jueves, 22 de octubre de 2015

MATRIMONIOS ROTOS







Una mañana, a mediados del pasado junio, antes de que viniera el sofocante calor del verano, vuelvo de darme un paseo por el parque ‘El Vivero’ y, al dirigirme a mi casa, observo papeles tirados por el suelo, al lado de varios contenedores de basura. Me llama la atención una tarjeta de color amarillo y compruebo que es de un enlace matrimonial. Días más tarde, me voy fijando en los detalles: la portada de la tarjeta la encabeza un dibujo de la Catedral de Guadix y, al lado, esta cita de Pedro Antonio de Alarcón: “En un rincón hermoso de Andalucía hay un valle risueño... ¡Dios lo bendiga!, que en ese valle tengo amigos, amores, hermanos y padres”. La frase está mal copiada, pues algunas palabras vienen con mayúsculas y comas al tuntún, de manera que la he corregido. En mitad de la tarjeta destaca el dibujo de dos anillos entrelazados: “Enlace de F y M, julio de 2002”. Y al abrirla, dice: “Copa de bienvenida para esperar a F y M…”. A continuación viene el menú: “Entremés imperial, lubina al horno. A elegir: solomillo de cerdo a la alpujarreña o pierna de cordero al horno. Copa de helado, tarta nupcial”. En la bodega vienen varias marcas de vinos, cerveza, refrescos, cava, sidra y café. Todo con mayúsculas. Y remata la faena con “Barra libre amenizada por…”. En la contraportada de la tarjeta anuncia una cafetería-restaurante de la ciudad.


Trece años después de aquella boda por todo lo alto, alguien tiró la invitación a la bolsa de la basura y, de aquí, al contenedor. Pero, al volcarlo en el camión de la basura, la tarjeta caería al suelo, como resistiéndose a morir triturada. Te puedes figurar lo que aquí ha pasado, pero lo normal es que algún excónyuge hubiera roto la tarjeta, con rabia, y no que apareciera en el suelo como si se le hubiera perdido a alguno. Seguramente, es un matrimonio que no se ha entendido y cada cual ha tirado por su lado. En medio han quedado las ilusiones perdidas, los sueños rotos y una convivencia imposible, vaya usted a saber los motivos. Atrás han quedado los disgustos, las discusiones, las desavenencias... La custodia de los hijos, si los hubiere, habrá quedado seguramente a cargo de la madre, y puede que hasta el piso con los muebles. El exmarido es posible que se haya refugiado en casa de sus padres, si no tiene otra vivienda, y a empezar de nuevo.



Volver a empezar. Y todos traumatizados, sobre todo los hijos que son la parte más débil. ¿Qué edad pueden tener éstos? ¿Once años, nueve…? Los psicólogos aseguran que, tras de la muerte de un familiar, la ruptura del matrimonio es la que más cuesta recuperarse. Se supone que esta pareja es joven y podrá rehacer su vida encontrando a otra media naranja, a alguien que los comprenda. Oportunidades no les van a faltar, pero el trauma no se los quita nadie. Un anciano decía: “Yo me he podido separar muchas veces, pero hay que saber ceder”. La convivencia diaria, en unos metros cuadrados, a veces tritura a las personas. Hay miles de matrimonios que no se entienden y fracasan, lo mejor es separarse y empezar de nuevo, antes que terminar peleados o en el juzgado.


Este año los divorcios han aumentado, debido sobre todo a la recuperación económica, pues antes se aplicarían la famosa regla de San Ignacio de Loyola: “No hacer mudanzas en tiempos de crisis”. En cambio, las muertes por violencia doméstica han disminuido, aunque nadie debería de morir por el simple hecho de convivir en pareja o en matrimonio. Un amigo, que llevaba una asociación de separados, me decía hace unos años: “Los hombres vienen destrozados después del divorcio o de la separación. Pero, al poco, se lían con la primera mujer que encuentran y les va peor”. El psiquiatra Luis Rojas aconseja que “es mejor el divorcio que dos padres infelices y unos hijos desgraciados”, mientras que el célebre Groucho Marx opinaba que “no es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio”. Finalmente, copio esta nota que el torero Curro Romero dio a la prensa, escrita por él mismo: “Por razones indeterminadas mi anuncio boda queda cancelada. Sevilla, nueve febrero de 2003”. Si al menos hubiera puesto “por razones obvias, sentimentales, particulares...”, pero por lo que se ve el torero de Camas dio otra ‘espantada’ de las suyas. 





