viernes, 22 de noviembre de 2019
sábado, 9 de noviembre de 2019
"EL NEVERAL", DE JAÉN
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| "El Neveral" |
Hace varios años, fui
a Jaén a visitar a un amigo y de paso visité también el “Hospital El Neveral”, en
el cerro del mismo nombre, cerca del Castillo de Santa Catalina, donde el
general Charles De Gaulle, ya retirado de la política –fue presidente de la
República de Francia–, se encerró durante meses y escribió parte de sus
memorias. “El Neveral”, como se le conocía, empezó a funcionar en 1934 y,
durante muchos años, fue un sanatorio antituberculoso por donde han pasado más
de 25.000 enfermos, muchos de ellos procedían de las minas de Linares. Al
principio tenía tres plantas con ciento diez camas, pero en 1950 llegó a contar
con cuatrocientas camas, en aquellos años de miseria en que había muchos
enfermos de tuberculosis, porque era muy contagiosa. El “Hospital El Neveral”
me recuerda la novela del escritor alemán Thomas Mann, “La montaña mágica”
(1924), donde relata la vida interior, afectiva e intelectual de los pacientes,
en el sanatorio antituberculoso de Davos, en los Alpes suizos, que hablan sobre
la enfermedad, la muerte, la política, etc. La novela retrata a la burguesía
europea de los años anteriores a la I Guerra Mundial. En 1981, “El Neveral”
pasó a llamarse “Centro Hospitalario de Enfermedades del Tórax, Dr. Sagaz”, en
reconocimiento a la labor que este médico desempeñó en Jaén.
En Granada fue famoso el “Hospital Antituberculoso de San Lázaro”, que fue fundado por los Reyes Católicos en el siglo XV para el cuidado de los enfermos de lepra, en realidad era un lazareto. Su primera ubicación fue la placeta de las Tomasas, pero se trasladó en 1514 al barrio de San Lázaro, en la zona que hoy ocupan los juzgados de La Caleta. Dependía de la caridad para su mantenimiento pero, en el siglo XVIII, el rey Carlos III lo puso bajo su protección, hasta que en 1839 pasó a Diputación que encargó a las Hijas de la Caridad el cuidado de los enfermos. En 1937 el hospital se adaptó a las necesidades de la Guerra Civil y fue dedicado al cuidado de los enfermos de tuberculosis. En 1971 el hospital cerró sus puertas y fue derribado en 1973.
En Granada fue famoso el “Hospital Antituberculoso de San Lázaro”, que fue fundado por los Reyes Católicos en el siglo XV para el cuidado de los enfermos de lepra, en realidad era un lazareto. Su primera ubicación fue la placeta de las Tomasas, pero se trasladó en 1514 al barrio de San Lázaro, en la zona que hoy ocupan los juzgados de La Caleta. Dependía de la caridad para su mantenimiento pero, en el siglo XVIII, el rey Carlos III lo puso bajo su protección, hasta que en 1839 pasó a Diputación que encargó a las Hijas de la Caridad el cuidado de los enfermos. En 1937 el hospital se adaptó a las necesidades de la Guerra Civil y fue dedicado al cuidado de los enfermos de tuberculosis. En 1971 el hospital cerró sus puertas y fue derribado en 1973.
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| Enfermos del Hospital de San Lázaro |
Cuando asomaba alguna
nube sobre la ciudad de Jaén, se posaba encima del cerro “El Neveral” y poco
después comenzaba a llover. Por el cerro también se ponía el sol durante el
invierno, sobre las diecisiete horas, lo que hacía que las tardes fueran algo
tristes, pues anochecía antes. En los años ochenta, mis hijos eran pequeños y
algunos domingos los llevaba a pasar la tarde a los cuidados jardines del
“Hospital El Neveral” y allí jugaban en aquellos pequeños laberintos. Era un lugar
tranquilo y apacible donde apenas había gente y paseábamos en medio de los pinos
de la montaña. En la primavera pasada, estuve varias veces con mi hermano
paseando por allí, durante la mañana, para que se soltara con el andador. Ahora
los jardines están abandonados, pero se respira mucha paz y tranquilidad, lejos
del tráfico y del ruido de la ciudad. De vez en cuando veíamos algún vehículo
de la funeraria que salía del hospital, en dirección a algún tanatorio de la
ciudad, o algún turismo que subía. Han cerrado algunas plantas, incluso la
cocina, por lo que ahora sirven a los enfermos comida de catering, de manera
que muchos jiennenses tienen la impresión de que lo están desmantelando poco a
poco. Estos pinares de la montaña, en medio de la niebla y de las nubes de la
primavera, tienen cierto aire romántico para los que vamos de visita y a pasear.
