sábado, 21 de marzo de 2020

COMENTARIOS A “LEANDRO: CASTILLEJA DE LOS RÍOS EN BLANCO Y NEGRO”




Ha salido casi todo el pueblo con la Patrona






El 11 de marzo colgué en Facebook el video de mi libro “Leandro: Castilleja de los Ríos en blanco y negro”, que elaboró el periodista de Ideal Antonio Arenas. El libro es una edición de autor, tiene 252 páginas con 165 fotos en blanco y negro, de mediados de los años 50 a los 70, que hizo mi padre, el fotógrafo Leandro. Fue compartido 14 veces y recojo algunos comentarios que hicieron. En la última página del libro dice así: "Este libro se terminó de imprimir el 22 de febrero de 2020...". Le dije al impresor que pusiera esta fecha, en recuerdo del veinticinco aniversario de la muerte de mi madre Dora.
José Correa: Extraordinario trabajo, espero poder adquirirlo, aunque ese documento histórico no hay dinero para poder pagarlo.
Miguel Ángel Rivas, historiador del CEPS: Enhorabuena Leandro. Las fotografías antiguas son el mejor instrumento para reconstruir y recordar nuestros pueblos y nuestras gentes. Un abrazo.
Amalia Pedrosa: Yo soy brasileña. Mi padre está enterrado en el cementerio de Castilléjar, fue a pasar unas vacaciones y al día siguiente de llegar sufrió un infarto falleció en el hospital de Baza y la familia tomo la decisión de dejarlo en su pueblo con sus amigos de los que nunca paró de contarnos historias de su querido pueblo. Se llamaba Roque Pedrosa Garcia
Jesús Manuel Sola Olivares, de Marbella: a mi también me gustaría tener un ejemplar, mis raíces andan por ahí, mi abuelo frecuentaba esos lares....
Marijose Muñoz, pintora del Centro Artístico de Granada: Felicidades Leandro, tu padre debe estar orgulloso!
Leandro: No te puedes imaginar lo que le hubiera gustado ver muchas de sus fotografías recogidas en un libro.
MJM: Me lo imagino, por eso te felicito... Seguro que te ve, querido amigo!
Eli Fernández Pérez: Diré aun familiar que me guarde uno, muchas gracias por hacer que no olvidemos nuestras raíces
María Fresneda: Hola amigo Leandro, seguro que será un éxito, gracias por compartir y darnos tantos momentos vividos a través de tus libros. Antes como no se hacia uno muchas se guardaban como tesoros y gracias a tu padre que habría que hacerle un homenaje por todo lo que representó como cartero y fotógrafo, quién no recuerda las tardes de reparto del correo
Maicaa Iglesias, de Asturias: Hermoso, además de disfrutar haciéndolo me atrevería a decir que es un apasionado de su tierra y parajes.
Pepi Romero: Yo también miraré de hacerme con uno será bonito nos traerá muchos recuerdos
Carmen Martínez Lorente: Cuanto me gustaría poder ir a la presentación pero por nada del mundo voy a renunciar a un ejemplar. Muchas felicidades
Pili Fernández: Me alegro, Leandro, que ya lo hayas terminado, me siento orgullosa que con algunas de esas fotos también he colaborado un poquito
Rosario Serral Montore: Enhorabuena, Leandro... Ojalá estuviera en Galera para acompañarte.
Gloria Blázquez Masegosa: Me alegro mucho Leandro de ese nuevo libro. Estoy segura que será muy ilustrativo e interesante. Más tratándose de un legado tan hermoso como fue el trabajo de tu padre.
Maricarmen Gómez: Aquí estaremos
Tomasa Gómez: Hola Leandro, tu padre me hizo el reportaje de fotos el día 21 de marzo del 73. Me gustaría saber si salimos en el libro.
Antonio Martínez Lorente: Que pena no estar, pero cuenta que uno lo cogeré cuando vaya, que no será muy tarde. Que tengas el éxito que te mereces
Julián Romo; Gracias, Leandro, por este trabajo con el que me siento totalmente identificado ya que nos lleva a nuestra infancia y juventud con recuerdos imborrables 
Dori Carasa, maestra: Te deseo un gran éxito, seguro que lo tendrás. Siento no poder asistir
José Ángel Rodríguez, presidente del Proyecto Sierra de Baza: Suerte con el trabajo y su difusión
Elisa Zújar San Pelayo, miembro del CEPS: Enhorabuena, Leandro
Mariano Barrachina, de Galera: Leandro, esto solo tú sabrás la alegría un día después, gracias amigo por compartir tu intimidad 

Las casas, la vega y los Barrancos. Pili Fernández

Pedro Romera: Eres un fenómeno, amigo Leandro
Cirilo Vico, profesor: Leandro, te agradezco especialmente que aparezca mi nombre en el libro: ¡un detallazo de tu parte!
16/3 Carlos Durán: Hola  Leandro. He recibido tu libro, le he dado un vistazo y me ha parecido entrañable. Aprovecharé estos días para leerlo, regresar a los recuerdos de la infancia, será como un bálsamo para sobrellevar estos días de incertidumbre y zozobra. Espero verte algún día por el pueblo. Un abrazo amigo.
12/04 Carmen Mañas Gómez: Cuando todo esto pasé y podamos salir de casa iré al pueblo y lo compraré si quedan

