miércoles, 12 de marzo de 2014

POR SAN JUAN

Procesión de San Juan, años noventa



Dedicado a mi tío, Bonifacio García-Fresneda Domínguez









Si tuviera que dibujar el Cortijo del Cura, me acordaría de los cuadros de Tàpies: “Una era, varios almiares y unas cuantas cuevas”. Al otro lado de la carretera se extiende la vega y, al fondo, como decorando el horizonte, un paisaje desértico: una cadena de cerros salitrosos donde sólo crecen las matas de esparto. Por abajo, el morisco río Galera, prudente y sinuoso, va trazando la línea divisoria entre la vega y las colinas. Uno esperaba ver los verdes sembrados de siempre y resulta que te encuentras rastrojos en los bancales. “Los campos están abandonados porque ya no se costean; y cuando los jóvenes se meten en el paro, sueltan las tierras –asegura Fermina García, y agrega-: Los sembrados están que no se estremecen (no crecen)”. Aurelio Gómez es de la quinta del 42 y sirvió en Algeciras: “Es la que te digo, de las ochenta familias que había en el cincuenta y cinco, hoy quedan treinta y ocho personas mal contadas, y solamente una niña de once años baja a las escuelas de Castilléjar”. En la niña se puede decir que se resume el oscuro porvenir del Cortijo del Cura, aunque los aldeanos se aferran como un clavo a sus creencias: desesperados por la sequía, hace unos cuantos años llevaron la imagen de San Juan a la acequia del ‘Botero’, y allí la rociaron con agua esperando que se produjera el milagro. El santo patrón dejó que le echaran unas fotos para el recuerdo, pero aseguran que no se ‘canteó’. La imagen la compraron por 500 pesetas después de la guerra, cuando el alcalde Juan García-Fresneda.

 “En el 1936 un cuartillo de vino (medio litro) valía tres perrillas”, recuerda Antonio Pérez, ‘el Moro’, que anda ya por los  85 años. “Entonces íbamos a los cerros a coger esparto mientras el guarda forestal nos iba señalando los tajos”. Y añade: “Por una arroba de esparto te daban tres pesetas”. Su mujer, Amelia Valdivieso, rememora un poco su vida mientras ve pasar los días: “Desde que nos casamos vivimos aquí. Pero en el  último mes se han muerto dos, y nosotros estamos en puertas. ¡A ver!”. Justo García se crió en el cortijo del Arique: “Mi padre tenía ovejas y con ocho años ya le ayudaba al pastor”. Y reconoce que, después de la guerra, “salíamos a espigar, a rebuscar las espigas que habían quedado después de la siega”. Celestino Jiménez, ‘el Peteto’, tiene los borregos encerrados en una alambrada y un par de mulos retozando en la era. El hombre se queja y con razón: “Hoy no hay quien quiera la tierra y la mitad de los ‘paratos’ están perdidos... Aquí ya sólo se ven a cuatro cabras”. Emilio Candela, ‘el Paye’, tiene que hacer un esfuerzo para recordar ‘El Catón’ en aquellos años del candil: “En la cueva de las Paleras puede que ‘haiga’ estado yo dando escuela”. Mercedes y su prima Encarna cuentan que, en tiempos de la República, el tío Leandro (mi bisabuelo) tenía la costumbre de repartir media fanega de trigo (unos veinte kilos) entre los más pobres de la aldea.

A Francisco García Domingo se le ve muy contento con su almiar, pues dice que “la gente se para y le echa sus fotos”. Lo construyó en el año 62, a base de palos y carrizos, y dentro guarda los arreos del campo: “Aquí tenemos el arado de una sola caballería y este trillo es para el panizo...”. La vista del viajero se entretiene sin querer en los altivos almiares, que tienen forma de tienda de campaña canadiense. Los lugareños saben que el día que desaparezcan estos símbolos centenarios, se habrá acabado todo. Pero también llama la atención el largo abrevadero que hay al otro lado de la carretera. A la puesta del sol, y antes de que los encierren en los corrales, las bestias y el ganado se paran a beber mansamente: “¡Sooo...!”. Es ya un rito ancestral. Con 81 años a cuestas, Víctor Castillo recuerda que, “cuando el estraperlo, venían por esos montes los arrieros de Pozo Alcón y te cambiaban los jamones por aceite, o bien te daban cuatro libras de tocino (unos dos kilos) por una de jamón”. 

Uno tiene imágenes del Cortijo del Cura grabadas en la retina: la singular figura de Juan Martínez, embutido en su camisa blanca, bajando en bicicleta a Castilléjar a echarse su partida de brisca, como viene haciendo desde hace más de cuarenta años. O esa mujer sentada a la puerta de su corral y las gallinas picoteando la comida en sus manos. Aquí uno tiene la sensación de que el reloj de los años parece haberse detenido. Blas García, ‘el Sordo’, subía todas las semanas con la burra a los mercados de Huéscar y de Orce: “A medida de lo que vendíamos, así comprábamos”. Y fue siempre así la vida de estos campesinos sencillos y humildes: al despuntar el día, y con las aguaderas recalcadas de la fruta del tiempo, hileras de bestias trasponían por el viejo camino de polvo y tierra. Pero el Cortijo del Cura es un anejo de Galera, abandonado a su suerte: ha dejado de tener un alcalde pedáneo y los vecinos van a ver si consiguen un barrendero que les limpie las cuatro calles. Sin embargo, tienen tanta devoción que, por entrar el Santo a la vieja ermita –donde se ve todo el suelo levantado-, pagan de 15 a 20.000 pesetas por cada brazo de las andas. Antaño pujaban con 30 fanegas de trigo. Pero es la que digo: si estos días, por las fiestas de San Juan, pasa usted por el Cortijo del Cura y ve que llevan al Santo por mitad de la carretera, regocíjese y cante con ellos ‘Mi divino San Juan’, porque ‘el Bautista’ les ha salido medio andorrrero.


