domingo, 27 de septiembre de 2015

ERRORES DE LA ADMINISTRACIÓN







Hace un año, un vecino de un pueblo de la provincia de Granada me dijo que no lo llamaban del SAE (Servicio Andaluz de Empleo), para los 15 días de trabajo en el Ayuntamiento. Como le correspondía y no lo atendieron, presentó un escrito en la Delegación de Empleo de Granada y, al mes siguiente, lo incluyeron en las listas del Ayuntamiento y trabajó. Las listas de desempleados deberían ser públicas, para que todos tuvieran acceso a ellas, pero no las exponen en los tablones de anuncios por los motivos que ellos sabrán. A primeros de septiembre estuve en Extremadura y aquí el asunto es mucho peor. Un amigo extremeño recibe una carta certificada, de la Delegación del Servicio Extremeño Público de Empleo de Badajoz (SEXPE), diciéndole que tiene que devolver los 781 euros cobrados del trabajo agrario del Ayuntamiento, que realizó en junio, y que puede hacer un recurso en el plazo de quince días. El motivo es porque “no ha comunicado la baja y el alta, en el Ayuntamiento, a la Tesorería General de la Seguridad Social”. Le envían también una solicitud para que pida el fraccionamiento o aplazamiento de los 781 euros, y se los irán descontando del dinero del PER. Por si esto fuera poco, como no había ingresado la última cuota mensual –el sello, como le dicen por allí–, de 87 euros a la Seguridad Social, ahora tiene que abonarla con un recargo de 17 euros.

Los cuatrocientos y pico euros mensuales del desempleo, que cobraba este parado, eran sus únicos ingresos, por lo que estaba muy preocupado. En la oficina del INEM le dijeron que se trajera el Libro de familia y la última declaración de la Renta, que le iban a escribir una carta a Badajoz. Le informé que no necesitaba una carta, sino que tenía que presentar un recurso en el plazo de un mes. Yo había estudiado los temas de la Seguridad Social en las oposiciones y se me quedó grabado que, “el empresario es el único responsable del ingreso de las cuotas del trabajador a la S.S.”. Precisamente, hacía unos días que yo había visto en el móvil de un trabajador granadino un mensaje, de la Tesorería General de la Seguridad Social, donde le comunicaba las fechas en que había sido dado de alta y de baja, respectivamente, cuando trabajó 15 días para Ayuntamiento de una localidad granadina. En el INEM no pudieron hacerle el escrito a mi amigo, porque esa mañana no funcionaron los ordenadores, pero ante las nuevas explicaciones que les dio, reconocieron que en Empleo se habían equivocado también con varios parados más.

El tema estaba claro, algún empleado del SEXPE no había comunicado las altas y bajas de los trabajadores del PER, a su tiempo, y no se les ocurrió nada mejor que iniciar un expediente de reintegro, de los 781 euros cobrados por desempleados de varios Ayuntamientos, y otro expediente, en vía de apremio y con recargo de 17 euros, por no ingresar la cuota mensual correspondiente a la S.S. Mayor desidia no se puede pedir. Le dije al amigo, que había sido expedientado dos veces por causas ajenas a él, de acompañarlo a las oficinas pero se negó en redondo, no sé si por miedo o por lo que fuera. Pero lo que más me sorprendió es que, precisamente, a los que menos cobran de la sociedad, a los parados de 62 años que perciben cuatrocientos y pico euros al mes de subsidio –su único ingreso–, les hagan esta faena y encima les abran dos expedientes, cuando a todas luces la culpa ha sido de la Administración. “En todo momento, la Administración, puede corregir o rectificar de oficio los errores materiales y de hecho, que se produzcan…”, recuerdo el artículo de memoria.

