lunes, 20 de mayo de 2013

X ENCUENTRO DE ESCRITORES DEL ALTIPLANO, 2013







Como algunos recordaréis, en el 2002 y 2003 asistí al I y II Encuentro de Escritores del Altiplano, pertenezco a la Asociación de Escritores del Altiplano Granadino y el  próximo 18 de octubre va a hacer diez años que presenté en Castilléjar mi novela, ‘Diálogos en la tierra de los ríos’. Lo presenté precisamente en el Colegio ‘Los Ríos’, el aula se llenó de gente y, tengo que decirlo, fueron las mujeres del pueblo las que se volcaron y compraron el libro. Yo venía medio asustado, pues me había gastado 2.750 euros (unas 457.500 pesetas) de mi bolsillo en 500 ejemplares y daba el dinero por perdido. Pero en tres meses vendí 400 libros a 10 euros, sobre todo en Castilléjar, la comarca de Huéscar y en la provincia, regalé unos cien libros y si hubiera hecho otra edición se hubiera vendido fácilmente. Los emigrantes de Cataluña compraron muchos libros, ellos, más que nadie, sienten la nostalgia de su tierra.

Al año siguiente, en 2004, el editor me propuso hacer otra edición, esta vez pagándola entre ambos, pero yo había sacado por mi cuenta otro libro ‘Gabia, la memoria perdida’, y no andaba sobrado de dinero. El caso es que el editor hizo otra edición de ‘Diálogos’ sin mi permiso y la vendía por Internet a 25 euros. Tuve que buscarme un abogado para pararle los pies a este pirata, que vivía a costa del trabajo de los escritores, un personaje bastante influyente en el mundo literario granadino. Más o menos salí en mis paces con el libro, pues tuve que llevarlo a las librerías de los pueblos y luego me encontré con que varios libreros que no me pagaron. Es una aventura editar y vender un libro por tu cuenta. Lo mejor es que te paguen la edición y te desentiendes de todo. Los periódicos de Granada se hicieron eco de ‘Diálogos’, varios columnistas le dedicaron artículos y en Canal Sur salió un reportaje sobre el libro y Castilléjar.

     A comienzos de 2003 me llevaba bien con el alcalde de entonces, le propuse escribir el libro y me dijo que el Ayuntamiento pagaba la edición. Pero unos meses después, no me entendí con la nueva concejal de Cultura y decidí pagarlo yo para no tener que deberle nada a nadie. No obstante, incluí el escrito del alcalde en la presentación del libro, pues me había pagado algunas comidas cuando vine al pueblo para entrevistar a varios vecinos.

Hace unos cinco años, un joven ‘castillejano’ me dijo sobre ‘Diálogos’: “…tiene cosas muy emotivas y recuerdos de la vida de antes y de gente que ya no está”, también me dijo que yo recordaba al pueblo con cariño. Pero uno le había comentado que yo había hablado muy mal del pueblo, en una entrevista que me hicieron en la radio. Me quedé sorprendido y le pregunté por la fecha de la entrevista, en qué emisora de radio y qué es lo que dije mal del pueblo. No supo responderme, pero es evidente que alguien se había dedicado a propagar falsedades, pero si os dais cuenta es una estupidez y no tiene sentido. Nadie se pone a criticar a su pueblo y menos aún en una emisora de radio, porque entonces tú mismo te cierras las puertas y te desacreditas. Y no voy a tirar piedras contra el pueblo de Castilléjar al que le estoy agradecido.

 En la entrevista que me hicieron en Ideal, el 2 de noviembre de 2003, vienen estos titulares (la entrevista no la pueden falsear, por eso se inventaron el chisme de la radio): “Mi libro es una crónica social, no es reivindicativo. Quiere ser un homenaje a mi pueblo, Castilléjar, y a sus gentes en los años 50 y 60. Mi pueblo se llamaba Castilleja de los Ríos, pero ha perdido el apellido. Pero es también la denuncia social de un lugar castigado por la emigración y el abandono”… Hace unos años, un amigo me confesó en Granada: me ha dicho un paisano tuyo que no se te ocurra ir al pueblo, porque te van a pegar. Me enviaban recados, a través de mis amigos. Poco tiempo después, vine al pueblo y nadie me dijo nada.

  
Momentos antes de que comenzara la Feria de septiembre de 2003, sostuve una breve conversación con el alcalde, en la Plaza Nueva: “En el cementerio viejo están enterrados nuestros antepasados, allí está toda la historia de Castilléjar, no puedes demolerlo”. Se lo dije enojado, pues se comentaba que iban a recalificar los terrenos para construir una residencia de ancianos. Al día siguiente por la tarde, nos encontramos en la calle y el alcalde me dijo: “Lo he pensado mejor, voy a echar una capa de tierra sobre el cementerio y se quedará así”. Pero a consecuencia de mis críticas en ‘Diálogos’ sobre el cementerio viejo y en un artículo en La Opinión Granada (por la forma en que estaba gobernando), el alcalde ordenó verbalmente derribar el patio de la casa de mis padres, sin notificar nada a mi familia, sin informe del arquitecto y sin ninguna justificación. Fue un derribo a todas luces ilegal. Con posterioridad, como mis hermanos no quisieron saber nada de la casa ni de la reparación, hice un escrito al Ayuntamiento solicitando la declaración de ruina para demoler la vivienda.


Años después, cuando el citado alcalde se vio obligado a dimitir, nos enteramos que dejó un agujero de 1.753.000 euros (nada menos que 291 millones de pesetas), que tendrán que pagar vuestros nietos, de manera que Castilléjar (con menos de 1.600 habitantes) es uno de los pueblos más endeudados de la provincia. Os cuento todo esto por una sencilla razón, para que conozcáis la verdad de lo que pasó.

Volviendo a ‘Diálogos en la tierra de los ríos’, hubo quien se molestó con algunas frases que escribí: una vecina hacía un comentario sin mayor importancia y otra se molestó porque hablaba de su padre, que ya había fallecido;  a otra mujer no le gustó que yo entrevistara a fulano, y un vecino estaba disgustado porque yo había escrito sobre la foto de su abuelo, con cierta ironía. Pido disculpas si alguien se sintió molesto, pero nunca fue mi intención herir o burlarme de nadie. Con que escribas una palabra de más, metes la pata. En el artículo ‘El tren con destino al frente’ (que salió publicado en La Opinión de Granada en 2009 y lo tengo colgado e mi blog), escribo que mi padre fue un desertor del ejército republicano, pues me lo contó él mismo y sé que no se hubiera molestado. El escritor británico Michael Jacobs decía que “es un peligro escribir sobre un pueblo español. El gran problema del escritor de viajes es que siempre hay gente que se queja y, además, hay mucha envidia”.
Por otro lado, tengo que deciros que con el libro me llevé muchas sorpresas y alegrías. Recuerdo que el marido de la hija de Federico, el del casino (fue alcalde de los Ogíjares), me enseñó un día una copia exacta del libro: lo había fotocopiado entero y después lo recortó con una cizalla. Otro profesor también lo fotocopió entero. Muchos emigrantes de Castilléjar (incluso hijos de los emigrantes) me llamaron por teléfono desde diferentes provincias de España, para hacerme pedidos o darme las gracias porque lo habían leído. Y como digo, en Castilléjar he sentido el calor de la gente. Os voy a leer algunos párrafos de la carta que me envió Juanra, que está de maestro en Valencia, en enero de 2007:

