miércoles, 28 de octubre de 2020

EL DERRIBO DE LA CRUZ DE JÉREZ

 


Derribo de la Cruz Blanca, en mayo. Foto de ABC


Un pueblo con una gran devoción a la Virgen de la Tizná, no puede consentir el derribo de la Cruz Blanca



El 27 de octubre, el alcalde de Jérez del Marquesado, José Ángel Pereda (Psoe), publicó un artículo en el Granada Hoy, lleno de falsedades hasta en el antetítulo del mismo: “El alcalde responde al grupo de vecinos  que han denunciado que se haya retirado una cruz en conmemoración de los Reyes Católicos”. Como puede observarse en la fotografía de mayo pasado, la Cruz Blanca fue arrancada por una retroexcavadora, partiéndola por la base y por uno de los brazos. Si se quiere retirar, mandas a unos albañiles para que la extraigan de los cimientos, pero la intención fue clara. No contento con trocearla, en su lugar colocó los contenedores de basura y tampoco la ha reparado ni puesto en el lugar indicado. El cambio de ubicación fue aprobado por la mayoría del pleno actual del Ayuntamiento, por razones de necesidad (la necesidad hay que justificarla), cuando la ley exige que sea por razones de utilidad pública o interés general. Pero, en vez de cumplir lo acordado en el pleno, la cruz fue derribada y rota, no ha sido reparada ni cambiada de ubicación, por lo que estamos ante un presunto delito de prevaricación.

 El alcalde principia así, su extenso artículo de exculpación para blanquear su imagen, cuando tendría que ser de expiación: “En primer lugar, nunca se decidió, ni romper ni echar abajo ninguna pieza que haya sido reconstruida y mucho menos como reconocimiento del paso de los Reyes Católicos, ya que no existen documentos fehacientes que acrediten la visita, ni dicha Cruz”. No sabe ni explicarse y mezcla unas cosas con otras. Lo cierto, como demuestra la fotografía, es que derribó la cruz. Seguidamente, el edil le dedica dos columnas para negar la visita de los ínclitos Reyes Católicos. “Hasta que en 2017, un concejal del Partido Popular, decide hacer una cruz intentando suplantar o anular la que ya existe. Dicha cruz se construye solamente con acuerdo plenario, sin clamor popular, ni tampoco reconocida por la Iglesia como símbolo religioso”. Habría que preguntarle a este fenómeno, ¿qué significa sin clamor popular?, sacar a los vecinos a la calle como en la película ¡Bienvenido Mr. Marshall! y cantar aquello de Americanos… Delirante. El edil prosigue en su crítica a la oposición, para justificar lo injustificable, cuando fue aprobado por mayoría: Que “con los votos en contra de la oposición (Psoe), debido a que ni era el sitio apropiado ni los vecinos lo habían solicitado porque ya teníamos la Cruz…”.

 

Antes del derribo




Seguidamente, habla del otro pleno: “Un acuerdo plenario en el que por mayoría se decidió quitar la cruz y estudiar una posible ubicación”, pero no dice si ahora hubo clamor popular. “Esta actuación se preveía para principios de este año…, pero nunca por esperar al estado de alarma, como acusa el señor Jesús Alcalá, con el único fin de hacer daño al municipio”. Pero, si aquí el único que ha causado daño al municipio ha sido el alcalde. “Estas reuniones se desarrollan por buen camino y amistosamente, aun habiendo sido cuestionado e insultado este alcalde que se pronuncia”. Dice una cosa y la contraria, y no aclara qué insulto. “Después de la segunda reunión se llega a un acuerdo, el que nunca ha sido respetado por don Jesús haciendo publicaciones ofensivas e incluso rozando la amenaza en redes sociales”. El susodicho sigue sin precisar las ofensas y las amenazas que recibe. Prosigue: “Publicaciones que sin ningún pudor publica aún saliendo trabajadores que deberían permanecer en el anonimato por no haber autorizado su foto y protegiéndoles la Ley de protección de datos e imagen”. Quien ha causado el destrozo y el atentado a la cruz invoca ahora la ley, se refiere a la imagen del derribo de la cruz que salió en el Granada Hoy y el ABC de Sevilla, el 23 de octubre. “En este texto aclarativo presentamos fotos de la Cruz Blanca reconocida unánimemente por el municipio en su lugar de origen y en la nueva ubicación”. En otra imagen, aparecen “los once contenedores que había antes de que se pusiera la cruz en 2017”. Las comas no se han hecho para el edil.

 En su extenso escrito, cuenta ahora “el acoso que continuamente viene sufriendo tanto el municipio, como el equipo de gobierno no ha hecho más que generar las opiniones de los vecinos en desacuerdo con la cruz… Poco le importa a don Jesús si pasaron o no los Reyes Católicos, que lo único que le importa es una cruz que nadie reconoce y que la quiere como símbolo de victoria personal”. No dice nada más que tonterías, con tal de enredar. La Cruz Blanca se colocó por mayoría del pleno en 2017 y no es victoria personal de Jesús Alcalá ni de nadie, es patrimonio de Jérez. Y el alguacil finaliza su larga perorata con una solemne exculpación/acusación: “Quiero constatar que en ningún momento este equipo de gobierno se había negado a la restitución de esa cruz…, pero poco ayudan las formas, las actitudes de un señor que toma la bandera en una lucha que lo único que ha generado es dolor y división en un municipio…”. La versión de este saltabalates es yo derribo la cruz pero le echo la culpa a otro. Hace unos días, denunció a un vecino en el Cuartel de la Guardia Civil porque lo acusó de ponerse un sueldo de no sé cuánto. Hasta su nombramiento, ningún alcalde había cobrado nada del ayuntamiento.


