lunes, 6 de abril de 2020

IN MEMORIAM PADRE MANUEL CANTERO



En Granada, 2015 




El padre Manuel Cantero Pérez falleció ayer en el Hospital el Ángel de Málaga, a la edad de 85 años. El 22 de marzo el padre me escribía por guasap: “Ya salgo del cuarto. Temperatura normal. Debo guardar distancia en comedor y capilla…”. Y yo le respondía: “Me alegro que el susto haya pasado”. El 23 de marzo me decía: “Tiene tarea la cosa. Yo estoy bien”. Sin embargo, el 26 de marzo fue ingresado en el hospital y el 29 escribieron en el guasap de los Seminaristas de Guadix: “Esto dijo el Superior de la Residencia de los Padres Jesuitas de Málaga: ‘Acabo de hablar con él, tiene muy mal cuerpo pero la respiración va bien’”. En los días siguientes su salud se fue agravando. El 2 de abril., Manuel Jiménez me escribía: “Está mal, está sedado, con problemas en el corazón y el riñón”. El día 4 me escribió de nuevo (y también dos antiguos seminaristas): “A las 20:10 horas ha fallecido el padre Manuel Cantero”

En los años sesenta estuve en el Seminario de Guadix y, desde entonces, mantuvimos correspondencia, En una carta de 1999, me decía: “Es interesante tu visita al Seminario, que es parte importante de tus raíces. Me ha causado emoción cuando dices que se te vino el mundo encima. Ahí se te removió algo (...). Si pudieras conocer mis verdaderos sentimientos, que no son contra nada ni contra nadie, sino a favor de todo lo bueno”. Y concluía así: “En  la foto que me mandas hay un puñado de gente a quien ya no sé poner el nombre”. Manuel Cantero era el padre espiritual –su despacho estaba siempre abierto a cualquiera de nosotros– y, en aquel régimen cerrado y bastante duro, era el “hombre bueno”. Más tarde, con el transcurso de los años, se fue forjando nuestra amistad a través de la correspondencia que conservo. Al principio porfiábamos bastante porque cada cual se aferraba a sus ideas como un clavo ardiendo (entonces yo leía a Baroja, a Azaña y a todo el pesimismo y anticlericalismo que puedan imaginar), pensando que el otro estaba equivocado. Tengo que decir que el padre Cantero me ayudó mucho en mi juventud, cuando yo era un pájaro volandero que me enfrentaba a la cruda realidad de la vida. (La foto mía de arriba la colgó en su blog)

En la Semana Santa de 2005, me escribía desde Málaga: “Querido Leandro: Con mis pies en alto y celebrando la misa sentado por cierto riesgo de flebitis. Aquí estoy hasta que pasen estos días locos malagueños, sin más atención que a sus cofradías...”. Al final, casi no se le entiende la letra debido al estado crítico en que se encontraba: “Pero una obstrucción de femoral no es cosa que piense yo que va a salir incólume de su estado. Un abrazo y a pasarlo lo mejor posible en tu realidad concreta..., que la vida se tuerce de pronto”. Además de dar ejercicios espirituales, al estilo de San Ignacio de Loyola, por toda la geografía de España –en esto era un maestro, pues sabía llegar al corazón de la gente–, al padre Manuel Cantero le gustaba escribir artículos en revistas religiosas. En 1995, me escribía esta bella frase: “¡Cómo he recordado, con la fotocopia que me enviaste, nuestros tiempos de Guadix! ¡Qué bonito es recordar y aceptar que entonces fue entonces, y que hubo valores inmensos en unos y en otros; y errores que nos hacían a todos mucho más humanos!”. Se puede decir que, los jesuitas del Seminario de Guadix, y más tarde los sacerdotes diocesanos, transmitieron la enseñanza religiosa y formaron en la disciplina y la austeridad a miles de seminaristas (en Guadix nos decían los ‘curillas’) y de ahí salieron decenas de sacerdotes. Otra cosa es que, una vez fuera del Seminario, comulgaras o no con sus ideas. Yo no soy católico practicante y la religión la tengo olvidada, pero eso no quita que tenga amigos sacerdotes lo mismo que con personas de cualquier ideología. Procuro ser flexible en la religión y en la política.

Fueron aquellos tiempos de la España pobre, religiosa y emigrante, cuando los curas nos llevaban el uno de noviembre a Jéres del Marquesado, a pasar el día asando castañas. Íbamos montados en el remolque de un destartalado camión, sin toldo ni nada, y nos agarrábamos donde podíamos por aquella carretera de tierra.  En los últimos años, cuando el padre Cantero venía de vacaciones a Granada, quedábamos por la mañana y nos dábamos un paseo por el Camino de Ronda, pues tenía que andar por sitios llanos y sin sol, debido a sus problemas con la circulación de la sangre. Al final del recorrido hacíamos una visita obligatoria a las Bodegas Castañeda, donde nos encantaba saborear un vaso de vino pálido con su tapa de arroz caldoso. El piso de su hermana se encontraba cerca y allí nos despedíamos. Era ya una costumbre. A veces se quejaba del olvido de aquellos niños (hoy canosos), que habían pasado por el Seminario, pues era un sentimental. En diciembre de 2010, me envió estas líneas: “Eso sí, y gracias a Dios, con muy buena salud, buen ánimo, y ganas de vivir y hacer, y muy feliz siendo lo que soy.  Aquí es donde encuentro mi fuerza y mi deseo de seguir haciendo hasta que Dios me jubile.  Que ya estoy más cerca, como es natural”. Nos complementábamos bien: cada uno respetaba la parcela del otro, olvidando las discusiones bizantinas de antaño, y así habíamos conservado la amistad durante más de cincuenta años. Lo suyo fueron consejos del maestro al discípulo, que al principio era arisco y montaraz. En mayo de 2010, publicó el libro “Ventana al Evangelio”, unas reflexiones previas para orar en el Evangelio y que provienen de sus “contemplaciones ignacianas”, de los ejercicios espirituales, que fue dando durante muchos años por toda España. En el prólogo del libro ya advierte que, “cuanto vais a encontrar en este libro, si tenéis gusto en seguirlo, no ha salido de ninguna bibliografía. Sólo el Evangelio y la gracia de Dios en mi oración personal”.

