viernes, 7 de abril de 2017

POR LOS CAMINOS DEL ESPARTO



Los Barrancos, desde Castilléjar





Dedicado a los esparteros, que tanto penaron en los Barrancos, y a Jesús García, que ya reposa en ellos para siempre



Aquella mañana del 15 de diciembre de 2002, había quedado con Jesús García, el agente de Medio Ambiente, en el bar de Emilio. Y después de tomar café, enfilamos con el todoterreno para los Barrancos. El antiguo oficio de guarda lleva demasiados nombres a sus espaldas: guardarríos, guardamontes, guardacampos, guardabosques, guardapesca... Y en Extremadura también existe el oficio de guardabellotas y guardahabas. Hasta la denominación de guarda forestal, como lo fue Julio Martín Ambel, allá por los años sesenta en Castilléjar. Pero a Jesús se le nota que vive su profesión, le gusta el campo, y de paso me va indicando.
Ahora mismo vamos por la cañada del Gallar y, siguiendo este camino espartero, se sale a la torreta de teléfonos de Galera y a la vieja carretera de Huéscar. Calculo que estarán a unos 6 ó 7 kilómetros de aquí. En cambio, El Margen queda al suroeste, por detrás de aquellos montes –luego, una vez en lo alto de los cerros, Jesús va señalando-. Hace años, los Barrancos eran de los Portillo de Huéscar; mientras que los López eran propietarios de la parte baja de la vega y de la fábrica de electricidad. Allí al fondo vemos a Castilléjar; y aquí más cerca están Los Olivos, el Lago y el depósito del agua. Entre Los Olivos y Los Carriones, se encuentra el barrio de Dolosa; y ya, en dirección a Castril, se ve el cerro del Diablo. Como parajes más cercanos tenemos el Cerrico Redondo y el camino de Mojón Alto, que sale a la carretera de Castril. Mientras que al Norte destaca el pico de la Sagra –2.383 metros de altitud– dominando el Altiplano, pero hoy tiene una capa de nubes encima. A sus pies se encuentra el embalse de San Clemente; y al Oeste, la Puebla de don Fadrique entre campos de almendros y cereales. Por detrás de la Sierra de la Sagra pasa la carretera que va a Santiago de la Espada.
Hay un viejo dicho popular: Si la Sagra fuera romana y Marmolance un pilón, ¿cuántas arrobas pesaría el Cerro de Jabalcón? Esto me lo contaba Aurelio Gómez, mi tío político. Jesús continúa con sus explicaciones de guía, como quien anda todo el día en el campo. Se conoce el terreno como la palma de la mano, hasta las madrigueras de las zorras.
Aquellos tajos rojizos que ves pertenecen a la sierra de Marmolance, pero ya en el término de Huéscar. Las montañas que hay a la izquierda del Cerro del Cubo (1.369 metros) –aunque, en realidad, tiene forma de pirámide, como si la mano del hombre hubiera cincelado el cerro a propósito–, es la Sierra de Castril; y un poco más abajo, se aprecia la Sierra de Cazorla, ya en la provincia de Jaén –la Sierra de Castril es una prolongación de ella–. En el Cerro del Cubo pasa el límite del término de Castilléjar y, un poco más acá, se encuentra la Loma de las Presas. El paraje natural de las Presas es uno de los paisajes más bonitos de Castilléjar y, además, han puesto barbacoas y una especie de área recreativa. Ese monte pequeñillo que vemos, casi enfrente de nosotros, es el Campo del Rey (1.088 metros), que es la única franja de pinar que tiene el pueblo. El Cerro de Jabalcón (en el siglo XIX se le decía Jabalcool) lo tenemos al Sur, pegando a Baza (la antigua Basti) y a su parque natural. Y si te fijas un poco, allá a lo lejos, se ve hasta el pico del Mulhacén. Guadix se encuentra más acá de la ladera norte de Sierra Nevada. Y aquella montaña oscura que destaca al Este, es la Sierra de Periate.

Según Pascual Madoz, Orce se encuentra sobre una colina entre dos ramblas que bajan de la sierra de Periate. Desde lo alto de los Barrancos –a 800 metros de altitud– la vista que se ofrece al viajero es impresionante. Uno piensa que Baza, Castril, Huéscar, Orce, Guadix o Cúllar quedan lejos, demasiado lejos. Pero aquí los tienes casi al alcance de la mano, lo abarcas todo con un golpe de vista: unos ciento cuarenta kilómetros a la redonda. O quizá más. Aunque a veces tengo la impresión de que estoy delirando. La Sagra hoy presenta un color azulado –azul cielo– y todavía no tiene la cima cubierta de nieve. En abril pasado, cuando la escalé, tenía su corona de nieve y en invierno aparece como el blanco pecho de una mujer. Pero este año el frío está tardando en llegar. Mientras que Jabalcón es ese inmenso peñasco, de color leonado, que rompe el paisaje de la llanura. A su vera se encuentra el “mar chico” del Negratín –20 km de largo y unas vistas impresionantes–, uno de los pantanos más grandes de Andalucía.