Sin embargo, “El Neveral” ha sido el hospital donde miles de personas se han
recuperado de su enfermedad mientras que para otras miles ha sido la antesala
de la muerte.
martes, 5 de noviembre de 2019
KAFKA EN LA ADMINISTRACIÓN
Acabo de leer el escrito que le dirijo al jefe de servicio de Gestión de Personal (enero de 1994) y me quedo alucinado, me cuesta trabajo creer que me ocurrieran todas aquellas desdichas, que hubieran tumbado a cualquiera. Recuerdo que, en el instituto de…, necesitaban a un auxiliar administrativo y me ofrecí voluntario, aunque yo era administrativo. Me venía bien cambiar de aires y mi gesto lo tomaron como un favor que les hacía, pues hubieran tenido que convocar una plaza y cubrirla por enfermedad de la auxiliar laboral, una joven contratada que estaba casi siempre de baja, pues se comentaba que se la proporcionaba un médico con el que tenía amistad. Fue incorporarme al instituto, cuando la auxiliar se dio de alta temiendo que le quitara el puesto o que suprimieran su plaza, como me enteré unos meses después. Tras los primeros días trabajando juntos, en que todo fueron atenciones y parabienes (días de vino y rosas), la desgracia empezó a cebarse conmigo. La contratada empezó a propagar bulos y calumnias entre el profesorado, supongo que con el objeto de que me echaran cuanto antes del instituto para que las cosas siguieran como estaban. Así, una mala persona –o una mente enferma– te puede echar encima a toda la tribu, con engaños y artificios, sin que te enteres ni sospeches de lo que se trama a tus espaldas. Si alguien va acusándote por ahí de que has dicho esto o lo otro, de tal o cual profesor (al que ni siquiera conoces), nada de extraño tiene que te miren más o menos como a un delincuente.
En este plan la auxiliar convenció al
director, a la secretaria y al administrador, de modo que tuve discusiones con
algún que otro profesor, dieron parte de mí sin informarme siquiera, vino un
inspector a tomarme declaración, me prohibieron llamar por teléfono, me echaron
de la sala de profesores y del bar, en fin, una serie de vejaciones,
humillaciones y arbitrariedades como las que le expongo en el escrito al jefe
de servicio. Yo no sabía por dónde me venían los tiros, pero todo esto se puede
conseguir difamando y manipulando a la personas. Ambos trabajábamos juntos en
una pequeña oficina, pero cuando la auxiliar laboral llegó quitaron las
persianas para que estuviéramos a la vista del público. Hasta aquí, nada de
particular. El caso es que me cayó muy bien al principio, por lo atenta y
amable que se mostraba conmigo, pero cuanto me sonsacaba, lo iba largando a
unos y otros a su conveniencia y, cuando no, se inventaba las cosas. Yo le
hablaba con confianza a esta chavala de unos treinta años, pero luego iba con
chismes a unos y a otros, puro maquiavelismo. Recuerdo que un día, uno de los
mejores profesores del centro la llamó “tía guarra”, delante de los alumnos, y
la nena no dijo esta boca es mía. Como no se aseaba ni duchaba, olía a sudor, por
lo que no es difícil imaginar cómo tendría su casa. El caso es que vio en mí al
compañero ideal para “hacerle la vida imposible”, pero sin compasión, a ver si
me echaban cuanto antes del instituto, no vaya a que suprimieran su plaza y me
la dieran a mí. Sin embargo, esto no era posible ni a mí me interesaba pues yo
era de un grupo superior. Es más, en Educación hicieron un cambalache (sin
traslado ni nada) pues tenía mi plaza en otro instituto.
La auxiliar laboral quería que los
profesores le estuvieran agradecidos y, para ello, se prodigaba haciéndoles toda
clase de favores, mientras que yo me atenía a mis funciones, También podía
influir mi carácter un tanto reservado. En el fondo, creo que la contratada no
estaba bien –tenía bastantes problemas con su familia– y algo tuve yo que
decirle para mostrarme ese rencor, quizá cuando descubrí su doble juego. Como
yo era funcionario de carrera, me hizo firmar un escrito por el que renunciaba
a su plaza, pues temía que yo se la arrebatara debido a sus prolongadas bajas. El
delegado de Personal de Comisiones Obreras envió una reclamación al inspector
de los Servicios, de la Delegación de Educación, pues yo era delegado del
sindicato en el instituto donde estaba destinado. Pero éste era el trato que dispensaban
al personal en aquel centro, y eso que yo era delegado.
