viernes, 2 de agosto de 2013

EN RECUERDO DE JOSÉ Mª MARTÍNEZ RAMÓN




En la residencia San Fco. Guadix, con la 'Tizná'. Foto Juan B. Gómez








Conocí al párroco de Jérez del Marquesado, José María Martínez Ramón, en 1965. Mi madre me había hablado mucho de él y le tenía verdadera devoción. Yo estaba entonces en el Seminario de Guadix y, aquel verano, fui durante quince días al antiguo seminario de verano, de Jérez, donde había instalado un campamento, con tiendas de campaña, a la orilla de la acequia que discurría por un lateral del seminario. Aproveché un día y fui a saludar al cura José María, que se encontraba en la parroquia de la Anunciación, de la que guardo una foto para recordar aquel encuentro. Había finalizado la misa y se ve que los monaguillos habían roto unas velas, de manera que la bronca que les estaba echando en la sacristía era chica. “Lo saludo o lo dejo para otro día”, debí pensar, pero las palabras de mi madre más que una orden eran un mandamiento: “Cuando os lleven a Jérez, te pasas y saludas al tío José María y le das recuerdos de Adoración”. Ella solía llamarlo así, pues eran primos segundos.

 Cuando el cura salió de la sacristía, no recuerdo lo que le dije pero seguro que debí de tartamudear. Sí recuerdo que en los siguientes días comí varias veces en su casa, donde vivía con su sobrina 'Lelo'. Cuando estábamos comiendo la primera vez, José María me dijo, “¡niño, tírate eso!”. Pero yo no lo entendí y le contesté, “que tire el qué”. Entonces, ‘Lelo’ intervino y lo tradujo: “Lo que dice tu tío es que te comas eso”. Después de comer, él se echaba la siesta y yo me quedaba en su biblioteca, una habitación no muy grande, y allí disfruté como nunca pues tenía toda clase de libros, de objetos y cosas raras, colocados en las estanterías y en las paredes, de manera que nunca he visto un cuarto tan mágico como aquel. Tenía una colección de bastones, según los días del año, varias tiras de alambre, llenas de monedas de cincuenta céntimos (los antiguos dos reales, con su agujero en el centro), colgando del techo, una caja donde guardaba pelos de un familiar, hojas de olivo, del ‘Huerto de los olivos’, de Jerusalén. Hacía poco que había venido de allí y contaba que se echó a llorar, cuando entró en la iglesia de la Natividad de Belén, dónde nació Jesucristo, porque “lo hacía todo el mundo”. También tenía una calavera en su mesa de escritorio y toda clase de extraños cachivaches que se puedan imaginar.

Del cura José María se podrán decir muchas cosas, pero era un hombre generoso y abierto como pocos. Un día oí que le decía a un jerezano, que se encontró por la calle, “vamos a pegarnos un fogonazo” (en el bar). Era su forma espontánea y alegre de ir por la vida. Me regaló varios libros que conservo, entre ellos uno del beato Juan de Ávila, que leí con avidez aquellas tardes de verano. También me regaló un libro pequeño que él escribió, ‘Jérez del Marquesado y su Patrona’, que lleva una dedicatoria especial: “A mi buena madre, doña Rosa Ramón que le debo mi gran devoción a la Virgen, sin otra ilusión que el bien para todos”. En el prólogo del libro, el notario Ángel Casas escribió este párrafo: “Una corona con el escudo único de nuestra heráldica: ‘Soy vuestra Patrona y os salvaré’. Y nos salvará a todos, con nuestro párroco en cabeza. Porque él siente a la Patrona como nosotros; y él se siente jerezano por adhesión. Y por eso pasará a la Historia, como el párroco de la coronación y de la propagación del culto de nuestra Patrona en la ciudad de Barcelona”.
                                 
En el libro, el cura hace un repaso de la historia del pueblo, del masivo recibimiento que Jérez hizo a la bula del Papa Pablo VI, que autorizaba la coronación canónica de ‘La Tizná’, y la devoción que le profesan los jerezanos. Incluye varios himnos y poesías de vecinos, dedicados a la Virgen y, finalmente, le dedica más de veinte páginas a las direcciones de los vecinos, por orden alfabético –que él fue recopilando–, residentes en la provincia de Barcelona, así como en otras provincias de España y en el extranjero. Entresaco algunas frases del libro:
Con sus hermanas Carmen, Pepa y María, en Castril 
 



