domingo, 23 de febrero de 2014

LA ESCUELA UNITARIA DE DON PASCUAL

Don Pascual Dengra







Pascual Dengra López (1891-1976) procedía de una familia humilde, pues se padre era albañil. Se quedó huérfano de padre, con nueve años, por lo que tuvo que abandonar la escuela. En 1903 entró a trabajar como lector de su correspondencia en casa del político y escritor don Bruno Portillo, que padecía ya una ceguera avanzada. Y de esta manera pudo estudiar magisterio. Sacó la oposición de maestro nacional en 1914 y obtuvo una plaza en Villacarrillo (Jaén). Dos años más tarde le conceden el traslado a Huéscar, su ciudad natal, en la Escuela Número 1, de Niños, que se encontraba en la calle de las Francesas. Diez años más tarde, Pascual se licenciará en Derecho, en la Universidad de Murcia, y ejerció la abogacía con posterioridad. El 11 de septiembre de 1922, el Pleno del Ayuntamiento de Huéscar acordó lo siguiente (sic): “Que es un hecho cierto que el Sr. Dengra López, desde que se hizo cargo de la Escuela Unitaria de niños de esta ciudad, ha puesto una voluntad y gran talento al servicio de la educación e instrucción de los niños de su clase, cuya magna obra, de resultados ya tangibles, crearía una nueva generación culta y patriótica (…). Que el Ayuntº., en su carácter de representante del pueblo, está obligado a demostrar de alguna forma al Sr. Dengra López su gratitud y reconocimiento, unánimemente acuerda: Conceder a dicho Maestro un expresivo voto de gracias por la obra educativa que persigue y realiza. Concederle también una gratificación anual de quinientas pesetas, a partir del primero de octubre próximo…”.

 Cándido Sánchez, que falleció hace dos años, fue colaborador de la revista oscense ‘Cuadernillos de la Sagra’ (utilizaba el seudónimo de ‘el Pelú de Marras’) y, en su artículo ‘De mis días de escuela. In memoriam del Maestro y dedicado a mis nietos’, de septiembre de 2001, cuenta que con seis años lo llevaron con don Pascual. Entonces, el maestro se ayudaba de figuras geométricas de madera para enseñar: “¿Qué tengo en la mano?, pregunta a uno. El interpelado se ponía en pie y contestaba. A los mayores les preguntaba: ¿Qué hay que hacer para elevar al cubo el volumen del cono? Y así, según el nivel de cada uno, la pregunta era más sencilla o complicada”. Era una escuela a imagen y semejanza de la de don Antonio Machado, en el instituto de Baeza: la vieja mesa del maestro, con sus cajones, y dos hileras de pupitres de madera de haya, con sus tinteros donde los alumnos mojaban la pluma; una desgastada pizarra negra y, encima, un cuadro con la figura de una mujer –‘la Niña bonita’–, que era la alegoría de la República, y un crucifijo al lado. En aquellos agitados días, un decreto del Gobierno de Manuel Azaña ordenó quitar los crucifijos en las escuelas, y más tarde Azaña pudo proclamar aquello de “España ha dejado de ser católica”.

Don Pascual Dengra y sus alumnos. 1930



Cándido recuerda que “el maestro nos lo hizo saber con aquella voz grave, elocuente y sonora con que dictaba: Amor a la patria, al orden y respeto a Dios y al prójimo”. Al poco, entraron en la escuela la madre del maestro, su esposa, sus hijas..., y don Pascual dijo con la voz entrecortada: ‘Un año más, y serán veinte, llevo en esta escuela cumpliendo con mi deber, en ellos voy dejando parte de mi vida... Jamás pasó por mi mente que llegaría el día donde haría lo que hoy tengo que hacer’. Después de quitar el crucifijo, con lágrimas en los ojos, dijo a sus alumnos: ‘Pidamos todos perdón a Dios por este sacrificio, al que nos obligan las circunstancias’”. Durante la Guerra Civil, unos jóvenes armados de fusiles entraron en la escuela. Uno de ellos, que había sido discípulo de don Pascual, se cuadró y le dijo que cumplía órdenes. Dejó que se despidiera de su familia –al joven entonces se le saltaron las lágrimas–, pero pasadas unas horas lo dejaron en libertad. Más tarde, fue cesado como maestro, pasando por las cárceles de Vélez-Rubio, Baza y Huéscar hasta el final de la guerra. Cándido recuerda que “muchos días de invierno nosotros teníamos que hacer gimnasia para no quedarnos arrecíos”. Y más adelante, añade: “En esto la campana de Santa María la Mayor dio las nueve campanadas, hora de entrar en la escuela. Todos asomando la cabeza por las esquinas. El maestro se asomó a la puerta, miró a los lados, dio unas palmadas, y cual manada de potrillos desbocados enfilamos retozones hacia la escuela, ocupando cada cual su sitio”.