En septiembre le he preguntado de nuevo a mi amigo: “Me ha dicho la jefa del INEM que algún empleado me ha dado de baja por error, que el fallo es de la Seguridad Social y que me va a hacer una carta para cobrar lo atrasado”. Es posible que este parado no hiciera algún trámite, después de trabajar en el PER, y que todo se liara. También hay que tener en cuenta que las elecciones autonómicas fueron en el mes de mayo y en Extremadura ha habido cambio de Gobierno, por lo que habrán entrado empleados nuevos. Yo soy funcionario y alguien debe de responsabilizarse por este desaguisado, o de la mala fama no nos libra nadie.



martes, 15 de septiembre de 2015

EL TREN DE GUADIX A BAZA

Antigua estación de Baza


Dedicado a Nicolás Cárdenas

La mirada nostálgica, a través del filtro del tiempo, ha transformado aquel vetusto tren de vapor –cansino, lento y monótono– en un romántico viaje al pasado. Casi en una aventura. El histórico tren de la línea Guadix-Baza-Almendricos fue inaugurado allá por el año 1895 y, como un bisonte desbocado, cruzaba las provincias de Granada, Almería y Murcia. Pero estaba escrito que no debía durar ni un siglo, pues cerraron la línea el 1 de enero de 1985. A mediados de los sesenta, yo tenía doce años y recuerdo la estación de Guadix como en una nube de algodón: aquella vieja locomotora resoplaba como un potro mientras iba soltando chorros de vapor. Luego, el trasiego de la gente que iba y venía, el labriego con su gorra de visera y una maleta a cuadros, aquella mujer vestida de negro y con una cesta en el brazo, el mozo que lleva los paquetes en un carrillo de madera, el tío de las pipas, el factor con su gorra roja, mirando impaciente el reloj... En fin, las prisas, el agobio y una especie de angustia, mezclada con alegría, porque el 22 de diciembre significaba para los estudiantes el comienzo de las vacaciones de Navidad.
Poco después de la señal, el renqueante ‘caballo de hierro’ se deslizaba perezosamente por los raíles, mientras los pobres se apretujaban en los incómodos bancos de madera, que hacían interminable el largo viaje. A través de las ventanillas, podíamos contemplar el árido paisaje de las tierras rojizas de Guadix y las blancuzcas de Baza, aunque el tren parecía desintegrarse al pasar por el viejo puente de piedra, sobre el río Gor, y que todavía conserva las traviesas. Mientras tanto, la locomotora Baldwin trotaba como una jaca alazana, con su penacho de humo al viento, por las desérticas planicies, con un maquinista y un fogonero, que iba echando paletadas de carbón. Ahora, el alcalde de Guadix la tiene encerrada en un hangar, como un cacharro inservible, en vez de montar un tren turístico por la zona. Aquellas bulliciosas estaciones de entonces, con sus andenes y vagones, se convirtieron en lugares de paso, en comienzo y fin de trayecto, en encuentros y desencuentros, en despedidas dolorosas, donde se mezclaban al mismo tiempo los abrazos y adioses, los lloros y besos, las alegrías y las penas. Sus andenes podrían contarnos muchas historias anónimas y, entre sus marquesinas, han quedado prendidos tantos recuerdos como lágrimas derramadas entre los viejos raíles. 
El tren cerca de Gor