Publicado en el semanario Wadi-as, el 17 de octubre de 2015

domingo, 18 de octubre de 2015

AL FILO DE LOS DÍAS




El pequeño Aylan Kurdi




El 28 de agosto pasado publiqué en mi página de Facebook (no me gusta la palabra muro) una foto de los refugiados sirios, con este texto: “Sirios, iraquíes, afganos, libios, subsaharianos..., huyen de sus países en guerra, o de la miseria. Es el drama humanitario más grande, desde la II Guerra Mundial y, Alemania, por una vez, está dando ejemplo. Este año han fallecido ahogadas más de dos mil personas en el Mediterráneo. Vienen con lo puesto”. A través de la ONG Avaaz.org, yo hacía una petición a favor de los refugiados. Sólo tenían que poner los datos y el correo electrónico, el caso es que obtuve pocas firmas. Más tarde, los medios de comunicación convencieron a muchos indecisos, pues no se podían cerrar las fronteras a quienes huían de la guerra. Días después salió en la prensa la foto del niño sirio Aylan Kurdi, que falleció ahogado cerca de la costa de Turquía. La foto dio la vuelta al mundo y la imagen del niño inerte en la playa nos conmovió a todos y sirvió para que la vieja Europa abriera las fronteras y su corazón con los perseguidos.

Un conocido, defensor del medio ambiente, discutía con otro ecologista y conmigo, diciendo que lo de los refugiados no merecía la pena, que no se iba a conseguir nada. Y le contesté así: “¿Sabes lo que me movió a esa iniciativa a favor de los refugiados, sin ponerme a mirar si eran árabes? Porque las fotos me recordaron a los miles de refugiados españoles, en 1939, y Francia les abrió las fronteras. Pero, con ese pensamiento, no sales de la aldea”. Al final se convenció. He visto tantas fotos e imágenes de los republicanos y de la población española entrando por la frontera de Francia, que tengo la impresión de haber vivido aquel éxodo. Moralmente, Europa no podía cerrar las fronteras a los refugiados sirios, que huían de la guerra, para que los islamistas los mataran, a sabiendas de que acogerlos iba a suponer un efecto llamada, como así ocurrió: miles de árabes llegaron y todavía llegan a las costas de Grecia.

Un amigo me cuenta que, el 24 de septiembre, llamó al teléfono de Atención al Cliente, de la empresa de aguas Emasagra. Resulta que envió la tarjeta con la lectura del contador de su piso de, Granada –no había consumido agua en los últimos meses–, sin embargo, le estimaron un consumo 15 metros cúbicos. Ahora ha alquilado el piso a unos estudiantes y tiene que cobrarles estos metros cúbicos de más, cuando los consuman. En Atención al Cliente le dicen que entre en la web Emasagra.es, después en Oficina Virtual y Contacto. “Y aquí expones el caso, o bien, te pasas por la calle Molinos y te atienden”. Contacto es una página que no está operativa, pues no permite escribir provincia, municipio o localidad, o sea, que no puedes enviar ningún mensaje. Sin embargo, la empresa Emasagra lo anuncia en su web como Portal de Transparencia, en letras grandes. Ahora, el afectado tiene que perder media mañana en la calle Molinos para reclamar y a ver por dónde salen. Cuando Endesa te hace una estimación y comprueba que te ha cobrado de más, automáticamente te ingresa el dinero en tu cuenta. Pero Emasagra, no.

Cuando no hay consumo de agua (cobran 5,49 euros, más IVA), con el alcantarillado y la depuración doméstica, el recibo sale a 9,80. La recogida de basura supone 21,82 y, en total, 31,62 euros, sin consumo de agua. Con 15 metros cúbicos consumidos, la factura sale a 52,74, esto es, 21 euros más. Cuenta el escritor Antonio Muñoz Molina –trabajó en el Ayuntamiento de Granada, de auxiliar administrativo– que, en los años ochenta, la oficina de Emasagra la llevaban dos auxiliares administrativos, en la calle de atrás del Ayuntamiento. Pero, un tiempo después, pusieron a un director general y a la tira de empleados, entonces, el precio del recibo del agua se multiplicó para mantener a tantas bocas. Y así ocurrió con todo en aquellos años.

A finales de septiembre doy de baja una bombona de butano, en un establecimiento de Repsol. Me toman los datos y me devuelven tres euros. El empleado me explica que en el contrato figuran tres bombonas de butano y que la fianza depositada fue de 1.500 pesetas. Sí, le respondo, pero esto fue en 1994 como indica el boletín de la revisión. El empleado me responde que son 500 pesetas por cada bombona devuelta. Mis padres hicieron el contrato de butano a mediados de 1970, y 500 pesetas de entonces equivaldrán aproximadamente hoy a unos 30 euros (calculo que unas 5.000 pesetas), diez veces más de lo que me han devuelto. En los setenta mi padre ganaba unas cinco mil pesetas al mes. Mi pregunta es: ¿qué diferencia hay entre quienes timan a los usuarios, haciéndose pasar por personal de Repsol, y les cobran un dineral por cambiar las gomas de las bombonas, y este caso? Te dicen, como pagaste 500 pesetas en los años setenta, ahora te devuelvo tres euros y estamos en paz.

