domingo, 21 de octubre de 2018

EPISODIOS HOSPITALARIOS I





Madrugada en Hospital Virgen de las Nieves




El 8 de junio de 2009, a las 17:40 horas, estoy citado en el Hospital Clínico de Granada, para que me hagan una colonoscopia. Un joven, de unos veintitantos años, también está esperando, acompañado de su mujer, para que le hagan una endoscopia. Lo llaman pero sale en un par de minutos. “Cuando me meten el tubo por la boca, me entran ganas de devolver y les he dicho que no quiero hacerme la endoscopia”. Entre unos y otros intentamos convencerlo, pero el joven no cede y al final se marcha. Seguidamente, entro en una habitación pequeña –como una sala de curas– para que me hagan la colonoscopia. Siguiendo las instrucciones de la enfermera, me desnudo, me pongo una bata abierta por atrás y me tumbo de lado en una camilla. La enfermera me pincha varias veces en el dedo pulgar para ponerme el suero y, acto seguido, el facultativo me introduce el endoscopio por el ano. El aparato consta de una pequeña cámara y al mismo tiempo va soltando aire en la tripa para que se vaya abriendo, aunque de todo esto me enteré después. Conforme avanza el endoscopio en el intestino, los dolores son atroces y en mi vida he gritado tanto como esa tarde. Me armé de valor y le dije al médico de digestivo que aquello parecía un matadero, pues ni siquiera me habían anestesiado, y que prefería dejar la exploración para más adelante. El facultativo me explicó que el Servicio Andaluz de Salud no tenía dinero para pagar a un anestesista y ni siquiera para la anestesia. “Pero, sí tienen dinero para costear operaciones de cambio de sexo”, le respondí secamente. Entonces, intervino la enfermera diciendo que ya no se hacen estas operaciones (siguen haciéndolas). “No te preocupes, que te ponernos la sedación”, me dijo el médico tratando de tranquilizarme. La enfermera me puso en la muñeca una inyección, pero al poco sentí un dolor fuerte. “La sedación duele un poco al principio, pues la vena de la muñeca es estrecha…”, me advirtió. Sin embargo, el dolor era cada vez más insoportable, peor aún que el de la colonoscopia, hasta que le dije: “Pero, no se da cuenta que tengo la muñeca hinchada”. Y es que me había inyectado él sedante fuera de la vena.

Pero mis penalidades no acabaron aquí. Al poco, tuve que avisarle de nuevo a la enfermera de que la goma del suero estaba llena de sangre, pues, al agarrarme con fuerza a la cama, a causa de los dolores que me provocaba la sonda en el intestino, la sangre había inundado la goma. Al final soporté la colonoscopia, sin sedación y sin suero, pero mayor torpeza y brutalidad no se puede pedir. El médico de digestivo se excusaba diciendo que mi intestino tenía muchas curvas y que por eso me hacía daño. ¿Y qué intestino no tiene curvas? Creo que la exploración duró unos 15 minutos –aquello era peor que los dolores del parto–, hasta que el médico me dijo que todo había salido bien, que no tenía nada y hasta dentro de cinco años… Vamos, que salí de aquel matadero pensando que había vuelto a nacer.

Unos días después, llamé por teléfono al paciente de 65 años que entró después que yo, pero su hija me informó que le perforaron el intestino y tenía que estar hospitalizado una semana. La semana anterior, el hombre había adelgazado ocho kilos, pues cuando uno lee la información que te dan sobre la colonoscopia (con o sin polipectomía o sedación), te entra pánico: “La administración de la misma es realizada por médicos no anestesistas”. El día anterior tienes que beberte, en siete horas, 16 sobres en cuatro litros de agua; y el día de la exploración hay que meterse un enema de un cuarto de litro, por detrás. En las instrucciones, te informan de una serie de complicaciones y riesgos (perforación, hemorragia interna, trastornos y complicaciones cardio-pulmonares…), y piden el consentimiento firmado del paciente. Al final, te entra el miedo en el cuerpo y se te quitan hasta las ganas de comer. Yo lo pasé fatal, pues sólo dispones de la información escrita, mientras que los médicos no te dan información.

De casualidad me enteré que, en la 5ª planta del Hospital Clínico, tienen un quirófano para realizar la colonoscopia, con anestesistas y facultativos, que trabajan por las tardes y se las pagan como horas extras. “Eso de que el SAS no tiene dinero para pagar a un anestesista por las tardes, ni siquiera para anestesiar a los pacientes en una colonoscopia, es un cuento”, me dijo un profesional que conoce el tema. Llama la atención que, en el Hospital Virgen de las Nieves, hay una lista de espera de unos tres meses para que les hagan una colonoscopia a los pacientes, mientras que en el Clínico no tardaron ni veinte días en atenderme. Aquí se apunta cualquiera a hacer horas extras por la tarde, aunque no tengan los medios más elementales para ello (sin anestesia), a la vez que ponen en riesgo la salud o la vida del paciente. Una sala pequeña, con una camilla, una enfermera que no sabe ni poner una inyección y un médico de digestivo, que te mete el endoscopio por el ano como si fuera una manguera (si lo hace lentamente, apenas te causa dolor), y no se conmueve ante los alaridos del paciente, mientras se excusa diciendo que no tienen anestesia. Nada de extraño tiene que más de uno termine con el intestino perforado y los demás estemos dando gracias a Dios.








domingo, 7 de octubre de 2018

LA VIEJA ENCINA DE MONTEVIVE









Recuerdo que una fría mañana de enero de 1996 llegué con mi familia a Las Gabias. Pero, antes de tomar posesión de la nueva casa, entre tanto follín del traslado y antes de que llegara el tío del camión con los muebles, nos dio por  comernos unos churros en el quiosco que había en la plaza de Armilla. En medio de tanta bulla, siempre es bueno hacer un alto en el camino para echar un bocado. El caso es que los churros, a las siete de la mañana, nos sentaron bastante bien y hay gente que tiene arte con los palillos en la sartén de aceite. Hace unos meses repetímos la misma operación pero el lugar y el precio ya no eran los mismos, pues el quiosco ha cambiado de lugar: “¿A cómo son?”, pregunté. El del mandil no supo decirme a ciencia cierta a cuánto salía el kilo de churros, aunque los churreros tienen salida para todo: “¡Hombre, nosotros siempre aconsejamos una rosca para cuatro personas!”. “Bueno”, le dije, con resignación. El caso es que me vine para Las Gabias con mi rosca de churros y con dos euros y medio menos en el bolsillo. En algunos sitios –como en una churrería que había por el Gran Eje de Jaén- te servían las roscas de churros atadas con un junco, si eran para llevar. Y la verdad es que quedaban la mar de bien.