Aspecto de los Barrancos, al atardecer



Lo que es el término de Castilléjar no tiene montañas grandes ni altas, sino los cerros de tierra salitrosa y margas yesíferas. Antes, los albañiles salían a buscar los espejuelos –¡centenares de ellos resplandecen al sol!– y luego separaban las láminas y las cocían. Después tenían que golpear el yeso –ya con su característico color blanco– con unas mazas de madera porque salía hecho una pelota. Esta finca de quinientas y pico hectáreas –los Barrancos– la compró la Junta de Andalucía en el 92, y ha hecho algunas repoblaciones de pinos. Este pino carrasco que ves, plantado en mitad del cerro, es propio del terreno árido. Está agarrado, pero no crece por el yeso que tiene el suelo –hasta el verdín presenta un color lechoso, propio de los terrenos calizos. ¡Yo nunca había visto nada igual!–. Por aquí se da la perdiz, el conejo y la liebre, y he visto hasta un búho real. Pero cada vez se ve menos fauna, debido a los cazadores y la sequía. En cambio, los jabalíes se han convertido en una plaga, pues bajan a la vega y destrozan los ‘maíces’. Zorras también hay muchísimas, algún que otro tejón y, en las fuentes del Guardal (viene de Guahardal), se ven nutrias. Las águilas culebreras anidan por el pinar del Campo del Rey y, estos años atrás se veían bandadas de milanos comiendo en el basurero; pero ya lo han sellado. También viene a cazar por esta zona alguna que otra águila real.
Ahora vamos en el todoterreno camino del Cerro de la Cruz, y pasamos por delante de la ‘Cueva de los Señores’ –así viene señalizada en el mapa–. El agente asegura que la cueva tenía el suelo alfombrado de esparto, y todavía se observa el yeso de las ventanas y las corralizas para las caballerías. Aquí, en los años del hambre, los señoritos venían en carretas a cazar; a veces acompañados de las autoridades militares y eclesiásticas. Ocurría algo parecido a la película ‘La escopeta nacional’, de García Berlanga, pero en estos inhóspitos espartizales. Los terratenientes se divertían pegando escopetazos a los jabalíes y a todo bicho viviente; mientras que los esparteros andaban desriñonados entre los matorrales, arrancando atochas con un ‘cogeor’ para ir malviviendo. Jesús García afirma que, el importe de la subasta del esparto en el monte público, allá por el año cuarenta, ascendía a 900.000 pesetas de entonces, y el Ayuntamiento de Castilléjar era uno de las más ricos de la provincia. Nunca pensé que los Barrancos dieran para tanto, aunque también el pueblo sería de los que más pobres tendrían por kilómetro cuadrado.

¡Mira, estas son huellas de jabalí! Una grande y otra más pequeña, la del jabato –al poco, me dice señalando a lo lejos–. Hasta las Presas llega la vega, y todo lo que pega al río Guardal está plantado de álamos. ¡Fíjate la vista que tiene ahora el pueblo, que se encuentra en esa esquinilla! Parece una cuña y, justo en el vértice, es donde se unen los ríos en el Puente de las Juntas.
Conforme se viene por la carretera de Huéscar, al doblar el recodo de la carretera, Castilléjar aparece de pronto, como encaramado en el cerro y con sus casas escalonadas recortándose en el horizonte. Mientras que abajo, verdean los campos de la vega que bañan sus ríos. Pero desde aquí, desde Cerro Alto, Castilléjar se dibuja al fondo, como un puñado de casitas blancas y apiñadas en una ladera del monte, cual si de una maqueta se tratara.

Aquí se han registrado algunos inviernos hasta trece grados bajo cero, aunque lo normal son menos tres y cuatro grados –saliendo de Galera, esta mañana hacían dos grados; y por el viejo y recién asfaltado camino del Cortijo del Cura, el termómetro de mi coche marcaba medio grado–. Esto es un clima estepario que da lugar a un paisaje lunar. En los Barrancos es muy difícil identificar un paraje, porque son como la antesala del desierto, y no hay un punto de referencia. Y sobre todo ahora, en que apenas se transita por aquí. A esto le llaman el Barranco del Agua Salada, pero el  manantialillo se ha secado. Y por este camino, donde suelen pasar los pastores, se llega hasta La Alquería y El Margen     –Jesús lleva el todoterreno por caminos intransitables, trasponiendo por solitarios montes, donde no se ve ni un animal–. Y aquí, en el Cerro Montoya, encima de estas hileras de piedras –todavía permanecen dispuestas como las antiguas calzadas romanas–, se colocaban los manojos de esparto; con las puntas hacia fuera para que se secaran. La gente decía “Vamos a entibar el esparto (compactar)”. Luego venían los carros y se lo llevaban a las fábricas de transformación de Calasparra y Cabra de Santo Cristo. ¡Mira, allí a lo lejos, se ven las cuevas del Cortijo del Cura! Y aquellos cortes blanquecinos en los montes, es por donde están construyendo la nueva carretera. Esos árboles de color rosa son los tarales (Tamarix gallica), que están en el llano del Arique. ¡Y fíjate cómo se distingue hasta la torre de la iglesia de Huéscar (a unos doce km)! Los días que hace sol, brillan las cúpulas del Observatorio Astronómico de Almería (el Calar Alto), en la Sierra de los Filabres. Y aquella montaña que se distingue al suroeste es Sierra Mágina, en Jaén...

