viernes, 5 de agosto de 2022

¡Salve, Virgen de las Nieves!, de Enrique Seijas

 

Foto de J. A. Noguera, para la Salve




¡Salve, Virgen de las Nieves!

 



Señora:

             Pensé que sería difícil, para quien no es hijo de este pueblo, ponerse a la altura de ellos y hablarte. Pero me equivoqué, pues basta postrarse ante ti, mirarte a los ojos y entender, en un solo instante, el amor que aquí te tienen y la devoción que te profesan. Cuentan las crónicas que tu imagen salió de la gubia maestra de Bernabé de Gaviria a comienzos del siglo XVII, por encargo del entonces alcalde de Gabia Luis Sánchez de Castro. Pero es evidente que estabas ya en la mente de todos los vecinos y que el escultor no tuvo más que seguir la inspiración que le enviaste desde el Cielo para hacerte, sin duda, a imagen y semejanza de aquella hermosísima María, Madre de Dios y madre nuestra, que acunó con mimo a Jesús tras su nacimiento y sufrió tres décadas después el dolor desgarrador de estrecharlo contra su pecho cuando lo bajaron de la Cruz.

Esos ojos hermosísimos, esa mirada comprensiva y temerosa, ese gesto de amor sin límites, esa actitud receptiva para cuantos acuden a tu ermita no pueden ser más que reflejo exacto de la María Universal que Cristo nos ofreció en la persona del discípulo Juan, el único de sus seguidores que se atrevió a seguirlo hasta el Gólgota para consolar a la madre de todos los hombres y mujeres. Unos ojos y una mirada que cautivan desde el mismo instante en que uno los percibe, como le ocurrió a aquel marinero que se entretuvo en presenciar tu procesión y sin conocerte se te entregó para siempre. He subido, Virgen de las Nieves, hasta tu santuario en compañía de unos buenos amigos; he sentido, allí, esa paz y esa agradable sensación de plenitud que únicamente pueden percibirse en los lugares santos; más tarde, en el interior de tu Camarín, te he tenido al alcance de mi mano pero no me atreví a tocarte. Era tal la emoción que me embargaba al saberte tan cerca, al pisar donde sólo pisan quienes cada año acuden a sacarte para deleite y satisfacción de tus hijos, para que se renueve el milagro de la piedad popular en las calles del pueblo, que me limité a contemplarte, recé un Avemaría con todo el fervor de que fui capaz y te agradecí, desde lo más profundo de mi alma, aquella privilegiada e inesperada oportunidad.

            Dios te salve, María de las Nieves, Reina y Señora de Las Gabias, que habitas simbólicamente en el cerro donde se asienta tu santuario pero estás en realidad en todos y cada uno de los corazones de tus hijos.

            Llena eres de la gracia de Dios, de belleza, de amor, de ternura infinita que derramas a manos llenas sobre tus hijos, entre los que me cuento.

            El Señor es contigo y a través de ti con todos los que te profesan devoción y veneración, los que con puntualidad a veces o con espontaneidad las más de ellas, acuden a postrarse a tus plantas y te hacen partícipes de sus alegrías y sus penas, de sus logros y sus frustraciones, de sus iniciativas y sus metas, encontrando en todos los casos el ánimo que necesitan, el consuelo que les reconforta, el impulso que les anima, el cariño y la luz sin los que se sentirían perdidos.

            Bendita Tú eres entre todas las mujeres porque fuiste la elegida para ser la Madre de Dios y te convertiste con Cristo, tu divino Hijo, en corredentora de los hombres y mujeres de este mundo, en guía y refugio de la humanidad entera, en faro y norte, referencia y orientación.

            Y bendito es el fruto de tu vientre, sagrario de Dios vivo, fértil tierra donde germinó la semilla divina, sumisa y sencilla portadora del más grande don que el Señor ha concedido al género humano: su Hijo hecho carne para enseñarnos el camino del amor, por la vía de ofrecer su propia vida para nuestra redención.

            Santa María Madre de Dios y madre de los hombres y mujeres de esa tierra, y madre también de cuantos acuden a ti en demanda de favor, confiados en tu desprendido amor que sabes derramar con generosidad.