Cortijo de San José. Al fondo, Cjo. del Cura y Castilléjar



Este artículo salió publicado en Ideal el 22 de junio de 2002, fiesta de San Juan, un detalle que tuvo Esteban de las Heras, subdirector del periódico. También viene recogido en mi libro ‘Diálogos en la tierra de los Ríos’, 2003.




Posdata: copio esta frase de una vecina, que tenía guardada: “Nosotras íbamos a escardar y a segar. También ‘esfarfollábamos’ las panochas en casa de algún vecino, a cambio de que luego hiciera una miaja de baile”. Hoy en el Cortijo del Cura (anejo de Galera, aunque en el siglo XIX perteneció a Castilléjar) están censadas unas trece personas, pero viven solamente cuatro, pues la mayoría de los aldeanos se trasladaron a vivir a Galera y Castilléjar, mientras que los pocos jóvenes emigraron al Levante. Tanto Antonio Pérez, ‘el Moro’, como su amable mujer, Amelia Valdivieso, murieron en el 2003. El mote fue porque, cuando Antonio vino de hacer la mili, alguien lo vio asomar por aquellos cerros y exclamó: “Que vienen los moros…”. Y se quedó para los restos con el dichoso apodo, que también lo heredó su familia. Emilio Candela, ‘el Paye’, también murió en Galera, donde vivía, así como Juan Martínez, ‘el Viborita’, que enfermó y murió al poco tiempo. Mi pariente Víctor Castillo falleció hace algunos años en Castilléjar.


Copio parte de la carta que me envió mi amigo el historiador  Jesús Fernández, en 2002:“A finales del siglo XVIII viene a Galera, como cura párroco, don José Sánchez del Barco y Barnés. Tenía varias propiedades y son todas las que se denominan “del cura”. Sus herederos fueron sobrinos y vecinos de Galera y Castilléjar. El cura hizo el cortijo de San José, que era la única vivienda que había en ese paraje. El 8 de enero de 1795 es la primera vez que se encuentra el nombre de Cortijo del Cura en documentos del Ayuntamiento (...). El edificio de la escuela se hizo en los años 40, siendo alcalde de Galera Aureliano de la Rosa  y alcalde pedáneo, tu abuelo Juan García-Fresneda. Se pagó la obra con dinero procedente del legado de don Cosme Izquierdo, emigrante en América del Norte, que dejó sus bienes a beneficio de su pueblo, Galera (...). Durante mi período de alcalde 1979-83, siempre llevé en primer lugar de prioridades: agua potable para el Cortijo del Cura. Por fin lo consiguieron mis sucesores (...). Perdona mi sintaxis y prosa de anciano repetitivo. Nota: L'Arit = Larique”. Tiene origen árabe. Jesús Fernández falleció hará unos diez años -le dediqué un pequeño artículo en Ideal- y su tumba parece abandonada, pues su hermana fue a una residencia, mientras que su hermano,don Andres -casi impedido-, fue mi primer maestro en Castilléjar. Jesús me decía que éramos parientes por parte de mi abuela materna de Orce, y me contaba anécdotas de mi familia del Cortijo del Cura.
El cura don José Sánchez mandó construir en el Cortijo del Cura una casa –hoy abandonada-, al abrigo del cerro y a orilla del camino. A partir de aquí, se fueron solicitando permisos para hacer numerosas cuevas hasta que poco a poco se fue formando la pedanía, dotándola de luz, agua y demás recursos que permitieron que los vecinos llevaran una vida confortable. Mis bisabuelos paternos, Leandro García-Fresneda y Mercedes García, se trasladaron a vivir en 1902, desde Huéscar al cortijo de San José.

    En 1965, al inicio de curso, entrábamos por la puerta del Seminario de Guadix, los castillejanos Manuel Rodríguez, Tomás Pinteño y yo. Estaban por allí el obispo de la diócesis, don Gabino Díaz Merchán –años más tarde fue presidente de la Conferencia Espiscopal, durante bastantes años– y el rector del Seminario. Entonces el obispo nos preguntó: “¿Han colocado ya el agua en el Cortijo del Cura?”. Y es que hacía poco había hecho un viaje pastoral por la zona.

Las Cuevas Victoria son de mi amigo Nicolás García, que me ayudó mucho en la difusión de mi libro ‘Diálogos en la tierra de los Ríos’.








domingo, 23 de febrero de 2014

LA ESCUELA UNITARIA DE DON PASCUAL

Don Pascual Dengra







Pascual Dengra López (1891-1976) procedía de una familia humilde, pues se padre era albañil. Se quedó huérfano de padre, con nueve años, por lo que tuvo que abandonar la escuela. En 1903 entró a trabajar como lector de su correspondencia en casa del político y escritor don Bruno Portillo, que padecía ya una ceguera avanzada. Y de esta manera pudo estudiar magisterio. Sacó la oposición de maestro nacional en 1914 y obtuvo una plaza en Villacarrillo (Jaén). Dos años más tarde le conceden el traslado a Huéscar, su ciudad natal, en la Escuela Número 1, de Niños, que se encontraba en la calle de las Francesas. Diez años más tarde, Pascual se licenciará en Derecho, en la Universidad de Murcia, y ejerció la abogacía con posterioridad. El 11 de septiembre de 1922, el Pleno del Ayuntamiento de Huéscar acordó lo siguiente (sic): “Que es un hecho cierto que el Sr. Dengra López, desde que se hizo cargo de la Escuela Unitaria de niños de esta ciudad, ha puesto una voluntad y gran talento al servicio de la educación e instrucción de los niños de su clase, cuya magna obra, de resultados ya tangibles, crearía una nueva generación culta y patriótica (…). Que el Ayuntº., en su carácter de representante del pueblo, está obligado a demostrar de alguna forma al Sr. Dengra López su gratitud y reconocimiento, unánimemente acuerda: Conceder a dicho Maestro un expresivo voto de gracias por la obra educativa que persigue y realiza. Concederle también una gratificación anual de quinientas pesetas, a partir del primero de octubre próximo…”.

