sábado, 3 de marzo de 2018

SOBRE LOS AMIGOS Y LOS HIJOS















Carmen Posadas escribió el artículo ‘Esas cosas que a uno se le ocurren a fin de año’, en la revista XLSEMANAL, de diciembre de 2017, sobre las amistades que uno va teniendo en la vida. Copio este párrafo: “Al entrar en la sesentena empiezo a valorar algo que con cuarenta años me parecía aburrido y, con cincuenta, sólo un premio de consolación (…). Pero sigue uno cumpliendo años y ¿qué busca entonces? Simplemente lo que necesita en ese particular tramo de la vida. Ni al más guapo, ni al más importante ni tampoco al más inteligente, sino al que más lo querrá y mimará. El que no brilla, pero no falla, el que no sabe quién es Schopenhauer pero cumple sus teorías al pie de la letra. El callado, infalible y redentoramente bueno. Lástima que tenga uno que hacerse viejo para aprender algo tan elemental”. Y añado yo, ahora valoras al amigo que siempre está ahí para echarte una mano.
Lo que sigue es el chateo que mantienen dos amigos jubilados (una mujer y un hombre, por orden de aparición), que ni siquiera se conocen, sobre el artículo de Posadas:

-Yo, en cambio, empecé la casa por el tejado. El primer novio que tuve me llevó al altar, pero no funcionó porque me faltó rodaje para evaluar la bondad de él. A los siete años, mis padres me internaron en un colegio de monjas y estuve hasta los dieciséis. Me sirvieron para ahuyentar de mi mente cualquier devaneo sexual, por lo que llegué virgen al matrimonio. Y así, nuestro noviazgo debió de ser para él la prueba más dura por la que tuvo que pasar. Estaba loco por su chica, pero mi contumacia hizo que no hiciera ninguna concesión de soltera, por lo que no me sirven las conclusiones de Carmen Posadas.
-Sin embargo, yo me identifico con la escritora, pues ahora vas seleccionando y valorando a los viejos amigos.
-Mis amigas las tengo desde hace 38 y 47 años, así que no he necesitado pasar de los 60 para elegirlas, todo depende de cómo haya vivido cada uno. Para Carmen Posadas, la superficialidad fue el factor determinante en su juventud, después le llegó el brillo social, la buena vida, un matrimonio con un señor importante (Mariano Rubio fue director del Banco de España). Algo tenía que dejar para la madurez.
-De acuerdo, pero con la madurez vamos apreciando a la buena gente. Los viejos amigos, los viejos libros… A esta edad valoramos mejor y elegimos lo que nos conviene.
-Yo aprendí mucho antes de la madurez, a los 35 años ya tenía las amigas que tengo hoy. El tiempo es el filtro que desecha lo que no sirve y consolida lo mejor, aunque cada uno maduramos a distinto tiempo porque las pautas no son igual para todos ya que no estamos programados por un chip. En la madurez y por razones obvias quedan menos opciones de elección y tampoco es que quede mucho, a veces, ni a quien más quieres. En los hijos notas el abismo generacional pues sus ideas raras veces coinciden con las nuestras y el diálogo es poco atractivo. Es mejor alguien de tu edad y, si lo conoces desde hace tiempo, lo consideras como si fuera de la familia.
-Yo tengo confianza con mis hijos, hay que ganárselos, dialogar con ellos, ser flexibles y luego cada uno en su sitio.
-La confianza no tiene nada que ver, dialogar con ellos puedes haber dialogado tanto como yo, pero lo dudo. La cuestión es el punto de vista que tenemos unos y otros en función de mil razones, pero me cansé de conversar con ellos, no solo por la falta de coincidencia respecto de las ideas, sino porque te sientes desautorizada para opinar porque siempre te rebaten. Y no es porque haya malos modos, pero algunas veces acabo pensando que estoy entre extraños, es difícil de explicar pero en ocasiones he llegado a dudar de mis propios razonamientos. La vida no es una senda lineal en la que todo está despejado y transitas cómodamente por ella. También voy aprendiendo esto con la edad. Nunca antes tuve 70 años y a cada edad le corresponden lecciones diferentes. Por esta razón, la universidad de la vida nunca nos dará un título, pero siempre nos está dando lecciones. Seguimos aprendiendo hasta el mismo día en que nos vamos definitivamente. Menudo panfleto te acabo de colocar, lo que no voy a aprender nunca es a sintetizar. Gracias por tu aporte de ideas.
-De joven yo no entendía a mi padre, pero cuando murió y más tarde tuve hijos, fue cuando lo comprendí. Cuando ejerces de padre es cuando te das cuenta. Tus hijos son de una época diferente, intenta comprenderlos y que tengan unos valores. Ellos te comprenderán un día, quizá cuando sea demasiado tarde. Cuando se mueren los padres es como una bomba de efectos retardados, conforme pasan los años los vas echando más de menos. He visto a abuelas poco antes de morir, una me decía en el hospital: “No hay día que pase sin que me acuerde de la pobretica de mi madre”. Y a ancianas con alzheimer que balbuceaban el nombre de su madre…


