Muy entrañable y sentimental. Mi tía estuvo viviendo en Baza, después de la guerra, y me decía: "Le tirábamos tomates". Manuel, un viejo accitano, me decía hace poco: "Le tiraban membrillos". En los años ochenta salió un reportaje en televisión, denunciando los abusos pues llegaban a pegarle al 'Cascamorras'. Y la cosa se suavizó. En cambio, la Tomatina de Buñol es más famosa, pero el 'Cascamorras' es más histórico, emocionante y más de todo. Cuentan que, cuando el guadijeño Juan Pedernal descubrió la imagen en Baza, ésta exclamó: "¡Ten piedad!". Y entonces decidieron llamarle la Virgen de la Piedad. Leyendas. En Guadix se podían ver estos días las calles llenas de pinturas y, en ambas ciudades, le han dedicado un monumento al 'Cascamorras'.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
jueves, 11 de septiembre de 2014
RECUERDOS DE GUADIX
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| Antiguo Seminario de Guadix |
A primeros de septiembre de 1964 entré en el Seminario de Guadix, para hacer el primer curso de bachillerato. Con anterioridad, posiblemente en junio, me examiné de ingreso. Yo tenía once años y recuerdo que el padre Pascual me sacó a la pizarra y me hizo unas cuantas preguntas, delante del tribunal que estaba formado por tres sacerdotes jesuitas. Creo que lloré, pero al final me aprobaron por los pelos. Me acompañó mi paisano Mariano, que estaba en el Seminario Mayor. El día anterior habíamos llegado a Guadix y dormimos en una pensión, que se encontraba en la calle próxima a la Puerta de San Torcuato. En septiembre me incorporé al Seminario con tres paisanos de Castilléjar, que estaban en segundo de bachillerato. Nada más bajar de la autedia, los limpiabotas –casi unos niños– se nos tiraban encima para ganarse unas pesetas: “Límpia, límpia”.
Al poco llegamos al internado y, después de hacer la cama y de arreglar la maleta y las cosas en la ‘camarilla’ –cuatro tabiques sin puerta–, nos fuimos a comer a una bodega, en la calle donde paraban las autedias. La bodega tenía unas enormes tinajas de vino, de color pastel, que llegaban hasta el techo. Pedimos algo de bebida y nos comimos los bocadillos que nos habían echado nuestras madres. Poco después, nos refugiamos entre los setos del parque de Pedro Antonio de Alarcón y empezamos a recordar a nuestra familia, mientras echábamos de menos el pueblo. Unos minutos después, aquello se convertía en un funeral: “Mis padres se han quedado sin dinero, para pagar el trimestre”, decía el mayor, que se llamaba Andrés. “Hasta dentro de tres meses no iremos al pueblo, y dentro de unas horas tenemos que encerrarnos en el Seminario…”. Y así, medio ocultos entre los setos, el sepelio se convertía en una letanía de sollozos, suspiros y lágrimas.
Hasta que llegaba la hora de recogerse, sobre las 19:30 o 20 horas. Entonces pasábamos con nuestra cara de pena por la Puerta de San Torcuato –sin saber que por allí había hecho la entrada a Guadix los restos del apóstol–, cruzábamos la plaza de las Palomas y subíamos por la estrecha calle de Santisteban, para desembocar en la Puerta Alta, donde se encontraba la enorme puerta del Seminario que parecía engullirnos. Enfrente había una fábrica de harinas, que tableteaba hasta por la noche, de manera que llegué a acostumbrarme a ese ruido a pesar de lo delicado que yo siempre fui para dormir. En la portería del Seminario se encontraba Juan, un hombre de treinta y tantos años, que se pasó no sé cuántos años metido en aquel cuarto. Juan era gordo, alto, desproporcionado y feo, sin embargo, le gustaba la ópera y alguna que otra vez lo oías entonando zarzuelas, de manera que hacía sus pinitos: “Eugenia de Montijooo”. Juan era como el pájaro cantor, pero enjaulado como un canario, posiblemente, hubiera sido un buen tenor. Cuando cortaban el agua, los seminaristas bajábamos al bello patio con arcadas con nuestros barreños y el portero sacaba pacientemente el agua del pozo con un cubo. Al final terminaba reventado de tanto tirar de la cuerda.
