A la casa de campo se llegaba dejando la carretera a un lado y luego había que continuar por un camino de tierra. Era de una sola planta y las habitaciones estaban mal distribuidas. Allí había caballos, una piara de cerdos y bastantes perros, que estaban encerrados en jaulas de tela metálica. Sin embargo, Kimba se hallaba atada a una cadena, que se deslizaba por un alambre, y esto le permitía moverse unos metros a través de un estrecho pasillo. Cuando nuestras miradas se cruzaron, la perra me reconoció al instante y entonces saltó sobre mí, como enloquecida, dando alegres ladridos y embarrándome la ropa. Al animal sólo le faltaba hablar y manifestaba así su alegría, echándose sobre mí. ¡Pobre Kimba!, su alegría era inmensa al ver a su antiguo dueño y mi alegría era grande también, aunque la tristeza me embargaba. Éramos como dos viejos amigos, o quizá como el padre que ve a su hijo unos instantes, y sabe que no lo verá nunca más. Yo me imaginaba a la perra –un pastor alemán– corriendo por el campo y jugando con los animales, pues en mi casa era como de la familia. La imaginaba en libertad y pensaba que me reconocería, pero después de un breve saludo, seguiría correteando por el campo. ¡Iluso de mí! Kimba era una cachorra de un año y medio y le divertía jugar. Era alegre y obediente, y le teníamos un cariño inmenso.
sábado, 28 de marzo de 2015
HISTORIA DE KIMBA
A la casa de campo se llegaba dejando la carretera a un lado y luego había que continuar por un camino de tierra. Era de una sola planta y las habitaciones estaban mal distribuidas. Allí había caballos, una piara de cerdos y bastantes perros, que estaban encerrados en jaulas de tela metálica. Sin embargo, Kimba se hallaba atada a una cadena, que se deslizaba por un alambre, y esto le permitía moverse unos metros a través de un estrecho pasillo. Cuando nuestras miradas se cruzaron, la perra me reconoció al instante y entonces saltó sobre mí, como enloquecida, dando alegres ladridos y embarrándome la ropa. Al animal sólo le faltaba hablar y manifestaba así su alegría, echándose sobre mí. ¡Pobre Kimba!, su alegría era inmensa al ver a su antiguo dueño y mi alegría era grande también, aunque la tristeza me embargaba. Éramos como dos viejos amigos, o quizá como el padre que ve a su hijo unos instantes, y sabe que no lo verá nunca más. Yo me imaginaba a la perra –un pastor alemán– corriendo por el campo y jugando con los animales, pues en mi casa era como de la familia. La imaginaba en libertad y pensaba que me reconocería, pero después de un breve saludo, seguiría correteando por el campo. ¡Iluso de mí! Kimba era una cachorra de un año y medio y le divertía jugar. Era alegre y obediente, y le teníamos un cariño inmenso.
domingo, 15 de marzo de 2015
DE VACACIONES EN TÁNGER
En septiembre de 1979 decidí ir a Marruecos, pues era como traspasar el túnel del tiempo y retroceder dos mil años en la Historia. Recuerdo que, en la aduana de El Tarajal, a las afueras de Ceuta, un inoportuno golpe de aire barrió mi pasaporte del mostrador y fue a parar al suelo. Esto lo aprovechó un hippy inglés –de ésos que le dan a la mata–, para colarse. Después declaré que mi profesión era cartero. El caso es que, tras esperar un rato, oigo a un guardia marroquí que vocea por la ventanilla: “¡Correo, correo!”. Un poco más allá, un grupo de moros se hacinaba frente al puesto fronterizo español, pero era esa época de la férrea dictadura de Hassan II, en que todavía el fundamentalismo no había hecho temblar los cimientos del Islam, por lo que daba gusto pasear por las avenidas de Tetuán, perderse entre el laberinto de callejuelas de la Medina de Tánger, o bañarse en la solitaria playa de Larache.