-Mi hija mayor nació cuando yo tenía 24 años, y los otros dos, unos años más tarde, pero esto no es un abismo insalvable sino que es la propia evolución de cada uno la que marca las pautas del pensamiento. Criados juntos y educados igual, con los mismos principios, sin embargo, cuando crecen reciclan las ideas que les inculcamos de manera que unas les sirven y otras las desechan. Como hemos hecho todos. Los humanos educamos a los hijos como si el mundo que van a heredar fuera el mismo que heredamos nosotros, pero no es así. La vida tiene cambios continuos y educar como en el pasado es un error y una pérdida de tiempo. Así que la referencia es el pasado, donde creíamos que todo era perfecto y no nos cuestionábamos nada. Sin embargo, todo es cuestionable y discutible y el que crea lo contrario está equivocado. Nuestra vida fue distinta que la de nuestros padres, lo mismo que lo que a nosotros nos servía no sirve para nuestros hijos. Antes, hace un siglo o cincuenta años, los cambios eran más lentos, pero, hoy, con los medios de comunicación, Internet, Facebook, el wasap…, todo es diferente y sucede más de prisa.
-Cuando mis hijos me piden consejo se lo doy, pero no intento imponer nada ni discutir. Me limito a exponerles mi punto de vista y que cada cual actúe como crea conveniente. La vida no se ve igual a los veinte, en que se es revolucionario, que a los cuarenta, donde ya eres conservador, y no digamos a los sesenta cuando la vida se ve con otra perspectiva más tranquila y menos fogosa.
-Como debe ser, los hijos ya son mayores y toman las decisiones, asumiendo las consecuencias. Como hemos hecho todos. Pero nada de lo que nos servía a nosotros, les sirve a ellos. Se puede decir que nuestra época ya pasó. Es muy agradable conversar contigo. Feliz día.
-Lo mismo te digo.
Éste diálogo me lo pasó un amigo y lo he expuesto tal cual.






domingo, 18 de febrero de 2018

A NUESTROS PADRES


Celebrando la primera comunión (1964). Foto Javier López




Nunca he leído un escrito donde los jóvenes elogien a la generación anterior, o los hijos a sus padres. Más bien ocurre al contrario, los jóvenes siempre han tratado de diferenciarse de las generaciones anteriores, por cuestión de personalidad, de rebeldía o de reafirmación frente a los otros. Esto se aprecia mucho en los movimientos literarios. Por otro lado, los hijos deben de emanciparse y hasta quitarse el yugo de los padres, para poder realizarse en la vida y desarrollar su personalidad, como cuando el Señor dijo a Abraham, según el ‘Génesis’: “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre y vete a la tierra que te mostraré”. Cada época tiene su moda y sus costumbres, y también podríamos aplicar el refrán de que se es revolucionario a los veinte años y conservador a los cuarenta. Porque, a los veinte años no se tiene una visión de la vida como a los cuarenta, y no digamos a los sesenta. Por eso siempre estará presente en la relación de padres e hijos, y entre las generaciones, el problema de la eterna incomprensión. El hijo no comprende el mundo atrasado, arcaico y conformista del padre –que ha bregado con cincuenta batallas, procura no crear problemas y llevar una vida tranquila y digna–, mientras piensa que, enfrentándose al sistema, rebelándose contra las normas y protestando por todo, va a conseguir sus reivindicaciones o que va a descubrir la pólvora. La vida ya se encargará de demostrarle que todo está ya descubierto y que en la sociedad se producen cambios a la vez que todo sigue igual.
 
Hace poco he vuelto a ver ‘Canciones para después de una guerra’, del director Basilio Martín Patino, que falleció en 2017. La película se estrenó en 1971, pero estuvo censurada hasta la muerte del dictador Franco. Retrata las escenas de desolación, pobreza y miedo de la posguerra, el sufrimiento, la represión y la dureza de la vida que tuvieron que soportar nuestros padres, pues se encontraron con una España completamente destrozada a causa de los tres años de guerra civil. Las cartillas de racionamiento estuvieron hasta 1953, yo todavía guardo la de mis padres, lo mismo que el estraperlo, el contrabando de los productos básicos de alimentación. Ellos vivieron los peores años del siglo XX, trabajaban como los chinos y en unas condiciones miserables, cobrando cuatro perras, sin vacaciones, sin seguridad social, sin comodidades y con una paga escasa en la jubilación. En el filme de Martín Patino, el malagueño Miguel de Molina canta ‘La bien pagá’ y ‘La hija de don Juan Alba’. Al finalizar la guerra recibió una paliza de los falangistas, por su condición de homosexual, de manera que tuvo que exiliarse en Argentina donde murió completamente olvidado. Estrellita Castro nos deleita con ‘La morena de la copla’ y ‘Suspiros de España’, mientras que Concha Piquer te emociona con ‘Tatuaje’: “vino en un barco de nombre extranjero”. No podían faltar ‘Ojos verdes’, ‘Francisco Alegre’ y tantas canciones y coplas míticas en aquel tiempo del pan negro y de la miseria. Eran canciones para sobrevivir, para sobreponerse a la oscuridad, al vacío, al miedo, a la pobreza… 





En los años sesenta, en la radio eran famosos los programas que dedicaban canciones a la novia, al hermano, a la madre…, mientras que a veces oías cantar a las mujeres y a los hombres en las casas. Hoy a nadie se le ocurre cantar, porque estamos saturados de música, de televisión, de wasap, de Internet, videojuegos… Ahora es frecuente ver a los jóvenes por la calle, con los teléfonos inteligentes en la mano, los pinganillos en las orejas y la sonrisa en la boca porque están viendo el video de un chucho bailando. En la película también salen escenas de las colas de hambrientos, prematuramente envejecidos, en el Auxilio Social, que se creó durante la guerra para los más necesitados. El comedor del Auxilio Social en Guadix, en los años sesenta, daba un olor a humanidad impresionante, pues allí comían los niños más pobres, la mayoría de ellos eran gitanillos de las cuevas. Se te saltan las lágrimas viendo la llegada del buque soviético ‘Semíramis’, al puerto de Barcelona, en 1954, donde esperan miles de personas. Llevaba 286 presos españoles, la mayoría eran soldados de la División Azul, que la Unión Soviética liberó en un gesto de buena voluntad. Allí está una abuela o quizá sea una madre, con su pañuelo negro y con el pelo blanco del sufrimiento, que espera ansiosa al hijo, y unos hermanos que se abrazan después de diez años de cautiverio. Hay una escena graciosa, en la película, en que un niño pelón se levanta del pupitre y le contesta al maestro, con todo el respeto del mundo: “No he podido estudiar, don Anselmo”. Sin embargo, todos imaginamos la reacción que debió tener don Anselmo, pues el lema preferido de aquellos años duros era precisamente “la letra con sangre entra”. Los hijos de la posguerra crecimos en la austeridad, pues nos decían “¡niño, come pan!”, y nos educaron en la disciplina, como los maestros, esto es, a base de castigos y algunas tortas. Recuerdo que en el pueblo, la luz se iba de vez en cuando y entonces mi madre sacaba el quinqué. En fin, el trabajo, la disciplina y el respeto fueron las consignas que nos inculcaron nuestros padres.