Los contenedores ocupan el lugar donde estaba la cruz

 

Estamos ante un presunto atentado contra la libertad religiosa y de culto de los ciudadanos españoles, por lo que viola el artículo 16 de la Constitución. También es un presunto atentado contra el patrimonio de Jérez, por lo que debe de reparar el daño causado, aparte de la presunta prevaricación. En España hay cientos de mezquitas donde rezan los creyentes, a los niños árabes se les dan clases de islam y comida halal, los españoles respetamos los símbolos, las creencias y la religión de los cuatro millones de inmigrantes y extranjeros que hay, mientras que en la mayoría de los países islámicos se respetan los símbolos y la religión cristianos. Pero el alcalde, José Ángel Pereda, no los respeta y se permite el lujo de derribar la Cruz Blanca en Jérez con una retroexcavadora. 

Estamos ante un edil sin principios y sin escrúpulos, llega a tanto cinismo que le echa la culpa a Jesús Alcalá, con el fin de ponerle a los vecinos en contra. Este acto vandálico no debe ni puede quedar impune, porque es una ofensa a todos los españoles y porque es de juzgado de guardia. En 1936 se derribaban cruces, por lo que este tipo nos ha devuelto a las cavernas, un alcalde que derriba una cruz a conciencia, no puede seguir ejerciendo, de hecho ha perdido toda la autoridad. Si no está a gusto en España y sus ideas son contrarias a la religión cristiana, siempre podrá marcharse a otro lugar pero en ningún país le van a tolerar que destruya sus símbolos religiosos. Hay muchos cristianos que se sienten afectados por este hecho pero están callados y no dicen nada, mientras que yo hace más de un cuarto de siglo que no asisto a un acto litúrgico completo. Para mí es un problema de conciencia y me resulta peor estar callado. 

Artículo del alcalde en Granada Hoy

Crónica del ABC de Sevilla

La versión del Partido Popular

https://okdiario.com/espana/alcalde-socialista-pueblo-granada-cambia-cruz-blanca-contenedores-6366275


Conclusiones

En el artículo del alcalde, no aparece la fotografía del derribo de la cruz blanca y el edil no lo menciona como si no hubiera existido, pero intencionadamente centra el tema en una lucha política, en que los malos son Jesús Alcalá y el PP, con tal de evadir su responsabilidad y echarles el pueblo en contra. Como ha politizado el tema, los jerezanos están divididos, que si este alcalde es del PSOE y el otro era del PP. Aquí de lo que se trata es que la retroexcavadora ha roto la cruz y el alcalde ni la repara ni la coloca en el lugar indicado, contraviniendo el mandato del pleno del Ayuntamiento, al que está obligado. La destrucción de este símbolo religioso es presuntamente un delito y es indiferente que el alcalde sea de un partido o de otro.

El pueblo de Jérez tiene una gran devoción por la Virgen de la Tizná, por lo que no se entiende que permanezca indiferente, o dividido como pretende el alcalde, ante la destrucción de la cruz. El PP debe denunciarlo en el juzgado y la Iglesia debe hacer una nota de protesta y entre todos se conseguirá restaurar el símbolo religioso. Copio esto de los Abogados Cristianos: “En los últimos años nos hemos encontrado con que, utilizando como excusa la Ley de Memoria Histórica, ayuntamientos laicistas han destruído cruces y otros símbolos cristianos. Actualmente tenemos batallas judiciales por derribos como el de la Cruz de Vall De Uxó en Castellón, donde hemos denunciado a su alcaldesa Tania Baños, o el de Cuevas del Becerro en Málaga. También hemos acudido a la justicia recientemente por la destrucción de la Cruz de Ondarroa en Vizkaya y para tratar de frenar los planes del Ayuntamiento de Castellón de acabar con la Cruz del Parque Ribalta…”. 

Antiguamente, en las entradas y salidas de los pueblos, o junto a los caminos, se encontraban los humilladeros, tenían una cruz o imagen y eran lugares para la devoción. En el siglo XVIII, el camino del Sacromonte tenía numerosas cruces de mármol y al final del Paseo de las Angustias se encuentra El humilladero.


Esto ha escrito el 19 octubre el historiador Miguel ángel Rivas Hernández, de Huéneja, en La Voz del Pueblo de Jerez del Marquesado, porque le pedí que interviniera: Estoy de acuerdo. Una decisión de este tipo debe ser aprobada en pleno del Ayuntamiento. Lo que me sorprende es que la oposición no haya intervenido con contundencia, presentando incluso denuncia ante el cuartel de la Guardia Civil o en el juzgado de Paz correspondiente. Los símbolos religiosos e históricos, como en este caso deben de respetarse. Ante el argumento de que pensaba trasladarse junto a la antigua balsa en el centro del pueblo no se entiende la celeridad en su derribo, y además de mala manera, para colocar en su lugar un contender de basura. Esto me parece indecente e inmoral que muestra la catadura de los actuales ediles de Jérez que han permitido este despropósito. Como miembro fundador del Centro de EStudios Pedro Suárez de Guadix, entre cuyas funciones está la de velar por el patrimonio de las tres comarcas de Guadix, Baza y Huéscar, considero un desacierto esta medida y conmino a la alcaldia a reponer en su lugar esta cruz, conmemorativa de la venida a esta localidad de los Reyes Católicos, de la misma forma que pasaron por Huéneja a su vuelta de Almería. Hay que dejar a las cruces en paz pues eso es lo que significan. Ya se han perdido demasiados símbolos de este tipo en la comarca como es el caso de las ermitas de ánimas o los Calvarios con su cruz. Tales símbolos forman parte de una tradición histórica de la religiosidad de la comarca que insto a respetar.

