sábado, 21 de septiembre de 2019

INUNDACIONES EN LAS GABIAS





Riada en avenida San Marcos, 21 de septiembre de 2007






El 16 de julio de 2008, dos vecinas de la calle Murillo presentaron una reclamación a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir: “En la parte trasera de nuestras viviendas comienza una cañada real y se encuentra la Rambla de Contreras, donde hace unos meses la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir llevó a cabo el soterramiento de una tubería, por donde discurren las aguas torrenciales de la lluvia, que vienen del monte. Esta rambla es terreno público pero la está utilizando sin permiso la empresa que construye el Residencial San Francisco; varios bloques de viviendas en un solar que se encuentra situado detrás de la avenida San Marcos y que linda con la rambla por la parte sur”. La Confederación envió un agente forestal, hizo el informe y las vecinas no recibieron notificación alguna de las medidas adoptadas.

La riada rebasa la tapia, que separa la rambla de la avenida San Marcos, 14/09/2019
El 21 de julio de 2010, yo presenté este escrito al director de la Agencia Andaluza del Agua: “Como ampliación a mi reclamación de ayer, sobre la obra en el Barranco de Contreras de Las Gabias, quiero informarle que es de la empresa... –aunque no existe ningún cartel anunciando la edificación, el número de viviendas, arquitecto, empresa, etc., como es preceptivo–, donde  me he informado que proyecta construir 180 viviendas de protección oficial. Los sótanos o garajes de las viviendas llegan hasta la misma rambla, por donde pasa la tubería que recoge las aguas pluviales, como puede apreciarse en la foto ‘Humedad terreno rambla’. Al filtrarse el agua de lluvia, los garajes se inundarán, aparte que se construyen en la misma rambla, estando prohibido por ley”. Por esas fechas, un agente de la autoridad me confesó con ironía: “No busques, que han arreglado bien los papeles”.


17/09/2019

Rambla y avenida de San Marcos, con viviendas al lado del colector

Los dos colectores de la tubería se taponaron
El 12 de agosto de 2010 anoté estos datos:
“El Barranco de Contreras tiene más de 15 kilómetros cuadrados de cuenca de drenaje, por donde discurren las aguas pluviales. Tendrá una longitud de unos cinco kilómetros. La fuerza de las aguas de lluvia ha inundado calles y casas de vecinos, como ocurrió hace dos años (lo he visto varias veces), mientras que la tubería subterránea que colocaron el pasado año es demasiado estrecha. En la Agencia Andaluza del Agua me han informado que van a proponer una sanción por la alteración del terreno y por poner vallas en el lado Este. Deberían de sancionar también por cortar con vallas la calle de entrada al Barranco, mientras que el camino que sigue por detrás de la obra está lleno de piedras y tierra de los taludes. Hasta no hace mucho, la ley prohibía construir a menos de 100 metros de una rambla. Ahora ya lo hacen en la misma rambla. En el terreno que hay pegado a la tubería del barranco, se aprecian grandes manchas de humedad, pues el agua se filtra, por lo que van a tener unos garajes acuáticos (…). Estos terrenos toman el nombre de Contreras, su antiguo propietario, y se da la paradoja que los donó al Ayuntamiento con la condición de que construyeran un parque. El Ayuntamiento recalificó los terrenos en suelo urbano, en mayo de 1997. El caso es que han edificado entre una rambla y un manantial, llamado los ‘Remanados del Barranco de Contreras’. No tenían otro sitio mejor, con los terrenos que hay en Las Gabias”.

Elevaron el terreno de la rambla para colocar la tubería 20/07/2010
‘Los Remanados’ (el agua brotaba del suelo cada primavera) ya no existen pues depositaron toneladas de tierras en los alrededores. Al final construyeron 180 pisos de protección oficial, cuando había cerca de 700.000 viviendas de segunda mano en el mercado, por lo que todavía quedan pisos vacíos. Aquello era un disparate y, sobre todo, en un terreno donde existía una cañada real y unos remanados (ambos han desaparecido), al lado de una rambla donde corren las aguas torrenciales de los montes cercanos. Y en vez de construir el parque, como estaba estipulado, el Ayuntamiento lo recalificó como suelo urbano. No tengo constancia de que la Agencia Andaluza del Agua sancionara a la empresa constructora por alteración del terreno y poner vallas en el lado Este.



Cauce que formó la riada, en la parte media

Las aguas torrenciales bajaron de los montes de alrededor 20/09/2019
El pasado 17 de septiembre, el Colegio de Geógrafos de la Región de Murcia, denunciaba en el periódico “La Verdad”: “’Contrariamente, estas actuaciones de recanalización provocan un efecto multiplicador cuando ceden, impidiendo, además, que el agua desbordada retorne al cauce al bajar el nivel de la riada, prolongando los efectos en las zonas inundadas. La Dana que ha golpeado la Región nos vuelve a dejar las mismas lecciones que todas las anteriores’. El Colegio de Geógrafos cuestiona las políticas urbanísticas aplicadas hasta ahora y apostó por medidas inaplazables que se requieren con urgencia”.