Baste decir que el ordenanza tenía que
venir por las tardes, a abrir la puerta del centro, para que el director y sus
amiguetes –entre ellos, el dueño de un hotel– echaran su partida de tenis en
las instalaciones deportivas. Esto es lo que se llama realizar actividades
prohibidas en un centro público: utilizando al personal laboral, fuera de las
horas de trabajo, así como las instalaciones deportivas fuera de las horas
lectivas. En fin, no se puede abrir un instituto público para tus intereses
particulares, para que eches unas partidas de tenis con personal ajeno. Es de
suponer que el hotelero recompensaría los favores que le hacía el director. Así
andaban las cosas entonces y no pasaba nada, y a ver quien se atrevía a
denunciar esto. El director utilizaba el instituto como si fuera su cortijo, y
al personal como sus lacayos, mientras que a mí me abrían un expediente porque
me negaba a hacer funciones que no me correspondían.
En febrero de 1996, yo llevaba cinco
meses destinado en Granada y habían transcurrido más de dos años de estos
hechos. El instructor me tomó declaración “en calidad de testigo”, porque el
director del instituto citado me abrió injustamente un expediente disciplinario para
empitonarme. Pero el instructor estaba haciendo el paripé para archivar el
asunto sin más trámite. Resulta que la secretaria del instituto me pidió que
compulsara la declaración de la renta de un profesor, que era amigo suyo, y me
negué. En el citado documento, me quejo de que “en otra ocasión tuve que
escribir una carta personal de un profesor dirigida a la universidad (…) El
director dio parte de esto y la inspectora de Educación me entregó un escrito
recordándome que eran obligaciones mías las compulsas y me advertía de abrirme
un expediente de continuar en esta actitud”. Todo eran obligaciones para el
personal de Administración y Servicios, mientras que los profesores gozaban de
toda clase de privilegios. En el interrogatorio, el instructor me pregunta, “si
en algún momento considera haber recibido por parte de los funcionarios
anteriormente mencionados un trato que hubiese atentado contra su dignidad”. Como
ya me encontraba destinado en Granada y el asunto quedaba lejano, alego buenamente
que “es evidente que me quejé al sindicato porque estaba dolido, pero no lo
considero como un atentado a la dignidad”.
Cuando vine destinado a Granada, no
contento con el daño que me había hecho, el director del instituto envió el expediente
que me abrió (la cosa quedó en una información previa y la archivaron), así
como informes negativos y manipulados para ‘recomendarme’ en mi nuevo destino.
De esto me enteré de casualidad, cuando un día vi aquellos papeles en mi
expediente personal. Al día siguiente, cuando fui con un delegado sindical y le
pidió al jefe de Personal que me enseñara el expediente, los “misteriosos
informes” habían desaparecido. Así funcionan las cosas en la Administración:
los unos te recomiendan a los otros, valiéndose de “informes ocultos y falsos”,
a los que sólo tienen acceso los superiores. Y cuando vas destinado de una delegación
a otra, se llaman por teléfono: “Mira, que este tío va para allá, te mando el historial…”.
Y ya llevas tu ficha policial, a la que nunca vas a tener acceso, a pesar de
que la Ley del Procedimiento Administrativo Común indica claramente que los
interesados tienen acceso a su expediente. Con esos informes falsos puedes poner
una denuncia en el juzgado, por eso los mantienen ocultos.
En los años que estuve trabajando en
el instituto, aprobé tres cursos de Derecho con sendas becas, estudiando y
yendo a la facultad por la tarde. Sin embargo, esta fue la ayuda y la comprensión
que tuve de algunos profesores que se dedicaban a la enseñanza. Estos abusos no
eran sólo conmigo: cuando un alumno sufría una caída, o se fracturaba un
miembro haciendo deporte o por otra causa, el profesor de guardia llamaba a un
taxi para que lo llevara al ambulatorio, que se encontraba a un kilómetro. De
paso, le decían al alumno que lo atendieran con la cartilla del seguro de sus
padres, y así no tenían que rellenar un formulario para que fuera atendido por
el Seguro del Estudiante. Algunos hacían esto con total impunidad, aunque había
profesores excelentes. A veces, se daban casos urgentes en que podían acercarlo
en el vehículo de algún profesor o alumno, pero, allí los tenían esperando hasta
que viniera el taxi.