Y esto el maestro Roberto Balboa: Hay un dicho que reza “por sus hechos les conoceréis”, y aquí, en nuestro bonito pueblo de Jérez del Marquesado ya vamos conociendo a quienes en un momento dicen una cosa y luego hacen lo contrario. Digo yo, que tal vez esté copiando lo que hacen sus jefes a nivel nacional; puede que esa sea la manera de aspirar a puestos de más importancia en su supuesta carrera política, y engañar a sus paisanos y matar en parte la Historia de su pueblo no son más que daños colaterales, necesarios para su futura carrera. Jérez del Marquesado y sus vecinos son, si acaso, secundarios, y si no a las pruebas nos remitimos. ¡Qué buenas son las hemerotecas! En ellas se puede ver qué decía, y ahora se puede ver qué ha hecho. Lo que me extraña y me duele es que apenas ha habido noticias de lo ocurrido fuera del pueblo y los vecinos apenas se han quejado. No me asustan las voces de los malos, me asusta el silencio de los buenos.

Posdata: las dos últimas fotos las he cogido de Foto denuncia de Jérez del Marquesado y La Voz del Pueblo de Jérez del Marquesado





 



martes, 20 de octubre de 2020

LOS HOSPITALES TAMBIÉN MUEREN

 




 

El Hospital Clínico de San Cecilio






El conocido locutor empieza diciendo, con un lenguaje entre pomposo y militar: “En la torre de la Alcazaba de la Alhambra se conmemora la gloriosa conquista de Granada, por los ínclitos Reyes Católicos, en la evocación del centenario de su reinado las autoridades marchan en procesión cívica  por la Alhambra, mientras el pendón real ondea y tremola sobre la población”. Se ven muchos figurantes, vestidos de soldados de época, que más bien parecen cruzados, haciendo guardia en las almenas de la Alhambra mientras otros tocan las trompetas. Es un antiguo NO-DO, de aquellos noticiarios y documentales cinematográficos que obligatoriamente tenían que exhibir en todos los cines de España, antes de la proyección de las películas. Eran pura propaganda, donde normalmente salía Francisco Franco en un acto oficial, o alguno de sus ministros, inaugurando cualquier obra pública o visitando una fábrica, para que los españoles vieran que el régimen se preocupaba por ellos.

En el siguiente acto, el locutor continúa hablando con aire marcial: “La ciudad de Granada recibe entre colgaduras y celebraciones al excelentísimo jefe del Estado, Francisco Franco, en la fecha imborrable del 12 de octubre de 1952”. El Caudillo aparece, subido en coche descubierto y saludando al público, con una hilera interminable de vehículos detrás. Y añade el locutor: “Franco llega a la Casa Consistorial, entre vítores y aplausos incesantes, donde es recibido por el cabildo y demás autoridades”. Va con gorra de plato y el traje de capitán general, le sigue su esposa, doña Carmen Polo de Franco, tocada con gorro y con un vestido negro, seguida de una dama también vestida de negro. Seguidamente, Franco sale al balcón del ayuntamiento moviendo los brazos al aire, como si fuera el director de la banda de música, mientras que en la plaza del Carmen la policía ha establecido un cordón de seguridad para que el público se mantenga alejado del dictador. Esto solían hacerlo en previsión de algún atentado. La voz prosigue con las alabanzas: “El público, que llenaba la plaza del Carmen, reclama la presencia de Franco, que se ve obligado a salir al balcón principal donde pronuncia una breve alocución”. Qué menos que un breve saludo a los granadinos.

A continuación, el noticiario recoge otro acto oficial: “Franco inaugura tres pabellones del Hospital Clínico, que tiene una extensión de 49.000 metros cuadrados con la Facultad de Medicina, en una obra complejísima donde se han invertido más de 40 millones de pesetas. Además de los pabellones quirúrgicos, tiene el policlínico con los consultorios y los servicios generales hospitalarios”. Vemos al dictador seguido por las autoridades y el ministro de Educación, que entonces era Joaquín Ruiz-Giménez (lo apodaban “sor Metralla”). Este ministro fue el que implantó en España el Plan de 1953, por el que se rigió la Enseñanza durante muchos años. En la democracia, durante los años noventa, Joaquín Ruiz-Giménez ejerció como Defensor del Pueblo. En el reportaje se ven imágenes de los pabellones, de los patios y pasillos, de una sala de operaciones alumbrada por unos focos y de un dormitorio con bastantes camas. Aunque la inauguración fue un acto de propaganda del franquismo, las imágenes dan una idea de los escasos medios de la Sanidad de entonces en comparación a los grandes equipos de los hospitales y de la atención a los pacientes en la actualidad.


Es ya el antiguo Hospital Clínico. Foto Ideal 





Al vivir en la zona sur de Granada, me correspondió el Hospital Clínico adonde acudía con cierta frecuencia para las citas de diversas especialidades. Siempre recordaré que hace unos años me hicieron una colonoscopia, sin anestesia de ninguna clase. Yo les dije que no quería hacérmela, pero mis gritos se oirían por los patios. Sin embargo, el Hospital Clínico tuvo los mejores especialistas médicos de Granada hasta que en los últimos años le fueron quitando recursos, en favor del nuevo Hospital Virgen de las Nieves. Tenía tres pabellones, el quirúrgico con cirugía, otorrino y urología, así como los servicios de ginecología, radiología y oftalmología. En el Clínico operaron a mi padre del estómago, y también me acuerdo de aquel especialista, todo un profesional, que me decía sobre la operación de mi madre: “A ver si mañana consigo quitarle la ventilación mecánica”. Por entonces, ambos salieron bien. Años más tarde, en la Navidad de 1977, mi familia me avisó que mi padre estaba ingresado en el hospital; a la mañana siguiente regresé a Granada en el tren de Madrid, pero, cuando llegué a la habitación, vi que estaba vacía y entonces me lo imaginé todo. En ocasiones tuve que venir a aquellas Urgencias, que últimamente estaban atestadas de enfermos, acompañando a algún familiar. Pero, después de sesenta y cinco años funcionando, el Clínico fue cerrado en 2016 y sus especialidades pasaron a tres hospitales. Atrás han quedado las vivencias en aquellos pasillos y consultas, pero ya casi nadie se acuerda de su cierre.