Un amigo me cuenta que pidió cita para una ecografía, en un ambulatorio de Granada, a primeros de octubre. El empleado de la oficina le entrega un folio con los datos del paciente, del facultativo solicitante y escribe a lápiz, en la parte superior: pendiente citar. Ante la sorpresa del paciente, le advierte: “Si de aquí a un mes no te han enviado una carta a tu domicilio, te pasas con la cita por el Hospital Virgen de las Nieves y reclamas en Rayos X”. Y mi amigo le responde: “Entonces, ¿que no me da cita?”. “Así es, hay lista de espera y tardan meses en hacer una ecografía” le responde el empleado. De esta manera burda funciona ahora el Servicio Andaluz de Salud: no dan cita al paciente porque tienen un tapón enorme de meses pero en los datos que proporcionan a la prensa anuncian que las listas de espera van disminuyendo.


A otro paciente, que viene siendo atendido desde hace cinco años en el Servicio de Neumología, le ocurrió lo siguiente. Este año le cambiaron de neumólogo y el nuevo le mandó un TAC, para ver cómo se encontraba la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). El anterior neumólogo lo veía cada año, le hacía una espirometría y le recetaba un broncodilatador (nuevo en el mercado), que apenas sirve para nada como no sea para engrosar los beneficios de un laboratorio alemán, según le confesó un médico al paciente. El caso es que el facultativo, a la vista del resultado del TAC, le dijo que la EPOC estaba bien y que ahora su médico de cabecera le haría cada año el seguimiento de la enfermedad. Esta es otra forma sutil para descongestionar las famosas listas de espera del SAS: derivan los pacientes a su médico de cabecera, y aquí paz y allí gloria. Hace un mes, venía en El Mundo de Andalucía este titular: “La comunidad, a la cola en gasto sanitario. Andalucía registró en 2014 un desembolso de 977 euros por habitante, frente a los 1.207 de la media nacional”. Por no hablar de los miles de médicos y enfermeros que han sido despedidos o contratados con menos sueldo.

http://en-clase.ideal.es/opinion-200/2693


miércoles, 7 de octubre de 2015

AGOSTO EN FIESTAS








Este artículo lo escribí en 2006, por estas fechas, cuando el calor del verano aprieta.

Cuando llegué al pueblo, sobre la una de la madrugada del domingo día siete, un joven tenía taponada la calle de entrada con su ‘coche discoteca’, y allí campaban por sus respetos los jóvenes del botellón. Llamé al 092 y me dijeron: “Nosotros somos la Policía Local de Granada y no podemos hacer nada. Es mejor que llame a la Guardia Civil”. Algunos chavales me pidieron que no llamara a la Benemérita pero el susodicho no aparecía, digo yo que estaría ‘emporrado’ o quizá durmiendo la mona. Al final, tres vehículos tuvimos que recular para atrás un buen trecho y entrar al pueblo por la otra calle, que también estaba tomada al asalto por los chicos de la 'litrona'. A todo esto hay que añadir que, una infernal ‘música de establo’ ha estado atronando y bombardeando el pueblo durante todas las noches de las fiestas, hasta cerca de las ocho de la mañana, que era cuando los ‘zagalitrones’ se retiraban a dormir.

La casa donde yo dormía se encontraba a medio km de la plaza donde tocaba el conjunto de música, pero aquel ruido no se podía aguantar. Un anciano me contaba que las paredes de su casa retumbaban, debido a la gran potencia de los altavoces    –unos ocho o diez–, mientras observábamos, asombrados, las calles regadas de orines, con un olor que te tiraba para atrás. “Cuando a esto le dé el sol, verás cómo atufa”, nos decía el barrendero. Y uno, en sus cortas luces, se pregunta: “¿Cómo pueden dormir estos días los niños, los ancianos, los enfermos...? Y de paso, ¿no estaremos espantando a los turistas? ¿Tenemos que reivindicar el necesario derecho al descanso? ¿Es que no hay nadie, con autoridad, que le diga a estos cernícalos que bajen el volumen de los altavoces?”. Esto ha pasado hace unos días en un pueblo que no llega a los 1500 habitantes –viene ocurriendo estos años–, y no quiero señalar a nadie con el dedo. Hace un par de años, en el saluda del programa de fiestas, el alcalde pedía a los vecinos que se divirtieran con moderación. Pero el primero que no cumple es el edil.