Las inundaciones del pasado 14 de septiembre, en Las Gabias, taponaron los dos colectores de la Rambla de Contreras, como puede verse en las imágenes. La riada de agua, brozas, piedras y barro arrancó y dobló la reja del colector de abajo, parte de la tapia de bloques de hormigón, que la protegía, y rebasó la tapia de la calle, arrancando la valla de alambre. Era un aluvión que bajaba por las calles de San Marcos (muy superior a las crecidas anteriores) y Vista Alegre, que inundó las partes bajas de Las Gabias. Para construir las 180 viviendas, elevaron el terreno de la rambla un metro y medio, echando toneladas de tierra encima, y colocaron una tubería subterránea pequeña. Con esto consiguieron las autorizaciones y pensaron que ya estaba solucionado el problema. Pero las aguas torrenciales volvieron por sus fueros y por el cauce de siempre. También se construyeron urbanizaciones en las partes bajas de Las Gabias, con sótanos y todo, a sabiendas de que se inundarían en cuanto arreciaran las lluvias. Estamos en un país tercermundista, donde todo se ha sacrificado: cañadas, ramblas, remanados, zonas bajas y hasta la  legislación urbanística, por los pelotazos de la construcción. Los inventos estallan en manos de quien los fabrica, mientras que los vecinos seguimos temblando cuando llegan las aguas torrenciales. Quiero presentar sendos escritos en la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y en el Ayuntamiento de Las Gabias, exponiendo estos hechos porque no podemos esperar más tiempo para que tomen las medidas necesarias. Me gustaría que lo firmaran también los vecinos interesados.

jueves, 19 de septiembre de 2019

CUANDO TODO FALLA









Eran las once de la noche cuando salió del sótano a dejar un tubo de silicona fuera, para tirarlo a la basura al día siguiente. Entonces temió lo peor, empezó a tentarse los bolsillos del pantalón varias veces hasta que se convenció: había cerrado la puerta del sótano y, lo que es peor, la llave se había quedado puesta en la cerradura, por dentro. Su mujer le abrió la puerta principal de la casa, cogió las otras llaves y comprobó que la cerradura estaba bloqueada y no se podía abrir. Se había quedado encendida la luz del sótano, pero como era tarde pensó llamar al cerrajero al día siguiente y, de paso, le explicó la situación a la mujer. Sobre las 7:30 horas, llamó a la compañía de seguros y oyó una voz en off que le decía: “Diga su número de contrato o el DNI. Si es para siniestro de hogar pulse uno, si es para asistencia en viaje, pulse dos”. Y a continuación: “Si es para averías eléctricas, pulse uno…”. Estaba desesperado y pensó, ¿cuándo va a llegar lo mío? Al fin se puso una señorita al móvil y le aclaró el tema: “El seguro sólo cubre la llave de la puerta principal, pero no la puerta del sótano”. El infortunado le contestó, “estoy leyendo las normas en el librillo del contrato y no dice nada de la puerta principal”. “Lo siento, pero esto es lo que pone el contrato”, sentenció la telefonista. Al final, quedaron en que le iba a enviar un cerrajero de la compañía, de forma urgente, pero tenía que pagarlo de su bolsillo.

Estaba bloqueado pues no había dormido bien, incluso no recordó la clave para encender su móvil, por lo que tuvo que llamar con el de la mujer. Después de hablar con el seguro, se puso a buscar por el móvil: “cerrajeros de granada”. Pero lo pensó mejor y los buscó en la localidad donde vive. Uno tiene colgados tres comentarios, desde hace un año (sic): “Me abrieron la puerta con una radial para romper la cerradura, 423,50 euros, una barbaridad y así es como me dejaron la cerradura y la puerta”. Se ve la imagen con la puerta de madera rajada por cuatro sitios, alrededor de la cerradura. “Estos sinvergüenzas me dieron un presupuesto entre 90 y 100 euros, luego te envían a un par de tíos para intimidar, que abrieron la cerradura con un plástico en 15 segundos y me querían cobrar 338 euros porque era festivo. Después de negarme en redondo me rebajaron 100 euros de golpe. Pero aún así la broma me salió por 220 euros. Eso es una estafa en toda regla, que se corra la voz y que estos estafadores dejen de robarnos a la gente”. “Precios desorbitados, 75 euros por 40 minutos, más 20 de desplazamiento, más 30 por ser sábado por la mañana, más material, un plástico de nada, total  160 euros. Espero que nos den alguna solución en la Oficina del Consumidor”.