Nicolás Cárdenas se jubiló de especialista de estación en Guadix, hace 18 años, pero se acuerda muy bien de aquel fatídico día: “Precisamente, el 31 de diciembre de 1984, fuimos a cerrar la estación de Baza con la locomotora de vapor y, de paso, nos trajimos el reloj, los faroles, etc. Pero allí nos encontramos con los manifestantes y con una impresionante hoguera en la vía general. El caso es que tuvo que intervenir la Guardia Civil. En Baúl pusieron traviesas ardiendo en la vía y tuvimos que parar. Y en Hernán Valle, medio centenar de personas ocuparon los raíles. Pero en Guadix acabó la historia y la línea se cerró”. En esta estación se anunciaba, con un repique y tres toques de campana, cuando el tren venía por Gor. Con un toque cuando venía por La Calahorra, y dos si el tren ya asomaba por Benalúa.
Recuerdo que el tren de Guadix, que salía a las dos de la tarde, llegaba a Baza a las 4:30: más no se podía pedir. Y según cuenta Nicolás Cárdenas, había veces que el maquinista tenía que bajarse y echar arena en las vías, porque la locomotora no podía subir las cuestas de Gor y de Hernán Valle. “En cuanto a mercancías, venía de todo. De Albox traían sacos de alpargatas, escobas y cáñamo. Y de otros sitios venían vagones cargados de esparto. Luego tienes que ‘El Pescadero’ era el tren que venía de Almería a Baza, con diez o doce cajas de pescado... Y también estaba el tren de los borrachos...”. Hoy día, la estación de Gor está completamente abandonada, pues allí solo crecen matorrales. Y no digamos la estación de Gorafe, reconvertida en un corral de cabras, y que hace tiempo han debido comerse las vías. 
En Caniles el abandono es total, mientras que la chimenea de la azucarera Las Mercedes se eleva al cielo, como fiel testigo de aquella época del desarrollo. La estación de Baza ha sido restaurada, pero ya no queda ni rastro de las antiguas vías. Con el tren se llevaron las últimas esperanzas de estas tierras deprimidas, pues decían que la línea no era rentable. Claro, aquí lo único rentable de toda la vida han sido la emigración y el oficio de limpiabotas. El cierre de la línea significaba condenar al atraso económico a las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar y, de paso, acabaron con el cultivo de la remolacha y dejaron sin salida a los productos de la zona. ¡Lo de siempre! Pero, mejor será quedarse con los bellos recuerdos y no contemplar estas ruinosas estaciones y andenes desaparecidos –ni siquiera se molestan en restaurarlos–, que más parecen fantasmas del pasado. “¡Viajeros al tren! El tren con destino a Gor, Gorafe, Baúl, Zújar, Freila, Baza, Caniles y Almendricos va a efectuar la salida de un momento a otro… ¡Piií!”.

Posdata: este artículo fue publicado en La Opinión de Granada, el 14 de diciembre de 2005. La línea fue cerrada por el Gobierno de Felipe González, al mismo tiempo que apostaba por el AVE Sevilla-Madrid. Todas las líneas en España eran deficitarias, salvo la de Madrid-Barcelona y alguna que otra. Extraído de mi libro ‘Artículos del Altiplano y de Granada’.

sábado, 5 de septiembre de 2015

ABUSOS Y TARDANZAS












El 21 de enero pasado me acerco a la consulta de un dentista, en un barrio periférico de Granada, aconsejado por un conocido porque me dice que “es bueno y económico”. Al subir las escaleras del bloque me dio mala impresión, pues eran pisos para gente humilde, con las paredes desconchadas y con escasa iluminación. Una mujer me hizo pasar a una sala de espera y, al poco, me entregó un formulario para que lo rellenara. Escribí los datos del paciente y lo firmé. Pero mi sorpresa fue al leer el folio por la cara de atrás, donde pone: “Historia clínica médica, cuestionario de salud”. Y debajo vienen quince preguntas (con una serie interminable de enfermedades, de manera que pocas habrán quedado en el tintero) y que transcribo literalmente, aunque lo he resumido debido a la extensión.

“1.¿Ha sido hospitalizado en los últimos dos años? ¿Tiene problemas cardiovasculares?: hipertensión; antecedentes de infarto de miocardio o angina de pecho; arritmias; antecedentes de trombosis o endocarditis…
2. ¿Tiene problemas endocrino-metabólicos?: diabetes, tiroides, otros.
3. ¿Tiene problemas respiratorios?: asma, bronquitis, neumonía, tuberculosis…
4. ¿Tiene problemas genitourinarios?: insuficiencia renal, diálisis, etc., problemas prostáticos.
5. ¿Tiene problemas en el sistema hematopoyético?: anemia, problemas coagulación…
6. ¿Tiene problemas digestivos y/o hepáticos?: úlcera gastrointestinal, hernia de hiato, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, hepatitis…
7. ¿Tiene problemas en el aparato locomotor?: artrosis, artrosis reumatoide, otros.
8. ¿Tiene o ha padecido alguna enfermedad infectocontagiosa?: herpes recurrentes, antecedentes herpes zoster, antecedentes hepatitis, sida, tuberculosis…”.
Y así hasta completar las quince preguntas, sin embargo, para no cansar demasiado, aporto la fotocopia escaneada que me entregó la auxiliar del dentista. Al final de las preguntas viene la guinda: “El paciente o el tutor se responsabiliza de la veracidad de los antecedentes clínicos declarados y afirma que no oculta ninguna información adicional en relación a su estado de salud. Granada, a…”.