La gente se quejaba, la otra tarde, de que los toros habían sido malos de solemnidad. Pero, ya nos lo avisaba Manolo Escobar, con aquella voz de carretero que tenía: “No me gusta que a los toros te pongas la 'minifarda'...”. Sin embargo, la noche de las fiestas de Santo Domingo de Guzmán, después de comerse la pipirrana, el personal se desquitó bailando agarrado con la parienta, al compás de la música pachanguera. Y por un rato se olvidó de la artrosis, de los disgustos que dan los hijos y de los veinte euros de los toros. Al día siguiente, en la procesión del santo patrón, algunas mujeres iban hasta con paraguas y no es porque lloviera a cántaros, sino porque allí nos asábamos de calor. Más tarde, me llamó la atención lo que dijo aquella buena mujer a sus contertulios, después del saludo de rigor: “Sus veo muy bien a los dos”. O esta otra conocida, que no había visto desde la infancia: “¿No te acuerdas de mí? Yo soy la hija del Chilivilero”. De Chirivel.

Cuando uno pasa por Guadix, a primeras horas de la mañana de un fin de semana cualquiera, se puede ver a la gente haciendo cola en las churrerías que hay cerca del parque de Pedro Antonio de Alarcón. Lo mismo ocurre en Baza y en Huéscar, por los alrededores de la Plaza Mayor. Y así, en cualquier pueblo del Altiplano que vayamos. Se puede decir que los churros se han convertido en el manjar del pobre, al que se le ve tan contento con su cuarto y mitad, envuelto en papel de estraza. Había un churrero en Jaén que hacía unas roscas muy sabrosas y crujientes, y te las servía atadas a un junco. ¡Vaya, aquello fardaba! Los ‘malanges’ sevillanos también son muy aficionados a los calentitos, y ellos están muy orgullosos de que los jeringos son los mejores churros del mundo, y con diferencia. En Extremadura te suelen poner unas jeringas    –así las llaman por allí– gordas y negruzcas, con la masa casi cruda, que luego se deshace en la boca.

Por el barrio de Carabanchel, en Madrid, recuerdo que había un servicio muy bueno: “¿Qué va a ser?”, te preguntaba el camarero. “Ponme unas porras”. Pero esto de manejar la masa con los palillos tiene su truco, y luego hay que procurar comer con tiento, por aquello de los ardores a media mañana. Por eso dicen que los ricos prefieren el cruasán francés, porque no se repite. Hace unos años, había un churrero que plantaba el chiringuito cerca del puente del Camino de Ronda, en Granada. El caso es que se veían pegotes de masa por todo el tenderete y aquello daba la impresión de que el de la batuta freía los churros a perdigonazos.


Publicado en el suplemento cultural, de agosto, de WADI-AS, 





domingo, 27 de septiembre de 2015

ERRORES DE LA ADMINISTRACIÓN







Hace un año, un vecino de un pueblo de la provincia de Granada me dijo que no lo llamaban del SAE (Servicio Andaluz de Empleo), para los 15 días de trabajo en el Ayuntamiento. Como le correspondía y no lo atendieron, presentó un escrito en la Delegación de Empleo de Granada y, al mes siguiente, lo incluyeron en las listas del Ayuntamiento y trabajó. Las listas de desempleados deberían ser públicas, para que todos tuvieran acceso a ellas, pero no las exponen en los tablones de anuncios por los motivos que ellos sabrán. A primeros de septiembre estuve en Extremadura y aquí el asunto es mucho peor. Un amigo extremeño recibe una carta certificada, de la Delegación del Servicio Extremeño Público de Empleo de Badajoz (SEXPE), diciéndole que tiene que devolver los 781 euros cobrados del trabajo agrario del Ayuntamiento, que realizó en junio, y que puede hacer un recurso en el plazo de quince días. El motivo es porque “no ha comunicado la baja y el alta, en el Ayuntamiento, a la Tesorería General de la Seguridad Social”. Le envían también una solicitud para que pida el fraccionamiento o aplazamiento de los 781 euros, y se los irán descontando del dinero del PER. Por si esto fuera poco, como no había ingresado la última cuota mensual –el sello, como le dicen por allí–, de 87 euros a la Seguridad Social, ahora tiene que abonarla con un recargo de 17 euros.