"Del 25 al 30 de octubre celebra su tradicional feria de ganados, acudiendo de los pueblos limítrofes de Albuñán, Cogollos, Lanteira, Alquife, La Calahorra, Güéjar Sierra y Alcudia de Guadix gran cantidad de ganado vacuno, cabrío y lanar que es acaparado por marchantes venidos de Levante, llevándose las ricas castañas para la noche de los Santos. Durante estos no faltan distracciones y baratijas: cine, tómbolas, sombrillas de bisutería, columpios, barquillas, casetas de tiro, conciertos de música y puestos de churros, alegría de chicos y grandes. Feriantes y ganaderos encuentran facilidades en sus instalaciones, establos y abrevaderos, así como hospitalidad y buen trato en alojamiento”. A continuación, prosigue describiendo la feria: “… ganaderos, pastores y marchantes acuden para hacer transacciones. Cada uno busca lo que le conviene: unos, cerdos engordados; otros, ovejas y cabras para el sacrificio, aquí mulos para el transporte, allí vacas de cría y de leche, y todos, compradores, vendedores y mediadores, una vez verificada la operación… el consabido ‘paseíllo’ al ventorro improvisado en el que no falta la fresca y reciente frita carne de cerdo, sangre con cebolla, asadura picante… “.
  En el libro abundan las fotos de paisajes y vecinos, de las calles y casas, con sus balcones de palo, fotos de procesiones, fiestas y corridas de toros, y el Picón, vestido de blanco. “El párroco (que esto escribe) que sigue de cerca a todos los jerezanos ausentes, ideó hace tiempo la reproducción de ‘la Tizná’ y trasladarla a Barcelona, para allí en la iglesia basílica más céntrica de la capital catalana, Santa María del Pino, reciba culto por la colonia jerezana y fieles en general”. Y finaliza (sic): “Así es mi pueblo… y esta es su Patrona que va a ser coronada canónicamente… Con el Niño-Dios en la mano… sobre un trono con escolta de ángeles… sin plata, sin diamantes… pues se adorna solo con los piropos que se inventan sus hijos. ¡Buena Señora, cuanto somos está a tus pies!... Recibe nuestro amor de hijos”.

  A primeros de marzo de 2010, hablo con su hermano Jesús (no sé si vivirá, pues he perdido su teléfono). Tiene 84 años y me cuenta que en 1929 José María ingresó en el seminario de la Cartuja, de Granada, porque se empeñaron su padre y su otro hermano. Allí estudió latín y griego, pero no le gustaba aquello y se salió. Durante la guerra, 'los rojos' lo detuvieron en Orce junto con el cura Eduardo Martínez Liria. Los obligaron a hacer el Vía Crucis por las calles de Orce y luego los encerraron en la iglesia, convertida en calabozo por el Comité Revolucionario. José María tuvo la suerte de que había hecho la 'mili' con el guardián. “Yo no puedo hacer nada por ti”, le dijo excusándose, pero José María le respondió: “Sólo tienes que abrir la puerta, para que me escape”. Jesús me lo contó así: “Llegó a mi casa y recuerdo que mi madre le fue quitando los trozos de la camisa que tenía pegados en las heridas. El otro cura murió en el calabozo, ‘reventao’ de los palos que le dieron. Se hizo maestro de adultos para que aprendieran a leer los periódicos y más tarde llegó a capitán con las Brigadas Internacionales. (…). Fue llamado a filas por el ejército republicano, del que llegó a ser comandante del Estado Mayor, en Valencia. Pero, cuando finalizó la guerra, se refugió en Francia”.

Con vecinos de Jérez. Foto Antonio L. Vázquez




Después de la guerra, José María regresó a España y celebró su primera misa en la iglesia parroquial de Orce, en abril de 1941. A la ceremonia asistieron el arzobispo de Granada, el vicario de Guadix y la marquesa doña Elisa Osborne, entre otras personalidades. Después, lo enviaron de padre preceptor al Puerto de Santa María, con la familia de los Osborne. Más tarde fue destinado de párroco a Castril, aquí, su hermana María conoció a Luis Muñoz y se casaron. Yo conocí a María en 2004 y, poco antes de que cayera enferma, logré sacar copias de dos fotos que tenía de su hermano. Me contó que a su padre le decían ‘el carretero’, “porque todos los carros de Orce y de Huéscar los hacía mi padre”. Por eso, José María heredó el apodo del ‘cura de los Carreteros’. María y Luis fallecieron hará unos seis años.

En otra ocasión, Jesús me contó esta anécdota de su hermano: “Estábamos paseando por la plaza de Castril y se le acerca una mujer diciéndole: ‘¡Ay, señor cura, hay una mujer que se le ha aparecido el demonio!’. Mi hermano fue a por agua bendita, pero nos daba miedo entrar en la casa, que estaba por debajo de la plaza. La mujer estaba tendida en un catre y, encima del dormitorio, había un agujero que era donde tenían la paja. Y la mujer decía: ‘Échele usted agua bendita, que está el demonio alrededor’”. Jesús quería mucho a José María y no para de contarme historias: “Cuando estaba de cura en Castril, fue una representación de aquí a hablar con el obispo de Guadix, pero medio pueblo de Jérez estaba en la calle dando voces, porque tenían un cura viejo y querían llevarse a mi hermano. El obispo le preguntó a José María: ‘¿Qué hacemos?’. Y él le respondió: ‘Lo que su eminencia diga’. El caso es que se lo llevaron a hombros. ‘¡Qué vergüenza!, contaba mi hermano, me llevaron como si fuera un torero’. Hizo mucho por Jérez (…). El murió con la sotana puesta. Yo me hice cargo de algunas de sus cosas: el cáliz, la Biblia, la sotana... Todo lo demás, se lo llevó la Curia. Cuando legalizaron el Partido Comunista, en 1977, mi hermano iba vestido de cura en Guadix y unos gamberros empezaron a reírse de él. El caso es que se tiró para uno de ellos y lo cogió por el pescuezo”.