Este otro cerrajero sale mejor librado en los dos comentarios: “Llamé porque en el anuncio decía que era económico y de económico nada! 100 € por pasar un plástico por la puerta en menos de 1 minuto!”. “Vino un muchacho a mi casa me abrió la puerta y me cobró 40 euros a las 9 de la noche, yo pensaba que me cobrarían más caro pero el muchacho cuando llegó me dijo el precio antes de abrir la puerta lo recomiendo la verdad”. Otro comentarista expresa sus condolencias, desde hace dos años: “Muy mala experiencia, 124 euros por un servicio, siendo jueves antes de las 8 de la tarde, es totalmente abusivo. Simplemente pasar una radiografía, sin presupuesto ni información de tarifas ni nada. Veremos qué dice la Ocu a todo esto, ya está puesta la reclamación”. Por fin, encontró a un cerrajero con tres referencias recientes: “El muchacho fue rápido y eficaz, sobre todo bien de precio, recomendable”. “Lo recomendaría me abrió la puerta de mi casa muy rápido y sin romper nada. Muy económico”. “Totalmente recomendable, el chico no solo fue rápido si no que también me costo muchísimo menos de lo que esperaba”. 







Llamó al operario, a las 8 de la mañana, le pidió precio pero aquel le dijo que tenía que ver la cerradura. Acudió media hora después y le informó que le cobraba 110 euros, pero el interfecto le respondió que el bombín lo compraba y lo ponía él. “Entonces le cobro 90, pero es que no va a saber quitar la cerradura y el bombín le va a salir más caro”. Como al parecer lo tienen todo calculado, se doblegó al destino. Más tarde cayó en la cuenta que dos tornillos sujetan la cerradura y otro el bombín. El joven taladró la cerradura con cuidado y en menos de quince minutos abrió la puerta, de manera que se fue con la alforja llena y el otro quedose con la suya menguada.

Más tarde, llamó al agente y le confirmó que el seguro sólo cubre la puerta principal, para que nadie se quede en la calle. Será porque los seguros anteponen la caridad a todo. El agente le confesó que un cerrajero llegó a cobrar más de 300 euros en Granada, por abrir una puerta, y que se aprovechan sobre todo de los ancianos. “Y que no vayan a tu casa de noche o en días festivos, que te cobran más”, añadió. Sobre las 18 horas le llamó el cerrajero de la compañía y el susodicho le contó que le habían abierto la puerta antes de las 9 de la mañana: “Y eso que la telefonista me lo puso como urgente”, le espetó. El otro le respondió que el aviso se lo habían dado para que se pasara al día siguiente. “Anoche me quedé con la cerradura bloqueada del sótano y con la luz encendida, y me dice que se iba a  pasar mañana…”.

Habría que preguntarse si, por un trabajo de 15 minutos, te pueden cobrar 100, 200 y hasta 300 euros, sin darte un recibo o factura. Es evidente que se aprovechan del estado de necesidad del cliente, que se queda en la calle o sin poder entrar a una dependencia de su vivienda. Hace unos meses, llamé a un técnico de La Zubia para que le quitara el ruido a la puerta automática, pero como tiene una cadena no pudo hacerlo. Entonces, la revisó y le echó aceite por varios puntos. Me pidió veinticinco euros y le di diez más. Esto es honradez y todo lo demás son atracos. Y, como digo, aquí ha fallado todo, incluido el propietario de la vivienda con su descuido.


Esta historia rocambolesca terminaba aquí, pero siguiendo el consejo de mi hija, me dijo que reclamara, el susodicho le envío un correo electrónico al agente del seguro: “Envíame el contrato donde indique que el seguro sólo atiende la puerta principal. En las Condiciones generales, artículo 9, Servicios de asistencia en el hogar, pone "el envío de un cerrajero...,  en caso de que no se pueda acceder a la vivienda asegurada...". 
Sin embargo, la excusa que da ahora el seguro de Madrid es que “la puerta del sótano es una puerta interior”. El vecino se puso manos a la obra y le echó dos fotos a la puerta del sótano, donde se ve claramente que es una puerta exterior de acceso a la vivienda, aunque es independiente y no está conectado a la planta primera”. Al día siguiente lo pensó mejor y le puso una reclamación a la compañía: “En las Condiciones Generales, el artículo 5.5, Reposición de llaves y cerraduras, indica: “… los gastos necesarios para la reposición de las llaves y cerraduras de las puertas de acceso a la vivienda asegurada por otras de similares características…”. Y así finalizaba la reclamación: “Da la impresión que se están buscando argucias para no cumplir lo estipulado en el contrato, diciendo al cliente que sólo cubre la puerta principal, afirmando luego que el sótano es una puerta interior… “.