Castilléjar, los Barrancos y la Sierra de Periate



Vamos por la rambla hacia el Cerro Alto y Jesús asegura que esta tierra la está recorriendo a diario. Ahora estamos subiendo una pendiente, con un 35% de desnivel. Uno piensa que si las ruedas del vehículo resbalaran, irremisiblemente iríamos a parar al fondo del barranco. Pero el agente no es de los que se echan para atrás: No, si lo peor vendrá después, cuando bajemos la pendiente. Parece que te vas a comer el suelo. El vehículo va por un viejo camino espartero que, al no ser transitado, está lleno de matorrales. Poco después, estamos en el Cerro Alto, a 800 metros de altitud. A nuestra derecha quedan los cerros de los Mellizos (los ‘Merguizos’), porque parecen hermanos. Observarlos desde Castilléjar, es una de la imágenes más insólitas que uno pueda ver. Porque ya es raro encontrar a dos cerros tan semejantes, aunque no están juntos a pesar del efecto óptico. Al regreso nos detenemos en la Presa del Cura, donde tantas veces me habré bañado y tomado el sol en el recodo del río. Casi todas las tardes del verano veníamos a bañarnos a este remanso, y luego tomábamos el sol en la arena. Pero, cuando decíamos de venirnos, algún Sotero nos llenaba las espaldas de cieno. Y claro, había que tirarse al agua otra vez. Hasta que, cansados, salíamos pitando y el cieno nos lo quitábamos a un kilómetro de allí. ¡Nos ha jodido! Los ‘zagalitrones’ tenían la fea costumbre de tomar el sol en pelotas. Y claro, por la Presa del Cura nunca asomaban las mujeres.

Aquí el paisaje ya cambia por completo, por la vegetación que crece al lado del río. En la parte alta se recorta el solitario y monótono desierto de los montes, pero abajo están los sembrados de la vega. Y en medio discurren las aguas mansas del noble río Guardal, que durante siglos ha ido lamiendo la ladera del cerro, y hoy forma un tajo de unos treinta metros. Es raro que por aquí no veamos una garza real, me dice Jesús. Y al poco, como si lo hubiera oído, salió una garza volando de los juncos. Los Barrancos son una zona árida, formada por ‘badlands’ (tierras baldías) como el norte de Marruecos o el desierto de Arizona; y sólo se ven antiguos caminos de herradura y abundantes matas de esparto en la cara norte de los montes. Sin embargo, el paisaje impresiona a cualquiera: no se advierte ni una triste sombra de un árbol, ni siquiera el furtivo vuelo de algún ave. Sólo a lo lejos se divisan algunas casas, y todo lo demás es un mar de cerros blancos moteados. Pero, en aquellos años de miseria, estos montes se convirtieron en la despensa de los pobres y en el divertimento de los señoritos. Ya no aparece en el horizonte la insólita estampa de las cansinas reatas de burros regresando al atardecer y abriéndose paso por los antiguos y borrados caminos del esparto. Recuerdo que, cuando niño, los hombres se tiraban todo el santo día en los Barrancos, mientras que los viejos se sentaban a la puerta de su cueva y, con los manojos de esparto, pacientemente confeccionaban los serones y aguaderas, los capazos y esparteñas. Cuando bajamos, Jesús Martínez, el teniente de alcalde, me acompaña y le hace unas fotos a los cerros de ‘los Merguizos’, desde la antigua cueva del tío Romualdo ‘el Latas’.

Posdata: Publicado en mi libro Diálogos en la tierra de los ríos, publicado en 2003. Castilléjar tiene una deuda pendiente con los antiguos esparteros, que al final conocieron el pan negro de la emigración. El Ayuntamiento debería dedicarles un monumento en su memoria, pues muchos de ellos viven todavía. Ignoro el nombre de los autores de las tres últimas fotografías.

Jesús García (izda) y su hijo Pablo, en 2002

A Jesús García lo saludé hace un añoen Castilléjar y, en las ocasiones que lo traté, lo recuerdo amable, sencillo y servicialPor un amigo suyo de Orce, me he enterado de su muerte, a causa de un infarto, el pasado cinco de marzo, cuando tenía sesenta años. Antonio Pinteño me dice que la vida de Jesús se resumía en su familia, en su gente y en su trabajo, no tenía ningún problema con nadie.  En 2009, a propuesta mía, la Diputación de Granada, a través de ‘Caminando por los Senderos de Granada’, llevó a cabo el sendero Castilléjar-Galera, y por un camino de los Barrancos fuimos más de un centenar de senderistas. Jesús fue quien elaboró el recorrido. Sus cenizas han sido esparcidas en los Barrancos y esto ya nos muestra el cariño que le tenía a estos parajes, donde desarrollaba a diario su trabajo. Gracias, Jesús, porque nos enseñaste a amar y conocer estos cerros moteados, que me traen recuerdos de la infancia. Descanse en paz.

Amelia, abajo a la derecha. 1958



Manuel el Chato vive en Los Evangelistas y el pasado 24 de mayo lo encuentro sentado en la puerta de su casa, con su mujer Amelia. Me dice que fue espartero en su juventud y entonces le pido que me hable de aquellos tiempos.