Los cuatrocientos y pico euros mensuales del desempleo, que cobraba este parado, eran sus únicos ingresos, por lo que estaba muy preocupado. En la oficina del INEM le dijeron que se trajera el Libro de familia y la última declaración de la Renta, que le iban a escribir una carta a Badajoz. Le informé que no necesitaba una carta, sino que tenía que presentar un recurso en el plazo de un mes. Yo había estudiado los temas de la Seguridad Social en las oposiciones y se me quedó grabado que, “el empresario es el único responsable del ingreso de las cuotas del trabajador a la S.S.”. Precisamente, hacía unos días que yo había visto en el móvil de un trabajador granadino un mensaje, de la Tesorería General de la Seguridad Social, donde le comunicaba las fechas en que había sido dado de alta y de baja, respectivamente, cuando trabajó 15 días para Ayuntamiento de una localidad granadina. En el INEM no pudieron hacerle el escrito a mi amigo, porque esa mañana no funcionaron los ordenadores, pero ante las nuevas explicaciones que les dio, reconocieron que en Empleo se habían equivocado también con varios parados más.

El tema estaba claro, algún empleado del SEXPE no había comunicado las altas y bajas de los trabajadores del PER, a su tiempo, y no se les ocurrió nada mejor que iniciar un expediente de reintegro, de los 781 euros cobrados por desempleados de varios Ayuntamientos, y otro expediente, en vía de apremio y con recargo de 17 euros, por no ingresar la cuota mensual correspondiente a la S.S. Mayor desidia no se puede pedir. Le dije al amigo, que había sido expedientado dos veces por causas ajenas a él, de acompañarlo a las oficinas pero se negó en redondo, no sé si por miedo o por lo que fuera. Pero lo que más me sorprendió es que, precisamente, a los que menos cobran de la sociedad, a los parados de 62 años que perciben cuatrocientos y pico euros al mes de subsidio –su único ingreso–, les hagan esta faena y encima les abran dos expedientes, cuando a todas luces la culpa ha sido de la Administración. “En todo momento, la Administración, puede corregir o rectificar de oficio los errores materiales y de hecho, que se produzcan…”, recuerdo el artículo de memoria.

En septiembre le he preguntado de nuevo a mi amigo: “Me ha dicho la jefa del INEM que algún empleado me ha dado de baja por error, que el fallo es de la Seguridad Social y que me va a hacer una carta para cobrar lo atrasado”. Es posible que este parado no hiciera algún trámite, después de trabajar en el PER, y que todo se liara. También hay que tener en cuenta que las elecciones autonómicas fueron en el mes de mayo y en Extremadura ha habido cambio de Gobierno, por lo que habrán entrado empleados nuevos. Yo soy funcionario y alguien debe de responsabilizarse por este desaguisado, o de la mala fama no nos libra nadie.



martes, 15 de septiembre de 2015

EL TREN DE GUADIX A BAZA

Antigua estación de Baza


Dedicado a Nicolás Cárdenas

La mirada nostálgica, a través del filtro del tiempo, ha transformado aquel vetusto tren de vapor –cansino, lento y monótono– en un romántico viaje al pasado. Casi en una aventura. El histórico tren de la línea Guadix-Baza-Almendricos fue inaugurado allá por el año 1895 y, como un bisonte desbocado, cruzaba las provincias de Granada, Almería y Murcia. Pero estaba escrito que no debía durar ni un siglo, pues cerraron la línea el 1 de enero de 1985. A mediados de los sesenta, yo tenía doce años y recuerdo la estación de Guadix como en una nube de algodón: aquella vieja locomotora resoplaba como un potro mientras iba soltando chorros de vapor. Luego, el trasiego de la gente que iba y venía, el labriego con su gorra de visera y una maleta a cuadros, aquella mujer vestida de negro y con una cesta en el brazo, el mozo que lleva los paquetes en un carrillo de madera, el tío de las pipas, el factor con su gorra roja, mirando impaciente el reloj... En fin, las prisas, el agobio y una especie de angustia, mezclada con alegría, porque el 22 de diciembre significaba para los estudiantes el comienzo de las vacaciones de Navidad.
Poco después de la señal, el renqueante ‘caballo de hierro’ se deslizaba perezosamente por los raíles, mientras los pobres se apretujaban en los incómodos bancos de madera, que hacían interminable el largo viaje. A través de las ventanillas, podíamos contemplar el árido paisaje de las tierras rojizas de Guadix y las blancuzcas de Baza, aunque el tren parecía desintegrarse al pasar por el viejo puente de piedra, sobre el río Gor, y que todavía conserva las traviesas. Mientras tanto, la locomotora Baldwin trotaba como una jaca alazana, con su penacho de humo al viento, por las desérticas planicies, con un maquinista y un fogonero, que iba echando paletadas de carbón. Ahora, el alcalde de Guadix la tiene encerrada en un hangar, como un cacharro inservible, en vez de montar un tren turístico por la zona. Aquellas bulliciosas estaciones de entonces, con sus andenes y vagones, se convirtieron en lugares de paso, en comienzo y fin de trayecto, en encuentros y desencuentros, en despedidas dolorosas, donde se mezclaban al mismo tiempo los abrazos y adioses, los lloros y besos, las alegrías y las penas. Sus andenes podrían contarnos muchas historias anónimas y, entre sus marquesinas, han quedado prendidos tantos recuerdos como lágrimas derramadas entre los viejos raíles. 
El tren cerca de Gor