En cuanto al escrito que le dirijo al delegado
de…, en Granada, en 1999, debo señalar que la Administración guarda informes
secretos en el expediente de algunos funcionarios, que nadie se ha molestado en
comprobar si son ciertos, como los que envió el director del instituto. Mis
problemas empiezan en la Delegación, desde el momento en que solicito al
delegado “poder examinar esos documentos y sacar copia de los mismos”. Aquellos
misteriosos informes desaparecieron de allí y nunca llegué a verlos –hoy día permanecen
ocultos en cualquier cajón, de cualquier despacho, para que alguien los utilice
en un momento determinado y con un fin concreto–, pero el caso es que, a partir
de entonces, se desató la cacería y el acoso laboral, del que me quejé al
presidente de la Junta de Personal de Granada y al Defensor del Pueblo Andaluz,
dos meses más tarde. Las quejas no sirvieron para nada. Lo peor de todo esto es
que la mala fama ya no te la quita nadie, aunque pasen treinta años, porque el
expediente va pasando de unos destinos a otros, de unas manos a otras, de unas
bocas a otras: estás “fichado para siempre” y tienes el triste honor de figurar
en la “lista negra”, porque la Administración actual tiene sus “archivos
secretos”.
Yo pude darme cuenta de que en un
instituto de pueblo me habían convertido poco menos que en un delincuente, por
gente sin escrúpulos. Hacía poco que estaba destinado en otro Centro, de
Granada, cuando llegó una mujer de la calle y me pidió que le hiciera
fotocopias, entonces le informé dónde podía hacerlas. Como era amiga del coordinador (un elemento, que no dio nunca un palo al agua), este
me llamó a su despacho y allí me dijo entre otras cosas que era un monstruo, a
pesar de que sabía perfectamente que entre mis funciones no estaban hacer
fotocopias. Meses más tarde, yo era el único al que le descontaban la
productividad de la nómina sin necesidad de justificar por qué tomaba esta
medida arbitraria. He tratado de mostrar los abusos que ocurrían con el
personal de la Administración, por lo que estábamos a merced del cacique de
turno. He hablado con compañeros y, el que no se sometía, pobre de él. Los años
han pasado pero estas “malas prácticas” de la Administración todavía las
aplican a algunos disidentes, como podemos leer de vez en cuando en los
periódicos. “Gregorio Samsa se despertó aquel lejano día convertido en una
cucaracha”, el funcionario Frank Kafka también tuvo problemas con la
Administración.
sábado, 21 de septiembre de 2019
INUNDACIONES EN LAS GABIAS
| Riada en avenida San Marcos, 21 de septiembre de 2007 |
El 16 de julio de 2008, dos vecinas de la calle
Murillo presentaron una reclamación a la Confederación Hidrográfica del
Guadalquivir: “En la parte trasera de
nuestras viviendas comienza una cañada real y se encuentra la Rambla de Contreras,
donde hace unos meses la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir llevó a
cabo el soterramiento de una tubería, por donde discurren las aguas
torrenciales de la lluvia, que vienen del monte. Esta rambla es terreno público
pero la está utilizando sin permiso la empresa que construye el Residencial San
Francisco; varios bloques de viviendas en un solar que se encuentra situado
detrás de la avenida San Marcos y que linda con la rambla por la parte sur”. La
Confederación envió un agente forestal, hizo el informe y las vecinas no recibieron notificación alguna de las medidas adoptadas.
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| La riada rebasa la tapia, que separa la rambla de la avenida San Marcos, 14/09/2019 |
El 21 de julio de 2010, yo presenté este escrito al
director de la Agencia Andaluza del Agua: “Como ampliación a mi reclamación de
ayer, sobre la obra en el Barranco de Contreras de Las Gabias, quiero informarle
que es de la empresa... –aunque no existe ningún cartel anunciando la
edificación, el número de viviendas, arquitecto, empresa, etc., como es
preceptivo–, donde me he informado que
proyecta construir 180 viviendas de protección oficial. Los sótanos o garajes
de las viviendas llegan hasta la misma rambla, por donde pasa la tubería que
recoge las aguas pluviales, como puede apreciarse en la foto ‘Humedad terreno
rambla’. Al filtrarse el agua de lluvia, los garajes se inundarán, aparte que
se construyen en la misma rambla, estando prohibido por ley”. Por esas fechas, un agente de la autoridad
me confesó con ironía: “No busques, que han arreglado bien los papeles”.
