viernes, 8 de septiembre de 2023

LOS AMIGOS DE DON JOSE MANUEL

 




     El 10 de marzo pasado, le envié una reclamación al presidente del Centro de Estudios Pedro Suárez, de Guadix, don José Manuel Rodríguez, quejándome que en diciembre de 2022 salió publicado el Boletín número 35 del CEPS, en edición digital, sin embargo mi trabajo de investigación El castillo y las cuevas de la Morería (de Castilléjar) no viene publicado e ignoro los motivos. Y de que no he recibido ninguna comunicación de la directora del Boletín (Ana María Gómez, esposa del presidente) motivando por qué no ha admitido mi trabajo, si le faltaba algún dato, requisito o no reunía las condiciones. Al final le pedía que se motivara la no admisión de mi trabajo y que me envíen los informes de los dos revisores anónimos y las recomendaciones o indicaciones oportunas sobre mi trabajo. Incluyo este párrafo de la reclamación: 2.    El descubrimiento del castillo del siglo XII, en Castilléjar, y el acceso a las cuevas de la Morería tras un siglo de aislamiento, perforando una cueva contigua, por el equipo Memolab, dirigido por el arqueólogo José María Martín Civantos, fue todo un acontecimiento del que se hizo eco la prensa granadina y andaluza, a finales de julio del pasado año. Sin embargo, mi trabajo sobre este importante descubrimiento arqueológico, destacando el contexto histórico, la defensa del patrimonio, el valor histórico y cultural y hasta la publicación en la página de Facebookdel CEPS, no ha sido admitido y se ha preferido publicar temas que no han salido en la prensa y escritos por quienes no son miembros. ¿Qué criterios de evaluación han aplicado para rechazar un tema mediático, como es un  hallazgo arqueológico de hace nueve siglos…”.

 Unos días después, recibí un correo electrónico del presidente: Una vez recabados los informes de valoración, que en tu caso han sido 4 (en lugar de los 2 preceptivos), te los hago llegar. De nuevo le envío un correo al presidente, el 24 de marzo, quejándome de las irregularidades que observo (copio el párrafo): “Aunque los informes son negativos, qué menos que comunicarme las deficiencias y las posibles modificaciones, antes de la publicación del Boletín (…). Este cuarto informe de última hora tiene fecha de recepción el 10/03/2023, precisamente el mismo día que te envié la reclamación por correo electrónico, por lo que resulta chocante la coincidencia de fechas”. Reproduzco casi íntegras las observaciones del evaluador: En mi modesta opinión, este trabajo no presenta los requisitos mínimos para su publicación en el boletín del CEPS. En todo caso se trata de un artículo, nada riguroso e incoherente, propio de un blog informal o de un texto de memorias personales a la baja. Hay afirmaciones sin respaldo bibliográfico, no presenta fuentes primarias (pero no especifica), ni notas a pie de página (hay dos, habrá que pensar si ha leído el trabajo). (…). Este amago de artículo pseudo periodístico no aporta ningún valor en el conocimiento científico del patrimonio. Las citas textuales sobre comentarios en las redes sociales y las declaraciones de los políticos locales demuestran que se trata de un género de trabajo inclasificable. Además, hay errores conceptuales y cronológicos de calado, entre cuevas almohades y cuevas moriscas, un poblado ibérico que después es un poblado argárico…

 

Sin embargo, no concreta dónde están los errores conceptuales y cronológicos de calado, y es cierto que falta la conclusión pero del último párrafo se deduce claramente… Dan vergüenza ajena los ataques personales, las expresiones despectivas y zafias que utiliza el evaluador, lejos de  la imparcialidad, objetividad y seriedad que deben tener los informes. Se sirve del informe para insultarme y difamarme, incluso califica el trabajo como si fuera un fraude, pero lo más grave es que lo hace con total impunidad y con el visto bueno del presidente. En estos casos, lo lógico es indicar al investigador que corrija esto, que aquello no es adecuado o no cumple las normas. Sin embargo, el evaluador no prueba nada sino que se inventa toda esta bazofia con el objeto de hacer daño. Me gustaría decirle a este tipo que he editado cuatro libros y que me han publicado artículos en Ideal durante cuatro años y en La Opinión de Granada durante tres años, así como en el ABC de Sevilla, por no hablar de los premios literarios que me han concedido. No se entiende que una asociación cuyo objeto es investigar, conservar y difundir el patrimonio histórico de las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar, avale un informe que rechaza con insultos y burdas descalificaciones mi trabajo sobre el hallazgo arqueológico de un castillo del siglo XII y el acceso a las cuevas de la Morería, violando además la dignidad y los derechos más elementales de las personas. Habrá que recordar que el CEPS, en su estructura interna y funcionamiento, debe ser democrático como establece la Constitución.

