sábado, 18 de marzo de 2023

LA MUERTE DEL POBRE

             

El incendio, en el piso de Huelva



En el invierno es cuando se suelen producir los incendios en las viviendas, donde muchas personas mueren calcinadas por las llamas o por la inhalación del humo. Las causas suelen ser los braseros eléctricos, de butano y de picón, que prenden las enaguas, o bien las estufas, chimeneas, radiadores, calentadores… Hace tres años, murieron varios jóvenes mientras dormían en una cochera, por los gases de un brasero de palos de madera, que habían encendido para calentarse. Recuerdo que, cuando yo entraba al piso de mi madre, en los años ochenta, olía a butano desde la entrada y eso que tenía el brasero encendido en el otro extremo de la vivienda. El monóxido de carbono del butano y del brasero de picón adormece y produce una muerte dulce. En los años noventa, Concha, la Carbonera, vendía picón en la calle Elvira, número 26, detrás del Banco de España, hasta que cerró el local. El oficio perdura en los pueblos, que es donde más se consume carbón, y lo inmortalizó Julio Romero de Torres, al final de su vida, con su mejor cuadro, La chiquita piconera.

 Tengo un recuerdo imborrable de mi infancia. Una noche fui al cine con mis padres y, al regresar a casa, mis dos hermanos que se habían quedado no contestaban a los golpes en la puerta y en la ventana del comedor, donde se veía la luz encendida a través de las rendijas de la madera. Entonces, mi padre subió a la terraza y entró en la vivienda forzando la puerta. Mis hermanos se habían quedado profundamente dormidos en la mesa camilla, al calor del brasero de picón, y con la puerta del comedor cerrada. Si tardamos más tiempo en llegar, posiblemente hubieran fallecido por el monóxido de carbono del brasero de picón. Todavía tengo miedo cuando echamos las ascuas de la chimenea en el brasero de la mesa camilla, pues te adormilan con el calor y sobre todo con los gases. 

 En el cementerio de San José, de Granada, siempre me llama la atención una lápida negra, grande y semicircular, a la altura del suelo, en memoria de la muerte de cinco niños, en el incendio de una vivienda en Granada, en 1933. Y alguna vez he leído el trágico incendio que tuvo lugar por esos años, en una casa del Camino de Purchil, donde también fallecieron varios niños. En febrero pasado ardieron varias habitaciones de un ático en Guadix, porque se incendiaron las cortinas. Son muchas las negligencias que se cometen a diario en las viviendas, como poner ropa a secar en la estufa o en los radiadores, con frecuencia se prenden las enaguas en las mesas camillas, colocar un sillón cerca del fuego de la chimenea, ropa al lado del calentador de gas, fumar cigarrillos en la cama, por no hablar de los numerosos incendios que se producen en las cocinas, a causa de los hornos, del aceite de la sartén...

La chiquita piconera, de Julio Romero


 Resumo tres incendios recientes, con víctimas, que salieron en la prensa.

Mueren tres jóvenes, uno de Sevilla, en el incendio de un piso de estudiantes en Huelva

Incendio Huelva, última hora: el suceso ha tenido lugar en una vivienda de la calle Villanueva de los Castillejos del barrio de Isla Chica y, según la Policía Nacional, otras siete personas consiguieron salir con vida

Los jóvenes fallecidos en el incendio de Huelva estaban celebrando el fin de los exámenes del cuatrimestre

Un brasero posible causa del incendio de Huelva que se ha cobrado la vida de tres estudiantes

P M. MOGUER / A. BAREA. Huelva, 31/01/2023

Al parecer, en el piso había hasta siete personas más, que escaparon del piso sin lesiones y se encuentran en buen estado de salud. El origen del fuego «supuestamente ha sido por una estufa en el salón», añade la Policía.

 Mueren calcinadas dos personas en el incendio de su casa en Entrevías

Las personas fallecidas, un hombre de 83 años y una mujer de 57, han sido víctimas del fuego originado en una de las habitaciones de la vivienda.

TELEMADRID. 26 de febrero de 2023 - 08:00 EUROPA PRESS

 Muere un anciano en el incendio de una vivienda en Tarragona

EFENOTICIA

 Las dotaciones de bomberos encontraron el cuerpo del anciano en su casa de la localidad tarraconense de El Vendrell.

En el comedor de la primera planta, localizaron a la persona, ya sin vida. El personal médico del Sistema de Emergencias Médicas (SEM), que desplazó cuatro unidades, confirmó la muerte del anciano. Las ocho personas que residían en los pisos de las plantas 2 y 3 no pudieron pasar la noche en su casa y fueron realojadas a través de la Policía Local.

 

Copio parte del artículo de Adela Muñoz Páez, catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla y miembro de la Red de Científicas Comunicadoras, que publicó en elperiódico.com, el 1 de diciembre de 2019

Braseros asesinos y canarios salvadores

Con el invierno llegan las nevadas, abren las estaciones de esquí y las carreteras del norte se colapsan. También llega una plaga de muertes silenciosas y evitables cuyo responsable es el monóxido de carbono, CO, la primera causa de intoxicación en el mundo que en España mata a más de 100 personas al año y origina entre 5.000 y 10.000 intoxicaciones.  ¿Cómo mata este gas tan insulso que ni huele, ni tiene color, ni es irritante? Vuelve loco al hierro de la hemoglobina de la sangre que, por su culpa, abandona al oxígeno, O2, causando la muerte de las células de nuestro organismo (…).

Si el canario moría...

¿Y los canarios? En épocas pasadas, cuando había que estar en lugares cerrados y mal ventilados en los que había combustión, como las minas, se empleaban animales pequeños con un metabolismo de transporte de oxigeno similar al humano pero más sensible al CO, para que alertaran a los mineros de la presencia de gas tóxico: si el canario dejaba de cantar y moría, tenían el tiempo justo para salir de la mina para no morir asfixiados. Hoy no hace falta que sigan muriendo canarios porque hemos sido capaces de construir sensores que desempeñan esa función, pero también necesitamos de conocimientos básicos de los procesos químicos que tienen lugar a nuestro alrededor y sentido común para evitar este tipo de muertes.