Seminaristas del curso 1965




La revista mensual “Apostolado de la oración”, de Málaga (de dos páginas), era obra suya y, en abril de 2010, escribió esta anécdota recordando aquellos años: “Fue en 1960. Tras los pasos más insospechados y originales, ‘aventuras’ de años, que casi no se pueden imaginar, soy ordenado sacerdote el 18 de abril…, en la Catedral de Guadix”. Un compañero, maduro en años, les pidió a los recién ordenados en la sacristía una frase que expresara sus impresiones. “Él suplió mi respuesta y dijo: ‘Ponemos que mi última Misa sea como la primera’. No reaccioné en el momento. Inmediatamente después, pensé para mí mismo que aquello era estúpido. Porque mi última Misa…, en realidad la Misa de cada día, tiene que ser mucho mejor que la primera. Al cabo de estos 50 años, reconozco haber sido así de afortunado”. En estas frases se resume su vocación. Hace un par de años me contestaba, a un artículo mío que le envié: “Lo que tú me mandas lo leo siempre y encuentro un gusanillo por ser algo tuyo; algo en lo que has puesto, además, mucha alma, y que reflejan esos sentimientos que te hacen ser el que yo conocí...”. Y en otra de sus cartas: “Bueno, ahí llevas mi mensaje en la botella del afecto, buscando encontrarte. Porque esta botella es sólo para ti como destinatario intransferible de mi tiempo y de mi abrazo. Te quiere y recuerda mucho más de lo que tú crees”.
 El 15 de octubre de 2016 conseguimos reunirnos en Guadix cerca de sesenta exseminaristas y tres sacerdotes diocesanos que estudiaron con nosotros. Visitamos las ruinas del Seminario y la Alcazaba (de El Zagal), y comimos en un restaurante. Aquí nos acompañaron el antiguo rector, don Levigildo Gómez Amézcua, y el padre Cantero,  de manera que para la mayoría de nosotros fue un “reencuentro” al cabo de cincuenta años. Muchos de aquellos niños del Seminario estaban ya jubilados y para los padres fue como un reconocimiento a su labor de educadores.


Fachada del Seminario San Torcuato. 2014




Málaga, 6 de enero de 2020. “Querido Leandro: Me voy sosteniendo; la respiración la tengo sólo regular pero no todavía para un ingreso. Se ve que el oxígeno va haciendo su efecto de retardo. De las piernas, muy mal, muy entorpecidas, muy limitado de movimientos. No me decidí este año a ir a Granada en estas fechas. Bonito mensaje el que me envías. ¡Si fuéramos capaces de asimilar todo lo que nos ha ido llegando sobre el tema!... Ya vi las fotos que pusisteis de vuestra convivencia en tu cueva. Me alegro que la podáis disfrutar”. 7 de enero de 2020. Llamo al padre Cantero a la residencia de jesuitas de Málaga y echamos más de media hora hablando. En un momento dado, le pregunto si interviene en el grupo de wasap de los seminaristas y me dice: “Apenas intervengo porque no sé qué poner y no quiero molestar. Yo antes era sociable, pero me he vuelto introvertido. Recuerdo que un padre jesuita me decía cuando yo era joven, ‘siga siempre así porque alegra el comedor’. Yo era muy abierto, me comunicaba mucho. En Guadix, entre el padre Ibáñez y yo armábamos cada zapatiesta, contábamos chistes malos. Pero aquí, en Málaga, el ambiente es terriblemente sensible, no se puede decir esto porque molesta, si digo lo otro lo va a comentar”. Le respondo que es una mentalidad de convento y, si me apura, de habitación, de estar todo el día encerrados en el cuarto. Y me responde: “Sí, es un convento de ancianos, hay mucho individualismo, nos reunimos en el momento de la comida y pongo cuidado de no molestar o de no herir. Piensas que en boca cerrada no entran moscas y estamos callados los cuatro cenando”. Le digo que llevan una vida interior de meditación y al final te contagias, te pones la autocensura, lo suyo sería explayarse cuando se reúnen en la comida. Es una vida monacal de recogimiento y de silencio. “Tengo 85 años, algunos hermanos tienen noventa años y también hay dos jóvenes, pero ellos son muy diferentes a nosotros, tienen otra mentalidad, en cambio, con la gente de la calle me desenvuelvo mejor”. Se queja de que ha ido encerrándose en sí mismo, porque antes era extravertido, pero lo da el ambiente que se respira entre estas paredes. Le cuento que hace unos días comimos en mi cueva varios amigos del Seminario, acompañados de las esposas, yo les decía cuatro tonterías y se reían. A mí en cambio me ha ocurrido lo contrario, antes era introvertido quizá porque no me atrevía a decir lo que pensaba, por timidez o por temor a hacer al ridículo; ahora hago un chiste fácil de cualquier anécdota y consigo que la gente se divierta. Le digo que “la formación que os dan a los sacerdotes os empuja a mirar hacia dentro, os predispone a la soledad, cuando tenía que ser hacia fuera, hacia la gente. Es más feliz el que vive hacia afuera, el extravertido, que el introvertido”. Y me contesta, “Puede que lleves razón”. Se queja de que le cuesta trabajo respirar, sobre todo cuando se mueve, porque ya no le funciona la mitad del corazón, anda con el bastón aunque las piernas le flojean bastante y todos los días dice la misa. Y me dice, “ahora me cuesta trabajo improvisar”.
Noto que está bastante machacado, su voz ahora es quebrada cuando  antes era sonora, y a veces jadea por el cansancio. “En la cena de Nochebuena vinieron unos jóvenes a la residencia e hicieron una fiestecilla, pero en la Nochevieja me acosté a las diez de la noche y el resto de la Navidad aquí ha sido muy plano”. El padre Cantero siempre ha sido un hombre de acción, de llevar muchas cosas entre manos, pero ahora poco puede hacer por lo que  sobrelleva con dignidad estos últimos días de su vida, sin embargo, ahora ha reído varias veces con mis ocurrencias, aunque le cuesta trabajo. Hablar es un placer para él y la conversación nos reconforta, acordándonos de los viejos tiempos y de algunas anécdotas del Seminario.


Los padres jesuitas. 1965







En Guadix era el padre Espiritual y su despacho siempre estaba abierto a todos, era un “jesuita de mesa camilla” que le gustaba escuchar los problemas de aquellos jóvenes seminaristas atolondrados, después, encontraba o no la solución a aquello. Lleva ya muchos años en la residencia de Málaga y ya no hace casi nada porque las fuerzas no se lo permiten. Me he despedido del padre Cantero deseándole un feliz año y que otro día lo llamaré para echar un rato de conversación, pero cada día le cuesta más trabajo respirar y se encuentra más débil. “A ver, hasta que el cuerpo aguante”, me dice, resignado. “Así nos tenemos que ver todos”, le contesto a modo de consuelo. Cuántas veces fui a su despacho del Seminario, a confesarle mis problemas, siempre le escribí cartas cuando estudiaba en los colegios y después nos veíamos cada año en Granada, cuando él venía de vacaciones. Pero, lo que es la vida, ahora él se desahoga conmigo en la soledad de su habitación. El padre Manuel Cantero vio cómo sus hermanos mayores, Antonio y José, fueron muriendo, pero no le concedieron el regreso a Granada donde viven sus dos hermanas. Era padre espiritual, confesor, amigo y sicólogo, aunque no siempre fue comprendido. “Cada día tengo un recuerdo de cada uno de vosotros. ¡Deseo tanto bueno para cada uno…!”, me decía en uno de sus últimos mensajes. Tenía el pelo cano, la mirada clara, la voz amable y caminaba ya algo encorvado, pero él nunca se salía de la norma. Fue un sacerdote enamorado como pocos de su vocación y de su tierra. Toda una época y toda una generación se van con este granadino singular, nacido en el número 33 de la Gran Vía del Azúcar –donde su padre tenía el bufete de abogado–, de manera que la iglesia del Sagrado Corazón fue como un talismán para el padre Cantero: aquí pasó largas temporadas, o paraba cuando venía de vacaciones a Granada; aquí consoló a muchos exseminaristas, que veníamos a visitarlo y a contarle nuestras penas; aquí ofició misas y prodigó sermones, y aquí debió de sentir la llamada al sacerdocio cuando acompañaba a sus padres a la misa de los domingos y correteaba por las calles de este céntrico barrio granadino. Descanse en paz este jesuita bueno, al que vamos a echar mucho de menos.  
El enlace de su blog:  http://apormalaga.blogspot.com/ 



