Me aficioné pronto a la lectura, por una sencilla razón: mi padre vendía tebeos y, en más de una ocasión, soñé con aquellas mágicas cajas de cartón que, cada cierto tiempo, llegaban a casa. Venían cargadas de centenares de tebeos, donde pululaban multitud de personajes pintorescos y medievales, a quienes les ocurrían mil y una aventuras por esos mundos de Dios: El Jabato, El Guerrero del Antifaz, de Manuel Gago, Roberto Alcázar y Pedrín, Hazañas bélicas... Y otros actores más pacíficos, como Carpanta –siempre hambriento–, Doña Urraca, Carioco, el Reporter Tribulete, Mortadelo y Filemón..., de aquella gran Editorial Bruguera, que tan mal se portó con sus mejores colaboradores y que, al final, acabó desapareciendo. Pero todo aquel mundo de fantasía se venía abajo si no le presentaba a mi padre una plana diaria, con letra bastardilla, que tenía que copiar de un manuscrito de mi bisabuelo, del siglo XIX, y que conservo como una reliquia.
Víctor Mora, el creador de El Capitán Trueno, en noviembre
de 2006 fue homenajeado en Almería, con ocasión del cincuenta cumpleaños de su
hijo predilecto, aquel legendario
capitán de los cruzados, que vivió en el siglo XII: Siempre escribí con temor... Por eso las historias de Trueno
transcurrían fuera de España, confiesa Víctor.
En 1956, él y su esposa Armonía eran
miembros del PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña), por lo que fueron detenidos por masonería
y comunismo, según el acta de acusación. Ese año salió a la luz la primera
aventura, titulada A sangre y fuego –en la portada, nuestros tres héroes están
dando una tunda de palos a los sarracenos–, que entonces dibujaba Miguel Ambrosio, Ambrós. Eran cuadernos apaisados, que se editaban cada quince
días, al precio de 1,25 pesetas. Yo recuerdo cuando valían a 1,50 y todavía
conservo varios tebeos de Trueno Color, de 1969, al precio de ocho pesetas. Víctor Mora tuvo también
problemas con la censura, pues no era bien visto el concubinato de Trueno con Sigrid. Fue en mayo de 1982, cuando el Telediario anunció que Trueno y Sigrid por fin consuman su amor.
En las viñetas, nuestros héroes aparecen desnudos en el catre, emprendiendo una
nueva aventura.
Los primeros
cuadernos causaron sensación, pues se
editaron 618 números y debido a su gran popularidad, la serie llegó a vender hasta 350.000 ejemplares a la semana. Pero, tras la quiebra de la desastrosa
Editorial Bruguera, Víctor firmó contrato con el Grupo Z, y ya en 1987 lo hace
con Ediciones B y fue traducida a varios idiomas. Siempre soñé con escribir las aventuras de un caballero andante, que
lucha por la justicia, la libertad, la fraternidad y la paz. En toda la
historia subyacían unas ganas de que el mundo se arreglara –recuerda
Víctor, y apostilla–: Trueno era un héroe
pero no era un tipo que se las diera de algo. No era pretencioso. En cuanto
a los personajes que acompañan al Capitán,
tenemos a Goliath, apodado el Cascanueces,
que además es un tragón; el joven Crispín, que es hijo del conde de Normandía,
y la romántica Sigrid es la reina de la isla de Thule. Ella apenas salía en
escena, por eso era una delicia contemplar a aquella rubia tan apuesta, de
manera que uno acababa enamorándose de la heroína.
Nuestros amigos suben por la vertiente de la montaña,
y de repente... Van a caballo y El Capitán Trueno exclama: ¡Estamos perdidos! ¡Es un alud! Los
caballos son arrastrados por el alud de nieve, pero, no sé cómo se las apañan
nuestros héroes, que se libran siempre de toas,
toas. Con gesto de fanfarrón, uno de
los gigantones alarga la mano hacia Goliath, y... Total, que el tuerto le
arrea un tremendo puñetazo al majareta en todo el ojo. Buen golpe, Goliath. ¡Ja, ja, ja!, se monda de risa el inquieto Crispín. El éxito de la serie se debió, sin duda, a aquellos guiones llenos de
acción y humor de Víctor Mora, que
mantenían el suspense semana tras semana, sin olvidar a estos personajes
simpáticos y humanos, que llenaba de colorido el dibujante Ambrós.
Hoy los tebeos son un
recuerdo de nuestra infancia –desde hace años se les llama cómics, se ve que no han
encontrado un nombre mejor en español– y
sólo nos queda el consuelo de refugiarnos en aquel tiempo donde bastantes
generaciones de niños recorrimos países exóticos y navegamos por mares
procelosos, viajamos en globo y bajamos a tenebrosas cavernas, sorteamos infinitas
aventuras y nos enfrentamos a toda clase de malvados, malandrines y tiranos de la mano del caballero cruzado Trueno,
del tragaldabas Goliath y del valeroso Crispín. Por eso, hoy tendríamos que
decirle a nuestro héroe: No te jubiles,
mi Capitán. Seguro que él nos miraría de soslayo desde la viñeta y,
esbozando una sonrisa y blandiendo la espada, volvería a entusiasmarnos como
entonces: ¡El Capitán Trueno no se rinde nunca! Parecido a la película de El club de los
poetas muertos.
Víctor Mora Pujadas nació en Barcelona, el 6 de junio de 1931,
y falleció el 17 de agosto de 2016. Fue escritor,
traductor y guionista de tebeos. Era hijo de exiliados republicanos, por lo que
vivió en Francia hasta 1941, en que
su familia regresó a España. Logró
la fama en su juventud como guionista de El
Capitán Trueno, El Jabato y El Corsario de Hierro, personajes infantiles a
quienes dio forma el dibujante valenciano, Miquel
Ambrosio, y fueron publicados por la editorial
Bruguera, donde trabajó Víctor desde 1956.
Artículo publicado en Ideal en Clase
https://en-clase.ideal.es/leandro-garcia-casanova-setenta-aniversario-de-el-capitan-trueno/


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