Ángeles Torregrosa Dengra:  Hola , he comprado tu libro Castilleja de los RIOS. Te doy las gracias por hacernos viajar en el tiempo. He sentido nostalgia y a la vez alegría. Has sabido narrar la esencia de aquel tiempo y llegar a nuestros corazones con las fotografías. Gracias y un saludo.
Felipe Heras y Amparo Mañas: Esta tarde hemos recibido tu libro, Nos ha confortado abrirlo y encontrarnos con los maravillosos años de nuestra infancia y juventud, con nuestra gente, nuestro paisaje, con nuestro verdadero y entrañable pueblo, ese que nos empuja a visitarlo con ilusión pero que cuando llegamos, casi no lo reconocemos de lo que ha cambiado su aspecto, sus gentes. Por eso tu libro nos ha insuflado un soplo de alegría al encontrarnos con nuestras raíces que te agradecemos y felicitamos. Un abrazo.
Leandro:  Gracias por vuestro elogio. Tú, Pepe Pinteño y otros fuisteis los pioneros, la sal del maestro don Miguel Lozano… El libro quedará para Castilléjar, a la que devuelvo lo que es suyo.
Emilia OrtizHola Leandro, me acaban de llegar los libros, he sentido un cúmulo de sensaciones solo con echarle un vistazo y ver a tanta gente que conocías y querías y sobre todo a la familia, muchas gracias. Cuando lo lea te diré algo de cómo me he sentido y que me has transmitido. La dedicatoria me ha gustado pues me ha trasladado a aquellos años tan bonitos. Un beso. 
Juanjo Martínez, amigo de Huéscar (28/05): Ya me he leído tu libro del tirón. ¡Muy emotivo, cuántos recuerdos, vivencias... descritos por tu magistral pluma que le hacen vivir a uno tiempos no tan lejanos! Gran acierto tu libro para los que vivimos aquellos tiempos.
Me han escrito amigos y conocidos de Galera, de Orce, Cuevas del Campo, Zújar, Guadíx, Marbella, Madrid, Argentina.
Dorita Carasa, 12 de junio: Por fin he podido venir al pueblo y leer tu libro. Te doy mi más sincera enhorabuena, es una maravilla. Puedes sentirte orgulloso de publicar esas fotos tan entrañables de tu padre, y hacernos revivir con tus palabras esas vivencias que guardamos en el fondo de nuestra alma. Gracias, Leandro. 
Gabriel Irigaray: Quiero felicitarte porque me está tocando esa fibra, que a todo ser humano nos gusta revivir de cuando en cuando, me emociona ver imágenes ya perdidas de nuestro pueblo, caras, paisajes, lugares emblemáticos. Muchas gracias, de corazón. Cuando he llegado a esa foto de María y Justo (mis tíos), con la presencia de mi tía Antonia, mi madrina (madre de María), y mi madre que falleció recientemente (29/03/20), he llorado un rato...
Antonio Montes, de Aldeire: Tu libro ha estado muy interesante, con muchas anécdotas. Un buen trabajo de tu padre (...). Me enorgullece que valores a tu padre a través de su vida. Han llegado momentos en que me he emocionado con la lectura. En algunos momentos me he sentido identificado, sobre todo durante mi niñez, pues en cierto modo a mí me pasó igual que a ti. A mi padre lo disfruté muy poco, ya que murió muy joven, con 59 años, como el tuyo. Fue un hombre siempre dedicado a su mujer y a sus hijos. Enhorabuena, un abrazo.
Leandro: Era una obligación que tenía pendiente con mi padre. El libro se lo debo mayormente a quienes ningunearon el nombre de mi padre todos estos años, pues me sirvió de acicate para escribirlo.
 Maruja Martínez, 3 de agosto. Leandro ya he leído tu libro y visto las fotos ,me ha gustado mucho los comentarios que haces, me ha transportado a mis años de cuándo yo vivía ahí ,también las fotos aunque algunas no se quien son pero muchas sí, me ha dado mucha pena los comentarios que hacéis del río donde tantas veces fuimos a lavar y a bañarnos, es una pena que lo hayan dejado perder ese tesoro como es el agua. Gracias por haberlo escrito. Es el segundo año que hacía don Atanasio para los niños, de izquierda a derecha están: Pepita Carasa, mi hermano Jesús Martínez, Pilar Zambudio, mi prima Isabel Giménez, Rosario Martínez, Maruja Martínez y no me acuerdo de los otros.

 Yolanda Carayol Jiménez.15/01/2021. Muchísimas gracias por su trabajo y dedicación le ha hecho mucha ilusión (me envía una foto donde salen Yolanda y Agapito). El es mi padre y es hermano de Agapito Carayol se llama Francisco Carayol. Por supuesto conocía a su padre y se emociona al hablar de él. Me decía q era una persona muy inteligente y bueno. Hacia mucho tiempo q no lo veía tan emocionado y contento… De corazón le agradezco su gran trabajo por alegrar tanto a nuestros mayores y dejar a los mas jóvenes ese bonito legado. Me hizo mucha ilusión la dedicatoria. Por eso, reconozco el valor de su trabajo en el libro, Leandro.

Leandro. Dale recuerdos a tu padre y a tu tío, me alegro de que disfrute observando el pueblo y la gente de aquella época, y que se cuide bastante. 

Mercedes Domínguez 18/01. Los que no lo tengáis comprarlo, vale la pena. Es ameno y te transporta a aquellos años, lo recomiendo. 

Leandro. Gracias, Mercedes, por tu ayuda. Las fotos te llevan y te traen.

El 17 de marzo, Josefa Carasa, exalcaldesa de Castilleja, me envió este correo electrónico:

Es un libro vivo, dinámico, entretenido. Cargado de emociones y que te hace aflorar muchos sentimientos latentes que llevamos en lo profundo de nuestro ser: añoranzas, recuerdos, amor (al pueblo que nos vio nacer), tristeza contenida por la ausencia de los seres con los que convivimos un día, alegría por los muchos momentos de fiesta y diversión que antaño compartimos con vecinos, familiares y amigos... Es un libro que, a través del reportaje fotográfico, nos hace a todos los castillejanos partícipes y protagonistas de los propios relatos. De ahí su carácter de dinámico y vivo, aún a pesar de que las historias parten de 50, 60 y 70 años atrás. Muy acertado el introducir los diálogos publicados en Facebook.
En cuanto a su autor, consigue con un lenguaje sencillo, coloquial, cercano..., el objetivo propuesto: hacer un merecido homenaje y reconocimiento a la labor de fotógrafo no profesional (aunque hizo suya esa práctica con mucha maestría) de su padre, siendo avalado y alabado por todos los que le conocimos. Con estos documentos gráficos se garantiza la conexión de un pueblo pasado con el mismo pueblo presente: pilares que nos hablan de costumbres, estilos de vida, indumentaria, profesiones, religiosidad, festividades paganas y religiosas, etapas políticas, infraestructuras urbanas... Pilares estos que han contribuido a conformar y consolidar al pueblo tal y como permanece en la actualidad.
Además, resalto el amor familiar que el autor plasma en esta su obra y su pesar al tener que desligarse de los bienes materiales familiares que conservaba en este pueblo, arrancándole parte de sus vivencias de niñez, que sólo conserva ya en su memoria. Con toda seguridad, la lectura de este libro hará a muchos lectores dichosos y felices al reencontrarse con su pasado y llevarlos a su conocido Castilléjar de antaño. Enhorabuena y agradecimiento sincero a Leandro padre y Leandro hijo.