El caso es que, al poco de llegar nosotros al pueblo, llegó el camioncillo con los muebles y los trastos. Era la película de siempre –maletas para arriba y maletas para abajo– y el viaje a ninguna parte, aunque ya llevaba unos pocos en el cuerpo. Quizá quedaba flotando en el aire la pregunta de cuánto tiempo íbamos a durar aquí. Luego nos pasamos un mes ordenando la casa, con el estrés que conlleva un traslado, pues todo te resulta nuevo y tienes que empezar prácticamente desde cero. Pero yo no tenía tiempo ni ganas de hacerme demasiadas preguntas: sólo sabía que llegaba a mi tierra y eso ya era suficiente. Había salido de Granada veinte años antes, aunque Carlos Gardel aseguraba que “veinte años no es nada”, y yo estoy por darle la razón pues la vida se pasa volando. El mísero mundo se volvió un poco más triste sin sus trinos de pájaro cantor. El caso es que, durante los años de ausencia, mis padres y algunos de mis mejores amigos se fueron quedando en el camino, calladamente, pero dejando un vacío en mi alma que nunca he podido rellenar. Ahora tenía que empezar de nuevo con la brega, pero esta vez sin los seres queridos y recordados.



Al principio, recuerdo que un pastor tenía la costumbre de pasar con su rebaño de ovejas y cabras por delante de mi casa. En cuanto oían los cencerros, mi mujer y una vecina salían a gritarle al pastor: “¡Oye, chaval! ¿Pero no te das cuenta que aquí vivimos personas? ¡Por Diooos!...”. Pero el pastor se hacía el sordo y yo mismo tenía que meterme entre los borregos para alcanzarlo, pues iba siempre delante del rebaño, acompañado de sus dos perros: “¡Pero, hombreee! ¿Es que no puedes echar por la parte de atrás?”. El resultado era que las cabras hispánicas y los borregos ibéricos dejaban en la calle un reguero de cagarrutas y una peste flotando en el ambiente de muy señor mío, pues es notorio que estos animales atufan demasiado. Así tuvimos varias escaramuzas, hasta que una tarde amenacé al rabadán: “Mañana te voy a poner una denuncia en el Ayuntamiento”. Aquello fue mano de santo, se convenció entonces que la cañada de atrás, llamada de Contreras, era más segura. El pastor encerraba el ganado en un corral que había dos calles más arriba y una vecina me decía que no podía abrir las ventanas en el verano. Por aquellos días, en la tapia de mi patio, solía encaramarse un lagarto verde, como haciéndote ver que aquel terreno era propiedad de sus antepasados; pero al poco tiempo desapareció. Y, enfrente de mi casa, en la chimenea del vecino, se posaba por las mañanas un búho pequeño pero también emigró.  

 
En los días de verano apenas si se distingue Las Gabias desde el mirador de San Cristóbal; pero la imagen mutilada, convertida en varios trozos y triste de Montevive –otrora un monte altivo y orgulloso, de color leonado– aparece entre cansina y agostada sobre el horizonte azul. El doctor Manuel Rodríguez Carreño describió así el paisaje que veía, desde la cumbre de Montevive, a mediados del siglo XIX: “(...) las apiñadas y pintorescas alquerías y casas de campo que cercan Granada, las cuales aparecen recostadas sobre la alfombra de sus deliciosas vegas y recrean el alma elevándola a meditaciones sublimes”. Llegando a Las Gabias por la carretera, llama la atención la diminuta silueta de la vieja encina, que se alza majestuosa y altiva en mitad de la cima del cerro, como si fuera la conciencia de los atropellos que allí se han cometido. Un gabirro centenario me contó un día que Montevive había sido testigo fiel de las viejas historias y leyendas de Alhendín, La Malahá y Las Gabias. Y en otra ocasión, una gabirra me dijo: “Antes de que lo destrozaran, Montevive se asemejaba a los pechos de una mujer”. Hasta hace pocos años, en la festividad de San Marcos, grupos de jóvenes subían al monte a pasar el día y se comían allí el hornazo, pero esta tradición se ha perdido pues el ayuntamiento reparte ahora los hornazos en el parque periurbano. La mina de estroncio está abandonada desde hace tiempo y la imagen de la vieja encina nos indica que aquellos parajes deformados han sobrevivido a la devastación (hay zorros, cuervos y otros muchos animales), que también afectó a los restos arqueológicos de una cueva. Montevive está vallado por los propietarios de la mina y un guarda me echó de los alrededores hace unos años, ni eso permiten. No llamé a la Guardia Civil porque no llevaba el móvilPor eso se ha convertido en un símbolo, como las Montañas Negras de los pieles rojas donde anidaban sus espíritus. Es de justicia que los Ayuntamientos de Las Gabias, La Malahá y Alhendín recuperen Montevive, para que pueda ser visitado y repoblado.




sábado, 22 de septiembre de 2018

LOS ALUMNOS DE DON EMILIO CARMONA






Cuando éramos unos niños. Don Emilio, un maestro entrañable de Benamaurel, falleció hace poco más de un mes



Me encanta esta foto del maestro don Emilio Carmona, rodeado de sus alumnos de Castilléjar, a comienzos de los años sesenta, por la naturalidad con la que han salido. Yo no llegué a tenerlo de maestro pero, cuando tenía siete u ocho años, iría atrasado en la escuela y mis padres decidieron que me diera algunas clases particulares en su casa, durante el verano. Don Emilio era amable y paciente, las clases resultaban amenas aunque apenas recuerdo algunas anécdotas. En una ocasión me preguntó: ¿De qué color es el caballo blanco de Santiago?, incluso me repitió la frase pero yo no supe responderle porque la pregunta tiene su truco. Otro día, don Emilio me habló de Cascorro, un poblado de Cuba, donde se encontraba un fuerte español. En 1896, el soldado español Eloy Gonzalo se arrastró con una lata de gasolina hasta la casa donde se encontraban los insurrectos que les atacaban, le prendió fuego y regresó a su posición. Esto hizo que la prensa española de entonces lo convirtiera en el héroe de Cascorro. En la Enciclopedia Álvarez recuerdo que venía un dibujo del soldado, con su lata de gasolina, y una reseña de su hazaña. Desde entonces, nunca he oído hablar de este héroe en los libros de historia, los historiadores españoles aún hoy pasan de puntillas sobre el Desastre de 1898, con la pérdida de las últimas colonias de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. España ya no se recuperó y se encerró sobre sí misma. Pero ahí está su obra, su cultura y su lengua en diecinueve países de Hispanoamérica.