El escrito surtió efecto y la compañía de seguros accedió a pagarle el desplazamiento y la mano de obra del cerrajero, mientras que el bombín tenía que pagarlo el causante. La cosa no salió mal, le abonaron 78 euros de los 110 que le cobró el cerrajero. Éste se portó bastante bien, enviándole la factura desglosada y con el IVA correspondiente. 





jueves, 13 de diciembre de 2018

ENRIQUE VILLAR YEBRA, SIEMPRE


Retrato de Villar Yebra







Hace un año que murió Enrique Villar Yebra y recuerdo que, al día siguiente, cuando lo llevaron a enterrar, estaba lloviendo a cántaros. En Granada caía el agua a cántaros. Pero de su muerte callada, apenas si se enteró la ciudad a la que tanto quiso. La pianista Esperanza Gálvez me enseña, con orgullo, un dibujo a lápiz que le hizo el pintor en la terraza de su casa, con la iglesia de San Matías al fondo. Esperanza vio a Villar Yebra unos días antes de morir: “Estaba de mal humor y algo rabioso, porque tenían que llevarlo en una silla de ruedas. Me lo encontré sentado en la cama, muy derecho, y le dije: ‘¿Qué haces, Enrique?’. Le di muchos besos y a él también le dio mucha alegría. ‘Estoy perdiendo mucho con esto de estar sin el saxofón’. Y no hablaba de otra cosa que no fuera que le habían quitado el saxofón”. Pasó los últimos días de su vida en la residencia de ancianos de la Casa de los Pisa: “Allí tenía su cama y su silla”, cuenta con pesadumbre Esperanza.


El carácter generoso y altruista de Villar Yebra se resume en esta frase de su revista “Granada siempre”: “Demasiado hago con sacar estos papeles a mi costa; lo que conlleva con el trabajo, sacrificios y privaciones de placeres mundanos y naturales”. A Eloísa Planells, directora de la Biblioteca Municipal del Salón, le brillan los ojos cuando habla de Villar Yebra, con quien tenía una gran amistad. Señala que “era austero y algo desaliñado en el vestir”. Y cuando rememora aquellos momentos, confiesa: “Aunque ya empezaba a fallarle la memoria, Enrique murió lúcido... ¡Aquella noche lo velamos el conserje y yo!”. Pero al día siguiente, al sepelio del pintor romántico de Granada, solamente fueron unas pocas personas. “No hubo personalidades, es cierto; pero Enrique tampoco los hubiera echado de menos. Allí fueron sus amigos de verdad, los que él apreciaba”. Y como si meditara en voz alta, concluye Eloisa: “¡A Enrique le hubiera gustado ese entierro!”. Pero antes de morir, donó sus libros a la Biblioteca Municipal del Salón. El pintor, que solía decir que iba a la ‘búsqueda de temas’, tuvo un sepelio barojiano como Fernández Almagro y Pedro Antonio de Alarcón; y como Mozart en una fría y lluviosa mañana de diciembre.








De entre los libros que escribió, quizá “El casco antiguo de Granada” sea el más leído. Nadie como él dibujó tanto sus calles y defendió con uñas y dientes hasta sus últimos rincones: muchos de ellos desaparecidos por la especulación, la connivencia y el desarrollismo. Enrique gusta por su sencillez y porque sus dibujos destilan ternura. Están llenos de naturaleza y de figuras humanas imprecisas que pasan de largo; o bien, son mujeres que se entretienen encendiendo un braserillo de picón en la calle o tendiendo la ropa. Son verdaderos “paisajes humanos”. El concejal Jesús Valenzuela y el director de Cultura, José Antonio Martín Villena, han ofrecido una sala del Centro Cultural Gran Capitán para montar una exposición de pinturas de Villar Yebra. Eso es lo que me han dicho. Todo dependerá de que los particulares se animen y cedan sus cuadros. “¡Es lo que tiene que hacer el Ayuntamiento!”, comenta José Antonio Mesa, editor y albacea del artista. Son muchos los granadinos que esperan ver una exposición de Enrique con motivo del aniversario de su muerte. Granada se lo merece.

En la calle Honda del Realejo –vivía en un piso– “sólo quedaba un camastro, un armario y una mesita de noche”, confiesa Eloísa con cierta resignación. Toda su ambición y gloria se reducía a estos trastos, mientras uno piensa que Villar Yebra tenía el alma de un cartujo. Cuando una mañana me pasé por allí, las persianas del balcón estaban echadas y en la puerta nada indicaba que allí hubiera vivido un dibujante enamorado como pocos de su tierra. En este artículo suyo de 1990, comienza preguntándose: “¿Qué ha sido de aquel espléndido paisaje del Albaicín, desde la Cruz de la Rauda? Se secaron las pitas y las chumberas, cortaron los cipreses de la calle de San Martín y desaparecieron los huertecillos encantadores (...). Al parecer no hay remedio: el destrozo del paisaje urbano más castizo de Granada sigue adelante...”. Sin embargo, él se consolaba diciendo: “Yo tenía que haber nacido un siglo antes”.