Pero, bueno, era lo que había entonces y la Dictadura de Franco ya se encargaba de la censura, de la represión y de encarcelar a los sospechosos. En los años sesenta fue la época del “Desarrollo” y la construcción, los turistas comenzaron a venir en masa a España, buscando el sol y los precios bajos, y el Seat 600 se convirtió en el coche de moda. Por eso, la generación de nuestros padres fue la que levantó España y las comodidades que tenemos hoy se las debemos al esfuerzo y al sufrimiento de ellos. Al llegar a cierto nivel de vida y al Estado de Bienestar, aquella burguesía y el movimiento obrero hicieron que fuera posible la llegada de la democracia a España, en 1977. Ya no se podía sostener, como antes, un Régimen caduco basado en la fuerza, en la opresión y el miedo. El pueblo pedía libertad, participación y democracia. Hoy, los derechos y libertades que gozamos los españoles vienen reconocidos en la Constitución, pero no sabemos apreciarlos ni el trabajo que costó conseguirlos. Mis padres fallecieron en 1977 (con 58 años) y en 1995, respectivamente, y por eso los echo de menos, me recuerdan la infancia y la juventud, de los años cincuenta y sesenta, y aquella España en blanco y negro de la Dictadura. Pero, como digo, no sabemos reconocer ni el bienestar ni la democracia que gozamos en España y, menos aún, que se los debemos a nuestros padres y abuelos.

Artículo de mi libro, Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro (2020).

http://en-clase.ideal.es/2018/02/17/leandro-garcia-casanova-a-nuestros-padres/


Posdata.  Señalar que el libro no se ha vendido como yo esperaba, pero ha sido la mejor inversión que he hecho en mi vida, pues reuní, con ayuda de bastantes castillejanos, las mejores fotos de Castilleja que realizó mi padre. También tenía que reivindicar su memoria, pues las fotografías circulaban por las redes y por exposiciones y su nombre apenas aparecía. Los ayuntamientos financian libros y promueven la cultura (con los impuestos de los vecinos), pero otros prefieren las macrogranjas (dejan buenas ganancias al ayuntamiento y salarios muy bajos a los trabajadores), o bien montan un teatrillo donde la mayoría son de su cuerda y a esto le llaman cultura. Pero la cultura les pesa más que les abriga, como decía el poeta Antonio Machado. El ayuntamiento no me ayudó, más bien me cerró la puerta. El día de la presentación del libro el alcalde suspendió el acto por el confinamiento del Covid, sin embargo permitió que se celebrara el mercadillo del sábado, porque allí se ve que no había riesgo de contagio, cuando la mayoría de los vendedores venían de otros pueblos. He editado tres libros sobre Castilleja y los tres los he financiado de mi bolsillo y, cuando sale algún tema, escribo sobre hechos y personas de mi pueblo. Obras son amores.

Certificado del vicecónsul de España




Copio este párrafo del libro Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro: “Entre los años veinte y cuarenta del siglo pasado cambiaron el topónimo Castilleja por Castilléjar, luego suprimieron el apellido De los Ríos y ya desgraciaron el pueblo. Néstor Sosa, un argentino de Mendoza, me envió hace varios años un certificado del vicecónsul de España en San Rafael (Mendoza). Dice así: “Certifica que don Antonio Pérez y Martínez es español, natural de Castilleja de los Ríos…, de 28 años de edad, de profesión peluquero (…), 14 de noviembre de 1922” (…). Néstor Sosa estuvo buscando a su abuelo en el padrón de Castilléjar y no lo encontró, porque quemaron los archivos durante la Guerra Civil”. Néstor falleció hace unos meses, tendría menos de cincuenta años. En fin, en vez de cambiar el topónimo Los Barrancos por el anglicismo badlands (que nadie entiende ni aprovecha a nadie, como no sea a los ingleses), el ayuntamiento debía levantar un monumento al espartero, pues cientos de castillejanos cogieron esparto en Los Barrancos durante décadas y sirvió de sustento a sus familias. Sería hacerles justicia, pues muchos de ellos viven todavía. También podía reclamar a la Junta de Andalucía que se reponga el topónimo original de Castilleja de los Ríos, pues “es la mejor definición del pueblo y para mí es de los más bonitos de la provincia de Granada…”, escribo en el citado libro.