Dibujo de Francisco Gª de la Serrana


En otra ocasión, don Pascual recordó estas palabras a sus alumnos: “Niños hoy, hombres mañana, procurad llegar a ser hombres de provecho, luchar si es preciso porque acaben las injusticias sociales, porque la miseria y el hambre no exista en los hogares humildes”. En la posguerra Don Pascual puso, además, una academia de bachillerato ya que los alumnos tenían que examinarse como libres en el Instituto Padre Suárez de Granada. También fue director de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, donde los niños de los pueblos de la comarca veníamos a Huéscar con el pánico y la angustia en el cuerpo a enfrentarnos al temible examen de Ingreso.

Sin embargo, fue al jubilarse cuando el maestro cosechó lo que había sembrado, pues, en el dintel de la puerta de su Escuela Unitaria, pusieron una placa de mármol con esta leyenda: “Aquí vivió y tuvo su escuela don Pascual Dengra López, al que le fue concedida la Cruz de Alfonso X el Sabio  por su relevante labor educativa. 2-4-1961. Sus alumnos”. La medalla fue adquirida por sus antiguos alumnos. Baste recordar que enseñó a más de cinco mil alumnos, de los que 400 iniciaron estudios universitarios, y que el Ayuntamiento de Huéscar le concedió el título de ‘Hijo Predilecto’. Don Pascual falleció el 24 de agosto de 1976, pero la antigua escuela ya ni siquiera existe: la derribaron hace más de quince años para construir una urbanización. Lo de siempre. Hace unos años colocaron la antigua placa de mármol donde estuvo ubicada la escuela unitaria y ahí sigue.
Dibujo de la escuela de don Pascual Dengra

Quiero expresar mi agradecimiento a Juan de Dios Portillo García, director del Colegio Público ‘Natalio Rivas’, de Huéscar, por su interés y por la información que me ha proporcionado. El artículo de Cándido Sánchez me ha servido para recordar aquellas tardes pardas y frías en la escuela, aunque este se consideraba “el peor discípulo de don Pascual”. En cambio, el dibujante Francisco García de la Serrana, que falleció en noviembre de 2006, fue el alumno preferido del maestro. Las casualidades de la vida hicieron que, pasado un tiempo, yo conociera a Pascual, hijo del maestro, hicimos amistad y nos vemos de vez en cuando. Me proporcionó información sobre algunos personajes de Huéscar, lo mismo que su hermano Jaime, ya fallecido, que me sirvieron para escribir algunos artículos. Debo aclarar que una escuela unitaria es aquella donde un solo maestro da clases a alumnos de diversas edades y grados, como la que tenía don Pascual.

De él se puede decir que fue un maestro que dejó huella y no estaría de más recordar esta frase, entre otras, que le dedicó a los niños de su escuela: “Seguid siempre así, apartad, cuidadosamente, sin hacerle mal, la piedra que os intercepte el paso, y con la vista puesta en Dios, recorred la senda de la vida. Vuestro Maestro P. Dengra.
Huéscar, 10 de mayo de 1927”.

Publicado en mi libro 'Artículos del Altiplano y de  Granada', 2014

martes, 4 de febrero de 2014

CARTA A JOSÉ SARAMAGO





 
El rio Castril







Hace unos días celebraron un Pleno, en el Ayuntamiento de Castril, y me contaba Juan Iruela, un amigo castrileño: "El otro día, a solicitud del Grupo Independiente, hubo un pleno extraordinario para que el alcalde se posicione sobre el trasvase. Como suele ser habitual, la indefinición y la confusión fueron las dominantes en el pensamiento de nuestro amigo...". Y yo le contestaba al testigo: "Y ¿qué esperabas del Pleno? La consigna es, sigamos con el trasvase del río Castril a Baza –tienen una empresa colocando ya las tuberías y, paralizar la cosa, les cuesta dinero–, en función de la oposición que hagan los castrileños y corteños. Más las rectificaciones o el tirón de orejas que les mande la Unión Europea, pero aquí parece ser que el PSOE y el PP están de acuerdo en lo esencial, quiero decir en que se haga el trasvase, y no nos engañemos. Les ha dolido mucho la manifestación porque ya cuentan con un alcalde menos  –y no será el último–, aparte de que la gente del Altiplano está cada día más enojada con los socialistas, y con éstos y otros errores los llevarán a la oposición. Quitando a los pueblos favorecidos por el trasvase, todos los demás están en contra o están viendo la barbaridad que van a hacer". Lo que intentan hacer los ingenieros de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir es, lisa y llanamente, cargarse el mejor río de Andalucía –vegetación, flora, fauna y la matraca, el trasvase es contrario a varias directivas de la Unión Europea y es de esperar que lo paralicen–, en vez de coger el agua para riego directamente del pantano del Negratín, que tiene agua sobrante y que sería lo más lógico. Lo que pasa es que siempre guardan un as en la manga.