Detector de incendios


           

   Hay que destacar que en Francia,  desde 2015, y en otros países de Europa, es obligatorio instalar el detector de incendios en todas las viviendas. Y cuento esta anécdota que ocurrió el pasado mes de enero. Una tarde encendimos la estufa de pellet y, sobre las diez de la noche, sonó la alarma del detector de incendios. Estábamos adormilados mi mujer y yo, pero no sabíamos lo que sonaba hasta que nos dimos cuenta. El salón de la cueva es amplio y el techo semicircular tendrá dos metros y medio de alto, pero, cuando miramos hacia arriba había una capa espesa de humo que salía por los tubos de la estufa. Si no es por el detector de humos, nos hubiéramos quedado dormidos y posiblemente no estaríamos vivos. El detector es un aparato pequeño, que se coloca en el techo, cerca de la cocina, su precio no llega a diez euros y funciona con una pila. Emite señales acústicas y luminosas en caso de humo o de incendio. No se explica cómo no es obligatorio en España, pues salvaría un centenar de vidas humanas y cientos de viviendas no se incendiarían, sobre todo en los edificios de pisos, supondría además el ahorro de millones de euros en reparar las viviendas afectadas. Pero, cada vez que oigo la noticia de que alguien ha fallecido a causa del monóxido de carbono, de los braseros, pienso que ha tenido la muerte del pobre.


jueves, 16 de febrero de 2023

APARCAR EN UN GARAJE SIN VADO

 






El
16 de septiembre de 2021, por la noche, un individuo dejó aparcada la furgoneta Citröen, marca berlingo, con matrícula…, entre las cancelas de los garajes de dos viviendas, en Las Gabias, obstaculizando la entrada y salida de los vehículos. Al día siguiente, por la mañana, el vecino no pudo sacar su turismo del garaje, por lo que no fue a trabajar a un pueblo que dista 50 km; y yo, que regresaba de un viaje, no pude meter mi vehículo en el garaje. Llamé a la Policía Local y acudió sobre las 13 horas, me dijeron que la furgoneta no tenía seguro obligatorio y que iban a hacer unas gestiones. Como no volvieron, a las 18:30 horas llamé de nuevo a la Policía y me informaron que los del turno de la mañana no les dijeron nada de la furgoneta mal aparcada. Poco después se pasó un coche patrulla, inspeccionaron el vehículo y nos dicen que no ha sido robado, pero que como no tenemos vado no puede retirarlo la grúa municipal. Al no tener seguro obligatorio la furgoneta, podían haber multado al conductor o bien avisarle porque obstaculizaba dos garajes. Pero no hicieron nada. A las 11 horas del día 20 (cuatro días después), vino un tipo con una furgoneta, ató una soga al Citröen y se lo llevó remolcado, lo que es también sancionable. Pero, antes, le dije a gritos al del Citröen, que apestaba a alcohol. ¿Pero no se da cuenta del daño tan grande que ha hecho a dos familias, durante estos cuatro días?

 

El 13 de mayo de 2021, Granada Hoy publicaba esta crónica, con el título: “¿Puedo aparcar en una salida de garaje sin señal de vado?

Aunque no exista señal de vado, no se puede obstaculizar el paso de vehículos a la hora de estacionar.

Hay muchos garajes comunitarios que no tienen una señal de vado en la entrada y salida de este y por lo tanto no está anunciado que no se pueda aparcar en ese hueco. Pero la realidad es que aunque no haya una señal de vado no se puede estacionar nuestro vehículo ahí. Así lo dice el artículo 91.1 del Reglamento General de Circulación: "La parada y el estacionamiento deberán efectuarse de tal manera que el vehículo no obstaculice la circulación ni constituya un riesgo para el resto de los usuarios de la vía". Por ende, aunque no haya una señal que señalice el vado, si un conductor aparca ahí su coche puede que le sancionen (…). Entre las sanciones que marca el Reglamento General de Circulación destacan: Estacionar el vehículo dejando mucho hueco con el bordillo tiene una multa de 80 euros…”.

 

Yo añadiría el art. 91.2 m del Reglamento General de Circulación, que dice: Las paradas o estacionamientos que, sin estar incluidos en los párrafos anteriores, constituyan un peligro u obstaculicen gravemente el tráfico de peatones, vehículos o animales.

La jurisprudencia establece en estos casos que la necesidad de utilización de la entrada y salida del vehículo de la parte demandada, prevalece sobre la necesidad de utilización del espacio público del demandante. De lo contrario, cualquier ciudadano estacionaría su vehículo en la puerta del garaje de otro, impidiendo la salida o entrada, lo que originaría múltiples conflictos, problemas de convivencia y estaríamos en el juzgado todos los días. 


Habiendo una grúa municipal en Las Gabias, no se entiende que la policía local no hiciera nada: mover el vehículo unos metros más abajo, siquiera para que los vecinos pudiéramos entrar y salir con los turismos de los garajes, o al menos avisar al propietario de la furgoneta. Cuando lo que correspondía, en justicia, era multarlo por obstaculizar la circulación y por carecer del seguro obligatorio. Tampoco tenía en el parabrisas ningún sello de la Inspección Técnica de Vehículos, ya que la matrícula de la furgoneta es GR-AS por lo que tiene más de treinta años. La Biblioteca de Andalucía, en Granada, tiene un garaje en la planta baja donde aparca el personal. En la puerta del garaje no hay ninguna señal de vado y así están bastantes delegaciones, establecimientos e instituciones. Incluso la Policía Municipal de Las Gabias tiene un garaje al lado del Ayuntamiento, y tampoco tiene la señal de vado. El caso es que, en vez de sancionar al infractor, o al menos avisarle, prefirieron que los dos vecinos estuvieran cuatro días sin poder mover sus vehículos, hasta que aquel tipo remolcó la furgoneta con una soga, apestando a alcohol y conduciendo. Según el Reglamento General de Circulación, si al aparcar no te pegas al bordillo lo suficiente, o te subes en él, te pueden poner una multa de 80 euros. Y sin embargo, se les dejó abandonados a su suerte, cuando la grúa municipal se ha comprado con los impuestos de los vecinos.