viernes, 27 de febrero de 2015
EL ACOSO ESCOLAR, QUE NO CESA
El 11 de abril de 2013, Carla se suicidó arrojándose al mar, después de que varias compañeras de su colegio la hostigaran, como ha reconocido un juez de Menores en la sentencia. “No puedo estar satisfecha. Se ha muerto mi hija...”, se queja Montserrat Magnien, aunque considera que la condena a seis meses de trabajos sociales, a las dos compañeras de Carla, es “lo justo, pero aún queda mucho por hacer y mucha gente por pagar. Esto es solo el principio del camino, pero hay más responsables”, aseguraba el 2 de enero pasado. Se refería a la dirección del centro educativo en el que su hija de 14 años cursaba sus estudios y donde, asegura, “eran conocedores del acoso escolar a la que estaba sometida desde hacía tiempo”.
http://en-clase.ideal.es/opinion-200/2311
sábado, 14 de febrero de 2015
CIERRA LA LIBRERÍA ESTUDIOS
En la calle Mesones había también cuatro ferreterías, ‘La campana’, ‘El candado’, ‘Mesa Hermanos’ y ‘Las artes’, hoy no queda ninguna; dos sombrererías, ‘Bermúdez’ y ‘Sevilla’ –nuestros padres usaron mucho el sombrero y la gorra–, ‘Almacenes de quincalla y otros La mariposa’, ‘Almacenes de tejidos, Buenos Aires’ (hará cinco años que echó el cierre), el ‘Bar y la Pensión el Rinconcillo’, que estaban en la plaza de Cauchiles. La relación se completa con varias cafeterías, tiendas de tejidos y muebles, una ortopedia, tres farmacias y alguna óptica. En total había 82 locales comerciales, algunos con 1,10 metros lineales.
viernes, 6 de febrero de 2015
ANTONIO CORTÉS, 'EL TRECE'
| Antonio Cortés 'el Trece' |
“¡El trece, el treeece!”, de esta manera, un hombre menudo y con gorra va voceando este número de la Lotería Nacional todos las mañanas, haga frío o calor, por las calles de Guadix. Y tanto va el cántaro a la fuente, que se ha quedado con el apodo de ‘el Trece’. Alguna vez intenté echarle una foto, pero no me atreví porque no lo conocía. Hasta que, a mediados de diciembre, cuando yo estaba sacando fotos a los puestos de las panderetas, en la avenida de Medina Olmos, un joven que vendía los iguales me dijo: “¡Échale una foto al ‘Trece’!”. Como este no se hizo de rogar, allí mismo lo retraté y ya nos liamos a hablar: “Una vez di un premio, pero tengo que dar el premio gordo”, me dijo y es de suponer que esta es la ilusión de cualquier lotero. “Pero el gordo te lo llevas tú todos los días –le dije medio en broma–. Te regalaré la foto”. “Sí, eso me dicen todos”, me respondió a modo de despedida.
Publicado en el semanario Wadi-as, el 24 de enero de 2015
UNA MAESTRA LLAMADA ANGELITA
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| En la Escuela de Adultos |
Ángeles Domingo García, maestra del Centro de Educación de Adultos de Puebla de Don Fadrique, murió el pasado cuatro de febrero de 2005, en Galera, a consecuencia de un infarto. Uno no sale todavía de su asombro, mientras se pregunta: “¿Cómo es posible, con sólo 45 años? ¡Pero, si esta Navidad estuvimos juntos en su casa, tomando mistela y unos roscos!”. Entonces la encontré más alegre, incluso más bonica que en otras ocasiones, pero le costaba trabajo respirar pues fumaba un cigarro tras otro y, a veces, rompía a toser con esa tos cansina, cual Dama de las Camelias. Recuerdo que le dije, bromeando: “No me gustaría tener que venir al entierro de mi prima”. Angelita fue para mí como una hermana y, era tan humilde, que pasó por la vida de puntillas mientras derrochaba generosidad a espuertas. Era una mujer entrañable que se sacrificó por los demás; pero los demás no supimos valorar su espíritu servicial.
