jueves, 19 de enero de 2023

ESTIMADO PROFESOR, NO NOS ENGAÑEMOS

Daniel Arias. NIUS


 

Entresaco algunas frases de la carta, publicada en Linkedin, y que ha circulado por las redes y periódicos, del catedrático Daniel Arias-Aranda, del departamento de Organización de Empresas, de la Universidad de Granada, y que lleva más de 25 años dedicado a la educación.  Tiene grupos de unos 50 alumnos, de los cuales raramente van a clase más de un 30%. Y de esto surgió su carta: "Querido alumno universitario de grado, te estamos engañando. Los que vienen, lo hacen en su mayoría con un portátil y/o un teléfono móvil que utilizan sin ningún resquemor durante las horas de clase,  me sé mejor las marcas de sus dispositivos que sus rasgos faciales". Y asegura que "es raro que alguien pregunte, por mucho que se les incite a hacerlo" y quince minutos antes de que acabe la clase "ya están recogiendo sus cosas, deseosos de salir". También denuncia que ha caído el nivel educativo en los últimos años y coloca entre las principales causas precisamente a las nuevas tecnologías. "No estoy en contra del uso de las tecnologías de la información en clase, pero sí para otras cosas que no sean la clase", pues en su clase no es necesario el uso de ordenadores. “Es un elemento disruptivo, se pierde esa comunicación directa entre alumno y profesor". La solución para Daniel no pasa por prohibir en clase ordenadores y móviles, pues "son mayores de edad… Pero no puedo estar contando chistes en cada clase, tengo que ser exigente porque si no, no hay educación, hay entretenimiento". Y llega a esta conclusión: "He recibido miles de mensajes de otras facultades y otros profesores diciendo que eso está pasando, también del colectivo de secundaria. Es un problema de fondo educativo que empieza desde Primaria y que se centra en la falta de exigencia”.

 

Se queja amargamente que, cuando los universitarios hacen las exposiciones de sus trabajos en clase el resto de grupos se van. “Es una falta de respeto a sus compañeros. Eso me deja en shock”. Es evidente que las entradas y salidas interrumpen la clase y se solucionan con una norma interna de la universidad: “No se puede abandonar la clase, sin un motivo justificado”, igual que ocurre en cualquier trabajo. Baste recordar que, en los años sesenta y setenta, cada vez que un profesor entraba en clase, los alumnos nos levantábamos, pero ha llovido mucho desde entonces. El catedrático acaba con estas reflexiones: “La plasticidad neuronal se desarrolla con lápiz y papel, no con la dictadura de los teclados. Es un problema de la Universidad y no solo de un centro”. Sobre la falta de interés, motivación y participación que en ocasiones se traduce en charlas entre el estudiantado y no atender, es contundente: “No soy un policía, soy un profesor. Estamos en la Universidad, no estamos en un colegio. No quiero ejercer de policía”. No hace falta decir que los modelos de enseñanza los tenemos en Finlandia y en  Francia, donde también aportan más recursos.

 

Entresaco estas otras frases de la extensa carta, que ponen el dedo en la llaga.Cada vez me siento más como un profesor del instituto de una serie mediocre de los 80 que como un catedrático… He separado a gente para que no hablen entre ellos, he expulsado alumnos del aula y me he llegado a marchar de clase ante el más absoluto desinterés… El nivel de los trabajos y presentaciones de los alumnos no pasaría, en su mayoría, los estándares del teatrillo de Navidad de primaria. Pero eso, para nosotros es más que suficiente para poner un 5. De este modo, cumplimos el contrato-programa, el departamento es feliz, la universidad es feliz, nuestros alumnos aprueban, creen que saben algo y son felices y nosotros languidecemos ante la triste realidad… Te faltan habilidades básicas indispensables en estudios superiores. No tienes capacidad de expresión. Tu vocabulario es muy básico y se limita a verbos débiles (hacer, ser, estar)… No te dignas a respetar la institución milenaria que te acoge y que se llama universidad. No entiendes lo que eso significa y tampoco tienes ningún interés en saberlo… Se nota que ya no se hacen dictados en educación secundaria… Jamás hubieras superado esta asignatura hace 10 o 20 años… Hace años que no recomiendo a ningún alumno para ninguna empresa… Vives anestesiado por las redes sociales… No estás en clase, estás en Instagram. Pero yo me hago el tonto y miro para otro lado… Lo que está claro es que si tú, estudiante, no tienes interés, yo no puedo plantarlo en ti. Pero sí puedo hacerte creer que vales, aunque sepa que es mentira… Podemos echarle la culpa a la universidad pública y tiene bastante, pero no toda. «Si quieren calidad, que se vayan a la privada», he escuchado por ahí. Y los números van apuntando en esa dirección…Escribir esto es arriesgado y es más cómodo callar y obrar. Lo entiendo perfectamente, patada y al área es la actitud mayoritaria… No somos todos iguales. Hay estudiantes con vocación e interés eclipsados por la mediocridad imperante. Centrémonos en ellos. La universidad es para formar a las élites intelectuales… La Formación Profesional forma grandes profesionales que no han de ser universitarios… Devolvamos al profesorado universitario las competencias perdidas como autoridad intelectual a la hora de diseñar planes de estudio, modelos de enseñanza y currículum… Mis alumnos no saben, en su mayoría, elaborar un Excel o dar formato a un texto en Word. Hacer sentir a los chavales orgullosos de quiénes son y donde están, con admiración hacia lo que les rodea y hacia otras culturas… La solución está en ti. Si tú cambias, el mundo cambia. Y si no quieres cambiar, no te preocupes, te seguiremos engañando, haciéndote creer que lo estás haciendo muy bien”.