 

En el Boletín número 33, de 2020, vienen 11 artículos de miembros y 19 de investigadores, o lo que sean, ajenos al CEPS. Y en el Boletín número 35, de 2022, vienen 23 trabajos: 8 son de miembros del CEPS, mientras que los 15 restantes (casi el doble) son de personas ajenas. Y en este plan, a unos les sirve para hacer méritos académicos y al presidente para hacer amistades por el mundo y prodigarse en los medios. En mi escrito, le recuerdo al presidente que algunos trabajos ajenos no cumplen con los criterios y los aspectos relevantes que exigen las Normas de presentación. Sin embargo, les aplican una doble vara de medir. Nada de extraño tiene que haya mucho descontento entre los compañeros del CEPS: se quejan porque en los últimos años se han elevado inexplicablemente las exigencias de manera que no les publican los trabajos. Como dice un compañero, ¿de qué nos sirve celebrar nuestro treinta y cinco aniversario, cuando se excluyen a los miembros en favor de otros? Seguro que ellos, no tienen problemas para publicar. Un miembro publicó un libro con una editorial y el presidente le prometió que el CEPS le compraría cincuenta ejemplares. Al final no cumplió lo prometido y este miembro ya no envía colaboraciones al Boletín ni asiste a las asambleas desde hace años, porque está desengañado. Otro me dijo que desde hace tiempo no envía artículos porque no se los publican y hasta miembros históricos confiesan que están pensando en marcharse. Y así, unos y otros se van desengañando.

 

A la vista de las últimas publicaciones, es evidente que el presidente ha puesto el Boletín al servicio de sus amigos mientras se excluyen con excusas y sin contemplaciones las colaboraciones de los miembros. Al mismo tiempo se prodiga en los medios de comunicación, sacándole un buen rendimiento al cargo y, en este plan, dirige el CEPS como si fuera su cortijo. Y esta es la razón por la que ponen tantas trabas y obstáculos a la publicación de los artículos, por lo que el presidente deberá explicar en la próxima asamblea a qué se debe este doble rasero y con qué derecho un evaluador insulta y descalifica en su informe a un miembro (con su complicidad), porque le ha pedido explicaciones por su colaboración.

Copio este párrafo de mi reclamación al presidente: “El Boletín no puede estar dirigido por una sola persona, que publica o no los trabajos sin siquiera informar a los miembros interesados. Debe de haber un consejo editorial efectivo, que controle y dirija los trabajos presentados, con un baremo imparcial, para que no ocurran las arbitrariedades que he padecido y he tratado de demostrar. Considero que deben cambiar las normas de publicación, de manera que sean más transparentes, proporcionales, adecuadas y equitativas, para que los miembros podamos ser informados de nuestros trabajos y para que el Boletín esté al servicio de todos. Entre todos podemos ceder y tratar de llegar a acuerdos. Por todas estas razones, te pido que se trate el tema del consejo editorial y de los trabajos presentados en la próxima asamblea”. Los miembros del CEPS tendremos que decidir si queremos que nuestros trabajos salgan publicados en el Boletín, o que el presidente lo siga utilizando para sus amigos.




martes, 29 de agosto de 2023

CARLOS ASENJO, MEMORIA DE UN SIGLO

 

Carlos Asenjo, a la izquierda. Foto de Granada Hoy


Sobre las 11:30 de la mañana caminaba con un antiguo amigo por la Avenida de Medina Olmos, de Guadix, y me paré a saludar al historiador Carlos Asenjo y a Jesús Gil, que estaban sentados en la terraza de un bar. Por indicación de Jesús, nos sentamos con ellos. A este lo conozco desde 1995, cuando era secretario general del Delegado de Agricultura, de la Junta de Andalucía, mientras que yo acababa de llegar a la Delegación de Medio Ambiente. Entonces, ambas delegaciones se encontraban en el mismo edificio de la Gran Vía, de Granada, junto al antiguo Gobierno Civil. Con el tiempo hicimos amistad y hará un año que nos encontramos de casualidad en la Plaza de las Palomas, de Guadix, pues en el verano se traslada a la casa que tiene frente a la Catedral. Han pasado veintiocho años, casi en un soplo, pero, cada vez que nos vemos nos saludamos como viejos amigos aunque vivimos alejados el uno del otro. Le digo en broma a Carlos Asenjo que tiene que escribir una carta a los filipenses, recordando las famosas cartas del apóstol San Pablo a los primeros cristianos.

Estatua dedicada a Pedro A. de Alarcón


 El historiador es una enciclopedia, me va contando episodios de la Guerra Civil en Guadix donde fue muy cruenta. Le explico que mi tío abuelo paterno pasó la guerra en la Catedral de Guadix, que entonces estaba ocupada por el ejército republicano, mientras que mi abuelo materno estuvo trabajando como prisionero en la carretera de Jéres del Marquesado, por pertenecer a la derecha. Ellos no se conocieron, ni siquiera después de la guerra. Carlos me habla de los destrozos e incendios en la Plaza de las Palomas, de los bombardeos… Nació en 1928 y tenía  ocho  años cuando comenzó la guerra, aunque poco después su familia se marchó a Alcudia, como cuenta su hermano José Asenjo en Conversación sobre la Guerra (1977). Le dediqué un artículo a esta novela que apenas se conoce en Guadix. A continuación hablamos del insigne escritor Pedro Antonio de Alarcón, que se marchó de Guadix con el propósito de no volver, y Carlos me recuerda que en los años cincuenta el Ayuntamiento le levantó la estatua en el parque que lleva su nombre, aunque yo creía que había sido por suscripción popular. También me habla de la tertulia que hacen en la terraza de la plaza del Campillo, en Granada, Jesús Gil, Pascual Dengra y algunos amigos más, donde se habla de literatura, política o del tema que toque. Yo asistí alguna vez a la tertulia, hace años, pero al residir en Las Gabias me resultaba complicado desplazarme.



