que me habla siempre cuando nos encontramos en la calle y al que siempre lleva por bandera.




sábado, 3 de marzo de 2018

SOBRE LOS AMIGOS Y LOS HIJOS















Carmen Posadas escribió el artículo ‘Esas cosas que a uno se le ocurren a fin de año’, en la revista XLSEMANAL, de diciembre de 2017, sobre las amistades que uno va teniendo en la vida. Copio este párrafo: “Al entrar en la sesentena empiezo a valorar algo que con cuarenta años me parecía aburrido y, con cincuenta, sólo un premio de consolación (…). Pero sigue uno cumpliendo años y ¿qué busca entonces? Simplemente lo que necesita en ese particular tramo de la vida. Ni al más guapo, ni al más importante ni tampoco al más inteligente, sino al que más lo querrá y mimará. El que no brilla, pero no falla, el que no sabe quién es Schopenhauer pero cumple sus teorías al pie de la letra. El callado, infalible y redentoramente bueno. Lástima que tenga uno que hacerse viejo para aprender algo tan elemental”. Y añado yo, ahora valoras al amigo que siempre está ahí para echarte una mano.
Lo que sigue es el chateo que mantienen dos amigos jubilados (una mujer y un hombre, por orden de aparición), que ni siquiera se conocen, sobre el artículo de Posadas:

-Yo, en cambio, empecé la casa por el tejado. El primer novio que tuve me llevó al altar, pero no funcionó porque me faltó rodaje para evaluar la bondad de él. A los siete años, mis padres me internaron en un colegio de monjas y estuve hasta los dieciséis. Me sirvieron para ahuyentar de mi mente cualquier devaneo sexual, por lo que llegué virgen al matrimonio. Y así, nuestro noviazgo debió de ser para él la prueba más dura por la que tuvo que pasar. Estaba loco por su chica, pero mi contumacia hizo que no hiciera ninguna concesión de soltera, por lo que no me sirven las conclusiones de Carmen Posadas.
-Sin embargo, yo me identifico con la escritora, pues ahora vas seleccionando y valorando a los viejos amigos.
-Mis amigas las tengo desde hace 38 y 47 años, así que no he necesitado pasar de los 60 para elegirlas, todo depende de cómo haya vivido cada uno. Para Carmen Posadas, la superficialidad fue el factor determinante en su juventud, después le llegó el brillo social, la buena vida, un matrimonio con un señor importante (Mariano Rubio fue director del Banco de España). Algo tenía que dejar para la madurez.
-De acuerdo, pero con la madurez vamos apreciando a la buena gente. Los viejos amigos, los viejos libros… A esta edad valoramos mejor y elegimos lo que nos conviene.
-Yo aprendí mucho antes de la madurez, a los 35 años ya tenía las amigas que tengo hoy. El tiempo es el filtro que desecha lo que no sirve y consolida lo mejor, aunque cada uno maduramos a distinto tiempo porque las pautas no son igual para todos ya que no estamos programados por un chip. En la madurez y por razones obvias quedan menos opciones de elección y tampoco es que quede mucho, a veces, ni a quien más quieres. En los hijos notas el abismo generacional pues sus ideas raras veces coinciden con las nuestras y el diálogo es poco atractivo. Es mejor alguien de tu edad y, si lo conoces desde hace tiempo, lo consideras como si fuera de la familia.
-Yo tengo confianza con mis hijos, hay que ganárselos, dialogar con ellos, ser flexibles y luego cada uno en su sitio.
-La confianza no tiene nada que ver, dialogar con ellos puedes haber dialogado tanto como yo, pero lo dudo. La cuestión es el punto de vista que tenemos unos y otros en función de mil razones, pero me cansé de conversar con ellos, no solo por la falta de coincidencia respecto de las ideas, sino porque te sientes desautorizada para opinar porque siempre te rebaten. Y no es porque haya malos modos, pero algunas veces acabo pensando que estoy entre extraños, es difícil de explicar pero en ocasiones he llegado a dudar de mis propios razonamientos. La vida no es una senda lineal en la que todo está despejado y transitas cómodamente por ella. También voy aprendiendo esto con la edad. Nunca antes tuve 70 años y a cada edad le corresponden lecciones diferentes. Por esta razón, la universidad de la vida nunca nos dará un título, pero siempre nos está dando lecciones. Seguimos aprendiendo hasta el mismo día en que nos vamos definitivamente. Menudo panfleto te acabo de colocar, lo que no voy a aprender nunca es a sintetizar. Gracias por tu aporte de ideas.
-De joven yo no entendía a mi padre, pero cuando murió y más tarde tuve hijos, fue cuando lo comprendí. Cuando ejerces de padre es cuando te das cuenta. Tus hijos son de una época diferente, intenta comprenderlos y que tengan unos valores. Ellos te comprenderán un día, quizá cuando sea demasiado tarde. Cuando se mueren los padres es como una bomba de efectos retardados, conforme pasan los años los vas echando más de menos. He visto a abuelas poco antes de morir, una me decía en el hospital: “No hay día que pase sin que me acuerde de la pobretica de mi madre”. Y a ancianas con alzheimer que balbuceaban el nombre de su madre…