Mis tres compañeros fueron expulsados del Seminario, por lo que no vinieron el curso siguiente. Se ve que e mayor hizo una pintada en una tapia del campo, criticando a los curas, el caso es que culparon a los tres de aquello. Yo me libré porque esa tarde no iba con ellos. Sin embargo, el curso siguiente vinieron otros dos paisanos por lo que no me encontré solo. Recuerdo que, la primera noche que llegaron, oí lloriquear a alguien cuando ya habían apagado las luces de los dormitorios. Me levanté de la cama, abrí una puerta y, al otro lado del tabique de mi camarilla, me encontré a mi paisano llorando a lágrima viva. “¿Qué te pasa, Tomás? ¿Por qué lloras?”, le pregunté. “Es que me acuerdo mucho de mis padres…”. Lo consolé como pude, le dije cuatro cosas y al poco se quedó tranquilo. Era muy dura la vida en el Seminario, en aquellos años de la década de los sesenta, y no todos aguantaban aquella disciplina. Meditación, misa, estudio, desayuno, clase, recreo, estudio… Y por la tarde: aseo, rosario, estudio, recreo, tiempo libre, lectura espiritual… Así era a diario. Muchos abandonaron el Seminario –era el internado más barato en aquella época–, pero a otros les sirvió para sacar después una carrera. Por entonces, el rector era don Leovigildo Gómez Amézcua, actual canónigo de la Catedral de Guadix, con el que tengo amistad y buenos recuerdos.
Cuando nos dieron las primeras vacaciones de Navidad, siempre eran el 22 de diciembre coincidiendo con la Lotería de Navidad, lloré de emoción al ver a mi padre cuando me bajé de la autedia. Era la primera vez que estaba tres meses fuera de casa y tan lejos de mi pueblo, cerca de 80 km. De Guadix salíamos a las 10 horas y llegábamos a Castilléjar sobre las 18 horas, teniendo que esperar la mayor parte del tiempo en Baza, donde hacíamos trasbordo. Mientras que de Castilléjar salíamos a las 8 de la mañana y llegábamos sobre las 13 horas a Guadix. Y no digamos cuando cogíamos el tren de Guadix a Baza: salía a las 14 horas y llegaba a las 4:30. Hoy se tarda en coche cerca de una hora. Así me pasé cinco años en Guadix, el último los seminaristas fuimos a dar clases al entonces Instituto Mixto Pedro Antonio de Alarcón.
Y las vueltas que da la vida, cincuenta años después, en 2014, compramos una cueva en Guadix aunque la idea fue de mi mujer, pues yo no estaba muy convencido. ¿Quién me iba a decir que regresaría, al cabo de medio siglo? Unos meses antes, yo lo hubiera negado. A Pedro Antonio de Alarcón le ocurrió lo contrario que a mí: al final de sus días se marchó de Guadix, pues su espíritu aventurero e inquieto no podía quedarse encerrado aquí. Yo tampoco podía imaginar que los fines de semana me tomaría unos churros crujientes, al lado del parque, donde tanto lloré, bajo la mirada impasible del escritor guadijeño, que también pasó por el Seminario. Los sábados por la mañana cuesta trabajo encontrar una mesa en los bares. Nunca pensé que iba a vivir en el barrio de las cuevas, adonde un grupo de seminaristas veníamos en diciembre, a cantarle villancicos a los ancianos del barrio de Santa Ana, que vivían en unas miserables habitaciones, con humedades y en la pobreza más absoluta. También les di clases de catecismo a unos gitanillos, en lo alto del monte –porque no había un local–, donde pasaban frío pues apenas llevaban ropa. Antes habían comido en el comedor del ‘Auxilio Social’, que se creó durante la Guerra Civil para los más necesitados. Pero cuando entrabas en el comedor, despedía un fuerte olor a humanidad.
Ahora uno se queda admirado, pues en Guadix el tiempo parece haberse detenido, la gente es más amable y sencilla que en Granada y la vida es más barata. En los mercadillos del sábado y del domingo encuentras de todo, hasta se ven a algunos hortelanos con sus cajas de frutas colocadas en el suelo, como se hacía a principios del siglo XX, mientras que las calles del centro se encuentran atestadas de gente de la comarca. Lo que no entiendo es que Jerez de los Caballeros (Badajoz) tiene menos patrimonio histórico que Guadix y, sin embargo, hace años que fue declarada Ciudad Monumental. Y también es una pena el abandono en que se encuentra la Alcazaba.
jueves, 4 de septiembre de 2014
miércoles, 3 de septiembre de 2014
LOS OLVIDADOS QUE LIBERARON PARÍS
·
EVA DÍAZ
PÉREZ, redactora del El Mundo. 28 de agosto.
·
París había
dejado de ser la ciudad sonámbula, suspendida en el silencio y el miedo. Las
radios clandestinas lo habían anunciado: se acercaban los carros de
combate del general Leclerc. En las afueras ya se escuchaba el engranaje de
metales de los blindados, el avance de las tropas, el murmullo que anticipa la
victoria. París estaba a punto de ser liberada de la ocupación nazi.
Hace setenta
años de aquella epopeya, uno de los episodios extrañamente felices de la Segunda Guerra Mundial,
el comienzo del fin: la retirada de Hitler de la Francia ocupada. Esta semana
se ha conmemorado esa fiesta de la liberación con varios homenajes. Los
franceses saben celebrar las páginas ilustres de su Historia, aunque en
realidad en buena parte las protagonizaran otros. Por ejemplo, los españoles
republicanos que lucharon para expulsar al ejército alemán de París. Esos
mismos que han permanecido en el olvido durante décadas,
arrojados del tiempo y de la Historia. Durante años la historiografía francesa se ha
ocupado de restar importancia a los extranjeros que lideraron su gesta, entre
otras cosas porque había que maquillar el dudoso papel que Francia había hecho
durante la Segunda Guerra Mundial al ser ocupada y admitir la farsa de la
Francia libre de Pétain en Vichy.