 En lo poco que recuerdo, don Emilio Carmona era muy correcto con los alumnos, en aquella época en que a muchos maestros se les iba la mano y los castigos en las escuelas eran el pan nuestro de cada día: “La letra con sangre entra”, fue el lema durante la Dictadura de Franco y duró más años que los cuentos de Calleja. Saturnino Calleja fue un famoso editor de Madrid, que vivió a finales del siglo XIX y principios del XX. Un día, don Emilio nos contó a los alumnos una anécdota que apenas recuerdo, pero que define su forma de ser. La otra tarde estaba yo en el casino de Federico y, uno de los que estaban jugando en la mesa al dominó, se le ocurrió contar un chiste sobre la Iglesia, de manera que todos se rieron a carcajadas. Pero a mí no me hizo ninguna gracia y le repliqué, porque aquello era una falta de respeto. Así era, pues no permitía ni una broma con la religión. Actualmente don Emilio tiene 80 años y vive en un barrio de la periferia de Granada, hace un año lo llamé por teléfono y me confesó que estaba muy preocupado por la enfermedad de su mujer. En julio pasado lo llamé de nuevo y ahora lo noté más alegre y abierto, a pesar de que Isabel, su mujer, está bastante delgada. Me dijo que don Ramiro, un médico que estuvo en Castilléjar, en los años sesenta, falleció en junio pasado. Quiero tener un recuerdo porque fue un buen  médico y una excelente persona. 

Los alumnos que aparecen en la fotografía con el maestro creo que tienen entre once y doce  años. En aquellos años, los pueblos y las casas estaban llenos de niños, pues los matrimonios solían tener cuatro o más hijos. Hoy, en cambio, la situación se ha invertido, pues los pueblos se han cargado de pensionistas –precisamente, estos chavales de la imagen han llegado o están llegando a la edad de la jubilación–, mientras que escasean los niños, pues en España ya hay más defunciones que nacimientos. 

Manolo Martínez Puerta colgó la fotografía en junio pasado y escribió en Facebook: Bueno, os pondré los nombres de los que me acuerdo empezando por arriba, a la izquierda: José Maeras, Andrés de Vicentón, Juan Fresneda, ?, Carlos Durán, Manolo Gómez, Miguel Morenilla, Antonio el de Iluminada, Miguel el Coscón, José Lózar y Serafín Encinas. Sentados, por la derecha: José Luis el del herrador, Carpintero de Juan, ?, Quico el Moro, Manolo Rodríguez, el de Antonio el barbero, Tomás Pinteño, Manolo Martínez y Ramón Martínez, y por supuesto el maestro es Don Emilio, un gran maestro. La interrogación quiero decir que no me acuerdo del nombre, el 1º sé que vivía en la Sacristía, y el 2º vivía en el molino del Duque. Carlos Durán hace este comentario: Hola, Manolo. Una reliquia, cuántos recuerdos evoca, los niños de nuestra generación, la clase de Don Emilio, prácticamente los recuerdo a todos. Y Don Emilio, el mejor maestro que tuve. Recuerdo cuando algunas tardes nos leía la novela de ‘Lassie’ el perro cazador. Un hombre inteligente y humano. 

He leído los nombres y, al observar sus caras, he reconocido a veces con dificultad a algunos de aquellos compañeros de colegio (han cambiado bastante, pues aquí está su imagen original). A muchos de ellos no los he visto desde la infancia y a otros me los he encontrado en algunas ocasiones, en el pueblo, pues la inmensa mayoría tuvieron que emigrar a Cataluña y a otras regiones. Da vértigo pensar que la mayoría de estos niños son ya abuelos. Carlos Durán me dice que la foto es de 1965 y que posiblemente está hecha en el patio de las antiguas escuelas públicas. Con anterioridad, allí se encontraba la Tercia, donde antiguamente almacenaban el grano para pagar los diezmos. El edificio de las escuelas fue derribado y hoy se encuentra el Ayuntamiento en el mismo solar. En Zújar pasó igual, el antiguo edificio de la Tercia fue destinado a escuelas públicas. 

No me canso de mirar esta foto, aunque yo no aparezco, pues creo que estaba internado en el colegio. A Andrés, el de Vicente, lo he saludado en las fiestas de agosto (no lo veía desde que éramos niños), tiene el mismo semblante y parece que los años no han pasado por él. También he estado con Manolo Martínez, que se conserva bastante bien, lo mismo que Carlos Duran al que saludé el año pasado. Sin embargo, José Lózar falleció hace dos años, y Ramón Martínez hace más tiempo. Varios niños han salido sonriendo, pero llama la atención la naturalidad con la que posan todos, la misma que se aprecia en el maestro –apoya el codo en un alumno, mientras posa la mano en el hombro de otro–, pues les infundía confianza. En las fotografías de aquellos años, los maestros solían salir con cierto empaque y los niños con el gesto serio. A don Emilio le envié esta imagen y le pedí que me diera sus impresiones, o contara algo para el artículo que yo quería escribir, pero no me ha contestado. 






En cuanto a la imagen de las Escuelas creo que no es de 1940 (se construyeron por esos años), pues los vestidos de las mujeres, con sus mandiles, y de las niñas que aparecen, indican que es de los años sesenta. A la derecha, y a continuación de las Escuelas, se aprecia colgado en la pared el anuncio circular de Teléfonos, que era de color azul e indicaba que allí se encontraba la centralita. En aquella época, en Castilléjar, habría unos diez teléfonos, de dos cifras: la farmacia tenía el número 16. La fotografía de los alumnos la hizo mi padre Leandro (la de las Escuelas posiblemente también), pues era el único fotógrafo del pueblo en aquellos años y se nota la mano de un profesional.