Su libro “Impresiones de Granada” –donde reúne las mejores ‘plumillas’, incluidas las que publicó en IDEAL– se ha convertido en la memoria gráfica de la ciudad: “Casa morisca del siglo XVIII. Todo desaparecido hace tiempo, destrozado por la barbarie, la desidia y la inoperancia de los organismos oficiales”. Es la Granada que se fue para siempre, pero que Villar Yebra supo plasmarla con su pincel. Y acurrucado como un gato –como esos gatos negros que solía pintar–, la contemplaba en silencio desde el lavadero de la Puerta del Sol. Es el paisajista que va descubriendo con la mirada esos apartados rincones callejeros; el que perfila los detalles con unos cuantos trazos –impresionismo–, mientras capta el ambiente. Él fue quien inmortalizó las estrechas calles del Realejo –esas ‘encrucijadas’ que veo a diario- y del Albayzín. Era el pintor de las iglesias y espadañas, de las viejas locomotoras de vapor, de los añorados tranvías y de las chavicas guapas. Mozart, Alarcón –descansan en unas tumbas anónimas– y Villar Yebra –le quitaron el  saxofón en vida– hicieron su último viaje en medio de un silencio clamoroso.


Posdata: la exposición de sus cuadros y artículos se llevó a cabo unos meses después. Fue antológica, la mejor que realizó el concejal Jesús Valenzuela, y la comisaria no podía ser otra que Eloísa Planells. Hace poco más de un mes me encontré con Valenzuela y me dijo que organizó la exposición porque yo se lo indiqué. Debo señalar con tristeza que, en Granada, se han olvidado completamente del pintor Enrique Villar Yebra, la Asociación de Vecinos del Realejo iba a poner un monolito en la Plaza del Realejo, en recuerdo del pintor (por suscripción popular), pero se olvidaron pronto del proyecto. Este artículo fue publicado en IDEAL de Granada, el 13 de diciembre de 2002.

lunes, 26 de noviembre de 2018

EL LABERINTO DE LA CÁRCEL









¿Qué es esto? ¡La cárcel! Aquí reposa la libertad del pensamiento. Mariano J. de Larra




A las 10:30 de la mañana del “Día del Apocalipsis”, llego al Centro Penitenciario de Albolote. Atrás he dejado el pantano de Cubillas y un anodino paisaje de olivos, pero ahora llaman mi atención las nubes de color plomizo que coronan la cima del monte cercano. En el bar un abuelo se entretiene jugando con la nieta, mientras que un matrimonio de jubilados apura los cafés con cierta indolencia. ¿Quién lo diría? Esto más bien parece la “Venta de la Tía Quiteria”, aunque los días de visita aquí hay un trajín de gente la mar de grande. ‘Acabaico’ de llegar aparece mi amigo, el maestro Juan Chirveches, que me ha invitado para que hable a los internos sobre mi libro “Diálogos en la Tierra de los Ríos”. Eso es. “Las cárceles han cambiado mucho, ¿sabes?”, me dice a modo de bienvenida. Luego paso por un detector de metales y por  R-3 y R-4, unos robots primitivos en forma de rastrillos que se cierran a mis espaldas.

Juan me van enseñando las dependencias y entramos en el Módulo Sociocultural: “¡Te vamos a pisar!”, le dice a un chaval que está dando bandazos con el mocho de la fregona. “¡No importa!”. A través de los cristales contemplamos el Polideportivo, que está completamente cubierto. “¿Cuántos pueblos quisieran tener este pabellón?”, exclama Juan. Subimos al gimnasio y aquí tenemos de todo: desde bicicletas estáticas a espalderas y, si a uno le gusta dar cates, tenemos unos sacos de boxeo. Al otro lado se encuentran el salón de actos y la piscina. “En el verano se bañan dos veces a la semana”. ¡Evidentemente –pienso–, aquí hay más personal que en los Baños de Graena! En el estudio de pintura la monitora nos dice que van a montar una exposición de cuadros, a finales de este mes, en el palacio de Alcázar Genil.