            Ruega por nosotros ante tu divino hijo, Jesús, que nada puede negarte, y no tengas en cuenta nuestra condición de pecadores, nuestra insistencia en no seguir sus consejos de amor y paz entre los hombres y mujeres del mundo con buena voluntad; a pesar de que nos empeñemos en profundizar las diferencias entre los seres humanos y, por ende, las diferencias entre los países.

            Ahora y en la hora de nuestra muerte, para que mientras vivamos jamás nos falte tu consuelo, tu apoyo y tu ayuda, pero también que cuando desaparezca nuestro cuerpo mortal, vaya el alma a habitar en tu compañía los eternos parajes celestiales. Así sea.

            Rezada la oración me asomé al mirador de tu casa y admiré la belleza de una Vega en trance de desaparición por la acción depredadora del hombre, la hermosura de un paisaje sin igual con el que Dios quiso distinguir a los granadinos, respiré el aire limpio de un lugar santo y oí el silencio propio del respeto con el que te visitan tus hijos. ¡Qué bonita es Granada desde aquí!, pensé; pero con serlo, y no sólo desde allí, influye en la percepción del visitante tanto tu cercanía como la certidumbre de que sólo con pensar en ti se siente uno seguro, tranquilo, lleno de paz y de amor.

                         Sólo con llamarte Madre,

                        mi corazón se estremece,

                        mi alma vibra de gozo

                        y hasta el tiempo se detiene.

                         He venido hasta tu lado

                        para postrarme a tus plantas,

                        para ponerme en tus manos

                        y rendirte un homenaje

                        de admiración y de fe,

                        de cariño, de fervor;

                        un homenaje sincero,

                        de sentimientos profundos,

                        con el que darte las gracias

                        por tus desvelos, tu amor,

                        tu protección infinita,

                        tu aliento y dedicación.

                         Porque Tú eres para mí, Madre,

                        para tus hijos devotos,

                        fuerza cuando nos cansamos,

                        faro y guía si nos perdemos,

                        luz cuando andamos a oscuras,

                        consuelo en la frustración,

                        compañía en la alegría

                        y compañera incansable

                        generosa en el amor.

                         Por eso, Reina y Señora,

                        orienta a este exaltador

                        para que sepa encontrar

                        las palabras adecuadas,

                        el verbo más apropiado,

                        la frase más elocuente,

                        el piropo más sonado,

                        con los que expresarte,

                        sin rodeos ni artificios,

                        esa devoción sincera

                        que como buen hijo tuyo

Enrique Seijas

                        guardo con celo en mi pecho

                        hacia tu divina gracia;

                        para ser el portavoz,

                        con la debida elocuencia,

                        de ese cariño infinito,

                        ese fervor y esa fe

                        que Gabia te manifiesta.

 

            

Más tarde leí sobre tu historia, acerca del empeño de todo un pueblo por tenerte como Patrona, de cómo tus hijos te llevan en el corazón y se reprochan incluso no acudir a tu lado con la asiduidad que te mereces para compensar, humildemente, tus desvelos protectores. Y recordé las palabras que uno de ellos te dirigió, Virgen de las Nieves, con las que enseguida me identifiqué y hago por tanto mías:

                        Sé que no la merezco,

                        recuerdo que me decía,

                        porque no vengo, como quisiera,

                        a verla todos los días;

                        porque no soy como Ella desea,

                        porque no llevo el amor

                        de Jesús como bandera.

                        Yo bajaba los ojos, seguía,

                        sabiendo que me escuchaba,

                        y hasta guardaba silencio

                        sin atreverme a mirarla;

                        dejaba pasar el tiempo

                        hasta sentirte en el alma,

                        y cuando tras un buen rato

                        alzaba al fin la mirada,

                        la Virgen me sonreía,

recuerdo que me contaba,

                        o al menos yo lo notaba;

                        no te preocupes, oía,

                        no te preocupes por nada;

                        estés donde estés, no lo dudes,

                        siempre me tendrás al lado,

                        basta que pienses en mí

                        y que eleves la mirada.