Paseando con el alcalde, en Jérez. Años sesenta


      
Algo parecido me contó el jesuita, padre Manuel Cantero: José María iba a llevar la extremaunción a un enfermo y un labriego empezó a insultarle, diciéndole, “¡cuervo, cuervo!”. Pero, cuando regresaba a la iglesia, el cura se fue para el labriego y lo zarandeó. Una jerezana también me dijo que a su padre lo colocó en la mina. El catedrático de instituto jerezano, Antonio Vallecillos, que siente una gran admiración por el antiguo párroco pues lo conoció bastante, me contó que "José María iba andando un día por la carretera de Jérez, cuando pasó el coche del obispo de Guadix, pero este no se dignó saludarlo”. En Guadix sufrió mucho por la incomprensión y el olvido del pueblo de Jérez. Los últimos años, José María los pasó en la parroquia de San Francisco, de Guadix. Y cuando falleció su sobrina 'Lelo', él tenía una habitación en el asilo de las monjas, que hay subiendo para la iglesia de Santiago. Luis Muñoz recordaba así los últimos días de José María: “Vino de un viaje de Lourdes con los enfermos y, por poco se muere en el camino. Fue al Hospital Clínico, de Granada, a que lo operaran del estómago. Lo abrieron, vieron que tenía los intestinos podridos y lo volvieron a coser. Y al poco se  murió”.

Hará unos tres años estuve en Jérez, pues me trae muchos recuerdos, y visité la casa donde vivió. El dueño, al que le estoy agradecido, me enseñó las habitaciones: “En este cuarto tenía la biblioteca, este otro era el comedor…”. Por unos momentos reviví aquellas felices tardes de mi infancia, con el tío José María, como lo llamaba mi madre. Fue el párroco de Orce y de Castril, de Jérez y de Guadix, y de ninguna parte. Tan incomprendido por los suyos, como lo fue –y sigue siéndolo– el viajero Pedro Antonio de Alarcón. Estos días he ido al cementerio de San José, de Granada, a hacerle una visita a mis padres y al cura, y he salido impresionado: “José María Martínez Ramón, sacerdote, 1-8-1985”. Allí reposa, en un olvidado y humilde nicho, junto a su hermana Carmen, pegando al tejado. Para ver la fecha tuve que echar una foto y luego ampliarla. Yo tenía una deuda pendiente con él y he querido rescatarlo del olvido. Hace unos años me enteré que, la calavera que tenía en su mesa de escritorio, era de su madre, doña Rosa
José María, los americanos y el alcalde
, que falleció en 1947
.









Incluyo estos comentarios. El exconcejal de Granada, Jesús Valenzuela (falleció en 2019), afirmaba: “Colocó a medio pueblo de Jérez en la Seat de Barcelona”. El catedrático Antonio Vallecillos me decía: “Era un cura que se salía de la norma, pues se mezclaba con el pueblo a pesar de que era bastante culto. En la feria del ganado él intervenía. Era muy cortés con las mujeres y en Jérez se le recuerda todavía”. Y un familiar me dijo: “Cuando estuvo ingresado en el Hospital Clínico, antes de que falleciera, apenas fueron a visitarlo”. El 11/08/13 hablo con Jesús, el hermano de José María, le cuesta trabajo reconocer quién soy, mientras su hija Rosa me dice que tiene lagunas en la memoria: “Lo querían meter en jaleos los obispos, pero mi hermano les dijo, ‘si me hago sacerdote, es para la gente humilde’. En Castril lo querían mucho y de allí…”. Se atrancó aquí y no supo seguir adelante. 


Era un hombre muy culto, esta poesía se la dedicó al Callejón del Jardín, de Orce:


 Allí todos los recreos
acudíamos presurosos
para fumar a escondidas
o descansar sudorosos,
no faltando las peleas,
disputas o desafíos,
muy corrientes en tos los pueblos
mismo en mayores que en niños.

Y esta otra, a sus calles:

Las calles cambian de nombres
por imperio de los tiempos,
la memoria de sus nombres
no se la llevan los vientos.
Piedra de Ánimas, Mimbrera,
Nadaor y Poco Trigo,
El reloj con Arco de Baza
apoyan cuanto digo.