Cedida por Antonio Martínez Lorente
Posdata: La foto que titulas “Primeras comuniones en los años setenta por la calle Huéscar”. Nada más lejos de la realidad, la niña de la izquierda soy yo, tenía tres años. Íbamos vestidos para una teatralización que inventó don Atanasio…En el centro, está Jesús el de Arsenio, que murió a las 14 años”.

El 18/03/20 le contesto a Josefa: “He recibido ya varios elogios sobre el libro, pues le está gustando a los paisanos, donde las fotografías hablan más que las palabras, aunque yo he tratado de ponerles un pie de foto breve. Más y mejor no se puede decir de un libro y de un autor, por lo que te estoy muy agradecido, Josefa, pues esto me sirve de acicate para seguir escribiendo, pues lo hago cuando me acuerdo. Y también me sirve de orientación, pues creo que el libro gustará y se venderá. Aquí desfila todo el pueblo, como en la película “Bienvenido Mr. Marshall”, de García Berlanga: desde el cura don Atanasio a Roque 'Pum', nuestros padres y nosotros cuando éramos niños, incluso los que emigraron y los que fallecieron. Cuando se escribe con sencillez, naturalidad y sentimiento se llega al lector, cualquier lector se identifica.
En los comentarios de paisanos y de gente de fuera, a las fotos de mi padre que yo colgaba en Facebook, fui recogiendo los que veía interesantes, los corregí y los añadí al libro. De esta forma, la gente de nuestra edad también participa contándonos sus vivencias en la infancia, sobre el río Guardal, sobre los toros, la Tercia, el reparto de cartas... Y así, entre las fotos antiguas y los comentarios, nos han quedado esos recuerdos entrañables y ese coro de voces, para que las nuevas generaciones de castillejanos conozcan cómo eran las costumbres y la vida miserable pero solidaria de sus padres y abuelos. Y esta sería la conexión de que hablas. No me podía imaginar que fueras tú la que está con Jesús, el de Arsenio. No he seguido la política en Castilleja, pero estoy seguro que tu paso por la Alcaldía dejó un ejemplo de honradez y supongo que la gente te lo agradecerá”.




 En este libro reúno una parte de las fotos desperdigadas de mi padre (andaban huérfanas desde su muerte en 1977) y ya no tenemos que esperar a que monten una exposición o que las saquen en Internet. Por un lado, reivindico la memoria de mi padre y por otro reclamo también el nombre original y auténtico de nuestro pueblo, Castilleja de los Ríos, que por extrañas circunstancias también perdió los apellidos. He querido tener un recuerdo también para mi madre, Dora, que falleció el 22 de febrero de 1995. La última página del libro coincide con el aniversario: “Este libro se terminó de imprimir el 22 de febrero de 2020…”. Y no faltan fotos de mis hermanos. Alejandro Santiago y Carlos, de la Editorial Nazaríme han hecho una buena obra y han trabajado las fotos, ya que bastantes estaban deterioradas. Me han cedido fotografías: Antonio Martínez Lorente “el Solicita”, Ángeles Triguero, Carlos Durán, Carmen Martínez Lorente, Cirilo Vico, Conchi Román, Custo Pinteño, Dori y Josefa Carasa, Felipe Heras, Fernando Triguero, Flora y Mari Román, Francisco Arán, Javier López Cuartero, José Pinteño, Luís Dengra, Manolo Martínez Puerta, Pablo Zambudio, Pili Fernández y Mari Zambudio. Al final no pude presentar el libro en el Ecomuseo de Castilleja, el 14 de marzo, pues el alcalde suspendió los actos públicos por la epidemia, aunque no se entiende que permitiera el mercadillo del sábado, y ni siquiera pude vender ejemplares. Los dejé en el Estanco, en el Ecomuseo y en la Panadería de Blas para quienes quieran comprarlos. Quiero expresar mi agradecimiento a la profesora Ángeles García-Fresneda, por el emotivo prólogo con el recuerdo a mi padre que ha escrito; a Antonio Pinteño, Miriam Teruel y Carmela Zambudio porque gestionaron la presentación y difusión del libro; a Pepe Pinteño y Emilio Olmedo porque lo iban a presentar; a la concejala de Cultura, Noemí Martínez, y al teniente de alcalde, Emilio Sánchez, porque me facilitaron el Ecomuseo. 
Creo que es el mejor homenaje que podía hacerle a mi padre y a partir de ahora su legado pertenece a los castillejanos. En este libro se resume la pequeña historia de Castilleja de los Ríos en aquella época, pero, mientras que nosotros envejecemos con los años, las fotografías permanecen como fieles testigos. Por eso, os dedico este libro con cariño.

sábado, 18 de enero de 2020

CARTA A UNA MADRE

Mercadillo de Guadix






El 21 de abril de 2019, Domingo de Resurrección, decidí darme una vuelta por el Mercadillo de Segunda Mano de Guadix, para ver las antigüedades. En anteriores ocasiones, he comprado desde una lámpara de mesita de noche, donde un vendedor de Maracena me regaló un pequeño libro de Meditaciones, de Baltasar Gracíán,  editado por Calleja, en 1899; dos platos antiguos de bronce, con las cabezas en relieve de los Reyes Católicos y, últimamente, un lebrillo con el sello de Fajalauza, pintado de verde  y con la figura de un pájaro en el centro. Procuro no ir al mercadillo porque siempre hay algún trasto viejo que me llama la atención y, al final, lo compro a pesar de que no me hace falta. Ese día, un marroquí tenía expuestos en el suelo algunos utensilios y pequeños montones de libros usados. Me llamaron la atención dos folios de un bloc, tamaño cuartilla, que estaban doblados y escritos a bolígrafo. Cuando leí la palabra “mamá”, al momento pensé que era una carta. Introduje los folios entre las páginas del libro “Lágrimas y sonrisas”,  del escritor indio Khalil Gibran, y le pregunté al niño marroquí que atendía: “¿Cuánto vale este libro?”. El que podría ser su padre me dijo que dos euros, pero yo le ofrecí uno y aceptó. Es un libro viejo al que le faltan páginas, pero era la única forma de hacerme con aquellos folios escritos, cuya letra no podían entender los marroquíes.

