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| Casa de don Eliseo, en parte superior. Años 60 |
Pepe
Pinteño, maestro jubilado
Amigo Leandro: Aquí van las dos anécdotas que recuerdo haber escuchado cuando era joven, en nuestro querido
pueblo, Castilléjar. Las dos tienen como protagonista a don
Eliseo, de quien todavía se conserva la casa en la que vivió, convertida,
al parecer en hotel. Don Eliseo fue
médico y, según mis noticias, tenía fama de ser gran lector. Disponía de
una extensa biblioteca, cosa nada común en aquella época. Si no me falla la memoria,
las dos anécdotas me las contó don
Miguel Lozano, gran persona, excelente profesional de la enseñanza y poseedor
de una cultura descomunal. Una de las personas, si no la que más, con mayor
cultura de cuantas he conocido. Guardo de él un recuerdo entrañable, primero
como maestro mío que fue y, después, como amigo. Aunque, en realidad, siempre lo consideré mi maestro, porque bastaba
charlar con él para continuar aprendiendo de su enorme sabiduría. Estoy
convencido de que la inmensa mayoría de quienes fueron alumnos o amigos suyos
estarán de acuerdo conmigo en todo lo que he dicho de él.
Vamos
con la primera anécdota. Me contaba don
Miguel que un día estaba sentado en un banco, frente al taller de Pepe el
de Eufemia, junto a varias personas del pueblo, entre ellas don Eliseo.
Entonces era costumbre que la gente se reuniera para charlar tranquilamente. En
un momento dado, vieron venir por la parte final de la calle Mayor a un hombre
con dos mulos cargados de leña. Seguramente la llevaría a alguien que se la
habría encargado. La leña se utilizaba en aquellos tiempos para el fuego, la
lumbre, que se hacía tanto para cocinar como para calentarse durante el
invierno. La leña era un don preciado
que no podía faltar en ninguna casa durante los duros inviernos de Castilléjar. Al llegar el hombre con
los mulos a la altura del banco donde charlaba el grupo, don Eliseo lo llamó y le dijo: Buen hombre, ¿a cuánto se cotiza la
unidad de carga que gravita sobre el dorso del cuadrúpedo? El campesino, un
tanto sorprendido y aturdido, supongo, y sin comprender qué le había dicho don Eliseo y, seguramente sin saber
tampoco qué contestar, no se le ocurrió otra cosa que responder: ¡No, no, es
leña; es leña! Y siguió su camino, pensando
qué diantres le había preguntado el médico con aquellas palabras tan raras.
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| Fachada actual de la casa |
Segunda anécdota. Al parecer, el secretario o un funcionario del Ayuntamiento de Castilléjar, acompañado de un municipal, fue a casa de don Eliseo por algún asunto que atañería al conocido médico. Al llegar, imagino que preguntaron por él y los condujeron al despacho, donde se encontraba don Eliseo. Supongo que, después de los correspondientes saludos, el médico los invitaría a sentarse y el funcionario le explicaría el motivo de su visita. La cuestión es que se extendería bastante en la exposición, porque don Eliseo cansado de escucharlo lo interrumpió y le hizo una pregunta: ¿Usted ha leído ‘Hamlet’, de Shakespeare? El funcionario, posiblemente sorprendido tanto por la interrupción como por la pregunta, respondió que no. Pues bien, dijo el médico, según se relata en Hamlet, de William Shakespeare (Acto II, escena II): Estaba un día Hamlet en una estancia del castillo de Elsinor, cuando Polonio se acerca a él con su habitual actitud entrometida y aduladora. Hamlet, continuando con su fingimiento de locura, lo recibe mientras está leyendo un libro. Polonio le pregunta: ‘¿Qué estáis leyendo, mi señor?’. A lo que Hamlet le contesta: ‘Palabras, palabras, palabras’. Don Eliseo haría entonces una pausa y añadiría:
—¿Qué ha dicho usted desde que ha llegado? Palabras, palabras, solo palabras. ¡Vaya al grano, hombre de Dios!
Todo esto se conoció seguramente porque él mismo lo contaría, orgulloso de su gran formación a consecuencia de su amor a la lectura. Yo siempre he pensado que son dos anécdotas sencillas, pero que, a mi entender, encierran mucho de aquellos añorados años para tantos de nosotros.
Nota: Don Eliseo Avellán Fernández nació en Castilléjar, en 1888, y falleció en Mazarrón (Murcia), en 1965, según la información que me ha proporcionado Dori Carasa, pariente de don Eliseo. Ejerció de médico en Murcia y además tenía una casa solariega en la Calle de la Iglesia, que fue construida en 1901. Un matrimonio belga la compró en 2024 y la ha convertido en un hotel de turismo rural, respetando la estructura original. La ha llamado ‘La Casa de don Eliseo’, en recuerdo del prestigioso médico.


Querido amigo Leandro:
ResponderEliminarLos que tuvimos la inmensa suerte de tropezarnos en aquellos años con personas como las que mencionas, absorbimos queriendo o no, una exquisita educación que nos ha acompañado siempre y que nos ha hecho mejores personas, más humanos.
Ahora mismo recorren mi mente un buen puñado de personas que me ayudaron y mucho a ir desarrollando capacidades que nunca han dejado de servirme, personas entrañables que en muchos casos ya no están con nosotros pero a los que seguimos recordando con mucho cariño.
Un abrazo como yo de grande.
Caro amigo Roberto. Yo tengo una anécdota con don Eliseo, a comienzos de los años sesenta, y no se me olvida. Tendría yo ocho años, salía de la iglesia y le cedí el paso en la puerta interior. Su respuesta fue: "Eres el niño más educado del pueblo".
ResponderEliminarJuan Ramón Martínez. Gracias. Esas anécdotas y otras más eran muy conocidas en nuestra niñez. Bueno es recordarlas. Un abrazo
ResponderEliminarLeandro. Me alegro de que te hayan gustado. Un abrazo
Dori Carasa. Muy curiosas esas anécdotas de D. Eliseo. Mi parentesco con él era muy lejano, ya que era primo hermano de mi abuela Pepa. Un fuerte abrazo
Leandro. Fue todo un personaje. Un saludo
María Fresneda. Hola Leandro gracias por contar esta anécdota que yo no conocía, he pasado por la puerta de la casa después de rehabilitarla pero no he entrado. Me comentó Pepita que habían respetado bastantes detalles, un saludo amigo
Leandro. Una casa con mucha historia. Un abrazo
Antonio Guirao. Hola Leandro y mil gracias por estas curiosas anécdotas. Un fuerte abrazo
Leandro. El mérito es de Pepe el de Petra, yo pongo la cartelera. Tú también tienes mucha historia
Miguel Coscones. Te quería decir unas cuantas cosas pero con este cacharro no me aclaró, te mando un fuerte abrazo de este tu amigo que jugábamos todos los días, te deseo, Salud, Paz, y Libertad de un Castillejarano
Leandro. Eres un caso perdido, porque me llamas cada diez años. Un abrazo, amigo Miguel