En la planta baja se encuentran el taller donde escriben la revista de la prisión, la biblioteca que está cerrada “y esto es la sala de máquinas”, me explica el maestro. Son máquinas de escribir y algunos ordenadores. Seguidamente visitamos la guardería, que aquí la llaman “Escuela infantil”. Hay 28 niños, de seis meses a tres años, repartidos en varias clases y dormitorios, según la edad. Pero lo curioso que tiene es que los sofás, las mesas, sillas, retretes, lavabos, etc., son del tamaño de los ‘peques’; y algunos de estos muebles han sido hechos en el Centro por los mismos presos. En cambio, los 22 niños lactantes están con las madres en el módulo de enfrente. De nuevo recorremos la ciudad, la “Gran Garita”: “En esa torreta están los funcionarios, con circuito cerrado de televisión y toda la pesca”, me dice Juan Chirveches y luego me señala el campo de fútbol y, un poco más allá, los Módulos de los Hombres y la Enfermería. Hace unos pocos años las cárceles eran oscuras y malolientes galerías; hoy son laberintos de interminables pasillos donde al menos entra la luz del día.

Finalmente entramos en la clase, donde saludo a los maestros de Prisiones y de paso me cuentan su problema: resulta que dependen del Ministerio de Educación y Ciencia –‘territorio MEC–, pero ellos quieren pasar a la Junta, porque se ve que son ‘junteros’. La clase es acogedora, con pupitres fabricados en el Centro: “Ya quisieran muchas Escuelas de Adultos tener este mobiliario”, apunta un maestro. Comienzan a entrar las internas y, está visto y comprobado, que en cuestión de cultura las mujeres nos ganan por goleada. El aula se llena y observo cierto nerviosismo en algunos. "¿Cómo ha dicho que se llama el libro?”. Un joven gitano que está sentado a la derecha parece algo tímido, sin embargo exhibe un mostacho mejor que el de Iñigo en sus buenos tiempos, cuando presentaba en televisión “Hora 14:15”.









Se leen y comentan algunos artículos del libro, entre ellos el de “Juan López”: este albañil se cayó de un andamio en Alicante, quedándose parapléjico. Se casó pero enviudó a los dos años, en 1977. A pesar del tiempo transcurrido, todavía sigue enamorado de su mujer y aferrado a sus recuerdos y a la silla... “¿Qué hay que hacer para escribir un artículo en IDEAL? ¿Puedo entregárselo a usted para que se lo dé al director...?”, me suelta uno a bocajarro. Cuando termina el coloquio, la interna Isabel Román me entrega un folio con esta poesía, escrita a mano y en letras mayúsculas. Yo la he copiado tal cual, con sus faltas de ortografía, y que juzgue cada cual: “A ustedes señores jueces / quisiera verlos en mi lugar / para cuando me condenen / no lo hagan con maldad. / Pues mirando el libro de las leyes y el artículo criminal / les ‘vastan’ señores jueces / para poderme condenar. / Tiempo de mi vida pide el señor fiscal / como si no ‘tubiese’ unos hijos, una casa, un hogar. / Sólo quiero pedirle mi libertad / para poder abrazar a mis hijos y con ellos jugar. / Qué sentimiento más bonito cuando te dicen, te quiero mamá”. Otro interno también me confesó que le daba por escribir poemas.

Quiero tener un recuerdo para Concepción Arenal (1820-1893), la Visitadora General de Prisiones de Mujeres que escribía: “Hay que combatir esa idea de lo definitivo en la criminalidad, ya que el delito no es un estado permanente”. Y Victoria Kent, la directora general de Prisiones durante la II República, decía que "el presidio no era la solución para quienes su principal delito es la inadaptación social, sino que las causas hay que buscarlas en la familia y en la sociedad". En cambio, el criminólogo y médico italiano, Césare Lombroso, sostenía que estábamos predeterminados.



Posdata: este artículo lo escribí en marzo de 2004. Durante la visita, me llamó la atención una placa en la pared de un edificio, donde indicaba que en 1997 fue inaugurada la cárcel de Albolote, pero no decía nada de quién la inauguró. Fue el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, pero no quiso que figurara su nombre, lo que da idea de la sencillez y humildad de este hombre. Y sin embargo, hay tanto personajillo por ahí que ha ido colocando placas con el fin de pasar a la historia: “En tal fecha, reformó el mercado de abastos el Excelentísimo Sr. Alcalde de…, o el Excmo. Sr. Ministro…”. Los maestros de Prisiones pasaron a depender de la Junta de Andalucía y Juan López falleció hace dos años, de una grave enfermedad.

