miércoles, 28 de octubre de 2026

POR LOS BARRANCOS DE CASTILLÉJAR

 



El pasado 21 de octubre cinco amigos de Castilléjar hicimos el sendero por Los Barrancos, en el panel informativo viene como Sendero Badland de Castilléjar, PR-A-388.   



El río Guardal venía crecido pues los días anteriores había llovido. Fuimos por el Barranco Hondo y al fondo se veía el Pico de la Loma Alta.



Unos centenares de metros más abajo está el Puente de las Juntas, donde se unen los rios Galera y Guardal.









A lo lejos se ve la antigua carretera de Benamaurel que asciende por el monte y, un poco más arriba, se encuentra la Fuente del Cuco, que fue restaurada hace varios años. Se encuentra abandonada









La Presa del Cura estaba cubierta por la vegetación. En la curva del rio había un remanso con el agua transparente, aquí solíamos bañarnos. Más abajo hay un salto de agua. Seguimos caminando entre los álamos de la ribera.





Más adelante, en la margen izquierda del río, hay campos de pimientos de un empresario murciano que se destinan para hacer pimentón. En los años sesenta, se vendía la marca El Aeroplano, de Novelda. Con los años le cambiaron el nombre por El Avión pero conservando el mismo dibujo, y hoy se le conoce como colorante alimentario. Conforme ascendíamos por la pista de Los Barrancos, se veía el esparto en flor así como los yesos lacustres, alargados o en forma de flecha. Yo me traje uno de recuerdo.








La famosa Cueva de los Amos pertenecía al oscense Pedro López Carbonero, que era el propietario de muchas tierras,  de la fábrica de la luz, que estaba por debajo del molino, y de la almazara. Detrás del panel informativo hay un pequeño horno de yeso. Más adelante se encuentra el Mirador.









En el centro destaca el caserío de Castilléjar y, a la izquierda, la aldea de Los Olivos. Más acá se aprecia el contraste de las cárcavas sombreadas por el cielo cubierto de nubes. Es un paisaje desértico y a la vez inhóspito, que impresiona al caminante. Parece un cuadro pintado a grandes pinceladas.









Llaman la atención los cerros moteados en forma de pirámides, entre el sol y la sombra. Los Barrancos son una zona árida y esteparia, como el norte de Marruecos o el desierto de Arizona; sólo se ven antiguos caminos de herradura y abundantes matas de esparto en la cara norte de los montes.



 






Al descender de los Barrancos se observan la vega y Castilléjar. Y en el horizonte sobresalen las Sierras de Castril y de Cazorla, Marmolance y la Sagra, que domina el Altiplano. En el sendero, los cinco amigos comentamos que de niños solíamos ir a la Ciudad de las Zorras, con Luis el Latas, teníamos que cruzar varias ramblas, en dirección al Este. Allí había algunas madrigueras pero nunca vimos las zorras.

Aspecto de la vega desde la Presa del Cura, mientras que Castilléjar parece un pueblo blanco elevándose sobre el cerro. En las primeras horas de la mañana el cielo estaba nublado pero se despejó sobre el mediodía.













El agua del rio Galera baja así de sucia, por los vertidos.






Después de hacer unos doce kilómetros, regresamos entre los álamos de la ribera y los campos de la vega. 




Quiero hacer unas precisiones. En el panel informativo viene Sendero Badland (es badlands) de Castilléjar, pero omiten el topónimo los Barrancos a pesar de que discurre íntegramente por ellos. En Google viene: Mapas Geoparque de Granada/ Ruta Badland de Castilléjar, pero lo sorprendente es que Los Barrancos ni siquiera figuran en el Geoparque de Granada. Han desaparecido oficialmente y los han sustituido por un anglicismo que significa tierras baldías o yermas. Copio lo que me decía Manuel el Chato, del barrio de Los Evangelistas, en 2024. Entonces, en Castilléjar ‘tos’ se dedicaban al esparto, menos los cuatro señoritos. Lo pagaban a dos pesetas la arroba y tenías que coger unas siete arrobas para poder vivir. Se refiere a los años cincuenta. El esparto ayudó a sobrevivir a miles de familias, pues fue la principal actividad de Castilléjar. Después lo llevaban en carros a las fábricas de transformación en Calasparra (Murcia) y a Cabra del Santo Cristo (Jaén). En los años sesenta los plásticos provocaron el declive del esparto, por lo que los esparteros se vieron obligados a emigrar a Cataluña y a Europa, muchos de ellos han fallecido. Cuando yo era niño, en los atardeceres veía desde la calle del Rosario a las reatas de burros de los esparteros, regresando al pueblo, por las veredas de los Barrancos. No estarían de más unos renglones dedicados a los cientos de esparteros, en los paneles informativos del sendero, y sería de justicia dedicarles una estatua en su memoria. 




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