Pero yo quiero explicar un tema bastante complejo, porque es de suponer que a José Saramago –partidario del trasvase, como su esposa Pilar del Río y el alcalde de Castril, que con el Gobierno del PP dijo que iban a cargarse el río, pero con el PSOE ya no se lo cargan, y ahora está a favor del trasvase y de conservar el cargo– le dirían: "No, si lo que quieren hacer es sacar una tubería para Baza, sólo agua para consumo humano, y esto apenas le va a afectar al río". Y no hay más que ver que el Nobel vino a Castril echando la bronca a los ecologistas, como quien está en posesión de la verdad. Lo que trato de decir es que alguien tendría que decirle o explicarle 'la verdad' a Saramago, y por eso creo que no debemos de sacar juicios de valor de antemano. Pero, seguro que lo han engañado con el trasvase, lo mismo que engañaron a los castrileños y corteños, y a todo el que se puso por delante, porque hay políticos que no han hecho otra cosa en su vida. Es más, yo creo que si supiera la verdad de lo que están haciendo con el río, Saramago pondría a más de uno en su sitio, y valga este sencillo ejemplo. A mediados de mes salió en El País esta noticia sobre Azinhaga, el pueblo donde nació Saramago, el cual, bastante orgulloso, decía: "Mi aldea tiene dos ríos, uno se llama Almonda, otro Tajo o Tejo, según se mire desde Portugal o España. Los dos ríos tuvieron mejores épocas, pero pese a todas las fechorías que sobre ellos se han vertido y en ellos se han realizado siguen dándole personalidad a Azinhaga, la aldea ribatejana en la que nací y a la que vuelvo siempre. En Azinhaga hay una plaza, una iglesia, unos buenos restaurantes, una esquina del amor, un paseo junto al río…”.

Y uno piensa: ¿cómo es posible que diga estas frases en la prensa, sobre los ríos de su pueblo y, al mismo tiempo, esté a favor de la destrucción del río Castril? Supongamos que, en Azinhaga, intentaran entubar el río, como quieren hacer en Castril; seguro que la voz de Saramago atronaría por todo el mundo y nadie se atrevería a tocar un pelo al río Almonda... Un escritor que siempre se ha comprometido con la causa de los débiles, que nunca se ha callado allá por donde fuera, que ha dicho siempre las verdades del barquero, no puede aprobar que destruyan uno de los pocos ríos mejor conservados que quedan en España, porque iría en contra de sus principios, echaría todo su discurso por tierra. Lo diré más claro, un premio Nobel no puede estar con unos 'destriparríos', que lo único que están haciendo es una gran chapuza. 'La chapuza nacional', porque, a día de hoy, Baza tiene agua potable para sus habitantes y en ningún momento les ha faltado, ni han sufrido restricciones, como aseguraba algún que otro político interesado. El Grupo Independiente de Castril, el Ayuntamiento de Cortes de Baza (también del Grupo Independiente), Los Verdes, Comisiones Obreras e Izquierda Unida están en contra del trasvase –Pedro Vaquero lo dejó bien claro en la manifestación, que se celebró en Castril hace un mes, y que congregó a más de mil personas–, aunque Saramago da la impresión de que se ha alineado con el PSOE y no con los comunistas, sus compañeros de siempre. Pero no me cabe en la cabeza que, precisamente, el Hijo Adoptivo de Castril, donde le van a construir el Centro Saramago, el Nobel que se ha criado viendo a dos ríos en Azinhaga –a mí me pasa lo mismo, y por eso me tiran tanto–, no puede estar al lado de unos simples chapuceros. 

Manifestación contra el trasvase del río



  
Quiero aclarar que, a veces, he criticado a José Saramago –otras lo he defendido y justificado, porque no sabes a qué carta atenerte, por lo chocante del caso–, por su postura a  favor del trasvase, hasta que he caído en la cuenta de que 'estos fontaneros' nos han ido engañando a todos por tramos, como las tuberías que tienen preparadas para el río Castril. Y si no hay nadie que le escriba una carta o un mensaje a José Saramago contándole la verdad, a su casa de Lanzarote –ya lo hago, a través de este artículo de periódico–, tendré que hacerlo yo mismo, al menos para convencerme como Santo Tomás. Y por otro lado, decir que para conservar el río Castril, vamos a necesitar todas nuestras fuerzas y las de quienes quieran ayudarnos y, de paso, encomendarnos a San Riego, al grito de ¡no pasarán!