 Ciertamente refleja la realidad del bajo nivel de los alumnos y su escasa motivación, reconoce que la universidad también tiene su parte de culpa, y que es más cómodo callar. Yo pienso que a veces hay que ser crítico y  alzar la voz, al menos para encontrar soluciones a estos graves problemas. Recuerdo que, cuando gobernaba Susana Díaz en Andalucía y le adeudaba 900 millones de euros a las universidades, mientras se lo gastaban en meter enchufados en la Administración, ningún rector dijo nada ni reclamó lo suyo. No estoy de acuerdo con el catedrático en que “la universidad es para formar a las élites intelectuales”, y tampoco es para masificarla, creo que lo mejor es el punto medio. Yo me quedo asombrado cuando me metía en la cabeza un tercio o la mitad de un libro de derecho, con esquemas y palabras clave, para los exámenes… En cuanto a que “la solución está en ti”, en el alumno, pienso que la solución está en todos los afectados, recordando el proverbio africano que para educar a un niño se necesita a toda la tribu.

 El catedrático hace cuatro propuestas en Ideal, el 10 de enero: 1 Controlar los dispositivos móviles en clase para evitar la dispersión en la que están sumidos los alumnos. 2 Iniciar un proceso educativo de motivación en enseñanzas primeras y secundarias. 3 Mejorar la lengua escrita y la expresión, dado que muchos alumnos llegan a la universidad sin dominar el lenguaje. 4 Realizar un aprendizaje sobre el entorno para que los alumnos lo conozcan y se sientan orgulloso del mismo, sembrando en ellos la curiosidad.

Tengo que decir que, en los liceos de Francia, si el profesor descubre a un alumno en clase mirando el móvil, lo interviene, da parte y los padres tienen que venir a recogerlo. Y en la universidad también está prohibido usarlo en las clases. Por tanto, cualquier universidad española puede dictar una norma interna prohibiéndolo en clase, así como entrar en las páginas de Internet que no guarden relación con la asignatura. Saldrían ganando todos, puesto que a la facultad se va a aprender y a sacar una carrera, no a pasar el rato. En la segunda propuesta, tanto la Enseñanza Primaria y Secundaria dejan mucho que desear. En la escuela de mi tiempo había dictados (con tres faltas de ortografía te suspendían en el examen de Ingreso) y lectura, y en el bachillerato teníamos humanidades, pero las han ido eliminando porque es más importante la tecnología. El escritor Ángel Ganivet ya se quejaba, a finales del siglo XIX, de que cada vez se estudiaba menos humanidades.

 Comentando esto con un profesor jubilado de magisterio, me dice: “El 80% del profesorado sigue como en los años setenta, rollo y examen, mientras que el 20% enseña de manera atractiva. Cuando un profesor echa la culpa del fracaso a los alumnos, no lleva razón, puesto que hay profesores que no preparan las clases. Incluso los hay que presumen de poner muchos suspensos, cuando él también tiene su parte de culpa en el fracaso. El móvil se puede utilizar como recurso didáctico, en la teoría y práctica de tecnología digital, un día a la semana, y los otros días en el bolsillo. En Finlandia la labor del profesor está muy considerada y pienso que los alumnos que dominan la lectura y la escritura tienen medio camino aprendido”.


Clase en la facultad

 

En una crónica de Andrea G. Parra, de Ideal, seis profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales granadina opinan sobre la carta de Daniel Arias-Aranda: "Yo no engaño a ninguno de mis estudiantes. Me considero una docente honesta”.El docente intenta hacer lo mejor que puede en clase con el fin de mejorar los resultados”. “Yo estoy muy orgullosa de la mayoría de mis estudiantes. La gran mayoría responde muy bien”. “Hay que promover metodologías más activas donde el estudiante sea el protagonista. “Los tiempos y el perfil de estudiante han cambiado y debemos adaptarnos”. En medio de este conformismo, un profesor lanza esta crítica: “Algunos estudiantes están como ausentes, y eso es frustrante”.

 Copio parte de la entrevista que le hace El Mundo, el 12 de enero. 

Pregunta.- ¿Cuáles son las principales carencias del alumnado?

Respuesta.- De pura comprensión lectora y de expresión, para empezar. Es un problema de base, fundamental, que viene de la educación primaria. La única forma de progresar es adaptarse a su pobreza.

R.- ¿Que por qué ya no admito trabajos escritos? Porque sé de sobra que van a internet y me entregan lo que han copiado y pegado. De ahí que les pida que sea oral…

P.- También hay mucha gente que aplaude su carta.

R.- El seguimiento ha sido estupendo, brutal, sobre todo, entre el colectivo de profesores de secundaria.

R.- … Pero la palabra élite se asocia a lo económico, pero yo hablo de formar a las mejores mentes para prepararlas al máximo. ¿Pero qué ocurre? Pues todo lo contrario. Empezando por la inflación de las notas de selectividad, que ya no indica la preparación de los alumnos, porque están hinchadas. Hay muchos alumnos universitarios que estarían mucho mejor en la FP. Les iría mejor. Igual que, por cierto, hay profesores que tampoco deberían de estar en la universidad… ¿Hay alumnos buenos? Por supuesto. Menos del 10%.


 Reproduzco estos dos comentarios en El Independiente.

1. “Por cierto, también decirle a este profesor, que también es frecuente salir de la Universidad y no tener ni idea de nada. Motivo, que los profesores son unos magantos en la mayoría de los casos.  Basta ya en que se crean todos genios investigadores, porque la gran mayoría no lo son. El alumno en la universidad paga por las clases, no es un mecenas de investigadores, por lo que lo primero, deben ser las clases”. 2. “Y con 18...19...20 años, siguen pidiendo "que los entretengan" porque si no, se aburren, pobrecitos, y no van a clase. Cuando lleguen al mercado laboral, que le digan lo mismo a su jefe”.