Varias familias muy pobres vinieron de Alba, un pueblo de Jaén, se metieron en algunas cuevas abandonadas de Los Evangelistas, pero como no tenían dinero, Serafín Encinas y la Pilar, que tenían tiendas, les fiaban los alimentos y cuando cobraban del esparto les pagaban. Entre estas familias estaba la tía Grilla, que hacía sogas y de todo, tenía cinco o seis hijos, el José y otros, de manera que todos los días se iban a los Barrancos a coger esparto y luego lo llevaban en una burrilla a la romana, que estaba en el cortijo Ros, para que lo pesaran. Entonces, en Castilléjar ‘tos’ se dedicaban al esparto, menos los cuatro señoritos. Lo pagaban a dos pesetas la arroba y tenías que coger unas siete arrobas para poder vivir. También lo llevaban a Fuente Amarga donde había otra romana. En el pueblo había hambre y ruina. El que tenía bestias tardaba varias horas en ir al cortijo Ros para que pesaran el esparto, pero el que no las tenía lo llevaba a las espaldas, había mucha miseria. Está ya uno que no se acuerda, pues voy a cumplir ochenta y siete años en julio.

Calculo que Manuel nació en 1937, en el segundo año de la Guerra Civil, y nos cuenta cómo malvivían en Castilléjar, en los años cincuenta. 




Este es el escrito que publico el 25 de abril de 2017, en Facebook, sin que nadie haga comentario alguno. Sin embargo, todos se quejan del cambio de nombre:


"Los Barrancos es el nombre de los cerros de Castilléjar desde hace siglos, sin embargo, el alcalde le ha dado la denominación de Badlands, alegando que este anglicismo es su nombre científico y que sólo se refiere al sendero Badlands, de 12,3 km, que discurre íntegramente por los Barrancos, y con la excusa de que así vienen más turistas. Estos son los últimos comentarios del 18 de abril, en mi página de Facebook, donde el alcalde repitió una y otra vez que “los cerros se seguirán llamando barrancos”.
Leandro: Y en cuanto a tu invento de poner el nombre de Badland a los Barrancos, es un insulto a los castillejanos, aunque pongas la excusa de que es un sendero o un nombre científico. Te recuerdo que a los ingleses hay que darle lo que es de los ingleses, y a Castilléjar lo que es de Castilléjar. Déjate de polémicas que no llevan a ninguna parte
Jesus Raya Ibar: Y los cerros se seguirán llamando barrancos aunque tú te empeñes en que le hemos cambiado el nombre. Con esto me despido ya estoy cansado de repetir siempre lo mismo

Sin embargo, en la fotografía de arriba se demuestra que el edil no dice la verdad. La imagen de los Barrancos viene como Badlands, con los anagramas de la Junta de Andalucía, de la Diputación de Granada, del Grupo de Desarrollo del Altiplano y otra institución, mientras que en la parte superior se observa perfectamente el escudo de Castilléjar y debajo viene escrito Ayuntamiento. 

En fin, ya sabemos que todas las instituciones andaluzas le han cambiado el nombre a los Barrancos y han bautizado a la criatura con el disparatado anglicismo de Badlands, a espaldas de los castillejanos. Pero el alcalde, Jesús Raya, el promotor del invento, sigue negándolo. Compartido de Jose Miguel Ortiz Lozar". 

Publicado en Ideal el 8 de agosto de 2003



domingo, 26 de marzo de 2017

AGUAS MEDICINALES DEL REINO DE GRANADA








Hace un par de años, mi amigo Juanjo Martínez, de Huéscar, me enseñó el libro, (sic): Examen de las aguas medicinales que se hallan en el Reyno de Granada, editado en Almería, en 1824, y escrito por el doctor Juan Bautista Solsona, primer médico honorario de los Reales Egércitos. La obra se la dedica al Excmo. Señor don Narciso de Heredia y Begines, conde de Ofalia, con estas frases pomposas: “El deseo de contribuir con mis escasos conocimientos químicos a la conservación de la salud pública, me condujo a sacrificar una considerable parte de mi tiempo e intereses en hacer repetidas experiencias y observaciones sobre la naturaleza, y los diferentes usos de las aguas medicinales del Reyno, de cuyo laborioso análisis y verdades que de él se derivan, presenta un compendio instructivo este pequeño tratado, que tengo la honra de elevar respetuosamente, a las manos de V.E…, para que con las luces de los demás Profesores, adquieran la estensión, y produzcan la utilidad (…). Nuestro Señor guarde la importante vida de V.E. muchos y felices años. B.L.M. (besa la mano) de V.E. Su mayor servidor”.

Algunas palabras, que señalo en cursiva, vienen así escritas en el libro. En el prólogo, el autor dice que, cuando analizó por primera vez los baños de Sierra Alhamilla, en Almería, ofreció a algunos amigos examinar las fuentes que se encuentran en el reino de Granada, y que antes no habían sido analizadas por ningún profesor. Y esto lo hace para evitar los largos viajes, los considerables costos, “como porque sus precisas incomodidades pueden hacer que facilísimamente pare el negocio en tragedia”. El médico advierte que la mayor parte de los enfermos que se destinan a las aguas medicinales, cualquiera que tenga algunos rastros de sensibilidad, no podrá menos de compadecerse, al verles arrastrados por los caminos, sufriendo las fatigas…, “pues no hay paciencia que baste para tolerar el abandono e inconsideración de muchos facultativos, que no se detienen, ni piensan para destinar a sus enfermos más que por los rumores y noticias vulgares”. Y explica que, con el deseo de procurar remedio a tamaños males, recorrió las fuentes de más nombre, como las de Manilva, Casares y Hardales, que son templadas y frías, en el obispado de Málaga, y por el contrario, calientes o termales, las de Alhama, Graena, Alicún, Baza y Sierra Alhamilla.