Los cuatrocientos ejemplares del libro Diálogos en la tierra de los ríos (2003) los vendí en seis meses y, si hubiera hecho otra edición, también se hubiera vendido, a pesar de que contenía menos fotos que mi último libro. Mi editor hizo una edición sin mi autorización y vendió los ejemplares a más del doble del precio que yo los vendía. En fin, quiero dar las gracias de nuevo a los veintiún paisanos y forasteros que me prestaron fotografías, a quienes han comprado mis libros y a los que me escribieron agradecidos, yo he tratado de hacerlo lo mejor que he podido aunque siempre habrá algún fallo. La fotografía de arriba es entrañable y se me saltan las lágrimas al contemplarla. De izquierda a derecha aparecen mis padres, Dora y Leandro, Isidora, Nati, la vecina, doña Natalia, la maestra de Los Carriones (venía montada en el remolque del motocarro del Capagatos y solía hacer una visita a mis padres), que está jugando con el maestro don Emilio, y mis hermanos Carmelo y Carlos, vestido con el que fue mi traje de primera comunión.



domingo, 28 de enero de 2018

UN GRITO EN EL SILENCIO












He tenido la oportunidad de visitar mi tierra natal de Honduras, o como ahora se le conoce como el segundo país más peligroso del mundo, por la pobreza, las necesidades y los peligros. Comprobé con mis propios ojos estas carencias y peligros que se alojan en este país, en el que vemos el terror en las calles cuando se apagan las luces, el miedo a perder a un ser querido o por ser una chica. Presencié un acto de amenaza hacia la familia de Bessy, la hermana de nuestro vecino. Esta chica conoció a un hombre, que le invitó a quedar para ir a una fiesta, ella respondió que iría con su amiga ‘Maryori’. Más tarde, las jóvenes no aparecieron. La madre de una de ellas fue a comunicar que su hija y una amiga no habían llegado a casa, pero la confianza de que algún día pudieran volver les salió demasiado cara. Estando la madre de Bessy en el plató de HCH, el canal hondureño, se enteró de que su hija y la amiga habían sido asesinadas y al momento le brotaron lágrimas en los ojos por el cruel destino de estas.

Fueron encontradas en un basurero  de la quebrada “El sapo”, en la Colonia Villa Unión, atadas de manos. ‘Maryori’ fue encontrada unos metros más arriba mientras  Bessy tenía un torniquete en el cuello, ambas tenían signos de violencia y sus cuerpos se encontraban en proceso de descomposición. La noticia de que estaba amenazada la familia de Bessy fue demasiado veloz, de manera que la madre y la hermana huyeron del país. La noche en la que estaban velando a la fallecida, Karem se quedó a dormir en casa de una amiga; las pandillas organizadas fueron a su casa para matarla, pues también estaba amenazada de muerte. Nuestro vecino era hermano de Bessy y también tuvo que irse del país, con su esposa Karem y las dos hijas. La gente de la colonia no se atreve a salir a la calle por la vigilancia de las pandillas que acechaban a la familia por si decidía volver.

En esos días nosotras no salíamos solas, para ir al colegio o al instituto íbamos acompañadas. La inseguridad, las desapariciones de niños y mujeres, así como las violaciones siempre estaban a la vuelta de la esquina. Las mujeres allí no tienen libertades, viven inseguras con la preocupación de salir a trabajar y no saber si volverán a casa… Este es uno de los pensamientos que yo tenía en la cabeza cada día. Las mujeres son más frágiles, pues se les utiliza y maneja. Es un mundo machista en el que el hombre tiene la ley debajo de la manga y ellos dicen que “las mujeres solo sirven para criar”. Sin embargo tenemos que ser más listas que ellos, hacernos de bien y pensar en lo que será mejor para nosotras, crearnos un futuro y tener la meta de obtener estudios; soltar un grito en el cielo y decir “Nosotras podemos y valemos para todo”.

Es por ello que la “ONG Solidaridad Honduras” tiene una casa de acogida para niñas y jóvenes que quieran tener un futuro mejor para ellos y para sus familias. Muchísimos jóvenes de allí no pueden seguir continuando sus estudios por problemas y porque no todo el mundo puede costeárselos, ya que los salarios son muy bajos. Con la ONG se puede formar a jóvenes que desean salir de esta situación, que quieran estudiar, pero necesita ayuda económica y becas para poder acogerlas. Ver que los sueños de mucha gente son maravillosos, ver la sonrisa reflejada en sus caras, contigo y con tu ayuda podemos conseguirlo, o ¿quieres que estas jóvenes se conviertan en juguetes? Ayuda al hogar y grupo educativo “La Casa”, de la “ONGD Solidaridad Honduras”.

            DIANA RAQUEL SÁNCHEZ LÓPEZ



Posdata: nací en Honduras, vivo y estudio en Guadix, con mi familia de acogida a la que estoy agradecida. Con año y medio fui traída desde Honduras, por la “ONGD Solidaridad Honduras”, que pidió la ayuda del Servicio Andaluz de Salud y fui intervenida en el Hospital Materno Infantil de Granada. En enero de 2001, yo tenía varias malformaciones en el corazón, con el diagnóstico de muy grave, y me recuperé tras un largo proceso.  Quiero expresar mi agradecimiento al entonces cirujano Salvador López Checa, del Servicio de Cirugía Infantil, de la Ciudad Sanitaria Virgen de las Nieves, que coordinó la actuación junto al doctor Antonio Santaella.

domingo, 21 de enero de 2018

RECUERDOS DEL SEMINARIO





Seminario de Guadix, curso de 1967
In memoriam, Pepe Díaz 




(1) Ocurrió en el año 1967, en el Seminario de Guadix. A mitad del curso, hubo un puente de cinco días y los seminaristas se marcharon a sus casas. Sin embargo, los curas ofrecieron la posibilidad de quedarse durante aquellos días a quien quisiera, el caso es que nos quedamos mis dos paisanos de Castilléjar y yo, ellos estaban en primero de bachiller mientras que yo cursaba segundo. Lo hice pensando en mis padres, pues a veces se quejaban del gasto que les suponía mi estancia durante nueve meses en el Seminario, y mis paisanos accedieron también. Al final, de todos los seminaristas nos quedamos solamente nosotros tres. Al cargo nuestro se quedó un seminarista de Huéscar, que estaba en el Seminario Mayor y, durante aquellos días, el siempre nos acompañó. Recuerdo que era amable y lo pasamos muy bien, éramos casi paisanos y conectó pronto con nosotros. Este episodio lo he recordado hace unos días, lo tenía olvidado y ha aflorado ahora, de forma caprichosa, al cabo de más de medio siglo. Con los años van surgiendo sin querer los recuerdos entrañables de la infancia y de la adolescencia. El Seminario en aquella época era de los colegios más duros y disciplinados de España, y también de los más económicos, sin embargo, nosotros disfrutamos en aquellos días y apenas si nos acordamos de que podíamos estar en el pueblo con nuestra familia y con los amigos.
Los jesuitas con algunos seminaristas