 Yo voy a exponer mi experiencia en la facultad. A mediados de los años noventa, aprobé tres cursos de derecho, con beca, mientras trabajaba de administrativo de la Junta. Recuerdo que un profesor me decía: “Te expresas bien, sin faltas de ortografía, mientras que los alumnos cometen muchas faltas”. Otro profesor nos comentó en privado, a varios mayores, el mérito que teníamos al trabajar y estudiar, y se quejaba que “los alumnos de la mañana leen el periódico en clase”. En segundo curso, el profesor de derecho civil me suspendió un examen parcial y le pedí la revisión, pero la excusa que me dio fue que mi examen se había perdido. Me quejé por escrito, me examinó oralmente un tribunal y aprobé el examen. Aquel profesor de derecho civil publicaba los nombres de varias alumnas suspensas y de otros alumnos, en el tablón de anuncios, para que se pasaran por su despacho. Todos sabíamos lo que les pedía a las alumnas para aprobar el examen, aquello era vox populi en la facultad y no fue en Granada. En cuarto curso,  el profesor de derecho civil solía decirnos en clase que éramos unos vagos y otras lindezas, cuando yo me levantaba a las seis de la mañana. Había entrado de profesor en la facultad, por su amistad con el jefe de departamento, y se pasaba la clase hablando no del tema del día, sino que mezclaba varios temas. En el examen yo cometí el error de escribir lo que venía en el libro y no los apuntes malos que él daba en clase. Me suspendió, recurrí el examen pero me dijo que yo no era alumno de su grupo. En administración me dijeron que no había problema en cambiarte de grupo, al principio de curso, que los profesores no ponían pegas. El caso es que a mitad de curso decidí abandonar aquella vida de locura, pues apenas veía a mi familia, y se lo debo a este tipo. También tengo que decir que conocí a excelentes profesores y que guardo buenos recuerdos de la facultad.

Conclusión. Con sus aciertos y fallos, con su crudeza al exponer los graves problemas de la universidad, las carencias y la desmotivación de los alumnos, con su elitismo y sus propuestas, se diría que más que la carta de un profesor a un alumno, es también una llamada de atención a los profesores, a los padres, a la sociedad y al Gobierno, porque algo está fallando en la universidad y, cuanto más tarde se actúe, será peor. No nos engañemos.

Ideal en Clase.  https://en-clase.ideal.es/2023/01/18/leandro-garcia-casanova-estimado-profesor-no-nos-enganemos/?fbclid=IwAR3Lu1Q_B2ITS1h6NUM8sBSpIB9XZ4H2wHcKAnZri5qD5T_Qt0p29O6dcXg

sábado, 14 de enero de 2023

GRANADA, TIERRA SOÑADA DE LA MALAFOLLÁ

 

Plaza de Bib-Rambla



El 6 de enero salió publicado, en Granada Hoy, el artículo de Salva Rodríguez, Granada es una de las ciudades más maleducadas de España. Venía con estos titulares: “Según un estudio de una web de clases online, la ciudad nazarí es una de las tres en las que la descortesía es más evidente, junto a Tenerife y Alicante-Elche. Los encuestados consideran que la falta de modales es más extendida entre quienes no son residentes de la capital. No dejar a otros coches pasar, ser maleducado con el personal de servicio, y saltarse las colas, entre los comportamientos más habituales”. Para obtener esta clasificación negativa, la empresa Censuswide, para Preply, ha medido los comportamientos maleducados más frecuentes en todo el territorio nacional, destacando hasta 12 puntos que los encuestados han considerado como malos modales. “Y en tres de esos 12 puntos, Granada se lleva la palma. Concretamente, los granadinos muestran sus malos modales a la hora de no dejar a otros coches pasar cuando hay tráfico, en ser maleducado con el personal de servicio, y en saltarse cualquier tipo de colas”. Mi experiencia de años en lo de saltarse la cola es que los casos han sido pocos y se han resuelto amistosamente, pero no andan descaminados. Es sabido que Granada es famosa por los atascos de tráfico, por los malos modales conduciendo (a veces, yo los tengo) y por ser una ciudad ruidosa. Sin embargo, me llama la atención esta frase del estudio: “Es la capital isleña la que ostenta el título de la ciudad más maleducada, pues sus habitantes pasan todo el día pegados al teléfono, entre otras causas”. No sabía yo que estar pegado al teléfono (se supone que al móvil) es una falta de educación, salvo que por esta causa no atiendas a los clientes o amigos.

 En cuanto al método del estudio, se han entrevistado a más de 1.567 residentes de 19 áreas de España y se les ha preguntado con qué frecuencia se encuentran con un comportamiento maleducado en las 12 áreas más propensas a mostrar una falta de cortesía hacia los demás. “Eran quedarse absortos con su teléfono en público, no dejar que la gente se agrupe en el tránsito, no ralentizar cuando conducen cerca de peatones, ser ruidosos en público, no saludar a las personas desconocidas, mirar vídeos en público, hablar por el altavoz en público, usar un lenguaje corporal hermético, no respetar el espacio personal, ser descorteses con las personas que atienden, no dar propinas y saltarse las colas”.  Lo del teléfono lo entiendo, con el altavoz o hablando en voz alta, gesticulando y enterándose los demás de todo lo que habla. Pero no comprendo lo de “no dejar que la gente se agrupe en el tránsito o usar un lenguaje corporal hermético”, la encuesta debía de ser más explícita en esto y es posible que sea una mala traducción al español. Cada uno tiene su lenguaje corporal mediante gestos.

 Lo de “no saludar a las personas desconocidas”, no tiene sentido, porque solemos saludar a las personas conocidas. Otra cosa es que uno entre en un local y no salude a los que están allí, lo cierto es que los jóvenes son menos propensos a saludar mientras que los mayores son más cumplidos. En cuanto a “no dar propinas”, lo veo ridículo. Es una costumbre española (más antigua es dar limosna a los pedigüeños y es célebre la poesía del mejicano Francisco de Asís de IcazaDale limosna, mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ser ciego en Granada), en los restaurantes y bares, pero de siempre ha habido quien las da y quien no. En los países anglosajones (Reino Unido, Estados Unidos…) no hay costumbre de dar propinas, sino la de llevarse la comida que les ha sobrado (esto en España no se hace), y nadie tacha de maleducados o tacaños a los ingleses. Muy diferente es que tengas malos modos con el personal del servicio o seas descortés con las personas que atiendes. “Para poder participar en la encuesta, era obligatorio que las personas preguntadas fueran residentes en la ciudad en la que se encontraban desde al menos 12 meses”. Y de todos los participantes, 736 se identificaron como hombres y 831 como mujeres. Con las opiniones, se hizo una media con los datos obtenidos para calcular la puntuación media de mala educación por ciudad para clasificarlas.