 Cándido Sánchez, que falleció hace dos años, fue colaborador de la revista oscense ‘Cuadernillos de la Sagra’ (utilizaba el seudónimo de ‘el Pelú de Marras’) y, en su artículo ‘De mis días de escuela. In memoriam del Maestro y dedicado a mis nietos’, de septiembre de 2001, cuenta que con seis años lo llevaron con don Pascual. Entonces, el maestro se ayudaba de figuras geométricas de madera para enseñar: “¿Qué tengo en la mano?, pregunta a uno. El interpelado se ponía en pie y contestaba. A los mayores les preguntaba: ¿Qué hay que hacer para elevar al cubo el volumen del cono? Y así, según el nivel de cada uno, la pregunta era más sencilla o complicada”. Era una escuela a imagen y semejanza de la de don Antonio Machado, en el instituto de Baeza: la vieja mesa del maestro, con sus cajones, y dos hileras de pupitres de madera de haya, con sus tinteros donde los alumnos mojaban la pluma; una desgastada pizarra negra y, encima, un cuadro con la figura de una mujer –‘la Niña bonita’–, que era la alegoría de la República, y un crucifijo al lado. En aquellos agitados días, un decreto del Gobierno de Manuel Azaña ordenó quitar los crucifijos en las escuelas, y más tarde Azaña pudo proclamar aquello de “España ha dejado de ser católica”.

Don Pascual Dengra y sus alumnos. 1930



Cándido recuerda que “el maestro nos lo hizo saber con aquella voz grave, elocuente y sonora con que dictaba: Amor a la patria, al orden y respeto a Dios y al prójimo”. Al poco, entraron en la escuela la madre del maestro, su esposa, sus hijas..., y don Pascual dijo con la voz entrecortada: ‘Un año más, y serán veinte, llevo en esta escuela cumpliendo con mi deber, en ellos voy dejando parte de mi vida... Jamás pasó por mi mente que llegaría el día donde haría lo que hoy tengo que hacer’. Después de quitar el crucifijo, con lágrimas en los ojos, dijo a sus alumnos: ‘Pidamos todos perdón a Dios por este sacrificio, al que nos obligan las circunstancias’”. Durante la Guerra Civil, unos jóvenes armados de fusiles entraron en la escuela. Uno de ellos, que había sido discípulo de don Pascual, se cuadró y le dijo que cumplía órdenes. Dejó que se despidiera de su familia –al joven entonces se le saltaron las lágrimas–, pero pasadas unas horas lo dejaron en libertad. Más tarde, fue cesado como maestro, pasando por las cárceles de Vélez-Rubio, Baza y Huéscar hasta el final de la guerra. Cándido recuerda que “muchos días de invierno nosotros teníamos que hacer gimnasia para no quedarnos arrecíos”. Y más adelante, añade: “En esto la campana de Santa María la Mayor dio las nueve campanadas, hora de entrar en la escuela. Todos asomando la cabeza por las esquinas. El maestro se asomó a la puerta, miró a los lados, dio unas palmadas, y cual manada de potrillos desbocados enfilamos retozones hacia la escuela, ocupando cada cual su sitio”.

Dibujo de Francisco Gª de la Serrana


En otra ocasión, don Pascual recordó estas palabras a sus alumnos: “Niños hoy, hombres mañana, procurad llegar a ser hombres de provecho, luchar si es preciso porque acaben las injusticias sociales, porque la miseria y el hambre no exista en los hogares humildes”. En la posguerra Don Pascual puso, además, una academia de bachillerato ya que los alumnos tenían que examinarse como libres en el Instituto Padre Suárez de Granada. También fue director de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, donde los niños de los pueblos de la comarca veníamos a Huéscar con el pánico y la angustia en el cuerpo a enfrentarnos al temible examen de Ingreso.

Sin embargo, fue al jubilarse cuando el maestro cosechó lo que había sembrado, pues, en el dintel de la puerta de su Escuela Unitaria, pusieron una placa de mármol con esta leyenda: “Aquí vivió y tuvo su escuela don Pascual Dengra López, al que le fue concedida la Cruz de Alfonso X el Sabio  por su relevante labor educativa. 2-4-1961. Sus alumnos”. La medalla fue adquirida por sus antiguos alumnos. Baste recordar que enseñó a más de cinco mil alumnos, de los que 400 iniciaron estudios universitarios, y que el Ayuntamiento de Huéscar le concedió el título de ‘Hijo Predilecto’. Don Pascual falleció el 24 de agosto de 1976, pero la antigua escuela ya ni siquiera existe: la derribaron hace más de quince años para construir una urbanización. Lo de siempre. Hace unos años colocaron la antigua placa de mármol donde estuvo ubicada la escuela unitaria y ahí sigue.
Dibujo de la escuela de don Pascual Dengra

Quiero expresar mi agradecimiento a Juan de Dios Portillo García, director del Colegio Público ‘Natalio Rivas’, de Huéscar, por su interés y por la información que me ha proporcionado. El artículo de Cándido Sánchez me ha servido para recordar aquellas tardes pardas y frías en la escuela, aunque este se consideraba “el peor discípulo de don Pascual”. En cambio, el dibujante Francisco García de la Serrana, que falleció en noviembre de 2006, fue el alumno preferido del maestro. Las casualidades de la vida hicieron que, pasado un tiempo, yo conociera a Pascual, hijo del maestro, hicimos amistad y nos vemos de vez en cuando. Me proporcionó información sobre algunos personajes de Huéscar, lo mismo que su hermano Jaime, ya fallecido, que me sirvieron para escribir algunos artículos. Debo aclarar que una escuela unitaria es aquella donde un solo maestro da clases a alumnos de diversas edades y grados, como la que tenía don Pascual.