En aquel Seminario, sobrio y austero como un convento de clausura, que normalmente acogía a más de cien alumnos, ahora solamente estábamos nosotros tres y nos sentíamos como “Marcelino pan y vino” con los frailes. Oíamos misa por la mañana, desayunábamos y andábamos distraídos por allí, jugando al fútbol o al baloncesto, paseando por la histórica Alcazaba de ‘el Zagal’, bajo la atenta mirada de la Virgen Blanca, que entonces estaba enclavada en el torreón más alto y podía divisarse desde varios kilómetros antes de llegar a Guadix. En la comida y en la cena estábamos juntos como si fuéramos viejos compañeros, y por la noche veíamos un rato la televisión. En aquella época sonaba la canción, que en su día popularizó el argentino Carlos Gardel, ‘Adiós muchachos, compañeros de mi vida, barra querida de aquellos tiempos…”. Hace dos años, la oí tararear en Francia a Gilles, mi consuegro francés, me dijo que de pequeño la había oído cantar a un español. Hoy la canción está completamente olvidada. Apenas si tengo recuerdos de aquellos días del Seminario, le he preguntado a mi paisano, que está en Mallorca, y su respuesta ha sido: “No recuerdo del tiempo que me pides. No me suena quedar en esos días”. Está visto que los años no pasan en balde. En el Seminario también se quedaron los padres jesuitas, cada uno iba a lo suyo, a sus rezos y oraciones, mientras que nosotros fuimos los niños mimados que casi no tenían ninguna obligación, al no haber clases ni estudio, y con mucho tiempo libre. Cuando nos cruzábamos con los curas, nos saludaban y preguntaban algo, lo que nos hacía la vida más agradable.


Los padres jesuitas. Pepe Díaz, de paisano


Me viene a la memoria una anécdota, que nos pasó unos meses antes. Cuando los tres paisanos regresamos después de las vacaciones de Navidad al Seminario, nos encontramos en la puerta de entrada al obispo Gabino Díaz Merchán (años después fue presidente de la Conferencia Episcopal Española), que iba acompañado del rector. Y entonces nos preguntó el obispo: “De dónde sois vosotros?...”. Después de informarle, dice: “¿Sabéis si han puesto ya el agua en el Cortijo del Cura?”. Este es un anejo de Galera y le conectaron el agua por aquel tiempo. Hacía unos meses que el obispo había hecho una visita pastoral por la comarca de Huéscar, de la que se conservan algunas fotos. En los primeros meses de ingresar en el Seminario se pasaba bastante mal, por la dureza del horario y de la disciplina (estudios, clases, misa, meditación, rosario, rezos, recreo, tiempo libre…), sólo salíamos al campo los sábados por la tarde, de manera que muchos no se adaptaron a aquella vida espartana y tuvieron que marcharse. Aquella dureza era comparable al gélido y cruel invierno de Guadix, del que tanto se quejaban los misioneros que venían de África, para echarnos películas y charlas sobre la labor que hacían en los diferentes países africanos, tratando de conseguir alguna vocación entre nosotros para las misiones. Varios detalles me llamaron la atención del Seminario, en aquellos años, la biblioteca que se me antojó inmensa, pues era la más grande que había visto hasta entonces. Y sin embargo, era un salón enorme, lleno de estanterías y de libros, que tenía unas escaleras de madera para subir a la parte alta, donde había unos estrechos pasillos para acceder a los libros. Ahora el salón está lleno de cachivaches, mientras que los libros del Seminario se conservan en el Archivo Diocesano.


Fachada del Seminario, en 2014.





También había una pequeña emisora de radio, llamada EAJ…, que se oía en el comedor durante las comidas. Aquí fue donde oí por primera vez ‘El bolero’ de Maurice Ravel, con su impresionante ritmo ‘in crescendo’, y donde recibí un premio por una redacción que presenté, un bolígrafo que conservo. Hace poco, un antiguo compañero me confesaba que el padre Prefecto lo sorprendió cogiendo un plátano, en el comedor de los frailes y, sin embargo, no lo castigó. Le dije que “yo también entré en un par de ocasiones, a coger el correspondiente plátano, y tuve más suerte”. Pero fue en aquel puente cuando pudimos comprobar el rostro humano de aquellos curas y frailes, que se nos antojaban tan serios y distantes, mientras que la vida en el Seminario se nos hizo más agradable. Me ha quedado grabado el recuerdo lejano de aquel seminarista rubio –hoy, sacerdote jubilado–, que cuidó de nosotros y nos hizo reír, en aquellos días del puente, mientras que todos nuestros compañeros disfrutaban en el pueblo con su familia.