Padre Manuel Cantero y Leandro. 2016



Posdata. Un día después, me siento como si hubiera perdido a un familiar, a una persona querida que conozco desde 1964, con la que desde entonces me he relacionado por carta (conservo un centenar), por teléfono o en las visitas que el padre Cantero hacía a Granada en las vacaciones.














COMENTARIOS DEL GRUPO DE EXSEMINARISTAS. 5/04/2020

Juan Rivas: Realmente esa es la vida y él creo que ha vivido la que realmente ha querido
L.G.: Ya ha dejado de sufrir
Juan Quintana: Estupendo artículo haciendo un pequeño recorrido por la vida del padre Cantero y retrotrayéndonos a nuestra época del Seminario. Ha sido una de las mejores personas que ha pasado por mi vida.
Leandro García: Gracias por el audio y por los detalles que tienes con los demás
José María Laguna: Gracias por este buen recorrido que has traído del padre Cantero
L.G.: Ha sido un guía para quienes lo tratamos
Antonio Nofuentes: Bonito escrito, me he emocionado mucho. Todos estamos sufriendo su pérdida…
L.G.: Cuando lo leo, yo también me emociono, ahora nos daremos cuenta que hemos perdido a un padre…
José María Gallardo: Hermoso recuerdo, Leandro. Muy bien escrito
L.G.: Ya no sufre
Manuel Jiménez: El Superior me responde: su cuerpo ha sido llevado a incinerar y sus cenizas se depositarán en nuestro columbario
Antonio Medina: Gracias, ¿cómo estáis?
L.G.: Cuídate y ya nos veremos
Juan A. Pérez Lao: He leído tu artículo y quiero darte las gracias porque de alguna manera tú, que has estado más en contacto con él, has servido de unión con todos los que recibimos su magisterio. Su recuerdo y su cariño permanecerán siempre en nosotros
L.G.: Él supo unirnos con su sencillez y buen hacer, fue el que nos tocó el interior
Serafín: Si bien mi padre espiritual fue el padre Ibáñez, siempre estuve muy unido al padre Cantero…, que ofició mi boda
L.G.: Los recuerdos nos unen, Serafín
Manel: Un buen artículo para una gran persona…, en el Seminario tuve una relación muy estrecha con él
L.G.: Con humildad y prudencia, él cohesionó el grupo
Cari: Un homenaje por tu parte precioso, tengo mucha tristeza porque para Jesús era muy especial, y a mí me ha acompañado en este tiempo tan difícil con sus conversaciones de guasap…
L.G.: Ha dejado de sufrir y ha quedado su mensaje entre nosotros
Pepe Triviño: Eres un fenómeno, felicidades
L.G.: Ahora al menos no sufre
Antonio Aguilera: Gracias por pasar el enlace
Antonio José Vera: Me encuentro regular, yo esperaba mejorar pero esto va muy lento
L.G.: Cuando pase esto iré a verte
Pepe Huertas: Muy bien, me he acordado de cuando estuvimos allí viéndolo
L.G.: ¿Cómo llevas lo tuyo?
Antonio Montes: He leído detenidamente tu artículo y me ha encantado, sobre todo lo vivido entre ambos, en él describes acontecimientos de la vida del padre Cantero y tú que yo desconocía...