Un andaluz lo narró en un libro valiente y estremecedor que permaneció
durante décadas sin editarse. Se trata de La agonía de Francia, del periodista sevillano Manuel
Chaves Nogales. Tras huir de España durante la guerra, consciente de que -como
él mismo escribió- había contraído méritos suficientes para ser fusilado por un
bando y por otro, Chaves Nogales se instala en París. Allí asiste a la caída de
Francia, que era para los refugiados el último baluarte de la democracia ante
la barbarie del totalitarismo. "Se encontraban con un nazismo vergonzante,
larvado, con el cadáver maquillado de una República Democrática en cuyas
entrañas podridas germinaba la gusanera del totalitarismo". Y aclara que
para los españoles la decepción era doblemente trágica. "Era la segunda
patria que perdíamos".
Decía Chaves
Nogales que el París de los nazis era una ciudad que "había
tomado un aire siniestro": "Tenía una luz cernida de apocalipsis, una
atmósfera cargada y espesa en la que las gentes se movían como espectros".
Otra
andaluza también fue testigo de aquella ciudad siniestra. Se trata de la
jurista y parlamentaria malagueña Victoria Kent, quien protagonizó una curiosa
historia ya que estuvo oculta en un pequeño apartamento cerca del Bois de
Boulogne durante los cuatro años que duró la ocupación de París. Kent se
escondía de la Gestapo ya que temía que la denunciaran a la policía franquista.
Por eso mantuvo una identidad falsa: Victoria Kent era madame
Duval.
Para
consolarse en esos larguísimos y tenebrosos años, Kent escribió un libro a modo
de diario encubierto: Cuatro años en París. Y anota comentarios sobre aquella
ciudad en la encrucijada de la Historia: "Se diría que la ciudad había
sido sorprendida en un momento de escalofrío". Victoria Kent, cuya misión
era alojar a niños sin familia en colonias infantiles, se refugia en los años
felices de la infancia perdida en Málaga, recuerda el sol tibio ahora en esta
fría ciudad silenciosa, el sabor de las naranjas, la dulzura de las pasas, la
cal blanquísima de las paredes. Y también se refugia en el humor. Kent observa los camiones y
vehículos alemanes pintarrajeados que circulan sin tregua por París: "A
veces, tengo que hacer un esfuerzo para no determe y reír de buena gana,
francamente, creo estar contemplando los preparativos para la romería del
Rocío".
Los días se suceden y parecen los
mismos, escucha en la radio las pesimistas noticias sobre España, observa hasta
el hastío los objetos del pequeño piso, las voces de la vida tras las paredes,
los pasos que suben por las escaleras, se obsesiona con el reloj y teme los
sueños intranquilos.
Y por fin
llega el gran día de la liberación con los tanques de Leclerc
llenos de exiliados republicanos que habían luchado contra los nazis como la última
salvación para liberar a España. Esta es la entrada que la malagueña Victoria
Kent escribe en su libro: "¿Y esos tanques? ¿Veo claro? ¿Son ellos? Sí,
son ellos. Son los españoles. Veo la bandera tricolor; son los que atravesando
el África, llegan hasta los Campos Elíseos. Los tanques llevan nombres que son
una evocación 'Guadalajara', 'Teruel', y son los primeros desfilando por la
gran avenida. París aplaude. París aplaude a los españoles curtidos en una
lucha de nueve años, que sonríen hoy al pueblo liberado. París aplaude a la
España heroica de ayer, a la España libre, democrática y fuerte de mañana.
Parece un sueño... Parece un sueño".
Con estos
españoles ocurrió lo mismo que con los que sufrieron en los campos de
exterminio, aquellos que llevaban un triángulo azul con un S de spanier, de rotspanier (rojos españoles). Los
supervivientes regresaron a sus países porque había un país que los
reclamababa, pero España era de Franco y los republicanos vencidos no tenían
más opción que el exilio. Fueron los apátridas, los sin tierra, los
más derrotados de todos los derrotados.
Pero
regresemos a esa mañana de agosto en la que el general Leclerc entra con la
Nueve -9º Compañía de la Segunda División Blindada de la Francia Libre- llena
de republicanos españoles para liberar París. Son muchos los que protagonizan
este episodio como el valenciano Amado Granell o los quellegan hasta
el cuartel general de Von Choltitz, encargado de la defensa de París. Son el
extremeño Antonio Gutiérrez, el aragonés Antonio Navarro y otro andaluz, el
sevillano Francisco Sánchez quienes lo detienen. Choltitz creyó que eran
franceses, pero se dio cuenta de que lo habían derrotado unos españoles. Aunque
eso aparezca en pocas historias.