Nicolás Cárdenas se jubiló de especialista de estación en Guadix, hace 18 años, pero se acuerda muy bien de aquel fatídico día: “Precisamente, el 31 de diciembre de 1984, fuimos a cerrar la estación de Baza con la locomotora de vapor y, de paso, nos trajimos el reloj, los faroles, etc. Pero allí nos encontramos con los manifestantes y con una impresionante hoguera en la vía general. El caso es que tuvo que intervenir la Guardia Civil. En Baúl pusieron traviesas ardiendo en la vía y tuvimos que parar. Y en Hernán Valle, medio centenar de personas ocuparon los raíles. Pero en Guadix acabó la historia y la línea se cerró”. En esta estación se anunciaba, con un repique y tres toques de campana, cuando el tren venía por Gor. Con un toque cuando venía por La Calahorra, y dos si el tren ya asomaba por Benalúa.
Recuerdo que el tren de Guadix, que salía a las dos de la tarde, llegaba a Baza a las 4:30: más no se podía pedir. Y según cuenta Nicolás Cárdenas, había veces que el maquinista tenía que bajarse y echar arena en las vías, porque la locomotora no podía subir las cuestas de Gor y de Hernán Valle. “En cuanto a mercancías, venía de todo. De Albox traían sacos de alpargatas, escobas y cáñamo. Y de otros sitios venían vagones cargados de esparto. Luego tienes que ‘El Pescadero’ era el tren que venía de Almería a Baza, con diez o doce cajas de pescado... Y también estaba el tren de los borrachos...”. Hoy día, la estación de Gor está completamente abandonada, pues allí solo crecen matorrales. Y no digamos la estación de Gorafe, reconvertida en un corral de cabras, y que hace tiempo han debido comerse las vías. 
En Caniles el abandono es total, mientras que la chimenea de la azucarera Las Mercedes se eleva al cielo, como fiel testigo de aquella época del desarrollo. La estación de Baza ha sido restaurada, pero ya no queda ni rastro de las antiguas vías. Con el tren se llevaron las últimas esperanzas de estas tierras deprimidas, pues decían que la línea no era rentable. Claro, aquí lo único rentable de toda la vida han sido la emigración y el oficio de limpiabotas. El cierre de la línea significaba condenar al atraso económico a las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar y, de paso, acabaron con el cultivo de la remolacha y dejaron sin salida a los productos de la zona. ¡Lo de siempre! Pero, mejor será quedarse con los bellos recuerdos y no contemplar estas ruinosas estaciones y andenes desaparecidos –ni siquiera se molestan en restaurarlos–, que más parecen fantasmas del pasado. “¡Viajeros al tren! El tren con destino a Gor, Gorafe, Baúl, Zújar, Freila, Baza, Caniles y Almendricos va a efectuar la salida de un momento a otro… ¡Piií!”.

Posdata: este artículo fue publicado en La Opinión de Granada, el 14 de diciembre de 2005. La línea fue cerrada por el Gobierno de Felipe González, al mismo tiempo que apostaba por el AVE Sevilla-Madrid. Todas las líneas en España eran deficitarias, salvo la de Madrid-Barcelona y alguna que otra. Extraído de mi libro ‘Artículos del Altiplano y de Granada’.

sábado, 5 de septiembre de 2015

ABUSOS Y TARDANZAS












El 21 de enero pasado me acerco a la consulta de un dentista, en un barrio periférico de Granada, aconsejado por un conocido porque me dice que “es bueno y económico”. Al subir las escaleras del bloque me dio mala impresión, pues eran pisos para gente humilde, con las paredes desconchadas y con escasa iluminación. Una mujer me hizo pasar a una sala de espera y, al poco, me entregó un formulario para que lo rellenara. Escribí los datos del paciente y lo firmé. Pero mi sorpresa fue al leer el folio por la cara de atrás, donde pone: “Historia clínica médica, cuestionario de salud”. Y debajo vienen quince preguntas (con una serie interminable de enfermedades, de manera que pocas habrán quedado en el tintero) y que transcribo literalmente, aunque lo he resumido debido a la extensión.