De él se puede decir que fue un maestro que dejó huella y no estaría de más recordar esta frase, entre otras, que le dedicó a los niños de su escuela: “Seguid siempre así, apartad, cuidadosamente, sin hacerle mal, la piedra que os intercepte el paso, y con la vista puesta en Dios, recorred la senda de la vida. Vuestro Maestro P. Dengra.
Huéscar, 10 de mayo de 1927”.

Publicado en mi libro 'Artículos del Altiplano y de  Granada', 2014

martes, 4 de febrero de 2014

CARTA A JOSÉ SARAMAGO





 
El rio Castril







Hace unos días celebraron un Pleno, en el Ayuntamiento de Castril, y me contaba Juan Iruela, un amigo castrileño: "El otro día, a solicitud del Grupo Independiente, hubo un pleno extraordinario para que el alcalde se posicione sobre el trasvase. Como suele ser habitual, la indefinición y la confusión fueron las dominantes en el pensamiento de nuestro amigo...". Y yo le contestaba al testigo: "Y ¿qué esperabas del Pleno? La consigna es, sigamos con el trasvase del río Castril a Baza –tienen una empresa colocando ya las tuberías y, paralizar la cosa, les cuesta dinero–, en función de la oposición que hagan los castrileños y corteños. Más las rectificaciones o el tirón de orejas que les mande la Unión Europea, pero aquí parece ser que el PSOE y el PP están de acuerdo en lo esencial, quiero decir en que se haga el trasvase, y no nos engañemos. Les ha dolido mucho la manifestación porque ya cuentan con un alcalde menos  –y no será el último–, aparte de que la gente del Altiplano está cada día más enojada con los socialistas, y con éstos y otros errores los llevarán a la oposición. Quitando a los pueblos favorecidos por el trasvase, todos los demás están en contra o están viendo la barbaridad que van a hacer". Lo que intentan hacer los ingenieros de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir es, lisa y llanamente, cargarse el mejor río de Andalucía –vegetación, flora, fauna y la matraca, el trasvase es contrario a varias directivas de la Unión Europea y es de esperar que lo paralicen–, en vez de coger el agua para riego directamente del pantano del Negratín, que tiene agua sobrante y que sería lo más lógico. Lo que pasa es que siempre guardan un as en la manga.

Pero yo quiero explicar un tema bastante complejo, porque es de suponer que a José Saramago –partidario del trasvase, como su esposa Pilar del Río y el alcalde de Castril, que con el Gobierno del PP dijo que iban a cargarse el río, pero con el PSOE ya no se lo cargan, y ahora está a favor del trasvase y de conservar el cargo– le dirían: "No, si lo que quieren hacer es sacar una tubería para Baza, sólo agua para consumo humano, y esto apenas le va a afectar al río". Y no hay más que ver que el Nobel vino a Castril echando la bronca a los ecologistas, como quien está en posesión de la verdad. Lo que trato de decir es que alguien tendría que decirle o explicarle 'la verdad' a Saramago, y por eso creo que no debemos de sacar juicios de valor de antemano. Pero, seguro que lo han engañado con el trasvase, lo mismo que engañaron a los castrileños y corteños, y a todo el que se puso por delante, porque hay políticos que no han hecho otra cosa en su vida. Es más, yo creo que si supiera la verdad de lo que están haciendo con el río, Saramago pondría a más de uno en su sitio, y valga este sencillo ejemplo. A mediados de mes salió en El País esta noticia sobre Azinhaga, el pueblo donde nació Saramago, el cual, bastante orgulloso, decía: "Mi aldea tiene dos ríos, uno se llama Almonda, otro Tajo o Tejo, según se mire desde Portugal o España. Los dos ríos tuvieron mejores épocas, pero pese a todas las fechorías que sobre ellos se han vertido y en ellos se han realizado siguen dándole personalidad a Azinhaga, la aldea ribatejana en la que nací y a la que vuelvo siempre. En Azinhaga hay una plaza, una iglesia, unos buenos restaurantes, una esquina del amor, un paseo junto al río…”.

Y uno piensa: ¿cómo es posible que diga estas frases en la prensa, sobre los ríos de su pueblo y, al mismo tiempo, esté a favor de la destrucción del río Castril? Supongamos que, en Azinhaga, intentaran entubar el río, como quieren hacer en Castril; seguro que la voz de Saramago atronaría por todo el mundo y nadie se atrevería a tocar un pelo al río Almonda... Un escritor que siempre se ha comprometido con la causa de los débiles, que nunca se ha callado allá por donde fuera, que ha dicho siempre las verdades del barquero, no puede aprobar que destruyan uno de los pocos ríos mejor conservados que quedan en España, porque iría en contra de sus principios, echaría todo su discurso por tierra. Lo diré más claro, un premio Nobel no puede estar con unos 'destriparríos', que lo único que están haciendo es una gran chapuza. 'La chapuza nacional', porque, a día de hoy, Baza tiene agua potable para sus habitantes y en ningún momento les ha faltado, ni han sufrido restricciones, como aseguraba algún que otro político interesado. El Grupo Independiente de Castril, el Ayuntamiento de Cortes de Baza (también del Grupo Independiente), Los Verdes, Comisiones Obreras e Izquierda Unida están en contra del trasvase –Pedro Vaquero lo dejó bien claro en la manifestación, que se celebró en Castril hace un mes, y que congregó a más de mil personas–, aunque Saramago da la impresión de que se ha alineado con el PSOE y no con los comunistas, sus compañeros de siempre. Pero no me cabe en la cabeza que, precisamente, el Hijo Adoptivo de Castril, donde le van a construir el Centro Saramago, el Nobel que se ha criado viendo a dos ríos en Azinhaga –a mí me pasa lo mismo, y por eso me tiran tanto–, no puede estar al lado de unos simples chapuceros. 