 Posdata. El Grupo Escolar Francisco Franco, conocido también por la Tercia. El edificio de las escuelas se ve nuevo, aunque las tejas están descoloridas mientras que en los zócalos de la izquierda se aprecia que en las paredes había humedad. El maestro don Andrés Fernández –era de Galera y falleció hace varios años, en Granada– nos encerró en un aula a varios niños, porque no sabíamos escribir los números que dibujó en la pizarra. La ventana del aula era la que se ve abajo, a la izquierda. Éste era uno de los castigos que solían imponer los maestros. Las niñas entraban por la puerta de la calle del Agua, mientras que los niños lo hacíamos por la plaza de la Constitución. Entre mis maestros recuerdo a don Miguel Lozano, a don Emilio Carmona y don Andrés Fernández, al que visité en su piso de Granada antes de fallecer. Apenas veía y no salía a la calle. También recuerdo a don Bartolomé, que era de Tabernas, y a don Pedro, que estaba algo sordo y nos repasaba las espaldas con la correa. Entonces los pupitres eran inclinados y tenían un agujero para el tintero. No me olvido de don Eloy, que daba clases particulares en su casa.

Recuerdo una anécdota con Pepe Lózar. Yo tenía unos 16 años y el tendría un año más, aquel domingo habíamos bebido más de la cuenta en el bar del Totovío y Pepe me propuso, cuando ya estábamos achispados, que fuéramos a comer cerezas a un bancal que hay cerca de la Fuente del Cuco. Era ya de noche y, por las Eras Bajas, fuimos al Puntal de San Juan y luego andamos por la carretera, que entonces era de tierra, podía habernos atropellado alguno de los pocos coches que circulaban. En el camino íbamos riendo y diciendo tonterías, pero, cuando llegamos nos dimos cuenta que las cerezas estaban verdes... Quiero recordar que nos escurríamos por un ribazo y caíamos al suelo, aunque nosotros no dejábamos de reír. Poco después, emprendimos el camino de regreso. Cuando llegué a mi casa, todos estaban acostados y yo no atinaba a subir por las escaleras. 

Nota: Isabel, la esposa de don Emilio, falleció hace más de un año. 


Artículo recogido en mi libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro (2020)











sábado, 8 de septiembre de 2018

LA VERDAD SOBRE LOS INDEPENDENTISTAS







Sánchez y Torra en la Moncloa






En 1934, el médico y Premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal, escribió un artículo quejándose de los nacionalismos vasco y catalán de España: “Deprime y entristece el ánimo, el considerar la ingratitud de los vascos, cuya gran mayoría desea separarse de la Patria común. Hasta en la noble Navarra existe un partido separatista o nacionalista, robusto y bien organizado, junto con el Tradicionalista que enarbola todavía la vieja bandera de Dios, Patria y Rey. En la Facultad de Medicina de Barcelona, todos los profesores, menos dos, son catalanes nacionalistas; por donde se explica la emigración de catedráticos y de estudiantes, que no llega hoy, según mis informes, al tercio de los matriculados en años anteriores. Casi todos los maestros dan la enseñanza en catalán con acuerdo y consejo tácitos del consabido Patronato, empeñado en catalanizar a todo trance una institución costeada por el Estado”. A continuación, desenmascara a los independentistas: “A guisa de explicaciones del desvío actual de las regiones periféricas, se han imaginado varias hipótesis, algunas con ínfulas filosóficas. No nos hagamos ilusiones. La causa real carece de idealidad y es puramente económica. El movimiento desintegrador surgió en 1900, y tuvo por causa principal, aunque no exclusiva, con relación a Cataluña, la pérdida irreparable del espléndido mercado colonial. En cuanto a los vascos, proceden por imitación gregaria. Resignémonos los idealistas impenitentes a soslayar raíces raciales o incompatibilidades ideológicas profundas, para contraernos a motivos prosaicos y circunstanciales”.

Durante la II República se aprobaron los estatutos de autonomía de Cataluña, el País Vasco y Galicia, pero fueron suspendidos por la Dictadura de Franco. Durante la Transición, se reconocieron las 17 autonomías actuales y el problema nacionalista catalán resurgió con el presidente Jordi Pujol (Tarradellas entonces lo tachaba de banquero ladrón), que, en los años 90, ya decía que Cataluña “es una nación”. Tiempo después se inventó el eufemismo de la “inmersión lingüística” en las escuelas –la mayoría de la enseñanza se daba en catalán–, para acabar denunciando que “España nos roba”, precisamente en la época que toda la familia Pujol más robaba a los catalanes. Era cuando Marta Ferrusola, la esposa de Pujol, decía: “No se puede salir al parque porque está lleno de castellanos”. Hoy habría que decir que está lleno de africanos, pues este año ya han entrado por las costas españolas unos 30.000 en pateras. Pujol ha sido el patriarca del nacionalismo catalán y su obra la continúan sus acólitos: nombró presidente a Artur Mas y este se retiró nombrando al concejal Puigdemont, que se encuentra exiliado en Belgica, tras proclamar con la boquilla la República catalana. Esto es algo que los nacionalistas catalanes tienen que hacer cada 50 años para sentirse que ellos som una nació, como Inglaterra o más. El general Espartero y el presidente Azaña opinaban, en cambio, que había que bombardear Barcelona cada 50 años.

Santiago Ramón y Cajal, en su artículo, les echaba en cara la historia, las afrentas y la ingratitud: “¡Pobre Madrid, la supuesta aborrecida sede del imperialismo castellano! ¡Y pobre Castilla, la eterna abandonada por reyes y gobiernos! Ella, despojada primeramente de sus libertades, bajo el odioso despotismo de Carlos V, ayudado por los vascos, sufre ahora la amargura de ver cómo las provincias más vivas, mimadas y privilegiadas por el Estado, le echan en cara su centralismo avasallador. No me explico este desafecto a España de Cataluña y Vasconia. Si recordaran la Historia y juzgaran imparcialmente a los castellanos, caerían en la cuenta de que su despego carece de fundamento moral, ni cabe explicarlo por móviles utilitarios. A este respecto, la amnesia de los vizcaitarras es algo incomprensible. Los cacareados Fueros, cuyo fundamento histórico es harto problemático, fueron ratificados por Carlos V en pago de la ayuda que le habían prestado los vizcaínos en Villalar, ¡estrangulando las libertades castellanas! ¡Cuánta ingratitud tendenciosa alberga el alma primitiva y sugestionable de los secuaces del vacuo y jactancioso Sabino Arana y del descomedido hermano que lo representa! La lista interminable de subvenciones generosamente otorgadas a las provincias vascas constituye algo indignante. Las cifras globales son aterradoras. Y todo para congraciarse con una raza (sic) que corresponde a la magnanimidad castellana (los despreciables ‘maketos’) con la más negra ingratitud. A pesar de todo lo dicho, esperamos que en las regiones favorecidas por los Estatutos, prevalezca el buen sentido, sin llegar a situaciones de violencia y desmembraciones fatales para todos. Estamos convencidos de la sensatez catalana, aunque no se nos oculte que en los pueblos envenenados sistemáticamente durante más de tres decenios por la pasión o prejuicios seculares, son difíciles las actitudes ecuánimes y serenas”.