Cuando yo vi aquella ristra de preguntas, me negué a rellenar el formulario, es más, me indignó ver tanta pregunta estúpida. En esto apareció el dentista y le aclaro: “Yo solo vengo a hacerme una limpieza de boca, enséñeme la norma donde yo tengo que rellenar todo esto”. El joven dentista me puso la mano en el hombro y me dijo: “Es usted el primero,  en diez años que llevo, que me dice esto. Denuncie usted si quiere y no me caliente la cabeza”. Le respondí: ¿Encima que vengo a una limpieza de dientes, me dice que le caliento la cabeza? ¿Por qué no me enseña la norma donde estoy obligado a rellenar estos datos?”. Y me marché. Salí de la consulta bastante malhumorado, por la forma que tenía el odontólogo de hablar y de tratar a los pacientes, y porque había perdido toda la tarde en acudir a la cita. Estaba claro que aquel cuestionario de preguntas era una invención suya, y no sé para qué le serviría tanta información innecesaria.

Como habrán comprobado, el cuestionario de salud  es un examen concienzudo –una ficha policial–, donde no falta un detalle, y es más completo que un historial clínico. Mi pregunta es: ¿Es necesario exigir tanta información al paciente, para una simple limpieza de boca?, ¿es obligatorio rellenar el formulario? ¿Estamos ante un abuso del dentista, que te exige más información que si fueras a hacerte una operación en el hospital? A los pocos días, me dieron cita para un dentista del centro de Granada. No tuve que rellenar ningún formulario y sólo me hicieron dos preguntas: si había estado allí con anterioridad y cómo me había enterado de la dirección de la consulta. Y es que lo barato a veces sale bastante caro.

El 27 de agosto recibo una carta en Las Gabias, que ha sido enviada desde Francia. El matasellos indica la fecha del 11 de agosto, por lo que ha tardado 16 días en llegar a mi buzón, con los tiempos que corren. No hace mucho fui a quejarme a la estafeta de que el cartero pasaba por el barrio una vez a la semana. En Correos están con los ajustes de plantilla y el servicio está como a principios del siglo XX. La propaganda que utiliza Correos es la siguiente: las cartas a la capital tardan un día, a la provincia, dos y al resto de España, tres.




domingo, 16 de agosto de 2015

EL DÍA DEL ABUELO













 “La única patria que tiene el hombre es la infancia”, Rainer María Rilke.



En una encuesta realizada el pasado año, los abuelos tenían la moral por las nubes: de los casi 7,3 millones de mayores de 65 años, más del 90% confesaban estar alegres y felices; y más del 80% se sentían útiles e ilusionados. Pero la realidad va por otro lado: “Alrededor de 400.000 personas mayores sufren algún tipo de maltrato en España”, asegura la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados. Su presidente, Martín Pindado, destaca que “es muy frecuente el maltrato químico, que consiste en medicar al abuelo para que se tranquilice un poco y no dé la lata”. Y el doctor Rafael Rodríguez opina que, de cada diez casos de maltrato a ancianos, sólo trasciende uno, y la mayoría no llega a ser denunciado. Asimismo, el maltrato psicológico –con amenazas y humillaciones– está bastante extendido.

El Teléfono de Atención a Situaciones de Maltrato de Personas Mayores (900 858 381), que depende de la Junta de Andalucía, recibió el pasado año 290 llamadas, de las que 163 denunciaban presuntas agresiones. Esto supone un incremento del 39% con respecto al año anterior. Los motivos de las quejas fueron el abandono por parte de la familia (55), el maltrato familiar (49) y los malos tratos en residencias privadas (31). Veintiuna de estas denuncias procedían de Granada. En cuanto a las pensiones, en mayo pasado se abonaron 1.293.652 en Andalucía –un 15% del total nacional–, cifra sólo superada por Cataluña. En cambio, la cuantía de la pensión de los andaluces esta casi ocho puntos por debajo de la media nacional, cifrada en unos 640 euros. Y como siempre andamos en los puestos de cola, las pensiones de los granadinos no llegan a la media andaluza. En Granada nunca llegamos: nunca llega el AVE, nunca acaba de llegar la autovía a la Costa, nunca llega el Metro, nunca llegará el museo... Aunque es sabido que el granadino protesta mucho, pero se mueve poco.