Avenida Medina Olmos, de Guadix

 




Carlos Asenjo es la memoria viva de Guadix, confiesa que ahora escribe menos porque ve poco y solo oye por el oído izquierdo, pero es que ya tiene 96 años. Hace siete años le dediqué un artículo a su obra Las cuevas. Un insólito hábitat de Andalucía Oriental (1990). Copio estas frases de la obra: El arte de la alfarería es esplendoroso, pues es una herencia de los moriscos… la cueva era siempre una actitud de espera ahíta de reivindicar la propiedad de la casa, del terruño, de lo ancestral como posesión de los antepasados. Carlos siempre viene a Guadix durante el verano y le gusta sentarse en la terraza de un bar a echar un rato de charla con los amigos, va desgranando sus recuerdos y me habla sobre la obra del historiador Vicente González Barberán, que falleció hace unos meses: éramos amigos, me dice. Le respondo que era el personaje más famoso de Huéscar y que su biblioteca y obra fueron trasladadas por el Ayuntamiento oscense a un archivo  que lleva su nombre. Con motivo de su fallecimiento, publiqué el artículo Conversando con González Barberán, que recojo en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014). De Pascual Dengra, el historiador accitano me cuenta que su mujer apenas puede andar, por lo que apenas sale a la calle. Recuerdo que este guesquerino (hijo del famoso y olvidado maestro, don Pascual Dengra, porque miles de oscenses pasaron por su escuela unitaria) venía a visitarme a la Biblioteca de Andalucía, donde yo trabajaba, y echábamos un rato de charla. Siguiendo con la conversación, Carlos me cuenta la anécdota de un dentista, en el Guadix de los años cincuenta, que le deja la muela a medio sacar a uno, porque decía que era la hora y tenía que marcharse en el coche de un amigo a Granada, donde residía. Al hilo del tema, le digo que en mi pueblo, Castilléjar, había un sacamuelas que las sacaba con unos alicates y para ello ponía la pierna en el pecho del susodicho (como diría Carlos) para hacer fuerzas, según me contaron. Era también barbero y recuerdo que yo era un crío cuando me pelaba. Sobre las 12:45 horas vino Eugenio, el hijo de Carlos, para llevárselo y ya nos despedimos: Eres la memoria de un siglo, le dije a modo de despedida mientras se alejaba con pasos cansados. Media hora antes habían llegado dos jóvenes de la familia de Jesús Gil para acompañarlo, hace dos años le dio un infarto pero se ha recuperado. El caso es que escribo este artículo de verano porque conviene recordar a los viejos amigos y a los personajes ilustres.

 

IDEAL EN CLASE 

viernes, 11 de agosto de 2023

LOS ROMANCES DE CIEGO, DE PEPE DOMINGO

 

En Castilléjar, 23 abril 2003. Foto Miriam Teruel




Pepe Domingo murió, durante la sofocante madrugada del 9 de agosto de 2005, en Galera, a la edad de 79 años. Nadie mejor que él recitaba los romances de ciego, de manera que todos los años lo llamaban para el Encuentro de Escritores, que se celebra en Castilléjar. Había que ver la pasión que ponía al declamar los romances. Él me contaba que, cuando era un niño, se pasaba por Galera un ciego, llamado Bernabé. Éste cantaba en la Plaza Mayor aquellos romances poéticos, sobre un suceso o una historia y, luego, escritos a pluma en unas viejas cuartillas, los iba vendiendo por la calle al precio de unos céntimos. Los pliegos de cordel eran obras populares, como romances, novelas cortas, comedias, vidas de santos, etc., que se imprimían en pliegos sueltos y, para venderlos, se solían colgar de unos bramantes puestos en los portales, tiendas y mercados. El pliego suelto era un artículo impreso, que vendían los ciegos cantores desde los primeros tiempos de la imprenta, en el siglo XV. De aquí le venía la afición a Pepe, de manera que componía la poesía y la conservaba, durante años, en su prodigiosa memoria.