COMENTARIOS DE FACEBOOK

María Fresneda: Una persona importante para ti, seguro nunca la olvidarás, siento su pérdida D.E. P. ánimo amigo. Esperemos que toda esta pesadilla termine pronto y todos salgamos bien de esta...
Leandro: fue un padre y un amigo
Arturo Rodríguez: personas que dejan huella por siempre
LG: son un ejemplo para todos, amigo Arturo
Roberto Balboa: Amigo Leandro:
Me ha encantado tu artículo sobre el padre Cantero, lleno de recuerdos y sensibilidad.
Descanse en paz un hombre bueno.
LG: Gracias, Roberto Balboa. Con su buen hacer y humildad, ha sido el guía para la mayoría de los que pasamos por Guadix
José Correa: DEP
María Purificación Corral: Lo siento mucho Leandro. Ánimo. Otro ángel más en el cielo
LG: Cuando las personas se van es cuando más notamos su ausencia
María Fresneda: Cierto pensamos que siempre los vamos a tener, este es el legado que nos dejan su cariño y enseñanza y a ser buenas persona y cuando nos toque partir que nos recuerden con el mismo cariño
LG: ahora todo son recuerdos, pero es una persona que ha pasado por la vida haciendo el bien y ese el mensaje que nos deja
Chillón Domínguez Pedro: Yo estuve poco tiempo con él, pero lo recuerdo como tú lo describes. Seguro que descansará en Paz.
LG: en tiempos de disciplina, nosotros tuvimos la suerte que el padre Cantero era cercano y sencillo
Antonio José Vera: Tengo muchos recuerdos del seminario, un gran hombre. D.E.P.
LG: ahora todo son recuerdos, pero él ha dejado de sufrir
Purificación Tomás: DEP
LG: gracias por estar siempre ahí
José Antonio Rabaneda: Un saludo paisano. Que descanse en paz nuestro Padre Espiritual. Yo al igual q tú, tuve la suerte de estar unos años con él en Guadix
LG: fue de lo mejor que tuvimos en Guadix y después en estos años. Un abrazo
Antonio Parrilla: Amigo Leandro: Un fuerte abrazo, recibe con él, mi sentido pésame; tal como describes en tu profunda, sentimental y bien escrita entrada; fue un maestro para ti y para todo el que tuvo la gran suerte de conocerle. Bajo mi punto de vista enseñó las lecciones espirituales con amor y sobre todo con humildad; se desprende de lo que nos muestras en tu escrito que, gozaba del amor de Dios y sabía transmitirlo con cariño y sin imposición; soy de la opinión que las creencias y en este caso la Fe son un regalo que el Creador hace a cada uno individualmente, que no debe confundirse con la iglesia; el creyente lo es por amor y no por la disciplina recibida; sea cual sea la religión que practique.
Dicho lo anterior, me queda claro que este maestro “, ha vivido fiel a las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo y no tengo la menor duda de que su espíritu se encuentra disfrutando ya en esa otra orilla junto a Dios. D.E.P. Un abrazo.
LG: cuando nos dejan los buenos maestros, lo mejor que podemos hacer es recoger sus enseñanzas y recordarlos con cariño. Gracias por tus palabras de amigo
Encarna Varón: DEP
Emilia López Monjón: D,E.P. He leído el extracto de su vida y creo que fue una persona digna de conversar con ella. Por cierto Leandro un pariente mío también estudió en Guadix, se ordenó sacerdote el año 71, se llamaba Don Juan de Dios Pérez Martínez, no está ya con nosotros. Murió creo que hace 2 años. ¿No estudiaría contigo?
LG: gracias por leerlo, no me suena su nombre porque era mayor que yo, ¿tu pariente era de galera? De aquí era Domingo, estuvo en el seminario y falleció hace un año
Julián Romo: DEP
Eugenio Sanz Morata: DEP
José Romero Fernández: DEP
Manuel Ortega Company: Leandro: creo que el padre Cantero fue posterior a mi paso por el seminario. Yo conocí como padres espirituales al padre Pertíñez y al padre Castillo. Está claro que la estancia allí me ayudó a formar mi personalidad. Recuerdo los ejercicios espirituales de S.an Ignacio de Loyola que coincidían a principio de curso con la feria de Guadix y mi recuerdo es de gran temor y miedo al infierno. Sin embargo guardo un gran recuerdo del ambiente de estudio, respeto y valores con los que nos formaban, algo que te ayuda toda la vida. Comprendo la influencia de esta buena persona sobre ti. Un saludo… Estuve desde 1955 a 1960. Los profesores de los que me acuerdo: los padres Garzón, Espejo, Morales, Entrambasaguas, Pertíñez, Castillo, etc. Después pasé a la escolanía con D. Carlos Ros.
LG: Entonces conocerías a Juan J. Gallego Tribaldos
Eli Fernández Pérez: es una pena pero así es
LG:  Después del golpe, me siento como si hubiera perdido a alguien de mi familia
Juan J. Gallego Tribaldos: Magnífico y emocionante artículo...



UN MALAGUEÑO RECUERDA AL PADRE CANTERO. 8/04/2020

Buenos días. En primer lugar, perdón por el atrevimiento de escribirle. "Navegando" por la red en búsqueda de noticias sobre el P. Cantero, he encontrado su artículo. Muy entrañable. Desde hace años, solía confesar con el P. Cantero. No puedo decirle que mantenía amistad con él, pero sí me conocía de esos encuentros sacramentales. No imagina el bien que me hizo (hace, pues sus orientaciones no desaparecerán nunca en mí) espiritualmente. No imagina lo bello que era en esta última etapa de su vida, verle a las 7,15 h de la mañana salir de la Sacristía, con andar lento, titubeante, medio encorvado...e ir a su Confesionario, encender la esa luz, que para mí simboliza esa LUZ que Dios quiere poner en nuestras vidas derramando su MISERICORDIA. Iba con su cuaderno, su bolígrafo y si no había nadie que reclamase su atención, escribía (con alguna que otra cabezadita, la verdad sea dicha). Yo, por razones de índole personal y laboral, iba a esa hora. Su perseverancia día tras día, a "esas horas"... siempre lo entendí como un regalo de Dios que lo hacía a través de él, y como un testimonio para algunos sacerdotes que no tienen tiempo para desde el silencio, el ocultamiento, la constancia...sentarse en un confesionario para transmitir lo más grande que el ser humano puede recibir, el AMOR de Dios a través de su PERDÓN. No imagina cuanto lamento la pérdida del P. Cantero. Me he quedado como un "huérfano espiritual". Disculpe toda esta perorata, que no deja de ser un desahogo ante la pérdida (momentánea, en el Reino de Dios espero el reencuentro) de este SACERDOTE. Ruego la privacidad de este correo, lo hago desde el convencimiento de que su amistad y afecto al P. Cantero nos une. Gracias por acercarme aún más al P. Cantero. Ahora él nos ayudará desde su presencia junto al Dios que nos enseñó a amar. Un cordial saludo. 

Buenos días. Acabo de ver tu correo, más que correo electrónico es como una carta  tradicional donde expresas vivencias y sentimientos ante la pérdida del padre Manuel Cantero. Es muy interesante y emotiva la descripción que haces cuando salía de la sacristía para ir al confesionario. En su humildad y buen hacer nos ha dejado el ejemplo de su vida y nos ha entregado el testigo de sus obras. En los últimos días le dije a un compañero que lo íbamos a echar mucho de menos, y así finalizo mi artículo, pero no imaginaba que su muerte me iba a afectar como si hubiera perdido a un familiar. Tú afirmas que te has quedado como un huérfano espiritual y así estamos muchos. Te envío el enlace de mi blog, donde reproduzco el artículo y los comentarios que he ido recibiendo. Si quieres que reproduzca tu carta en el blog (es sincera y natural), sin que figure tu nombre, me lo dices. Un abrazo. 

Buenos días, Leandro. Suscribo sus palabras. Así es, su partida deja un vacío que no es en mi caso algo fruto del momento, sino que perdurará pues su acompañamiento con una simple frase, con una orientación concreta, con un consejo espiritual práctico y  asumible... le hacía (le hace, pues sigue estando presente) muy especial desde la discreción y humildad. No tengo inconveniente en que publique mis palabras, y es simplemente porque el P. Cantero merece desde la sencillez y humildad (como creo que le gustaría a él) ser recordado. Un hombre enamorado del Evangelio. Simplemente, SACERDOTE y JESUITA. Me alegra saber de su cariño hacia él. Mientras yo viva, jamás lo olvidaré e intentaré desde mi miseria, desde mi pobreza espiritual, seguir sus orientaciones para amar y dejarme amar por Dios. Un abrazo para usted. Muchas gracias por sus palabras.