Según el Instituto Nacional de Estadística, casi un millón de andaluces –unos 474.000 menores de 16 años, y 490.000 mayores de sesenta y cinco años– se encuentran por debajo del umbral de la pobreza. De manera que, la Andalucía de la ‘Segunda Modernización del Arado Romano’, se sitúa entre las comunidades autónomas con mayor tasa de pobreza –un  31,1%–; sólo por delante de Ceuta, Melilla y Extremadura. En un informe anual de la Fundación Encuentro, se critica que no sólo somos el país de la Unión Europea que dedica menos recursos en prestaciones sociales a la familia, sino que en el cuidado de los ancianos los asigna de manera injusta e ineficaz: “En España, 2,6 millones de mayores de 65 años viven con sus hijos; mientras que 1,4 millones viven solos. Y sin embargo, más de la mitad de los servicios sociales se centran en los hogares solitarios”. Además, muchos ancianos no hablan con nadie durante semanas y otros no pueden salir a la calle por falta de movilidad.

Según una tesis doctoral del gerontólogo David Sánchez, “Granada es la capital andaluza con el censo más envejecido y donde más de 13.000 ancianos necesitan ayuda. De ellos, unos 1.300 no reciben ayuda de ninguna entidad”. Y en un estudio de la Red de Mujeres del Zaidín se indica que, al menos, 3.500 pisos del Zaidín están habitados por una sola persona, en su mayoría mujeres viudas con necesidades sociales y sanitarias. Ya lo advertía Ramón y Cajal: “Lo más triste de envejecer es carecer de mañana”. El pasado año, en la provincia de Granada  había 33 residencias para mayores, con 1.620 plazas, la mayoría de ellas concertadas. Eso sí, la Junta de Andalucía prometió duplicarlas en un par de años; aunque no sé de dónde va a sacar el dinero para que se produzca el milagro.


El demógrafo Julio Pérez ha destacado la importancia de los abuelos: “Nunca como ahora han recibido los españoles tantos recursos y atenciones por parte de sus mayores”. Tampoco debemos olvidar la ayuda que prestan, a la hora de criar y educar a los nietos, cuando los padres trabajan o están enfermos; incluso, cuando se hacen cargo de los nietos toxicómanos, a consecuencia del abandono y negligencia de los padres. El abuelo ha pasado de ser el patriarca de la casa, con su garrota, sus achaques y su silla al lado de la lumbre, a ser tratado poco menos que como un estorbo: lo que ha ganado en la paga, lo ha perdido en reconocimiento y afecto. Hace unos años conseguí una foto de mi padre, de cuando hizo la mili en Larache, en 1941. Allí está junto a otros reclutas, con el cigarro entre los dedos, con su correaje y su gorro de serón. La historia de ellos será también la nuestra. Termino con esta cita del general Charles de Gaulle: "La vejez es un naufragio".

Nota. Este artículo lo escribí en 2006, con motivo el Día del Abuelo, que se celebra el 26 de julio. En 2007 empezó la crisis económica, por lo que la situación empeoró mucho para los españoles. Pero hay que destacar que la paga de los abuelos fue providencial para miles de familias de parados, en esos años de recesión.







lunes, 10 de agosto de 2015

INJUSTICIAS DE HACE QUINIENTOS AÑOS


Expulsión de los sefardíes





El pasado 11 de junio, el Congreso de los Diputados aprobó una ley que concede la nacionalidad española a los descendientes de los judíos, que fueron expulsados por los Reyes Católicos, en 1492, mediante el famoso Edicto de Granada. En aquella época, se planteó en Europa este dilema a los judíos: o se convertían al cristianismo, o eran expulsados. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, afirmó que “se trata de una decisión histórica, que repara una injusticia de hace quinientos años”. La ley fue apoyada por todos los grupos políticos, pero IU criticó que se excluyeran a otros colectivos, como a los ciudadanos del Sáhara. Se calcula que podrían acogerse a la ley entre 40.000 y 90.000 judíos. La ley entrará en vigor el 1 de octubre, pero es necesario que los interesados acrediten que sus familias son originarias de España     –Sefarad, en hebreo–, y que tengan una vinculación especial con nuestro país. Además, tendrán que superar una prueba de evaluación de la lengua, costumbres y cultura española, a través del Instituto Cervantes.