El patio con arcadas, todo en ruinas





Este artículo lo dedico al antiguo rector, el único que queda con vida de los años sesenta, don Leo Gómez Amezcua (a finales de diciembre le pusieron una prótesis en la cadera por  una fractura de fémur); al padre espiritual Manuel Cantero, a los sacerdotes (jesuitas y diocesanos, de los que ya fallecieron varios), a los frailes y educadores, así como a los antiguos seminaristas que pasamos por el Seminario de Guadix. Hace más de un mes, propuse al grupo de Wasap de exseminaristas hacerle una dedicatoria en un almanaque a don Leo, pero sólo unos pocos la apoyaron, lo que da una idea de los recuerdos que nos han quedado del Seminario a unos y a otros. Hoy se encuentra en un estado de ruina, con escaleras derrumbadas, parte del tejado al descubierto y con el patio de arcadas y ventanales, donde crecen las higueras alrededor del pozo. Aquí estudió el escritor Pedro Antonio de Alarcón y miles de estudiantes y sacerdotes de la Diócesis de Guadix-Baza y Huéscar. La Alcazaba fue declarada monumento nacional mientras que el Seminario forma parte del patrimonio de Guadix, por eso, el ayuntamiento y las instituciones deben de restaurarlos y no dejarlos en el  más completo abandono. 

Publicado en la revista de Actualidad y Cultura Wadi-as, en enero de 2018

(1) José Berbel es párroco de Graena y ayer, 21 de mayo, escribió este párrafo en el wasap de Seminaristas Amigos: Descanse en Paz Pepe Díaz. Yo he tenido mucha relación con él en toda su trayectoria. Empezó su acción pastoral en Dehesas y Alicún de Ortega, después pasó a Fonelas y Huélago, donde estuvo muchos años. Despues vino Cúllar y anejos. Más tarde Santa Ana, en Guadix, y la secretaría general y finalmente la Mayor de Baza. Toda una vida al servicio de la Diócesis. Como era costumbre en los Jesuitas terminada la Filosofía hacían un año de Magisterio y estuvo junto con Martín de maestrillos en el Seminario Menor (foto que ha subido Pepe Gómez).Que el Señor lo acoja en el reino del Amor y de la Paz. Yo estuve en Fonelas, estando él de Párroco haciendo la Pastoral, y allí me ordené de Diácono por la mañana y por la tarde se ordenó José Ramón en Baza. D. Antonio Dorado era el Obispo, aunque ya estaba en Cádiz....


Posdata: El seminarista que nos acompañó durante las vacaciones era Pepe Díaz, hoy está de párroco en Huéscar. Acabo de enterarme que ha fallecido hoy, 21 de mayo. Mi pésame a la familia. En las vacaciones nos quedamos en el Seminario, Manel Rodríguez, Tomás Pinteño y yo. 

lunes, 15 de enero de 2018

ANTONIA MORENO, ‘ARCOIRIS’







'Arcoiris', en la Biblioteca de Andalucía. 2017









“Gitana de nacimiento, / poeta de vocación / y aprendiz de profesión… / Procuro ser “buena gente” / más… no siempre lo consigo…”. 

De esta forma se presenta Antonia Moreno, en su libro “Arcoiris Inverso”, editado en 2013. Cuando la saludé por primera vez, en la Biblioteca de Andalucía, aunque ya nos conocíamos de escribirnos por Facebook, me regaló el libro con esta simpática dedicatoria: “Con cariño y alegría para mi amigo Leandro, para que la sonrisa sea nuestra contraseña”. Unas páginas más adelante, Antonia se define así: 

“Vivaracha, alegre, cantarina y grácil, / de corazón noble, de intelecto ágil… / Rebelde, altanera, sincera, valiente, / amiga fiel de la tierra y de su gente. / Cantando las penas jugaba a vivir. / Siempre fue chiquilla y anciana al sentir”. De su espíritu, ella dice que es como un “duendecillo impredecible, / juguetón y quisquilloso, / siempre alegre, siempre alerta, / ingenioso y bondadoso… / amigo es de todo aquél que no sea rencoroso, / ni quiera encontrar en él, / malicia engaño ni acoso”. 

En definitiva, ‘Arcoiris’ es transparente como el agua cristalina de las fuentes del río Guardal, que pasa lamiendo el barrio de Los Evangelistas, de Castilléjar, donde nació.  Yo diría, en lo poco que la conozco, que es alegre y sencilla, confía en las personas y le gusta cultivar la amistad. Le encanta ver reír a la gente y sobre todo a los niños. En su página de Facebook figura con el sobrenombre de ‘Arcoiris Moreno’ y  he visto colgadas varias fotografías hablando en un aula escolar con los niños, aquí es donde se siente en su salsa, contándoles cuentos, porque el mundo de la infancia es su pasión. Copio esta coplilla romántica de su libro: “Soñé: que de tu mano caminaba / y todo era alegría, / que yo besaba tu boca / y tú besabas la mía. / Soñé, tonta de mí, / que me querías.”

Antonia me escribió hace varios años y destaco algunas frases: “Como ves, escribiendo comparto mucho, ja ja, soy ese torrente de alegría, de pensamientos, de... lo que sea!!! Ja ja es mi naturaleza (…). Yo tengo mi gente y ahí están mis compañeras del cole, con las que después continué en contacto, y las otras que fui conociendo de la costura, o de otras actividades, también los chicos... en fin, son muy gratos recuerdos los que conservo, y cuando vuelvo por el pueblo (Castilléjar), sigo notando ese cariño, PERO... siempre hay sorpresas (…). Cuando ahora te vi aparecer, quise limpiar esa imagen... y conocer realmente quien es este "leandro" el que además escribas, me da la tranquilidad que también "comprendas" mi lenguaje, porque a mí, se me ve a través de mis letras (…). Yo sigo viendo lo bueno en las personas, pero la vida es muy cortita para regalar tiempo... donde uno se estanca, se aburre”.