domingo, 11 de noviembre de 2018

EL PASO DE LOS AÑOS


Jesús Valenzuela en campaña. Granada Hoy







Me paso por la Feria del Libro y saludo al presidente de CajaGranada, Antonio María Claret y, sin más preámbulo, le digo que el Teatro Isidoro Maíquez –un poeta de Cartagena y paisano suyo–, no es el nombre más apropiado para el Centro Cultural Memoria de Andalucía. Antonio María me explica los motivos que ya expuso en su artículo de opinión y me dice convencido que el poeta vivió en Granada los últimos días. “Un nombre ideal –le replico– hubiera sido Max Estrella”, el personaje de ‘Luces de bohemia’ de Valle-Inclán, donde cuenta la última noche del desdichado poeta Alejandro Sawa. Antonio María Claret tendrá sus razones, pero, ya me dirán ¿qué hace un poeta de Cartagena en el Centro que representa la memoria de todos los andaluces? Como lo tengo a mano saludo a Rafael Escuredo, que está sentado en la Caseta de Firmas con su libro ‘Te estaré esperando’. Le digo a modo de entradilla: “No todos los días puede uno saludar al que fue el primer presidente de Andalucía”. Entonces me cuenta que ya no escribe la columna en ‘El Mundo’, “que eso de escribir todas las semanas un artículo ata mucho”. Le informo que en la Delegación de Gobernación, de la Junta, hay una exposición de las elecciones autonómicas andaluzas, con fotos de los políticos y con las listas electorales de los partidos. ¡Cómo ha cambiado el rostro de Escuredo desde los años ochenta, cuando lo veías tan joven y con los pelos rizados! Saludo también al pintor David Zaafra, que firma su libro ilustrado ‘Leyendas de Nueva York‘, al Defensor del Ciudadano, Melchor Sáiz-Pardo, y al periodista Enrique Seijas.

Por la tarde llamé por teléfono a Jesús Valenzuela y me respondió como siempre: “¡Hombre, compañero!”. Y es que ambos estudiamos el bachiller en el Seminario de Guadix. Luego me pasé por el ‘Bar Las Tapas de Valenzuela’ y ya me contó que está intentando localizar a los que pasamos por el Seminario en los años sesenta, para reunirnos y celebrarlo. Me recuerda a muchos compañeros, varias veces descuelga de la cornisa del bar una foto, donde aparecemos los seis cursos del bachiller con los curas, y se la enseña a varios conocidos que están tomando copas en el bar, y hasta llama por teléfono a un cullarense que está en Melilla. Cuando hablo con éste, me recuerda que hace cuarenta y tantos años que no nos vemos. ¡Qué barbaridad! Valenzuela está nostálgico, pero yo no me doy cuenta en esos momentos. Hablamos de los jesuitas de Guadix, algunos han muerto ya y otros tienen ochenta y tantos años. El internado en el Seminario era bastante duro pero a casi todos nos sirvió para sacar una carrera, pues entonces era el más barato al estar subvencionado por el Estado. Valenzuela siente también nostalgia de la política y le aconsejo que no vuelva, pues no merece la pena, pero tiene el gusanillo royéndole las tripas. La política le ha dado más de una ‘corná’ y ya vemos cómo los va dejando tirados en las cunetas. Le conté esta anécdota: “Un día le dije al alcalde de Granada, José Moratalla, ‘a ver si tratas bien a Valenzuela, pues estuvimos estudiando juntos…’. No recuerdo cuál fue su respuesta, pero sí que me puso la mano en el hombro”, pues es un hombre afectivo y cercano. Noto que nos vamos haciendo viejos a pasos largos mientras que en la cornisa del bar tiene prendidos sus recuerdos de la política. Me despido de este guerrillero de pelo arisco y sonrisa afable, y quedamos en ir localizando al personal para reunirnos.



Posdata: este artículo lo envié a ‘La Opinión de Granada’, en abril de 2009, y por lo que fuera no salió publicado. CajaGranada, la antigua Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Granada, ha sido absorbida hace unos meses por Bankia, que es la antigua Caja de Madrid. Como sabemos, los políticos tienen mucho que ver en estos menesteres. Rafael Escuredo fue obligado a dimitir por su partido. El pintor David Zaafra falleció el pasado año, mientras que el periodista de Ideal, Enrique Seijas, murió hace dos años y con posterioridad le dedicaron una calle. A Melchor Sáiz-Pardo, el anterior director de Ideal (desde el año 1971 al 2002), lo saludé hace unos meses en el Ayuntamiento, con motivo de la presentación de un libro. Está tan delgado, como el viejo Azorín –que escribía un folio diario a pluma–, en todo esto se parecen ambos. Melchor es la memoria viva de Granada y el día que falte serán muchos quienes lancen lamentos y elogios, pero el reconocimiento hay que hacerlo en vida. Está visto que los españoles siempre llegamos tarde. Jesús Valenzuela dejó el bar y se jubila pronto, colaboró con Antonio Montes y yo para conseguir reunir, el 15 de octubre de 2016, a unos sesenta compañeros que estudiamos en el Seminario de Guadix. 
Jesús Valenzuela falleció en la madrugada de ayer, 30 de enero, de un infarto, cuando se había jubilado en octubre pasado. Descansa en paz, compañero. Esta palabra se la oí muchas veces y es que somos compañeros en la vida y en la muerte. 