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| 17/09/2019 |
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| Rambla y avenida de San Marcos, con viviendas al lado del colector |
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| Los dos colectores de la tubería se taponaron |
El 12 de agosto de 2010 anoté estos datos:
“El Barranco de Contreras tiene más de 15 kilómetros
cuadrados de cuenca de drenaje, por donde discurren las aguas pluviales. Tendrá
una longitud de unos cinco kilómetros. La
fuerza de las aguas de lluvia ha inundado calles y casas de vecinos, como
ocurrió hace dos años (lo he visto varias veces), mientras que la tubería
subterránea que colocaron el pasado año es demasiado estrecha. En la
Agencia Andaluza del Agua me han informado que van a proponer una sanción por
la alteración del terreno y por poner vallas en el lado Este. Deberían de
sancionar también por cortar con vallas la calle de entrada al Barranco,
mientras que el camino que sigue por detrás de la obra está lleno de piedras y
tierra de los taludes. Hasta no hace mucho, la ley prohibía construir a menos
de 100 metros de una rambla. Ahora ya lo hacen en la misma rambla. En el
terreno que hay pegado a la tubería del barranco, se aprecian grandes manchas
de humedad, pues el agua se filtra, por lo que van a tener unos garajes
acuáticos (…). Estos terrenos toman el nombre de Contreras, su antiguo propietario,
y se da la paradoja que los donó al
Ayuntamiento con la condición de que construyeran un parque. El
Ayuntamiento recalificó los terrenos en suelo urbano, en mayo de 1997. El caso
es que han edificado entre una rambla y un manantial, llamado los ‘Remanados
del Barranco de Contreras’. No tenían otro sitio mejor, con los terrenos que
hay en Las Gabias”.
| Elevaron el terreno de la rambla para colocar la tubería 20/07/2010 |
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| Cauce que formó la riada, en la parte media |
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| Las aguas torrenciales bajaron de los montes de alrededor 20/09/2019 |
El pasado 17 de septiembre, el Colegio de Geógrafos
de la Región de Murcia, denunciaba en el periódico “La Verdad”: “’Contrariamente,
estas actuaciones de recanalización
provocan un efecto multiplicador cuando ceden, impidiendo, además, que el agua
desbordada retorne al cauce al bajar el nivel de la riada, prolongando los
efectos en las zonas inundadas. La Dana que ha golpeado la Región nos
vuelve a dejar las mismas lecciones que todas las anteriores’. El Colegio de
Geógrafos cuestiona las políticas urbanísticas aplicadas hasta ahora y apostó
por medidas inaplazables que se requieren con urgencia”.
Las inundaciones
del pasado 14 de septiembre, en Las Gabias, taponaron los dos colectores de la
Rambla de Contreras, como puede verse
en las imágenes. La riada de agua, brozas, piedras y barro arrancó y dobló la
reja del colector de abajo, parte de la tapia de bloques de hormigón, que la
protegía, y rebasó la tapia de la
calle, arrancando la valla de alambre. Era un aluvión que bajaba por
las calles de San Marcos (muy superior a las crecidas anteriores) y Vista Alegre, que
inundó las partes bajas de Las Gabias. Para construir las 180 viviendas, elevaron el terreno de la rambla un metro y
medio, echando toneladas de tierra encima, y colocaron una tubería subterránea pequeña. Con esto consiguieron las autorizaciones y pensaron que ya estaba
solucionado el problema. Pero las aguas torrenciales volvieron por sus fueros y
por el cauce de siempre. También se construyeron urbanizaciones en las
partes bajas de Las Gabias, con sótanos y todo, a sabiendas de que se
inundarían en cuanto arreciaran las lluvias. Estamos en un país tercermundista,
donde todo se ha sacrificado: cañadas, ramblas, remanados, zonas bajas y hasta
la legislación urbanística, por los
pelotazos de la construcción. Los inventos estallan en manos de quien los fabrica, mientras que los vecinos seguimos temblando cuando llegan las aguas torrenciales. Quiero presentar sendos escritos en la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y en el Ayuntamiento de Las Gabias, exponiendo estos hechos porque no podemos esperar más tiempo para que tomen las medidas necesarias. Me gustaría que lo firmaran también los vecinos interesados.
jueves, 19 de septiembre de 2019
CUANDO TODO FALLA
Eran las once de la
noche cuando salió del sótano a dejar un tubo de silicona fuera, para tirarlo a
la basura al día siguiente. Entonces temió lo peor, empezó a tentarse los
bolsillos del pantalón varias veces hasta que se convenció: había cerrado la
puerta del sótano y, lo que es peor, la llave se había quedado puesta en la
cerradura, por dentro. Su mujer le abrió la puerta principal de la casa, cogió
las otras llaves y comprobó que la cerradura estaba bloqueada y no se podía
abrir. Se había quedado encendida la luz del sótano, pero como era tarde pensó
llamar al cerrajero al día siguiente y, de paso, le explicó la situación a la
mujer. Sobre las 7:30 horas, llamó a la compañía de seguros y oyó una voz en
off que le decía: “Diga su número de contrato o el DNI. Si es para siniestro de
hogar pulse uno, si es para asistencia en viaje, pulse dos”. Y a continuación:
“Si es para averías eléctricas, pulse uno…”. Estaba desesperado y pensó,
¿cuándo va a llegar lo mío? Al fin se puso una señorita al móvil y le aclaró el
tema: “El seguro sólo cubre la llave de la puerta principal, pero no la puerta
del sótano”. El infortunado le contestó, “estoy leyendo las normas en el librillo
del contrato y no dice nada de la puerta principal”. “Lo siento, pero esto es
lo que pone el contrato”, sentenció la telefonista. Al final, quedaron en que le
iba a enviar un cerrajero de la compañía, de forma urgente, pero tenía que
pagarlo de su bolsillo.