Estado ruinoso de la fuente del Cuco. Agosto 2014




Juan Bautista sigue diciendo: “En efecto, no han sido vanas mis esperanzas, habiendo hallado, en lo poco que he podido recorrer, aún más de lo que buscaba, en dos o tres fuentes junto a Baza, otra cerca de Castilleja (puede que se refiera a la fuente del Cuco, situada en la antigua carretera de Benamaurel, que se encuentra en completa ruina debido a las obras de la nueva carretera), y tres o quatro en las cercanías de Galera, siendo todas parecidas a las de Hardales”. También examinó las fuentes de Lanjarón y de la Malá.

El capítulo I trata sobre las fuentes de Galera, de la situación y fertilidad del terreno: “La villa de Galera perteneciente a los Señores Duques de Abrantes…, ha tenido la desgracia, así debe llamarse, de que a pesar de lo mucho que se nombra en la historia del Rebelión, nadie ha tomado en boca sus fuentes medicinales (…). Saliendo, pues, de Castilleja para Galera a la legua y media se encuentra uno de los más ricos manantiales, que me parece he visto, de fuentes Hediondas, después del de Manilva; pero en tan mala situación, que no puede aprovecharse sino a costa de mucho gasto, y también porque nace en sitio desierto, al pie de un terrera enorme, debajo del camino, y tan cerca del río, que a poco se mete en él”. Por la descripción que hace del lugar, creo que habla de la fuente que hay en el Cortijo del Cura, una vez pasadas las cuevas del Mosco. Un metro más abajo de la fuente Hedionda (suelen llamarle la Dionda) pasa la acequia del Botero, donde vierte el agua sulfurosa, mientras que el río Galera discurre mucho más abajo. El autor añade que, en las inmediaciones de Galera, hay cinco o seis fuentes que se le parecen, aunque con menos caudal. Una se encuentra en la balsa de Felipe Pérez, otra debajo del caño, la siguiente en el camino de Cabrerizo y una más en la balsa llamada de Cañas, ya en el camino de Orce, todas ellas situadas en un terreno fértil. Luego escribe una extensa relación de vegetales, que son más comunes por las inmediaciones de las fuentes.

El capítulo II lo dedica a las observaciones físicas de las fuentes: “Las referidas fuentes de Galera se parecen todas en aquel insoportable hedor a huebos podridos que despiden, y da a conocer su vecindad bastante antes de llegar a ellas; asemejándose también por aquella babaza que comienza a soltar el agua luego que sale al descubierto, pone blanco el suelo por donde corre, como las demás cosas que toca, y arden, si enjutas se hechan en la lumbre, despidiendo aquella llama azul y hedor sofocante que da el azufre cuando se quema”. Dice que el agua de debajo del caño, si se mira al través de la luz en una botella, está muy clara, aunque su color tira a zarco, y nadan en ella, aún cuando está en reposo, muchos glóbulos unos mayores que otros. “Agitada hace alguna espuma; causando esplosión al destapar la botella y sin dar más olor que el común hediondo, ni más gusto que el azufre… Las dos fuentes de Cabrerizo y la de debajo del caño, que son sobre las que hice más experimentos, tienen los mismos doce grados de calor sobre cero en la escala de Reaumur”.


La fuente Hedionda, Cortijo del Cura



El capítulo III trata sobre el análisis de las aguas, con azúcar de Saturno, arsénico, tintura de agallas, de cúrcuma, de tornasol, con alkalis y ácidos, con muriato barítico, nitrato mercurial y de plata blanca, de manera que el doctor escribe: “Empleados los reactivos en el agua de estas fuentes hubo las siguientes resultas: descompone el jabón, y por poco que se detenga en la de todas una moneda de plata se vuelve dorada, y luego negra; siendo buena para los riegos y cocer el cáñamo”. El capítulo IV habla de las virtudes del agua: “Si se cotejan los resultados de estas fuentes entre sí y con las de Baza y Hardales, desde luego se manifiesta lo análogas que son: lo mismo que en la cantidad y hasta en el temperamento y peso”.  Y concluye que obra conforme a razón el profesor que destinase a estas fuentes “a todos los que padecen enfermedades de la piel como herpes, sarna y lo que se suele llamar fuego del hígado, erisipelas crónicas, tiña, optalmías, por inveteradas que fuesen, y demás escoriaciones, tumorcillos y grietas de cutis, aunque anduviera en opiniones, si tocaban o no en lepra. Otro tanto y más puede asegurarse en las llagas porfiadas, úlceras y fistolas, sean de la naturaleza que se quiera”.