Iglesia de Santa Ana

 


Siguiendo con las conclusiones del estudio, “Granada es una de las cinco ciudades con un mayor porcentaje de personas que piensa que la mala educación viene de fuera, es decir, de los no residentes”. Y aclara que la ciudad cuenta con una gran cantidad de población flotante que cada día se desplaza desde el Área Metropolitana hasta la capital para trabajar o acudir a compras o citas, así como de un gran número de turistas y visitantes que se mueven para disfrutar de las bellezas de la zona, lo que ha podido influir en esta forma de pensar de los residentes. Yo añadiría que Granada cuenta con un 7% de residentes, que no son españoles: magrebíes, latinoamericanos, europeos, asiáticos… Y en cuanto a echar la culpa de la poca educación, va por barrios: “Granada se une así a Palma de Mallorca, Valladolid, A Coruña-Oleiros-Arteixo y Las Palmas de Gran Canaria como las ciudades en las que más se piensa que los comportamientos maleducados no son de los propios habitantes, sino de la gente no residente. Por el contrario, Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, Vigo y Zaragoza entonan el 'mea culpa' y son las ciudades en las que más se piensa que los maleducados son los residentes…”. La conclusión nos ha recordado que estamos en la tierra del chavico, la moneda que valía diez céntimos de peseta.

 Sin embargo, la encuesta destaca que “los españoles son, en general, gente bastante educada en público, al contrario de como se nos considera en otros países”. Los españoles tenemos fama de ser educados con los extranjeros, España es el segundo destino turístico del mundo y el turismo mueve el 12% de la economía, de manera que los informativos siempre están pendientes de la llegada de millones de turistas aunque no todo es oro lo que reluce. Los gaditanos tienen fama de ser graciosos hablando, pero en el sector servicios atienden mejor en Granada que en Cádiz, donde el paro es más alto. Hace bastantes años, andaba con mi turismo desorientado por el centro de Sevilla. Le pregunté a un sevillano en un semáforo por la dirección de una calle, pero no le dio tiempo a informarme. En el siguiente semáforo paró su coche, se bajó y me orientó. Me quedé asombrado de su amabilidad, pero algún caso parecido he visto también en Granada. Por eso, no podemos generalizar porque hay de todo en este mundo.

 En noviembre pasado estuve en un pueblo de Badajoz y un conocido me preguntó de sopetón: “¿Cómo es la gente en Andalucía?”. Le dije lo primero que se me ocurrió: “Pues, unos van para arriba y otros van para abajo”. Los granadinos tenemos fama de malafollás (el escritor José García Ladrón de Guevara lo explicó en su libro La malafollá granaína), mientras que el jurista Nicolás López Calera decía que los granadinos son negativos y poco emprendedores. Todo esto contribuye a la poca estima que nos tenemos, y lo mismo ocurre con la opinión negativa que tenemos los españoles de nosotros mismos, mientras que los extranjeros aprecian más nuestras cualidades. El español valora más lo de fuera de España, que lo de dentro, escribió José de Cadalso, en el siglo XVIII, mientras que el escritor Mariano José de Larra decía que siempre nos quejamos con la expresión, ¡en este país!, como si fuéramos lo peor de Europa. A pesar de todo, Granada es la ciudad española que más estudiantes europeos de Erasmus vienen para cursar estudios y, en 2005, el Centro de Lenguas Modernas tenía más de diez mil estudiantes de todo el mundo, que venían a aprender el español. Granada tiene fama por sus rincones, calles y monumentos, por sus bares y tapas, y porque es una de las ciudades más bellas de España.

Antigua estampa del Albaicín


 


Recojo estas frases de algunos comentarios que ha tenido el artículo: “Y no es problema de nuestra consabida malafollá, si no de las generaciones que van viniendo, que no tienen empatía alguna”. “Graná tiene de todo y la gente es espectacular. Siempre hay algún malafollá, pero creedme, en Madrid hay muchos más”. El primer comentario tiene lógica y sensatez, nuestros padres y abuelos respetaban más las formas y eran más corteses que los jóvenes de hoy. Y estoy conforme con el segundo comentario. Los parisinos tienen fama de soberbios (a la mayoría no les gusta vivir en París), en cambio, en Francia yo he encontrado amabilidad y educación cuando he preguntado algo. En un barrio parisino, recuerdo a un niño de unos doce años, que se apartó en la acera para que yo pasara. Esto no suele ocurrir en España, porque en Francia la educación en las escuelas y liceos es mucho mejor. Tendría yo la edad de ese niño francés, cuando al salir por la puerta pequeña de la iglesia de mi pueblo, le cedí el paso a un hombre mayor. “Eres el niño más educado del pueblo”, me dijo aquel médico que venía de vez en cuando de Murcia y que yo no conocía. En la Casa Madre del Ave María, nos levantábamos del pupitre cuando el profesor entraba en la clase y este respeto era generalizado en la España de los años setenta. Convengamos que antes había más educación, aunque te la enseñaran a reglazos en la escuela o en tu casa.

 El escritor romántico francés, Teófilo Gautier, publicó en 1840 Viaje por España y escribió esto: “En Granada la ocupación general es la de no hacer nada: galantear, fumar, hacer versos y, sobre todo, escribir cartas, bastan para llenar agradablemente la existencia. Allí no se ve la inquietud ardiente, la necesidad de acción y de cambio que atormenta a las gentes del Norte”. Pero, al final del libro, le traicionaron los recuerdos: “Al poner el pie en el suelo de mi Patria sentí humedecerse mis ojos, y no precisamente de alegría, sino de tristeza. Las torres rojizas, las cimas plateadas de Sierra Nevada, las flores del Generalife, el mirar ardiente de ojos de terciopelo húmedo… Todo esto se agolpó en mi imaginación tan vivamente, que me pareció que esta Francia, en la que, sin embargo, me espera mi madre, iba a ser para mí un destierro. El sueño había terminado”. Teófilo Gautier, Alejandro Dumas (que tuvo sus peleas aquí), como tantos otros escritores románticos, se sintieron fascinados y el compositor mejicano Agustín Lara la inmortalizó, sin conocerla, con su canción Granada, tierra soñada por mí. Y eso que los granaínos tenemos nuestra miaja de malafollá y no hacemos las cosas educamente, como dicen algunos.