El video finaliza enfocando una placa que colocaron en el hospital: “Los Ilustres Colegios Oficiales de Médicos de Granada, Almería y Jaén al Hospital Clínico de San Cecilio y a todos sus trabajadores, que de una u otra forma han contribuido al desarrollo de la sanidad granadina y al cuidado y bienestar de sus pacientes. 1952 - julio de 1916. Granada, 27 de noviembre de 2017”. Mi amigo Pepe Huertas, ya jubilado, estuvo de celador en Urgencias y algunas veces me echó una mano, lo mismo que mi paisano Virginio Pinteño. Mi agradecimiento también a aquellos especialistas, médicos, enfermeros y celadores que atendieron a mi familia y a mí, y al compañero Joaquín Ochoa porque colgó el video del NO-DO en el wasap de los Seminaristas, de manera que me ha servido para hilvanar este artículo. El Hospital Clínico Universitario de San Cecilio (se llamaba así porque fue fundado por la Universidad de Granada) ya forma parte de la historia y de la memoria de los granadinos porque los hospitales también nacen y mueren. Por eso, cada vez que paso por la avenida del Doctor Olóriz, me acuerdo de aquella pequeña habitación donde mi padre vivió sus últimos momentos.

Posdata: este artículo viene publicado en el Boletín del Centro del Artístico, número 10, marzo de 2020

https://en-clase.ideal.es/2020/10/18/leandro-garcia-casanova-los-hospitales-tambien- mueren/?fbclid=IwAR3NHXWz12T0e7fxHuwnbL10FvArweRl9fCw7klBrYfScKTu0wdEQ5OGTtg


lunes, 31 de agosto de 2020

CIEN AÑOS DESPUÉS








El 13 de abril, Jesús Martínez Lorente me escribe este mensaje por Facebook: “Hola, tengo una cosa de tu padre, cuando vengas al pueblo, búscame”. Bastante extrañado, le respondo: “Gracias, Jesús, ¿puedes decirme de qué se trata?”. Y me dice: “De un cuaderno de madera y por dentro está el nombre de tu padre. Estuve pintando hace bastantes años en las cuevas del Mosco, me hizo gracia y lo guardé. Mándame el teléfono tuyo y te mando las fotos”. Jesús me envió dos fotos por wasap, donde se ven dos tablas de madera con el nombre y los apellidos de mi padre escritos a lápiz. Un tanto desconcertado, le escribo: “Reconozco esa letra de mi padre, cuando era joven. ¿Encontraste las tablas en la cueva del Mosco, que un familiar vendió a un inglés?”. Y me responde: “Sí, estuve pintándola y me hizo gracia”. Quedamos en que nos veríamos en septiembre u octubre, cuando yo fuera a Castilléjar. Ambos tenemos amistad por Facebook, pero no nos conocíamos, aunque conozco a su hermano Antonio desde la infancia. La mañana del 26 de agosto me paso por el pueblo y decido llamar a Jesús, aunque aquellas tablas no acababan de convencerme. Quedamos en el bar “El Rincón” y, después de saludarnos, me entrega el cuaderno de madera. Yo pensaba que era de mayor tamaño pero me quedo sorprendido cuando lo veo, porque es bonito y original.



Jesús confiesa que lo ha guardado durante veinte años, “porque me llamó la atención”. “Se nota que te gusta guardar las cosas y luego el detalle que has tenido conmigo, esto no lo hace cualquiera”, le digo a modo de bienvenida. Hablamos de las fotografías de mi padre, me cuenta que es pintor y que fue a Granada a pintarle el piso a un paisano. Congeniamos pronto, porque Jesús es claro y sencillo, me habla de su madre, de noventa y dos años, que tiene demencia senil, de sus hijas y de que cada año hay más viviendas vacías en el pueblo. El cuaderno de madera es de 15 por 23,5 centímetros (el tamaño de un libro, un poco más grande que una octavilla) y con un grosor de 1,5 centímetros. Tiene unas correas de cuero que van clavadas con puntillas: una larga, que abraza las maderas y se abrocha con una hebilla, pero, como le falta la otra correa, fue sustituida por tres trozos de cuero, cortos y bastos, que van clavados también. De manera que, al abrir las tablas, parecen las tapas de un cuaderno, con la madera pulida. En una cara tiene dibujos decorativos, una balaustrada y unos pinos de color marrón con el fondo dorado, y la otra cara tiene el fondo marrón.


                                              


 En la parte interior de una tabla, viene escrito a lápiz “Leandro García Domínguez”, por dos veces. La letra de abajo es más del doble de grande que la de arriba y se nota que es posterior porque tiene mejor caligrafía. Las he comparado con otros escritos de mi padre, de cuando era joven, y es igual. Es una letra bastardilla, parecida a la que viene en el libro “Lectura de manuscritos”, de la editorial Saturnino Calleja, que compró mi bisabuelo Leandro a finales del siglo XIX, o principios del XX, y que yo conservo. En mi infancia, aparte de los deberes de la escuela, yo tenía que copiar el texto de la página cuarenta y ocho de este manuscrito, en una plana que diariamente tenía que presentarle a mi padre: “Como comprendo que el hombre público no se pertenece en muchas ocasiones, y que a veces tiene que sacrificar los más puros sentimientos en aras del deber…”. ¡Cuántas veces habré copiado estos renglones! Por cada día que no escribía la plana, mi padre me castigaba con doble ración. Precisamente, en esa página y en dos más vienen copiados a lápiz el nombre y los apellidos de mi padre, con la misma letra que la del cuaderno de madera. Por eso, estoy convencido de que a él también le echaban una plana diaria, de la misma página, para que aprendiera a escribir bien, con esa letra inclinada que estaba tan de moda en aquella época. Mi padre me contaba que, cuando era niño, un maestrillo (tendría algunos estudios) se pasaba por el cortijo de San José y le daba clase a varios niños, creo que le pagaban dos o tres pesetas al mes. Esto fue por los años veinte, del siglo pasado, ya que nació en 1919. 