Una vez en casa, comprobé que era una carta y la copio tal cual:
Granada, a 29-X-2001. Mamá, hace doce días que te fuiste, hasta hoy no me he atrevido a escribir, lo hago a la luz de una vela. ¡Ya sé que a ti no te gustaban!, pero para mí me supone recogimiento y reflexión. No sé por dónde empezar, ¡te necesito!, sé que puede ser egoísta mi postura, pero sé que donde tu alma esté la siento. Mamá, por ser la mayor de tus hijos me tocó saber más de ti y por ello me siento orgullosa, yo sé que todos te quisieron, sintieron y te amaron pero quiero vanagloriarme de tus secretos y los míos, tus miradas y las mías se cruzaban, tus gestos y los míos a veces se reprochaban, pero siempre nos entendíamos. Yo sé que me hiciste responsable de mi padre y de mis hermanos “por ser la mayor”, pero qué difícil era responsabilizarme de ellos cuando yo veía que tú eras la más necesitada. Tú me ayudabas y protegías como a los demás pero al final veías que quizás yo era un pelín de tu salvación. Tenía yo ocho años cuando apurada dijiste, “Sensita, ayúdame…”. Yo como niña hice lo mínimo que te hubiera dado en ese momento, lo que luego posteriormente intenté hacer dentro de mis posibilidades. Te faltaba calor, porque “tú” dabas mucho, te faltaba amor porque el tuyo era infinito, nos faltaba a nosotros valor y fe, porque tú los suplías y aumentabas. ¡MAMÁ, TE QUIERO DONDE ESTÉS! Tú lo sabes. Tus primeros secretos y los últimos. Tus despidos, testamentos y ayudas. Yo sabía cuando tú necesitabas. Te fuiste, pero sigues, tu alma sigue en nosotros y en mí, tu hija y tu nieto te adoran, tu semilla continúa en nosotros.

Cuando me fui a la Policía, a pesar de mi ausencia, tú me animaste diciendo qué valiente eres, hija. Pero la vida me demostró que la valiente, preciosa, madura, linda y buena fuiste tú, Y SÓLO TÚ. Nos has dado ánimos hasta la hora de tu muerte, te has preocupado por nosotros cuando no podías más, nos has pedido perdón por hacernos sufrir, cuando tu cuerpo ya era un calvario, has perdonado cuando tú eras el perdón, la bondad y el sufrimiento… Mamá, eres mi razón, mi fe, mi oración, rezaré siempre por ti, yo sé y los demás también que Dios se ha manifestado en ti y en tu creación. Desde ahora cada noche diré, ‘Madre mía que si estás en los cielos, santo sé que es tu nombre y tu vida, siga en nosotros tu bondad y hágase tu protección en nuestras vidas. Danos hoy lo que a todos dabas siempre, perdona nuestros defectos, si los tuvimos, y no nos dejes perder nunca lo que aprendimos de ti. Tu amor, tu fe, tu valentía, que mantuviste hasta el final. Madre mía que estás en el cielo, tu vida llena de llagas. Mamá, no hay duda que en el cielo estás, tus sufrimientos y heridas llegaron, hasta sufrimos contigo. Mamá, en nombre de todos, quisiera dedicarte nuestra oración (hay tres renglones tachados que dicen: a ti que tu fe te hizo firme, tú que nos mantuviste con tu valor hasta el final. Dios te hizo fuerte y su fuerza). Diste amor y paz a todos, todos te quisieron y te quieren, tuviste el calvario en tu vida pero en silencio. Cuando agonizabas, tambores de calvario se oyeron pero tu sufrimiento y resignación hicieron de nosotros el valor. Mamá, tu vida fue sufrimiento y entrega, la pasión de Xto. quedó reflejada en ti, el día que tu alma se unió a Dios sonaba un paso de saeta, desde el cielo con tu bondad infinita pide a Dios por todos nosotros”. Este último párrafo lo escribe más deprisa y algunas palabras son ilegibles.

Mientras leía la carta, hubo momentos en que se me saltaron las lágrimas porque la hija se desahoga escribiendo todo lo que lleva dentro, recordando las penurias, la enfermedad, el sufrimiento y el inmenso cariño de su madre. Sin embargo, todavía me pregunto cómo pudo llegar esta carta al mercadillo de Guadix y por qué extraños caminos había llegado a las manos del vendedor marroquí. Es posible que la autora haya fallecido también y que el hijo (como suelen hacer muchos) vendiera sus libros, con los dos folios escondidos entre las páginas de alguno de ellos. Yo los he encontrado de casualidad, dieciocho años después de escribirlos, pero resulta sorprendente que no aparezcan manoseados y que estuvieran allí sueltos, a la vista de todos, en medio de los libros, y sobre todo que nadie reparara en ellos. Hay frases que no se entienden o que no tienen mucho sentido, pero sin duda es una carta escrita con el corazón y con los sentimientos a flor de piel, pues la hija la escribió doce días después de la muerte de su madre. Y también resulta demasiado extraño que yo encontrara la carta precisamente el Domingo de Resurrección.

lunes, 23 de diciembre de 2019

EN MANOS DE LAS COMPAÑÍAS DE MÓVILES






Reproduzco más o menos, la reclamación que puse a la Oficina de Atención al Usuario de Telecomunicaciones a finales de julio. El pasado 13 de junio, la compañía X (por no mencionar el nombre verdadero) hace la portabilidad de mi teléfono fijo, en vez del día anterior que terminaba el contrato con Jazztel (así se lo indiqué claramente). Para ello, interviene mi router por vía satélite el día 12, y me envía por mensajería el router, un teléfono móvil inalámbrico y tres tarjetas dos días después. El 16 hace la portabilidad de mi móvil. Sin embargo, como la compañía Jazztel me hizo una oferta más económica, decidí no activar el router y pedir la baja en compañía X. En todo este tiempo, no me ha enviado el contrato por escrito (lo hizo de forma oral) y el 23 de junio recibo un correo electrónico, informándome de una factura de 2,58 euros, donde se lee: “Ya tienes tu factura…, puedes consultar o descargar el PDF desde compañía X …, o desde tu Smarfhone con la APP…”. Esto es, ni siquiera se molestan en enviar la factura, sino que tengo que registrarme con una contraseña para entrar. Aporto fotocopia del correo electrónico y de la factura que carga en mi cuenta del banco.