                        Por eso en tiempos perdidos,

                        cuando la noche me embarga,

                        recordando esas palabras

una oración me ha bastado

                        para encontrar el sosiego,

                        volver al camino recto

                        y recuperar la calma.

                        Por eso también, Virgen mía,

                        hasta tu casa he venido

                        para postrarme a tus plantas,

                        para decirte te quiero,

                        para mirarte a los ojos

                        y agradecer que jamás,

                        a pesar de mis errores,

                        dejes vacía mi alma.

             Era esa clase de oración, sentida y sincera, que sale del alma y se eleva hasta el Cielo por el camino más corto; esas palabras que una madre como Tú agradece porque no siguen un canon ni unas normas preestablecidas, porque son espontáneas y llenas de amor; porque constituyen, en definitiva, el saludo más hermoso, en su intención mucho más que en su forma, que puede hacerse a tu nombre, María.

            Y al oírlas, después de mirar de nuevo a tu Camarín y admirar el horizonte, me prometí a mí mismo que volvería.

Enrique Seijas Muñoz, Periodista



         Enrique Seijas escribió, o más bien compuso, ¡Salve, Virgen de las Nieves!, por la amistad que nos unía, para mi libro Gabia, la memoria perdida (2004), y hoy, con motivo de la procesión de la Virgen de las Nieves Coronada, quiero que los gabirros conozcan esta prosa poética a la vez que reivindico la memoria del bueno de Enrique. A veces me lo encontraba en Granada, o lo veía en el Colegio de Gestores Administrativos, y echábamos un rato de charla donde me hablaba de varios libros que tenía pendientes de escribir, o me contaba alguna que otra frustración. Sin embargo, Enrique falleció de un infarto el 5 de julio de 2012, a los 67 años. Fue delegado del diario Ideal en Almería y después pasó por las redacciones de Jaén y Granada. Años después, el Ayuntamiento de Granada dedicó un parque en su memoria, en el Barrio de los Periodistas. Enrique escribió también más de cincuenta pregones sobre la Semana Santa y no hace falta decir que Gabia le debe una Salve, que precisamente leyó en la iglesia de la Encarnación, de Las Gabias, en 2005.

martes, 19 de julio de 2022

PERDÓN Y RECONCILIACIÓN

 

La Transición española



Hace dos meses, un compañero colgó en el wasap de los amigos, el artículo de Alfonso Ussía, La gran mentira, del 6 de noviembre de 2021, donde cita la huelga general revolucionaria que triunfa en la cuenca minera de Asturias, en 1934, y la califica como golpe de Estado, protagonizado por el PSOE de Largo Caballero e Indalecio Prieto. Seguidamente, enumera una larga lista de personajes asesinados por el Frente Popular, en 1936. Y concluye con este párrafo: La verdad, la puta verdad, es que la guerra civil solo la deseaba un bando: la izquierda. Los “golpistas” fueron aquellos convidados que no se resignaron a ser de piedra. Y es lo que hay. Se ganó la guerra y además se ganó la paz. Y eso es exactamente lo que os quieren ocultar. Si en verdad eres un demócrata full equipe, déjanos contarlo tal cual pasó, machote. ¿Quién tiene miedo a la verdad?

Mi comentario al artículo más o menos fue así: Creo que Alfonso Ussía comete el mismo error que la izquierda actual, al echarle la culpa a los otros, y los otros la echan a los unos, como diría Miguel de Unamuno. Y así no salimos de ese círculo vicioso. Se puede decir que la Guerra Civil fue como una culpa colectiva de los españoles, de izquierdas, de derechas y de centro. El Gobierno actual se dedica a azuzar a unos españoles contra otros, a las mujeres contra los hombres, a unos partidos contra otros, a favorecer a unas regiones en detrimento de otras y en este plan, en vez de dedicarse a gobernar para todos. Sin embargo, los españoles necesitamos reconciliarnos con el pasado y con nosotros mismos, y esto es lo que se intentó hacer en la Transición, con políticos de la talla de Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Felipe González… Fruto de ese  consenso fue la Constitución de 1978, la más duradera de la democracia, que ha permitido las mayores libertades y el progreso económico en España durante más de cuarenta años.