 El domingo, día 8, observé junto a él, sentados en un banco de los jardines –pues ya no podía andar mucho–, el paso de la célebre procesión y, casi sin fuerzas, gritó: ¡Viva el Cristo de la Expiración!, pues era muy religioso y, además, hermano de la Hermandad de las Ánimas. Momentos antes me había dicho, tú grita conmigo. Es curioso, aquel ¡Viva el Cristo de la Expiración”, le sirvió para expirar al día siguiente. La religión tiene estas extrañas coincidencias, aunque uno no cree mucho en estas cosas. Su hija Ángeles –que cuidó siempre de él– había muerto hacía seis meses, pero Pepe ya no se recuperó del golpe; es más, en los últimos días se encontraba bastante débil y no hacía más que mentarla. A veces tengo la impresión como si Ángeles hubiera tirado de su padre para cuidarlo, y ahora están allí juntos, uno al lado del otro, en el viejo cementerio de Galera. Hace tiempo que aprendí de memoria estos sencillos y entrañables versos –¿por qué me dicen tanto?–, aunque los galerinos no supieron apreciar la valía de este hombre: 

En Galera, con Carmen y mi madre, 1949


 ¡Galera, pueblo querido, nunca te podré olvidar!, / con tus calles tan derechas para poder pasear, / tus cuevas-casas tan lindas para poder descansar. / Extranjeros y españoles que vienen a disfrutar, / con tus tres puentes hermosos que cruzan nuestra ciudad; / con un río caudaloso que lleva un buen caudal. / ¡Que al Santo Cristo Bendito todos podamos rogar!, / que nos dé salud y suerte para poderle cantar / unas coplas de la Aurora y otras en Navidad. / ¡Pepe Domingo se llama este compositor! En la iglesia no cabía un alma durante el funeral y, ahora, es de esperar que la figura oronda de Pepe el Bueno se agrande con el paso del tiempo. Que la tierra que tanto amaste –la República Tutugiensis, como solían llamarla los romanos– te sea leve: Sit tibi terra levis.

 Posdata: en la lápida, sus cuatro hijos tuvieron el detalle de escribirle unos versos, mientras que en el nicho de Ángeles nunca falta un ramo de rosas. Recordaré siempre a Pepe, mi tío político, cuando me recitaba en su casa la famosa coplilla, Galera es una gran capital, tiene un puente de hierro y una máquina de aventar. Yo lo propuse en Castilléjar para que declamara y su hija Rosario lo llevó en dos ocasiones, al final fue el que más aplausos cosechó en el Teatro-Cine.

Publicado en La Opinión de Granada,  el 12 de agosto de 2005, y en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014).

sábado, 5 de agosto de 2023

AQUEL SUEÑO DE LA INFANCIA

 

Emigrantes, en la estación de Baza. 1978





A principios de los años sesenta tenía yo unos diez años y, por las tardes, me entretenía en quitarle las fajas de papel a los cuatro o cinco periódicos, que entonces llegaban a mi pueblo. Venían siempre con un día de retraso, en la vieja autedia de los Simones de Baza, por aquellos caminos carreteros de polvo y de tierra. Recuerdo que eran el ABC, el YA y PUEBLO de Madrid, el PATRIA e IDEAL de Granada. Me aficioné pronto y, a través de ellos, me asomaba al mundo y me enteraba de lo que ocurría al otro lado de los cerros: el asesinato de Kennedy en 1963, o la muerte del Papa Juan XXIII. Por las mañanas, sonaba por RNE en Murcia –porque las emisoras de Granada no se oían en la comarca del Altiplano– la pegadiza melodía de Protagonistas, nosotros, y por Radio Jaén daban el tostón los machacones anuncios de gaseosa La Revoltosa, o bien entre los novios se juraban amor eterno: Para la niña que yo más quiero... El parte de las dos y media (las noticias, el nombre venía de los partes de guerra que daban a diario) se oía siempre en la vieja radio de mi casa y lo anunciaba la marcha cuartelera de la banda del tirirí: Su excelencia, el jefe del Estado...

 

En el gallinero del Cine de Manolo me divertía con las ocurrencias de Pepe Isbert –siempre con su boina–, en medio del ruido de las cáscaras de pipas y algún que otro pescozón de los zagales. Y por entonces, todos los niños de España queríamos parecernos a Joselito. Pero, con el tiempo, el pequeño ruiseñor se fue quedando retaco y cabezón, mientras todos los demás crecíamos como Dios manda y haciendo cola para que nos dieran una bolsa de leche en polvo americana, que se te quedaba pegada en el cielo de la boca. En España, entonces el ministro López Rodó aprobaba el Primer Plan de Desarrollo y un periódico valía dos pesetas. En Granada solamente se podían estudiar cuatro carreras: Derecho, Medicina, Farmacia y Filosofía. En el Altiplano se sembraba la remolacha y el cáñamo, el esparto se cogía por arrobas mientras que la emigración clandestina era una auténtica sangría: había que ver aquellas escenas dramáticas donde las familias quedaban deshechas para siempre.

 

En las frías mañanas de invierno nos formaban en el sombrío patio de las escuelas y, mientras se izaba la bandera, todos los niños cantábamos el Cara al sol: ...que en España empieza a amanecer... Recuerdo también que me costaba horrores aprender aquellos conceptos huecos y grandilocuentes de la Enciclopedia del maestro Álvarez: El tercer mandamiento de la Iglesia es comulgar por Pascua florida. Y cuando nos desmandábamos, don Pedro, el maestro, que era algo sordo, ponía las cosas en su sitio: nos arreaba unos cuantos correazos y sanseacabó. En aquella época mi padre era el corresponsal del Patria en el pueblo –el carné lo guardo como una reliquia–, pero sospecho que nunca llegó a enviar ninguna crónica. Entonces –como Luther King–, yo tenía un sueño: enviar un apasionado escrito al periódico sobre algún partido de fútbol o un evento local: Ayer tuvo lugar en Castilléjar un reñido y emocionante encuentro de fútbol...