Después de llamar numerosas veces y quejarme al teléfono de Atención al Cliente, de compañía X, donde he perdido mañanas y tardes, varias veces me colgaron las llamadas, de manera que juegan con la desesperación del cliente. Un agente dice una cosa y, al día siguiente, te dicen otra, y todo porque me he dado de baja. Por fin, el 21 de junio recibo un mensaje por SMS: “Tu solicitud de baja ya ha sido gestionada. Tu número de solicitud es…”. Un agente me informa que tengo 30 días para devolver el paquete, pero me tienen que dar un “número de código de devolución” para poder devolverlo en cualquier oficina de Correos. Parece que están esperando a que pasen los 30 días de plazo para cobrarme más de 200 euros que valen el router y el teléfono inalámbrico. Me desactivaron el antiguo número de teléfono fijo por otro nuevo de compañía X, por lo que sólo tengo Internet en el teléfono móvil, en fin, que he pasado por un verdadero calvario.

El 4 de julio puse una reclamación en la Tienda compañía X, aporto las fotocopias de la reclamación y de la Hoja de Incidencias. El 11 de julio recibo un mensaje por SMS con este texto: “Tu solicitud de baja ya ha sido gestionada. Tu número de solicitud es 778722604”. Habría que preguntarse, ¿cómo es posible que me den de baja los días 21 de junio y 11 de julio?, lo que da idea de la poca seriedad...
El 16 de julio, me llaman del Departamento de Reclamaciones: “Con esta fecha te damos de baja, no se puede generar el código de devolución, pero no hace falta que devuelvas el paquete con el router y el teléfono porque no te lo vamos a cobrar. Lo guardas durante tres meses, yo creo que no te lo van a pedir, y luego te deshaces de él”. Le digo que me lo comunique por escrito para que quede constancia, pues tienen obligación de contestar a las reclamaciones en el plazo de diez días y me responde: “No hace falta que contestemos por escrito, lo podemos hacer oralmente, porque ha sido una incidencia en la tienda y no una reclamación. El número de referencia es 82834843, para que veas que es verdad”. Le aclaro que el escrito que acompañaba a la hoja de incidencia era una reclamación. El 25 de julio me vuelven a cargar en mi cuenta del banco 18,60 euros. Aporto fotocopia de la factura pero, como no explica el concepto del cobro, doy orden al banco para que la devuelva.

“Por todo ello, solicito que se sancione a compañía X por efectuar dos cobros indebidos, de 2,58 y 18,60 euros, sin aportar siquiera una factura o un justificante, y por no contestar por escrito, como establece la Ley de Consumo, a la reclamación que registré el 4 de julio, en la Tienda de compañía X en Granada. También debe de comunicarme por escrito que puedo quedarme el paquete sin que me reclamen después el importe del router y del teléfono móvil inalámbrico, o bien devolverlo por Correos”. Finalmente, el 17 de diciembre, recibí un certificado de la Oficina de Atención al Usuario de Telecomunicaciones donde resuelve que anula los dos importes que pretendía cobrarme la compañía y confirma que no resulta necesaria la devolución de equipos entregados para la prestación del servicio.





Después de luchar contra tanto abuso, tengo que añadir que no es aconsejable devolver un recibo de teléfono porque te meten en el Registro de Morosos y te complican la vida. En el programa “Ser Consumidor”, de la Cadena Ser, he oído que las compañías utilizan a empresas para cobrarte el equipo de telefonía pasados unos meses, a pesar de que te dicen “de forma oral” que no tienes que devolverlo. Nadie regala nada y menos un router y un teléfono inalámbrico. Cuando vayáis a hacer un contrato de móviles, lo mejor es hacerlo en la tienda oficial de la compañía porque aquí se puede ir a protestar o poner una reclamación en caso de necesidad. Es algo tan evidente que no nos damos cuenta y la mayoría contratamos por teléfono con un operador, con el que no vamos a poder comunicarnos después, ni él va a querer saber nada, y al que le pagan un porcentaje por hacer contratos. Recuerdo que había un programa de televisión en los años sesenta, donde el presentador ya advertía de los timos que daban por pedir artículos de consumo a un apartado de Correos de Madrid, Barcelona, etc. Los pedidos los enviaban en un paquete, a contrarreembolso, y a veces no eran de la calidad que se anunciaban, o enviaban otro artículo o no lo enviaban nunca.


No se puede pedir el alta en una compañía y luego quedarte en la que estabas, porque te hace una oferta mejor. Te expones a que te hagan la vida imposible: he pasado un mes sin teléfono fijo ni Internet, he perdido el número de teléfono fijo que tenía desde los años noventa, y luego los problemas que tengas con la instalación de la nueva compañía. Cuando te instalan el equipo tienes 15 días de prueba para desistir de la portabilidad, pero esto no va con compañía X. Hay que recordar que las compañías de móviles y los bancos son los que más reclamaciones tienen de los consumidores, por los abusos que cometen. Me despido esperando que paséis una feliz Navidad y que andéis con sumo cuidado.

sábado, 9 de noviembre de 2019

"EL NEVERAL", DE JAÉN



"El Neveral" 







Hace varios años, fui a Jaén a visitar a un amigo y de paso visité también el “Hospital El Neveral”, en el cerro del mismo nombre, cerca del Castillo de Santa Catalina, donde el general Charles De Gaulle, ya retirado de la política –fue presidente de la República de Francia–, se encerró durante meses y escribió parte de sus memorias. “El Neveral”, como se le conocía, empezó a funcionar en 1934 y, durante muchos años, fue un sanatorio antituberculoso por donde han pasado más de 25.000 enfermos, muchos de ellos procedían de las minas de Linares. Al principio tenía tres plantas con ciento diez camas, pero en 1950 llegó a contar con cuatrocientas camas, en aquellos años de miseria en que había muchos enfermos de tuberculosis, porque era muy contagiosa. El “Hospital El Neveral” me recuerda la novela del escritor alemán Thomas Mann, “La montaña mágica” (1924), donde relata la vida interior, afectiva e intelectual de los pacientes, en el sanatorio antituberculoso de Davos, en los Alpes suizos, que hablan sobre la enfermedad, la muerte, la política, etc. La novela retrata a la burguesía europea de los años anteriores a la I Guerra Mundial. En 1981, “El Neveral” pasó a llamarse “Centro Hospitalario de Enfermedades del Tórax, Dr. Sagaz”, en reconocimiento a la labor que este médico desempeñó en Jaén. 