Hace unos
días la web www.todoslosnombres.org, que se ocupa de rescatar
las historias de olvidados y desaparecidos del franquismo, la Guerra Civil y el
exilio, recuperó la extraordinaria historia de otro
andaluz que participó en la epopeya de la Nueve: Manuel Pinto Queiroz-Ruiz, más
conocido por su seudónimo Manuel Lozano. Era hijo de un barbero anarquista y
trabajó como obrero en las viñas jerezanas. Su vida -que relató Laurent Giménez
en 1985 en Agosto 1944. Los españoles en la Liberación
de París. Testimonio
de un anarquista español- sigue el manual para el asombro de tantos personajes
que protagonizaron estos tiempos salvajes.
Manuel
Lozano se exilió en Orán en 1939 pero es arrestado e internado en varios campos
de concentración de Argelia y Marruecos. Finalmente es liberado cuando las
tropas angloamericanas ocupan el Norte de África y se incorpora a los Cuerpos
Francos de África. Así llega a Francia con la División Leclerc en la Novena. El
24 de agosto de 1944 es el primero en entrar en París, ciudad donde muere en el año 2000.
Pero ¿quién ha recordado su historia?
En el
cementerio de Père Lachaise de París hay un monumento dedicado a los españoles
que lucharon por la liberación de Europa y a los que sufrieron en los campos de
exterminio. El memorial se realizó en 1969. En París el Memorial Leclerc en el
barrio de Montparnasse recuerda el heroico episodio de la liberación, pero las
referencias a los españoles son mínimas y eclipsadas por el papel de los franceses que con la
victoriosa liberación y el papel de la resistencia intentaron borrar la
vergüenza de la Francia de Pétain.
Republicanos españoles en Le Perthus.
Esa Francia que recibió a los
republicanos españoles en campos de concentración. Así fue la respuesta que el
país que había sido ejemplo y símbolo de la democracia ofreció a la moribunda
República española: los campos de Saint Cyprien, Argèles-sur-Mer, Gurs, Le
Perthus, Septfrand o Bacarés.
Otro
andaluz, Manuel Andújar, que padeció el infierno francés de Saint Cyprien y lo
narró en Saint Cyprien, plage, campo de concentración(1942), comprendió que la
única forma de que no se olvidara su historia colectiva era escribirla. En el libro El
exilio español de 1939 recordaba con pasión y rabia el papel de los desterrados españoles en la
Historia: "Las legendarias hazañas bélicas, la convulsa geografía de los
combates -Narvik, Tobruk, estepas y ciudades rusas, Indochina, resistencia
francesa, los primeros tanques de Leclerc, tripulados por españoles en la
liberación de París- unidas están para siempre en la Historia al denodado
esfuerzo de los hombres de la España liberal, la expatriada. Su aportación
también a raudales -cenizas, cadáveres, indelebles torturas- en los campos de
concentración y exterminio nazi". No es demasiado tarde para contarlas
¿no?
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2 » Comentarios
1.
Cecilio Gordillo GiraldoCecilioGordillo01.sep.2014 | 08:33
#1
Cuanto trabajo "nos" queda aún por hacer Eva. Aunque algunos
dicen que esto debería ser, también, un trabajo del Estado. jajajaja
Valorar
2.
boreas02.sep.2014 |
11:08
#2
Si el partido Popular tuviera de verdad respeto a la democracia, se tomaría
más en serio el valor de estas personas, que ellas si que dieron un ejemplo de
patriotismo y de coraje, luchando y muriendo defendiendo muchas de las cosas de
que gozamos ahora, incluso que el PP sea un partido demócrata y pueda
participar en unas elecciones, a ver si se aclaran, si eran rojos pero
españoles de verdad.
#3
Miles de exiliados españoles vivieron después en Francia, los imagino en París y en otras ciudades pasando muchas faltas. Hoy, sus hijos son franceses. En el cementerio de Père-Lachaise están enterrados el expresidente de la República, Juan Negrín, Largo Caballero y la fotógrafa Gerda Taro, que fue la pareja de Robert Capa, a quien España le debe tantas fotografías de la Guerra Civil que dieron la vuelta al mundo. En el cementerio de Montparnasse estuvo enterrado el pintor Manuel Ángeles Ortiz. Después de todo, Francia ha sido nuestra segunda patria, cuando las cosas iban mal en España.
lunes, 18 de agosto de 2014
LA LEYENDA DEL POETA
“Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de
tierra... Mis primeras emociones están
ligadas a la tierra y a los trabajos de campo”. F.G.L.