 Cuando leí el libro que escribiste de recuerdos, unas veces a través de personajes de Castilléjar me hubiera gustado tener tu correo o tu teléfono para poder darte las gracias por ese esfuerzo de acercarse a lo que ha sido el pueblo durante los años que nos tocó vivir en él, de recordar espacios, personas y situaciones que quedaban olvidadas por el paso de los años y el desgaste de nuestra memoria. Son recuerdos que nos acercan a nuestra niñez, posiblemente la etapa evolutiva que uno guarda con más cariño, por eso más aún se  tiene que estar agradecido.
Has hecho un gran esfuerzo de aproximación a una vivencia ya lejana que en líneas generales ha dado un buen resultado. Bien trazado y escrito, con una recogida de datos y situaciones muy amplia
Pero sobre todo el documento gráfico que aportas es muy bueno, que hay que agradecer a la labor tan importante que supuso el trabajo infatigable de reportero "todoterreno" que fue tu padre. Una pena que se perdieran los negativos, pero nadie podía imaginar que se estaba escribiendo una historia más real que la que pueden expresar las palabras. Algunas veces he pensado que se podía hacer una labor recopilatoria. Uno o dos años antes de ponerme enfermo en una feria se hizo una exposición de fotografía de lugares y gentes del pueblo y esto mismo se puede hacer hoy y más fácil dados los medios audiovisuales de que disponemos, sobretodo internet. Mi propuesta sería que el ayuntamiento creara una página web donde colocar todas las fotos que cada uno tuviera, bien por aportación directa para su escaneado o bien remitiéndolas a través de internet  y que pudieran ser de interés general, explicando fecha, lugar, personas y situaciones. Otro día seré más breve. Un abrazo. Juanra

   5 de febrero 2007

       Amigo Juanra:

                                                         Recuerdo que, cuando escribía el libro se me caían las lágrimas, pues era un pueblo que solamente existía en mi imaginación –como ‘Pedro Páramo’, de Juan Rulfo, pero sin esa amargura–, mucha gente, incluidos mis padres, habían fallecido y por eso es sentimental y lleva esa carga de nostalgia.

Como está escrito en un lenguaje sencillo, llega al corazón de la gente y sus personajes los puedes trasladar a cualquier pueblo de la España rural de los años sesenta. Y en unas páginas discurre la vida sencilla de Castilléjar, sin grandes acontecimientos, algo así como el ‘Bienvenido Míster Marshal’, del valenciano Luis García Berlanga. Fue una bonita experiencia y la gente lo que agradece es la sencillez, la naturalidad y que ellos se hayan visto reflejados en unas páginas, pero en el fondo es un homenaje a ese pueblo olvidado y tan ‘escichao’ (esto lo decía la tía Josefa Sola), como ha sido y es Castilléjar. Hace poco en un periódico, creo que en Ideal, venía escrito ‘Castilléjar de los Ríos’, como se llamaba con anterioridad, pero que por dejadez de unos y otros se fue perdiendo este nombre tan bonito y que lo define mejor.

      Yo estoy de acuerdo en esto que proponía Juanra y cedería al Ayuntamiento la colección de fotos que tengo de Castilléjar, como se las cedí al alcalde Jesús Raya para la exposición que organizó en junio de 1999. Quiero dar las gracias a la bibliotecaria Miriam, que es el alma del Encuentro: estos días nos hemos estado escribiendo correos para arriba y correos para abajo, explicándome los detalles con esa amabilidad que la caracteriza. Mi agradecimiento también a Pepita, una alcaldesa decidida que sé que hace lo que puede, como hoy apostando por la cultura. Hará unos diez años fui a Orce y, en el Palacio de los Segura, había una exposición de fotografías. En una foto de los años 30, estaban los alcaldes de la comarca de Baza que habían ido a Barcelona a hacerle un regalo al nuevo gobernador, que con anterioridad lo había sido de Granada y, entre ellos, estaba el abuelo de Pepita con el mostacho que se estilaba entonces. Y uno piensa, hay que ver lo que son los genes.  

Y a todos vosotros también os agradezco que os hayáis acercado esta tarde al Cine-Teatro para escucharnos y para mí es una satisfacción que se acuerden de uno en su pueblo natal. En este antiguo cine de Manolo, Joaquín decía que tenía la costumbre de poner una película buena y dos malas. Sé que la gente lo está pasando mal en el pueblo, pues ya no hay peonadas del esparto y de Guadix para acá apenas llega dinero. Cecilio, el sobrino de los Simones, me contaba que antiguamente las pagas de los jubilados llegaban en las sacas de Correos. La comarca de Huéscar es una tierra reseca, despoblada y sin futuro (de las más pobres de Europa), no produce más que emigrantes, siempre ha estado mal comunicada –no hay más que ver la carretera llena de baches y los accidentes que ocurren– y abandonada a su suerte, porque ningún Gobierno quiso saber nada. Finalmente, quiero deciros que Castilléjar solo saldrá del subdesarrollo, del abandono y del pozo de la ruina en que la han dejado con buenos gobernantes y con gente honrada, que tenga ganas de trabajar por su pueblo.

Y ya me despido con estas coplas que Miguel Hernández cantaba en sus buenos tiempos, en la Hermandad de Ánimas:

 Una mujer panza arriba
y un hombre vuelto del revés,                                                                              
qué leche estarán haciendo
que tanto menean los pies.

Yo me casé en Arandín
con una mujer honrá.
Sería costumbre de allí,
que me la dieron preñá.

Muchas gracias.


Posdata: Este escrito lo leí en el Cine-Teatro de Castilléjar, el 4 de mayo de 2013. El viejo cementerio fue demolido, como se aprecia en las fotografías, y centenares de restos fueron trasladados al nuevo camposanto, donde los familiares tuvieron que pagar un nicho nuevo. Por aquellos trágicos días, los castillejaranos contemplamos un paisaje dantesco: nichos y ataúdes abiertos, calaveras y huesos tirados por el suelo, y hasta algunas tumbas profanadas. El 13 de febrero de 2004, salió una crónica en el Granada Hoy, como puede verse en el recorte de periódico:

 En el 2008 se procedió al sellado del cementerio viejo. Al final, Castilléjar se quedó sin el cementerio antiguo y con una deuda que nunca podrá pagar. Pero lo peor de todo ha sido el manto de silencio, durante todos estos años, como si nada hubiera pasado. Este escrito no ha dejado de atormentarme, desde que me puse a redactarlo: un día lo escribía convencido, pero al siguiente reflexionaba y abandonaba la idea. Sin embargo, a otro día el tema volvía con más ímpetu a mi mente. Y así lo tomaba y lo dejaba una y otra vez, en una lucha continua y desigual, donde al final siempre me asaltaba la duda. Era como si alguien me empujara a contar la verdad sobre el antiguo cementerio de Castilléjar y yo no acabara de decidirme.