La consagración, en la primera misa 

JAVIER LO RECUERDA ASÍ. 06/04/2020
https://ejerciciosespiritualespadrecantero.blogspot.com/?m=1

El sacerdote Manuel Cantero partió a la Casa del Padre 
En septiembre de 2011 fui invitado por el Padre Cantero a asistir al encuentro nacional del Apostolado de la Oración en Madrid. Y así se fue fraguando esa "larga relación" que el propio Padre Cantero me cito en su penúltimo correo. Durante estos años ha sido mi confesor, mi psicólogo, mi amigo, mi confidente. En el he visto muchos de los frutos de los que habla el Evangelio. He visto su caridad, he visto debajo de una apariencia muy seria a veces, ese lado humano del que sabe también sonreír y contar sus anécdotas con las que hemos reído juntos. Nunca podré olvidar su mano extendida y su gesto de alegría al verme que me transmitía tanta cercanía, no podré olvidar que incluso se abriera a mi para contarme cosas de si mismo, o aquella vez que le visité en el hospital y me dijo: "Yo aunque esté en el hospital me afeito y me pongo guapo porque si no, no soy persona". ¡Como nos reímos!, o cuando andaba mal de las piernas y durante un tiempo me pidió ayudarle en la Misa, dándome su confianza. Los últimos meses de su vida, asistí a todas sus misas de domingo, y al terminar le esperaba en el patio de la casa, para acompañarle hasta el ascensor, pero estos encuentros se convirtieron en bastante habituales, y me hacía a veces un gesto de que nos sentáramos, y hablábamos unos minutos. Conforme se fue acercando el final, me daba cuenta que también le venía bien para descansar en el trecho desde la sacristía al ascensor. Y a mi me servía porque veía que el tiempo se iba acortando y estaba aprovechando la ocasión.

El me contaba como estaba, y yo trataba de animarlo y darle novedades sobre algunos proyectos que teníamos, como el de digitalizar sus cintas de ejercicios para subirlas a internet. Le veía sonreír cuando le decía que habían tenido 80 visitas en un día, o cosas así. Finalmente le despedía a veces diciendole: "Hoy a escuchar Zarzuela", cosa que le encantaba y hacía los domingos como me dijo en más de una ocasión. El Padre Cantero era un amante del Evangelio, pero también de la Liturgia bien hecha, y ejemplar al procurar aprovechar la ocasión para introducir algo de pedagogia: la gota en el cáliz, el signo de la paz, el valor de una comunión bien hecha, el ir a hacia El en la fila, su forma única de recitar el Gloria con aquella pausa que hacía "despeñar", como yo le decía, ante su sonrisa, a los fieles que seguían la carrerilla. Dos espinitas me confesaba últimamente que tenía, y era la gran decadencia en que ha caído el sacramento de la confesión, donde el penitente ha perdido el sentido del pecado, y a veces se producían según el, situaciones casi cómicas en el confesionario, como: " "Pregúnteme usted, Padre". Y otra cosa que no le gustaba nada, era ver la falta de respeto, de llegar tarde a la Misa por ejemplo. El tratar con los jóvenes también se había vuelto una tarea difícil con el tema de las bodas, dado el estado de nuestra sociedad. Podría decir mucho más, pero finalizo dando gracias a Dios por haberlo puesto en mi camino y haber gozado de su sacerdocio y de su amistad, porque una persona que te trata como el me trató, no puede ser nada mejor que un amigo. 





Ordenación del sacerdote Manuel Cantero. Catedral Guadix 18/04/1960



En la residencia de Málaga 11-2018

En la residencia de Málaga, con antiguos seminaristas. 2018

En la puerta del Seminario, septiembre 2016
Aquel patio con su pozo
  
El despacho del padre Cantero
Su despacho en el Seminario
  
El comedor o refectorio
La Alcazaba

Guadix, desde la Alcazaba

El libro que escribió en 2010







sábado, 21 de marzo de 2020

COMENTARIOS A “LEANDRO: CASTILLEJA DE LOS RÍOS EN BLANCO Y NEGRO”




Ha salido casi todo el pueblo con la Patrona






El 11 de marzo colgué en Facebook el video de mi libro “Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro”, que elaboró el periodista de Ideal Antonio Arenas. El libro es una edición de autor, tiene 252 páginas con 165 fotos en blanco y negro, de mediados de los años 50 a los 70, que hizo mi padre, el fotógrafo Leandro. Fue compartido 14 veces y recojo algunos comentarios que hicieron. En la última página del libro dice así: "Este libro se terminó de imprimir el 22 de febrero de 2020...". Le dije al impresor que pusiera esta fecha, en recuerdo del veinticinco aniversario de la muerte de mi madre Dora.
José Correa: Extraordinario trabajo, espero poder adquirirlo, aunque ese documento histórico no hay dinero para poder pagarlo.
Miguel Ángel Rivas, historiador del CEPS: Enhorabuena Leandro. Las fotografías antiguas son el mejor instrumento para reconstruir y recordar nuestros pueblos y nuestras gentes. Un abrazo.
Amalia Pedrosa: Yo soy brasileña. Mi padre está enterrado en el cementerio de Castilléjar, fue a pasar unas vacaciones y al día siguiente de llegar sufrió un infarto falleció en el hospital de Baza y la familia tomo la decisión de dejarlo en su pueblo con sus amigos de los que nunca paró de contarnos historias de su querido pueblo. Se llamaba Roque Pedrosa Garcia
Jesús Manuel Sola Olivares, de Marbella: a mi también me gustaría tener un ejemplar, mis raíces andan por ahí, mi abuelo frecuentaba esos lares....
Marijose Muñoz, pintora del Centro Artístico de Granada: Felicidades Leandro, tu padre debe estar orgulloso!
Leandro: No te puedes imaginar lo que le hubiera gustado ver muchas de sus fotografías recogidas en un libro.
MJM: Me lo imagino, por eso te felicito... Seguro que te ve, querido amigo!
Eli Fernández Pérez: Diré aun familiar que me guarde uno, muchas gracias por hacer que no olvidemos nuestras raíces
María Fresneda: Hola amigo Leandro, seguro que será un éxito, gracias por compartir y darnos tantos momentos vividos a través de tus libros. Antes como no se hacia uno muchas se guardaban como tesoros y gracias a tu padre que habría que hacerle un homenaje por todo lo que representó como cartero y fotógrafo, quién no recuerda las tardes de reparto del correo
Maicaa Iglesias, de Asturias: Hermoso, además de disfrutar haciéndolo me atrevería a decir que es un apasionado de su tierra y parajes.
Pepi Romero: Yo también miraré de hacerme con uno será bonito nos traerá muchos recuerdos
Carmen Martínez Lorente: Cuanto me gustaría poder ir a la presentación pero por nada del mundo voy a renunciar a un ejemplar. Muchas felicidades
Pili Fernández: Me alegro, Leandro, que ya lo hayas terminado, me siento orgullosa que con algunas de esas fotos también he colaborado un poquito
Rosario Serral Montore: Enhorabuena, Leandro... Ojalá estuviera en Galera para acompañarte.
Gloria Blázquez Masegosa: Me alegro mucho Leandro de ese nuevo libro. Estoy segura que será muy ilustrativo e interesante. Más tratándose de un legado tan hermoso como fue el trabajo de tu padre.
Maricarmen Gómez: Aquí estaremos
Tomasa Gómez: Hola Leandro, tu padre me hizo el reportaje de fotos el día 21 de marzo del 73. Me gustaría saber si salimos en el libro.
Antonio Martínez Lorente: Que pena no estar, pero cuenta que uno lo cogeré cuando vaya, que no será muy tarde. Que tengas el éxito que te mereces
Julián Romo; Gracias, Leandro, por este trabajo con el que me siento totalmente identificado ya que nos lleva a nuestra infancia y juventud con recuerdos imborrables 
Dori Carasa, maestra: Te deseo un gran éxito, seguro que lo tendrás. Siento no poder asistir
José Ángel Rodríguez, presidente del Proyecto Sierra de Baza: Suerte con el trabajo y su difusión
Elisa Zújar San Pelayo, miembro del CEPS: Enhorabuena, Leandro
Mariano Barrachina, de Galera: Leandro, esto solo tú sabrás la alegría un día después, gracias amigo por compartir tu intimidad 