 

Pero allí no se movía ni una mosca y el sueño jamás se cumplió. Entonces me consolaba escribiendo a máquina la aventura que nos suponía cada partido de fútbol. Si el partido era en Galera, hacíamos unos dieciséis kilómetros en bicicleta por caminos de herradura, jugábamos a la pelota y regresábamos de noche, a veces con la rueda pinchada y la bicicleta al hombro. Llegábamos reventados, pero siempre lo hacíamos cantando para que nos oyeran. Y por las noches, matábamos la afición oyendo Radiogaceta de los deportes; y un buen un día, en el viejo estadio de Los Cármenes, no podía creer lo que estaba viendo: allí estaban pasándose la pelota Amancio, Pirri, Gento, Velázquez..., a escasos metros de donde yo estaba.


Comida en el campo. Castilléjar,1965


 

 Pero aquella tierra de frontera está siempre  abandonada a su suerte: donde los jóvenes tienen que emigrar, porque no hay trabajo; donde los pueblos se están quedando casi vacíos, porque el tiempo parece haberse detenido; y donde antes se extendía la vega hoy amarillean los rastrojos, porque ya no están las manos de escarcha del campesino que la cultivaba. Cuando llegas a Baza, junto al Cerro de Jabalcón, destaca a lo lejos el alma de emigrante de la madre Sagra, que estos días de primavera luce su toquilla blanca.

Publicado en Ideal, el 26 de abril de 2002 y en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014).

Posdata. En la foto de la estación de Baza, en la bolsa de plástico de la joven se lee: Castillo, El zapato grande, Baza.

martes, 27 de junio de 2023

LA URRACA DEL OLIVAR

 

Aspecto de la urraca




Sobre las 9:30 horas, del 8 de junio, festividad del Corpus Christi, iba caminando por la vega de Gabia y, desde lejos, vi a una urraca en la acequia de Agramazón, cerca de la planta de hormigón. Poco después la urraca emprendió el vuelo y entonces observé que otra estaba posada sobre unos plásticos y unas ramas, que se encontraban flotando bajo un pequeño salto de agua. El ave se había caído en la acequia y se refugiaba en esa isleta, pero no podía salir porque la altura del cauce de cemento mide más de medio metro. Me tumbé en el suelo mojado por la lluvia e intenté coger la urraca con la mano, pero huía y no podía atraparla. Entonces, cogí una caña larga que había por allí y conseguí que se subiera en el extremo, la alcé pero la urraca voló precipitadamente por dos veces, tratando de posarse en la orilla, pero cayó de nuevo en la acequia, pues tenía todo el cuerpo mojado. El ave se posaba en la caña sin que yo me esforzara, pues se daría cuenta que agarrándose allí podía salvarse, pero en una de las ocasiones cayó y fue arrastrada por la fuerza del agua. Corrí a ayudarle con la caña, pero nadando consiguió llegar sola a los plásticos. A la tercera vez que la alcé con la caña, saltó a la otra orilla de la acequia.

 

Entre los plásticos sobrevivió



La capturé porque no podía moverse a causa del continuo esfuerzo que había hecho en la acequia para salvarse y seguramente llevaba varias horas allí abajo, en la corriente. Estaba extenuada como el naufrago que logra llegar a la orilla del mar. Su madre, la que vi al principio, sobrevolaba por allí cerca y daba graznidos al verla en mis manos. Caminé unos doscientos metros y, mientras la iba acariciando, se agarraba fuertemente con sus patas a mis dedos. Cuando llegué a un olivar la eché a volar, pero logró aterrizar como pudo en el suelo, pues me olvidé que tenía las alas mojadas. Cayó entre unas matas y allí se quedó quieta. Conforme me alejaba, se oía el escandaloso graznido de las urracas y cada vez acudían más, calculé que habría unas ocho, pues venían de todas partes y se posaban en el tejado de una nave, sobrevolaban encima de los olivos y vi que una se posó en el suelo, cerca de su compañera. Cantaban a coro y parecía que celebraban el rescate de la pobre urraca. Suele ocurrir que, cuando una cría de ave se cae del nido, los pájaros forman un gran escándalo por el peligro que corre.

 

La planta de hormigón y la acequia 


Un poco más adelante, le pregunté a un viejo agricultor por el nombre de la acequia y me dijo: Se llama Agramazón, viene de más arriba del río Dílar y llega hasta Belicena. Yo estoy cultivando este pequeño trozo de tierra, porque el dueño murió hace un año. Allí siembra pimientos, cebollas, tomates…, pero no pude hablar más con él pues apenas oye. Copio parte de la crónica de JUAN ENRIQUE GÓMEZ Y MERCHE S. CALLE, del 31 diciembre 2014, en Ideal. Baja paralela al cauce del río, por la ribera izquierda del Dílar. Desde hace más de cinco siglos se le llama la Acequia Alta, el canal responsable de llevar agua de riego a los campos aterrazados de Dílar, los pagos de Gójar y los cultivos de Gabia. Extrae su caudal del río que nace en los Lagunillos de la Virgen, allá en las cumbres de Sierra Nevada, a 3.000 metros de altitud, y que tras el deshielo del verano crece altivo y caudaloso, incluso en los inviernos secos.