Hoy tenemos a Pedro Sánchez, el peor presidente de la democracia en España (más irresponsable que Zapatero, que ya es decir), al que han bastado unos días de Gobierno para comprobar su incapacidad e ineptitud. En tres meses de Gobierno todo ha empeorado (la emigración, la economía y el problema catalán, donde ya se vive la ruptura) y, en vez de aplicar el artículo 155 en Cataluña, por las amenazas intolerables del presidente subalterno Quim Torra –dice que va a atacar al Estado y a sacar los presos políticos a la calle, con el Parlamento catalán cerrado, como hicieron Hitler y Maduro–, Sánchez va a aprobar la celebración de un referéndum para el autogobierno de Cataluña, para congraciarse con los nacionalistas y con los de Podemos, porque depende de sus votos para gobernar. Es un Gobierno de títeres y bandazos.

Cajal finaliza su artículo proponiendo una solución al nacionalismo, aunque ya barruntaba el peligro que suponía para España: “No soy adversario, en principio, de la concesión de privilegios regionales, pero a condición de que no rocen en lo más mínimo el sagrado principio de la Unidad Nacional. Sean autónomas las regiones, mas sin comprometer la Hacienda del Estado. Sufráguese el costo de los servicios cedidos, sin menoscabo de un excedente razonable para los inexcusables gastos de soberanía. La sinceridad me obliga a confesar que este movimiento centrífugo es peligroso, más que en sí mismo, en relación con la especial psicología de los pueblos hispanos. Preciso es recordar –así lo proclama toda nuestra Historia– que somos incoherentes, indisciplinados, apasionadamente localistas, amén de tornadizos e imprevisores. El todo o nada es nuestra divisa. Nos falta el culto de la Patria Grande. Si España estuviera poblada de franceses e italianos, alemanes o británicos, mis alarmas por el futuro de España se disiparían. Porque estos pueblos sensatos saben sacrificar sus pequeñas querellas de campanario en aras de la concordia y del provecho común".

La causa de los independentistas de hoy sigue siendo la económica, como en 1934: Cataluña quiere tener un Concierto Económico, como el País Vasco, para pagar menos al Estado, y un Estatuto de Autonomía (no lo votó ni la mitad de los catalanes) con algunos artículos que el Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales. Este Estatuto es el que Sánchez quiere someter a referéndum en Cataluña, así como aprobar los Presupuestos Generales prescindiendo del Senado, saltándose la ley. Por eso, cuanto antes convoque elecciones este titiritero de la política, apoyado por quienes quieren romper España, será mejor para todos. Pero habría que preguntarles a los independentistas de raza superior, de estas dos autonomías privilegiadas que reciben más inversiones que las demás: ¿cómo es posible que el País Vasco reciba más de lo que da al Estado, que España sea el mercado de Cataluña y que, en agradecimiento, desprecien a todo lo español?


domingo, 22 de julio de 2018

EL TRÁGICO VERANO DE 1936






El Albaicín desde e Peinador de la Reina. 1955





En los días previos a la Guerra Civil (18 de julio), el diputado y jefe de la Oposición José Calvo Sotelo visita las Escuelas del Ave María, acompañado del obispo Manuel Medina Olmos y de don Pedro Manjón. La foto es todo un presagio y nadie podía imaginar la tragedia que se estaba tramando en España. Calvo Sotelo fue asesinado el 17 de julio y el obispo Medina Olmos, el 30 de agosto. Sin embargo, el uno de julio de 1936 aparece en el periódico Ideal este refrescante anuncio: “Pruebe la mejor chufa en café bar Suizo. Nevería mostrador. Horchata de chufa, blanco y negro, leche rizada..., a 0,50 pts. Merengada y turrón napolitano, a 0,70”. Este otro anuncio ofrece al público las legítimas tortas: “Última novedad: torta valenciana a 0,5 y 1 peseta pieza. Pastelería Bernina”. Un viajante ofrece el último grito en bragueros: “A los herniados. El conocido ortopédico ‘Hernius’ en Granada, con el famoso ‘super comprensor Hernius automático’ (patentado). No lleva trabas ni tirantes, bajo nalgas, no oprime...”. Otros anuncios de entonces solían utilizar como gancho nombres como los de los actores de Hollywood: “Será usted hermosa conservando sano su cutis. El tratamiento de Elizabeth Arden... Para detalles e instrucciones pida ud. el folleto, ‘En pos de la belleza’. Perfumería la Victoria. Zacatín, 51”. Pero liarse un cigarro, darle un lametón al papel y encenderlo con el ‘mataconejos’, seguía siendo cosa de hombres, así como llevar la colilla apagada colgando del labio: “Almacén de papeles de fumar al por mayor. Ventas en firme. José Costales. Mesones, 22”.