Ideal en Clase.  http://bit.ly/3X6NoIF

sábado, 17 de diciembre de 2022

EL RINCÓN DE LOS TEBEOS

 


El rincón donde mi padre tenía los tebeos 



Estos días me he acercado a las casetas de la Feria del Libro de Granada y, llevado un poco por la nostalgia, he comprado algunos tebeos de mi época. Debo a estas sencillas historietas la afición por la lectura y en ellas aprendí a escribir mejor, a desarrollar la imaginación y a evadirme de la realidad, mientras conocía remotos países. En fin, fueron una de las primeras fuentes donde bebí y estoy en deuda con todos aquellos maestros anónimos del tebeo. ¡Cuántas veces soñé que yo abría aquella caja llena de tebeos –que de vez en cuando la desaparecida Editorial Bruguera le enviaba a mi padre para venderlos– y me quedaba asombrado contemplándola, viendo a todos los héroes y mitos de mi infancia! ¡Aquello era la mayor alegría que yo podía recibir! Y cada vez que descorría aquella cortina del hueco de las escaleras, yo entraba en el fabuloso y mágico mundo de los tebeos de caballerías (porque ése era entonces el medio de transporte más usado). Allí, en aquellas viejas estanterías, estaban mis mejores amigos y yo me pasaba tardes enteras con ellos.

 Desde que salí de la infancia –en ese viaje sin retorno–, habían pasado demasiados años que no experimentaba esas sensaciones; pero de nuevo volví a sentirlas el otro día cuando vi al duendecillo charlatán de mi niñez, que me decía sonriendo: ¿Te acuerdas de mí?. ¿Cómo no iba a acordarme?, le respondí, sorprendido. ¿A que no sabías que llevo esperándote todo este rato? Al decir esto, con su voz infantil de siempre, yo no pude menos que emocionarme. ¡Vamos a ver!, me dijo. Mira, para que tú puedas de nuevo introducirte en el mundo de los tebeos y jugar con los muñecos de las viñetas, tienes que volver a ser un niño como entonces, porque, si no, nunca podrás entrar. También has de saber que los mayores se complican la vida y por eso cronometran el tiempo: entonces los días se les pasan volando, siempre van como locos corriendo de un lado para otro y la vida se les consume en un soplo. Esto de medir, clasificar y abarcarlo todo es un  error muy grande, pues al final el ser humano se convierte en un esclavo del tiempo y de las medidas, cuando tenía que ser al revés, éstos deben estar al servicio del hombre. En cambio, como verás, el tiempo de los niños es más lento y verdadero, cada día que pasa es diferente y la vida es más intensa; y si me apuras, el sufrimiento es menor. En fin, que para nosotros no existen las razas ni las clases sociales, ni todos los prejuicios que tenéis los mayores. Por último, te diré que para que puedas ser admitido en el Club de los Amigos de los Tebeos tienes que cerrar los ojos, hacer palmas con las manos y cantar tres veces conmigo esta fórmula mágica: ¡Pum, pum, pum! ¡Cata pum! ¡Chin pum!...

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Al instante yo me encontré en el mundo de las viñetas, lleno de fantasías, de colores, de personajes y hazañas inimaginables. Y lo primero que vi fue a Fideo de Mileto, con su lira y una corona de laurel en la cabeza, que más parecía una cresta, y una especie de mono orejudo que se aferraba a su hombro. Estaba bastante asustado y con los brazos en alto le hacía señas al Jabato: ¡Por las musas...! ¡Pe... pero si son flechas! Y uno oye el chasquido de las flechas –¡chas! ¡chas!–, que pasan rozando al poetastro y terminan clavándose en la cubierta del barco; entonces, en medio de una lluvia de flechas, los dos salimos corriendo y nos ponemos a cubierto. En la siguiente viñeta, los soldados malos –posiblemente árabes o mongoles– tiran una flecha incendiaria contra el barco, que al final se hunde... Yo entonces los acompañaba en sus peripecias tebeíles, sufría y me divertía a la par que ellos, porque me habían demostrado que eran mis amigos.

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 ¡Por las barbas de Senaquerib!, oía que decía a mis espaldas el bruto de Taurus, sorprendido sin duda por un suceso imprevisto o por alguna fechoría de algún mentecato. Pero aquellas aventuras de encrucijadas –a peseta el tebeo– se acababan pronto: Poco después nuestros amigos se perdían en el horizonte... ¡Una vez más habían actuado con nobleza y desinterés, dando un ejemplo capaz de hacer mella en los corazones más duros! Así se despedía el autor de los niños hasta el miércoles, en que salía el siguiente número. Este otro autor comienza así la historieta: Después de sus extraordinarias aventuras, el Capitán Trueno y sus amigos construyeron un nuevo globo. ¡Por el gran batracio verde...! ¿Qué hacemos, capitán?, pregunta en medio de la confusión el fornido Goliath, mientras el globo se desinfla y comenzamos a caer irremisiblemente en picado.    

  Sin duda, las historietas de el Capitán Trueno, acompañado del extravagante Cascanueces y del alegre Crispín, eran las más logradas. ¡Hurra, Goliath!, le dice, sonriendo, Crispín después de que el tuerto le lanzara una red a unos cuantos malasombras. ¡Toma, canalla! ¡Esta vez no escaparás!, dice Roberto Alcázar, sin despeinarse siquiera, mientras le va dando su merecido al malhechor de turno. ¡Rómpele las muelas!, exclama, divertido, el travieso y rubio Pedrín, con sus pantaloncillos cortos. Siempre está al quite y dispuesto a repartir manteca. Y yo, que también tengo ganas de briegas, la emprendo a palos con la albarda. Tengo grabada de aquellos años la frase –creo recordar que es de Pedrín–, que le dice a uno mientras le rompe un botijo en la cabeza: ¡Toma del frasco, Carrasco! Y otro que decía: ¡No huyáis, bellacos!