Manifestación contra el trasvase del río



  
Quiero aclarar que, a veces, he criticado a José Saramago –otras lo he defendido y justificado, porque no sabes a qué carta atenerte, por lo chocante del caso–, por su postura a  favor del trasvase, hasta que he caído en la cuenta de que 'estos fontaneros' nos han ido engañando a todos por tramos, como las tuberías que tienen preparadas para el río Castril. Y si no hay nadie que le escriba una carta o un mensaje a José Saramago contándole la verdad, a su casa de Lanzarote –ya lo hago, a través de este artículo de periódico–, tendré que hacerlo yo mismo, al menos para convencerme como Santo Tomás. Y por otro lado, decir que para conservar el río Castril, vamos a necesitar todas nuestras fuerzas y las de quienes quieran ayudarnos y, de paso, encomendarnos a San Riego, al grito de ¡no pasarán!

Comentario enviado el día 09-09-2008
Muy acertado el artículo poniendo las cosas en su sitio y dándole a cada uno lo suyo. Me parece un artículo valiente que pone los puntos sobres las íes de lo que está ocuriendo en Castril, donde priman los intereses políticos sobre los naturales. Es un artículo valiente y sincero por el que felicito a su autor que también deja entrever la hipocresía de algunos intelectuales según les vayan los vientos. Enhorabuena al autor.
Autor: Carlos H.

Comentario enviado el día 11-09-2008
El artículo lo escribí en un rato, sin pensar demasiado, tratando de buscar una mediación o un arreglo, porque estoy viendo que en Castril va a pasar con Saramago, algo parecido a lo que el pasado año ocurrió en Orce con Gibert, porque los políticos lo contaminan todo y, a pesar de los errores, siempre será mejor tender una mano. Y tú has comprendido el mensaje, porque como yo ves las cosas desde la lejanía y sin pasión. Leandro

El artículo salió publicado en ‘La Opinión de Granada’, el uno de septiembre de 2008.

1-9-8 Amigo Juan, sería interesante que publicaras en el Foro la carta que entre Alfonso y tú le entregasteis a Saramago, así saldríamos de dudas. A mí me merece el respeto de un premio Nobel, así como la trayectoria que tiene de escritor comprometido, pero quiero convencerme de si está al tanto de que quieren cargarse el río Castril, como en su momento denunció en la prensa su amigo el alcalde. A mí este tema me resulta bastante penoso y complicado, porque esperas algo más de tus modelos y porque ya habrá quien se encargue de ponerme a parir por meterme con Saramago. Por eso quiero convencerme escribiéndole una carta –no por protagonismo–, porque todos podemos equivocarnos en un momento dado y, si te están construyendo el Centro Saramago, necesitas reconciliarte con el pueblo de Castril. Pero reconocer esto debe de ser muy duro para todo un premio Nobel. Hace falta gente que mediara en el asunto, porque es evidente que Saramago necesita a Castril y Castril necesita a Saramago, hay que tender un puente sobre el río. Y si me apuráis, vosotros que vais a gobernar el pueblo dentro de poco, debéis de invitarlo a visitar Castril –sin condiciones–, seguro que está deseando y os lo agradecerá y ya veréis cómo se disipan todos los malentendidos. Un saludo

To: 
Sent: Wednesday, September 17, 2008 12:17 PM
Subject: articulo
Estimado José Saramago: Le envío este artículo, con dos comentarios, que salió en La Opinión de Granada –donde colaboro–, el uno de septiembre pasado, y está siendo leído y votado por los lectores de La Opinión digital. Lo colgué en el ‘Foro para la Defensa del Río Castril’ y digamos que no vi mucho entusiasmo en los castrileños, por lo que escribí en el ‘Foro’ diciendo que “yo no iba a hacer una mediación, que nadie me ha pedido”. Sin embargo, creo que los castrileños están esperando unas palabras de usted, un mensaje, algo. En mi opinión, merece la pena intentarlo. Mi artículo me recuerda la carta que usted le envío al presidente de Uruguay, creo que Julio María Sanguinetti –escribo de memoria–, pidiéndole que se interesara por el nieto desaparecido del poeta Juan Gelman. Yo ahora, con toda la humildad del mundo, me dirijo a usted y sin ningún interés por mi parte, pero creo que siempre es mejor llegar a un arreglo, poniendo cada uno de su parte. En el asunto del trasvase, creo que la Administración se ha equivocado y tendrá que rectificar, llegar a un acuerdo.
Yo lo saludé a usted hace un par de años, momentos antes de que diera la conferencia en la Facultad de Ciencias de Granada. Un saludo y le deseo lo mejor.
Leandro

Posdata: Como es sabido, el escritor José Saramago falleció el 18 de junio de 2010, en Lanzarote. El trasvase del río Castril está paralizado por orden del Tribunal Supremo y están haciendo todo lo posible e imposible por entubarlo. Valen más los votos de Baza y comarca, de cara a conseguir el gobierno de la Diputación, que los de Castril y Cortes juntos. Este es el tema. La naturaleza, el medio ambiental, la flora y fauna, en definitiva, la conservación del río Castril les importa un pito a los políticos. Los votos mandan. En las elecciones municipales de 2011, el Grupo Independiente de Castril (GIC), Nuevo Castril, PP e IU se unieron y le arrebataron la Alcaldía al candidato del PSOE, que fue la lista más votada.
 Fue un alcalde títere que, cuando estuvo en la oposición defendió el río contra el PP, pero cuando gobernó se plegó a los intereses del PSOE, a favor de entubar el río y prometiendo regadíos a los agricultores castrileños para marear la perdiz. Si hubiera defendido el río de sus padres y antepasados -como era su obligación-, se hubiera metido al pueblo en el bolsillo.

martes, 21 de enero de 2014

DOMÍNGUEZ ORTIZ, ONCE AÑOS DESPUÉS








Recuerdo que aquel gélido día, del 21 de enero del 2003, Granada se despertó huérfana con la muerte del historiador Antonio Domínguez Ortiz. Como un suspiro han pasado ya once años y, tras las frases solemnes y sentidas del día del entierro, ¿qué recuerdo nos queda del ilustre investigador? En fin, ya se sabe que las alabanzas son huecas y grandilocuentes, pero la memoria suele ser corta. Por aquellos días, el historiador Juan Pablo Fusi definía así a Domínguez Ortiz: “Su sencillez y falta de pedantería lo convierten en un ejemplo de intelectual”. La escritora Pilar Mañas lo recordaba como un hombre que nos explica la Historia con la sencillez de los sabios. Y la académica e historiadora, Carmen Iglesias, señalaba que “es un maestro irrepetible. Supo hacer accesible al gran público su trabajo de años en los archivos”.