Estaba bloqueado pues
no había dormido bien, incluso no recordó la clave para encender su móvil, por
lo que tuvo que llamar con el de la mujer. Después de hablar con el seguro, se
puso a buscar por el móvil: “cerrajeros de granada”. Pero lo pensó mejor y los buscó
en la localidad donde vive. Uno tiene colgados tres comentarios, desde hace un
año (sic): “Me abrieron la puerta con una radial para romper la cerradura,
423,50 euros, una barbaridad y así es como me dejaron la cerradura y la
puerta”. Se ve la imagen con la puerta de madera rajada por cuatro sitios,
alrededor de la cerradura. “Estos sinvergüenzas me dieron un presupuesto entre
90 y 100 euros, luego te envían a un par de tíos para intimidar, que abrieron
la cerradura con un plástico en 15 segundos y me querían cobrar 338 euros
porque era festivo. Después de negarme en redondo me rebajaron 100 euros de
golpe. Pero aún así la broma me salió por 220 euros. Eso es una estafa en toda
regla, que se corra la voz y que estos estafadores dejen de robarnos a la
gente”. “Precios desorbitados, 75 euros por 40 minutos, más 20 de desplazamiento,
más 30 por ser sábado por la mañana, más material, un plástico de nada,
total 160 euros. Espero que nos den
alguna solución en la Oficina del Consumidor”.
Este otro cerrajero sale
mejor librado en los dos comentarios: “Llamé porque en el anuncio decía que era
económico y de económico nada! 100 € por pasar un plástico por la puerta en
menos de 1 minuto!”. “Vino un muchacho a mi casa me abrió la puerta y me cobró
40 euros a las 9 de la noche, yo pensaba que me cobrarían más caro pero el
muchacho cuando llegó me dijo el precio antes de abrir la puerta lo recomiendo
la verdad”. Otro comentarista expresa sus condolencias, desde hace dos años:
“Muy mala experiencia, 124 euros por un servicio, siendo jueves antes de las 8
de la tarde, es totalmente abusivo. Simplemente pasar una radiografía, sin
presupuesto ni información de tarifas ni nada. Veremos qué dice la Ocu a todo
esto, ya está puesta la reclamación”. Por fin, encontró a un cerrajero con tres
referencias recientes: “El muchacho fue rápido y eficaz, sobre todo bien de
precio, recomendable”. “Lo recomendaría me abrió la puerta de mi casa muy rápido
y sin romper nada. Muy económico”. “Totalmente recomendable, el chico no solo
fue rápido si no que también me costo muchísimo menos de lo que esperaba”.
Llamó al operario, a
las 8 de la mañana, le pidió precio pero aquel le dijo que tenía que ver la
cerradura. Acudió media hora después y le informó que le cobraba 110 euros, pero
el interfecto le respondió que el bombín lo compraba y lo ponía él. “Entonces le
cobro 90, pero es que no va a saber quitar la cerradura y el bombín le va a
salir más caro”. Como al parecer lo tienen todo calculado, se doblegó al
destino. Más tarde cayó en la cuenta que dos tornillos sujetan la cerradura y
otro el bombín. El joven taladró la cerradura con cuidado y en menos de quince
minutos abrió la puerta, de manera que se fue con la alforja llena y el otro
quedose con la suya menguada.
Más tarde, llamó al
agente y le confirmó que el seguro sólo cubre la puerta principal, para que
nadie se quede en la calle. Será porque los seguros anteponen la caridad a
todo. El agente le confesó que un cerrajero llegó a cobrar más de 300 euros en
Granada, por abrir una puerta, y que se aprovechan sobre todo de los ancianos. “Y
que no vayan a tu casa de noche o en días festivos, que te cobran más”, añadió.
Sobre las 18 horas le llamó el cerrajero de la compañía y el susodicho le
contó que le habían abierto la puerta antes de las 9 de la mañana: “Y eso que
la telefonista me lo puso como urgente”, le espetó. El otro le respondió que el
aviso se lo habían dado para que se pasara al día siguiente. “Anoche me quedé
con la cerradura bloqueada del sótano y con la luz encendida, y me dice que se
iba a pasar mañana…”.