Centenares de restos quedaron enterrados en el cementerio clausurado y nada de extraño tiene que las almas en pena nos envíen mensajes desde el más allá –como cuentan que ocurría con las fosas de Katyn (Ucrania)–, pidiendo el descanso eterno. En el cementerio está enterrada toda la historia de Castilléjar, las generaciones de quienes nos precedieron y todos los vecinos que conocimos en nuestra infancia y que ya no están. Este viejo cementerio debería limpiarse y estar abierto algunos días al año –por el Día de los Difuntos–, para que al menos podamos rezarle una oración a nuestros familiares.

 Nada justificaba su demolición, porque el camposanto ES PATRIMONIO DEL PUEBLO y de nadie más. ¿Alguien se explica que salga publicada una resolución del Ayuntamiento de Castilléjar, en la que se anuncia la clausura del cementerio municipal que conlleva la exhumación y traslado de los restos de los difuntos al nuevo cementerio, el 27 de septiembre de 2002, en el Boletín Oficial del Estado, número 232? ¿Alguien puede entender que se clausure un cementerio, con el fin de recalificar los terrenos?... ¿Podrán entender esto nuestros hijos y las generaciones futuras de castillejaranos y perdonarnos? Mi hermana pequeña estaba enterrada allí y yo todavía me pregunto: ¿a quién le podían estorbar nuestros queridos difuntos, en sus nichos y tumbas en el suelo? Habrá que rezar y pedir perdón, como en el ‘Réquiem’ de Mozart: “Dales, Señor, el descanso eterno”.

http://en-clase.ideal.es/index.php/noticias/actualidad/1435-los-protagonistas-del-x-encuentro-de-escritores-del-altiplano-granadino.HTML

http://www.ideal.es/granada/20130826/local/granada/deuda-publica-municipios-granadinos-201308260315.html

Despedida en San Clemente:





lunes, 13 de mayo de 2013

Y ZÚJAR SE VISTIÓ DE ROMERÍA





Dedicado al historiador Francisco Arredondo, que me invitó a la romería y me ayudó a elaborar el artículo y a todos los zujareños


Foto Mancomun. Municipios de Baza







Unas diez mil personas se congregaron este domingo pasado en la cumbre del cerro de Jabalcón para celebrar, por todo lo alto, la romería de la Virgen de la Cabeza. Fervor religioso en estado puro: un penoso ascenso de dos horas y media, romeros descalzos con promesas a la Virgen –algunos hacen el recorrido de rodillas– y antiguos cánticos devotos, mezclados con tragos de agua o de vino, mientras que treinta tambores por banda suben tocando durante todo el camino. ¡Tradición, tradición!, diría con los brazos extendidos Topol, aquel nostálgico ruso, de origen judío. Es el momento del reencuentro para los zujareños, pues vienen muchos emigrantes y se dobla la población –me dice Juan Ramón González, hermano mayor de la Hermandad de la Virgen, que cuenta con cerca de mil cofrades–. El sábado, a las 11 de la mañana, ya estábamos sin agua. García luce un pañuelo rojo atado en la cabeza y ha venido desde Alicante: Es una fiesta muy entrañable, y nos desplazamos por devoción a la Virgen.

Nada más terminar la misa, miles de personas acompañan a la patrona hasta la Erilla Empedrada, donde recibe los honores de la abanderada y, poco después, se inicia la cansina subida al cerro de Jabalcón. Cuenta la Historia que, una vez que se levantó la ermita, la hermandad y la soldadesca llevaron en procesión a la sagrada imagen, con el concurso de otras hermandades de las villas de Serón, Caniles, Benamaurel y Baza. Se agrupaban en el Peñón de la Bandera, mientras recibían a las soldadescas de los citados pueblos. Finalmente, ascendían a la cumbre del cerro para celebrar juntos la romería. Aseguran que esta fiesta se introdujo a finales del siglo XVI, a similitud de la de Sierra Morena, y por tanto es la más antigua de la provincia. El primer Libro de Actas del Ayuntamiento mandaba que se digan las misas de agua a Nuestra Señora, para implorar lluvias y rocíos que aseguren los panes.

Por el camino me voy encontrando con penitentes descalzas: María José Díaz, de Caniles, confiesa que hace esta promesa por devoción y para pedir por la salud de un familiar cercano. Sin embargo, éste ha muerto. Antonia Sola, de Benamaurel, a duras penas se apoya en un palo: Subo descalza porque mi hijo salió bien de un accidente de tráfico. Las continuas hileras de romeros colorean los escarpados senderos de Jabalcón. El catedrático Francisco Arredondo ha estudiado la historia de su pueblo y opina que la romería de la Virgen de la Cabeza conlleva una religiosidad de tipo emotivo y sentimental. En su origen la fiesta era esencialmente la romería pero, con el tiempo, se ha convertido en algo consustancial con el ser zujareño. En fin, uno conocía Zújar a través del libro de Gabriel M. Cano La comarca de Baza, donde viene la foto de una ermita ya desaparecida; aunque en realidad era un antiguo morabito. Poco antes de llegar a la cumbre, los costaleros no pueden tirar de su alma: ¡Bueno, pos echar un trago de vino!, oigo a mis espaldas. Al poco, todos los romeros entonan: Salve, luz de los cielos. / María, azucena de místico color. / Hoy tu pueblo con grande alegría...

   
Centro de Adultos Zújar-Freila





Una guardiana de la Virgen me explica el ser zujareño: Todo el mundo lleva su tripa de salchichón y su vino. Se llega a las doce, dicen la misa y se procesiona a la patrona alrededor de la ermita. Luego se reparte el arroz y se le reza. A las 4 de la tarde sale y, más tarde, se para en la Piedra de los Deseos, donde se banderea la bandera... Ya estamos llegando: Viva la Reina de los cielos. ¡Guapa, guapa, guapa! ¡Dales, que están secos! Viva la Reina de Zújar... Poco después, la gente se agolpa en la ermita para tocar el manto de la Virgen. Durante los siete días anteriores a las fiestas patronales, el eco incansable y machacón de los tambores recorre a diario las apacibles calles de Zújar. Y el sábado tiene lugar, dentro de la iglesia, el desfile de las Compañías de Moros y Cristianos, y de los siete diablos que representan a los pecados capitales, ante el camarín de la Virgen. Seguidamente, es vitoreada y aclamada por todo el pueblo, siendo este día del encuentro con la patrona el más grande de la fiesta. Aquí los cajeros (tamborileros) se pasan hora y media tocando sin parar.