“La Higienizadora-Vaquería ofrece a usted, como siempre, su puntual servicio a domicilio en botellas precintadas y venta directa de leche ordeñada, a presencia del cliente, en su establo-modelo. Nueva de San Antón, 13”. Entonces, el olor a las vacas llegaba hasta Puerta Real. La vaquería se trasladó enfrente del Hospital la Inmaculada y hoy se encuentra al final de la avenida de los Juncos. La conocida farmacia Zambrano, en Reyes Católicos ofrecía “medicamentos químicamente puros. Análisis de orina, sangre, esputos, etc.”. Era la más antigua, pero la han cerrado hace poco, cuando conservaba el artesonado de madera y muchas reliquias de aquellos años. Entre los anuncios por palabras, destacaba esta vieja profesión, como las famosas cigarreras de la fábrica de tabacos de Sevilla: “Liador de tabaco. Juan de Dios Pareja. San Juan Baja, 17”. Los entierros pobres, con los pies del muerto asomando por la cuesta de los Chinos, tenían los días contados: “Funeraria católica, casa Moral. Servicios económicos y traslados en auto. San Jerónimo”. En esta calle siempre ha habido alguna funeraria. En aquel caluroso y largo verano del 36, el desaparecido teatro Cervantes estrena una película sonora: “Metro Goldwyn Mayer presenta una de sus producciones de mayor éxito y totalmente hablada en español, ‘La estropeada vida de Oliverio VIII’. Por los famosos actores Stan Laurel y Oliver Hardy. Dos horas de risa, dos. Butaca 1 pta. General  0,40”. Los personajes de “el Gordo y el Flaco” desaparecieron con la llegada del cine sonoro, en esos años, como le ocurrió a muchos actores. Una academia prometía un buen sueldo para toda la vida: “Oposiciones oficiales Diputación Granada; 3.000 pesetas (año) y quinquenios”.


El 16 de julio está la famosa ‘Semana del Duro’ –¡todo a duro, señora!– y en grandes letras puede leerse en Ideal: “Almacenes la Paz continúa la venta especial del duro. Tres camisas caballero y una corbata, un duro. Un vestido percal y un jersey señora, un duro... Y muchos lotes más. Gran Vía, 2”. Para la gente acomodada, nada mejor que un pisito céntrico: “Alquilo hermoso piso, amplio, confort y con aguas corrientes. 100 pts. Arteaga, 6”. Este otro señor se sacaba unas perras apretujando a la familia: “Huéspedes. Admitiría estables en familia. Buensuceso, 1”. Como había falta de higiene y malas costumbres, abundaba esta publicidad: “Dr. Cazorla Romero. Especialista en piel, venéreo y sífilis. Calle Duquesa”. Pero el 19 de julio, apareció el diario con estos titulares: “El Gobierno denuncia la existencia de una sublevación militar en Marruecos. Confía en dominarla rápidamente”. Sin embargo, en páginas interiores, la vida discurría como siempre: “Pastelería López Mezquita hermanos. Reyes Católicos, 45”. El compositor Manuel de Falla, que era dulcero, solía hacer los encargos aquí. Para el 21 de julio, todo había cambiado dramáticamente para los granadinos: “Ayer fue declarado el estado de guerra. Las Fuerzas ocuparon sin incidentes la población y los edificios públicos”. Dos días después, Ideal sale con seis páginas, en vez de las ocho habituales. A finales de julio, apenas se ven anuncios en la prensa y sólo dos cines –de los cuatro que hay en Granada– publican la cartelera.

Un mes después, el 21 de agosto, las páginas del diario son ya una incesante crónica de sucesos, con algún que otro bando y consignas a la población: “En el casino, en el café, en el coche, te puede oír quizá un enemigo...”. Media página ocupa la “charla de casino” del general Queipo de Llano. Daba charlas radiofónicas en Radio Unión de Sevilla y lo suyo eran los fusilamientos. Para acallar los continuos rumores que circulan estos días, las autoridades franquistas aseguran en un titular de prensa (sic): “En Granada reina absoluta tranquilidad”. Sin embargo, en los primeros días de la guerra fue cuando más se fusiló en ambos bandos. Este anuncio del 16 de septiembre llama poderosamente la atención: “Liadora de tabaco. Viuda de Juan de Dios Pareja. San Juan Baja”. De la noche a la mañana, aquella mujer se quedó viuda y sin saber qué hacer. Una patrulla se llevaría de noche a su marido y ya no lo vio más. Tanto es así, que nadie sabría describir el pánico de los niños, el llanto de las mujeres y el miedo de los hombres,  

Los camiones llenos de soldados recorrían las calles de Granada y, al amanecer, las camionetas repletas de presos subían por la cuesta de Gomérez, mientras que la atemorizada población escuchaba, por la radio, los partes de guerra al anochecer (de ahí viene “el parte”, que tanto le gustaba oír a nuestros padres). Esto era el pan de cada día, pero la vida seguía su curso: “Ama de cría se necesita para casa de padres”. A finales de septiembre, se podía leer esto: “¿El mejor regalo para San Miguel? Las exquisitas tortas de pastelería París. Reyes Católicos, 14”. En Lanjarón, una casa próxima al balneario, anunciaba: “Se alquilan pisos amueblados, con aguas corrientes en todas las habitaciones. Razón en el Hotel Salud”. Y la fábrica de jabones la Maravilla, de Cájar, todavía no había echado el cierre: “Los jabones de esta casa están elaborados con aceite de primera calidad”. En esos años, ya era famoso en España el jabón ‘Lagarto’. Pocos meses después del comienzo de la guerra, millones de españoles comían pan negro y las autoridades impusieron las cartillas de racionamiento hasta 1953. Este 18 de julio ha hecho 82 años que estalló la Guerra Civil y todavía no han cicatrizado las heridas entre los españoles.





sábado, 7 de julio de 2018

RECORTES EN EL SAS





Hospital Reina Sofía de Córdoba





“El SAS recorta en verano en la Sanidad Pública en la Comarca de Baza” así  reza este titular en el diario Motril@Digital, de fecha 22 de junio pasado, y añade que “la Junta de Personal del Área de Gestión Sanitaria Granada Nordeste ha mostrado hoy su desacuerdo con el plan de vacaciones  programada por la Gerencia  en dicha área sanitaria para este verano, basado  una vez más en la política de recortes del Servicio Andaluz de Salud (SAS). Así se va a reducir personal y se reduce en número de camas”. Los representantes sindicales denuncian también que en el Hospital Comarcal de Baza se van a cerrar 14 camas del Servicio de Cirugía y 6 camas del Servicio de Medicina Interna, y se van a reducir el número de consultas médicas tanto en el hospital como en los centros de salud de la comarca, a la vez que se van a cerrar algunos consultorios. Por si esto fuera poco, el gerente ha decidido de forma unilateral el cierre de la planta de Cirugía, y la une con la planta de Traumatología. Todo esto supone menos personal, menos camas y menos calidad del servicio al usuario.