Habría que preguntarse
si, por un trabajo de 15 minutos, te pueden cobrar 100, 200 y hasta 300 euros,
sin darte un recibo o factura. Es evidente que se aprovechan del estado de
necesidad del cliente, que se queda en la calle o sin poder entrar a una
dependencia de su vivienda. Hace unos meses, llamé a un técnico de La Zubia para
que le quitara el ruido a la puerta automática, pero como tiene una cadena no
pudo hacerlo. Entonces, la revisó y le echó aceite por varios puntos. Me pidió
veinticinco euros y le di diez más. Esto es honradez y todo lo demás son
atracos. Y, como digo, aquí ha fallado todo, incluido el propietario de la
vivienda con su descuido.
Esta historia
rocambolesca terminaba aquí, pero siguiendo el consejo de mi hija, me dijo
que reclamara, el susodicho le envío un correo electrónico al agente del
seguro: “Envíame el contrato donde indique que el seguro sólo atiende la puerta
principal. En las Condiciones generales,
artículo 9, Servicios de asistencia
en el hogar, pone "el envío de un cerrajero..., en caso de que
no se pueda acceder a la vivienda asegurada...".
Sin
embargo, la excusa que da ahora el seguro de Madrid es que “la puerta del
sótano es una puerta interior”. El vecino se puso manos a la obra y le echó dos
fotos a la puerta del sótano, donde se ve claramente que es una puerta exterior
de acceso a la vivienda, aunque es independiente y no está conectado a la
planta primera”. Al día siguiente lo pensó mejor y le puso una reclamación a la
compañía: “En las Condiciones Generales,
el artículo 5.5, Reposición de llaves y cerraduras, indica: “… los gastos
necesarios para la reposición de las llaves y cerraduras de las puertas de
acceso a la vivienda asegurada por otras de similares características…”. Y así
finalizaba la reclamación: “Da la impresión que se están buscando argucias para
no cumplir lo estipulado en el contrato, diciendo al cliente que sólo cubre la
puerta principal, afirmando luego que el sótano es una puerta interior… “.
El
escrito surtió efecto y la compañía de seguros accedió a pagarle el
desplazamiento y la mano de obra del cerrajero, mientras que el bombín tenía
que pagarlo el causante. La cosa no salió mal, le abonaron 78 euros de los 110 que le cobró el cerrajero. Éste se
portó bastante bien, enviándole la factura desglosada y con el IVA correspondiente.
jueves, 20 de diciembre de 2018
jueves, 13 de diciembre de 2018
ENRIQUE VILLAR YEBRA, SIEMPRE
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| Retrato de Villar Yebra |
Hace un año que murió Enrique Villar Yebra y recuerdo que, al día siguiente, cuando lo llevaron a enterrar, estaba lloviendo a cántaros. En Granada caía el agua a cántaros. Pero de su muerte callada, apenas si se enteró la ciudad a la que tanto quiso. La pianista Esperanza Gálvez me enseña, con orgullo, un dibujo a lápiz que le hizo el pintor en la terraza de su casa, con la iglesia de San Matías al fondo. Esperanza vio a Villar Yebra unos días antes de morir: “Estaba de mal humor y algo rabioso, porque tenían que llevarlo en una silla de ruedas. Me lo encontré sentado en la cama, muy derecho, y le dije: ‘¿Qué haces, Enrique?’. Le di muchos besos y a él también le dio mucha alegría. ‘Estoy perdiendo mucho con esto de estar sin el saxofón’. Y no hablaba de otra cosa que no fuera que le habían quitado el saxofón”. Pasó los últimos días de su vida en la residencia de ancianos de la Casa de los Pisa: “Allí tenía su cama y su silla”, cuenta con pesadumbre Esperanza.
El carácter generoso y altruista de Villar Yebra se resume en esta
frase de su revista “Granada siempre”: “Demasiado hago con sacar estos papeles
a mi costa; lo que conlleva con el trabajo, sacrificios y privaciones de
placeres mundanos y naturales”. A Eloísa Planells, directora de la Biblioteca
Municipal del Salón, le brillan los ojos cuando habla de Villar Yebra, con
quien tenía una gran amistad. Señala que “era austero y algo desaliñado en el
vestir”. Y cuando rememora aquellos momentos, confiesa: “Aunque ya empezaba a
fallarle la memoria, Enrique murió lúcido... ¡Aquella noche lo velamos el
conserje y yo!”. Pero al día siguiente, al sepelio del pintor romántico de
Granada, solamente fueron unas pocas personas. “No hubo personalidades, es
cierto; pero Enrique tampoco los hubiera echado de menos. Allí fueron sus
amigos de verdad, los que él apreciaba”. Y como si meditara en voz alta,
concluye Eloisa: “¡A Enrique le hubiera gustado ese entierro!”. Pero antes de
morir, donó sus libros a la Biblioteca Municipal del Salón. El pintor, que
solía decir que iba a la ‘búsqueda de temas’, tuvo un sepelio barojiano como
Fernández Almagro y Pedro Antonio de Alarcón; y como Mozart en una fría y
lluviosa mañana de diciembre.