Existe un precedente, el Real Decreto de 1924, que promulgó el rey Alfonso XIII, para acoger a los sefardíes que fueron víctimas del antisemitismo, tras la desaparición del Imperio Otomano, al concluir la I Guerra Mundial. Este decreto sirvió para que algunos diplomáticos españoles, del régimen de Franco, salvaran de morir a miles de judíos en los campos de concentración nazis. Uno repasa la historia y lee lo siguiente en el libro ‘La Alpujarra’, de Pedro Antonio de Alarcón: “Carlos V respetó sus derechos, pero Felipe II los oprimió y dictó una pragmática, en que les prohibía el habla, los hábitos…, de manera que se sublevaron y prefirieron morir matando”. Se refiere a los moriscos, pues ni siquiera se respetaron sus costumbres. Alarcón describe así aquel momento histórico:“La cosa marchaba. El fuego de la insurrección se había extendido, como por regueros de pólvora, por todas las serranías meridionales de España, desde Vera hasta Gibraltar, penetrando tierra adentro por la parte de Levante hasta el Marquesado del Cenet y la jurisdicción de Huéscar”. Los Reyes Católicos firmaron un tratado con el rey Boabdil ‘el Chico’ (lo apodaron así porque su reino se quedó chico), a cambio de la rendición de Granada, pero Felipe II lo incumplió.

El proceso de expulsión comenzó el 2 de noviembre de 1570. Caro Baroja menciona los pormenores de la expulsión y corrobora la información, que P. A. de Alarcón toma del historiador granadino, Luis del Mármol y Carvajal, sobre los detalles del procedimiento de la expulsión del primer grupo de moriscos de la capital, que en número de 5.500 salieron del Hospital Real de Granada. Esta es la historia que nunca nos contaron. “Cuando los 400.000 moriscos del Reino de Granada fueron internados en otras provincias de España, quedaron despoblados 400 lugares, entre ellos todos los de la Alpujarra, y, para repoblar unos y otros, vinieron 12.542 familias de Extremadura, de Galicia, de Castilla la Vieja y de los montes de León, pero, pareciendo poca aquella gente, solo se repoblaron 270 lugares…”.

En 1710, los moriscos fueron definitivamente expulsados de España. “Quedó este Reino, por la expulsión de los moriscos, tan falto de población y de gente, que muchos lugares estaban yermos, sin un solo vecino, otros con muy pocos; no había quien cultivase los campos; los árboles y viñas se perdían por falta del beneficio ordinario, y todo el trato y comercio estaba aniquilado…”, se dice en la Relación auténtica de la creación de la renta de población del Reino de Granada, de Manuel Núñez de Prado, veedor y contador de la Alhambra. Después de aprobar el Congreso una ley de reparación con los sefardíes, que fueron expulsados de España, muchos españoles nos preguntamos: ¿para cuándo piensa aprobar otra ley similar que repare también el daño causado a los moriscos expulsados? ¿Por qué unos sí y otros no? Diego Hurtado de Mendoza lo dejó escrito así en la ‘Guerra de Granada’: “Quedó la tierra despoblada y destruida, vino gente de toda España a poblarla y dábanles las haciendas de los moriscos por un pequeño tributo que pagaban cada año”. 