El médico sigue diciendo que pueden también usarse interiormente, pues a más de que aseguran en Galera que bebida la de debajo del caño, “mueve el vientre con blandura y sin estrépito, en los vicios humorales de tenacidad, espesura y abundancia propios en el asma, infartas y aún vómicas, particularmente de la cavidad del pecho y vientre, vendrán muy a cuento”. Finalmente, se despide con esta petición: “Ojalá depare Dios quien las promueva, y halle arbitrios de procurar algún albergue (…), y que presto se había de confirmar y estender la noticia de sus virtudes, con lo que los enfermos, de hasta el reino de Valencia y demás confinantes, necesariamente la buscarían, logrando los vecinos, que las incomodidades, que suele traer la concurrencia de forasteros, quedase bien remunerada con el consumo de lo que le sobra al pueblo, y que pagan a como se pide”. También destaca las ventajas de la balsa de Pérez, por su situación. Sólo me queda añadir que, de todas las fuentes citadas que despedían ese olor a huevos podridos, sólo han quedado como recuerdo la Hedionda, en el camino del Río Castilléjar, y la que hay detrás del hotel, al lado de la presa. Y  anotar que, en el primer cuarto del siglo XIX, a la tierra del Chavico (el ochavo era la moneda con menos valor, en tiempos de los nazaríes) le seguían llamando el Reino de Granada.




viernes, 3 de marzo de 2017

150 ANIVERSARIO DEL TREN



Cartel del 150 aniversario








El 10 de diciembre de 2016 hizo 150 años que se inauguró la Línea Granada-Loja (1866-2016). Con este motivo, el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada organizó el viaje de Granada a Guadix, en un tren chárter, que salió de la Estación de Andaluces, a las 9:30 horas, donde íbamos 180 personas: 50 socios eran del Centro Artístico y el resto lo componían miembros  de la Asociación Granadina de Amigos del Ferrocarril y del Tranvía (Agraft), de la Sociedad Filatélica y Numismática de Granada y del Centro de Estudios Pedro Suárez de Guadix. Se puede decir que otros tantos se quedaron sin billete. El viaje fue un acto reivindicativo, debido al aislamiento ferroviario de Granada por parte del Gobierno de la nación, que sólo mantiene abierta la Línea Granada-Almería, debido a las obras del AVE en Loja. En el Centro Artístico estuvo expuesta una maqueta del antiguo tren y también se celebraron conferencias sobre el tren. En el trayecto pudimos apreciar unos vistosos paisajes verdes, debido a las últimas lluvias, y también hizo un día de sol radiante con una temperatura máxima de 19 grados. El tren paró en la Estación de Huélago, unos diez minutos, para dar paso al que venía de Almería a Granada. En broma se dice que esta es la línea de los doce pueblos, pues pasa por Huélago, Darro y “diez más”, en referencia a Diezma, según me cuenta José Mondéjar.  


Poco antes de llegar a Guadix el paisaje cambia completamente, hacen su aparición los montes con las cárcavas, en forma de dientes de sierra que miran al cielo. Es un paisaje único. Sobre las 10:40 horas llegamos a la Estación, donde el concejal de Turismo, Iván López Ariza, recibió a la comitiva y seguidamente fuimos dando un paseo hasta colocarnos al otro lado de las vías, donde se encontraba fuera del hangar la histórica locomotora de vapor Baldwil 140-2054 Guadix, como así la denominó Renfe. Fue construida en 1928, en Sestao (Bilbao), por la Sociedad Española de Construcciones Babcock & Wilcox, que era filial de la sociedad británica del mismo nombre. El maquinista puso en marcha la locomotora, echando nubes de vapor y pitando con frecuencia, lo que hizo las delicias del público. También se permitió que la gente subiera a la locomotora, para hacerse fotos, y aquí disfrutaron de lo lindo chicos y grandes. La mayoría de las locomotoras que se vendieron en los diferentes países de Europa, durante el siglo XIX, se fabricaron en Escocia y muchas de las vías férreas españolas fueron construidas con capital británico, como la línea de Guadix-Baza-Almendricos, que fue cerrada en 1984.

La Balwild en la Estación de Guadix








Junto a la locomotora se encontraban también varios miembros de la Almería Western Club, vestidos con trajes de época. En una entrevista que le hizo la Agencia Europa Press a la presidenta del Centro Artístico, Celia Correa, manifestó que “ha sido una experiencia única donde todos han disfrutado en una máquina extraordinaria”. Sobre las 13 horas, los autobuses nos recogieron en la Estación para llevarnos a Guadix, donde se organizaron cuatro rutas, con 50 personas cada una, que visitaron las cuevas de la Ermita Nueva, las iglesias de Santiago y de San Gregorio, el Teatro Romano y el Museo del pintor Julio Visconti. Dos horas después, comieron unas 160 personas en el Hotel Palacio de Oñate, el antiguo Hotel Comercio.

Cándido Marín es un maquinista jubilado, que no ha querido perderse este viaje conmemorativo, pero, cuando el autocar pasó por la avenida de Buenos Aires, le asaltaron los recuerdos: “Esto estaba sembrado de eucaliptos pero los quitaron todos en 1972. En la Estación y en Guadix vivíamos unos ochocientos ferroviarios, más otros doscientos auxiliares en la Espartera, en pisos de alquiler. Entonces Guadix tenía 25.000 habitantes y nosotros solíamos comprar en las tiendas de tejidos Romero. Pero, cuando Renfe sustituyó las locomotoras de vapor por las de diesel, en 1967, tuvimos que ponernos al día. La mayoría de los ferroviarios tuvieron que marcharse a Almería, Linares-Baeza, Espeluy, Jaén, aunque muchos se vinieron a Granada. Y ya me dirás, cuando años más tarde cerraron la línea Guadix-Baza-Almendricos. En 1954 cobraba 17,50 pesetas al mes, mientras que en 1959 ya me pagaban 105,40 pesetas de maquinista. Yo nací y me crié apegado a las vías, y entonces te acostumbras al tren. Entonces, no había tanta seguridad como hoy. Años más tarde me casé en Espeluy”. Al pasar por la rotonda de la avenida de Buenos Aires, Cándido señaló con el dedo a los bloques de pisos y dijo: “Aquí había un mercadillo de animales. Yo he ido recorriendo Levante y Andalucía y me jubilé en 1998, con sesenta y tres años. Antes los expresos paraban cinco minutos en la Estación de Guadix, pero hoy sólo paran un minuto pues apenas hay pasajeros. Ahora están intentando eliminar la línea Granada-Almería…”. Más claro no se puede decir.