En esto, le dije a Jesús: “Las vueltas que da la vida, este cuaderno de madera se lo compraría mi bisabuelo a mi padre por los años veinte, en Huéscar. Y resulta que cien años después, tú me lo entregas. Esto solo lo hace una buena persona, como tú”. Aunque me confesó que había comprado dos ejemplares, de mi último libro, “Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro”, le regalé otro y se lo dediqué. Antes de despedirse, me dijo: “Podías escribir algo sobre esto”. A mí no se me hubiera ocurrido, pero se lo prometí a Jesús


En el cuaderno de madera, mi padre guardaría algún librillo, como el manuscrito, y la libreta donde hacía los deberes, lo extraño es que él nunca nos dijo nada, aunque conservo un tintero antiguo con un tapón de corcho, que encontré colgado en la pared de la cueva de mi abuela, y que será también de aquel tiempo. Son muchas las casualidades y coincidencias que nos unen con nuestros seres queridos, a pesar de que hace cuarenta y dos años que falleció mi padre. Familiares y conocidos me han entregado a veces fotografías y recuerdos de mis padres, años después de haber fallecido. No hace un mes, una prima de Galera me envió fotos de mi padre cuando hizo la mili en Larache (Marruecos), y una paisana de Castilléjar me dijo que su tía estuvo casada con mi tío abuelo materno, que era de Orce, y que vivieron en Barcelona. Conservo una fotografía de la citada tía con una niña (la guardé cuando falleció mi madre), sabía que eran de la familia pero ignoraba quienes eran. 

A unos quinientos metros de la cueva donde Jesús encontró el cuaderno, está la cueva de Las Paleras –llamada así porque tiene unas chumberas delante–, donde mis padres se casaron, en 1947. A aquel lugar le llaman las cuevas del Mosco y están en el camino que va del Cortijo del Cura a Galera, por encima de la acequia del Botero. Por aquí solía traernos mi padre a mi hermano Carlos y a mí, en su moto bultaco, a echar la mañana en los bancales, al lado de las cuevas y tierras que pertenecieron a mis bisabuelos y que me traen recuerdos imborrables. El pasado año hizo cien años del nacimiento de mi padre y en el mes de septiembre estuve en la cueva de mi primo Manolo, en el Cortijo del Cura, prensando la uva y haciendo mosto. Desde el cerro de su cueva me quedé asombrado viendo a lo lejos las casas de Castilléjar, las sierras de Castril y de Marmolance, la carretera de Huéscar, la vega y los Barrancos, y entonces pensé: estos son los paisajes tan bellos que mi padre contempló en su infancia.



viernes, 14 de agosto de 2020

INTRODUCCIÓN: CASTILLEJA DE LOS RÍOS

 




Vista de Castilléjar, años sesenta. Foto Pili Fernández
 

 



Copio una parte de la Introducción de mi libro, "LeandroCastilleja de los Ríos en blanco y negro.                                                         



La intención de editar este libro ha sido para reunir una mínima parte de la obra dispersa de mi padre, el fotógrafo y cartero Leandro García Domínguez (1919-1977). Hizo miles de fotografías, en blanco y negro, que varias generaciones de castillejaranos entre los años cincuenta y setenta han sabido conservar como el paño en el arca. Y al mismo tiempo, quiero dedicarle este libro como un reconocimiento a su labor, aunque Leandro nunca imaginó que esas fotos, en blanco y negro, cobrarían tanta importancia con el tiempo, pues hoy las conservan los hijos y los nietos de los retratados (…). Tengo que decir que han sido numerosos castillejanos los que me han recordado anécdotas de mi padre, o que me han dado las gracias por esas inolvidables fotos que hizo y que hoy son como piezas de museo. También han sido muchos los paisanos y amigos a quienes les he regalado alguna foto de mi padre, y al revés: me han entregado desinteresadamente retratos de aquella época y me han dado una alegría inmensa, al ver a conocidos, que fallecieron hace tiempo y los tenía olvidados, incluso a familiares, o paisajes ya desaparecidos. Hace años, me decía Maricruz Domínguez, una prima de mi padre, “llevo un año con la foto en la cartera esperando a ver si te veía”, o Dori Carasa que me envió otra, en ambas estoy con mi padre y mi hermana y tendré poco más de tres años. Cuando contemplo esas fotos parece que estoy en el limbo, pues yo tendría poco más de dos años. Los años pasan pero las fotografías permanecen.

 Por eso gustan tanto esas imágenes de antaño, en blanco y negro, porque nos transportan a nuestra infancia, a la época de cuando nuestros padres eran jóvenes y Castilléjar era todo el mundo conocido para nosotros. Hace poco, contemplaba una foto en que mis padres están con la familia de Juan el molinero (tenía unas hijas muy guapas), en una alameda, compartiendo una comida en un día festivo. Yo tendría unos seis años y mi padre andaría por los cuarenta, el caso es que se me saltaron las lágrimas pues añoro aquella época de la infancia. Últimamente les escribí a conocidos y amigos del pueblo a ver si tenían fotos antiguas para este libro, bastantes me las proporcionaron generosamente mientras que otros ni me contestaron. Así es la vida (…). ¿Quién no se hizo una foto con Leandro, en aquella época en que era el único fotógrafo del pueblo y siempre estaba disponible? Fue un autodidacta, yo lo recuerdo leyendo libros de fotos y montando su peculiar laboratorio, al lado de la puerta de entrada de la casa (y del portal, donde repartía las cartas sobre las siete de la tarde), que mis padres tenían en la calle del Rosario, número cinco. Es una pena que no haya quedado alguna imagen de esos repartos de cartas, con la gente apelotonada en el portal esperando oír su nombre. Eran cientos de emigrantes los que escribían a sus padres, con mucho sentimiento, desde Cataluña, Francia o Alemania (…). Con el tiempo, Leandro se convirtió en un fotógrafo que se conocía el oficio y recuerdo que los “catalanes” –los emigrantes que venían en las vacaciones y en la Feria de Septiembre– le compraban sobre todo las postales con los paisajes tan bonitos y pintorescos del pueblo, para enseñarlas en Cataluña: la vega y los ríos Guardal y Galera, los Barrancos, las cuevas y las eras, las calles y plazas, los barrios de Los Evangelistas, San Marcos o Santo Domingo, la ermita de Santo Domingo, la iglesia de la Concepción, las plazas del Caudillo y Nueva, la calle Mayor... Las postales las tenía expuestas en una pequeña vitrina de madera.