En el año 2000, Domínguez Ortiz publicó su último libro, España, tres milenios de Historia; pero en el prólogo ya advertía: “Escribo estas páginas, con cierto aire de testamento literario... responden a una necesidad, satisfacen unas aspiraciones, llenan un vacío; el vacío que deja la ausencia de una auténtica enseñanza histórica en los actuales planes de estudio de la enseñanza obligatoria”. Y se quejaba de que el nuevo plan de enseñanza era malo, “porque ha destruido la personalidad de la Historia, que se ha metido dentro de un área de Ciencias Sociales”. Lo ilustraba con el ejemplo de que tenía más importancia la Revolución de Asturias que la pérdida de América. Pero, a continuación, añadía: “Eso es un absurdo total. Lo importante de la Historia de España es aquel período en que ésta es universal, y eso es lo que interesa y lo que los extranjeros aprenden”. Como no podía ser menos, reivindicaba las tradiciones de los pueblos, pues decía que se había creado “una polémica artificial” con la Toma de Granada.

¿Por qué los granadinos –pregunto yo–, tenemos que renunciar a nuestras tradiciones o avergonzarnos de nuestro pasado histórico? ¿Acaso renuncian a sus costumbres y fiestas ancestrales los árabes, hebreos, ingleses...? Todos los pueblos procuran conservarlas bajo siete llaves y, si no, ahí están las conmemoraciones de las batallas de Trafalgar, Normandía, Waterloo....,  con su aire festivo: lanzando vivas y pegando unos cuantos cañonazos. Los franceses están muy orgullosos de Carlos Martel –el abuelo de Carlomagno–, que derrotó a los árabes en la batalla de Poitiers y detuvo el islam. Cuando Granada fue tomada, el 2 de enero de 1492, toda la cristiandad celebró la victoria, las campanas repicaron por toda Europa, pues unos años antes había caído Constantinopla en poder de los turcos.

El Islam fue expulsado definitivamente de Europa, aunque yo no discuto que los árabes fueron los más avanzados de su época y que los mejores monumentos de Andalucía los construyeron ellos, ni pongo en entredicho que estuvieran cerca de ocho siglos en la Península, que muchos españoles lleven apellidos de ellos y que el 20% de nuestro vocabulario tenga origen árabe. Hay una época de la historia que me gustaría vivir para conocer a los personajes de los Reyes Católicos (Fernando fue el político hábil que incumplía sus promesas, e Isabel destacó por su tesón y fervor religioso); a Boabdil que ha sido un personaje maltratado por la historia, y no digamos a Cristóbal Colón, que también murió en la miseria y despojado de sus títulos. España fue el primer Estado de Europa y Granada le debe mucho a los Reyes Católicos (quisieron que los enterraran aquí), pero quienes critican la Toma es que no conocen nuestra historia. Cuando el rey Felipe II miraba el cuadro de sus abuelos, los Reyes Católicos, exclamaba: “A ellos se lo debemos todo”. Pero es una desgracia que los extranjeros tengan que reescribir nuestra Historia.

Domínguez Ortiz, siguiendo a Sánchez Albornoz, estaba convencido de que la unidad de España es algo reconocido desde la antigüedad. Pero, ya en el 2002, barruntaba el peligro de que se volviera a romper el Estado español: “Con la Constitución que tenemos hay amenaza de resquebrajamiento, porque fomenta las divisiones, las autonomías y los particularismos. La lección que debemos sacar, es que hemos llegado al límite y que, más allá, no hay nada más que la destrucción de España”. Y lanzaba un aviso a navegantes: “Las discusiones sobre ampliar la Constitución, hacerla más flexible y aumentar las atribuciones a las comunidades, conduce directamente a los reinos de taifas”. ¿Hace falta recordar lo que ya decía el abuelo de Maragall en su tiempo?: “¡Adiós, España!”. El titiritero de Artur Mas quiere la independencia de Cataluña y Rubalcaba, para salvarle la cara al Partido Socialista Catalán de Pere Navarro, pide la reforma de la Constitución para reconocer los privilegios de los catalanes. Once años después, los pronósticos de Don Antonio siguen vigentes.

Todos coinciden en que Don Antonio fue, ante todo, un hombre honesto: “La historia de España está sujeta a discusión y, a lo único que se puede aspirar, es que las personas de buena voluntad interpreten las cosas rectamente y no con un sentido partidista, que es lo que muchas veces sucede”. Incluso se sentía orgulloso de que, Pierre Vilar y él, estaban de acuerdo en casi todo. El historiador debe ser como el notario que levanta acta del pasado, y no como esos intérpretes sectarios que se arriman al sol que más calienta. Pero, cuando uno se pone a releer la Historia de España, te entran ganas de llorar por los malos gobernantes que ha tenido y que, casi siempre, apostaron a caballo perdedor. Y sin embargo, cuanto más la conoces, más amas a tu patria. ¡Triste de ti, España! Te sobran salvapatrias y te faltan gobernantes mediocres, que siquiera tengan algo de sentido común.