-Mi hija mayor nació cuando yo tenía 24 años, y los otros dos, unos años más tarde, pero esto no es un abismo insalvable sino que es la propia evolución de cada uno la que marca las pautas del pensamiento. Criados juntos y educados igual, con los mismos principios, sin embargo, cuando crecen reciclan las ideas que les inculcamos de manera que unas les sirven y otras las desechan. Como hemos hecho todos. Los humanos educamos a los hijos como si el mundo que van a heredar fuera el mismo que heredamos nosotros, pero no es así. La vida tiene cambios continuos y educar como en el pasado es un error y una pérdida de tiempo. Así que la referencia es el pasado, donde creíamos que todo era perfecto y no nos cuestionábamos nada. Sin embargo, todo es cuestionable y discutible y el que crea lo contrario está equivocado. Nuestra vida fue distinta que la de nuestros padres, lo mismo que lo que a nosotros nos servía no sirve para nuestros hijos. Antes, hace un siglo o cincuenta años, los cambios eran más lentos, pero, hoy, con los medios de comunicación, Internet, Facebook, el wasap…, todo es diferente y sucede más de prisa.
-Cuando mis hijos me piden consejo se lo doy, pero no intento imponer nada ni discutir. Me limito a exponerles mi punto de vista y que cada cual actúe como crea conveniente. La vida no se ve igual a los veinte, en que se es revolucionario, que a los cuarenta, donde ya eres conservador, y no digamos a los sesenta cuando la vida se ve con otra perspectiva más tranquila y menos fogosa.
-Como debe ser, los hijos ya son mayores y toman las decisiones, asumiendo las consecuencias. Como hemos hecho todos. Pero nada de lo que nos servía a nosotros, les sirve a ellos. Se puede decir que nuestra época ya pasó. Es muy agradable conversar contigo. Feliz día.
-Lo mismo te digo.
Éste diálogo me lo pasó un amigo y lo he expuesto tal cual.






domingo, 18 de febrero de 2018

A NUESTROS PADRES


Celebrando la primera comunión (1964). Foto Javier López




Nunca he leído un escrito donde los jóvenes elogien a la generación anterior, o los hijos a sus padres. Más bien ocurre al contrario, los jóvenes siempre han tratado de diferenciarse de las generaciones anteriores, por cuestión de personalidad, de rebeldía o de reafirmación frente a los otros. Esto se aprecia mucho en los movimientos literarios. Por otro lado, los hijos deben de emanciparse y hasta quitarse el yugo de los padres, para poder realizarse en la vida y desarrollar su personalidad, como cuando el Señor dijo a Abraham, según el ‘Génesis’: “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre y vete a la tierra que te mostraré”. Cada época tiene su moda y sus costumbres, y también podríamos aplicar el refrán de que se es revolucionario a los veinte años y conservador a los cuarenta. Porque, a los veinte años no se tiene una visión de la vida como a los cuarenta, y no digamos a los sesenta. Por eso siempre estará presente en la relación de padres e hijos, y entre las generaciones, el problema de la eterna incomprensión. El hijo no comprende el mundo atrasado, arcaico y conformista del padre –que ha bregado con cincuenta batallas, procura no crear problemas y llevar una vida tranquila y digna–, mientras piensa que, enfrentándose al sistema, rebelándose contra las normas y protestando por todo, va a conseguir sus reivindicaciones o que va a descubrir la pólvora. La vida ya se encargará de demostrarle que todo está ya descubierto y que en la sociedad se producen cambios a la vez que todo sigue igual.
 