De entre los libros que escribió, quizá “El casco antiguo de Granada” sea
el más leído. Nadie como él dibujó tanto sus calles y defendió con uñas y
dientes hasta sus últimos rincones: muchos de ellos desaparecidos por la
especulación, la connivencia y el desarrollismo. Enrique gusta por su sencillez
y porque sus dibujos destilan ternura. Están llenos de naturaleza y de figuras
humanas imprecisas que pasan de largo; o bien, son mujeres que se entretienen
encendiendo un braserillo de picón en la calle o tendiendo la ropa. Son
verdaderos “paisajes humanos”. El concejal Jesús Valenzuela y el director de
Cultura, José Antonio Martín Villena, han ofrecido una sala del Centro Cultural
Gran Capitán para montar una exposición de pinturas de Villar Yebra. Eso es lo
que me han dicho. Todo dependerá de que los particulares se animen y cedan sus
cuadros. “¡Es lo que tiene que hacer el Ayuntamiento!”, comenta José Antonio
Mesa, editor y albacea del artista. Son muchos los granadinos que esperan ver
una exposición de Enrique con motivo del aniversario de su muerte. Granada se
lo merece.
En la calle Honda del Realejo –vivía en un piso– “sólo quedaba un
camastro, un armario y una mesita de noche”, confiesa Eloísa con cierta
resignación. Toda su ambición y gloria se reducía a estos trastos, mientras uno
piensa que Villar Yebra tenía el alma de un cartujo. Cuando una mañana me pasé
por allí, las persianas del balcón estaban echadas y en la puerta nada indicaba
que allí hubiera vivido un dibujante enamorado como pocos de su tierra. En este
artículo suyo de 1990, comienza preguntándose: “¿Qué ha sido de aquel
espléndido paisaje del Albaicín, desde la Cruz de la Rauda? Se secaron las
pitas y las chumberas, cortaron los cipreses de la calle de San Martín y
desaparecieron los huertecillos encantadores (...). Al parecer no hay remedio:
el destrozo del paisaje urbano más castizo de Granada sigue adelante...”. Sin
embargo, él se consolaba diciendo: “Yo tenía que haber nacido un siglo antes”.
Su libro “Impresiones de Granada” –donde reúne las mejores ‘plumillas’,
incluidas las que publicó en IDEAL– se ha convertido en la memoria gráfica de
la ciudad: “Casa morisca del siglo XVIII. Todo desaparecido hace tiempo,
destrozado por la barbarie, la desidia y la inoperancia de los organismos
oficiales”. Es la Granada que se fue para siempre, pero que Villar Yebra supo
plasmarla con su pincel. Y acurrucado como un gato –como esos gatos negros que
solía pintar–, la contemplaba en silencio desde el lavadero de la Puerta del
Sol. Es el paisajista que va descubriendo con la mirada esos apartados rincones
callejeros; el que perfila los detalles con unos cuantos trazos
–impresionismo–, mientras capta el ambiente. Él fue quien inmortalizó las
estrechas calles del Realejo –esas ‘encrucijadas’ que veo a diario- y del
Albayzín. Era el pintor de las iglesias y espadañas, de las viejas locomotoras
de vapor, de los añorados tranvías y de las chavicas guapas. Mozart, Alarcón
–descansan en unas tumbas anónimas– y Villar Yebra –le quitaron el saxofón en vida– hicieron su último viaje en
medio de un silencio clamoroso.
Posdata: la exposición de sus cuadros y artículos se llevó a
cabo unos meses después. Fue antológica, la mejor que realizó el concejal Jesús
Valenzuela, y la comisaria no podía ser otra que Eloísa Planells. Hace poco más
de un mes me encontré con Valenzuela y me dijo que organizó la exposición porque
yo se lo indiqué. Debo señalar con tristeza que, en Granada,
se han olvidado completamente del pintor Enrique Villar Yebra, la Asociación de Vecinos del Realejo iba a poner un monolito en la Plaza del Realejo, en recuerdo del pintor (por suscripción popular), pero se olvidaron pronto del proyecto. Este artículo fue
publicado en IDEAL de Granada, el 13 de
diciembre de 2002.
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