Me llamó la atención que la revista valenciana Historia Social (número 47, de 2003), le dedicara un monográfico a Domínguez Ortiz –lo tenían planificado para antes de su muerte–, y quizá por ello me decidí a dedicarle este humilde artículo, a pesar de considerarme un profano de la Historia. El mejor homenaje que le podemos dedicar se resume en esta frase del dramaturgo, José Martín Recuerda, con motivo de la muerte del historiador: “Fue mi profesor en el Instituto Padre Suárez. Yo era un muchachillo, pero me hice amigo de él y me enseñó a amar la Historia”. Creo que los granadinos tenemos una deuda pendiente con Don Antonio, un maestro de la Historia sencillo, sabio y prudente. ¡Ay, de la mi Granada, tan cicatera y sin memoria!


viernes, 17 de enero de 2014

Y EN EL BALCÓN AQUEL

Amelia y su marido Julián





Lo único que deseaba era que aquel año de gracia de 1999 terminara cuanto antes, pues había tenido una racha de mala suerte. Y agazapado como los gatos, esperaba pacientemente a que el tiempo escampara. En agosto me fui a Castilléjar a pasar unos días, pues llevaba una temporada sin ir. Visité a Amelia, a quien no veía desde hacía bastantes años, y la encontré sentada en el balcón de su casa. Me recibió igual que siempre, como si fuera de la familia, pero era ya una sombra de lo que fue. Se encontraba tan mal de salud, que me dijo: ¡Cuando vengas para el año que viene, yo ya no estaré! Me quedé sin saber qué responder, pues hay que tener valor para decir esto: De todas formas yo me pasaré y, si no estás, eso ya es cosa tuya, le dije, medio en broma. Me llamó la atención la lucidez y entereza de aquella mujer, la bondad de su alma y, sobre todo, su hablar dulce. Todavía recuerdo su cálida voz. Pero Amelia se encontraba en ese tramo de la vida que sólo espera a que pase el último tren. Es más, sabe que ya ha salido de la estación y que tiene sacado el billete: ¡Viajeros al tren! ¡Aquellos que hayan nacido en mil novecientos...! Y así, en cuanto llegan a su destino, los van recogiendo a puñados, por quintas. ¡Vamos, señores, que nos vamos!

 Primero, la enfermedad se va cebando con ellos y los malea un poco. Y cuando llega el día en que se acobardan, se mueren de pena. ¡Ése es su triste remate! Es el aviso de que les queda poco tiempo: La mamá lleva unos días en que apenas habla, me dijo mi hermano Raúl antes de que ocurriera lo inevitable. Sin embargo, ahora parecía que ya todo le daba igual a Amelia pues la muerte significaba una liberación. Hacía tiempo que había aceptado el reto, con esa dignidad que a veces tienen las mujeres... Unos años antes me había hecho esta confesión: Oye, ¿sabes que tu padre y yo fuimos medio novios? Pero, mira por donde, tu madre supo ligárselo (Amelia y mi padre eran primos hermanos). Así de sencilla y espontánea era. Y allí dejé a Amelia aquella noche calurosa y triste de agosto: sentada en la silla de su balcón y en medio de la soledad de su alma, esperando el momento de la partida. ¡Ya con el pie en el estribo...! Y la paloma no se equivocó: murió dos meses más tarde. Pero su melosa voz seguía resonando en mi torpe conciencia: ... ya no estaré para el año que viene. Fue entonces cuando me acordé de los versos de Juan Ramón Jiménez: 

 Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;

             y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco...


 De mi novela Diálogos en la tierra de los ríos, 2003

 Publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/2025/07/24/leandro-garcia-casanova-y-en-el-balcon-aquel/?fbclid=IwY2xjawLvWUtleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBiYTRhbW1OdlJQTlZxa1lxAR6e-iEJfV9VWMYI94XJMyy6L9waiYcabHMX9U_ftaR-IKq0DCcVN-JF18-2Lw_aem_g7eaTcc-SM7jj8l8s9OSEw

      
 





lunes, 30 de diciembre de 2013

FUNCIONARIO CAMINA LIGERO

El video es genial, un derroche de imaginación, asín que yastás pulsando el play o el pon

jueves, 19 de diciembre de 2013

LOS CUADRILLEROS DE LA NAVIDAD

Hermandad de Ánimas. Castilléjar, años sesenta



El Día del Nacimiento (25 de diciembre), vuelta por lucha: a misa, merienda y juerga, me dice Dolores Mañas, la Manca. ¡Entonces hacíamos unos bailazos!... Yo, comparación, estaba bailando con mi novio, y llegaba otro y decía: ‘Dos pesetas porque se vaya el novio y no baile más. Y, claro, éste subía a cuatro pesetas. Pues yo doy seis, replicaba el otro... Pero cuando uno decía, ¡ánimas benditas!, entonces se plantaba, y al otro le tocaba pagar todo lo que habían apostado. Así era el baile de Pujas en Castilléjar. En esto, Dolores no puede evitar un ramalazo de nostalgia: Nosotros nos ‘casemos’ después de la guerra y la tía María la Bolilla fue la guisandera. Josefa, la del pan, va directamente al grano: Con tres celemines de harina, salían unos siete panes de a quilo... En los años 50, teníamos que hacer turnos por Navidad: diez o doce mujeres venían por las noches a hacer sus dulces caseros, y por el día cocíamos el pan. Josefa recuerda que entonces las mujeres amasaban en su casa, en una artesa, y nosotros íbamos por las casas recogiendo los panes en una tabla. También teníamos que salir todos los días a por una carga de leña al monte, aunque estuviera nevando. En estas andanzas me acompaña Rafaelillo, el municipal, y me cuenta que algunos niños, cuando no se portaban bien, la víspera de Reyes encontraban los ‘alpargates’ en la ventana llenos de cagarrutas de las cabras. Y luego, cuando se anima, me larga este villancico: Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad, / saca Perico la bota que nos vamos a ‘chispar.