Sin embargo, el compañero José Antonio R. me contestaba en el wasap: Para eso está la memoria, histórica, democrática, y creo que ahora se le ha añadido la  palabra de moda, “de género”. Coincido plenamente en la narración de Ussia. Hombre que a mi modo de ver honra la memoria de su abuelo, Pedro Muñoz Seca, asesinado vilmente por las hordas marxistas, dueñas de la situación en gran parte del país. Yo, haciendo honor a mi padre, que las pasó “canutas” durante el tiempo que estuvo padeciendo en los campos y montañas, a veces durmiendo bajo la nieve, soportando hambre y calamidades de todo tipo. Él lo tuvo claro desde el principio: “Trabajo, orden y justicia”, contra desorden, anarquista y latrocinio. En cuanto tuvo ocasión se pasó de bando…

Cuando la II República fracasó, tuvieron la culpa tanto las izquierdas como las derechas, de los golpes de Estado de 1934 y de 1936, respectivamente, se sabe quiénes fueron los responsables y en la Guerra Civil mataron tanto los unos como los otros. Nada puede justificar aquellos golpes de Estado, aunque eran ya una tradición en España. Menos aún se puede justificar las matanzas de españoles, durante la guerra, con medio millón de muertos y otro medio millón de exiliados. Por eso, lo mejor que podemos hacer es pedir paz, piedad y perdón, como suplicó el presidente Manuel Azaña en el mitin de 1938, en Barcelona.  No podemos seguir echándonos la culpa los unos a los otros, pues bastante ya penaron nuestros padres y abuelos, a causa de la Guerra Civil y de la posguerra, aunque mejor sería llamarla Nuestra Guerra Incivil

Duelo a garrotazos, de Francisco de Goya

No puedo estar de acuerdo en que “Se ganó la guerra y además se ganó la paz”. No se puede ganar la paz de los cementerios, por eso digo que los españoles necesitamos pedir perdón y dejar de echarnos en cara los muertos de hace más de ochenta años, mientras el Gobierno intenta ahora hacernos olvidar a las víctimas de ETA, con la Ley de Memoria Democrática, mientras reivindica a los fusilados por los franquistas durante la la Guerra Civil. No podemos seguir dándonos garrotazos, como en la pintura negra de Francisco de Goya, o escupiéndonos en la cara, porque de alguna manera los españoles fuimos culpables de aquella tragedia y después padecimos los desastres que trajo, aunque las guerras civiles ya venían del siglo XIX. Nuestros muertos ya descansan en paz y es mejor honrarlos y rezarles una oración unidos, porque, como decía Manuel Azaña, todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo rio. Yo añadiría, que somos ciudadanos de esta gran nación que es España, donde hemos  demostrado que podemos convivir en paz, en los cuarenta y cinco años que llevamos de democracia. En julio de 2036 se cumplirán cien años del inicio de la Guerra Civil y, para entonces, serán nuestros nietos los que cicatricen definitivamente la herida de la peor tragedia de nuestra historia, en la que casi todos los muertos fueron españoles. Por eso mismo, debemos perdonar para reconciliarnos con el pasado y proclamar nunca más, en memoria de nuestros padres y abuelos.


https://en-clase.ideal.es/2022/07/18/leandro-garcia-casanova-perdon-y-reconciliacion/?fbclid=IwAR0ZS-s3d7CBkAObTuIrddKkaHX31iL1m6LQWQnk07hqALsddEKFBFMkwS4



miércoles, 22 de junio de 2022

LOS ANCIANOS NO TIENEN QUIEN LOS DEFIENDA



 

El 19 de abril, publiqué esta noticia en Facebook.