Yo no creo que el Gobierno se atreva a cerrar esta línea, pues es la única salida que tiene con el Levante, pero todo es posible en Granada donde las cosas normalmente tienden a ir a peor. Hay que añadir que la mayoría de las líneas españolas son deficitarias, aunque hace unos días salió un informe que decía lo mismo de los trenes europeos, salvo la línea París-Lyon. En España se salvarían la línea Madrid-Barcelona y las de cercanías en las principales ciudades. A las 17:30 horas, los autobuses emprendieron el regreso a la Estación de Guadix y el tren salió hacia Granada a las 18:15 horas. Varios viajeros nos metimos en la cabina con el maquinista y nos fue explicando el cuadro de mando: “Este tren no está electrificado ni es automático, como el AVE, y normalmente lleva pocos pasajeros”. El caso es que pasamos un día “muy bonico”, como suelen decir los granaínos






miércoles, 8 de febrero de 2017

TURISMOS, EXENTOS DE MULTAS











Estas fotos fueron tomadas los días 13 de diciembre del pasado año y el 6 de febrero. Estos vehículos siempre están aparcados en la acera de la derecha y no respetan las normas, como puede apreciarse por las señales de tráfico que hay en la calle Murillo, de Las Gabias, esto es, aparcar cada quince días a un lado u otro de la acera. Los turismos llevan meses aparcando siempre en el lado derecho, a pesar de que la Policía Municipal fue avisada por teléfono, por un vecino, el pasado 13 de diciembre. Por las fotografías puede apreciarse que están mal aparcados, vulnerando las señales de tráfico.

Hace unos meses, en esta misma calle, fue multado un turismo de un foráneo, el día uno –los días uno y dieciséis de cada mes hay que cambiar de acera–, mientras que el vehículo de un vecino, que estaba al lado, no fue multado.

Habría que preguntar al concejal de Tráfico si conoce estos privilegios con los propietarios de los vehículos, de las fotos, y ¿por qué se multa a un turismo el día uno, mientras que se hace la vista gorda con otros que están mal aparcados en la misma calle durante meses? ¿Cuál es la razón para que a estos vecinos de la calle Murillo (normalmente son tres turismos y una moto los que están mal aparcados) no se les multe? ¿Es que las ordenanzas no rigen para ellos?  ¿Por qué todos los españoles no somos iguales ante la ley, en Las Gabias?


¿Hace falta dirigir una petición al concejal de Tráfico, y a los grupos políticos del Ayuntamiento de Las Gabias, para que tengan conocimiento de estas arbitrariedades que están ocurriendo desde hace meses, en Las Gabias, a la vista de todo el mundo, con el fin de que todos los vecinos cumplan las ordenanzas municipales sin excepciones?  Es vergonzoso que estas malas prácticas ocurran en una localidad, a 8 kilómetros de Granada, y que nadie diga nada.

Posdata: bastante fotos del blog se han borrado, he encontrado esta foto en Internet


lunes, 23 de enero de 2017

EL PEQUEÑO COMERCIO
















En los primeros días de las rebajas de enero, fui a la pequeña tienda de un antiguo compañero de colegio. Me convenció de que los pantalones de pana abrigaban, en el invierno, me enseñó el forro que llevaban por dentro y al final me llevé unos parecidos a los que  él llevaba puestos. A continuación le dije que me sacara cazadoras y, entre ellas, me enseñó una de color azul parecida a los anoraks, aunque me dijo que el tejido es diferente. No me gustaba por eso, pero me la puse, me miré en el espejo y vi que aquella prenda de abrigo no estaba mal. El caso es que, mirándome por delante, por la espalda y de perfil vi que era mi talla, y se produjo lo que se dice el flechazo.

A la semana siguiente estaba pensando en pasarme por el Corte Inglés, para comprarme unos jerséis, pero decidí darme una vuelta por la tienda del compañero del alma. “Yo quiero que el jersey sea un poco recio, pues los que tengo son finos y no me abrigan”, le dije, pues cada año que pasa soy más friolero. Me sacó de varios colores y modelos, de los que abrigan como a mí me gustan, con el cuello de pico y otro con el cuello alto, y no se habló más. Con el descuento, me cobró setenta euros por dos jerséis y una camisa de franela, y entonces me dijo: “En el Corte Inglés te hubiera costado setenta euros, un solo jersey, allí lo que pagas es la marca y a lo mejor lo han fabricado en un país asiático. En cambio, esta camisa de franela está hecha en Córdoba”. También me dijo que hacían el arreglo en la tienda, “en un par de días, cuando el pantalón no queda bien”, y me enseñó la máquina de costura. Te quedas alucinado. Zara es una multinacional española –lo mismo que el Corte Inglés–, pero quitando a los empleados españoles, todo lo demás está hecho en el extranjero, sobre todo en los países asiáticos donde la mano de obra es más barata. Como el caso de una conocida marca de balones de fútbol, están cosidos por niños de la India a los que les pagan cuatro perras y  a veces sin contrato. 