| Monolito en el Barranco de Víznar |
Alguna vez le dije a Juan de Loxa que, “a Lorca le hubiera gustado la muerte que tuvo”. Él no podía imaginar que su vida iba a terminar en tragedia, como sus dramas de Yerma, Bernarda Alba o Bodas de sangre. Es más, creo que el fusilamiento y entierro de Federico servirían de título para su mejor obra no escrita: ‘La leyenda del poeta de Granada’. Comienza en la Colonia de Víznar (aquí se encontraba el molino de ‘las Pasaeras’ y, unos metros más abajo, puede verse hoy ‘la Casita de Papel’, donde estuvo parando Agustín Penón), con el trasiego de las camionetas descargando a los condenados a muerte, como si fueran ganado. Los conducían a una habitación de la planta baja y aquí permanecían hasta que les daban ‘el paseíllo’: “Y a las nueve de la noche / le cierran el calabozo, / mientras el cielo reluce / como la grupa de un potro”. En un momento dado, el guardia Tripaldi le dijo a Lorca que, si se arrepentía, sus pecados le serían perdonados. A continuación, le ayudó a rezar el ‘Yo pecador’: “Mi madre me lo enseñó todo, ¿sabe usted?, y ahora lo tengo olvidado”, le contestó el poeta.
Hace unos 30 años
que, en el Barranco de Víznar, hay una singular cruz en el suelo, hecha con
piedras y piñas, y adornada con ramos de flores. Entre las piedras se
encuentran algunos papeles doblados, que contienen poesías y frases de las
familias de los fusilados. En el 2001, el Ayuntamiento de Víznar construyó en
el Barranco como un anfiteatro y, no hará un mes, que la Iglesia ha clavado
allí una cruz blanca, de unos 7 metros de altura. “Lorca eran todos”, reza una
placa recordando el genocidio. Pero habría que añadir: “Todos eran españoles”,
tanto las víctimas como los verdugos. Desgraciadamente siempre ha sido así en
España, porque parece ser que todavía no hemos superado el concepto de tribu,
que decía Estrabón.
“Por aquí no se
podía pasar. Subíamos desde las eras del pueblo y cuando fusilaban se veían las
lucecillas de los disparos”, contaba el octogenario Antonio Fernández, que a la
sazón tenía 15 años. El rumor que se oye por este lugar se debe a la acequia de
Aynadamar, no sin razón llamada ‘Fuente de las lágrimas’, que fue construida
hace mil años por los árabes. En el sangriento frente de Badajoz, Pemán le
pidió al Caudillo una nota oficial sobre el fusilamiento, pero éste le
contestó: “Pero, hombre, José María, ¿qué importancia tiene un poeta, más o
menos, cuando está en juego una guerra?”. Franco, en su megalomanía, erigió el
monumento al Valle de los Caídos –como Napoleón, el Arco del Triunfo de París–
creyendo que, con unos renglones en la Historia, pasaría a la posteridad. Otros
excavaron las fosas del Barranco para devolvernos a las cavernas. Pero no
sabían que el monumento, las fosas comunes, los nichos de los fusilados y las
tapias de los cementerios iban a ser la conciencia de todos los españoles.
Gerardo Ruiz,
concejal de IU, de Medio Ambiente, en el Ayuntamiento de Víznar, me dice que su
padre le indicó a Agustín Penón el lugar donde podía estar enterrado Federico.
En agradecimiento, le regaló los lujosos zapatos que llevaba: “Eran negros, con
la suela de cuero resbaladiza, y los llevé puestos hasta los años setenta –recuerda el concejal Gerardo, y
añade–. A Penón lo recuerdo de chico, como algo que se me escapa”. La leyenda
del poeta continúa por el viejo camino de Víznar a Alfacar –estos días de
agosto, los vecinos suelen pasear por aquí al caer la tarde–, y se pierde junto
a un solitario olivo, donde dicen que fue fusilado al amanecer. Pero el día que
encuentren los restos de García Lorca, iremos a rezarle una oración a su tumba,
por donde llora la ‘Fuente de las lágrimas’.
Cuentan que, en las
noches de luna llena de agosto, se oye el murmullo de las ánimas por ‘los
Pozos’ del Barranco de Víznar. En este triste paraje se echa de menos un
monolito y, de aquí a unos años, para cuando los españoles nos reconciliemos
con nuestro pasado, habría que incluir en una lápida de mármol los nombres de
todos los fusilados. Y ya me despido, con estas frases del poeta en Madrid:
“Estos campos se van a llenar de muertos. Está decidido. Me voy a Granada y que
sea lo que Dios quiera”. Señor, dales el descanso eterno...
Publicado en La
Opinión de Granada, el 18 de agosto de 2006
Posdata: A finales de julio de ese año, me acerqué a ver la Exposición en la
Casa de los Tiros, un homenaje a García Lorca en el setenta aniversario de su
muerte. Allí se encontraba filmando un equipo de televisión, del programa
Informe Semanal, y según me dijeron saldrá el sábado diecinueve de agosto.
Grabaron las fotos de la Exposición, sobre todo, la del ‘Grupo de prisioneros
en La Colonia de Víznar’. Todos ellos aparecen con el mandil de masones, y con
las palas y espuertas para su trabajo de enterrar a los fusilados. Hablando en
privado con el jefe del programa, me confesó que Ian Gibson no quiso venir a
Granada para entrevistarlo, pues aquí suelen criticarlo. “Sí, le dije, Granada
sigue siendo una ciudad provinciana donde la envidia está a la orden del día.