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En definitiva, eran historietas de aventuras contadas en un lenguaje sencillo y ameno, donde era fácil identificarse con los protagonistas y quedar prendado del colorido de las viñetas: uno se quedaba enganchado desde el primer tebeo que cayera en sus manos. Hoy, desgraciadamente, creo que están viviendo su peor aventura. Pero ¿sobrevivirán nuestros héroes y amigos a la acometida feroz de los alienantes videojuegos? ¡Hasta siempre, amigos!

 Publicado en Ideal el 22 de mayo de 2001 y en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada, 2014

  Posdata: El Capitán Trueno fue una colección de historietas de aventuras, creada en 1956 por el guionista Víctor Mora Pujadas y el dibujante Miguel Ambrosio Zaragoza (Ambrós), se puede decir que fue el tebeo que obtuvo más éxito en España. El Jabato también fue una famosa serie de historietas creada por el mismo guionista y, el dibujante Francisco Darnís, en 1958, ambas series las publicó la Editorial Bruguera. Roberto Alcázar y Pedrín (en sus orígenes, se llamaba Roberto Alcázar, el intrépido aventurero español) fue otra serie de historietas, creada en 1940 por el guionista y editor Juan Bautista Puerto, que era el propietario de la Editorial Valenciana, y el dibujante Eduardo Vañó Pastor. Es la historieta más antigua de la historia del tebeo español.

viernes, 16 de diciembre de 2022

EL DESCONOCIDO AMANUENSE DE RAFAEL CARAYOL

 




Rafael Carayol Gor nació en Huéscar y ejerció de párroco en Ferreira, Puebla de Don Fadrique y Almaciles, Orce y finalmente en Galera; donde murió en la madrugada del 24 de diciembre a consecuencia de un infarto cerebral, a los 61 años. También estuvo unos años de formador en el Seminario Menor de Guadix y fue profesor en el Instituto Técnico ‘Padre Poveda’. Lo vi por última vez el 9 de diciembre pasado. Estaba tomando café en el Bar ‘Cirilo’ de Galera y ya nos liamos a hablar de todo un poco: de las gentes y de la tierra, de la política... “Hay veces que cuando quiero acordar, se me ha hecho de día buscando algún nombre entre los archivos, hasta que lo encuentro”, me dijo, y luego me confesó sus temores: Hoy la juventud lee poco y los ordenadores terminarán acabando con los libros. Me comentó que en febrero iba a dar una conferencia sobre los moriscos en Castilléjar... Este ensayo –publicado en la revista Úskar de 2001-, curiosamente, lo dedica pero a la vez te deja con la miel en la boca: Este trabajo quiero dedicarlo a las gentes de Castilléjar. A ellas, por cuestión que no viene al caso, les debo la razón del sentido gozoso de mi vida.

 Pero la Madre Tierra ha querido que regrese a ella, precisamente el día de la Nochebuena, para que celebre con las almas de nuestros antepasados la Misa del Gallo, al son de villancicos, zambombas, carracas y panderetas. Cuando llamé por teléfono a Galera, la maestra, Ángeles Domingo, me dijo: Ahora mismo están tocando las campanas por él. Aquí la gente lo quería mucho. Y me estoy acordando de sus amigos Jesús Fernández, Jesús María García y tantos otros. No sé porqué lloro. Debe ser por estos emotivos días o quizá porque uno echa de menos a los buenos maestros. Lo recuerdo cuando decía que el amanuense lejano y desconocido le iba contando cada noche páginas y páginas de la historia de Orce. ¡Gracias, Rafael! ¡Muchas Gracias! Con tus historias de moriscos y cristianos nos has enseñado a amar nuestra tierra y a saber un poco más de nosotros mismos, a reencontrarnos con nuestro pasado y a mirar con esperanza lo por venir.


 Hay unas frases suyas que reflejan la pasión que tenía este buen cura por la historia de aquellos pueblos tan queridos: Yo les he preguntado. Quería conocer sus ancestros... y siempre escuchaba un murmullo de silencio... He dedicado a la vez miles de horas a buscar la otra palabra, la que fue vida en la vida de vuestros abuelos... Y finaliza con cierta ironía: Y es que no está todo lo que me ha contado el amanuense. Quizá en otro momento... Pero los momentos los elige Dios y parece que esta vez lo ha escuchado. Ahora va a conocer y a oír de primera mano todo aquello que él siempre buscó en nuestros antepasados: quiso sacar a la luz la vieja historia de la comarca del Altiplano, enterrada por el olvido y el polvo de los siglos pasados. ¡Y ya no habrá más silencios ni murmullos, Rafael! Me despido con una cita de tu libro, Galera. Moriscos y cristianos: Y el agua trajo la vida. Y con la vida vino la muerte. ¡Era, qué duda cabe, el ‘párroco de la Historia’ y el mejor ‘cura morisco’ que teníamos por aquellos pagos! Ahora andará ronroneando por el archivo celestial de San Pedro, preguntando a nuestros seculares ancestros.

 Publicado en Ideal el 27 de diciembre de 2001

 Posdata. Este cura, apasionado por la Historia, era de lo mejor que teníamos por aquella comarca. Al entierro en Huéscar asistió el obispo, hermandades y multitud de gente.





 



viernes, 25 de noviembre de 2022

RECUERDOS DE LA INFANCIA

 