https://www.granadahoy.com/sociedad/Puedo-aparcar-salida-garaje-sin-vado_0_1683132287.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=smm&utm_campaign=noticias


sábado, 4 de febrero de 2023

LA TAHONA DE ROSA, DE ARTURO CERDÁ

 

La tahona de Rosa




El 23 de enero pasado colgué esta fotografía en mi portada de Facebook, la compartí de La Guardia Jaén y venía con este comentario: San Antón mete a las Abuelas en un rincón y San Sebastián las saca a pasear. El horno de pan, Sierra Mágina a principios del siglo XX. El refrán yo lo conozco así: Por San Antón, la vieja en el rincón. He puesto solamente las letras iniciales de quienes comentaron la foto (todas son mujeres), para que no figuren los nombres y apellidos. Yo le añadí este texto: Esta foto me trae tantos recuerdos, que se me saltan las lágrimas. Te lleva a la infancia.

M.T. A mí también, qué tiempos

C.P. Pues a mí. Me gustaban aquellos tiempos, será porque no pasé hambre.

Leandro. Por los vestidos, la foto puede ser de la años treinta o cuarenta

Leandro. C.P. Creo que la foto me hace verme como un niño

M.T. A mí me recuerda los inviernos al lado de la lumbre

Leandro. La abuela haciendo ganchillo y las jóvenes sacando pan

F. R. Recuerdos que nunca olvidaremos

Leandro. No sé por qué me trae tanto sentimiento

F. R. Nos hacemos mayores y somos más vulnerables y sensibles.  El tiempo se nos va acabando...

P.M. Yo recuerdo a mi abuela vestida así

Leandro. Ahora me doy cuenta que la vieja que está sentada me recuerda una foto de mi bisabuela paterna, que vivió en La Alquería (Galera)

M.C.M. Cómo olvidarlo la mente te lleva a esos dulces recuerdos de la infancia. Saludos, un fuerte abrazo

Leandro. Más nostálgicos y un retorno al pasado. Un abrazo

L. G. Le parece a tu abuela Blasa, qué tiempos aquellos

Leandro. La recuerdo con el pañuelo en la cabeza y la falda negra hasta los pies.  La foto en sepia, las sombras del fondo, las sillas de anea. Cuanto nos dice de aquella época miserable

Leandro. Copio esto, creo que será de los años treinta. Preciosa foto del Dr. Arturo Cerdá y Rico, hecha en La Tahona de Rosa, en la calle Horno Bajo en Cabra de Santo Cristo

D. G. B. Los que vivimos aquélla época también disfrutamos de un tiempo que jamás vamos a recuperar, familia, primos, para mí fue una de mis mejores años de mi vida ahora lo tengo todo pero me faltan aquellos días de mi infancia y lo más importante la familia unida

Leandro. A nuestra edad vas rebobinando y te acuerdas de la infancia, de tus padres y hermanos, de los conocidos... Todo ese mundo ya no existe más que en nuestra imaginación pero esta foto es un espejo que te trae muchos recuerdos sentimentales

P.M.H. Mi abuela vestía así, ella jamás cambió ni cuando vinimos a Barcelona, ella se paseaba así vestida, nunca cambió y era buenísima

Leandro. Se encontraría fuera de lugar, pero eso dice mucho de ella que no renunció a su vestimenta

Portada del catálogo



 La imagen parece sacada de la obra de teatro La casa de Bernarda Alba (en realidad el personaje principal se llamaba Frasquita Alba, de La Asquerosa, el actual pueblo de Valderrubio), del poeta Federico García Lorca, al que su familia aconsejó que le cambiara el título. Precisamente, el poeta granadino denunció también que en España había más de veinte mil vírgenes, esto es, mujeres que no se casaban por un motivo u otro. Pero la fotografía en sepia, la Tahona de Rosa (en Guadix hay una calle llamada Atahona, donde habría un horno), dice mucho de la vida miserable de los españoles, en los años treinta, y nos recuerda las faldas largas, los chales y los pañuelos en la cabeza, que llevaban nuestras abuelas y bisabuelas, incluso las mujeres jóvenes, vestidas de negro de la cabeza a los pies. De cuando nuestras madres eran unas niñas y correteaban por las calles. En aquellos años, el setenta por ciento de la población española era analfabeta, por lo que podemos hacernos una idea de los abusos del caciquismo y de la oligarquía, sobre todo en el medio rural. El porcentaje de pobreza rondaría el noventa y tantos por ciento, mientras que un ochenta por ciento de la población estaría dedicado a la agricultura. En esa época la mortalidad infantil era mayor que las muertes por causas naturales: por gastroenteritis, pues bebían el agua sin ninguna clase de tratamiento, de las acequias y de los ríos, por raquitismo, sarampión, falta de higiene, desnutrición… La vida media de los españoles no llegaría a los sesenta años, pero ellos eran felices a su manera, dentro de la pobreza, pues no había otra cosa. Es más, yo diría que más felices que la sociedad de hoy, pues había más solidaridad y la familia estaba más unida. El 1 de octubre de 1931 la II República aprobó el voto femenino, pero antes se produjo un famoso y acalorado debate en las Cortes: la diputada socialista Clara Campoamor era partidaria de aprobar el voto, mientras que la diputada del Partido Radical, Victoria Kent, sostenía que las mujeres votarían a la derecha, como así ocurrió en las elecciones de 1933, que ganó la CEDA debido al voto conservador femenino. Ninguna de las dos diputadas salió elegida en esas elecciones y sus partidos las culparon del desastre.