Andrés Martínez, el molinero, es la viva memoria de lo que ocurría en Castilléjar en los años treinta: Por abrazar a la novia, vale tanto, señalaba el encargado del baile de las Ánimas. Y tú tenías que pujar: ‘¡A ver, tráeme a fulana que quiero bailarla! Pero Andrés asegura que hubo muchos palos por esto y que entonces, con una peseta, te corrías una juerga. Rafa Cuevas, director de las revistas Úskar y Cuadernillos de la Sagra, de Huéscar, me acompaña a la aldea de La Parra a visitar a Roque Rodríguez, apodado el Abujeros, que escribe trovas y también canta con los Cuadrilleros de San Clemente: ¡Abran las puertas del templo!, / que venimos a adorar a Jesús Sacramentado / que está puesto en el altar. Este canto lo hacemos en la ‘mesma’ puerta de la iglesia y luego le vamos cantando al cura mientras se viste. Tocamos hasta cincuenta coplas en la misa del Día del Nacimiento. Y el juglar nos canta esta trova popular: ¡Santo, Santo, Santo, San Antón! / ¡Qué Santo tan ‘afortuno’! / Tú ya tienes tu lechón, / ¿pero cuántos no tendrán ninguno? Mariano Teruel, el Barranquero, también se deja caer: ¡Oh divino San Antón! / Antes de que se cumpla el plazo, / si me guardas el lechón, / yo te traeré un espinazo. Y a Rafa le sienta bien el relente del pantano: Ojalá, que en vez de ir dando voces por la vida, pudiéramos sentarnos a la lumbre a contar nuestra historia, o cantar como hoy una improvisada trova. Seguro que nos iría mejor

Plaza Mayor de Huéscar



Es la una de la tarde del Día de la Inmaculada y, en la plaza Mayor de Huéscar, la gente se va animando mientras los bares no dan abasto. Llama la atención un pequeño remolque con este letrero: Peso 180 kg. Por curiosidad, uno se asoma al remolque y descubre, con asombro, al cerdo –con perdón- más grande que haya visto en su vida. El animal, que parece un hipopótamo de secano, está echado sobre un poco de paja y lo único que mueve son los hocicos, como diciendo: ¿Qué habré hecho yo para que me miren tanto? Seguramente ignora que un poco más allá, en la otra esquina, están vendiendo las papeletas y preparando el saco: ¡Oiga, a cuarenta duros la tira! Pero, a las dos en punto de la tarde, Huéscar parece la ciudad sitiada de Kandahar: el estampido de los cohetes retumba sobre el azul cielo güesquerino, y los lugareños, presurosos, convergen desde las calles hacia la plaza Mayor, porque la función va a empezar: ¡Señores, hagan el favor, se va a proceder a la rifa del marrano de San Antón! Todas las papeletas vendidas, con el nombre de cada comprador, se meten en un saco. Y ya sólo queda esperar a que salga el número agraciado.  Pero estoy por decirle que el cochino –con sus 16 arrobas- va atando cabos: ¿Y qué estarán celebrando hoy con tanta gente y tanto petardo? Sin embargo, la tradición se ha perdido ya: Antiguamente, al marrano lo dejaban suelto por las calles y se pasaba todo el verano comiendo –trigo, panizo o lo que le echaran-, hasta que lo rifaban por la Inmaculada, señala Rafa Cuevas.

Ánimas, Cascaborras e Inocentes, de Puebla de Don Fadrique





De La Puebla de Don Fadrique se dice que es la Puerta de Andalucía, pero el portal debe estar abierto porque un frío de nieve de la Sagra –sierra sacra- da la bienvenida al forastero. Esperanza Rodríguez, presidenta de la Asociación Local de Mujeres Conmu, me explica que, en la madrugada del 8 de diciembre, los tres despertadores –que llevan dos farolas y un Cristo– van llamando a los componentes de la Hermandad de las Ánimas. La procesión del Rosario de la Aurora comienza un poco después, a las seis de la mañana, y, al son de cantos y rezos, van despertando al vecindario mientras amanece en La Puebla. Y más tarde, sobre las ocho, se celebra la Misa de los Despertadores. Balbino Sánchez y José Gómez dirigen el Hogar del Pensionista y me invitan a la ceremonia de la Entrega del estandarte de la Virgen del Carmen –que tiene lugar esa misma tarde– entre los miembros de la Hermandad de las Ánimas. El hermano que lo recibe debe guardar el estandarte en su casa durante un año.

 Tan singular ceremonia la presiden varios poblatos, disfrazados de autoridades y vestidos con trajes y gorros del siglo XVIII. Engalanados también con sus sombreros y trajes típicos, los acompañan cinco alegres Inocentes, y seis pícaros Cascaborras, que van pidiendo dinero por la calle, o lo mismo te arrean un vejigazo. Y ya, durante la Navidad, con el estandarte de la Virgen, van de puerta en puerta cantando villancicos o jotas. Por eso, en esta Comarca del Altiplano, nada de extraño tiene que traten de usted a su padre, o que le hagan una cruz al pan antes de partirlo. Pero, es lo que le digo: si en estos días va buscando a alguien en particular, puede que lo encuentre entretenido en alguna matanza, aliñando el embutido o zampándose una buena morcilla. Como mandan la tradición y el Santo San Antón.

      Posdata: Este artículo salió publicado en Ideal de Granada, el 24 de diciembre de 2001 y en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014). Dolores Mañas y Andrés Martínez fallecieron unos años después de la publicación. Josefa murió el 7 de abril de 2018, mi madre amasaba en su horno todas las semanas, en los años sesenta, y recuerdo a aquellas mujeres con el pañuelo en la cabeza, dándole vueltas a la masa.

II Encuentro de Cuadrillas de Castilléjar, enero de 2013. Cuadrilla de Castilléjar. Dori Carasa