Hace un mes, varias amigas le hacían comentarios a una poesía suya y yo escribí esto: “Antonia lleva dentro la alegría de su raza”, porque siempre va cargada de ánimos, quizá porque le sonríe a la vida (normalmente, ocurre al revés), a pesar de todo o aunque esté diluviando. Por eso es espontánea y necesita comunicarse. Me llamó la atención esta frase de su libro: “Yo he conocido niños que, aún siendo ya mayores, incluso padres de otros niños, no consiguen olvidar sus días tristes en la infancia (…). A este niño, le dediqué la ‘Nana del niño grande’:

A la nana, mi niño,
nana morena…
entre olas de plata
la luna llena (…).
Ya las noches de escarcha
son de canela,
vuelan las amarguras,
bailan las penas (…).
A la nana, mi niño,
de mar y arena…
Yo velaré tus sueños
con miel de seda.

En ‘Adiós a un viejo curso’, ‘Arcoiris’ recuerda el último año que estuvo en el colegio:

(…). El miedo que ayer sentías
al entrar cuando eras niño,
hoy que llegas al final
se ha convertido en cariño.
Hoy que has de decir adiós,
se hace un nudo en la garganta,
miras atrás con amor.
Colegio, has sido mi casa,
 pesadilla e ilusión.

“El osito Andrés (en busca de su propia identidad)” es un cuento breve, con ilustraciones para niños, que ‘Arcoiris’ ha editado en 2017, en español y en alemán. En sus andanzas por la vida, el osito aprende una buena lección. Recojo estas frases que me escribió Antonia en 2014: “Es ahora cuando mis compañeros son la "sociedad" del pueblo. Y ahí estaban como maestros, alcaldes, y otras funciones... así que pronto volvimos a estar en contacto y como ves, escribiendo comparto mucho, ja ja, soy ese torrente de alegría, de pensamientos, de... lo que sea!!! Ja ja, es mi naturaleza y así fue que mis compañeras entonces en los cargos culturales del pueblo, me pidieron colaborar en la fiesta del libro, y tuvimos mucha suerte porque conseguimos realmente algo maravilloso. Para mí fue una sorpresa enorme, me tenían preparadas muchas sorpresas... me hicieron un homenaje, vino mi profesor, amigo Tomás desde Granada, él fue mi maestro en Huéscar y... bueno, también representaron el cuento de El osito Andrés... y todo eso, coronado con mis músicos, que también vinieron. Todo eso, obvio sin otro interés que ese: pasarlo bien y celebrar ese encuentro. Nos dieron comida y alojamiento...”.


Esta pasada Navidad, Antonia ha escrito esta dedicatoria para los amigos: “POR ESO Y MUCHAS COSAS MÁS... ven a mi casa esta navidad :) lo que falte de comida se pone de música, de humor, de alegría... Que nadie se sienta lejos, ni solo, ni triste...”. Así es de generosa y sencilla. En otra ocasión me contó esto: “Yo estuve mirando tu blog y vi muchas fotos, algunas personas conocía y otras no… Yo no soy de apegarme a los lugares, ni siquiera a mi cueva donde viví, que era bastante linda y me gustaba estar allí, pero cuando fui ahora, la verdad que no siento apego a ningún lado. Ahí donde estoy intento sentirme bien y ya está. Y lo sigo pensando, de mayor quiero ser niña…”. Quizá por eso le gusten tanto los caramelos, como a los niños. A veces le he preguntado, “¿cómo te sientes en Alemania, con tanto frío y tan pocas horas de sol, tan lejos de España?”, y su respuesta ha sido que se siente a gusto allí, en su casa. “Con las personas sí soy más sentimental y tengo añoranza, y echo de menos a la que más me llega al corazón, obvio, pero intento no andar en el pasado ni complicarme con el futuro, ja ja”.

En la última página de su libro “Arcoiris Inverso”, escribe: “Amiga y compañera de los niños. Quiero ser poeta. Miembro fundador de la revista literaria Camagua”. Y se despide con esta poesía, titulada: “Simplemente soy”:

 No tengo religión, no conozco fronteras ni dueño ni señor.
Camino por mi vida a sabiendas de que soy una desconocida.
Soy en cada momento eso que vivo y siento (…).
Soy fuego, soy escarcha,
soy sombras y soy luz,
soy noche, madrugada,
soy hoy, soy ayer
y tal vez… sea

sábado, 16 de diciembre de 2017

IGUALES ANTE LA LEY










Granada: de cultivar tabaco a inundar Europa de marihuana


–Hace dos semanas me dijeron que el… consiguió echar a los ‘gitanos negros’ (los habían traído de otra localidad) de las cuevas de Guadix, los amenazó con que los iba a matar. Por si tú sabías algo.
–Pues eso mismo es lo único que sé. Lo comentó la gente en abierto y eso es lo que dijeron.
–Ver para creer, lo que no se atrevió el Ayuntamiento lo hace un calé.
–Ni el Ayuntamiento ni la Guardia Civil. Los delincuentes se las saben todas y siempre van un paso por delante de las autoridades.
–En Almanjáyar, en La Paz y en otros barrios de Granada tienen el problema de los enganches ilegales de electricidad, debido al cultivo de la marihuana. Cuando esto fue a más, con cortes diarios de luz en varios sectores, tuvo que intervenir la Policía y Endesa. Sin embargo, hubo algunas personas que veían bien que los vecinos cultivaran marihuana, decían que así no cometían delitos peores. Y esto lo dijeron públicamente, en la prensa. Pero en Guadix no han hecho nada y cada vez venían más ‘gitanos negros’, por el efecto llamada.
–Ya sabemos por qué hemos pasado.
–Me refiero a que les daban ayudas y alimentos, ellos se metían en cuevas abandonadas y hacían enganches ilegales de luz y agua, de manera que aquí vivían mejor que en el pueblo de donde venían.
–Los trajeron por aquello de intentar buscar población en Guadix para no perder los 20.000 habitantes. Una vez que se acomodaron, ya se dedicaron a las subvenciones y a todo lo demás.
–Los accitanos deben defender, por encima de todo, su seguridad y su libertad, y no dejar que unos delincuentes los tengan intimidados.
–Eso es fácil de decir, amigo, una persona normal y corriente se juega mucho,  pero esos… no se juegan nada y encima se las saben todas. Tú te puedes buscar una ruina; ellos no.
–Parte de culpa la ha tenido el Ayuntamiento aunque hubo un momento en que quiso desalojarlos de las cuevas, aunque también procuró que no lo acusaran de racista. Pero, alguien salió en la prensa diciendo que los niños de los ‘gitanos negros’ se iban a quedar sin alimentos ni escuela…
–Puede ser, pero como no se han puesto...