 En los años treinta no había desempleo, ni pensiones, ni ayudas, aunque estaba el seguro social (por el que los obreros pagaban una perra gorda en los años veinte, de ahí el nombre de la Casa de la Perra Gorda, en la Gran Vía). En las casas convivían hacinados los abuelos, los hijos y los nietos, mientras que en el medio rural no había luz eléctrica ni agua corriente. Llevaban una vida penosa, el trabajo en el campo era de sol a sol, con un salario ínfimo que apenas daba para vivir. En el mes de julio, los segadores andaluces se marchaban a trabajar a Castilla La Mancha y después a Castilla León. Los jornaleros de Andalucía hicieron numerosas huelgas durante la II República, mientras que en Extremadura llegaron a ocupar gran parte de las tierras de los propietarios. En 1953, el Gobierno de Franco retiró las cartillas de racionamiento (yo conservo de mis padres los cupones de leche en polvo americana que daban en Castilléjar) y nuestros padres decían: ¡Niño, come pan! Esta frase vendría de los abuelos y bisabuelos, porque el pan era la base de la alimentación mientras que el cerdo fue la despensa del pobre. Una campesina de un pueblo de Málaga, decía en televisión no hace mucho: Mi abuelo comía todos los días migas, sin nada de carne. Recuerdo a un abuelo nostálgico que me decía, hace bastantes años: Antiguamente, los hornos desde lejos echaban un olor fuerte a pan, mientras que hoy no huelen a nada. En algunos pueblos todavía se puede percibir ese agradable olor que sale de la tahona. El economista y antiguo militante del Partido Comunista, Ramón Tamames, decía que el agua que le echaban a un kilo de harina, esa diferencia de peso, era la ganancia que obtenían los panaderos en los tiempos de la II República. Después vino la Guerra Civil, la peor tragedia de la historia de España, y la posguerra con la represión y el racionamiento. Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX, han progresado los países occidentales más que en toda la historia de la humanidad y hoy la vida es mucho más llevadera y confortable. Ojalá no tengamos que volver a esos tiempos de nuestros antepasados, de absoluta miseria, como hoy está ocurriendo en Ucrania, a unos miles de kilómetros de España.  

Autorretrato de Arturo Cerdá
Arturo Cerdá y Rico nació en Monóvar (Alicante), en 1844,  en una familia de la burguesía agraria, y falleció en Cabra del Santo Cristo (Jaen), en 1921. Estudió Medicina en Madrid y finalizó sus estudios universitarios en 1868. En 1871 se trasladó a la localidad jiennense de Cabra del Santo Cristo para ejercer como médico, donde contrajo matrimonio y se afincó de por vida. En el último tercio del siglo XIX se dedicó a la fotografía, como operador aficionado, donde descollará por la calidad de sus creaciones y por la cantidad de instantáneas realizadas. En 1898 mandó construir una casa especialmente diseñada para practicar la fotografía, tenía un patio interior con luz cenital y una habitación pensada para ser laboratorio de revelado. La casa fue centro de reunión de varios fotógrafos aficionados jiennenses, donde intercambiaban sus instantáneas. Cerdá y Rico viajó por España, norte de África y Europa, en todos sus viajes tomó numerosas fotografías. Participó en bastantes concursos y exposiciones fotográficas de carácter nacional e internacional, y varias fotos suyas fueron publicadas en revistas especializadas españolas e inglesas, en los primeros años del siglo XX. Aunque tuvo predilección por el pictorialismo, la fotografía etnográfica, las placas autocromas y el reportaje gráfico, también cultivó la fotografía estereoscópica. Son conocidas sus imágenes del antiguo balneario de Zújar y, durante sus estancias en Granada, se hizo amigo del pintor José María Rodríguez-Acosta. En 2006, la Fundación Albaicín organizó en Granada la exposición El Albayzín de Cerdá y Rico (1898-1909), en colaboración con la Asociación Cerdá y Rico (estaban dos hijos del fotógrafo), que editó un catálogo de 145 páginas con fotografías costumbristas del autor, sobre la Granada de la época.

Enlace de la exposición:  https://es.calameo.com/read/001329681eac7484b3fd6

Ideal en Clase: https://en-clase.ideal.es/2023/02/02/leandro-garcia-casanova-la-tahona-de-rosa-de-arturo-cerda/?fbclid=IwAR3Ie-THvsNLMJZXnj-5hwWY4irhPJhaOG_g1Y9cumTIruhsikZLFbxhcW0


jueves, 19 de enero de 2023

ESTIMADO PROFESOR, NO NOS ENGAÑEMOS

Daniel Arias. NIUS


 

Entresaco algunas frases de la carta, publicada en Linkedin, y que ha circulado por las redes y periódicos, del catedrático Daniel Arias-Aranda, del departamento de Organización de Empresas, de la Universidad de Granada, y que lleva más de 25 años dedicado a la educación.  Tiene grupos de unos 50 alumnos, de los cuales raramente van a clase más de un 30%. Y de esto surgió su carta: "Querido alumno universitario de grado, te estamos engañando. Los que vienen, lo hacen en su mayoría con un portátil y/o un teléfono móvil que utilizan sin ningún resquemor durante las horas de clase,  me sé mejor las marcas de sus dispositivos que sus rasgos faciales". Y asegura que "es raro que alguien pregunte, por mucho que se les incite a hacerlo" y quince minutos antes de que acabe la clase "ya están recogiendo sus cosas, deseosos de salir". También denuncia que ha caído el nivel educativo en los últimos años y coloca entre las principales causas precisamente a las nuevas tecnologías. "No estoy en contra del uso de las tecnologías de la información en clase, pero sí para otras cosas que no sean la clase", pues en su clase no es necesario el uso de ordenadores. “Es un elemento disruptivo, se pierde esa comunicación directa entre alumno y profesor". La solución para Daniel no pasa por prohibir en clase ordenadores y móviles, pues "son mayores de edad… Pero no puedo estar contando chistes en cada clase, tengo que ser exigente porque si no, no hay educación, hay entretenimiento". Y llega a esta conclusión: "He recibido miles de mensajes de otras facultades y otros profesores diciendo que eso está pasando, también del colectivo de secundaria. Es un problema de fondo educativo que empieza desde Primaria y que se centra en la falta de exigencia”.