Después de la romería del domingo, se escenifica la representación de moros y cristianos Cautiverio y rescate de Nuestra Señora de la Cabeza. Este drama popular, de comienzos del siglo XVI, está considerado como uno de los que más valor literario tienen hoy en España. Antonio Hortal, el preparador de la representación, insiste en que me quede a verla, mientras va recitando: (...) Desde la ermita encumbrada en Jabalcón, descendieron aplaudiendo a su Diana, y he de hacer que se cautive por más que llena de gracia la aclame el mundo. Antonio es, además, uno de los seis oficiales que se han gastado de su bolsillo unos 18.000 euros, para pagar las chucherías de los niños y unos dos mil platos de arroz con conejo: Nadie nos ayuda, y esto lo hacemos por fervor popular. Mientras tanto, el Ayuntamiento se dedica a mirar hacia otro lado. Subir a las cumbres del Jabalcón y la Sagra, o contemplar las verdes aguas del pantano del Negratín, son el mejor espectáculo que ofrece al viajero esta tierra reseca y olvidada del Altiplano. Hoy, Zújar siente una gran devoción por su guapa patrona y, al mismo tiempo, los nombres de sus calles, barrios y pagos nos recuerdan su secular pasado morisco.


Publicado en Ideal, el 27 de abril de 2004, y en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014)

https://fb.watch/rL003rUJ6H/ Video de la romería, 2024. Ayuntamiento de Zújar





miércoles, 1 de mayo de 2013

DON CLAUDIO PENALVA

















En la foto que acompaña al escrito de la conferencia, aparece Don Claudio Penalva Navarro con dos luengas barbas, que le llegan hasta el bolsillo superior de la chaqueta –según se estilaba en la época– y con la perilla afeitada: “Señores, he de manifestar, que carezco de la ilustración precisa para el desarrollo de esta conferencia. No soy técnico; mi enfermedad y decrepitud me sustraen aptitudes, por lo que os ruego benevolencia. Me concretaré sólo, a la exposición de una reseña histórica… de forma que sean conocidos públicamente y por las juventudes que han de enjuiciar el porvenir, o execrar tal vez, la actuación de la generación presente, si no defiende sus inmanentes prerrogativas y derechos, otorgados en bien de este fértil territorio”.

Hará unos cinco años, Agustín Chillón, el actual alcalde de Huéscar, me regaló dos libros, las Ordenanzas Municipales de Huéscar, siglo XVI, de Julián Pablo Díaz, y En defensa del Canal de Bugéjar, editado en el 2000 por el Patronato  Municipal de Cultura y Deportes, donde viene recogida la célebre conferencia que dio el conocido cirujano, Don Claudio Penalva Navarro, “ante una gran concurrencia, en el Círculo Instructivo Obrero de Huéscar, el día 6 de marzo de 1928”. El Canal de Bugéjar, también llamado de Carlos III, de Huéscar y Canal de Murcia, se ha intentado construir desde los tiempos de Felipe II, con el fin de llevar el agua de los ríos Guardal y Castril hasta Lorca, Totana, Murcia y Cartagena. Pero de tan magna obra, tan sólo se pudo construir unos 29 km, desde las fuentes del Guardal (donde se construyó la presa) al Campo de Bugéjar, pues había que abrir un túnel de 11 km en la loma de Topares y 9 diques de once metros de altura, empresa imposible para la técnica de aquellos tiempos.
 
Don Claudio prosiguió diciendo: “El agua es vida, los pueblos que no la tienen, están predeterminados a la decadencia y aún a morir de inanición, si no se avienen a comer el negro pan de la emigración… Éste es el triste caso de actualidad sensacional, que afecta a los intereses y el porvenir de los desheredados pueblos de nuestra región. Se proyecta llevarse las aguas de los ríos Castril y Guardal a larga distancia, transfiriendo los derechos que a ellas tenemos, desde los años 1774, en contra de toda lógica, razón y justicia. Escasos de aguas, algunos pueblos de las hermanas provincias de Almería y Murcia (alegando su abolengo de mejor derecho)… han pretendido de los poderes públicos el aprovechamiento de las aguas que nos pertenecen y debían estar regando al menos desde principio de este siglo, 26.000 has.”. También menciona los estudios que están haciendo en el pueblo de San Clemente, “donde se proyecta la construcción de un pantano al que verterán los volúmenes del Castril y Guardal”.


Don Claudio, de joven

Don Claudio nació en 1850, en Puebla de Don Fadrique, y falleció en Huéscar en 1935. De familia humilde, destacó en los estudios hasta el punto de que una señora le pagó la matrícula y los libros, mientras que el maestro le dio clases. Al superar el bachillerato, decidió estudiar por libre en la Facultad de Medicina de Granada. Unos compañeros le mandaban los apuntes a La Puebla y, cada trimestre, cogía el coche de postas –que hacía paradas en Baza y Guadix, donde pernoctaba– para ir a la facultad a examinarse. “Estudiaba los apuntes con el quinqué”, me dice el nieto del cirujano, José Jiménez Penalva, que, a sus 86 años, pasa las mañanas en la farmacia que tiene por el centro de Granada. “Mi abuelo era médico de la beneficencia en Huéscar y, además, tenía su consulta privada en la calle del Ángel, donde un primo mío conserva su despacho tal cual, hasta las agujas para coser las heridas. Un día, la hija de Don Claudio se quejó de que subía de la consulta con cinco duros, solamente. Y él le respondió, ‘Yo soy el médico de las tres pes: los pobres, las putas y los parientes’. Y cuando se cabreaba mucho, se cogía las puntas de las barbas y gritaba: ‘¡Me cago en Reus!’”. Era un personaje muy popular en Huéscar y la gente venía a consultarle sobre el testamento o las tierras. Por las tardes solía sentarse a la puerta de su casa, en una silla de mimbre, pero como su aspecto infundía miedo a los niños de vez en cuando les daba una perra gorda.

  
Don Claudio se preguntaba con amargura: “¿Estamos nosotros ya, en el plano moral de indígenas no protegidos, para que se nos condene a contemplar eterna y dolorosamente el establecimiento de una servidumbre de paso de aguas sobre la tierra y hogar, donde nuestros mayores derramaron lágrimas en sus amarguras y los sudores de su honrado trabajo?... y ya que a este acto concurren representaciones de la región, estampemos la más enérgica protesta al otorgamiento de toda concesión, pues éste es el sentir general y el eco de la voz angustiada de nuestros antepasados… Este canal que yo llamaría Canal Primo de Rivera…”, y hablaba de compartir el agua con las provincias levantinas. Al final, daba las gracias a los asistentes por los aplausos y “los elevo ante el Gobierno de S.M.D. Alfonso XIII en súplica, de la justicia que nos asiste y merecemos”. Señalar que el Canal Carlos III, con el Puente de las Ánimas (siglo XVIII), fue declarado Bien de Interés Cultural en 1982, y que los pantanos del Portillo en Castril y de San Clemente en el Guardal fueron construidos en la década de los 70.