Esta es la conversación que, más o menos, mantuvieron dos vecinos de Guadix, en cuanto a la denuncia de los niños que se iban a quedar sin alimentos ni escuela, no tiene ningún fundamento. En ningún pueblo de España se permite que unos niños pasen faltas, por la sencilla razón de que se reparten alimentos hasta a los hijos de inmigrantes y los servicios sociales se ocupan de ello. A los inmigrantes y a los más necesitados se les conceden ayudas, subvenciones y hasta pagas: 600 euros por la familia y 200 por el alquiler a miles de musulmanes o de otra nacionalidad, igual que a cualquier español necesitado. Baza, por ejemplo, es la ciudad de España que más ayudas sociales concede, y Guadix andará por ahí.

En cuanto a quienes ven bien que los vecinos de Almanjáyar, La Paz y otros barrios cultiven marihuana, con la excusa de que así no cometen delitos peores, es otro disparate y el tiempo lo ha demostrado bien pronto. El buenismo, la comprensión o el tratar de quedar bien con los vecinos que cultivan (o con quienes roban) han conseguido que Granada se haya convertido en la primera provincia española que cultiva y exporta marihuana al resto de España y también a Europa. Es más, los mafiosos se han instalado y viven ya en los pueblos del Área Metropolitana, incluso ha habido varios muertos entre los clanes de la droga y se están practicando muchas detenciones, por lo que los delitos han aumentado considerablemente: en julio pasado la Policía detuvo a 40 personas relacionadas con la marihuana y 1,300 enganches de luz fueron desactivados. Lo que da una idea del negocio de la droga.

Por otro lado, los cuerpos y fuerzas de seguridad no pueden perseguir y detener a los camellos y consumidores y, al mismo tiempo, hacer la vista gorda con quienes cultivan marihuana, y no precisamente para ganarse el pan. El artículo 14 de la Constitución señala claramente que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. De manera que unos individuos no pueden estar por encima de la ley, ni los delitos de robo o contra la salud pública no deben de quedar impunes, porque estaría en entredicho la Justicia. Esto me decía un amigo sobre los robos en viviendas de Guadix: " los civiles aburridos...., a las 10 visita al juez y a la calle”. Se produjo el robo en una cueva y la Guardia Civil la inspeccionó pero no tomó huellas. Dijeron que “esto sólo se hace cuando hay delito de sangre…”. A un vecino de las cuevas, que le habían robado leña, me decía “para qué lo voy a denunciar”. Y así, entre unos y otros daban toda clase de facilidades a los delincuentes, que vivían como marajás, mientras que Guadix los había acogido.

Cuando no se respeta la ley, estamos a merced de la tiranía de unos pocos y, en el caso de Guadix, la culpa la hemos tenido todos por callar y no hacer nada ante cuatro maleantes, que se dedicaban a robar a los vecinos con total impunidad. Pero, por estas casualidades, precisamente un calé ha solucionado el problema que no han sabido ni querido resolver las autoridades, ni las instituciones, ni siquiera los ciudadanos denunciando los continuos robos que padecían. Cada sociedad tiene los delincuentes que se merece pero lo que no puede ser es que una población, de 18.000 personas, haya estado viviendo intimidada por cuatro desalmados (algunos vivían de las ayudas sociales y de subvenciones) mientras unos y otros se echaban la culpa de la situación. Habrá que pensar que algo está fallando en nuestra sociedad.


Lo que más me llamó la atención de estos casos es que fueran dos sacerdotes quienes mostraran comprensión, caridad y hasta justificación, con quienes  cultivaban marihuana o robaban a los vecinos (como si los delincuentes fueran los hijos pródigos de la parábola), mientras hacían y hacen mucho daño al conjunto de la sociedad. Habría que recordarles el aforismo romano de Dura lex, sed lex (la ley es dura, pero es la ley), o el artículo 14 de la Constitución española, que no admite excepciones porque los españoles somos iguales ante la ley. Pero me quedan estas dudas: ¿qué pasará si regresan los delincuentes que salieron huyendo de Guadix, seguirán robando como antes? Y ¿cómo será la vida en Granada, de aquí a poco, ahora que el cultivo de la marihuana se ha extendido a los pueblos del cinturón? La respuesta la avanzaba el periódico Ideal, el pasado 13 de diciembre: “La marihuana sigue siendo la pesadilla de esta provincia”. Y la relaciona con el notable incremento en los delitos por lesiones y los robos con violencia en los domicilios, en el año 2016, muchos de ellos a consecuencia de ajustes de cuentas o de los robos de marihuana. El día 14 salía en Telecinco que la Policía y operarios de Endesa habían intervenido en un barrio de Pinos Puente: de cien domicilios sólo cuatro tenían un contrato legal de luz mientras que en los restantes encontraron bastantes cultivos de marihuana. En la zona de Las Gabias, Cúllar y la Malá han incrementado los efectivos de la Guardia Civil, debido a las incautaciones de marihuana...