A través de un amigo, me he enterado que en una residencia de la tercera edad, de la comarca de Guadix, a los residentes los tienen encerrados en las habitaciones y no les permiten salir a los patios y a las zonas ajardinadas, aunque pueden salir a los pasillos, al comedor y al gimnasio en las horas establecidas. Bien está que hagan controles sanitarios con las personas y familiares que vienen del exterior, para evitar los contagios, pero tener a los ancianos prácticamente encerrados todo el día en sus habitaciones (piensen en los que están en sillas de ruedas o con un andador, con la movilidad reducida) no parece que sea una medida humanitaria y menos aún saludable. Qué menos que los residentes salgan a las zonas comunes y a los patios para que puedan hablar y comunicarse entre ellos, para que tomen el sol o les dé el aire, como hacen en todas las residencias. España tiene una deuda pendiente con la tercera edad (el Gobierno todavía no ha dado las cifras reales de los fallecidos), precisamente la que levantó a España y le dio el progreso y el bienestar que hoy disfrutamos. ¿Hace falta recordar que miles de ancianos fallecieron a causa de la pandemia de la Covid, porque entonces no los admitieron en los hospitales o fueron abandonados a su suerte en muchas residencias? Y ahora, a algunos se les ocurre que lo mejor es tenerlos encerrados. 


Hubo cuarenta y cuatro comentarios y destaco los principales, pongo las iniciales del nombre y del apellido, de los que intervinieron:

M. I. Si sabes el nombre de la residencia coméntalo con Carmen Flores, la Defensora del Paciente, no es normal.

P. M. Con los ancianos hacen lo que les da la gana porque si no fuera así no habrían muerto tantos, me pongo enferma cuando leo estas noticias. Un saludo amigo

Leandro. Gracias porque estas siempre ahí, lo saben muchos y callan todos

J. A. F. Una denuncia de este tipo al Defensor del Pueblo

E. V. Mucha culpa de que estas cosas ocurran la tienen los trabajadores, por su silencio al miedo a perder sus puestos de trabajo, denunciar todas las anomalías aunque sea anónimamente

A. M. Si es así creo que no solamente puede ser ilegal tener a los residentes encerrados, sino que si fueran de mi familia denunciaría el caso y me los llevaría a casa o a otro sitio.

Leandro. Una persona no está pagando una residencia, para que la tengan encerrada sin motivos

M. R. Es increíble que puedan hacer esas cosas y los familiares no hagan nada, qué pena, por favor eso no se puede permitir 

P. C. Algunas residencias ya deberían estar cerradas

Carmen Flores, Defensora del Paciente (intervino porque M. I. se lo pidió). Por Dios, un familiar, no les voy a pedir ni datos pero que la fiscalía sepa que hay al menos un familiar… Pues es la sociedad que hemos creado entre todos, el caso es que no nos molesten. Unos padres luchan por sus hijos y hasta la extenuación pero...

Leandro. Conozco algún caso de familiares que se quejan en privado, pero no hacen nada, cuando tienen la obligación moral de velar por la salud física y mental de sus familiares. El artículo 15 de la Constitución española dice: "... sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tratos inhumanos o degradantes". 



No hubo nadie que diera la cara, solo tenía que decir que un familiar suyo estaba en la residencia encerrado y padeciendo un rigor innecesario, por lo que la Defensora del Paciente no pudo actuar, yo incluso llegué a pensar en denunciarlo en la prensa pero era arriesgado, no tenía pruebas ni siquiera un familiar que lo acreditara. Hay que destacar que los ancianos llevaban más de dos años sin salir a los jardines y, cuando permitieron las visitas, las encerraban en una habitación con llave. Al terminar, les abrían la puerta. Hace un mes y medio hablé con el presidente de una asociación cultural de Guadix y le expuse la penosa situación de los ancianos. El caso es que hizo algunas gestiones y, el pasado día 15, le escribí al familiar de un residente. Me respondió esto: He hablado con una sobrina y me ha dicho que los residentes ya salen a los jardines. Me dio una alegría inmensa y entonces llamé al presidente de la asociación cultural para darle las gracias. Que centenares de personas supieran lo que estaba pasando en la residencia y que nadie movió un dedo, da idea de lo que les preocupan sus padres y familiares.