Publicado en La Opinión de Granada, el 10 de noviembre de 2008


Nota del autor: Señalar que, unos meses después de la publicación del artículo, falleció el nieto del cirujano, José Jiménez Penalva. El artículo fue posible porque Pascual Dengra, hijo del conocido maestro de Huéscar, me puso en contacto con el citado farmacéutico, un hombre muy amable. Don Claudio era abuelo también del poeta Alejandro Sánchez-Ahumada Penalva, que fue quien colgó el artículo en la web de la Asociación de Escritores del Altiplano y Pozo Alcón, aunque de forma incompleta.

El embalse de San Clemente fue terminado en 1990 (y no en la década de los 70), después me enteré que un tramo del canal de Carlos III, quizá uno de los mejores, fue durante mucho tiempo el basurero municipal de Huéscar. En 2006 se sacó toda la basura y se enterró a unos 50 metros  del canal. Todavía puede verse la antigua presa en el nacimiento del Guardal, aunque enterrada, así como la derivación del canal. En un breve análisis histórico, el Canal de Carlos III (junto al acueducto del Puente de las Ánimas) fue una gran obra de canalización, representativa de la ingeniería civil del siglo XVIII y está considerada como una de las siete maravillas de la provincia de Granada. Y sin embargo, acabó siendo el basurero municipal de Huéscar. En la España de 1928 (al año siguiente dimitió el dictador Primo de Rivera), el 60% de la población era analfabeta, calculo que un 80% viviría en el campo y la mayoría de los españoles calzaban alpargatas.


Don Claudio advierte en su discurso sobre la tragedia que le espera a la región (“El agua es vida, los pueblos que no la tienen, están predeterminados a la decadencia y aún a morir de inanición, si no se avienen a comer el negro pan de la emigración…”), pero, también, le preocupa la opinión de las generaciones venideras: “…de forma que sean conocidos públicamente y por las juventudes que han de enjuiciar el porvenir, o execrar tal vez, la actuación de la generación presente, si no defiende sus inmanentes prerrogativas y derechos, otorgados en bien de este fértil territorio”.

 Y al final, en medio de los aplausos de los huesquerinos, añade: “los elevo ante el Gobierno de S.M.D. Alfonso XIII en súplica, de la justicia que nos asiste y merecemos”. La importancia histórica del discurso de Don Claudio Penalva, en el Círculo Instructivo Obrero de Huéscar, es que, ocho décadas después, nadie como él ha reclamado el derecho a las aguas del pantano del Negratín. Hoy, las aguas de los ríos Castril y Guardal riegan la provincia de Sevilla y la cuenca del Almanzora, mientras dejan sin agua a los regantes de las comarcas de Baza y Huéscar. Desde la perspectiva de los años, la figura de Don Claudio se agiganta como un personaje histórico y como un padre de nuestra región, que, desde su humildad, supo defender como pocos los escasos recursos del Altiplano. “Éste es el triste caso de actualidad sensacional, que afecta a los intereses y el porvenir de los desheredados pueblos de nuestra región”. Al final se cumplieron sus temores, pues barruntaba lo que iba a pasar: nuestros pueblos quedaron desheredados para siempre, pero lo triste es que nadie alza la voz ni dice nada. Por eso debemos de rescatarlo del pasado y reivindicar algo tan simple como el derecho al agua de nuestros ríos.

Como al discurso del olvidado Don Claudio (esto siempre ocurre en nuestra tierra, aparte de que pocos lo conocerán) acudieron representantes de la región, es posible que la noticia saliera en El Defensor de Granada, pues Ideal comenzó a publicarse en 1933 y el periódico Patria (de la Falange) también es de esa época. A pesar de que he indagado, no he encontrado ninguna crónica periodística. 
 Esta es la política de la Junta con las comarcas de Baza y Huéscar. No cumple lo que prometió, el regadío de 22.000 hectáreas en estas comarcas, sino que se lleva el agua del Negratín para el riego de la zona de Almería. 


El artículo completo viene recogido en mi libro, Artículos del Altiplano y de Granada (2014)



jueves, 18 de abril de 2013

RÉQUIEM POR EL COMERCIO GRANADINO


A las 11:30 de la mañana, la calle Mesones está muy concurrida de gente, aunque la mayoría son mujeres que van de compras, o algún funcionario despistado que viene de tomar café, o puede que algún mozo de cuerda que lleva unos paquetes en un antiguo carrillo de mano. La mañana se presta a dar un garbeo, pues luce un sol primaveral después tantos días de frío, nubarrones y chubascos. Sin querer, uno se fija en un folio que está pegado en la cristalera de unos almacenes. Poca cosa. Nada del otro mundo. Se ve que es un aviso a los clientes. Dice así: “Las Américas: las prendas pendientes de recoger, serán entregadas en la portería de la calle Portón de Tejeiro, número… Perdonen las molestias. Gracias”.


La persiana metálica de la puerta de entrada a los almacenes está echada y, cuando miro hacia el interior, a través del vidrio, el alma se me viene a los pies. Donde hace unos días había un tradicional establecimiento de ropa y de géneros de punto –a veces te lo encontrabas atiborrado de gente–, ahora ves un gran salón vacío: antiguos maniquíes de mujer han quedado allí de pie, como si los hubieran olvidado, pero ellos parece que se han erigido en los guardianes  del negocio; unas cuantas cajas vacías de sábanas y mantelerías, cajones de madera, pequeños cristales apilados en un rincón, multitud de perchas desparramadas por el suelo y unos grandes carteles amarillos, donde se anuncia “Todo al 50%”. Mejor hubiera sido poner: “Todos a la calle”. Al fondo, y pegadas a la pared, hay unas estanterías de cristal vacías, donde no hace mucho estarían a rebosar de jerséis y de pantalones; y los mostradores, donde los dependientes atendían amablemente al público, están prácticamente desmantelados.