Al fondo, el Cortijo del Cura




Mi esposa y yo pasamos los días 9 y 10 de septiembre de 2019, con mi primo Manolo y su esposa Mari, en Galera y en el Cortijo del Cura. El primer día, pasadas las 19 horas, me subí al cerro de la cueva de Manolo para ver el paisaje. Al Sur se ven las luces de Castilléjar y, más allá, a la derecha, el inmenso Cerro de Jabalcón, que se asienta perezosamente sobre el Altiplano; en medio, se distinguen las pequeñas luces rojas de las torres, de los molinos de viento. La ciudad de Baza no se ve porque está más abajo. Al Este, aparece en perspectiva la cadena de cerros que forman los Barrancos, que se extienden hasta Benamaurel y El Margen, y enfrente se encuentra el Cerro del Águila. Al Oeste se alzan los montes de la Sierra de Castril y, hacia el Norte, la montaña rojiza de Marmolance y la montaña de la Sagra, que se alza majestuosa dominando el Altiplano. La carretera de Huéscar a Benamaurel cruza el Cortijo del Cura (la antigua carretera de tierra pasaba por la Cuesta de las Yeseras, famosa por sus curvas cerradas y peligrosas) y los vehículos se ven venir a lo lejos, en ambas direcciones. Al otro lado de la carretera, se encuentra lo que queda de la vega, apenas cultivada por los cerca de diez habitantes de el Cortijo del Cura. Hacia el Noreste, en dirección a Galera, se ve a lo lejos el Cortijo de San José, que tiene dos habitaciones agujeradas en la planta de arriba. El histórico cortijo, que en el siglo XIX levantara el cura que le dio nombre a la aldea, José Sánchez del Barco y Barnés, se está derrumbando. Un poco más allá se encuentran las cuevas de la Eugenia y de mis abuelos, excavadas en mitad de los cerros, en el Camino del Río de Castilléjar. Así son estos parajes tan hermosos que contemplo, desde este mirador tan privilegiado.


 El 25 de septiembre de ese año, hizo cien años que nació mi padre y este es el paisaje que él vio en su infancia, pues apenas ha cambiado. En 1919, la aldea tendría unos 400 habitantes, la epidemia de la ‘Gripe Española’ hacía estragos en Europa y en todo el mundo, y un año antes había terminado la Gran Guerra, que más tarde bautizarían como la I Guerra Mundial, mientras que la Revolución Rusa, llevada a cabo por los bolcheviques, había triunfado en 1917. Pensar todo esto me daba vértigo: En esta aldea se crió mi padre y, como era el primer nieto, iba al Cortijo de San José a ver a su abuelo Leandro, un hombre bueno y querido. La cueva de mi primo, junto a la de su hermano, fueron las primeras cuevas que compró y años más tarde los cortijeños solían hacer aquí los bailes. Encima de aquel cerro, donde titilan las luces, está asentada Castilléjar, allí me crié y correteé. El caso es que sentía una sensación agradable al contemplar aquellas vistas a la vez que recordaba el pasado.


Calle de Galera y la ermita de la Virgen 

 



En Galera saludé a Ángel García, el fragüero, hacía años que no lo veía, nuestros abuelos eran primos, me recordó alguna vez. También saludé a Pilar Guijarro, la maestra, no la veía desde 2010, que coincidimos en la boda de la hija de mi primo Manolo. Pilar se acordaba de cuando ambos íbamos a la escuela en Castilléjar. Pilar Sánchez es del barrio de la Cruz, de Castilléjar, vende telas en los mercadillos y me habla del reparto de cartas que hacía mi padre Leandro por las tardes, a eso de las siete: Fulano de tal, dámela que yo se la llevo… Allí se congregaba mucha gente, en espera de noticias de los centenares de emigrantes que habían tenido que marcharse por la miseria. Ya no es que recogiera cartas de algunos vecinos, es que luego tenía yo que contestarlas porque no sabían escribir, me dice Pilar

Mercado en calle Nueva, 1912. Huéscar



El 10 de septiembre nos pasamos por el mercadillo de el Jueves, de Huéscar, de frutas y de telas, que nada tiene que envidiar a los de las comarcas vecinas. Viene mucha gente a comprar de los pueblos cercanos y da gusto recorrerlo, desde la plaza de Santa Adela a la Plaza Mayor, aunque luego te cruzas con conocidos varias veces. Me encontré con cinco o seis paisanos de Castilléjar, allí venden de todo y es un espectáculo. Antiguamente, los hombres venían y compraban sus buenos trozos de tocino y se los llevaban a la mujer, para que hiciera sus buenas ollas y caldos para la tropa. También compraban tripas de manteca para untarla en el pan, en la merienda de los críos. Todavía no se había inventado el colesterol. Al mercadillo venían a vender campesinos de Castilléjar, Galera, Orce y el Cortijo del Cura, montados en las caballerías, y solían poner la fruta del tiempo en el suelo o en las espuertas, a la vista de los compradores. 

 

Castilléjar, desde los Barrancos





El 13 de octubre nos pasamos por Castilléjar, a la misa de la patrona, la Virgen del Rosario, donde tomé unas fotos para el recuerdo. Uno se siente feliz al visitar los lugares de la infancia y de la juventud, que traen recuerdos lejanos, a la vez que saludamos a los conocidos, aunque a la mayoría de la gente ya no la conoces. Son muchos años fuera y la vida ha seguido su curso.


sábado, 19 de noviembre de 2022

FRAUDE EN EL SEGURO


 





Esto me contaron unos amigos y así lo expongo. El 20 de agosto de 2020, enviamos este escrito (que resumo) al Servicio de Reclamaciones de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, en Madrid.

Señalar que tenemos contratado en Generali, el seguro de decesos, a nombre de ambos, desde el año 2015, y le exponemos lo siguiente: El 7 de agosto de 2020, enviamos al Departamento de Reclamaciones de Generali, una reclamación de dos folios (documentos 1 y 2). Aportábamos también el (documento 3), donde le pedía al mediador M que me enviara las coberturas individuales y los elementos que integran el servicio fúnebre del seguro de decesos; y en el (documento 4), le enviaba escaneadas las coberturas que tiene mi hermano R en Seguros Meridiano. El 10 de agosto, tres días después de enviar la reclamación, recibimos la Resolución del Departamento de Quejas y Reclamaciones de Generali, en Madrid, por correo electrónico.

1. La Resolución de 2 folios (documento 5) no viene firmada y tampoco consta el nombre, apellidos y cargo de quien resuelve. Al imprimirla, resulta que desaparecen las Condiciones Particulares 02 y 03 en el folio, aunque sí pueden leerse en el correo electrónico (…). Esto da una idea de la poca seriedad que se han tomado con nuestra reclamación.