Hace poco he vuelto a ver ‘Canciones para después de una guerra’, del director Basilio Martín Patino, que falleció en 2017. La película se estrenó en 1971, pero estuvo censurada hasta la muerte del dictador Franco. Retrata las escenas de desolación, pobreza y miedo de la posguerra, el sufrimiento, la represión y la dureza de la vida que tuvieron que soportar nuestros padres, pues se encontraron con una España completamente destrozada a causa de los tres años de guerra civil. Las cartillas de racionamiento estuvieron hasta 1953, yo todavía guardo la de mis padres, lo mismo que el estraperlo, el contrabando de los productos básicos de alimentación. Ellos vivieron los peores años del siglo XX, trabajaban como los chinos y en unas condiciones miserables, cobrando cuatro perras, sin vacaciones, sin seguridad social, sin comodidades y con una paga escasa en la jubilación. En el filme de Martín Patino, el malagueño Miguel de Molina canta ‘La bien pagá’ y ‘La hija de don Juan Alba’. Al finalizar la guerra recibió una paliza de los falangistas, por su condición de homosexual, de manera que tuvo que exiliarse en Argentina donde murió completamente olvidado. Estrellita Castro nos deleita con ‘La morena de la copla’ y ‘Suspiros de España’, mientras que Concha Piquer te emociona con ‘Tatuaje’: “vino en un barco de nombre extranjero”. No podían faltar ‘Ojos verdes’, ‘Francisco Alegre’ y tantas canciones y coplas míticas en aquel tiempo del pan negro y de la miseria. Eran canciones para sobrevivir, para sobreponerse a la oscuridad, al vacío, al miedo, a la pobreza… 





En los años sesenta, en la radio eran famosos los programas que dedicaban canciones a la novia, al hermano, a la madre…, mientras que a veces oías cantar a las mujeres y a los hombres en las casas. Hoy a nadie se le ocurre cantar, porque estamos saturados de música, de televisión, de wasap, de Internet, videojuegos… Ahora es frecuente ver a los jóvenes por la calle, con los teléfonos inteligentes en la mano, los pinganillos en las orejas y la sonrisa en la boca porque están viendo el video de un chucho bailando. En la película también salen escenas de las colas de hambrientos, prematuramente envejecidos, en el Auxilio Social, que se creó durante la guerra para los más necesitados. El comedor del Auxilio Social en Guadix, en los años sesenta, daba un olor a humanidad impresionante, pues allí comían los niños más pobres, la mayoría de ellos eran gitanillos de las cuevas. Se te saltan las lágrimas viendo la llegada del buque soviético ‘Semíramis’, al puerto de Barcelona, en 1954, donde esperan miles de personas. Llevaba 286 presos españoles, la mayoría eran soldados de la División Azul, que la Unión Soviética liberó en un gesto de buena voluntad. Allí está una abuela o quizá sea una madre, con su pañuelo negro y con el pelo blanco del sufrimiento, que espera ansiosa al hijo, y unos hermanos que se abrazan después de diez años de cautiverio. Hay una escena graciosa, en la película, en que un niño pelón se levanta del pupitre y le contesta al maestro, con todo el respeto del mundo: “No he podido estudiar, don Anselmo”. Sin embargo, todos imaginamos la reacción que debió tener don Anselmo, pues el lema preferido de aquellos años duros era precisamente “la letra con sangre entra”. Los hijos de la posguerra crecimos en la austeridad, pues nos decían “¡niño, come pan!”, y nos educaron en la disciplina, como los maestros, esto es, a base de castigos y algunas tortas. Recuerdo que en el pueblo, la luz se iba de vez en cuando y entonces mi madre sacaba el quinqué. En fin, el trabajo, la disciplina y el respeto fueron las consignas que nos inculcaron nuestros padres.

Pero, bueno, era lo que había entonces y la Dictadura de Franco ya se encargaba de la censura, de la represión y de encarcelar a los sospechosos. En los años sesenta fue la época del “Desarrollo” y la construcción, los turistas comenzaron a venir en masa a España, buscando el sol y los precios bajos, y el Seat 600 se convirtió en el coche de moda. Por eso, la generación de nuestros padres fue la que levantó España y las comodidades que tenemos hoy se las debemos al esfuerzo y al sufrimiento de ellos. Al llegar a cierto nivel de vida y al Estado de Bienestar, aquella burguesía y el movimiento obrero hicieron que fuera posible la llegada de la democracia a España, en 1977. Ya no se podía sostener, como antes, un Régimen caduco basado en la fuerza, en la opresión y el miedo. El pueblo pedía libertad, participación y democracia. Hoy, los derechos y libertades que gozamos los españoles vienen reconocidos en la Constitución, pero no sabemos apreciarlos ni el trabajo que costó conseguirlos. Mis padres fallecieron en 1977 (con 58 años) y en 1995, respectivamente, y por eso los echo de menos, me recuerdan la infancia y la juventud, de los años cincuenta y sesenta, y aquella España en blanco y negro de la Dictadura. Pero, como digo, no sabemos reconocer ni el bienestar ni la democracia que gozamos en España y, menos aún, que se los debemos a nuestros padres y abuelos.