 

Se queja amargamente que, cuando los universitarios hacen las exposiciones de sus trabajos en clase el resto de grupos se van. “Es una falta de respeto a sus compañeros. Eso me deja en shock”. Es evidente que las entradas y salidas interrumpen la clase y se solucionan con una norma interna de la universidad: “No se puede abandonar la clase, sin un motivo justificado”, igual que ocurre en cualquier trabajo. Baste recordar que, en los años sesenta y setenta, cada vez que un profesor entraba en clase, los alumnos nos levantábamos, pero ha llovido mucho desde entonces. El catedrático acaba con estas reflexiones: “La plasticidad neuronal se desarrolla con lápiz y papel, no con la dictadura de los teclados. Es un problema de la Universidad y no solo de un centro”. Sobre la falta de interés, motivación y participación que en ocasiones se traduce en charlas entre el estudiantado y no atender, es contundente: “No soy un policía, soy un profesor. Estamos en la Universidad, no estamos en un colegio. No quiero ejercer de policía”. No hace falta decir que los modelos de enseñanza los tenemos en Finlandia y en  Francia, donde también aportan más recursos.

 

Entresaco estas otras frases de la extensa carta, que ponen el dedo en la llaga.Cada vez me siento más como un profesor del instituto de una serie mediocre de los 80 que como un catedrático… He separado a gente para que no hablen entre ellos, he expulsado alumnos del aula y me he llegado a marchar de clase ante el más absoluto desinterés… El nivel de los trabajos y presentaciones de los alumnos no pasaría, en su mayoría, los estándares del teatrillo de Navidad de primaria. Pero eso, para nosotros es más que suficiente para poner un 5. De este modo, cumplimos el contrato-programa, el departamento es feliz, la universidad es feliz, nuestros alumnos aprueban, creen que saben algo y son felices y nosotros languidecemos ante la triste realidad… Te faltan habilidades básicas indispensables en estudios superiores. No tienes capacidad de expresión. Tu vocabulario es muy básico y se limita a verbos débiles (hacer, ser, estar)… No te dignas a respetar la institución milenaria que te acoge y que se llama universidad. No entiendes lo que eso significa y tampoco tienes ningún interés en saberlo… Se nota que ya no se hacen dictados en educación secundaria… Jamás hubieras superado esta asignatura hace 10 o 20 años… Hace años que no recomiendo a ningún alumno para ninguna empresa… Vives anestesiado por las redes sociales… No estás en clase, estás en Instagram. Pero yo me hago el tonto y miro para otro lado… Lo que está claro es que si tú, estudiante, no tienes interés, yo no puedo plantarlo en ti. Pero sí puedo hacerte creer que vales, aunque sepa que es mentira… Podemos echarle la culpa a la universidad pública y tiene bastante, pero no toda. «Si quieren calidad, que se vayan a la privada», he escuchado por ahí. Y los números van apuntando en esa dirección…Escribir esto es arriesgado y es más cómodo callar y obrar. Lo entiendo perfectamente, patada y al área es la actitud mayoritaria… No somos todos iguales. Hay estudiantes con vocación e interés eclipsados por la mediocridad imperante. Centrémonos en ellos. La universidad es para formar a las élites intelectuales… La Formación Profesional forma grandes profesionales que no han de ser universitarios… Devolvamos al profesorado universitario las competencias perdidas como autoridad intelectual a la hora de diseñar planes de estudio, modelos de enseñanza y currículum… Mis alumnos no saben, en su mayoría, elaborar un Excel o dar formato a un texto en Word. Hacer sentir a los chavales orgullosos de quiénes son y donde están, con admiración hacia lo que les rodea y hacia otras culturas… La solución está en ti. Si tú cambias, el mundo cambia. Y si no quieres cambiar, no te preocupes, te seguiremos engañando, haciéndote creer que lo estás haciendo muy bien”.

 Ciertamente refleja la realidad del bajo nivel de los alumnos y su escasa motivación, reconoce que la universidad también tiene su parte de culpa, y que es más cómodo callar. Yo pienso que a veces hay que ser crítico y  alzar la voz, al menos para encontrar soluciones a estos graves problemas. Recuerdo que, cuando gobernaba Susana Díaz en Andalucía y le adeudaba 900 millones de euros a las universidades, mientras se lo gastaban en meter enchufados en la Administración, ningún rector dijo nada ni reclamó lo suyo. No estoy de acuerdo con el catedrático en que “la universidad es para formar a las élites intelectuales”, y tampoco es para masificarla, creo que lo mejor es el punto medio. Yo me quedo asombrado cuando me metía en la cabeza un tercio o la mitad de un libro de derecho, con esquemas y palabras clave, para los exámenes… En cuanto a que “la solución está en ti”, en el alumno, pienso que la solución está en todos los afectados, recordando el proverbio africano que para educar a un niño se necesita a toda la tribu.

 El catedrático hace cuatro propuestas en Ideal, el 10 de enero: 1 Controlar los dispositivos móviles en clase para evitar la dispersión en la que están sumidos los alumnos. 2 Iniciar un proceso educativo de motivación en enseñanzas primeras y secundarias. 3 Mejorar la lengua escrita y la expresión, dado que muchos alumnos llegan a la universidad sin dominar el lenguaje. 4 Realizar un aprendizaje sobre el entorno para que los alumnos lo conozcan y se sientan orgulloso del mismo, sembrando en ellos la curiosidad.