En Granada fue famoso el “Hospital Antituberculoso de San Lázaro”, que fue fundado por los Reyes Católicos en el siglo XV para el cuidado de los enfermos de lepra, en realidad era un lazareto. Su primera ubicación fue la placeta de las Tomasas, pero se trasladó en 1514 al barrio de San Lázaro, en la zona que hoy ocupan los juzgados de La Caleta. Dependía de la caridad para su mantenimiento pero, en el siglo XVIII, el rey Carlos III lo puso bajo su protección, hasta que en 1839 pasó a Diputación que encargó a las Hijas de la Caridad el cuidado de los enfermos.  En 1937 el hospital se adaptó a las necesidades de la Guerra Civil y fue dedicado al cuidado de los enfermos de tuberculosis. En 1971 el hospital cerró sus puertas y fue derribado en 1973.
Enfermos del Hospital de San Lázaro





Cuando asomaba alguna nube sobre la ciudad de Jaén, se posaba encima del cerro “El Neveral” y poco después comenzaba a llover. Por el cerro también se ponía el sol durante el invierno, sobre las diecisiete horas, lo que hacía que las tardes fueran algo tristes, pues anochecía antes. En los años ochenta, mis hijos eran pequeños y algunos domingos los llevaba a pasar la tarde a los cuidados jardines del “Hospital El Neveral” y allí jugaban en aquellos pequeños laberintos. Era un lugar tranquilo y apacible donde apenas había gente y paseábamos en medio de los pinos de la montaña. En la primavera pasada, estuve varias veces con mi hermano paseando por allí, durante la mañana, para que se soltara con el andador. Ahora los jardines están abandonados, pero se respira mucha paz y tranquilidad, lejos del tráfico y del ruido de la ciudad. De vez en cuando veíamos algún vehículo de la funeraria que salía del hospital, en dirección a algún tanatorio de la ciudad, o algún turismo que subía. Han cerrado algunas plantas, incluso la cocina, por lo que ahora sirven a los enfermos comida de catering, de manera que muchos jiennenses tienen la impresión de que lo están desmantelando poco a poco. Estos pinares de la montaña, en medio de la niebla y de las nubes de la primavera, tienen cierto aire romántico para los que vamos de visita y a pasear. Sin embargo, “El Neveral” ha sido el hospital donde miles de personas se han recuperado de su enfermedad mientras que para otras miles ha sido la antesala de la muerte.

martes, 5 de noviembre de 2019

KAFKA EN LA ADMINISTRACIÓN











Acabo de leer el escrito que le dirijo al jefe de servicio de Gestión de Personal (enero de 1994) y me quedo alucinado, me cuesta trabajo creer que me ocurrieran todas aquellas desdichas, que hubieran tumbado a cualquiera. Recuerdo que, en el instituto de…, necesitaban a un auxiliar administrativo y me ofrecí voluntario, aunque yo era administrativo. Me venía bien cambiar de aires y mi gesto lo tomaron como un favor que les hacía, pues hubieran tenido que convocar una plaza y cubrirla por enfermedad de la auxiliar laboral, una joven contratada que estaba casi siempre de baja, pues se comentaba que se la proporcionaba un médico con el que tenía amistad. Fue incorporarme al instituto, cuando la auxiliar se dio de alta temiendo que le quitara el puesto o que suprimieran su plaza, como me enteré unos meses después. Tras los primeros días trabajando juntos, en que todo fueron atenciones y parabienes (días de vino y rosas), la desgracia empezó a cebarse conmigo. La contratada empezó a propagar bulos y calumnias entre el profesorado, supongo que con el objeto de que me echaran cuanto antes del instituto para que las cosas siguieran como estaban. Así, una mala persona –o una mente enferma– te puede echar encima a toda la tribu, con engaños y artificios, sin que te enteres ni sospeches de lo que se trama a tus espaldas. Si alguien va acusándote por ahí de que has dicho esto o lo otro, de tal o cual profesor (al que ni siquiera conoces), nada de extraño tiene que te miren más o menos como a un delincuente.

En este plan la auxiliar convenció al director, a la secretaria y al administrador, de modo que tuve discusiones con algún que otro profesor, dieron parte de mí sin informarme siquiera, vino un inspector a tomarme declaración, me prohibieron llamar por teléfono, me echaron de la sala de profesores y del bar, en fin, una serie de vejaciones, humillaciones y arbitrariedades como las que le expongo en el escrito al jefe de servicio. Yo no sabía por dónde me venían los tiros, pero todo esto se puede conseguir difamando y manipulando a la personas. Ambos trabajábamos juntos en una pequeña oficina, pero cuando la auxiliar laboral llegó quitaron las persianas para que estuviéramos a la vista del público. Hasta aquí, nada de particular. El caso es que me cayó muy bien al principio, por lo atenta y amable que se mostraba conmigo, pero cuanto me sonsacaba, lo iba largando a unos y otros a su conveniencia y, cuando no, se inventaba las cosas. Yo le hablaba con confianza a esta chavala de unos treinta años, pero luego iba con chismes a unos y a otros, puro maquiavelismo. Recuerdo que un día, uno de los mejores profesores del centro la llamó “tía guarra”, delante de los alumnos, y la nena no dijo esta boca es mía. Como no se aseaba ni duchaba, olía a sudor, por lo que no es difícil imaginar cómo tendría su casa. El caso es que vio en mí al compañero ideal para “hacerle la vida imposible”, pero sin compasión, a ver si me echaban cuanto antes del instituto, no vaya a que suprimieran su plaza y me la dieran a mí. Sin embargo, esto no era posible ni a mí me interesaba pues yo era de un grupo superior. Es más, en Educación hicieron un cambalache (sin traslado ni nada) pues tenía mi plaza en otro instituto.

La auxiliar laboral quería que los profesores le estuvieran agradecidos y, para ello, se prodigaba haciéndoles toda clase de favores, mientras que yo me atenía a mis funciones, También podía influir mi carácter un tanto reservado. En el fondo, creo que la contratada no estaba bien –tenía bastantes problemas con su familia– y algo tuve yo que decirle para mostrarme ese rencor, quizá cuando descubrí su doble juego. Como yo era funcionario de carrera, me hizo firmar un escrito por el que renunciaba a su plaza, pues temía que yo se la arrebatara debido a sus prolongadas bajas. El delegado de Personal de Comisiones Obreras envió una reclamación al inspector de los Servicios, de la Delegación de Educación, pues yo era delegado del sindicato en el instituto donde estaba destinado. Pero éste era el trato que dispensaban al personal en aquel centro, y eso que yo era delegado.
Baste decir que el ordenanza tenía que venir por las tardes, a abrir la puerta del centro, para que el director y sus amiguetes –entre ellos, el dueño de un hotel– echaran su partida de tenis en las instalaciones deportivas. Esto es lo que se llama realizar actividades prohibidas en un centro público: utilizando al personal laboral, fuera de las horas de trabajo, así como las instalaciones deportivas fuera de las horas lectivas. En fin, no se puede abrir un instituto público para tus intereses particulares, para que eches unas partidas de tenis con personal ajeno. Es de suponer que el hotelero recompensaría los favores que le hacía el director. Así andaban las cosas entonces y no pasaba nada, y a ver quien se atrevía a denunciar esto. El director utilizaba el instituto como si fuera su cortijo, y al personal como sus lacayos, mientras que a mí me abrían un expediente porque me negaba a hacer funciones que no me correspondían.