 Recuerdo que La gente venía a hacerse fotos para el carné de identidad y, al comienzo del curso en las escuelas, a veces le hacía fotos a cada uno de los niños. En fin, mi padre siempre andaba con la máquina en ristre, ya que lo suyo era vocación por la fotografía. Espero que os gusten las fotos en blanco y negro, con los capítulos siguientes: “Las escuelas y los niños”, hoy muchos de ellos son abuelos; en “Personajes”, la mayoría de las personas mayores que salen retratadas fallecieron; Castilléjar se ha ensanchado y su aspecto ha cambiado bastante, por eso lo llamo “Paisajes ya desaparecidos”; en “Leandro”, vienen algunas fotos de familia, y reservo otros capítulos para las “Fiestas” y los “Trabajos” del campo y la costura. Entonces las calles eran de tierra, no había agua potable ni luz eléctrica en todas las viviendas, la mayoría de los habitantes vivían en cuevas y sólo se veían unos cuantos coches y motocicletas, mientras que los animales de carga se utilizaban para el campo; nada se tiraba entonces y la gente era más humilde y solidaria con los demás, por la noche, las mujeres y hombres se sentaban a la puerta para charlar con las vecinos (…). Finalmente, tengo que decir que estas fotos tan entrañables que hizo mi padre, quitando alguna que otra, son de las más antiguas del pueblo y ya forman parte del patrimonio y de la memoria colectiva de Castilléjar (…).  El topónimo Castilleja de los Ríos es la mejor definición del pueblo y para mí es de los más bonitos de la provincia de Granada: Castilleja viene de castillejo, fortaleza pequeña, y De los ríos, por el Guardal y el Galera. El ejemplo lo tenemos en Castro del Río o en Castril de la Peña. Por eso, en homenaje a mi padre y como reivindicación del pueblo, he titulado el libro, “Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro”.

 (…). Quiero mostrar mi agradecimiento a quienes me han prestado fotografías para este libro, unos han colaborado con más y otros con menos, los enumero por orden alfabético: Antonia Moreno, ‘Arcoiris’, Antonio “el Solicita”, Ángeles Triguero, Carlos Durán, Carmen Martínez Lorente, Cirilo Vico, Conchi Román, Custo Pinteño, Dori y Josefa Carasa, Felipe Heras, Fernando Triguero, Flora y  Mari Román, Francisco Arán, Javier López, Justo García, Luís Dengra, Manolo Martínez, Mari Zambudio, Pablo Zambudio, Pepe Pinteño y Pili Fernández.

Posdata: el libro se vende en Castilléjar: en El Ecomuseoel Estanco y la Panadería de Blas. En Granada: Librería Don Bosco, calle Melchor Almagro, 9; Papelería Atalaya, Camino de Ronda 101; Hiperprensa, en Pintor Zuloaga 5. En Guadix, Librería Pipperen Plaza Chuchilleros, 4. Y en Huéscar, Librería Conchi Jesama, en calle Morote, 16. 


lunes, 3 de agosto de 2020

GUADIX, ENTRE EL ENCANTO Y EL ABANDONO





Contemplar la salida y las espectaculares puestas de sol, desde los Cerros de Medina, con las primeras luces de las cuevas titilando a lo lejos, oír el repique de las campanas de la Catedral el domingo al mediodía, tomarte unos churros para desayunar, comprar una hogaza de pan o medio quilo de boquerones en la pescadería, después de estar guardando cola, tomarte una cerveza acompañada de unos callos con garbanzos en el bar Cervantes, o darte un paseo por la acera del cauce seco del rio Guadix, es algo que no tienen todas las ciudades. Hace unas semanas fui al Mercadillo del Sábado –un espectáculo de frutas, verduras y ropa–, en esto llegó un hombre de unos cincuenta años y empezó a escoger los tomates del puesto, de manera que le dije bastante irritado: “¡Pero, hombre, con el contagio que hay y tocando los tomates! Además, yo he llegado antes que usted”. Ante el chorreo que le vino encima, no tuvo más remedio que reconocer la evidencia y, cuando se marchó, le dije al del puesto: “Ya sabemos que los tomates pasan por cincuenta manos, pero que los manoseen aquí también”. El tío del puesto asintió pero no dicen nada a los manoseadores  porque saben que pierden a un cliente y, lo que es peor, es ya una costumbre convertida en ley en algunos puestos.

Otro día fui a una nave del Polígono Industrial, donde estábamos varios hombres en el interior haciendo cola, guardando la distancia y con las mascarillas puestas. En esto, entró un joven, sin mascarilla, y al poco empezó a toser. Cuando me marchaba, no pude evitarlo y le solté: “¡Sin mascarilla y tosiendo!”. Pero el tipo se despachó así: “Hay algunos que saben mucho de leyes”. Entonces, le dije sin pensarlo: “¡No tienes vergüenza, si te empeñas llamo a la policía!”. El joven no se achantó aunque respondió en voz baja: “¡Pues, llámala”. En la tienda nadie abrió la boca y los empleados menos, cuando había riesgo de contagio y más en un local cerrado. Para no complicar las cosas, preferí no contestar y me marché. Esto también ocurre en Guadix, a pesar del contagio que hay.