El amigo del colegio lleva bastantes años con la tienda de ropa, en Guadix, después de experimentar en otros oficios y negocios, y le va bastante bien. Sabe convencer y vender. Hace unos días entré en una pequeña tienda de deportes de Guadix, donde el empleado te habla de la marca Chiruca para hacer senderismo, lo mismo que los bastones, y se fabrican en España. “Vas a Decathlon, en Granada, y encuentras bastones de doce euros, pero no son buenos. Y las botas de senderismo son de marcas extranjeras y más baratas, pero más malas. Estas gorras de hombre que tengo son tradicionales, valen trece euros y las vendo bien. Traje unas boinas a treinta euros, pero me tiré diez años para venderlas. No me trae cuenta”. Al final acabamos hablando del pellet para la estufa y me aconseja que lo compre en un comercio determinado, porque el que compro en Leroy Merlin es más barato, pero de más baja calidad y de menor poder calórico. “El pellet barato echa humo negro y te atora los tubos, no trae cuenta porque al final te va a costar más limpiarlos”, me dice. 


En una tienda de electrónica de Guadix compré un programador: señalas los días, horas y minutos, y se enciende una bombilla en tu casa, en las horas programadas. Era un aparato fabricado en China y las complicadas instrucciones a veces no las entendía, de manera que el propietario de la tienda me atendió muchas veces, para solucionarme el problema. Antes del año, el aparato falló y el comerciante me devolvió el importe, diez euros. Le dije que me lo cambiara por otro programador, pero no le quedaban. Lo que trato de decir es que, las veces que el comerciante me atendió y me sacó del atolladero chino, valían más que el precio que pagué. Esta atención personal al cliente no la hacen en Media Markt ni en ningún supermercado.

Guadix es un ejemplo del pequeño comercio, donde sobrevive con dignidad, a pesar de que ya tiene supermercados como Mercadona, Dani, Lidl, Día y algún otro, así como el Mercadillo de los sábados, que abarata los precios bastante. La gente de la comarca se acerca a comprar aquí, por la calidad y el precio. Sin embargo, en Las Gabias, distante a ocho kilómetros de Granada (un pueblo dormitorio con 19.000 habitantes, cuando en los años noventa tenía 6.000), ocurre todo lo contrario: el comerciante apenas vende, porque los vecinos se van a comprar a Granada, sea a Kinépolis o al Centro Nevada. Posiblemente esto sea debido a la cercanía de Granada, mientras que Guadix se encuentra a cincuenta kilómetros de distancia y para aparcar en el centro de la capital tienes que pagar. Esto disuade bastante al personal. Esta anécdota me la contó un amigo: antiguamente, los vecinos de Jéres del Marquesado se acercaban a Guadix a vender los sacos de trigo, pero, de regreso venían diciendo que los habían engañado. No sabrían mucho de cuentas o esperaban otro precio.

 En Granada recuerdo a Loli, atendiendo en la Librería Estudios, en la calle Mesones. Siempre la veías con clientes y te atendía de una forma especial, me decía que su padre la enseñó a atender al cliente así. Esta librería cerró hace un año, por la tremenda subida de los alquileres antiguos en los locales comerciales (había que actualizarlos de acuerdo con la ley), pero el local todavía permanece cerrado. El caso es que la calle Mesones se quedó, por primera vez, sin librerías, y esto da idea de por dónde va el consumo y por dónde la cultura. Cada día se lee menos y se teclean más los aparatos inteligentes, que a su vez generan una sociedad cada vez más idiotizada y narcotizada.

Lo que quiero destacar es que el comercio pequeño se está perdiendo, debido a las multinacionales y supermercados, sobre todo en Granada. Es el pequeño comerciante, que te atiende con cortesía, te aconseja y al final te convence de que lo que te ofrece es lo mejor. Sin duda lo mejor del pequeño comercio es el precio, la calidad y el trato personal, aunque los supermercados tengan más variedad, publicidad y atractivo. Es una pena, vamos a la globalización y el pequeño comerciante tendrá que especializarse en lo que le dejan las multinacionales, los bazares chinos y los comercios extranjeros, si quiere sobrevivir. Los españoles tendremos que decidir, aunque ya parece decidido, si compramos en Carrefour, Alcampo, Decathlon, Leroy Merlin, Brico Depot, Aldi (multinacionales francesas), Día y Media Markt (multinacionales alemanas) o en el Corte Inglés, Zara y Mercadona, que son españolas, pero la mayoría de los productos que venden los fabrican en el extranjero. Es el comercio internacional, el liberalismo rampante que paga sueldos míseros en países pobres (a veces sin contrato y en unas condiciones miserables), por lo que las ganancias son rápidas y seguras. Vamos a la desigualdad y la injusticia: el 1% de la población del mundo posee el 99% de la riqueza. El pequeño comercio va en retroceso en las capitales de provincia, pero se mantiene en ciudades como Guadix.