 

2. Entre las Garantías de la póliza, ambos asegurados tenemos en la hoja 2: Libre elección del lugar de inhumación INCLUIDO. En el párrafo quinto de la reclamación, nos quejamos: “Cuando hicimos la póliza, hace cinco años, le dijimos a M que queríamos ser enterrados en el cementerio de Granada, sin embargo, ahora dice que no, que será en el cementerio de G, el domicilio que figura en la póliza, cuando un nicho vale aquí la mitad que en Granada”. Y en el penúltimo párrafo de la reclamación, decimos: “… y nos ha asignado forzosamente el cementerio de G, todo ello en contra de nuestra voluntad”. En cambio, la  Resolución nos remite al apartado 03 de las Condiciones Particulares, en la hoja cuatro de la póliza: El capital asegurado en la garantía de gestión y gastos de sepelio se ha establecido teniendo en cuenta el domicilio de residencia declarado en la póliza (…).

3. En el párrafo tercero, de la reclamación, expongo: “Yo desde el principio he optado por la inhumación y mi esposa por la incineración, pero tú (el mediador) me dijiste que, cuando ocurra el deceso, se hacen cuentas y se devuelve lo pagado de más. Sin embargo, si mi esposa elige la incineración, no le pueden aplicar la sepultura y la lápida (puesto que no las necesita) por lo que el seguro saldría más económico (...). El seis de agosto, M me llamó por teléfono insistiendo en que, yo no puedo elegir la inhumación ni mi mujer la incineración, porque él no puede reformar ahora la póliza”. Y en el penúltimo párrafo de la reclamación, nos quejamos: “M no nos ha permitido elegir ninguna opción Inhumación/Incineración…”.

 

4. Copio el primer párrafo, de la página dos de la reclamación: “Entonces, le pregunto a M si me puede dar la dirección del Defensor del Cliente de Generali, me contesta que no lo sabe, que puede estar en Madrid o Barcelona (…). También he tenido que buscar por Internet el Servicio de Atención al Cliente de Generali, por lo que realmente nos sentimos engañados, por no decir estafados, con la póliza suscrita, produciéndose un incumplimiento de contrato. La dirección del correo electrónico del Departamento de Quejas y Reclamaciones me la facilitaron en la oficina de Generali en Granada… La Resolución no dice nada sobre este hecho, el derecho del asegurado a ser informado a qué servicio dirige la reclamación (...). Y ¿por qué no nos aplican las coberturas individuales, que vienen recogidas en la ley, como hace Seguros Meridano, o cualquier seguro, con sus asegurados? Copio algunas coberturas (vienen en el documento 4) : "En caso de fallecimiento, si se tiene contratada la opción “Inhumación/Incineración, los asegurados podrán elegir entre una de las dos. … Igualmente, los elementos Tipo Sepultura y Lápida serán aplicables sólo en la opción Inhumación".

La prueba del fraude del mediador es que la póliza no recoge el lugar del entierro ni la opción inhumación/incineración a ninguno de los asegurados, cuando deben de venir expresamente reflejados al estar garantizados, de esto nos hemos enterado al compararla con el Seguro Meridiano. De manera que llevamos pagando durante cinco años dos nichos y dos lápidas cuando sólo vamos a necesitar un nicho y una lápida.

 

5. En las Condiciones Generales, (documento 7), artículo 4º. Garantía de gestión y gastos de sepelio, en el segundo párrafo del apartado 4.4.a) Actuación en caso de siniestro, dice: “Con objeto de ofrecer en todo momento la calidad del servicio, el asegurador se reserva el derecho a designar la funeraria o las funerarias que realizarán el servicio fúnebre” (...). Estamos ante otra práctica abusiva de Generali. En definitiva, la Resolución de Generali, que nadie firma, se dedica a tapar y a justificar el fraude, la mala fe y la desinformación del mediador (...). Por todo ello, como nuestros derechos de asegurados han sido vulnerados claramente –a elegir entre incineración o inhumación, a ser enterrados en el cementerio de Granada, a que nos devuelvan el exceso de prima cobrado de más y a elegir la funeraria–, nos dirigimos al Servicio de Reclamaciones esperando que atienda estas peticiones.

 

Por fin, el 28 de septiembre de 2022, dos años y un mes después de enviar la reclamación, los asegurados reciben el informe de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, cuando los seguros hay que renovarlos cada año por lo que hacía casi año y medio que se dieron de baja en Generali. Contrataron con otra aseguradora, pagando lo mismo pero con derecho a ser enterrados en Granada y con las coberturas individuales por escrito. Al final del punto 3 del informe, dice así: “Se informa a los interesados que se ha superado el plazo de resolución debido al elevado número de expedientes…". En varios párrafos resume lo que exponen los reclamantes y lo que alega la entidad aseguradora, para concluir: En los últimos párrafos del punto 4, señala: "Estas cuestiones deberían dirimirse ante los Tribunales de Justicia puesto que este Servicio de Reclamaciones no tiene competencia para resolver competencias sobre determinados hechos cuya prueba únicamente pueda ser realizada en vía judicial ni sobre la cuantificación de daños y perjuicios”. No hacen falta los tribunales para comprobar que, “entre las Garantías de la póliza, ambos asegurados tenemos en la hoja 2: Libre elección del lugar de inhumación INCLUIDO”. Este documento lo aportaron mientras que la póliza no indica expresamente el lugar de la inhumación (cuando es obligatorio, es como si en el seguro del hogar no viene escrito el domicilio de la vivienda asegurada), sino que viene camuflado en una condición particular. Sin embargo, en el informe han preferido mirar para otro lado. 


Y en el último párrafo, el informe le da un repaso a la entidad: “... se garantiza por Ley que los asegurados puedan realizar el sepelio por medios distintos a los proporcionados por la entidad aseguradora, así como a que la aseguradora garantice la libre elección del prestador de servicio”. Esto es, la entidad ha incumplido la ley, pero recuerdan que “el presente informe no tiene carácter vinculante”. Después de esperar más de dos años y de enterarse que el informe no es vinculante, los asegurados creen que tenían que haber denunciado los hechos en el juzgado y pedir daños y perjuicios. El mediador los tuvo engañados durante cinco años y han pagado el seguro durante ese tiempo para nada. Pero, ante este fraude evidente, Generali no tiene nada que decir.



Sacado de Internet

Elementos y coberturas que puede tener el servicio