Las casas, la vega y los Barrancos. Pili Fernández

Pedro Romera: Eres un fenómeno, amigo Leandro
Cirilo Vico, profesor: Leandro, te agradezco especialmente que aparezca mi nombre en el libro: ¡un detallazo de tu parte!
16/3 Carlos Durán: Hola  Leandro. He recibido tu libro, le he dado un vistazo y me ha parecido entrañable. Aprovecharé estos días para leerlo, regresar a los recuerdos de la infancia, será como un bálsamo para sobrellevar estos días de incertidumbre y zozobra. Espero verte algún día por el pueblo. Un abrazo amigo.
12/04 Carmen Mañas Gómez: Cuando todo esto pasé y podamos salir de casa iré al pueblo y lo compraré si quedan

Ángeles Torregrosa Dengra:  Hola , he comprado tu libro Castilleja de los RIOS. Te doy las gracias por hacernos viajar en el tiempo. He sentido nostalgia y a la vez alegría. Has sabido narrar la esencia de aquel tiempo y llegar a nuestros corazones con las fotografías. Gracias y un saludo.
Felipe Heras y Amparo Mañas: Esta tarde hemos recibido tu libro, Nos ha confortado abrirlo y encontrarnos con los maravillosos años de nuestra infancia y juventud, con nuestra gente, nuestro paisaje, con nuestro verdadero y entrañable pueblo, ese que nos empuja a visitarlo con ilusión pero que cuando llegamos, casi no lo reconocemos de lo que ha cambiado su aspecto, sus gentes. Por eso tu libro nos ha insuflado un soplo de alegría al encontrarnos con nuestras raíces que te agradecemos y felicitamos. Un abrazo.
Leandro:  Gracias por vuestro elogio. Tú, Pepe Pinteño y otros fuisteis los pioneros, la sal del maestro don Miguel Lozano… El libro quedará para Castilléjar, a la que devuelvo lo que es suyo.
Emilia OrtizHola Leandro, me acaban de llegar los libros, he sentido un cúmulo de sensaciones solo con echarle un vistazo y ver a tanta gente que conocías y querías y sobre todo a la familia, muchas gracias. Cuando lo lea te diré algo de cómo me he sentido y que me has transmitido. La dedicatoria me ha gustado pues me ha trasladado a aquellos años tan bonitos. Un beso. 
Juanjo Martínez, amigo de Huéscar (28/05): Ya me he leído tu libro del tirón. ¡Muy emotivo, cuántos recuerdos, vivencias... descritos por tu magistral pluma que le hacen vivir a uno tiempos no tan lejanos! Gran acierto tu libro para los que vivimos aquellos tiempos.
Me han escrito amigos y conocidos de Galera, de Orce, Cuevas del Campo, Zújar, Guadíx, Marbella, Madrid, Argentina.
Dorita Carasa, 12 de junio: Por fin he podido venir al pueblo y leer tu libro. Te doy mi más sincera enhorabuena, es una maravilla. Puedes sentirte orgulloso de publicar esas fotos tan entrañables de tu padre, y hacernos revivir con tus palabras esas vivencias que guardamos en el fondo de nuestra alma. Gracias, Leandro. 
Gabriel Irigaray: Quiero felicitarte porque me está tocando esa fibra, que a todo ser humano nos gusta revivir de cuando en cuando, me emociona ver imágenes ya perdidas de nuestro pueblo, caras, paisajes, lugares emblemáticos. Muchas gracias, de corazón. Cuando he llegado a esa foto de María y Justo (mis tíos), con la presencia de mi tía Antonia, mi madrina (madre de María), y mi madre que falleció recientemente (29/03/20), he llorado un rato...
Antonio Montes, de Aldeire: Tu libro ha estado muy interesante, con muchas anécdotas. Un buen trabajo de tu padre (...). Me enorgullece que valores a tu padre a través de su vida. Han llegado momentos en que me he emocionado con la lectura. En algunos momentos me he sentido identificado, sobre todo durante mi niñez, pues en cierto modo a mí me pasó igual que a ti. A mi padre lo disfruté muy poco, ya que murió muy joven, con 59 años, como el tuyo. Fue un hombre siempre dedicado a su mujer y a sus hijos. Enhorabuena, un abrazo.
Leandro: Era una obligación que tenía pendiente con mi padre. El libro se lo debo mayormente a quienes ningunearon el nombre de mi padre todos estos años, pues me sirvió de acicate para escribirlo.
 Maruja Martínez, 3 de agosto. Leandro ya he leído tu libro y visto las fotos ,me ha gustado mucho los comentarios que haces, me ha transportado a mis años de cuándo yo vivía ahí ,también las fotos aunque algunas no se quien son pero muchas sí, me ha dado mucha pena los comentarios que hacéis del río donde tantas veces fuimos a lavar y a bañarnos, es una pena que lo hayan dejado perder ese tesoro como es el agua. Gracias por haberlo escrito. Es el segundo año que hacía don Atanasio para los niños, de izquierda a derecha están: Pepita Carasa, mi hermano Jesús Martínez, Pilar Zambudio, mi prima Isabel Giménez, Rosario Martínez, Maruja Martínez y no me acuerdo de los otros.

 Yolanda Carayol Jiménez.15/01/2021. Muchísimas gracias por su trabajo y dedicación le ha hecho mucha ilusión (me envía una foto donde salen Yolanda y Agapito). El es mi padre y es hermano de Agapito Carayol se llama Francisco Carayol. Por supuesto conocía a su padre y se emociona al hablar de él. Me decía q era una persona muy inteligente y bueno. Hacia mucho tiempo q no lo veía tan emocionado y contento… De corazón le agradezco su gran trabajo por alegrar tanto a nuestros mayores y dejar a los mas jóvenes ese bonito legado. Me hizo mucha ilusión la dedicatoria. Por eso, reconozco el valor de su trabajo en el libro, Leandro.