Este artículo lo incluí en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada. 2014


domingo, 28 de julio de 2013

sábado, 27 de julio de 2013

EL JARDÍN DE LOS MELOCOTONEROS



La perra Laika, cuando estaba sana



 Había quedado con el veterinario a las 6:30 de la tarde del 18 de julio, y a esa hora poco más o menos llegamos a su consulta. Al final, mi mujer tuvo que llevar en brazos a Laika, una perra vieja y enferma que apenas podía tirar de su alma; todavía recuerdo su andar cansino y torpe de aquella tarde, y el rabo balanceándose de un lado a otro. Hacía un año que le habían diagnosticado un cáncer en la nariz, y nos habían avisado que moriría asfixiada por el tumor. Luego empezaron a salirle unos bultos grandes, que ahora amenazaban con taponarle un ojo. Laika, de vez en cuando, se restregaba con la pata en la carnosidad; entonces la sangre manaba y ella, pacientemente, se iba relamiendo con la lengua. Fue la pasada Navidad cuando decidimos llevarla al veterinario, pero éste nos dijo que el animal podía vivir todavía un tiempo. El caso es que nos quitó un peso enorme de la conciencia y, sobre todo, la pobre perra iba a seguir con nosotros, aunque sólo fuera por unos meses. ¡Le habían concedido una prórroga y la muerte podía esperar!

 

Pero ahora estábamos en el tiempo de descuento. El albéitar, como buen amante de los animales, intentó convencernos de nuevo. Yo le expliqué que la perra apenas se tenía en pie y que sangraba con frecuencia: “No merece la pena, pues dentro de quince días vamos a estar en las mismas y, además, está sufriendo”. Entonces el veterinario puso a Laika encima de la mesa, y le cortó un poco de pelo de la pata delantera para pincharla. La perra, recelosa, nos miraba con cierta resignación, intentando encontrar en nuestros ojos la tranquilidad que a ella empezaba a faltarle en esos momentos. En su triste mirar de perra vieja se reflejaba el cansancio de los años, agravado por la penosa enfermedad. Y a medida que el cáncer avanzaba, sus ojos se fueron dulcificando. Pero ahora parecía decirnos: “¿Qué os creéis, que soy tonta? De sobras sé que la patata que me ha salido en la nariz, no es nada bueno. ¡Pero qué le vamos a hacer!...”.

 

El experto desistió de pincharla porque la perra empezó a ladrar, mientras se refugiaba en los brazos de mi mujer. “Está nerviosa y no le encuentro la vena”, dijo. En esto, mi esposa no dejaba de llorar y yo, por otro lado, tenía que hacer grandes esfuerzos para contenerme. El veterinario nos indicó que esperáramos afuera, pero le contesté que preferíamos estar allí dentro. Entonces le inyectó un sedante y, en unos segundos, vi que el animal cerró los ojos: se había quedado completamente dormido y con la lengua fuera, colgándole de la boca. Acto seguido, le puso una inyección de pentotal. Pero todo se me hizo demasiado rápido: “En cuanto le entra el líquido, se produce una parada cardiaca...”, oí que me decía. Y fue entonces cuando me acordé del viejo tango de Gardel: “Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando...”. Finalmente, la introdujimos en una bolsa de plástico y poco después la enterré en el jardín de mi casa. Cuando mis hijos llegaron de la playa, se hartaron de llorar, pues con Laika habían compartido más de la mitad de sus vidas. Tan es así, que, cuando les regañaba de pequeños, la perra canela se ponía a ladrarme, hecha una furia. Y cuando no tenía agua para beber en el cuenco, lo arrastraba por el suelo para llamar nuestra atención, o bien se echaba allí al lado. Habían pasado once largos años desde que la encontré acurrucada y aterida de frío en la arqueta de una obra.




         Pero lo que más me impresionó de toda esta historia fue Balto, su compañero inseparable. Balto se había criado con ella y nunca salía a la calle si no iban los dos juntos. Los canes se llevaban bastante bien, aunque en ocasiones se peleaban por la comida. Al principio, Laika fue como su madre pero, luego, cuando él se hizo mayor, se convirtió en su amante. Por eso, aquella tarde, cuando saqué a Balto a la calle, la buscaba con la mirada y olfateaba por todas partes, esperando que ella apareciera de un momento a otro. Luego, en casa, deambulaba como un sonámbulo y, de vez en cuando, se asomaba al lavadero esperando encontrarla echada en su sempiterno cojín. El corazón me daba un vuelco cada vez que observaba a Balto en su inútil búsqueda, pero él nunca sabrá que Laika duerme unos metros más allá. Al día siguiente, mi hija adornó la tumba de la perra con una vieja cruz de madera (hecha pacientemente con pinzas), de cuando estuvo en la escuela.



                                                    Balto y Laika, poco antes de morir
 
 
Confieso con cierto rubor que siempre tuve el jardín bastante abandonado, pues sólo había plantado un rosal y un par de melocotoneros, que pensaba arrancar. Pero esta noche de luna llena es la primera vez que me he sentado a contemplarlo con cariño, mientras el dulce resplandor de julio va clareando, mansamente, las sombras tristes de los árboles. Sin embargo, quiero significarle que no tengo ningún derecho a contar estas historias menores, cuando a diario se cometen tantas injusticias en el mundo. Aunque, también es cierto que los designios del Señor son inescrutables.