El córvido en el olivo
 


Cuando llevaba recorridos unos trescientos metros, decidí volver temiendo que algún gato, de los muchos que pululan por la vega, se diera un festín con la urraca. Al poco vi que seguía allí, en el mismo sitio donde se posó, pero ya no había ninguna compañera suya por los alrededores. Inexplicablemente, las urracas habían desaparecido como por encanto. La cogí y no opuso resistencia, como si agradeciera el gesto, pues no tenía nada que temer. La dejé en la rama de un olivo y le eché dos fotos, pero la maltrecha urraca no se movía y cerraba los ojos, posiblemente por el cansancio, por el frío que había pasado y por el agua que habría tragado en la acequia. Sin duda, las ramas y los plásticos la habían salvado de una muerte segura. Tres días después me pasé por el olivar temiendo lo peor, pero allí no había rastro de la urraca. Este suceso me ha recordado que, cuando yo tenía unos siete años, una tarde se desató un vendaval, de manera que un gorrión que volaba fue lanzado a causa del fuerte viento contra la pared de una casa, por lo que cayó muerto al suelo. Tengo grabada la escena, de manera que lo recogí, hice un pequeño agujero junto a la tapia de una casa y allí, con mucha tristeza, enterré para siempre al gorrión. De la maltrecha urraca, no he perdido la esperanza y espero oírla un día dando alegres graznidos por el olivar de Gabia.

IDEAL EN CLASE: 

https://en-clase.ideal.es/2023/06/25/leandro-garcia-casanova-la-urraca-del-olivar/?fbclid=IwAR3xyk19utBgVRflqAowi8227SBVubLoN8CJye6X6htzYPlHjNBw91S0m8U

miércoles, 17 de mayo de 2023

LADRÓN DE BICICLETAS

 





He tomado prestado el título de la película de Vittorio De Sica, rodada en 1948, y que fue una de las obras cumbres del neorrealismo italiano: el protagonista encuentra trabajo fijando carteles, pero necesita comprar una bicicleta. Sin embargo, unos rateros se la roban el primer día de trabajo y, si no la recupera antes del lunes, lo despedirán. El protagonista tiene que dar de comer a su familia y, desesperado, roba una bicicleta pero, tras una persecución, lo capturan los viandantes. Le pegan, lo insultan y deciden entregarlo a la Policía, pero el dueño de la bicicleta repara en el hijo pequeño que lo presencia todo, y le dice a la multitud que no va a denunciar al ladrón. En cambio, esta otra historia que me han contado es completamente diferente: ocurrió a la puerta de una biblioteca de Granada y que cada cual saque sus conclusiones. Una mujer, que estaba paseando con su perro, entra en la biblioteca y le dice a los empleados que un individuo está robando una bicicleta, en la valla del exterior. Sale corriendo un funcionario y se acerca al ladrón (de unos 40 años de edad, 1,85 cm de estatura y aspecto un tanto desaliñado, según el atestado de la Policía), que está manipulando el candado pitón de la bicicleta, del que sólo quedan unos pocos alambres.

 Había aserrado un cable con la cizalla y le faltaba rematar el otro. ¡Oye, estás robando la bicicleta!, le dijo al caco, pero éste le respondió con todo la tranquilidad del mundo: Esta bicicleta es mía, lo que pasa es que se me ha olvidado la llave. El empleado se mantuvo a cierta distancia, temiendo una agresión, pero trató de disuadir a aquel energúmeno: El vigilante jurado ha llamado a la Policía y, como no te largues, te veo en la Comisaría dentro de poco. El ladrón era de estos tipos fríos y calculadores, que parecen no inmutarse por nada, pero se dio cuenta de que todo el mundo estaba pendiente de él, por lo que decidió emprender la retirada: tranquilamente, se fue andando por una calle lateral, como el que acaba de sacar un libro de la biblioteca. Al poco llegaron dos coches patrulla y, entre unos y otros, dieron las señas del delincuente a la Policía. Veinte minutos después, lo trincaron en la calle Méndez Núñez, pues un hombre tan corpulento no pasa desapercibido. Un coche zeta regresó a la biblioteca y un policía le preguntó al empleado si quería identificar al delincuente. Sin pensárselo, se montó en el coche patrulla y desde el interior identificó al ladrón, que estaba de pie y al lado de varios policías, cuando pasaron por la esquina de la calle Rector López Argüeta.