 Lo que me conmovió fue que un antiguo amigo está en esa residencia, dirigida por mentes obtusas que posiblemente miran más por la ganancia que por los sentimientos. Hay quienes confunden una residencia de la tercera edad con una granja de pollos y habría que decirles en la cara, ¿Es que ustedes no tienen padres, hermanos o familiares? No les da vergüenza. Este trato indigno ha ocurrido en España (en las cárceles salen a los patios y les conceden permisos), pero no sabemos en cuantas residencias está pasando esto por la cobardía y la indiferencia de muchos. Yo he sido tutor de mi hermano incapacitado (falleció en febrero de 2021, porque le  pusieron dos vacunas contra la Covid, en cuestión de poco más de un mes, después de haber padecido la enfermedad recientemente) y he visto muchas cosas en las residencias, privadas y públicas, por las que ha pasado, he puesto reclamaciones y también he dado las gracias por el buen trato que le dispensaron. Hubo de todo.  Una reflexión final: ¿qué vejez nos espera, de aquí a unos años, en estas tristes residencias, en muchas fallecieron miles de ancianos porque los encerraron y se contagiaron en sus habitaciones, y ahora en otras los encierran para que no salgan a los patios y jardines? Ya lo decía el general Charles de Gaulle: La vejez es un naufragio



sábado, 11 de junio de 2022

EL RIO GUARDAL

Lavanderas en el río Guardal. 1960. Pili Fernández
 




El término Guardal procede de la palabra árabe “Wadi al-Hardar”, rio el Ardar. Tras la expulsión de los moriscos se quedó en Guadahardal, hasta el Guardal que conocemos hoy. Las mujeres han bajado a lavar al río durante siglos, a veces mi madre bajaba con mi hermana a lavar aquí y yo recuerdo que le ayudaba a subir el barreño de ropa por la cuesta de Santo Domingo. Hay que señalar que el paraje con la terrera ya no existe; era un río caudaloso y bravo, pero hace tiempo que se convirtió en una triste acequia, desde que se construyó el pantano de San Clemente. La estampa de las mujeres lavando, que nos habla de la España más pobre y atrasada, hace tiempo que pasó a la historia. Y el trozo de Morería que se ve, con los años se desmoronará porque no se apuntalan las cuevas ni el Ayuntamiento hace nada por protegerla. La Morería es lo único que se puede salvar aquí.

 Paco Terrón es periodista de Canal Sur y hoy creo que sigue en el programa Mar y Tierra. Vino a Castilléjar a hacer un reportaje sobre mi libro Diálogos en la tierra de los ríos (2003). Una de las fotos que más le llamó la atención, fue precisamente la de las mujeres lavando en el río. No te cansas de verla, porque ellas ponen la nota a la imagen. Una de estas mujeres es la madre de Julián Romo Pérez —vive en Palma de Mallorca—, él me escribió esto: «Gracias a tu padre y a ti por aportar todos estos documentos de incalculable valor para los que nos encontramos lejos de nuestro querido pueblo. Un abrazo, amigo». Manuel Martínez López escribía: «Leandro, yo vivía en Barrio Nuevo y me acuerdo que muchas veces había que esperar a pasar porque el agua saltaba por encima del puente». La foto es muy romántica y llama mucho la atención al primer golpe de vista. Mi padre, Leandro, se conocía el oficio y logró un encuadre perfecto: el río, los árboles, el puente, el escalón que hace el agua... Pudo hacerla desde el otro lado del puente pero aquello le diría poco, y por eso buscó a las mujeres lavando que le dan un aire pintoresco y romántico. Es una de sus mejores fotos, junto a la “Procesión del Encuentro” del Domingo de Resurrección y otras. Hoy esta foto es patrimonio de Castilléjar —poco tiene que envidiar a otras— y espero que se vaya reconociendo la obra de mi padre. Hace años, editaban la revista de la feria, con fotos antiguas, pero no ponían el nombre de mi padre, para qué.