Es más, si García Lorca viviera hoy, hubiera tenido que salir de aquí por
piernas”. El poeta se quejaba de que en Granada “se encontraba la peor
burguesía del mundo”.
El 18 de agosto de
1976, con motivo del cuarenta aniversario de la muerte del poeta, un grupo de
escritores subió hasta el Barranco de Víznar para depositar una corona de
flores. Copio de Ideal la noticia de entonces: “…al grupo de escritores, unos
veinte aproximadamente, se sumaron unos niños. En el lugar había colocada una
gran cruz, hecha con piñas por alguna persona que ha querido de esta manera
recordar al poeta granadino. En nombre de este grupo, Juan de Loxa leyó un
poema al anochecer”. Acompañaron al acto, los poetas José García Ladrón de
Guevara y Rafael Guillén, entre otros. También protagonizaron, el cinco de
junio, de ese año, el acto “El 5 a las 5”, en Fuente Vaqueros, en recuerdo de
la fecha del nacimiento de García Lorca. Franco había muerto en noviembre de
1975 y España seguía siendo una dictadura.
Cuando me
encontraba en el anfiteatro, del Barranco de Víznar, sentí como si me llegara un
mensaje de alguien, como diciéndome, “que estamos aquí”. Tuve una sensación
extraña, pero es que en este paraje sagrado te sientes sobrecogido. El dilema
ahora es: ¿buscamos los restos del poeta entre la inmensidad de 2.000
granadinos fusilados?
'Lorca, el último paseo'
lunes, 11 de agosto de 2014
LA VERDAD SOBRE GARCÍA LORCA
ENTREVISTA AL POETA LUIS ROSALES
En la entrevista de Ian Gibson a
Luis Rosales, no tiene nada de extraño que García Lorca fuera partidario de una
dictadura militar en aquel tiempo de tanta violencia. En agosto de 1936 fue
cuando más fusilamientos se produjeron en España. Pío Baroja también fue partidario
de una “dictadura inteligente” muchos años antes, debido a los malos
gobernantes que tenía España al final de la Restauración. Y así pensaban muchos intelectuales de aquella
época. Cuando dio el golpe de Estado el general Primo de Rivera, en 1923, en España fue
recibido con alivio ante la incapacidad e ineptitud de los políticos.
Que García Lorca fuera de derechas, tampoco es un secreto. Su amistad con Luis Rosales era ya un síntoma, incluso el poeta Gabriel Celaya mencionó la amistad que tuvo en Madrid con José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange. A Luis Rosales no le gustó que Celaya dijera esto tras la muerte de García Lorca. El escritor granadino también procedía de una familia acomodada pero, a partir de su fusilamiento, la izquierda se apropió de su imagen.
Al final de la información, dice: “Gibson, por su parte, indicó que
las declaraciones sobre el supuesto apoyo de Lorca al alzamiento militar se
deben a que 'Rosales
me dio la versión del régimen franquista, porque esa era la que había en 1966,
con el dictador en activo’". Esto no es cierto, Rosales le da su propia
versión, pues era un poeta bien visto por el Régimen y no necesitaba inventar nada. Y yo no creo que Lorca
apoyara el alzamiento militar, pues hubiera sido el primer caso de fusilar los fascistas a uno de los suyos. Otra cosa es que haga una declaración en un momento dado. García Lorca tenía sus enemigos en Granada, por el drama de 'La casa de Bernarda Alba' (retrata a la familia de Frasquita Alba) y por el 'Romance de la Guardia Civil', en que la critica. 'Pepiniqui', hermano de Luis Rosales y con influencia en la Falange en Granada, llamaba a García Lorca "el maricón de la pajarita". Y el poeta decía que en Granada "se encontraba la peor burguesía del mundo".
Estoy de acuerdo en lo que opina
el escritor Gabriel Pozo en la entrevista. Al morir la actriz Enma Penella -hija de Ruiz Alonso-, publicó un libro sobre la muerte de García Lorca y con las confesiones de la actriz.
viernes, 25 de julio de 2014
EL ACCIDENTE DE TRÁFICO
Por si le puede servir a alguien esta amarga experiencia que pasé hace poco, debido a la desidia e irresponsabilidad de unos y otros. Los males a veces no vienen solos, pero no hay que desanimarse y debes de jugar con las cartas que tienes. La vida es así de dura y cruel y en España las compañías de seguros todavía dejan mucho que desear. Este anexo lo entregué (le he quitado los datos) junto a la ‘Declaración amistosa del accidente’.