 Por la tarde le llamaron por teléfono a casa y, como testigo, prestó declaración en la Jefatura Superior de la Policía. Aquí se encontró con el propietario de la bicicleta, un joven de 25 años que suele estudiar en la biblioteca y que, en un primer momento, no quería denunciar el intento de hurto. Ambos fueron citados al día siguiente, en un juzgado de la Caleta, para un juicio rápido por delito. Sin embargo, el fiscal lo calificó como un juicio de faltas (la bicicleta fue valorada en unos 300 euros y el candado pitón en unos 50), por lo que fueron citados para el lunes siguiente, mientras que el detenido fue puesto en libertad, después de pasar la noche en los calabozos. De nuevo, el propietario y el testigo acudieron a otro juzgado pero el acusado no se presentó: se ve que no quería pasar el mal trago del juicio, mientras que el testigo temía encontrárselo por la calle cualquier día. Ambos se ratificaron en sus declaraciones, la fiscal pidió 100 euros como indemnización por los daños causados y el juicio duró unos cinco minutos. Como el ladrón no se llevó la bicicleta y la cuantía era menor de 400 euros, le habrán puesto una multa de 200 euros (como mucho) más la indemnización. Con la reforma del Código Penal que quieren hacer, los jueces podrán enviar a la cárcel durante algunos fines de semana a los ladrones de poca monta. Pero las cárceles están más que saturadas, pues la mayoría de los robos se cometen por causa de la droga.



 


Más tarde, el funcionario se enteró por el jardinero que el ladrón había robado con anterioridad varias bicicletas, que estaban aparcadas en la valla de la biblioteca, pero muy pocos denuncian los robos porque piensan que no merece la pena perder el tiempo en la Comisaría. El ladrón las venderá a algún perista (por menos de 200 euros) y con esto se costea la droga. Con posterioridad, el propietario de la bicicleta le dio las gracias al funcionario en varias ocasiones, pero éste tuvo que convencerlo para que fuera a los juicios: Si no vas al juicio, todo el trabajo de la Policía, la detención del delincuente y la declaración mía no van a servir de nada, y el ladrón va a salir absuelto. Al menos, esta noche dormirá en los calabozos y el intento de hurto no le va a salir gratis. Y en otra ocasión, le dijo: No me des las gracias y, cuando veas  a alguien en una situación parecida, ayuda a la víctima. A veces he necesitado a un testigo para ir a declarar o para un juicio, pero no he encontrado a nadie. A mi hijo le robaron la cartera en el Metro de Madrid y se vio completamente solo, sin saber adónde ir…

 Estos sucesos ocurrieron entre el 23 y el 26 de abril de 2010, pero el día 29, un policía de paisano se acercó a la biblioteca para comunicar que habían capturado de nuevo al ladrón, porque había robado otra bicicleta en la misma valla, y la tenían guardada en la Comisaría de la plaza de los Campos para que el dueño denunciase el hurto. Según el policía, el ladrón es un politoxicómano. En la escena final de Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica, el padre y el hijo caminan cogidos de la mano, mientras que una voz en off habla de la solidaridad cristiana en aquellos años del hambre, en la Italia de la posguerra. Es entrañable la relación entre el protagonista (Lamberto Maggiorani, un actor no profesional y que en realidad era un parado de la construcción) y su hijo pequeño, pero cada vez que recuerdo la escena final se me saltan las lágrimas. Hoy, en cambio, tendríamos que hablar de la insolidaridad y de la deshumanización de la sociedad. El caso es que a la directora de la biblioteca no le gustó que el funcionario denunciara a la Policía el intento de robo de la bicicleta.

Ideal en Clase: https://en-clase.ideal.es/2023/05/16/leandro-garcia-casanova-ladron-de-bicicletas/?fbclid=IwAR0n-Y5qcRFcywU1nStf-DwJCOwBU912iSaQyRqKJlBSoqu1QyE6Y-5vh8k


domingo, 23 de abril de 2023

EL LABERINTO DE LA CÁRCEL

 



¿Qué es esto? ¡La cárcel! Aquí reposa la libertad del pensamiento. Mariano José de Larra

 

A las 10:30 de la mañana del Día del Apocalipsis, llego al Centro Penitenciario de Albolote. Atrás he dejado el pantano de Cubillas y un anodino paisaje de olivos, pero ahora llaman mi atención las nubes de color plomizo que coronan la cima del monte cercano. En el bar un abuelo se entretiene jugando con la nieta, mientras que un matrimonio de jubilados apura los cafés con cierta indolencia. ¿Quién lo diría? Esto más bien parece la Venta de la Tía Quiteria, aunque los días de visita aquí hay un trajín de gente la mar de grande. Acabaico de llegar aparece mi amigo, el maestro Juan Chirveches, que me ha invitado para que hable a los internos sobre mi libro Diálogos en la Tierra de los Ríos. Eso es. Las cárceles han cambiado mucho, ¿sabes?, me dice a modo de bienvenida. Luego paso por un detector de metales y por  R-3 y R-4, unos robots primitivos en forma de rastrillos que se cierran a mis espaldas. 