Artículo de mi libro, Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro (2020).

http://en-clase.ideal.es/2018/02/17/leandro-garcia-casanova-a-nuestros-padres/


Posdata.  Señalar que el libro no se ha vendido como yo esperaba, pero ha sido la mejor inversión que he hecho en mi vida, pues reuní, con ayuda de bastantes castillejanos, las mejores fotos de Castilleja que realizó mi padre. También tenía que reivindicar su memoria, pues las fotografías circulaban por las redes y por exposiciones y su nombre apenas aparecía. Los ayuntamientos financian libros y promueven la cultura (con los impuestos de los vecinos), pero otros prefieren las macrogranjas (dejan buenas ganancias al ayuntamiento y salarios muy bajos a los trabajadores), o bien montan un teatrillo donde la mayoría son de su cuerda y a esto le llaman cultura. Pero la cultura les pesa más que les abriga, como decía el poeta Antonio Machado. El ayuntamiento no me ayudó, más bien me cerró la puerta. El día de la presentación del libro el alcalde suspendió el acto por el confinamiento del Covid, sin embargo permitió que se celebrara el mercadillo del sábado, porque allí se ve que no había riesgo de contagio, cuando la mayoría de los vendedores venían de otros pueblos. He editado tres libros sobre Castilleja y los tres los he financiado de mi bolsillo y, cuando sale algún tema, escribo sobre hechos y personas de mi pueblo. Obras son amores.

Certificado del vicecónsul de España




Copio este párrafo del libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro: “Entre los años veinte y cuarenta del siglo pasado cambiaron el topónimo Castilleja por Castilléjar, luego suprimieron el apellido De los Ríos y ya desgraciaron el pueblo. Néstor Sosa, un argentino de Mendoza, me envió hace varios años un certificado del vicecónsul de España en San Rafael (Mendoza). Dice así: “Certifica que don Antonio Pérez y Martínez es español, natural de Castilleja de los Ríos…, de 28 años de edad, de profesión peluquero (…), 14 de noviembre de 1922” (…). Néstor Sosa estuvo buscando a su abuelo en el padrón de Castilléjar y no lo encontró, porque quemaron los archivos durante la Guerra Civil”. Néstor falleció hace unos meses, tendría menos de cincuenta años. En fin, en vez de cambiar el topónimo Los Barrancos por el anglicismo badlands (que nadie entiende ni aprovecha a nadie, como no sea a los ingleses), el ayuntamiento debía levantar un monumento al espartero, pues cientos de castillejanos cogieron esparto en Los Barrancos durante décadas y sirvió de sustento a sus familias. Sería hacerles justicia, pues muchos de ellos viven todavía. También podía reclamar a la Junta de Andalucía que se reponga el topónimo original de Castilleja de los Ríos, pues “es la mejor definición del pueblo y para mí es de los más bonitos de la provincia de Granada…”, escribo en el citado libro.

Los cuatrocientos ejemplares del libro Diálogos en la tierra de los ríos (2003) los vendí en seis meses y, si hubiera hecho otra edición, también se hubiera vendido, a pesar de que contenía menos fotos que mi último libro. Mi editor hizo una edición sin mi autorización y vendió los ejemplares a más del doble del precio que yo los vendía. En fin, quiero dar las gracias de nuevo a los veintiún paisanos y forasteros que me prestaron fotografías, a quienes han comprado mis libros y a los que me escribieron agradecidos, yo he tratado de hacerlo lo mejor que he podido aunque siempre habrá algún fallo. La fotografía de arriba es entrañable y se me saltan las lágrimas al contemplarla. De izquierda a derecha aparecen mis padres, Dora y Leandro, Isidora, Nati, la vecina, doña Natalia, la maestra de Los Carriones (venía montada en el remolque del motocarro del Capagatos y solía hacer una visita a mis padres), que está jugando con el maestro don Emilio, y mis hermanos Carmelo y Carlos, vestido con el que fue mi traje de primera comunión.