 

Unos días después de todo este duelo, cuando mi hija le decía, “¿dónde está Laika?”, el noble terrier olisqueaba el aire mientras se iba para el jardín de los melocotoneros. Pero el jodido perro ha cogido la fea costumbre de alzar la pata sobre un viejo bidón de agua, que los albañiles tienen en la cañada de Contreras.

 

      Posdata: no sabía cómo se llamaban antiguamente los terrenos de mi calle, y se lo pregunté a uno del barrio. “Pues a esto le decían antes la cañada de Contreras”, me dijo. Total que, en agradecimiento, le llevé una fotocopia del artículo a su casa y, al cabo de un par de semanas, me encontré al vecino y le pregunté: “¿Qué, has leído ya el artículo?”. Se ve que la pregunta le cogió con el pie cambiado, de manera que va y me responde: “¡Sí..., ya voy por la mitad!”.

  

Articulo del libro Gabia, la memoria perdida. También fue publicado en Ideal, el 6 de agosto de 2002

 
      Aclaración: el pasado día 24, mi mujer le dio media pastilla de Ranitidina a Balto, pues llevaba unos días con molestias en el estómago. Diez minutos después, mi mujer me llamó dando voces y con Balto en brazos: “¡El perro se muere, el perro se muere!”. Me explicó que le dio tos, seguida de temblores, y después se quedó echado en el suelo, como si estuviera muerto, durante unos minutos. Luego vimos que apenas se sostenía en pie y, cuando se levantaba, venía hacia nosotros. Estábamos asustados, esperando lo peor. Pero poco a poco se fue espabilando hasta que se repuso.

Leí las instrucciones del medicamento y hablaba de mareos, movimientos musculares del cuerpo anormales o temblores y de una larga serie de efectos adversos… Había sido la gragea, pues le había dado la mitad en ayunas en vez de la cuarta parte y, con la debilidad que tenía el perro y sus trece años (ya es un anciano), se le juntó todo. El día anterior yo había leído el relato de Laika (lo encontré en el ordenador), que precisamente murió hace once años, por estos días. Lo tenía prácticamente olvidado, pero me pregunto si esto que ha ocurrido con Balto  ha sido una casualidad o un aviso de lo que nos espera.

 
 

jueves, 18 de julio de 2013

EL GRAN OBAMA Y EL PEQUEÑO ESPIA







El presidente Obama y el espía Snowden


Deberíamos dar las gracias por lo que ha confesado Edward Snowden, exasesor de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana, o sea de la CIA. Por él sabemos ahora que espiaban nuestras llamadas y cientos de miles de ordenadores en los países europeos. A Obama tenía que caérsele la cara de vergüenza, porque si quiere espiar las llamadas de teléfono y los ordenadores, que haga un referéndum en los Estados Unidos y que se someta a lo que digan sus ciudadanos: si prefieren libertad o seguridad. O simplemente, que diga la verdad a sus ciudadanos, el presidente que iba a cerrar la cárcel de tortura de Guantánamo. Si esta información se descubre con el expresidente George Bush, habría manifestaciones de protesta y alborotos por todo el mundo, pero como es el presidente demócrata y muy simpático, pues todo queda en casa y a comer y callar. Porque el  Gran Obama se echa unos discursos, con su cara de no haber roto un plato, que ya quisiera Gila. A lo que ha llegado.

Los países occidentales apoyan al mentiroso de Obama por el servilismo y el vasallaje de siempre, y porque no quieren que les pase lo mismo: que a sus espías les dé por abrir el pico y luego pidan asilo en Venezuela. ¿Qué hacemos?, me pregunto. ¿Encarcelamos al delator, porque lo manda el Gran Obama, que nos protege de los Bin Laden? Ya sabemos que, el día de mañana, cuando un espía denuncie la corrupción o las muertes impunes, irá al talego, si no se lo cargan antes. El presidente Obama tiene permiso del Congreso para perseguir y matar a cualquier ciudadano, en cualquier país del mundo, por razones de la seguridad nacional. ¿Qué diferencia hay entre el tramposo de Richard Nixon, un hombre sin escrúpulos, del que se dice que ordenó matar a más de un agente secreto, y el '‘bueno’ de Obama? Yo creo que ninguna. Y cómo será el tema, que hasta la gran Francia, acompañada de España, Italia y Portugal le cerraron el espacio aéreo al avión de Evo Morales, porque lo ordenó el embajador americano, diciendo que iba el espía Snowden dentro del avión. Solemne estupidez que han aprovechado para quejarse los países sudamericanos, y con razón.

A Snowden tenían que ofrecerle asilo político en cualquier país democrático, en cualquier país europeo, pero entre unos y otros lo presentan como un delincuente y no tiene más remedio que echarse en manos de Maduro o de Morales (unos impresentables), y al final se refugiará en sus países. Como en aquella película de Robert Redford, que lo buscan para matarlo, porque se enteró de un secreto de Estado. También sorprende la pasividad de la sociedad occidental, que no es capaz de defender sus derechos fundamentales, como el derecho la intimidad personal y familiar, del artículo 18 de la Constitución española: “Se garantiza el secreto de las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial”.