Leandro. Dale recuerdos a tu padre y a tu tío, me alegro de que disfrute observando el pueblo y la gente de aquella época, y que se cuide bastante. 

Mercedes Domínguez 18/01. Los que no lo tengáis comprarlo, vale la pena. Es ameno y te transporta a aquellos años, lo recomiendo. 

Leandro. Gracias, Mercedes, por tu ayuda. Las fotos te llevan y te traen.

El 17 de marzo, Josefa Carasa, exalcaldesa de Castilleja, me envió este correo electrónico:

Es un libro vivo, dinámico, entretenido. Cargado de emociones y que te hace aflorar muchos sentimientos latentes que llevamos en lo profundo de nuestro ser: añoranzas, recuerdos, amor (al pueblo que nos vio nacer), tristeza contenida por la ausencia de los seres con los que convivimos un día, alegría por los muchos momentos de fiesta y diversión que antaño compartimos con vecinos, familiares y amigos... Es un libro que, a través del reportaje fotográfico, nos hace a todos los castillejanos partícipes y protagonistas de los propios relatos. De ahí su carácter de dinámico y vivo, aún a pesar de que las historias parten de 50, 60 y 70 años atrás. Muy acertado el introducir los diálogos publicados en Facebook.
En cuanto a su autor, consigue con un lenguaje sencillo, coloquial, cercano..., el objetivo propuesto: hacer un merecido homenaje y reconocimiento a la labor de fotógrafo no profesional (aunque hizo suya esa práctica con mucha maestría) de su padre, siendo avalado y alabado por todos los que le conocimos. Con estos documentos gráficos se garantiza la conexión de un pueblo pasado con el mismo pueblo presente: pilares que nos hablan de costumbres, estilos de vida, indumentaria, profesiones, religiosidad, festividades paganas y religiosas, etapas políticas, infraestructuras urbanas... Pilares estos que han contribuido a conformar y consolidar al pueblo tal y como permanece en la actualidad.
Además, resalto el amor familiar que el autor plasma en esta su obra y su pesar al tener que desligarse de los bienes materiales familiares que conservaba en este pueblo, arrancándole parte de sus vivencias de niñez, que sólo conserva ya en su memoria. Con toda seguridad, la lectura de este libro hará a muchos lectores dichosos y felices al reencontrarse con su pasado y llevarlos a su conocido Castilléjar de antaño. Enhorabuena y agradecimiento sincero a Leandro padre y Leandro hijo.

Cedida por Antonio Martínez Lorente
Posdata: La foto que titulas “Primeras comuniones en los años setenta por la calle Huéscar”. Nada más lejos de la realidad, la niña de la izquierda soy yo, tenía tres años. Íbamos vestidos para una teatralización que inventó don Atanasio…En el centro, está Jesús el de Arsenio, que murió a las 14 años”.

El 18/03/20 le contesto a Josefa: “He recibido ya varios elogios sobre el libro, pues le está gustando a los paisanos, donde las fotografías hablan más que las palabras, aunque yo he tratado de ponerles un pie de foto breve. Más y mejor no se puede decir de un libro y de un autor, por lo que te estoy muy agradecido, Josefa, pues esto me sirve de acicate para seguir escribiendo, pues lo hago cuando me acuerdo. Y también me sirve de orientación, pues creo que el libro gustará y se venderá. Aquí desfila todo el pueblo, como en la película “Bienvenido Mr. Marshall”, de García Berlanga: desde el cura don Atanasio a Roque 'Pum', nuestros padres y nosotros cuando éramos niños, incluso los que emigraron y los que fallecieron. Cuando se escribe con sencillez, naturalidad y sentimiento se llega al lector, cualquier lector se identifica.
En los comentarios de paisanos y de gente de fuera, a las fotos de mi padre que yo colgaba en Facebook, fui recogiendo los que veía interesantes, los corregí y los añadí al libro. De esta forma, la gente de nuestra edad también participa contándonos sus vivencias en la infancia, sobre el río Guardal, sobre los toros, la Tercia, el reparto de cartas... Y así, entre las fotos antiguas y los comentarios, nos han quedado esos recuerdos entrañables y ese coro de voces, para que las nuevas generaciones de castillejanos conozcan cómo eran las costumbres y la vida miserable pero solidaria de sus padres y abuelos. Y esta sería la conexión de que hablas. No me podía imaginar que fueras tú la que está con Jesús, el de Arsenio. No he seguido la política en Castilleja, pero estoy seguro que tu paso por la Alcaldía dejó un ejemplo de honradez y supongo que la gente te lo agradecerá”.




 En este libro reúno una parte de las fotos desperdigadas de mi padre (andaban huérfanas desde su muerte en 1977) y ya no tenemos que esperar a que monten una exposición o que las saquen en Internet. Por un lado, reivindico la memoria de mi padre y por otro reclamo también el nombre original y auténtico de nuestro pueblo, Castilleja de los Ríos, que por extrañas circunstancias también perdió los apellidos. He querido tener un recuerdo también para mi madre, Dora, que falleció el 22 de febrero de 1995. La última página del libro coincide con el aniversario: “Este libro se terminó de imprimir el 22 de febrero de 2020…”. Y no faltan fotos de mis hermanos. Alejandro Santiago y Carlos, de la Editorial Nazaríme han hecho una buena obra y han trabajado las fotos, ya que bastantes estaban deterioradas. Me han cedido fotografías: Antonio Martínez Lorente “el Solicita”, Ángeles Triguero, Carlos Durán, Carmen Martínez Lorente, Cirilo Vico, Conchi Román, Custo Pinteño, Dori y Josefa Carasa, Felipe Heras, Fernando Triguero, Flora y Mari Román, Francisco Arán, Javier López Cuartero, José Pinteño, Luís Dengra, Manolo Martínez Puerta, Pablo Zambudio, Pili Fernández y Mari Zambudio. Al final no pude presentar el libro en el Ecomuseo de Castilleja, el 14 de marzo, pues el alcalde suspendió los actos públicos por la epidemia, aunque no se entiende que permitiera el mercadillo del sábado, y ni siquiera pude vender ejemplares. Los dejé en el Estanco, en el Ecomuseo y en la Panadería de Blas para quienes quieran comprarlos. Quiero expresar mi agradecimiento a la profesora Ángeles García-Fresneda, por el emotivo prólogo con el recuerdo a mi padre que ha escrito; a Antonio Pinteño, Miriam Teruel y Carmela Zambudio porque gestionaron la presentación y difusión del libro; a Pepe Pinteño y Emilio Olmedo porque lo iban a presentar; a la concejala de Cultura, Noemí Martínez, y al teniente de alcalde, Emilio Sánchez, porque me facilitaron el Ecomuseo. 
Creo que es el mejor homenaje que podía hacerle a mi padre y a partir de ahora su legado pertenece a los castillejanos. En este libro se resume la pequeña historia de Castilleja de los Ríos en aquella época, pero, mientras que nosotros envejecemos con los años, las fotografías permanecen como fieles testigos. Por eso, os dedico este libro con cariño.