ANEXO A LA DECLARACIÓN DEL ACCIDENTE
DE TRÁFICO
Accidente
en…, a las 18:45 horas, el 7 de junio de 2014. Antes de llegar al cruce de calles, toqué
el claxon pero A. D. se saltó el “Ceda el paso” y así lo reconoce en su
declaración. Iba completamente embalada, con su hija de acompañante y una niña
pequeña. Entonces me dijo que tenían mucha prisa, que hiciéramos el parte
cuanto antes. La acompañante manifestó que estaba cumplida del embarazo, le
dolía la barriga y que iban al hospital de Granada. Mi mujer le contestó que
llamara a una ambulancia, pero dijo que no, que irían juntas. Más tarde me di
cuenta que por la avenida de… se va a un barrio, y que la calle… (en dirección
a Granada) acababan de dejarla unos cien metros antes. No decía la verdad. De
acuerdo con A., empecé a rellenar el parte amistoso y le pedí el seguro del
coche. Me entregó dos fotocopias del seguro, pero le pedí el recibo anual para
ver si estaba en vigor. Como no me lo entregaba, mi esposa llamó a la Guardia
Civil por teléfono y le confirmó que tenía el seguro en vigor, y que venía una
patrulla. A. entonces empezó a rellenar otro parte amistoso, a pedirme datos y
que le entregara mi seguro. Le pregunté por qué no quería que yo rellenara el
parte amistoso y contestó que tenían prisa.
Sin
embargo, se presentaron dos policías locales, llamados por la hija de A. Les dijo que yo no las dejaba marchar (esto es
falso, y tendrían que explicar por qué querían marcharse sin rellenar
debidamente el parte, porque nosotros también teníamos prisa) y que no quería
rellenar el parte, así como que estaba embarazada y le dolía la barriga. Pero
no dijo a la policía que estaba cumplida y que se dirigían al hospital a
Granada, como nos dijeron a nosotros. Entonces, un policía me aclaró que la
embarazada tenía que irse al hospital y tenía preferencia, por lo que el accidente
no tenía ninguna importancia. Accedí a rellenar el parte de A., pero el croquis
no indicaba nada y tampoco señalaba los daños de los vehículos en las
observaciones. Entonces el policía dijo que el parte señala con una ‘X’ que A. no
respetó la señal de preferencia y que ya no hacía falta rellenar más. Le contesté
que yo no firmaba el parte porque faltaban los datos antes citados, acto
seguido el policía cogió la declaración y escribió en el lugar de mi firma “Se
niega a firmar”, como puede apreciarse, y me advirtió que, como yo no firmara
el parte, iba a ser el responsable de todo. Seguidamente, ordenó a las dos
mujeres que se marcharan y que le trajeran el parte del hospital.
¿Habría
que preguntar, a qué viene esta amenaza del policía, tratando de intimidarme e
inculparme, en vez de mostrar una actitud imparcial y verificar los hechos que
allí ocurrieron? No se entiende esta actitud hostil del policía local hacia mí,
tratando de obligarme a firmar un parte de accidente, donde no se recogen los
daños de ambos vehículos y cuando el croquis dibujado por A. no indica nada,
con la agravante de que intenta hacerme responsable del accidente, cuando la
causante fue A. ¿Si era urgente, por qué no llamó a una ambulancia para que se
llevara a la embarazada (esta rehusó llamar unos momentos antes, cuando se lo
dijo mi mujer), cuando el choque ni siquiera fue violento pues la chapa de los
vehículos se hundió unos centímetros? Este policía se enfadó conmigo desde que
llegó, sin yo dirigirme mal hacia él en ningún momento (yo no estaba para más
discusiones), diciéndome: “Tú no eres abogado, no tenías que haber llamado a la
Guardia Civil”, y presionándome para que accediera a todo lo que decían las dos
mujeres. Fue precisamente el policía que le acompañaba, el que señaló con una
‘X’ en el parte que A. no respetó la señal de preferencia, porque ni eso
figuraba. Lo que es de agradecer.
En
cuanto a los daños en mi vehículo: paragolpes delantero desencajado y abollado,
el lateral derecho se ha doblado un poco, hundiendo el faro derecho hacia
dentro por lo que la luz de posición no funciona, y el capó no se puede cerrar.
Los daños del otro vehículo: chapa abollada en el lateral izquierdo, pegando a
la rueda, y puede que en la puerta del conductor.
A
causa de estas circunstancias anormales e incomprensibles, me veo obligado a
presentar este anexo a la declaración de mi parte de accidente, para aclarar
los hechos.
Granada,
9 de junio de 2014
AL DEFENSOR DEL CLIENTE
… con el número de póliza… y número de siniestro…,
le expone la siguiente queja contra el agente de seguros de…
Han pasado 15 días desde el siniestro (7 de
junio) y sigo sin ninguna información del agente, con el vehículo averiado y
sin poder circular: el capó levantado, la luz de posición rota y también está
perdiendo aceite del motor, por lo que pueden robármelo en cualquier momento o
multarme. La incomprensible actitud del agente de no informarme de nada y de no
permitir que arreglen mi vehículo en el taller, está haciendo que tenga mi
vehículo inmovilizado, a pesar de que la
parte contraria reconoce en su declaración del accidente, del día 7, que se
había saltado un ceda el paso (documentos uno, dos y tres).