La Morería. Mayo 2022


 Manolo tiene fotos antiguas, enmarcadas en las paredes del bar El Rincón, y me decía, «la gente viene y se queda emocionada viéndolas». Esto lo escribí en Facebook, el 29/10/13. En esa época había lavaderos públicos en los pueblos, pero en Castilléjar no había nada. Cuando mataban un cerdo, recuerdo que las mujeres lavaban las tripas en el río Galera. Incluso el cura bautizaba con el agua del río Galera, pero más tarde lo hizo con la del Guardal, porque el agua bajaba sucia de las aguas fecales. La foto representa a toda una época, a los años cincuenta y sesenta. Mi padre tenía buen olfato y fue buscando un paisaje para aquellas postales que tanto vendía y nada mejor que el río a su paso por el puente. Si a esto le añadimos las mujeres lavando y las cuevas de la Morería, pues miel sobre hojuelas, como el romance: «¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería, el día que tú naciste, grandes señales había!». Las cuevas de la Morería en aquella época no tenían ninguna importancia, mientras que las mujeres lavando eran la rutina de cada día. Pero todos estos detalles, junto al caudal de agua —como el que hoy tiene el río Castril—, son los que le dan vida a la foto. Algunos domingos sacábamos un caldero de cangrejos en un rato y nos dábamos un festín, luego “el Totovío” nos daba cuatro perras por los cangrejos. Entonces algunos tiraban barrenos en los remansos para pescar peces, durante el verano, sobre todo los emigrantes que trabajaban en Cataluña. Lavar en el río, en el invierno, con las manos congeladas y arrodilladas en el suelo era muy penoso para las mujeres. Yo recuerdo que le ayudaba a mi madre a subir un barreño de ropa, por la cuesta de Santo Domingo. La foto dice muchas cosas, aparte de los recuerdos: cómo era el caudal del Guardal, antes del embalse de San Clemente, y cómo era de miserable la vida. Un par de kilómetros más abajo, estaba el remanso de la Presa, donde nos bañábamos en pelota. Cuando colgué la foto en Facebook, el 4-11-2013, tuvo 77 comentarios y 37 veces fue compartida.

Manolo Martínez. Olé esa Morería y el río Guardal.

Leandro. Nos hemos enterado por la alcaldesa que las cuevas de la Morería tienen una Catalogación Genérica —están protegidas—, ahora lo que falta es que las declaren monumento natural debido a su valor histórico.

Leandro. Gracias, Manuel. Perdimos el Guardal —a veces parece una acequia— y vamos a ver si la Morería la ponemos guapa

Manuel Martínez López. El río también necesita un arreglillo, lo vamos a conseguir Leandro, poco a poco.

Leandro. Tenemos que cortar la carretera a ver si la asfaltan, y tú de esto entiendes un rato

Manuel Martínez López. Pero no hay unión, tendríamos que estar más unidos. Leandro García Casanova. Vamos a ver si hay una reacción en el pueblo, conocí un caso algo parecido y el pueblo se movilizó. Hasta mañana que el bicho este es mu empalagoso

Manolo Martínez Puerta. En este pueblo no hay unión para nada, la gente va a su bola y le importa un pimiento la cultura, le da igual todo (…).

Juan López. Este es el pueblo que yo recuerdo, ese río cuando bajaba el agua limpia Leandro García Casanova. Manuel, en las cosas graves te refieres a los fallecidos del otro día. Es de pena que no se mueva nadie

Aspecto del Guardal, en mayo de 2022



Leandro. Juan López, con ese caudal baja hoy el río Castril

Pilar Encinas Vegara. El río se ha quedado casi sin caudal en muchas ocasiones, sobre todo en verano. La mano implacable del hombre cambiando siempre el paisaje a su antojo.

Leandro. El Guardal a su paso por Benamaurel da pena, lo dejaron fatal eliminando toda la vegetación de ribera, nadie hace nada para mejorar esto. Esto es lo que dice Alberto Burgos Bautista, de Benamaurel (…).

Mari Zambudio Ruiz. Las veces que he lavado en ese mismo sitio con mi madre, gracias por poner estas fotos y poder recuperar recuerdos de aquellos años que si no fuera por ellas estarían perdidos.

Leandro. Sí, Néstor Sosa, recuerdo haber visto al Guardal llegando casi a la carretera ¿tus antepasados vivían en la Balunca?

Néstor Sosa. Lo único que tengo de mi abuelo es un papel del consulado que dice que nació en Castilleja de los Ríos, hemos estado buscando con Carmen y Miriam, y no encontramos nada...

 
Posdata. Artículo de mi libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro (2020)