En febrero de 1996, yo llevaba cinco meses destinado en Granada y habían transcurrido más de dos años de estos hechos. El instructor me tomó declaración “en calidad de testigo”, porque el director del instituto citado me abrió injustamente un expediente disciplinario para empitonarme. Pero el instructor estaba haciendo el paripé para archivar el asunto sin más trámite. Resulta que la secretaria del instituto me pidió que compulsara la declaración de la renta de un profesor, que era amigo suyo, y me negué. En el citado documento, me quejo de que “en otra ocasión tuve que escribir una carta personal de un profesor dirigida a la universidad (…) El director dio parte de esto y la inspectora de Educación me entregó un escrito recordándome que eran obligaciones mías las compulsas y me advertía de abrirme un expediente de continuar en esta actitud”. Todo eran obligaciones para el personal de Administración y Servicios, mientras que los profesores gozaban de toda clase de privilegios. En el interrogatorio, el instructor me pregunta, “si en algún momento considera haber recibido por parte de los funcionarios anteriormente mencionados un trato que hubiese atentado contra su dignidad”. Como ya me encontraba destinado en Granada y el asunto quedaba lejano, alego buenamente que “es evidente que me quejé al sindicato porque estaba dolido, pero no lo considero como un atentado a la dignidad”.

Cuando vine destinado a Granada, no contento con el daño que me había hecho, el director del instituto envió el expediente que me abrió (la cosa quedó en una información previa y la archivaron), así como informes negativos y manipulados para ‘recomendarme’ en mi nuevo destino. De esto me enteré de casualidad, cuando un día vi aquellos papeles en mi expediente personal. Al día siguiente, cuando fui con un delegado sindical y le pidió al jefe de Personal que me enseñara el expediente, los “misteriosos informes” habían desaparecido. Así funcionan las cosas en la Administración: los unos te recomiendan a los otros, valiéndose de “informes ocultos y falsos”, a los que sólo tienen acceso los superiores. Y cuando vas destinado de una delegación a otra, se llaman por teléfono: “Mira, que este tío va para allá, te mando el historial…”. Y ya llevas tu ficha policial, a la que nunca vas a tener acceso, a pesar de que la Ley del Procedimiento Administrativo Común indica claramente que los interesados tienen acceso a su expediente. Con esos informes falsos puedes poner una denuncia en el juzgado, por eso los mantienen ocultos.

En los años que estuve trabajando en el instituto, aprobé tres cursos de Derecho con sendas becas, estudiando y yendo a la facultad por la tarde. Sin embargo, esta fue la ayuda y la comprensión que tuve de algunos profesores que se dedicaban a la enseñanza. Estos abusos no eran sólo conmigo: cuando un alumno sufría una caída, o se fracturaba un miembro haciendo deporte o por otra causa, el profesor de guardia llamaba a un taxi para que lo llevara al ambulatorio, que se encontraba a un kilómetro. De paso, le decían al alumno que lo atendieran con la cartilla del seguro de sus padres, y así no tenían que rellenar un formulario para que fuera atendido por el Seguro del Estudiante. Algunos hacían esto con total impunidad, aunque había profesores excelentes. A veces, se daban casos urgentes en que podían acercarlo en el vehículo de algún profesor o alumno, pero, allí los tenían esperando hasta que viniera el taxi.

En cuanto al escrito que le dirijo al delegado de…, en Granada, en 1999, debo señalar que la Administración guarda informes secretos en el expediente de algunos funcionarios, que nadie se ha molestado en comprobar si son ciertos, como los que envió el director del instituto. Mis problemas empiezan en la Delegación, desde el momento en que solicito al delegado “poder examinar esos documentos y sacar copia de los mismos”. Aquellos misteriosos informes desaparecieron de allí y nunca llegué a verlos –hoy día permanecen ocultos en cualquier cajón, de cualquier despacho, para que alguien los utilice en un momento determinado y con un fin concreto–, pero el caso es que, a partir de entonces, se desató la cacería y el acoso laboral, del que me quejé al presidente de la Junta de Personal de Granada y al Defensor del Pueblo Andaluz, dos meses más tarde. Las quejas no sirvieron para nada. Lo peor de todo esto es que la mala fama ya no te la quita nadie, aunque pasen treinta años, porque el expediente va pasando de unos destinos a otros, de unas manos a otras, de unas bocas a otras: estás “fichado para siempre” y tienes el triste honor de figurar en la “lista negra”, porque la Administración actual tiene sus “archivos secretos”.


Yo pude darme cuenta de que en un instituto de pueblo me habían convertido poco menos que en un delincuente, por gente sin escrúpulos. Hacía poco que estaba destinado en otro Centro, de Granada, cuando llegó una mujer de la calle y me pidió que le hiciera fotocopias, entonces le informé dónde podía hacerlas. Como era amiga del coordinador (un elemento, que no dio nunca un palo al agua), este me llamó a su despacho y allí me dijo entre otras cosas que era un monstruo, a pesar de que sabía perfectamente que entre mis funciones no estaban hacer fotocopias. Meses más tarde, yo era el único al que le descontaban la productividad de la nómina sin necesidad de justificar por qué tomaba esta medida arbitraria. He tratado de mostrar los abusos que ocurrían con el personal de la Administración, por lo que estábamos a merced del cacique de turno. He hablado con compañeros y, el que no se sometía, pobre de él. Los años han pasado pero estas “malas prácticas” de la Administración todavía las aplican a algunos disidentes, como podemos leer de vez en cuando en los periódicos. “Gregorio Samsa se despertó aquel lejano día convertido en una cucaracha”, el funcionario Frank Kafka también tuvo problemas con la Administración.


sábado, 21 de septiembre de 2019

INUNDACIONES EN LAS GABIAS





Riada en avenida San Marcos, 21 de septiembre de 2007






El 16 de julio de 2008, dos vecinas de la calle Murillo presentaron una reclamación a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir: “En la parte trasera de nuestras viviendas comienza una cañada real y se encuentra la Rambla de Contreras, donde hace unos meses la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir llevó a cabo el soterramiento de una tubería, por donde discurren las aguas torrenciales de la lluvia, que vienen del monte. Esta rambla es terreno público pero la está utilizando sin permiso la empresa que construye el Residencial San Francisco; varios bloques de viviendas en un solar que se encuentra situado detrás de la avenida San Marcos y que linda con la rambla por la parte sur”. La Confederación envió un agente forestal, hizo el informe y las vecinas no recibieron notificación alguna de las medidas adoptadas.