Copio esta noticia de Ideal, del pasado día 15: “La canciller de Alemania, Angela Merkel, ha abogado por endurecer las normas de protección de datos en Internet de la Unión Europea (UE) y por forzar a las compañías de Internet a ser más abiertas en sus políticas en este sentido tras los escándalos de espionaje protagonizados por el Gobierno de Estados Unidos. ‘Alemania dejará claro que queremos que las empresas de Internet nos digan en Europa a quiénes están dando información’, ha dicho durante una entrevista concedida a la emisora alemana ARD. ‘Tenemos una gran ley de protección de datos’, ha manifestado”. Por una vez coincido con Merkel (aunque se ha quedado sola frente a los Estados Unidos y las demás democracias europeas), pues nuestra la sociedad no puede permanecer de brazos cruzados ante los abusos del Leviatán americano. Que cuenten con los ciudadanos, que para eso les votamos, y se supone que nuestros países son democracias.

Sin embargo, Vargas Llosa no opina igual en su artículo del El País, ‘Jubilar a los espías’, del domingo pasado, del que reproduzco unas frases: “En las encuestas que se han hecho en Estados Unidos sobre Edward Snowden, una mayoría aprueba que la inteligencia americana grabe las conversaciones privadas. Me temo que no sería distinta la reacción de la opinión pública de la gran mayoría de las sociedades democráticas que viven, como Estados Unidos, con la zozobra de ser de nuevo víctimas de los atentados terroristas (…). No es cierto que en sociedades como Estados Unidos o Suecia la legalidad se haya degradado al extremo de que sólo violándola se pueda ejercer la libertad. Ni Edward Snowden ni Julian Assange son paladines sino depredadores de la libertad que dicen defender”. Vargas Llosa habla de las encuestas, pero no ofrece ningún dato más sobre esa mayoría y él supone que en Europa también sería una mayoría de la opinión pública. A continuación, se contradice y se lía con la legalidad y la libertad, a las que sacrifica por causa del terrorismo. Aquí lo único cierto es que se está violando la libertad de los ciudadanos (el secreto de las comunicaciones telefónicas), en favor de la seguridad.

He admirado siempre a Vargas Llosa, pero si estas violaciones de derechos ocurrieran en países como Cuba, Venezuela, el Chile y la Argentina de las dictaduras, posiblemente el escritor peruano las estaría condenando. También se ha olvidado de otro pequeño detalle: las cuestiones de seguridad nacional, el terrorismo, la libertad, la seguridad, las comunicaciones telefónicas, etc., se debaten en el Congreso y se aprueban con leyes y reglamentos, que para eso votamos, pagamos y privilegiamos a esta casta de políticos. Es más, habría que preguntar: ¿Para qué tenemos un Congreso y un Senado? Y ¿para qué votamos cada cuatro años, en las elecciones generales?

Si en España el Gobierno no es capaz de garantizar “el secreto de las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial”, pues que lo diga y que derogue o suspenda el artículo 18 de la Constitución, o que convoque un referéndum, como el de la OTAN. Creo que los ciudadanos de la democracias occidentales somos lo suficiente maduros para sacrificar parte de nuestra libertad, en favor de la seguridad. Pero que se nos diga y se cuente con nosotros. En Suiza votan en referéndum sobre muchos temas con cierta frecuencia, su Gobierno cuenta con los ciudadanos, no espía ni persigue a los que denuncian el espionaje.


Se han preguntado, ¿por qué capturan a tantos en España, a través de las  redes sociales? Y si escribes o pronuncias una palabra relacionada con el terrorismo, posiblemente alguien te estará espiando al otro lado. Con el Gran Obama se están vulnerando nuestros derechos y, lo que es peor, ha convertido a los países europeos (Francia, Italia, Portugal y España…) en sus lacayos. ¡Pobre García-Margallo, como siempre las bofetadas fueron para España y tú pusiste la cara! Ahí nos las dan todas.



La bestia parece que se mueve y se lo debemos a Snowden.

miércoles, 3 de julio de 2013

LOS PROYECTOS DE DON CLAUDIO PENALVA

Don Claudio con su nieta






Hace unos días recibí un correo electrónico de Adrián Castillo Fernández, un amigo que trabaja en la emisora municipal de FM, de Cúllar, con este texto: “Soy aficionado a la historia local. Hace unas semanas me encontré esta curiosa noticia sobre D. Claudio Penalva Navarro en el diario ‘El Defensor de Granada’, el 25 de noviembre de 1899. Como creo que puede serte de interés, aquí te adjunto el citado artículo, sobre una de los primeros proyectos hidroeléctricos en la Comarca de Baza-Huéscar. A menudo me tropiezo con temas como este en mi "deambular" por la Hemeroteca de Andalucía y en mis ratos libres publico alguna entrada en mi blog "Tierra de Cúllar". Como tengo ya un artículo publicado en mi blog, sobre la figura del célebre cirujano de La Puebla, me puse manos a la obra.