El Servicio Andaluz de Salud suele hacer esto cuando llegan las vacaciones del verano, dejando menos personal y menos camas en los hospitales. Nada de extraño tiene que Andalucía ocupe los últimos lugares de España en Sanidad y en Educación, por no hablar de pobreza. El País Vasco gasta el doble que Andalucía, por alumno en Educación; y otro tanto se puede decir en Sanidad. Desde hace más de diez años, se han ido produciendo continuos y alarmantes recortes en el SAS, lo que produce largas listas de espera, numerosas reclamaciones y menos atención a los pacientes. Muchos servicios están privatizados y Susana Díaz casi ha desmantelado la Sanidad con sus recortes.

Si, ahora, el Gobierno de Pedro Sánchez va a dar cobertura a un millón de inmigrantes en la Sanidad española, las cosas van a empeorar bastante. Primero tendrán que aumentar las inversiones para contratar más personal y adquirir más camas, pero de esto no dicen nada. En los pueblos, la asistencia médica o las Urgencias lo tienen peor que en las ciudades, como en las comarcas del Altiplano, los Montes Orientales y las Alpujarras, donde la despoblación hace estragos. Cuando yo era un niño, recuerdo que la gente decía: "Nosotros tenemos  unas  perras guardadas por si nos ponemos malos". Y cuando mi hermano cogió el sarampión, mi madre me metió en la cama con él para que yo me contagiara también. Esto solía hacerse para que pasáramos la enfermedad a la vez, no sé si por indicación del médico o por ignorancia. Recuerdo que mi madre nos dio de postre un plátano, cuando esta fruta sólo la comían los ricos. En los años sesenta, cuando alguno se quedaba enfermo en la cama y decidían llamar al médico, la familia se ponía la ropa del domingo o algo más decente porque la visita del facultativo era todo un acontecimiento.

Los médicos de cabecera entonces eran unos profesionales, con vocación, pues tenían que darle solución a todas las enfermedades y casos que se les presentaban, cuando la higiene era mucho menor mientras que la mortalidad infantil y de la población en general era bastante alta. La vida media de los españoles estaría en 70 años, cuando hoy se encuentra en 83 y 85 años para los hombres y mujeres, respectivamente. Habría unos dos millones de jubilados, con sus paguillas, como decían los abuelos, cuando hoy pasan de nueve millones y hay que poner dinero de los presupuestos porque las cotizaciones no alcanzan para pagar las pensiones. Estaba entonces lo que llamaban la ‘Iguala’, donde el paciente le pagaba cierta cantidad de dinero al médico para tener derecho a la asistencia sanitaria. También solían regalarles una gallina, un borrego o un conejo, en fin, una especie de copago; una mujer me contó hace unos diez años que le regaló un borrego a su médico. Baza distaba 30 km de Castilléjar, por aquella infame carretera de piedras y de polvo, y recuerdo que mi madre me llevó a que me viera el especialista para hacerme una radiografía. Los Rayos X entonces eran el no va más, y Baza (los baceños, como les decían entonces) tenía un pequeño hospital y algunos especialistas médicos. Había que salir a las 8 de la mañana, en el coche correo de la empresa Maestra, y regresar al pueblo a las 6 de la tarde. Granada se encontraba a unos 140 km, se echaba un día para ir y otro para venir, pues el transporte público no daba para más. Las Urgencias no existían y para todo estaba el médico de cabecera, por lo que no era difícil morirse por falta de medicamentos o de asistencia sanitaria.

En 1908, el Gobierno conservador de Antonio Maura creó el Instituto Nacional de Previsión mientras que los trabajadores cotizaban una perra gorda para el Seguro Obrero Obligatorio. De ahí el nombre de la Casa de la Perra Gorda, en la Gran Vía de Granada, donde se encontraba el Instituto Nacional de Previsión, y que hoy es la Tesorería General de la Seguridad Social. El SOVI (Seguro Obrero de Vejez e Invalidez) estuvo en vigor desde 1939 hasta 1967 para cubrir situaciones de jubilación e incapacidad permanente, incluyendo el derecho a acceder a la pensión de viudedad a la mujer del trabajador fallecido que lo estuviera percibiendo, aunque, en los años sesenta, miles de los españoles no tenían acceso a la Seguridad Social. En 1978, ya con la democracia, se reorganiza el Instituto Nacional de Previsión mientras que la Constitución española reconoce en el artículo 41: “Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo. La asistencia y prestaciones complementarias serán libres”. Ni que decir tiene que se ha avanzado mucho en la asistencia sanitaria y en los servicios sociales, no hay más que comparar los índices de mortalidad infantil de aquellos años con los actuales. Sin embargo, se producirá un notable retroceso con los recortes de personal, de camas y de presupuesto.




sábado, 9 de junio de 2018

EL FÚTBOL Y LAS ILUSIONES PERDIDAS


Equipo de fútbol de Castilléjar, septiembre 1968



Cuando jugábamos al fútbol en el pueblo, teníamos que limpiar los montones de estiércol de las eras -entonces las pulgas nos comían- y mover aquellos rulos de piedra del Paleolítico. Ir en bicicleta de Castilléjar a Galera -16 km ida y vuelta-, jugar el partido y regresar cansados de noche, por aquel camino de herradura, era una bonita aventura de unos chavales de quince y poco más años que ponían toda la ilusión del mundo y sin ayuda de nadie. Para organizar el partido de fútbol, íbamos a la operadora de la centralita del teléfono para que nos pusiera con la operadora de la centralita de Galera: Mire usted, a ver si puede hacer el favor de llamar a Pepe, el hijo de Encarna, para organizar un partido de furbo. La buena mujer mandaba a alguien que le diera el recado a Pepe y, mientras iba y venía, nos tirábamos toda la mañana en la centralita.

En 1968, ¡cuántas sensaciones!, cuando llegué a ver al Real Madrid de Gento, Velázquez y Amancio pasándose la pelota en el estadio Los Cármenes, a unos metros de donde yo me encontraba, y a Ñito (Ciprianito), el portero del Granada haciendo de las suyas... Gento dijo entonces que el estadio Los Cármenes parecía una era. Recuerdo que algunas tardes acompañaba al maestro don Miguel Lozano, dando un paseo por la carretera de tierra del pueblo, mientras oíamos por el transistor Radiogaceta de los Deportes, en la Cadena Ser, que entonces comenzaba su andadura. Pero todo aquel mágico mundo del deporte en que yo vivía se vino abajo bastantes años después. Con los millones que costaban los grandes fichajes del fútbol, vinieron oscuros empresarios y personajes grotescos: zafios como Jesús Gil o impresentables como Ruiz de Lopera, del Betis... Incluso el entrenador del Real Madrid, el mítico Amancio, le llamaba la atención al joven Butragueño porque no le gustaba que estudiara la carrera de Economía, en sus ratos libres, lo que da idea de la pobreza intelectual del fútbol.