“1.¿Ha sido hospitalizado en los últimos dos años? ¿Tiene problemas cardiovasculares?: hipertensión; antecedentes de infarto de miocardio o angina de pecho; arritmias; antecedentes de trombosis o endocarditis…
2. ¿Tiene problemas endocrino-metabólicos?: diabetes, tiroides, otros.
3. ¿Tiene problemas respiratorios?: asma, bronquitis, neumonía, tuberculosis…
4. ¿Tiene problemas genitourinarios?: insuficiencia renal, diálisis, etc., problemas prostáticos.
5. ¿Tiene problemas en el sistema hematopoyético?: anemia, problemas coagulación…
6. ¿Tiene problemas digestivos y/o hepáticos?: úlcera gastrointestinal, hernia de hiato, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, hepatitis…
7. ¿Tiene problemas en el aparato locomotor?: artrosis, artrosis reumatoide, otros.
8. ¿Tiene o ha padecido alguna enfermedad infectocontagiosa?: herpes recurrentes, antecedentes herpes zoster, antecedentes hepatitis, sida, tuberculosis…”.
Y así hasta completar las quince preguntas, sin embargo, para no cansar demasiado, aporto la fotocopia escaneada que me entregó la auxiliar del dentista. Al final de las preguntas viene la guinda: “El paciente o el tutor se responsabiliza de la veracidad de los antecedentes clínicos declarados y afirma que no oculta ninguna información adicional en relación a su estado de salud. Granada, a…”.

Cuando yo vi aquella ristra de preguntas, me negué a rellenar el formulario, es más, me indignó ver tanta pregunta estúpida. En esto apareció el dentista y le aclaro: “Yo solo vengo a hacerme una limpieza de boca, enséñeme la norma donde yo tengo que rellenar todo esto”. El joven dentista me puso la mano en el hombro y me dijo: “Es usted el primero,  en diez años que llevo, que me dice esto. Denuncie usted si quiere y no me caliente la cabeza”. Le respondí: ¿Encima que vengo a una limpieza de dientes, me dice que le caliento la cabeza? ¿Por qué no me enseña la norma donde estoy obligado a rellenar estos datos?”. Y me marché. Salí de la consulta bastante malhumorado, por la forma que tenía el odontólogo de hablar y de tratar a los pacientes, y porque había perdido toda la tarde en acudir a la cita. Estaba claro que aquel cuestionario de preguntas era una invención suya, y no sé para qué le serviría tanta información innecesaria.

Como habrán comprobado, el cuestionario de salud  es un examen concienzudo –una ficha policial–, donde no falta un detalle, y es más completo que un historial clínico. Mi pregunta es: ¿Es necesario exigir tanta información al paciente, para una simple limpieza de boca?, ¿es obligatorio rellenar el formulario? ¿Estamos ante un abuso del dentista, que te exige más información que si fueras a hacerte una operación en el hospital? A los pocos días, me dieron cita para un dentista del centro de Granada. No tuve que rellenar ningún formulario y sólo me hicieron dos preguntas: si había estado allí con anterioridad y cómo me había enterado de la dirección de la consulta. Y es que lo barato a veces sale bastante caro.

El 27 de agosto recibo una carta en Las Gabias, que ha sido enviada desde Francia. El matasellos indica la fecha del 11 de agosto, por lo que ha tardado 16 días en llegar a mi buzón, con los tiempos que corren. No hace mucho fui a quejarme a la estafeta de que el cartero pasaba por el barrio una vez a la semana. En Correos están con los ajustes de plantilla y el servicio está como a principios del siglo XX. La propaganda que utiliza Correos es la siguiente: las cartas a la capital tardan un día, a la provincia, dos y al resto de España, tres.




domingo, 16 de agosto de 2015

EL DÍA DEL ABUELO













 “La única patria que tiene el hombre es la infancia”, Rainer María Rilke.



En una encuesta realizada el pasado año, los abuelos tenían la moral por las nubes: de los casi 7,3 millones de mayores de 65 años, más del 90% confesaban estar alegres y felices; y más del 80% se sentían útiles e ilusionados. Pero la realidad va por otro lado: “Alrededor de 400.000 personas mayores sufren algún tipo de maltrato en España”, asegura la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados. Su presidente, Martín Pindado, destaca que “es muy frecuente el maltrato químico, que consiste en medicar al abuelo para que se tranquilice un poco y no dé la lata”. Y el doctor Rafael Rodríguez opina que, de cada diez casos de maltrato a ancianos, sólo trasciende uno, y la mayoría no llega a ser denunciado. Asimismo, el maltrato psicológico –con amenazas y humillaciones– está bastante extendido.