‘El Defensor de Granada’ se hace eco de un “Proyecto importante” –así lo titula–, y le dedica casi una columna. Principia así: “En el Gobierno Civil de esta provincia presentó ayer el rico propietario de Huéscar, D. Claudio Penalva y Navarro un proyecto de aprovechamiento de agua para la producción de energía eléctrica, que por su importancia para la industria de aquella región, creemos conveniente dar a conocer, siquiera sumariante a nuestros lectores”. La idea es aprovechar todo el caudal de agua del río Guardal, con objeto de aplicarla como fuerza motriz para la instalación de una fábrica destinada a suministrar alumbrado eléctrico y transporte de energía para usos industriales, “que dé luz a los pueblos de Huéscar, Baza, Guadix, Puebla de Don Fadrique, Cúllar Baza, Galera, Orce, Benamaurel, Zújar, Caniles y otros pueblos”.  El caudal del río a finales del siglo XIX, según D. Claudio,  es de 1.500 litros de agua por segundo y, para ello, se utilizará un enorme salto de agua, de 105,73 metros de altura y la fuerza efectiva será de 1.264 caballos. La presa se construirá en el Canal Ballesteros Altos, a unos diez kilómetros de Huéscar, “tendrá dos metros de altura, y el espesor de un metro en la coronación y 6.5 m. en su base. El presupuesto de las obras, hasta poner el agua utilizada en condiciones de producir energía, es el siguiente: costo del canal de entrada,  pesetas 63.123,42: costo del de salida, 300. Total 63.423,42”. A la solicitud del propietario al gobernador, le acompaña una memoria y los planos de las obras, diseñados por una compañía de Barcelona, “bajo la inmediata dirección del ilustrado –querrá decir ilustre– ingeniero D. Francisco Casamajó. Reconociendo la importancia de este proyecto, han hecho proposiciones a D. Claudio Penalva para asociarse a la explotación varias importantes casas de España y de París, y algunos capitalistas de la región”.

           ‘El Defensor de Granada’ finaliza la crónica diciendo que “si el proyecto se aprueba y llega a realizarse, es probable que en plazo no lejano queden unidas por medio de un tranvía eléctrico las provincias de Murcia y Granada, pues actualmente se estudia el enlace de Murcia con Caravaca, y una vez el tranvía en esta población podría utilizarse la fuerza motriz de la fábrica de Huéscar para hacerlo llegar desde Caravaca hasta Guadix”. Lo de unir  las provincias de Murcia y Granada con un tranvía, se quedó en las buenas intenciones, pues, la primera línea de la sociedad ‘Tranvías Eléctricos de Granada’ se abrió en 1904, entre Cocheras-Puerta Real y Plaza Nueva, y en los años siguientes se extendió a los pueblos del Área Metropolitana, sin olvidarnos del tranvía de Sierra Nevada, que se inauguró en 1925. Por lo demás, la provincia de Granada siempre tuvo unas carreteras tercermundistas,  debido a la orografía y al ser una de las provincias más pobres. Se puede decir que las provincias de Murcia y Granada se unieron con la línea férrea de Guadix a Almendricos. El tramo Baza-Guadix entró en servicio en 1907, después de que comenzara a funcionar en Almendricos, en 1876. Pero la línea Baza-Guadix fue cerrada en 1984 por el Gobierno de Felipe González, con la solemne excusa de que no era rentable, aunque en realidad fue para costear el AVE de Sevilla a Madrid. A esto hay que añadir que, con la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona del 92 (un político japonés confesó entonces que su país no hubiera podido organizar estos dos eventos, por falta de presupuesto), España quedó arruinada de tal forma que no había dinero ni para pagar a los pensionistas en 1996. Recordemos que la comarca de Baza sufrió restricciones de agua, mientras que las fuentes de la Expo de Sevilla la malgastaban a raudales.

Precisamente, el Gobierno socialista sacrificó la única vía férrea que tenía la zona más pobre de España –las comarcas de Guadix y Baza–, para ponerle el AVE a Sevilla. El razonamiento es así de simple: le quitamos el tren y el agua a estas comarcas para que la Expo de Sevilla y la imagen de España triunfen en el extranjero. Es necesario que estas comarcas sigan en la pobreza y sus habitantes emigren a la costa, para que Sevilla progrese y alumbre por sí y a la Humanidad. A pesar de que condenaron –una vez más– a la región a la Prehistoria, esta siguió votando masivamente al socialismo, como si aquí no hubiera pasado nada. Y hoy día, hasta para arreglar las carreteras –como la de Benamaurel a Huéscar– la Junta dice que no tiene dinero, mientras va pagar 127.000 euros en dietas a los parlamentarios, en los meses de verano que está cerrado el Parlamento.