El veinte por ciento del vocabulario español tiene origen árabe, muchos apellidos españoles y el nombre de numerosos pueblos también son de origen árabe, aparte de que hubo muchos matrimonios entre cristianos y moriscos, pues no en vano convivieron ocho siglos en España. Miles de marroquíes, de Tetuán, Tánger y otras ciudades del norte de Marruecos, conservan esos apellidos desde el siglo XVII: Medina, Alcalde, Alférez, Alcázar, Alguacil... Ciertamente, los descendientes de los andalusíes son más numerosos que los que provienen de los sefardíes, y su nivel económico es mucho más bajo, por lo que una ley similar del Congreso provocaría un aluvión de peticiones de ciudadanía, que España no está en condiciones de soportar, pues el paro todavía es una lacra. Pero tenemos una deuda pendiente, con aquellos moriscos españoles, laboriosos y fieles –por los monumentos históricos, los regadíos y huertas, la cultura, los hombres ilustres y por tantas obras que nos dejaron–, que no podemos dejarlos en el olvido en este momento histórico. Parafraseando al ministro de Justicia, creo que estamos a tiempo de reparar la injusticia de la expulsión de los moriscos, hace ya quinientos años.

El escritor Martínez de la Rosa, en su drama Abén Humeya, describe con sentimiento el romance del moro desterrado, Abén Hamet: “Una y otra primavera,/ errando triste en la playa,/ las golondrinas veré/ dejar la costa africana,/ cruzar el mar presurosas,/ tender el vuelo a Granada,/ y el nido tal vez labrar en el techo de mi casa…”. Hubo un tiempo, en la Península, en que convivieron o coexistieron los cristianos, con los judíos y los moriscos, pero la intolerancia de la época –porque no daba para otra cosa, recordemos la limpieza de sangre– hizo imposible la convivencia.


Posdata: Guadix no podía ser ajeno a esta historia. Algunos meses después, de la conclusión de la Guerra de los Moriscos, encontrándose despoblada ya la Alpujarra, Pérez de Hita escribió: “Tuvo noticia el señor D. Juan de Austria de cómo estaba enterrado en Andarax D. Fernando de Válor, el que había sido Rey, y como había muerto cristiano, y atento a esto, mandó su Alteza que los huesos suyos fuesen llevados a Guadix a enterrar”. Se refiere a Abén Humeya.

Publicado en el semanario Wadi-as, el 1 de julio de 2015

domingo, 26 de julio de 2015

LA ALHAMBRA O EL ATRIO


La Puerta de la Justicia




“La Junta pisa el freno con el Atrio y se plantea revisarlo para alcanzar el consenso. La consejera Rosa Aguilar se lo anunció a la plataforma en contra del proyecto, en una reunión que marca una ‘etapa tranquila y negociadora’”. Este es el titular de la noticia en Ideal, del pasado miércoles, 22 de julio. Entre otras cosas decía que, fuentes de la Consejería de Cultura sostienen ahora que el proyecto del arquitecto Álvaro Siza no es una de sus prioridades, todo lo contrario de lo que afirmaba la anterior directora del Patronato de la Alhambra y del Generalife, Mar Villafranca. En fin, parece que se abre un nuevo ciclo, pues en el Patronato aseguran que hay que esperar a que la UNESCO se pronuncie sobre la idoneidad del proyecto, pues se ha elevado una consulta a este organismo.

“Nos dijeron que se abre una etapa de consenso, que en el Atrio no hay nada decidido y que se va a revisar todo con detalle para integrar las sugerencias de los agentes sociales”, ha afirmado Celia Correa, presidenta del Centro Artístico, Literario y Científico de Granada. Hay que recordar que el proyecto del Atrio supone la construcción de un edificio de 5.000 metros cuadrados, que servirá de entrada a los palacios nazaríes, y que tiene un presupuesto de 45 millones de euros, aunque normalmente en este tipo de obras al final son muchos más. Los miembros de la Plataforma SOS Alhambra no se han andado por las ramas y han calificado el proyecto del Atrio de aberración urbanística y paisajística, de ser un dispendio económico y de “que carece de la más mínima referencia arquitectónica al entorno histórico nazarí o renacentista que lo rodea”.