Tengo que decir que, en los liceos de Francia, si el profesor descubre a un alumno en clase mirando el móvil, lo interviene, da parte y los padres tienen que venir a recogerlo. Y en la universidad también está prohibido usarlo en las clases. Por tanto, cualquier universidad española puede dictar una norma interna prohibiéndolo en clase, así como entrar en las páginas de Internet que no guarden relación con la asignatura. Saldrían ganando todos, puesto que a la facultad se va a aprender y a sacar una carrera, no a pasar el rato. En la segunda propuesta, tanto la Enseñanza Primaria y Secundaria dejan mucho que desear. En la escuela de mi tiempo había dictados (con tres faltas de ortografía te suspendían en el examen de Ingreso) y lectura, y en el bachillerato teníamos humanidades, pero las han ido eliminando porque es más importante la tecnología. El escritor Ángel Ganivet ya se quejaba, a finales del siglo XIX, de que cada vez se estudiaba menos humanidades.

 Comentando esto con un profesor jubilado de magisterio, me dice: “El 80% del profesorado sigue como en los años setenta, rollo y examen, mientras que el 20% enseña de manera atractiva. Cuando un profesor echa la culpa del fracaso a los alumnos, no lleva razón, puesto que hay profesores que no preparan las clases. Incluso los hay que presumen de poner muchos suspensos, cuando él también tiene su parte de culpa en el fracaso. El móvil se puede utilizar como recurso didáctico, en la teoría y práctica de tecnología digital, un día a la semana, y los otros días en el bolsillo. En Finlandia la labor del profesor está muy considerada y pienso que los alumnos que dominan la lectura y la escritura tienen medio camino aprendido”.


Clase en la facultad

 

En una crónica de Andrea G. Parra, de Ideal, seis profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales granadina opinan sobre la carta de Daniel Arias-Aranda: "Yo no engaño a ninguno de mis estudiantes. Me considero una docente honesta”.El docente intenta hacer lo mejor que puede en clase con el fin de mejorar los resultados”. “Yo estoy muy orgullosa de la mayoría de mis estudiantes. La gran mayoría responde muy bien”. “Hay que promover metodologías más activas donde el estudiante sea el protagonista. “Los tiempos y el perfil de estudiante han cambiado y debemos adaptarnos”. En medio de este conformismo, un profesor lanza esta crítica: “Algunos estudiantes están como ausentes, y eso es frustrante”.

 Copio parte de la entrevista que le hace El Mundo, el 12 de enero. 

Pregunta.- ¿Cuáles son las principales carencias del alumnado?

Respuesta.- De pura comprensión lectora y de expresión, para empezar. Es un problema de base, fundamental, que viene de la educación primaria. La única forma de progresar es adaptarse a su pobreza.

R.- ¿Que por qué ya no admito trabajos escritos? Porque sé de sobra que van a internet y me entregan lo que han copiado y pegado. De ahí que les pida que sea oral…

P.- También hay mucha gente que aplaude su carta.

R.- El seguimiento ha sido estupendo, brutal, sobre todo, entre el colectivo de profesores de secundaria.

R.- … Pero la palabra élite se asocia a lo económico, pero yo hablo de formar a las mejores mentes para prepararlas al máximo. ¿Pero qué ocurre? Pues todo lo contrario. Empezando por la inflación de las notas de selectividad, que ya no indica la preparación de los alumnos, porque están hinchadas. Hay muchos alumnos universitarios que estarían mucho mejor en la FP. Les iría mejor. Igual que, por cierto, hay profesores que tampoco deberían de estar en la universidad… ¿Hay alumnos buenos? Por supuesto. Menos del 10%.


 Reproduzco estos dos comentarios en El Independiente.

1. “Por cierto, también decirle a este profesor, que también es frecuente salir de la Universidad y no tener ni idea de nada. Motivo, que los profesores son unos magantos en la mayoría de los casos.  Basta ya en que se crean todos genios investigadores, porque la gran mayoría no lo son. El alumno en la universidad paga por las clases, no es un mecenas de investigadores, por lo que lo primero, deben ser las clases”. 2. “Y con 18...19...20 años, siguen pidiendo "que los entretengan" porque si no, se aburren, pobrecitos, y no van a clase. Cuando lleguen al mercado laboral, que le digan lo mismo a su jefe”.

 Yo voy a exponer mi experiencia en la facultad. A mediados de los años noventa, aprobé tres cursos de derecho, con beca, mientras trabajaba de administrativo de la Junta. Recuerdo que un profesor me decía: “Te expresas bien, sin faltas de ortografía, mientras que los alumnos cometen muchas faltas”. Otro profesor nos comentó en privado, a varios mayores, el mérito que teníamos al trabajar y estudiar, y se quejaba que “los alumnos de la mañana leen el periódico en clase”. En segundo curso, el profesor de derecho civil me suspendió un examen parcial y le pedí la revisión, pero la excusa que me dio fue que mi examen se había perdido. Me quejé por escrito, me examinó oralmente un tribunal y aprobé el examen. Aquel profesor de derecho civil publicaba los nombres de varias alumnas suspensas y de otros alumnos, en el tablón de anuncios, para que se pasaran por su despacho. Todos sabíamos lo que les pedía a las alumnas para aprobar el examen, aquello era vox populi en la facultad y no fue en Granada. En cuarto curso,  el profesor de derecho civil solía decirnos en clase que éramos unos vagos y otras lindezas, cuando yo me levantaba a las seis de la mañana. Había entrado de profesor en la facultad, por su amistad con el jefe de departamento, y se pasaba la clase hablando no del tema del día, sino que mezclaba varios temas. En el examen yo cometí el error de escribir lo que venía en el libro y no los apuntes malos que él daba en clase. Me suspendió, recurrí el examen pero me dijo que yo no era alumno de su grupo. En administración me dijeron que no había problema en cambiarte de grupo, al principio de curso, que los profesores no ponían pegas. El caso es que a mitad de curso decidí abandonar aquella vida de locura, pues apenas veía a mi familia, y se lo debo a este tipo. También tengo que decir que conocí a excelentes profesores y que guardo buenos recuerdos de la facultad.