   
Siguiendo con el tema que nos ocupa, Huéscar y Galera consiguieron el alumbrado eléctrico en el año 1906 –siete años después de que D. Claudio presentara su importante proyecto al gobernador civil–, mientras que Zújar y Benamaurel lo tuvieron un año más tarde. A Baza llegó la luz en 1908, de manera que cada ciudad tenía su fábrica propia.  Muchos años después, cuando D. Claudio Penalva era ya un afamado cirujano, dio una célebre conferencia “ante una gran concurrencia, en el Círculo Instructivo Obrero de Huéscar, el 6 de marzo de 1928”. Este  histórico discurso viene recogido en el libro ‘En defensa del Canal de Bugéjar’, editado en el año 2000 por el Patronato Municipal de Cultura y Deportes, de Huéscar. Esta vez, el cirujano proponía la construcción de un canal y que no se llevaran el agua de los ríos de la comarca de Huéscar a las provincias de Murcia y Almería. En su alocución, denunciaba que “se proyecta llevarse las aguas de los ríos Castril y Guardal a larga distancia, transfiriendo los derechos que a ellas tenemos, desde los años 1774, en contra de toda lógica, razón y justicia. Escasos de aguas algunos pueblos de las hermanas provincias de Almería y Murcia (alegando su abolengo de mejor derecho)…, han pretendido de los poderes públicos el aprovechamiento de las aguas que nos pertenecen y debían estar regando al menos desde principio de este siglo, 26.000 has”.


Don Claudio advertía en su discurso sobre la tragedia que le espera a la región: “El agua es vida, los pueblos que no la tienen, están predeterminados a la decadencia y aún a morir de inanición, si no se avienen a comer el negro pan de la emigración…”. Pero, también, le preocupaba la opinión de las generaciones venideras: “…de forma que sean conocidos públicamente y por las juventudes que han de enjuiciar el porvenir, o execrar tal vez, la actuación de la generación presente, si no defiende sus inmanentes prerrogativas y derechos, otorgados en bien de este fértil territorio”.


Don Claudio hacía esta pregunta con amargura: “¿Estamos nosotros ya, en el plano moral de indígenas no protegidos, para que se nos condene a contemplar eterna y dolorosamente el establecimiento de una servidumbre de paso de aguas sobre la tierra y hogar, donde nuestros mayores derramaron lágrimas en sus amarguras y los sudores de su honrado trabajo?... y ya que a este acto concurren representaciones de la región, estampemos la más enérgica protesta al otorgamiento de toda concesión, pues éste es el sentir general y el eco de la voz angustiada de nuestros antepasados… Este canal que yo llamaría Canal Primo de Rivera…”, y hablaba de compartir el agua con las provincias levantinas. Mencionó de paso los estudios que estaban haciendo en el pueblo de San Clemente, “donde se proyecta la construcción de un pantano al que verterán los volúmenes del Castril y Guardal”. Y al final, daba las gracias a los asistentes por los aplausos y “los elevo ante el Gobierno de S.M.D. Alfonso XIII en súplica, de la justicia que nos asiste y merecemos”. El canal que proponía Don Claudio no llegó a construirse, pues en 1930 se vio obligado a dimitir el general Primo de Rivera, acabando la Dictadura. Y el pantano de San Clemente, en el rio Guardal, fue terminado en 1990. Con anterioridad, en 1984 se construyó el Pantano del Negratín, que abastece de agua a las provincias de Sevilla, Córdoba y a la comarca del Almanzora, mientras que no hay agua para regar las 23.000 hectáreas que fueron aprobadas para quince pueblos de las comarcas de Baza y Huéscar. La historia de siempre.


 Se puede decir que Don Claudio fue un adelantado de su tiempo, con visión de futuro y un defensor del Altiplano. En la Zona Norte faltan personas de la talla del cirujano de La Puebla, que presenten planes y proyectos y que adviertan de los peligros de la inercia de la Administración y de la tradicional pasividad de los habitantes de la zona. Si dejan a las comarcas del Altiplano sin agua para regar y sin la vía férrea, ¿qué futuro les espera? “Comer el negro pan de la emigración”, como pronosticó Don Claudio, hace casi un siglo.

Posdata: La noticia era corta pero muy interesante, estamos a final del siglo XIX, con las clásicas farolas de gas en las calles, mientras que los quinqués y los braseros de picón en las casas hacen el avío. Y he aquí que un propietario viaja a Granada para proponer una fábrica de luz para Guadix, Baza, Huéscar, etc. En 1897 el Ayuntamiento de Granada y la Cía. General de Electricidad habían firmado un contrato de alumbrado eléctrico diario, para las principales calles y plazas de la ciudad, durante cinco años. Ahora sabemos un poco mas de la historia de nuestros abuelos. Ganivet decía que la electricidad acabó con la unidad de la familia, pues antes estaban todos los miembros reunidos alrededor de la mesa camilla. No andaba descaminado.



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