En el techo de escayola destacan los huecos de las luces, pues se han llevado hasta las bombillas. En fin, el panorama es desolador. Entretanto, la lotera ciega, que está sentada a la puerta de los almacenes Las Américas, parece ajena a todo esto, mientras va pregonando la suerte: “Vendo iguales para hoy, que tengo el 36 para esta noche… ¡Vamos, que hoy es el Día de la Mujer Trabajadora! Tengo un ‘premillo’ para esta noche…”. Dos músicos sudamericanos acaban de ponerse en la esquina de enfrente, con un acordeón y un violín. ¡A ver, hay que comer todos los días! Entonces la cosa se anima: es una música pachanguera, embriagadora y rítmica, que le sube los ánimos al personal que pasea a estas horas de la mañana por la tradicional calle del comercio de Granada (antiguamente, de los mesones).
 El local cerrado, la ciega pregonando los iguales y la banda del tirirí animando la soleada mañana es sin duda una estampa del mejor Fellini. El pequeño comercio tiene los días contados y, desgraciadamente, está cerrando el negocio y echando las persianas, en medio de la indiferencia general, debido a lo que han dado en llamar la globalización, que algunos confunden con el tío de los globos. Pero ya verá usted como de aquí a poco los chinos ponen una tienda familiar, donde lo mismo le venden unos zapatos que una camisa a cuadros, o un jarrillo de porcelana. Baratísimos. A precios sin igual. Y tan baratos, que hasta los confeccionan los presos condenados a trabajos forzados en las cárceles chinas. En unos años, han pasado del top manta a adueñarse del comercio textil y del calzado mundial: ‘Todo a cien’. Pero por cada comercio granadino que cierra –y ya van unos centenares–, se abre un bazar chino o árabe. Y si no, dense una vuelta por la Calderería, por la calle Elvira o bien por el Polígono de los Ogíjares, donde han entrado a saco.


Pero anímense, pues, según los entendidos y economistas, con la globalización los precios serán más competitivos y todos tendremos mayor poder adquisitivo y, asimismo, los granadinos nos dedicaremos a venderles claveles a los guiris. Recuerdo que en Las Américas me compré una cazadora y algunas prendas de vestir. Pero, ahora, en medio del reguero de parados que va dejando el cierre de estas históricas y tradicionales empresas, estamos asistiendo, sin duda, a los funerales del pequeño comercio granadino. Se ruega una oración por su alma.

  
Posdata: este artículo salió publicado el 15 de marzo de 2006, en La Opinión de Granada.

Carta abierta al presidente de la Federación Provincial del Comercio de Granada, y Vicepresidente de la Confederación Empresarial de Comercio de Andalucía

En primer lugar, gracias por su atenta Carta abierta que me dirigió al periódico La Opinión de Granada, el día 17, en respuesta a mi artículo de días anteriores, Réquiem por el comercio granadino. Como usted comprenderá, yo no exageraba nada, es más, creo que me quedaba corto en lo que escribí: “El pequeño comercio tiene los días contados y, desgraciadamente, está cerrando el negocio y echando las persianas, en medio de la indiferencia general, debido a lo que han dado en llamar la globalización (…) Pero por cada comercio granadino que cierra –y ya van unos centenares–, se abre un bazar chino o árabe. Y si no, dense una vuelta por la Calderería, por la calle Elvira o bien por el Polígono de los Ogíjares, donde han entrado a saco”. ¿Acaso no es cierto que la Unión Europea tuvo que frenar hace unos meses las exportaciones textiles chinas, por la sencilla razón de que estaban hundiendo con sus bajos precios el mercado europeo? ¿Acaso no es cierto que ya han hundido la industria del calzado español, y todos recordamos los violentos sucesos de Alcoy? Primero se cargan la competencia, y luego imponen sus precios. China es ya la quinta potencia mundial.


Sin embargo, usted mismo reconoce en su carta que es “cierto que cierran establecimientos comerciales, más de los que quisiéramos reconocer” (se le olvidó decir cuántos centenares de empresas granadinas han tenido que cerrar, mientras se abren bazares chinos y árabes por doquier), y que “no estamos para lanzar cohetes, nos gustaría que la situación fuese menos difícil, pero eso no es, de ninguna manera, para cantar un réquiem”. Finalmente, señalaba que “los comerciantes ni siquiera pensamos en arrojar la toalla”. Les animo a que sigan luchando, y yo estaré con ustedes en esa lucha desigual. Precisamente, mi artículo era una llamada de atención a los granadinos y a la Administración para que, entre todos, intentemos salvar al pequeño comerciante, que bien poco puede hacer frente a la avalancha de precios más baratos y de sueldos mucho más bajos.

  
Y no diga, en referencia a mi artículo, que “se hacen afirmaciones y se lanzan mensajes que duelen a quienes desde hace muchos años venimos luchando para hacer frente a las continuas amenazas…”. A mí me duele la cruda realidad que está pasando –y que vemos todos: las cifras de cierres salieron en la prensa–, pero silenciando o tapando el tema, o bien, como usted afirma “con atención personalizada, experiencia en las ventas, atractivos escaparates…”, no va a conseguir que, bastantes de aquellos a quienes representa, echen las persianas al negocio. Por ese camino, mucho me temo que no vamos a vender ni una escoba. Ya lo anunciaba en la tele Camps, aquel empresario valenciano: “Busque, compare y, si  encuentra algo mejor, cómprelo”.

Nota: No he conservado la carta del presidente de la Federación Provincial del Comercio de Granada, mientras que mi carta salió publicada el 19 de marzo. A partir del 2008 vino la crisis que padecemos y ya vemos cómo está el comercio granadino. En las rebajas de enero apenas hubo ventas, a pesar de los grandes descuentos. Me comentó la propietaria de un comercio, de la calle Mesones, que no se notaron las ventas y la afluencia de público era escasa por esos días. Y si nos damos una vuelta por el centro de Granada, los carteles de se vende, se alquila  y se traspasa, lo dicen todo. Señalar que, más de la mitad del comercio de las provincias de Madrid y Barcelona, lo tienen los chinos, que utilizan a España como plataforma para introducirse en el mercado de la Unión Europea.

Copio un dramático resumen de AndalucíaNoticias, del 30 de enero pasado:

“El pequeño comercio granadino experimentó entre un 35 y un 40% de caída en sus ventas en 2012 y ya acumula 30 meses consecutivos de descensos, una circunstancia que extiende el pesimismo entre los comerciantes y les sitúa en un momento “crítico”, agravado incluso en determinados sectores. La Federación Provincial de Comercio de Granada hace un balance “bastante regular” del año pasado, en el que la caída de las ventas fue incluso superior a la media nacional (situada en el 25%). En algunos sectores, como el de los muebles o la decoración, las ventas llegaron a descender hasta un 50%, lo que la federación de comerciantes achacan a la caída en el sector de la vivienda. En líneas generales, los comerciantes explican esta situación en la crisis económica, que ha provocado desconfianza en los consumidores. El incremento del paro, la reducción de créditos bancarios a los empresarios, la supresión de la paga extra a los funcionarios, el incremento del IVA, el elevado endeudamiento de las familias y la “falta de medidas estructurales y financieras eficaces” por parte de la Administración son los factores que han provocado esta “crítica” situación del comercio granadino.