Conclusión. Con sus aciertos y fallos, con su crudeza al exponer los graves problemas de la universidad, las carencias y la desmotivación de los alumnos, con su elitismo y sus propuestas, se diría que más que la carta de un profesor a un alumno, es también una llamada de atención a los profesores, a los padres, a la sociedad y al Gobierno, porque algo está fallando en la universidad y, cuanto más tarde se actúe, será peor. No nos engañemos.

Ideal en Clase.  https://en-clase.ideal.es/2023/01/18/leandro-garcia-casanova-estimado-profesor-no-nos-enganemos/?fbclid=IwAR3Lu1Q_B2ITS1h6NUM8sBSpIB9XZ4H2wHcKAnZri5qD5T_Qt0p29O6dcXg

sábado, 14 de enero de 2023

GRANADA, TIERRA SOÑADA DE LA MALAFOLLÁ

 

Plaza de Bib-Rambla



El 6 de enero salió publicado, en Granada Hoy, el artículo de Salva Rodríguez, Granada es una de las ciudades más maleducadas de España. Venía con estos titulares: “Según un estudio de una web de clases online, la ciudad nazarí es una de las tres en las que la descortesía es más evidente, junto a Tenerife y Alicante-Elche. Los encuestados consideran que la falta de modales es más extendida entre quienes no son residentes de la capital. No dejar a otros coches pasar, ser maleducado con el personal de servicio, y saltarse las colas, entre los comportamientos más habituales”. Para obtener esta clasificación negativa, la empresa Censuswide, para Preply, ha medido los comportamientos maleducados más frecuentes en todo el territorio nacional, destacando hasta 12 puntos que los encuestados han considerado como malos modales. “Y en tres de esos 12 puntos, Granada se lleva la palma. Concretamente, los granadinos muestran sus malos modales a la hora de no dejar a otros coches pasar cuando hay tráfico, en ser maleducado con el personal de servicio, y en saltarse cualquier tipo de colas”. Mi experiencia de años en lo de saltarse la cola es que los casos han sido pocos y se han resuelto amistosamente, pero no andan descaminados. Es sabido que Granada es famosa por los atascos de tráfico, por los malos modales conduciendo (a veces, yo los tengo) y por ser una ciudad ruidosa. Sin embargo, me llama la atención esta frase del estudio: “Es la capital isleña la que ostenta el título de la ciudad más maleducada, pues sus habitantes pasan todo el día pegados al teléfono, entre otras causas”. No sabía yo que estar pegado al teléfono (se supone que al móvil) es una falta de educación, salvo que por esta causa no atiendas a los clientes o amigos.

 En cuanto al método del estudio, se han entrevistado a más de 1.567 residentes de 19 áreas de España y se les ha preguntado con qué frecuencia se encuentran con un comportamiento maleducado en las 12 áreas más propensas a mostrar una falta de cortesía hacia los demás. “Eran quedarse absortos con su teléfono en público, no dejar que la gente se agrupe en el tránsito, no ralentizar cuando conducen cerca de peatones, ser ruidosos en público, no saludar a las personas desconocidas, mirar vídeos en público, hablar por el altavoz en público, usar un lenguaje corporal hermético, no respetar el espacio personal, ser descorteses con las personas que atienden, no dar propinas y saltarse las colas”.  Lo del teléfono lo entiendo, con el altavoz o hablando en voz alta, gesticulando y enterándose los demás de todo lo que habla. Pero no comprendo lo de “no dejar que la gente se agrupe en el tránsito o usar un lenguaje corporal hermético”, la encuesta debía de ser más explícita en esto y es posible que sea una mala traducción al español. Cada uno tiene su lenguaje corporal mediante gestos.

 Lo de “no saludar a las personas desconocidas”, no tiene sentido, porque solemos saludar a las personas conocidas. Otra cosa es que uno entre en un local y no salude a los que están allí, lo cierto es que los jóvenes son menos propensos a saludar mientras que los mayores son más cumplidos. En cuanto a “no dar propinas”, lo veo ridículo. Es una costumbre española (más antigua es dar limosna a los pedigüeños y es célebre la poesía del mejicano Francisco de Asís de IcazaDale limosna, mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ser ciego en Granada), en los restaurantes y bares, pero de siempre ha habido quien las da y quien no. En los países anglosajones (Reino Unido, Estados Unidos…) no hay costumbre de dar propinas, sino la de llevarse la comida que les ha sobrado (esto en España no se hace), y nadie tacha de maleducados o tacaños a los ingleses. Muy diferente es que tengas malos modos con el personal del servicio o seas descortés con las personas que atiendes. “Para poder participar en la encuesta, era obligatorio que las personas preguntadas fueran residentes en la ciudad en la que se encontraban desde al menos 12 meses”. Y de todos los participantes, 736 se identificaron como hombres y 831 como mujeres. Con las opiniones, se hizo una media con los datos obtenidos para calcular la puntuación media de mala educación por ciudad para clasificarlas.