¡Qué ilusión tenía por vivir y, sin embargo, cómo le atizó la vida! Se comió sus lágrimas en silencio para que no la viéramos llorar y su alma generosa chocaba a veces con la mezquindad. La mala suerte parecía perseguirla, pero nunca le faltaba una sonrisa en los labios. ¡Cuántas batallas perdidas! A la mi niña la llamábamos todos Angelita, pues, en el fondo, estaba necesitada de afecto. Ahora es el tiempo de los ‘cáquiles’, me decía riéndose. Quizá ella debió de presentir algo porque, unas semanas antes le confesó a su padre, que también anda delicado de salud: “Si yo me muriera antes que tú, me gustaría que me enterraras en el nicho de mi madre”. Sentía veneración por su madre. Recuerdo que un día le pregunté que cuándo se iba a ir a su piso de Huéscar, y su respuesta fue: “Yo cuidaré de mi padre mientras viva”. Los fines de semana, cuando acababa sus clases en la Puebla, se venía a Galera, incluso no salía a la calle. Pocas veces una hija miró tanto por sus padres.
Me ayudó mucho y, en señal de gratitud, le dedico unas tristes líneas. Unos quince días antes de que muriera el párroco de Galera, Rafael Carayol, me lo presentó en el Bar Cirilo. El historiador había escrito varios libros sobre los moriscos y cristianos de Galera y Orce. En agosto pasado, yo me encontraba en Extremadura: fue ella quien me avisó de la muerte del escritor galerino, Jesús Fernández. Y artículos míos sobre la Puebla y Huéscar fueron posibles gracias a ella. Recuerdo que un poblato se quejó del ruido de las campanas, del reloj de la iglesia, y el pueblo andaba algo revolucionado. Entonces me llamó para ver si yo escribía sobre el tema. ¡Cuánto amó Angelita a la Puebla! Y muchos de sus alumnos poblatos, hasta su amiga Maria Eugenia, le devolvieron ese cariño viniendo a decirle el último adiós. En la heroica iglesia de la villa le hicieron el funeral, y los tres jóvenes sacerdotes de Galera, la Puebla y Huéscar oficiaron el ceremonial. Los tres destacaron su entrañable humanidad: “No. No es que queramos decir unas palabras ahora que ella ha muerto... Todos la llamábamos Angelita”.
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| Ángeles, a la derecha, en la escuela |
Publicado en La Opinión de Granada, el 12 de febrero de 2005 y en mi libro 'Artículos del Altiplano y de Granada' (2014)
Posdata: En los días posteriores
hice estas anotaciones. Dos días
antes, Ángeles tenía anginas y últimamente estaba algo tristona. María Eugenia,
su amiga de la Puebla, me dijo después del funeral: “En la caja no la conocí,
pues aquella expresión no era suya. Era tan generosa... Cuando leí tu artículo
me sentí más tranquila. Llevaba lo de la Escuela de Adultos, la teoría del
carné de conducir y lo de auxiliar de... Trabajaba mucho”. Luego me dio las
gracias varias veces. Pepe Domingo, el padre de Angelita, me decía: “Ya estoy
algo mejor, ¡vaya!, y he compuesto algunos romances. Como ella no había otra en
la familia. Hicieron un funeral en la Puebla y han repartido muchas fotocopias,
allí la querían mucho”. El párroco de la Puebla le dedicó esta bella frase en
el funeral: “Es un rosal cargado de rosas y ha venido un ángel y se lo ha
llevado al cielo”. Su hermano Pepe, al regresar del campo, encontró muerta a
Ángeles en la cama y llamó por teléfono
al Hospital Comarcal de Baza –donde estaba internado su padre–, sobre las 11 de
la mañana. Sus palabras a una hermana lo dicen todo: “¡No se mueve! ¡Que no se
mueve!...”. La foto de arriba está hecha "unos días antes de su fallecimiento, preparando el 28 F, Día de Andalucía", me dice su hermana Charo Domingo.
domingo, 25 de enero de 2015
DE SANTOS Y DUENDES
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| Con mis tíos, Jesús y Paco, en Orce. 1959 |
En recuerdo de Juan Antonio Casanova Guillén
Publicado en Ideal, el 21 de enero de 2003 y en la revista Alcazaba, de Orce, en noviembre de 2014. En Ideal salió con la foto de varios danzantes, entre ellos Juan Antonio Casanova y Antonio Sanchéz. Este artículo viene incluido en mi libro, Artículos del Altiplano y de Granada. Esta foto me la envió mi amigo Juanjo Martínez, en marzo de 2020
¡Hasta siempre, Juan Antonio!