Juan García Montero, portavoz del Ayuntamiento de Granada y concejal de Cultura, confía en que el nuevo director del Patronato de la Alhambra, Reynaldo Fernández, sirva de puente de unión entre el Ayuntamiento y la Alhambra. También ha valorado positivamente el gesto que ha tenido la consejera Rosa Aguilar, de paralizar de momento el controvertido proyecto. Es de esperar que el nuevo director abra un período de consultas y de negociación, entre los agentes sociales.

Lo cierto es que ya empiezan a recular con el proyecto faraónico de Mar Villafranca, con el que pensaba pasar a la posteridad. Pues, no se entiende que se destinen 45 millones de euros a esta construcción (toneladas de hormigón en un paraje protegido), con la pobreza y el paro que asolan a Andalucía, en vez de dedicarlo a políticas sociales, sobre todo entre los más desfavorecidos de la sociedad. A esto habría que añadir el agravante de que los turistas no tengan ninguna necesidad de bajar a la ciudad, pues en el Atrio se le ofrecerían toda clase de servicios, como restaurantes y cafeterías. Sería un negocio redondo para el Patronato de la Alhambra a la vez que una ruina para el comercio granadino, cuando de lo que se trata es que la Alhambra sirva de reclamo para que los turistas visiten Granada. Así de simple y de sencillo.

Menos se entiende aún, que la Junta se queje al Gobierno central de que no tiene dinero para financiarse, a la vez que tiene el Museo Arqueológico de Granada cerrado desde hace cuatro años, por unas obras, “porque no hay de presupuesto”; o que haya tenido cerrado otros tantos años el PTS (el Parque Tecnológico de la Salud) “por falta de muebles”. A la Junta siempre le sobra dinero para lo que le conviene.

En septiembre comenzará el juicio por las entradas falsas en la Alhambra, estimadas en 6,6 millones de euros,  mientras que el reciente caso de las ‘audioguías’ (otros 5 millones) ha provocado la dimisión de Mar Villafranca. La vida es así de caprichosa: de la gloria del proyecto Atrio, la directora de los palacios nazaríes ha pasado a ser imputada por presuntas irregularidades en la adjudicación y contratación del servicio de ‘audioguías’. Fue un error pensar que la Alhambra era su cortijo particular –como los antiguos gobernadores que moraban allí–, cuando este monumento histórico es “patrimonio de todos los granadinos”.

Esperemos que ahora se abra una etapa nueva, en el Patronato de la Alhambra y del Generalife, y cabe dar las gracias a la Plataforma SOS Alhambra, al Ayuntamiento de Granada, a los partidos políticos y a cuantos se han movilizado en contra de este descomunal y disparatado proyecto. En una provincia como Granada, tan castigada por la pobreza, lo que necesita precisamente es que los seis millones de turistas que visitan cada año la Alhambra –diez millones visitan el Museo del Louvre, de París– bajen a la ciudad a consumir, y no que se queden en el Atrio. Esta vez Boabdil, ‘el Chico’ –le pusieron este apodo, porque su reino se le había quedado chico– se ha vengado de la afrenta, porque los terrenos de los palacios nazaríes son sagrados.

Es triste ver que todavía no se han enterado algunos de que lo que hagan con los terrenos de la Alhambra nos afecta a todos los granadinos, por no decir a todos los españoles, porque entre esas murallas está una parte importante de nuestra historia y, además, son una herencia que nos legaron nuestros antepasados. Y creo que tampoco pedimos demasiado quienes defendemos la conservación de la Alhambra y los intereses de los granadinos, a la vez que estamos en contra de que las máquinas asolen el recinto del monumento más visitado de España. Por eso mismo, no creo que la consejera Rosa Aguilar y Reynaldo Fernández –ambos, con fama de moderados– se coman esta patata caliente que se han encontrado, y habrá que darle la razón a Ignacio de Loyola, cuando dijo aquello de que "en tiempo de desolación, nunca hacer mudanza". Lo que hace falta ahora es más transparencia y más negociación, y saldremos todos ganando. Si a todas estas razones le añadimos que el nuevo director ha manifestado que “con el Ayuntamiento no buscaré divorcio, sino luna de miel”, es evidente que estamos asistiendo al ‘romance de Reynaldo’.



Comentarios en Facebook

Matilde Casares López No al ATRIO