Le envío una copia de la reclamación (documento
cuatro) que le puse al agente, el 16 de junio, en la oficina de la Compañía más
próxima, pues en tres ocasiones que me pasé no estaba en su despacho, mientras
que N., que gestiona los partes, está de baja según me confesó por teléfono. La
declaración del siniestro me la selló el día 9 una oficinista ajena a la
aseguradora, aunque con el sello de la compañía –se ve que el agente le ha dado
instrucciones para que atienda al público en su ausencia y selle los
siniestros– y la petición de un perito la efectuó el día 10 una trabajadora de
la sucursal más próxima. El siniestro lo envió N. a la otra compañía el día 11
(la oficinista se lo envió escaneado), sabiendo que mi vehículo se encontraba
inmovilizado.
En las ‘Condiciones Particulares y Generales del
Contrato’, 1º.3. Indemnización de daños, dice lo siguiente: “Se entenderá que
existe responsabilidad del conductor o propietario del otro vehículo: c) Cuando
sea reconocida por escrito por dicho conductor o propietario. e) Cuando la Compañía,
a la vista de las circunstancias objetivas que conozca, así lo estime, por su
propia iniciativa, para evitar retrasos innecesarios”. En Reclamación de daños,
dice: “A) Interés del asegurado. 2. El adelanto de las indemnizaciones que
reconozcan formalmente el deber de los aseguradores de quienes resulten
responsables del accidente”. Si la otra compañía tiene siete días para
contestar y han pasado 15 días desde el siniestro, mientras que el agente no me
ha informado del estado de tramitación del siniestro ni ha permitido que
arreglen mi vehículo en el taller, ¿estamos ante un incumplimiento de las
obligaciones del contrato de…?, por lo que tendría que reclamar, además de la
responsabilidad del agente, los graves daños y perjuicios que me está causando
este retraso injustificado e innecesario. ¿Está utilizando intencionadamente el
agente el retraso en la reparación del vehículo para tenerme cogido y para que
no me dé de baja en…, porque la póliza vence el próximo 30 de junio? ¿Por qué
no me informa de la tramitación del expediente ni da la conformidad al
taller?... Ayer, día 21, le envié por correo electrónico al citado agente el
escrito que le adjunto (documento cinco). Debo aclarar que ignoraba que…
tuviera el Departamento de Defensa del Cliente.
Por todo
ello, espero su mediación en este asunto y, en caso de llegar a una pronta
solución amistosa, yo retiraría la reclamación del 16 de junio.
23 de
junio de 2014
Posdata: Entregué esta reclamación en una sucursal de mi compañía, pero
aquí me dijeron que a la compañía contraria no le constaba ningún parte de
siniestro, por lo que el plazo se alargaba otros siete días: “No existen
antecedentes”, decía el escrito de otra la compañía. Resulta que después de 17
días del accidente, el otro asegurado no había entregado el parte. ¿Quién se
iba a creer esto, cuando hay obligación de dar parte en el plazo de siete días?
¿No se sanciona esto? Mayor desidia e irresponsabilidad no se puede pedir a una
aseguradora. Sin embargo, me decidí y al día siguiente llevé a reparar el
vehículo donde lo habían peritado con anterioridad. Me costaba la reparación 1.200
euros (lo justo que tenía para pasar el mes) y tardaban casi una semana en
arreglarlo. No me quedaba otra opción, pues no podía utilizar el vehículo ya
que el capó estaba descuadrado y se podía levantar en cualquier momento con el
consiguiente riesgo para la vida del conductor y los ocupantes. Tampoco me
funcionaba la luz de posición del faro derecho, por lo que podían multarme. Pero
esto a las compañías les traía sin cuidado. Al día siguiente de llevar el coche
al taller, me llamó el mecánico de la Peugeot dándome una grata noticia: “Tu
compañía se hace cargo de la reparación”. La reclamación había surtido efecto y
se ve que ya no querían problemas, yo tampoco iba a parar y estaba dispuesto a
acudir a los medios de comunicación a contarles el caso. Un día antes de que
expirara el contrato, me di de baja en la aseguradora por la poca seriedad del
agente de seguro y por todo lo que me había hecho pasar innecesariamente. Con
fecha del 8 de julio, recibí contestación del Defensor del Cliente, con esta
resolución en el párrafo final: “En este sentido, debemos informarle que este
Departamento no observa incumplimiento de la Compañía en sus obligaciones
contractuales y/o legales; entendiendo por todo ello que la tramitación del
siniestro ha sido correcta”.
Pero si el asegurado deja de pagar en el plazo o no da el parte de
siniestro en siete días, sí hay incumplimiento. No se podía esperar otra cosa
por lo que algunas compañías seguirán gozando de total impunidad y causando
estragos entre los asegurados.
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