En la avenida Mariana Pineda, donde confluye con la calle Manuel de Falla, hay un semáforo que no lo ves hasta que estás a varios metros porque lo tapan las ramas de un árbol. Aquí es fácil que pueda ocurrir un accidente en cualquier momento. El Ayuntamiento podía hacer una rotonda en este cruce, se ahorraría los cuatro semáforos (más otros dos con desviación a la izquierda) y los vehículos no tendrían que estar esperando muchos minutos. Entrando a Guadix por el Oeste, desde la A-92, desde el Supermercado Dani hasta el Mercadona (la salida hacia Alcudia), he contado catorce semáforos, varios con desvío lateral. La avenida Medina Olmos está “sembrada de semáforos” (varios de ellos cada cincuenta metros más o menos), por lo que es lenta la circulación en la calle más comercial de Guadix. Sin embargo, para recorrer los 2,5 kilómetros de la calle Real de Málaga, de Las Gabias (desde la entrada a la salida, en dirección a la Malahá), hay cinco semáforos (tres veces menos), de manera que la circulación es fluida, aunque es posible que el tráfico sea más intenso en Guadix, al ser cabeza de comarca. Pero aquí parece que el tiempo se ha detenido, y más ahora con la pandemia y la crisis económica, en que los comercios cierran y la juventud emigra, porque no tiene futuro.

Guadix, tan lejos y tan cerca, donde Pedro Antonio de Alarcón aparece ensimismado en el parque, a veces con una paloma posada sobre su cabeza (la paloma es un símbolo de Guadix, como la Plaza de las Palomas), en esa estatua que tuvo que hacerse por suscripción popular porque las autoridades de entonces no reconocieron al eximio escritor. Guadix es un conjunto histórico, todavía no reconocido oficialmente, donde conviven el centro noble y los barrios pobres, como en tiempos de los Reyes Católicos. Pero al final acabas amando a esta tierra roja, de arenisca y arcilla, de cuevas centenarias y monumentos históricos que se caen a pedazos, mientras que el guadijeño te ofrece una conversación cálida.

Copio este párrafo de la página de Facebook, de la fundaciónRichard H. Driehaus Architecture Competition”, del 14 de julio: “Primer premio del Concurso de Arquitectura 2019-2020 – Guadix. La propuesta seleccionada para obtener el primer premio por el jurado ha sido Pisando la Tierra, de la que son autores los arquitectos Alfonso Zavala Cendra y Ramón Andrada González-Parrado, con la colaboración de José María Fernández Amor y Álvaro Romero Sancho. La propuesta destaca especialmente por la reordenación de la Plaza Pedro de Mendoza, que devuelve el protagonismo al principal acceso histórico a la Alcazaba, así como por la naturalidad con la que este acceso restituido por medio de la construcción de una serie de plataformas en varios niveles. El jurado señaló también la calidad de la solución propuesta para la manzana residencial hoy en ruinas, donde se ponen magistralmente en práctica las formas y los materiales propios de la tradición accitana, con un resultado perfectamente acorde con la identidad del lugar”.






Hay que celebrar que el entorno de la Alcazaba de Guadix haya obtenido el primer premio, pero la fundación sólo paga el diseño del proyecto, pues la financiación para llevarlo a cabo habría que buscarla en las instituciones. Hasta ahora, ningún proyecto premiado por la fundación ha sido llevado a cabo, seguramente por su elevado coste. El proyecto remodela la plaza Pedro de Mendoza, que sirve de entrada a la Alcazaba por el sureste. En el antiguo Seminario se haría un hotel mientras que la iglesia de San Agustín se convertiría en un salón para eventos; se construirían también viviendas unifamiliares y comunitarias entre las calles Amezcua e Ibáñez. Cuesta poco soñar en medio de las ruinas de la Alcazaba y del antiguo Seminario. La imagen del estado actual del entorno de la Alcazaba es del Centro de Estudios Pedro Suárez. Guadix te atrapa con el encanto de sus paisajes, por sus monumentos históricos y sus tradiciones, a la vez que te duele el estado de abandono en que se encuentra por la inacción de los políticos y por las escasas inversiones que recibe.

 https://en-clase.ideal.es/2020/08/02/leandro-garcia-casanova-guadix-entre-el-encanto-y-el-abandono/?fbclid=IwAR1IG_60TB_wy6cEWyfO6w-ALyPSD5RUeKn2amOYv1ABpJlgqOmkAR7YArU

 Publicado en Nieve y Cieno, en enero de 2021


miércoles, 8 de julio de 2020

A PROPÓSITO DE ANTONIO JARA




Fachada antigua del Ayuntamiento de Granada






El 14 de junio pasado, el diario Ideal publicó una extensa entrevista con Antonio Jara, que fue alcalde de Granada durante los años 1979 y 1991. Me han llamado la atención varios comentarios suyos: “Los partidos buscan disciplina y obediencia, no quieren pensamiento, no quieren ideas… Antiguo Ayuntamiento de GranadaHe vivido en guerra permanente con el Psoe”. Y más adelante, afirma: “Me temo que a nivel local, el listón político ha ido bajando…, la formación de la gente es corta (…). La sólida formación era incompatible con la militancia”. Estoy de acuerdo, pero esto también ocurre a nivel nacional después de la Transición, donde había políticos muy preparados, como Tierno Galván, Herrero de Miñón, Oscar Alzaga, Fernández Ordóñez… Yo recuerdo que, para ser delegado provincial, era requisito pertenecer al grupo A (licenciado universitario), hasta que entró gente de aluvión con bachiller elemental, fácilmente manejable, o que nunca ha cotizado a la Seguridad Social, como se quejaba Joaquín Leguina no hace mucho de sus compañeros del Psoe. A esto hay que añadir que los partidos políticos no son democráticos, sino ‘dedocráticos’.