“SITUACIÓN LÍMITE”

Los comerciantes se han visto obligados a reducir sus márgenes comerciales para poder ofrecer una oferta más atractiva al consumidor, vendiendo incluso al coste del producto, según explica el presidente de la Federación, Enrique Oviedo, que ha reconocido que el sector padece una “situación límite”.
En 2012, hasta 70 establecimientos asociados a la federación de comerciantes cerraron sus puertas como consecuencia de la crisis. Algunos empresarios, incluso, tuvieron que adelantar el momento de su jubilación y clausurar sus negocios".

martes, 2 de abril de 2013

CASTRIL EN UNA PEÑA









 
  
A las ocho de la mañana del 7 de diciembre pasado, una delgada capa de niebla se extendía por la vega de Galera. Pero ya venía amaneciendo por Orce y el día se presentaba bueno. Por la cuesta del Obispo, antes de entrar a Huéscar, unos impasibles cuervos, posados en las desnudas ramas del viejo olmo, esperaban el sol de la mañana como agua de mayo. Pero,  conforme avanza el vehículo por la carretera que va a Castril, me doy cuenta de que el paisaje y la perspectiva son otros: el cerro de Jabalcón, ataviado de marrón oscuro, se yergue solitario en el Altiplano como una vieja fortaleza. Su nombre rememora la huella de los moriscos por estas tierras mientras ofrece un fuerte contraste con el albor de Sierra Nevada, que se extiende a sus espaldas. A lo lejos, por el Este, se divisa la sierra de Periate con un fondo oscuro. En cambio la sierra de Marmolance se alza altiva a mi derecha, formando unos pintorescos tajos rojizos, por donde se asoman a veces las nevadas crestas de la sierra castrileña.

De pronto, tras un monte, se impone con toda su belleza y esplendor la Sagra –siera sagrada–, que aparece cubierta con un manto de nieve; y a sus pies, el pantano de San Clemente debe de andar a estas horas en profundas tinieblas. Al bajar la cuesta de entrada a Castril, se oyen varear los olivos y las sonoras voces de las mujeres; y una red se extiende hasta la mitad de la carretera. Entonces, me acuerdo del maño aquel que decía: “¡Sopla, sopla, que como no te apartes tú!”. Las hermosas aceitunas negras han engordado con las abundantes lluvias de estos días, y amanecen colgando con una gota de rocío, mientras que el trasiego de los todoterrenos es incesante. Desde el mirador de la entrada, la vista que se ofrece al forastero es la bella estampa de un pueblo serrano y fronterizo, pegado allí, junto al cerro sagrado: con sus blancas casas de tejados ocres, dispuestas a modo de cajones escalonados en la ladera, y con sus verdes huertas y arboledas. Y arriba, coronando la peña, la imagen del Corazón de Jesús bendiciendo los campos. Más no se puede pedir.

Cuando entro en la recoleta plaza del Carmen, unos hombres disfrutan del tibio sol del otoño. Pero cuando me asomo a la baranda de la plaza, un viento frío se deja caer de la serranía, dándote una bofetada en la cara. El trágico aullido de un cerdo se eleva por el valle como pidiendo justicia: es la plegaria del marrano. Me decido a entrar en el bar de Emilio y le pregunto: “¿Quién ha escrito esas frases en los azulejos de la fachada?”. “¡Ha sido mi hijo!”, me dice un tanto orgulloso. Al salir me entretengo en copiarlas: “Este café abrió sus puertas en el año 1951, el mismo día que se inauguraba la imagen del Sagrado Corazón. Éste es el homenaje de sus amigos y también el recuerdo de otras tabernas que sólo viven en la memoria. La de ‘Crisol’, la de la tía Marciana, ‘el Sacristán’, ‘el Abuelillo’, la de Antonia ‘la Lejía’, de María ‘la Triguita’, la del ‘Chato’, la de Salvador Penena, la de Matías ‘el Chapao’, la de ‘Naranjero’, Ciriaco y el tío Tunillo, la de la María Juana, de Francisco Vargas, de Rafael ‘el de la Romana’, la de..., ya sabes. Si bebes para olvidar, paga antes de empezar”.

 En la fachada de la iglesia –la Puerta del sol– del otrora castro romano, destaca un reloj de sol y, en grandes letras negras y casi ilegibles, se pone en conocimiento de los parroquianos: “Se prohíbe jugar a la pelota”. Todo es antiguo y tiene un sabor añejo en Castril de los Vidrios, resguardado entre sierras como La Puebla: a causa de este aislamiento secular, ha sabido conservar sus raíces y tradiciones. Sin embargo, sorprende que el olivar se extienda sobre un manto de hierba, mientras que en Jaén sólo se ven olivos –por eso el paisaje jaenero es tan triste–. En cambio, aquí el valle aparece pintado de verde olivo y verde hierba, por donde discurre el cauce plateado del río Castril, con sus aguas bravas y rumorosas.
 
 En el estanco, charlo con Mari y de paso compro el periódico. Son más de las 10:30 de la mañana y todavía algunos diarios no habían llegado: son las cosas de los municipios perdidos en medio de la geografía andaluza. Luego voy a ver a María Martínez Ramón –hermana del cura José María, el cual ejerció de párroco después de la guerra–, pero el día anterior tuvieron que ingresarla en el Hospital de Baza. “Tiene 89 años y está bastante fastidiada. ¡Y con esta edad...!”, me dice su marido Luis, un tanto preocupado. Desde que llegué, unos nubarrones negros están posados por cima de la sierra, sin embargo luce un sol esplendente y los paisajes de esta zona no dejan de asombrar. Cuando salgo del pueblo, sobre las 12:30 de la mañana, observo a centenares de buitres sobrevolando el cielo azul. Las aves vienen de las montañas del Oeste, donde tienen las buitreras, pero al poco se lanzan en picado sobre una rambla. Me monto en el coche y bajo por un camino de barro: allí veo el insólito espectáculo de las bandadas de buitres volando en círculo y casi a ras de tierra. Si hubiera visto a los cazas F-16, no me hubieran impresionado tanto. Desde la almazara, contemplo el pueblo por última vez: está pegado a la peña, que se alza como un telón de fondo sobre el horizonte; y más parece que estoy viendo una catedral de color leonado, semejante a la Sagrada Familia de Barcelona.
¡Pero, ya sabes, forastero! Si te acercas por allí, no te olvides de ir a Castril.


 Posdata: este artículo fue publicado en Ideal de Granada, el 17 de enero de 2004

sábado, 23 de marzo de 2013

RECORDANDO A DON JORGE GUILLÉN

Foto de la Archidiócesis de Granada










El 11 de mayo de 2010, me acerco a la Casa Sacerdotal Virgen de Gracia, en Granada. Mi idea es preguntar por don Jorge Guillén García –fue rector de la Casa Madre del Ave María, desde 1957 a 1971–, pero la monja de la portería lo llama por el teléfono y después de 39 largos años nos saludamos: “Tu cara me suena, ¿cómo dices que te llamas?”, me pregunta a modo de introducción. Le digo donde trabajo y que escribí dos artículos sobre el colegio: “Don Emilio Borrego (el rector que le sucedió) me dijo hace unos años que usted era el alma del Ave María”. Pero él va y me corrige: “¡Has dicho el arma!”, y entonces rompemos a reír por la ocurrencia. Es un hombre afable y humilde, que sabe llegar a la gente.
 