Y con los grandes ídolos, vino el fútbol global, recordando el famoso pan y circo de Marcial. Desde hace años, los comentaristas deportivos y los futbolistas hablan de la Champions League, aunque a los ingleses nunca se les ocurriría decir la Liga de Campeones, y del centro-chut (centra y dispara). Llaman el mister al entrenador o la selección de basket, en vez de baloncesto. Luego tienes los anglicismos –bastantes deportes vienen del Reino Unido– linier (juez de línea), off side (fuera de juego), play off (fase final de una liguilla), córner (saque de esquina), etc. En más de una ocasión, me ha sorprendido ver en las portadas de la prensa deportiva, el horroroso y difícil vocablo hat-trick, cuando lo suyo sería marcó tres goles o hizo tres dianas en el partido. ¡Cuánto analfabetismo! También se oyen expresiones incorrectas, como pasó lamiendo la cepa del poste (sobra la cepa); o el equipo no está acertado a la hora de definir. Es mejor decir a la hora de marcar, pues los goles no se definen. ¿Y cuando el comentarista deportivo repite por enésima vez el tiempo reglamentado? Lo correcto es el tiempo reglamentario. Incluso hoy apenas se oye la palabra guardameta, en vez de portero. El guardameta Ricardo Zamora, se leía en la prensa de los años sesenta… Me encantan las palabras el cuero (antiguamente los balones eran de cuero) y la usan en Argentina, o la cancha, que proviene de los quechuas peruanos. También el término larguero.

El caso es que los errores y los desmanes lingüísticos están a la orden del día en los medios de comunicación deportivos, incluso en los diarios de opinión, y la cosa no se queda ahí. Hace quince años, copié este titular de la portada del diario deportivo AS, de Madrid: Ronaldo desafía a Ronaldinho en la concentración de Brasil. ‘Pelitos, olvídate: la Liga es blanca’. Y en páginas interiores, después de dedicarles un chorro de fotos, decía: AS reunió a los dos cracks brasileños... El caso es que, después de describir todo el fútbol de Primera y Segunda División, y parte del extranjero, la Vuelta ciclista a España aparece a partir de la página 28: Petacchi ganó el sprint sobrado... Para el diario deportivo tenían más relevancia las opiniones de los dos futbolistas brasileños -no alcanzaban a tener los estudios primarios-, que toda una etapa de la Vuelta. Gasol, que entonces era el máximo anotador del Campeonato de Europa de Baloncesto y jugaba ya en la Liga ACB de los Estados Unidos, aparecía en la página treinta y dos del deportivo AS. Lo cierto es que los periódicos deportivos y los comentaristas de la televisión de hoy no han cambiado mucho y siguen dando preferencia al fútbol, porque es un deporte de masas. Con frecuencia he observado que un deportista español ha conseguido una medalla o un récord en el extranjero, o bien un equipo de baloncesto se ha clasificado para la final... Pues, bien, en primer lugar, te ponen en la televisión el fútbol de primera división, aunque sea un partidillo de entrenamiento, o te comentan alguna payasada de Piqué, luego le dan un repaso al fútbol de segunda y, por último y de pasada, mencionan al atleta español o al equipo de baloncesto o vaterpolo. Mayor analfabetismo, por no decir maldad, no se puede pedir, aparte que de esta forma no se fomenta el atletismo, ¿quién se va a meter a atleta en España? Con la de horas de entrenamiento y esfuerzo que lleva.

En el ciclismo, también se utiliza la palabra francesa el maillot amarillo, en vez de la camiseta. Y en el mundo del motor destacan los anglicismos la pole position (en vez de decir la primera posición), pero los comentaristas son más finos y dicen la pole, o bien, el ferrari ha entrado en boxes. Y encima se las dan de cultos, como que saben inglés. Los anglicismos, galicismos y extranjerismos han colonizado el idioma español, también en informática, en el mundo de los vehículos (airbag, sistema ABS o de antibloqueo) y no digamos con el teléfono móvil: envíame un email o un wasap, en vez de decir un correo electrónico o un mensaje; compra un Iphone android o un Smarphone. Pero el español no sabe defender siquiera sus tradiciones (como los ingleses, franceses, estadounidenses y tantos países europeos…), mientras se queda admirado con todo lo que viene de fuera. Esto ya lo denunciaba José de Cadalso en sus “Cartas marruecas”, en el siglo XVIII.

Queremos conservar el medio ambiente y no tener contaminación, las especies en peligro de extinción y nuestros monumentos. Sin embargo, nos hemos olvidado de conservar nuestro idioma y cada día utilizamos más los términos extranjeros para relacionarnos. ¿Qué será de aquí a unos años? El español o castellano está perdiendo peso en el mundo, aunque se habla nada menos que en veinte países, pero aquí estamos adoptando cualquier palabreja que nos viene de fuera, especialmente del mundo anglosajón. ¡Es el sino de este país! La culpa la tenemos todos, porque los españoles no sabemos defender lo nuestro, ni siquiera nuestra historia y nuestras victorias, a diferencia de nuestros vecinos europeos. La Academia Española de la Lengua debería estar más vigilante con la conservación y la pureza de nuestro idioma, pues se ha convertido ya en un mestizaje de palabras, el spanglish, como le llaman a la fusión semántica y morfosintáctica del español con el inglés británico. Y sin embargo, siempre habrá unos chavalines que quieran imitar a sus ídolos del deporte, con las mismas ilusiones que cuando nosotros éramos unos chiquillos.

PosdataLa alineación del equipo de Castilléjar, empezando por arriba, de izquierda a derecha: Javier López, Julio Carasa, Antonio Jiménez, Miguel, Pepe Pinteño y Leandro García. Agachados: Ramón Zambudio, Cirilo Vico, Pepe Lózar, Quico 'el Coca' y Andrés el de la Lucre. Ganamos al equipo de Galera 2-1, en la Feria de Septiembre de 1968. Quiero tener un recuerdo para los que fallecieron: Javier López, Antonio Jiménez, Pepe Lózar, Quico 'el Coca' y Andrés. 

Artículo de de mi libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro. 2020