Jara se queja con razón de que “en Granada no hay espíritu público, no hay ciudadanía, no hay asociación, no hay comunidad, no hay objetivos compartidos… Yo, a efectos ilustrativos, digo, son familias. No he visto nunca tantos apellidos compuestos en una ciudad”. Más adelante, afirma que “no hay proyecto, no hay liderazgo, no hay sociedad. ¡Estas cosas de que hay que ir a Madrid para enterarse de qué acuerdo se ha alcanzado en Granada!”. Se refiere al acuerdo que alcanzaron en Madrid, Ciudadanos y el Partido Popular para que el alcalde de Granada fuera Luis Salvador y no Sebastián Pérez, a quien le correspondía el cargo por el mayor número de concejales. Jara se olvida cuando el vicepresidente Alfonso Guerra destituyó al presidente andaluz Rafael Escuredo, porque entonces los presidentes de la Comunidad de Andalucía eran poco menos que delegados del Gobierno de MadridDe Gaspar Zarrías, vicepresidente de Manuel Chaves, se decía que no se movía una hoja en Andalucía sin que él lo supiera, porque lo controlaba todo. Es cierto que los políticos granadinos casi siempre han hecho lo que les han ordenado sus partidos de Sevilla y que en Granada predomina la oligarquía y el caciquismo, tanto de la derecha como de la izquierda.

En otro apartado, el exalcalde afirma que “es una sociedad más unida y cohesionada por las creencias que por los valores cívicos y aglutinada en torno a la Catedral y no en torno al Consistorio”. Viene a decir que la ciudad de Granada es católica, con una mentalidad atrasada. Aquí ha gobernado el Ayuntamiento durante más años la izquierda que la derecha. Y no digamos la Diputación o Andalucía. Seguidamente, Jara cita una frase de García Lorca, “en esta bendita tierra nunca dos y dos no son cuatro”. Es sabido que el poeta dijo que “en Granada está la peor burguesía del mundo”, porque se sintió rechazado por algunos sectores de la sociedad y aquí nunca hubiera triunfado. Pero la desunión en Granada siempre ha sido por culpa de los políticos y por su escasa talla.

El periodista Quico Chirino le recuerda a Jara que “en los últimos veinte años hemos vivido más tiempo en contra de los proyectos que a favor. Que no se acabara la autovía de la Costa, que no se haga el espacio escénico”. Y le responde que Granada “ha sido en los últimos años comparsa muda y desdeñada por culpa de los partidos políticos”. Sin embargo, hay que aclarar que desde que tenemos la autonomía en Andalucía, Granada ha sido marginada continuamente por los diferentes gobiernos socialistas andaluces, mientras que Sevilla y Málaga se llevaron siempre las mejores tajadas. Cuando estaba de consejera, la malagueña Magdalena Álvarez, la terminal 2 del aeropuerto de Málaga recibió más inversiones que toda la provincia de Granada. El aeropuerto de Granada (más parece el de la señorita Pepis) y el puerto de Motril son claros ejemplos de las escasas inversiones de la Junta en Granada. Un cargo granadino del Psoe denunció en la prensa que, el Gobierno de la Junta boicoteaba todos los proyectos que llegaban de Granada, mientras tanto, le echaban la culpa de todo al entonces alcalde Torres Hurtado. Hasta que se descubrió el pastel. Jara se queja de que “Todos nuestros grandes valores, nuestros recursos potentes (se refiere a la Alhambra, Sierra Nevada, el Centro Lorca…) están sufriendo reputacionalmente. ¿Alguien se ha preguntado por qué?”. Se olvida de los casos de corrupción de la Alhambra y de Sierra Nevada, donde las directoras de estos organismos fueron denunciadas en los juzgados. Item más, los ingresos de la Alhambra no se destinaban a la ciudad de Granada, sino que servían para financiar otros proyectos de Andalucía. Por esto tienen mala reputación. Fue precisamente Jara quien ordenó construir la estación de autobuses en el Paseo del Salón y, cuando estaba casi construida, se despachó así: “Ya decía yo que no era viable que saliera un autocar cada cinco minutos del Paseo del Salón”. Cuando el proyecto fue suyo.


Fundación CajaGranada y Bankia





Más adelante leemos que “en 2002 entró en el Consejo Consultivo”, aunque tengo entendido que el exedil fue presidente de este órgano, que deja mucho que desear. Hasta que en 2009, le encargaron que asumiera la presidencia de CajaGranada. El exalcalde afirma que “el Gobierno andaluz nunca tuvo una política financiera para Andalucía. El proyecto de ‘caja única’ no era más que un proyecto de absorción de todas las entidades por Unicaja. Se han podido hacer las cosas mejor”. Aquí lleva toda la razón, Manuel Chaves quiso tener una caja donde hacer sus manejos y financiar al Psoe andaluz, hasta le condonaron un elevado préstamo. Debo señalar que CajaGranada era la que tenía más cartillas y tarjetas de la provincia de Granada, hasta que los políticos del Psoe la arruinaron, lo mismo que hicieron los partidos con el resto de las cajas de España. Finalmente, Jara trata de justificarse: “Yo no traicioné nada, en CajaGranada los clientes no han sufrido, no ha habido corralito, no ha habido intervención…”. Hay que añadir que de la antigua Caja de Ahorros de Granada fueron despedidos cientos de empleados y otros tantos fueron trasladados, pues fue absorbida por Bankia. Pero, con sus luces y  sombras, se puede decir que Antonio Jara ha sido uno de los mejores ediles que ha tenido Granada.