sábado, 18 de enero de 2020

CARTA A UNA MADRE

Mercadillo de Guadix






El 21 de abril de 2019, Domingo de Resurrección, decidí darme una vuelta por el Mercadillo de Segunda Mano de Guadix, para ver las antigüedades. En anteriores ocasiones, he comprado desde una lámpara de mesita de noche, donde un vendedor de Maracena me regaló un pequeño libro de Meditaciones, de Baltasar Gracíán,  editado por Calleja, en 1899; dos platos antiguos de bronce, con las cabezas en relieve de los Reyes Católicos y, últimamente, un lebrillo con el sello de Fajalauza, pintado de verde  y con la figura de un pájaro en el centro. Procuro no ir al mercadillo porque siempre hay algún trasto viejo que me llama la atención y, al final, lo compro a pesar de que no me hace falta. Ese día, un marroquí tenía expuestos en el suelo algunos utensilios y pequeños montones de libros usados. Me llamaron la atención dos folios de un bloc, tamaño cuartilla, que estaban doblados y escritos a bolígrafo. Cuando leí la palabra “mamá”, al momento pensé que era una carta. Introduje los folios entre las páginas del libro “Lágrimas y sonrisas”,  del escritor indio Khalil Gibran, y le pregunté al niño marroquí que atendía: “¿Cuánto vale este libro?”. El que podría ser su padre me dijo que dos euros, pero yo le ofrecí uno y aceptó. Es un libro viejo al que le faltan páginas, pero era la única forma de hacerme con aquellos folios escritos, cuya letra no podían entender los marroquíes.

Una vez en casa, comprobé que era una carta y la copio tal cual:
Granada, a 29-X-2001. Mamá, hace doce días que te fuiste, hasta hoy no me he atrevido a escribir, lo hago a la luz de una vela. ¡Ya sé que a ti no te gustaban!, pero para mí me supone recogimiento y reflexión. No sé por dónde empezar, ¡te necesito!, sé que puede ser egoísta mi postura, pero sé que donde tu alma esté la siento. Mamá, por ser la mayor de tus hijos me tocó saber más de ti y por ello me siento orgullosa, yo sé que todos te quisieron, sintieron y te amaron pero quiero vanagloriarme de tus secretos y los míos, tus miradas y las mías se cruzaban, tus gestos y los míos a veces se reprochaban, pero siempre nos entendíamos. Yo sé que me hiciste responsable de mi padre y de mis hermanos “por ser la mayor”, pero qué difícil era responsabilizarme de ellos cuando yo veía que tú eras la más necesitada. Tú me ayudabas y protegías como a los demás pero al final veías que quizás yo era un pelín de tu salvación. Tenía yo ocho años cuando apurada dijiste, “Sensita, ayúdame…”. Yo como niña hice lo mínimo que te hubiera dado en ese momento, lo que luego posteriormente intenté hacer dentro de mis posibilidades. Te faltaba calor, porque “tú” dabas mucho, te faltaba amor porque el tuyo era infinito, nos faltaba a nosotros valor y fe, porque tú los suplías y aumentabas. ¡MAMÁ, TE QUIERO DONDE ESTÉS! Tú lo sabes. Tus primeros secretos y los últimos. Tus despidos, testamentos y ayudas. Yo sabía cuando tú necesitabas. Te fuiste, pero sigues, tu alma sigue en nosotros y en mí, tu hija y tu nieto te adoran, tu semilla continúa en nosotros.

Cuando me fui a la Policía, a pesar de mi ausencia, tú me animaste diciendo qué valiente eres, hija. Pero la vida me demostró que la valiente, preciosa, madura, linda y buena fuiste tú, Y SÓLO TÚ. Nos has dado ánimos hasta la hora de tu muerte, te has preocupado por nosotros cuando no podías más, nos has pedido perdón por hacernos sufrir, cuando tu cuerpo ya era un calvario, has perdonado cuando tú eras el perdón, la bondad y el sufrimiento… Mamá, eres mi razón, mi fe, mi oración, rezaré siempre por ti, yo sé y los demás también que Dios se ha manifestado en ti y en tu creación. Desde ahora cada noche diré, ‘Madre mía que si estás en los cielos, santo sé que es tu nombre y tu vida, siga en nosotros tu bondad y hágase tu protección en nuestras vidas. Danos hoy lo que a todos dabas siempre, perdona nuestros defectos, si los tuvimos, y no nos dejes perder nunca lo que aprendimos de ti. Tu amor, tu fe, tu valentía, que mantuviste hasta el final. Madre mía que estás en el cielo, tu vida llena de llagas. Mamá, no hay duda que en el cielo estás, tus sufrimientos y heridas llegaron, hasta sufrimos contigo. Mamá, en nombre de todos, quisiera dedicarte nuestra oración (hay tres renglones tachados que dicen: a ti que tu fe te hizo firme, tú que nos mantuviste con tu valor hasta el final. Dios te hizo fuerte y su fuerza). Diste amor y paz a todos, todos te quisieron y te quieren, tuviste el calvario en tu vida pero en silencio. Cuando agonizabas, tambores de calvario se oyeron pero tu sufrimiento y resignación hicieron de nosotros el valor. Mamá, tu vida fue sufrimiento y entrega, la pasión de Xto. quedó reflejada en ti, el día que tu alma se unió a Dios sonaba un paso de saeta, desde el cielo con tu bondad infinita pide a Dios por todos nosotros”. Este último párrafo lo escribe más deprisa y algunas palabras son ilegibles.

Mientras leía la carta, hubo momentos en que se me saltaron las lágrimas porque la hija se desahoga escribiendo todo lo que lleva dentro, recordando las penurias, la enfermedad, el sufrimiento y el inmenso cariño de su madre. Sin embargo, todavía me pregunto cómo pudo llegar esta carta al mercadillo de Guadix y por qué extraños caminos había llegado a las manos del vendedor marroquí. Es posible que la autora haya fallecido también y que el hijo (como suelen hacer muchos) vendiera sus libros, con los dos folios escondidos entre las páginas de alguno de ellos. Yo los he encontrado de casualidad, dieciocho años después de escribirlos, pero resulta sorprendente que no aparezcan manoseados y que estuvieran allí sueltos, a la vista de todos, en medio de los libros, y sobre todo que nadie reparara en ellos. Hay frases que no se entienden o que no tienen mucho sentido, pero sin duda es una carta escrita con el corazón y con los sentimientos a flor de piel, pues la hija la escribió doce días después de la muerte de su madre. Y también resulta demasiado extraño que yo encontrara la carta precisamente el Domingo de Resurrección.