El Teléfono de Atención a Situaciones de Maltrato de Personas Mayores (900 858 381), que depende de la Junta de Andalucía, recibió el pasado año 290 llamadas, de las que 163 denunciaban presuntas agresiones. Esto supone un incremento del 39% con respecto al año anterior. Los motivos de las quejas fueron el abandono por parte de la familia (55), el maltrato familiar (49) y los malos tratos en residencias privadas (31). Veintiuna de estas denuncias procedían de Granada. En cuanto a las pensiones, en mayo pasado se abonaron 1.293.652 en Andalucía –un 15% del total nacional–, cifra sólo superada por Cataluña. En cambio, la cuantía de la pensión de los andaluces esta casi ocho puntos por debajo de la media nacional, cifrada en unos 640 euros. Y como siempre andamos en los puestos de cola, las pensiones de los granadinos no llegan a la media andaluza. En Granada nunca llegamos: nunca llega el AVE, nunca acaba de llegar la autovía a la Costa, nunca llega el Metro, nunca llegará el museo... Aunque es sabido que el granadino protesta mucho, pero se mueve poco.

Según el Instituto Nacional de Estadística, casi un millón de andaluces –unos 474.000 menores de 16 años, y 490.000 mayores de sesenta y cinco años– se encuentran por debajo del umbral de la pobreza. De manera que, la Andalucía de la ‘Segunda Modernización del Arado Romano’, se sitúa entre las comunidades autónomas con mayor tasa de pobreza –un  31,1%–; sólo por delante de Ceuta, Melilla y Extremadura. En un informe anual de la Fundación Encuentro, se critica que no sólo somos el país de la Unión Europea que dedica menos recursos en prestaciones sociales a la familia, sino que en el cuidado de los ancianos los asigna de manera injusta e ineficaz: “En España, 2,6 millones de mayores de 65 años viven con sus hijos; mientras que 1,4 millones viven solos. Y sin embargo, más de la mitad de los servicios sociales se centran en los hogares solitarios”. Además, muchos ancianos no hablan con nadie durante semanas y otros no pueden salir a la calle por falta de movilidad.

Según una tesis doctoral del gerontólogo David Sánchez, “Granada es la capital andaluza con el censo más envejecido y donde más de 13.000 ancianos necesitan ayuda. De ellos, unos 1.300 no reciben ayuda de ninguna entidad”. Y en un estudio de la Red de Mujeres del Zaidín se indica que, al menos, 3.500 pisos del Zaidín están habitados por una sola persona, en su mayoría mujeres viudas con necesidades sociales y sanitarias. Ya lo advertía Ramón y Cajal: “Lo más triste de envejecer es carecer de mañana”. El pasado año, en la provincia de Granada  había 33 residencias para mayores, con 1.620 plazas, la mayoría de ellas concertadas. Eso sí, la Junta de Andalucía prometió duplicarlas en un par de años; aunque no sé de dónde va a sacar el dinero para que se produzca el milagro.


El demógrafo Julio Pérez ha destacado la importancia de los abuelos: “Nunca como ahora han recibido los españoles tantos recursos y atenciones por parte de sus mayores”. Tampoco debemos olvidar la ayuda que prestan, a la hora de criar y educar a los nietos, cuando los padres trabajan o están enfermos; incluso, cuando se hacen cargo de los nietos toxicómanos, a consecuencia del abandono y negligencia de los padres. El abuelo ha pasado de ser el patriarca de la casa, con su garrota, sus achaques y su silla al lado de la lumbre, a ser tratado poco menos que como un estorbo: lo que ha ganado en la paga, lo ha perdido en reconocimiento y afecto. Hace unos años conseguí una foto de mi padre, de cuando hizo la mili en Larache, en 1941. Allí está junto a otros reclutas, con el cigarro entre los dedos, con su correaje y su gorro de serón. La historia de ellos será también la nuestra. Termino con esta cita del general Charles de Gaulle: "La vejez es un naufragio".

Nota. Este artículo lo escribí en 2006, con motivo el Día del Abuelo, que se celebra el 26 de julio. En 2007 empezó la crisis económica, por lo que la situación empeoró mucho para los españoles. Pero hay que destacar que la paga de los abuelos fue providencial para miles de familias de parados, en esos años de recesión.