Publicado en Wadi-as, periódico de la comarca de Guadix, octubre-noviembre de 2018

domingo, 28 de octubre de 2018

EPISODIOS HOSPITALARIOS II






Madrugada en Hospital Virgen de las Nieves
 
 
 
 
 
Unos años antes, me hicieron una endoscopia en el Hospital Virgen de las Nieves. Unos 15 pacientes hacíamos cola en la puerta del especialista, cuando me tocó el turno, me introdujo la sonda por la boca sin contemplaciones y sin pausas. Aquello fue arcada va y arcada viene, sin darme tiempo a que me repusiera. Yo pensé que me iba a morir tumbado en la camilla y abundantes lágrimas brotaban de mis ojos, a causa del esfuerzo tan grande que hacía, pues aquello más que una endoscopia era una verdadera tortura para los pacientes. Al poco, salí de allí con los ojos muy enrojecidos y en casa comprobé que las lágrimas me habían quemado la piel alrededor de los ojos, pues la tenía morada. El médico de digestivo trataba a los pacientes como si fueran borregos. Años antes, un especialista me había hecho una endoscopia en otro hospital y apenas sentí daño, porque me introdujo la sonda despacio. ¿Tanto trabajo costaba introducirla lentamente, en vez de provocar aquel sufrimiento tan grande en los pacientes?

De casualidad, he encontrado esta reclamación de hace treinta y cuatro años. El diagnóstico era bastante preocupante. Habla de un bebé de dos meses, con taquiarritmia respiratoria, abdomen meteorizado, faringe enrojecida, deposiciones verdosas, vómitos, fiebre... Entre otras cosas, me quejo de que el 10 de septiembre de 1984, un ATS trata de administrarle un medicamento equivocado. Al día siguiente le ofrecen un biberón, con leche que contiene lactosa, la sustancia que precisamente le provoca diarreas, vómitos y fiebre. Y para qué hablar de la comida deficiente, que no hay jabón en los lavabos, etcétera. El 13 de septiembre, mi mujer y yo nos quejamos verbalmente al director del hospital, de todas estas anomalías y deficiencias, y lo mejor que se le ocurrió fue darnos el alta al día siguiente, “sin medicamentos, sin leche vegetal y recorriendo farmacias por Jaén". Tres días después, el 17 de septiembre, presenté una reclamación al director del antiguo “Hospital Princesa de España”, de Jaén, por el trato recibido en el Pabellón de Pediatría, donde mi hijo ingresó con urgencia. El director del hospital ni siquiera se molestó en contestar a la reclamación.

 

Entonces no había libros de reclamaciones pero había gente sin alma, que ponía en peligro la salud de los pacientes. Por aquellos años había un pediatra en Jaén, don Eufrasio Martínez Galiana, que era un ejemplo para la profesión médica, lo mismo que otros médicos. Tengo guardada esta reclamación como un  recuerdo de mi hijo, para enseñársela algún día, pero había olvidado por completo los malos ratos que pasamos en el hospital. Hace varios años, me hicieron una radiografía de cadera pues me dolía cuando estaba acostado. El médico observó la radiografía al trasluz y me dijo que no encontraba nada anormal, que estaba bien. Al cabo del tiempo, se me ocurrió mirar la radiografía en casa y resulta que la cadera afectada por el dolor no salía en la placa, pues el radiólogo había enfocado mal. Digo yo que, por eso mismo, el doctor no observó nada anormal. Copio este titular del diario ‘Público’, del 3 de agosto de 2009: “Tribunales. Las denuncias de pacientes a doctores y hospitales por supuestas malas praxis suponen cada año 100.000 nuevas contiendas a dirimir en los juzgados. 274 demandas al día por errores médicos…”.

Posdata: Hoy ponen anestesia en la colonoscopia y el paciente no se entera, pero las listas de espera han aumentado. Hace unos días, me escribió esto una amiga: "A mí me han hecho dos colonoscopias, una sin anestesia, horrible, y otra con anestesía en que no me enteré de nada. Ahora estoy pendiente de que me hagan otra, pero desde marzo que la pedí todavía no me han dado fecha". El Servicio Andaluz de Salud ha mejorado pero es de los que menos invierte por paciente en España, pues Susana casi lo ha desmantelado desde que gobierna, tanto en medios como en personal, como han venido denunciando los sindicatos y los medios de comunicación. En los últimos días, los médicos de Atención Primaria de algunas provincias de Andalucía han llevado a cabo protestas y huelgas por la falta de medios y de personal, pero el problema se ha agravado por el decreto del Gobierno de Pedro Sánchez que establece la Sanidad Universal.