Iglesia de Santa Ana

 


Siguiendo con las conclusiones del estudio, “Granada es una de las cinco ciudades con un mayor porcentaje de personas que piensa que la mala educación viene de fuera, es decir, de los no residentes”. Y aclara que la ciudad cuenta con una gran cantidad de población flotante que cada día se desplaza desde el Área Metropolitana hasta la capital para trabajar o acudir a compras o citas, así como de un gran número de turistas y visitantes que se mueven para disfrutar de las bellezas de la zona, lo que ha podido influir en esta forma de pensar de los residentes. Yo añadiría que Granada cuenta con un 7% de residentes, que no son españoles: magrebíes, latinoamericanos, europeos, asiáticos… Y en cuanto a echar la culpa de la poca educación, va por barrios: “Granada se une así a Palma de Mallorca, Valladolid, A Coruña-Oleiros-Arteixo y Las Palmas de Gran Canaria como las ciudades en las que más se piensa que los comportamientos maleducados no son de los propios habitantes, sino de la gente no residente. Por el contrario, Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, Vigo y Zaragoza entonan el 'mea culpa' y son las ciudades en las que más se piensa que los maleducados son los residentes…”. La conclusión nos ha recordado que estamos en la tierra del chavico, la moneda que valía diez céntimos de peseta.

 Sin embargo, la encuesta destaca que “los españoles son, en general, gente bastante educada en público, al contrario de como se nos considera en otros países”. Los españoles tenemos fama de ser educados con los extranjeros, España es el segundo destino turístico del mundo y el turismo mueve el 12% de la economía, de manera que los informativos siempre están pendientes de la llegada de millones de turistas aunque no todo es oro lo que reluce. Los gaditanos tienen fama de ser graciosos hablando, pero en el sector servicios atienden mejor en Granada que en Cádiz, donde el paro es más alto. Hace bastantes años, andaba con mi turismo desorientado por el centro de Sevilla. Le pregunté a un sevillano en un semáforo por la dirección de una calle, pero no le dio tiempo a informarme. En el siguiente semáforo paró su coche, se bajó y me orientó. Me quedé asombrado de su amabilidad, pero algún caso parecido he visto también en Granada. Por eso, no podemos generalizar porque hay de todo en este mundo.

 En noviembre pasado estuve en un pueblo de Badajoz y un conocido me preguntó de sopetón: “¿Cómo es la gente en Andalucía?”. Le dije lo primero que se me ocurrió: “Pues, unos van para arriba y otros van para abajo”. Los granadinos tenemos fama de malafollás (el escritor José García Ladrón de Guevara lo explicó en su libro La malafollá granaína), mientras que el jurista Nicolás López Calera decía que los granadinos son negativos y poco emprendedores. Todo esto contribuye a la poca estima que nos tenemos, y lo mismo ocurre con la opinión negativa que tenemos los españoles de nosotros mismos, mientras que los extranjeros aprecian más nuestras cualidades. El español valora más lo de fuera de España, que lo de dentro, escribió José de Cadalso, en el siglo XVIII, mientras que el escritor Mariano José de Larra decía que siempre nos quejamos con la expresión, ¡en este país!, como si fuéramos lo peor de Europa. A pesar de todo, Granada es la ciudad española que más estudiantes europeos de Erasmus vienen para cursar estudios y, en 2005, el Centro de Lenguas Modernas tenía más de diez mil estudiantes de todo el mundo, que venían a aprender el español. Granada tiene fama por sus rincones, calles y monumentos, por sus bares y tapas, y porque es una de las ciudades más bellas de España.

Antigua estampa del Albaicín


 


Recojo estas frases de algunos comentarios que ha tenido el artículo: “Y no es problema de nuestra consabida malafollá, si no de las generaciones que van viniendo, que no tienen empatía alguna”. “Graná tiene de todo y la gente es espectacular. Siempre hay algún malafollá, pero creedme, en Madrid hay muchos más”. El primer comentario tiene lógica y sensatez, nuestros padres y abuelos respetaban más las formas y eran más corteses que los jóvenes de hoy. Y estoy conforme con el segundo comentario. Los parisinos tienen fama de soberbios (a la mayoría no les gusta vivir en París), en cambio, en Francia yo he encontrado amabilidad y educación cuando he preguntado algo. En un barrio parisino, recuerdo a un niño de unos doce años, que se apartó en la acera para que yo pasara. Esto no suele ocurrir en España, porque en Francia la educación en las escuelas y liceos es mucho mejor. Tendría yo la edad de ese niño francés, cuando al salir por la puerta pequeña de la iglesia de mi pueblo, le cedí el paso a un hombre mayor. “Eres el niño más educado del pueblo”, me dijo aquel médico que venía de vez en cuando de Murcia y que yo no conocía. En la Casa Madre del Ave María, nos levantábamos del pupitre cuando el profesor entraba en la clase y este respeto era generalizado en la España de los años setenta. Convengamos que antes había más educación, aunque te la enseñaran a reglazos en la escuela o en tu casa.

 El escritor romántico francés, Teófilo Gautier, publicó en 1840 Viaje por España y escribió esto: “En Granada la ocupación general es la de no hacer nada: galantear, fumar, hacer versos y, sobre todo, escribir cartas, bastan para llenar agradablemente la existencia. Allí no se ve la inquietud ardiente, la necesidad de acción y de cambio que atormenta a las gentes del Norte”. Pero, al final del libro, le traicionaron los recuerdos: “Al poner el pie en el suelo de mi Patria sentí humedecerse mis ojos, y no precisamente de alegría, sino de tristeza. Las torres rojizas, las cimas plateadas de Sierra Nevada, las flores del Generalife, el mirar ardiente de ojos de terciopelo húmedo… Todo esto se agolpó en mi imaginación tan vivamente, que me pareció que esta Francia, en la que, sin embargo, me espera mi madre, iba a ser para mí un destierro. El sueño había terminado”. Teófilo Gautier, Alejandro Dumas (que tuvo sus peleas aquí), como tantos otros escritores románticos, se sintieron fascinados y el compositor mejicano Agustín Lara la inmortalizó, sin conocerla, con su canción Granada, tierra soñada por mí. Y eso que los granaínos tenemos nuestra miaja de malafollá y no hacemos las cosas educamente, como dicen algunos.

Ideal en Clase.  http://bit.ly/3X6NoIF