–Yo  estuve catorce años de rector y luego me vine con el arzobispo de Granada, donde estuve de vicario. Pero, por aquel tiempo, pidieron tres misioneros para Brasil y nos presentamos tres sacerdotes. A mí me destinaron a la diócesis de Río Branco, un estado que hace frontera con Bolivia y Perú. Me cogió la dictadura de los militares y éstos no permitieron que entraran en Brasil más misioneros católicos, porque el Gobierno brasileño se alió con los Estados Unidos; en cambio, llegaron muchos curas protestantes estadounidenses. En octubre de 2008, me encontraba de vacaciones en Granada y pedí que me hicieran un análisis de orina, pues nunca me lo había hecho antes. El día antes de marcharme a Brasil, me dieron el resultado del PSA: un día había marcado uno y pico, al siguiente dos y, al otro, tres y pico; pero yo dije que me marchaba. Sin embargo, el oncólogo me aconsejó que tenía que quedarme, pues el PSA estaba subiendo y me puso un tratamiento. Unos meses después me marché a Brasil, pero allí me diagnosticaron un cáncer de próstata y ahora tengo un tratamiento de quimioterapia. Tiene sus efectos secundarios, pero voy tirando. El oncólogo me ha dicho que no me moriré a causa del cáncer de próstata, pero que moriré con el cáncer. Tengo 75 años y ahora no tengo asignado ningún trabajo, sino que hago cosas puntuales, ¡con el trabajo que podría hacer en la diócesis de Río Branco! Yo me encomiendo al Señor y le digo que estoy a su disposición, para lo que él quiera de mí. Te voy a contar una anécdota: acababa de ordenarme de sacerdote y estaba paseando por los jardines de la Cartuja, cuando me entró la duda, ¿qué sería de mi vocación cuando pasaran diez o quince años? Pero aquel día había leído el Breviario, precisamente, donde venía una frase de los Salmos, artículo 37, versículo 5, de la que me acordaré siempre: ‘Encomienda a Yahvé tus caminos, / confía en Él, y Él obrará’. Y ésta es la receta que también me aplico hoy.

En las escaleras se hacían las fotos de los cursos

Le confieso a don Jorge que el Ave María me marcó –estuve durante los cursos 1970 y 71–, pues era un colegio abierto, tenía el cineforum, donde previamente nos decían las escenas de la película que habían sido censuradas y luego se abría un debate donde se criticaba abiertamente la Dictadura de Franco. A veces la memoria le falla, cuando le hablo de alumnos o de profesores de aquella época, o bien cuando le recuerdo alguna anécdota. Antes de despedirnos, me dijo: “Te voy a pedir que me tutees, pues yo me siento mejor así. El usted parece distante…”. Yo traté de tutearlo como pude, pero me costaba un trabajo enorme.


En realidad don Jorge tiene 18 años más que yo, pero en la mente de un joven, de 17 años, el rector del Ave María era algo así como la máxima autoridad. En la conversación, le conté el inmenso respeto que imponía cuando cruzaba el patio de cemento del Ave María, con su cigarrillo entre los dedos: automáticamente se paraban los juegos y las pelotas, de manera que los alumnos esperábamos a que pasara el rector. “Yo creo que eso son exageraciones”, se limitó a responderme, aunque entonces la cosa funcionaba así. “Otro día me miraste fijamente en el salón de estudio, porque yo habría hecho algo mal, en esos momentos yo quise que la tierra me tragara…”. Antes de despedirme le pedí que me concediera una entrevista, donde me hablara de aquellos años, pero se excusó amablemente. “Pero, cuando usted se vaya…”, le dije sin pensarlo y ambos nos volvimos a reír. Ahora la ocurrencia fue mía. Lo que llama la atención de don Jorge es su naturalidad y sencillez, y esto quizá se lo deba a sus años de misionero, donde tiene que hacer de todo y mezclarse con aquellas tribus de Brasil.
Equipo de baloncesto, años sesenta



Unos días después, hablé por teléfono con el director de la Casa Madre del Ave María, Antonio Casquet –él cursaba quinto de Bachiller cuando yo estaba en sexto–, le conté que había visitado a don Jorge y la enfermedad que tenía. “Deberías ir pensando en hacer un homenaje al antiguo rector y a don Emilio Borrego, para que no pase lo mismo que con don Ricardo Villa-Real… Cualquier día nos enteramos que se ha muerto alguno de ellos”. Y Antonio me contestó: “No sabía nada de la enfermedad pero llevas razón, lo que pasa es que uno vive el día a día. A ver si organizamos algo”.

El 21 de octubre de 2010, me encontré con don Jorge en la calle que sube a la plaza de Gracia y le dije: “Después de cruzarme con usted, me he dado cuenta de que era mi padre rector”, la frase le hizo gracia y soltó una carcajada. Sin embargo había envejecido bastante desde la última vez, tenía la cara más inflada y ya no se acordaba de mí ni del encuentro que tuvimos en la residencia, cinco meses antes. “Me falla bastante la memoria”, me dijo. “No hace mucho me encontré con su hermano Rafael, que presentó un libro. La sencillez parece que es cosa de la familia”. Tras unos segundos de silencio, me respondió: “Sin embargo, hay quienes opinan que soy complicado”. Como no suelo pensar dos veces las cosas, le solté: “Brasil queda lejos”. Se quedó un momento pensativo y se limitó a decir: “Parece ser que sí”. Entonces me apretó la mano y se despidió con una frase amable, de esas que te llegan al corazón: “Gracias por haberte parado a saludarme”. El gesto serio y la mirada casi perdida de don Jorge eran de quien se apresta ya para el tramo final.

Alumnos del Ave María, 1963-1969



 Dos meses más tarde, el poeta Rafael Guillén me dijo que su hermano había adelgazado. El tiempo fue pasando hasta que, el 5 de mayo de 2011, me acerqué a la residencia y pregunté a la hermana de la portería: “Don Jorge ya está en el cielo, murió el 23 de marzo pasado”. No me esperaba aquel mazazo y me arrepentí de haber llegado demasiado tarde, pero me quedan los recuerdos imborrables y las alegrías compartidas con los compañeros, en aquellos años de adolescencia y, sobre todo, de haber conocido al rector que durante catorce años fue el alma del Ave María. Hace unos años, don Emilio Borrego –párroco de la iglesia de Gracia– me contó que dejaba su despacho abierto porque don Jorge tenía esa costumbre, en aquella época en que la Policía del Régimen tenía pinchado el teléfono del rector.


Posdata:  Señalar que don Andrés Manjón murió en la segunda década del siglo veinte.


http://en-clase.ideal.es/index.php/opinion/1377-leandro-garcia-casanova-lrecordando-a-don-jorge-guillenr-.html