Juan me van enseñando las dependencias y entramos en el Módulo Sociocultural: ¡Te vamos a pisar!, le dice a un chaval que está dando bandazos con el mocho de la fregona. ¡No importa! A través de los cristales contemplamos el Polideportivo, que está completamente cubierto. ¿Cuántos pueblos quisieran tener este pabellón?, exclama Juan. Subimos al gimnasio y aquí tenemos de todo: desde bicicletas estáticas a espalderas y, si a uno le gusta dar cates, tenemos unos sacos de boxeo. Al otro lado se encuentran el salón de actos y la piscina. En el verano se bañan dos veces a la semana. ¡Evidentemente –pienso–, aquí hay más personal que en los Baños de Graena! En el estudio de pintura la monitora nos dice que van a montar una exposición de cuadros, a finales de este mes, en el palacio de Alcázar Genil.

 En la planta baja se encuentran el taller donde escriben la revista de la prisión, la biblioteca que está cerrada y esto es la sala de máquinas, me explica el maestro. Son máquinas de escribir y algunos ordenadores. Seguidamente visitamos la guardería, que aquí la llaman Escuela infantil. Hay 28 niños, de seis meses a tres años, repartidos en varias clases y dormitorios, según la edad. Pero lo curioso que tiene es que los sofás, las mesas, sillas, retretes, lavabos, etc., son del tamaño de los peques; y algunos de estos muebles han sido hechos en el Centro por los mismos presos. En cambio, los 22 niños lactantes están con las madres en el módulo de enfrente. De nuevo recorremos la ciudad, la Gran Garita: En esa torreta están los funcionarios, con circuito cerrado de televisión y toda la pesca, me dice Juan Chirveches y luego me señala el campo de fútbol y, un poco más allá, los Módulos de los Hombres y la Enfermería. Hace unos pocos años las cárceles eran oscuras y malolientes galerías; hoy son laberintos de interminables pasillos donde al menos entra la luz del día.

 Finalmente entramos en la clase, donde saludo a los maestros de Prisiones y de paso me cuentan su problema: resulta que dependen del Ministerio de Educación y Ciencia –territorio MEC–, pero ellos quieren pasar a la Junta, porque se ve que son junteros. La clase es acogedora, con pupitres fabricados en el Centro: Ya quisieran muchas Escuelas de Adultos tener este mobiliario, apunta un maestro. Comienzan a entrar las internas y, está visto y comprobado, que en cuestión de cultura las mujeres nos ganan por goleada. El aula se llena y observo cierto nerviosismo en algunos. ¿Cómo ha dicho que se llama el libro? Un joven gitano que está sentado a la derecha parece algo tímido, sin embargo exhibe un mostacho mejor que el de Iñigo en sus buenos tiempos, cuando presentaba en televisión Hora 14:15.

 Se leen y comentan algunos artículos del libro, entre ellos el de Juan López: este albañil se cayó de un andamio en Alicante, quedándose parapléjico. Se casó pero enviudó a los dos años, en 1977. A pesar del tiempo transcurrido, todavía sigue enamorado de su mujer y aferrado a sus recuerdos y a la silla... ¿Qué hay que hacer para escribir un artículo en IDEAL? ¿Puedo entregárselo a usted para que se lo dé al director...?, me suelta uno a bocajarro. Cuando termina el coloquio, la interna Isabel Román me entrega un folio con esta poesía, escrita a mano y en letras mayúsculas. Yo la he copiado tal cual, con sus faltas de ortografía, y que juzgue cada cual: A ustedes señores jueces / quisiera verlos en mi lugar / para cuando me condenen / no lo hagan con maldad. / Pues mirando el libro de las leyes y el artículo criminal / les ‘vastan’ señores jueces / para poderme condenar. / Tiempo de mi vida pide el señor fiscal / como si no ‘tubiese’ unos hijos, una casa, un hogar. / Sólo quiero pedirle mi libertad / para poder abrazar a mis hijos y con ellos jugar. / Qué sentimiento más bonito cuando te dicen, te quiero mamá. Otro interno también me confesó que le daba por escribir poemas.

 Quiero tener un recuerdo para Concepción Arenal (1820-1893), la Visitadora General de Prisiones de Mujeres que escribía: Hay que combatir esa idea de lo definitivo en la criminalidad, ya que el delito no es un estado permanente. Y Victoria Kent, la directora general de Prisiones durante la II República, decía que el presidio no era la solución para quienes su principal delito es la inadaptación social, sino que las causas hay que buscarlas en la familia y en la sociedad. En cambio, el criminólogo y médico italiano, Césare Lombroso, sostenía que estábamos predeterminados.

 Posdata: Durante la visita, me llamó la atención una placa en la pared de un edificio, donde indicaba que en 1997 fue inaugurada la Prisión de Albolote, pero no decía nada de quién la inauguró. Fue el entonces ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, no quiso que figurara su nombre, lo que da idea de la sencillez y humildad de este hombre. Y sin embargo, hay tanto personajillo por ahí que ha ido colocando placas, con el fin de pasar a la historia: En tal fecha, reformó el mercado de abastos el Excelentísimo Sr. Alcalde de…, o el Excmo. Sr. Ministro… Los maestros de Prisiones pasaron a depender de la Junta de Andalucía y Juan López falleció en abril de 2015, de una grave enfermedad.

 Publicado en Ideal, el 20 de marzo de 2004. Hoy, 23 de abril, es el Día del Libro, Miguel de Cervantes falleció el 22 de abril y fue enterrado al día siguiente.