La riada rebasa la tapia, que separa la rambla de la avenida San Marcos, 14/09/2019
El 21 de julio de 2010, yo presenté este escrito al director de la Agencia Andaluza del Agua: “Como ampliación a mi reclamación de ayer, sobre la obra en el Barranco de Contreras de Las Gabias, quiero informarle que es de la empresa... –aunque no existe ningún cartel anunciando la edificación, el número de viviendas, arquitecto, empresa, etc., como es preceptivo–, donde  me he informado que proyecta construir 180 viviendas de protección oficial. Los sótanos o garajes de las viviendas llegan hasta la misma rambla, por donde pasa la tubería que recoge las aguas pluviales, como puede apreciarse en la foto ‘Humedad terreno rambla’. Al filtrarse el agua de lluvia, los garajes se inundarán, aparte que se construyen en la misma rambla, estando prohibido por ley”. Por esas fechas, un agente de la autoridad me confesó con ironía: “No busques, que han arreglado bien los papeles”.


17/09/2019

Rambla y avenida de San Marcos, con viviendas al lado del colector

Los dos colectores de la tubería se taponaron
El 12 de agosto de 2010 anoté estos datos:
“El Barranco de Contreras tiene más de 15 kilómetros cuadrados de cuenca de drenaje, por donde discurren las aguas pluviales. Tendrá una longitud de unos cinco kilómetros. La fuerza de las aguas de lluvia ha inundado calles y casas de vecinos, como ocurrió hace dos años (lo he visto varias veces), mientras que la tubería subterránea que colocaron el pasado año es demasiado estrecha. En la Agencia Andaluza del Agua me han informado que van a proponer una sanción por la alteración del terreno y por poner vallas en el lado Este. Deberían de sancionar también por cortar con vallas la calle de entrada al Barranco, mientras que el camino que sigue por detrás de la obra está lleno de piedras y tierra de los taludes. Hasta no hace mucho, la ley prohibía construir a menos de 100 metros de una rambla. Ahora ya lo hacen en la misma rambla. En el terreno que hay pegado a la tubería del barranco, se aprecian grandes manchas de humedad, pues el agua se filtra, por lo que van a tener unos garajes acuáticos (…). Estos terrenos toman el nombre de Contreras, su antiguo propietario, y se da la paradoja que los donó al Ayuntamiento con la condición de que construyeran un parque. El Ayuntamiento recalificó los terrenos en suelo urbano, en mayo de 1997. El caso es que han edificado entre una rambla y un manantial, llamado los ‘Remanados del Barranco de Contreras’. No tenían otro sitio mejor, con los terrenos que hay en Las Gabias”.

Elevaron el terreno de la rambla para colocar la tubería 20/07/2010
‘Los Remanados’ (el agua brotaba del suelo cada primavera) ya no existen pues depositaron toneladas de tierras en los alrededores. Al final construyeron 180 pisos de protección oficial, cuando había cerca de 700.000 viviendas de segunda mano en el mercado, por lo que todavía quedan pisos vacíos. Aquello era un disparate y, sobre todo, en un terreno donde existía una cañada real y unos remanados (ambos han desaparecido), al lado de una rambla donde corren las aguas torrenciales de los montes cercanos. Y en vez de construir el parque, como estaba estipulado, el Ayuntamiento lo recalificó como suelo urbano. No tengo constancia de que la Agencia Andaluza del Agua sancionara a la empresa constructora por alteración del terreno y poner vallas en el lado Este.



Cauce que formó la riada, en la parte media

Las aguas torrenciales bajaron de los montes de alrededor 20/09/2019
El pasado 17 de septiembre, el Colegio de Geógrafos de la Región de Murcia, denunciaba en el periódico “La Verdad”: “’Contrariamente, estas actuaciones de recanalización provocan un efecto multiplicador cuando ceden, impidiendo, además, que el agua desbordada retorne al cauce al bajar el nivel de la riada, prolongando los efectos en las zonas inundadas. La Dana que ha golpeado la Región nos vuelve a dejar las mismas lecciones que todas las anteriores’. El Colegio de Geógrafos cuestiona las políticas urbanísticas aplicadas hasta ahora y apostó por medidas inaplazables que se requieren con urgencia”.

Las inundaciones del pasado 14 de septiembre, en Las Gabias, taponaron los dos colectores de la Rambla de Contreras, como puede verse en las imágenes. La riada de agua, brozas, piedras y barro arrancó y dobló la reja del colector de abajo, parte de la tapia de bloques de hormigón, que la protegía, y rebasó la tapia de la calle, arrancando la valla de alambre. Era un aluvión que bajaba por las calles de San Marcos (muy superior a las crecidas anteriores) y Vista Alegre, que inundó las partes bajas de Las Gabias. Para construir las 180 viviendas, elevaron el terreno de la rambla un metro y medio, echando toneladas de tierra encima, y colocaron una tubería subterránea pequeña. Con esto consiguieron las autorizaciones y pensaron que ya estaba solucionado el problema. Pero las aguas torrenciales volvieron por sus fueros y por el cauce de siempre. También se construyeron urbanizaciones en las partes bajas de Las Gabias, con sótanos y todo, a sabiendas de que se inundarían en cuanto arreciaran las lluvias. Estamos en un país tercermundista, donde todo se ha sacrificado: cañadas, ramblas, remanados, zonas bajas y hasta la  legislación urbanística, por los pelotazos de la construcción. Los inventos estallan en manos de quien los fabrica, mientras que los vecinos seguimos temblando cuando llegan las aguas torrenciales. Quiero presentar sendos escritos en la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y en el Ayuntamiento de Las Gabias, exponiendo estos hechos porque no podemos esperar más tiempo para que tomen las medidas necesarias. Me gustaría que lo firmaran también los vecinos interesados.