Comentario enviado el día 09-09-2008
Muy acertado el artículo poniendo las cosas en su sitio y dándole a cada uno lo suyo. Me parece un artículo valiente que pone los puntos sobres las íes de lo que está ocuriendo en Castril, donde priman los intereses políticos sobre los naturales. Es un artículo valiente y sincero por el que felicito a su autor que también deja entrever la hipocresía de algunos intelectuales según les vayan los vientos. Enhorabuena al autor.
Autor: Carlos H.

Comentario enviado el día 11-09-2008
El artículo lo escribí en un rato, sin pensar demasiado, tratando de buscar una mediación o un arreglo, porque estoy viendo que en Castril va a pasar con Saramago, algo parecido a lo que el pasado año ocurrió en Orce con Gibert, porque los políticos lo contaminan todo y, a pesar de los errores, siempre será mejor tender una mano. Y tú has comprendido el mensaje, porque como yo ves las cosas desde la lejanía y sin pasión. Leandro

El artículo salió publicado en ‘La Opinión de Granada’, el uno de septiembre de 2008.

1-9-8 Amigo Juan, sería interesante que publicaras en el Foro la carta que entre Alfonso y tú le entregasteis a Saramago, así saldríamos de dudas. A mí me merece el respeto de un premio Nobel, así como la trayectoria que tiene de escritor comprometido, pero quiero convencerme de si está al tanto de que quieren cargarse el río Castril, como en su momento denunció en la prensa su amigo el alcalde. A mí este tema me resulta bastante penoso y complicado, porque esperas algo más de tus modelos y porque ya habrá quien se encargue de ponerme a parir por meterme con Saramago. Por eso quiero convencerme escribiéndole una carta –no por protagonismo–, porque todos podemos equivocarnos en un momento dado y, si te están construyendo el Centro Saramago, necesitas reconciliarte con el pueblo de Castril. Pero reconocer esto debe de ser muy duro para todo un premio Nobel. Hace falta gente que mediara en el asunto, porque es evidente que Saramago necesita a Castril y Castril necesita a Saramago, hay que tender un puente sobre el río. Y si me apuráis, vosotros que vais a gobernar el pueblo dentro de poco, debéis de invitarlo a visitar Castril –sin condiciones–, seguro que está deseando y os lo agradecerá y ya veréis cómo se disipan todos los malentendidos. Un saludo

To: 
Sent: Wednesday, September 17, 2008 12:17 PM
Subject: articulo
Estimado José Saramago: Le envío este artículo, con dos comentarios, que salió en La Opinión de Granada –donde colaboro–, el uno de septiembre pasado, y está siendo leído y votado por los lectores de La Opinión digital. Lo colgué en el ‘Foro para la Defensa del Río Castril’ y digamos que no vi mucho entusiasmo en los castrileños, por lo que escribí en el ‘Foro’ diciendo que “yo no iba a hacer una mediación, que nadie me ha pedido”. Sin embargo, creo que los castrileños están esperando unas palabras de usted, un mensaje, algo. En mi opinión, merece la pena intentarlo. Mi artículo me recuerda la carta que usted le envío al presidente de Uruguay, creo que Julio María Sanguinetti –escribo de memoria–, pidiéndole que se interesara por el nieto desaparecido del poeta Juan Gelman. Yo ahora, con toda la humildad del mundo, me dirijo a usted y sin ningún interés por mi parte, pero creo que siempre es mejor llegar a un arreglo, poniendo cada uno de su parte. En el asunto del trasvase, creo que la Administración se ha equivocado y tendrá que rectificar, llegar a un acuerdo.
Yo lo saludé a usted hace un par de años, momentos antes de que diera la conferencia en la Facultad de Ciencias de Granada. Un saludo y le deseo lo mejor.
Leandro

Posdata: Como es sabido, el escritor José Saramago falleció el 18 de junio de 2010, en Lanzarote. El trasvase del río Castril está paralizado por orden del Tribunal Supremo y están haciendo todo lo posible e imposible por entubarlo. Valen más los votos de Baza y comarca, de cara a conseguir el gobierno de la Diputación, que los de Castril y Cortes juntos. Este es el tema. La naturaleza, el medio ambiental, la flora y fauna, en definitiva, la conservación del río Castril les importa un pito a los políticos. Los votos mandan. En las elecciones municipales de 2011, el Grupo Independiente de Castril (GIC), Nuevo Castril, PP e IU se unieron y le arrebataron la Alcaldía al candidato del PSOE, que fue la lista más votada.
 Fue un alcalde títere que, cuando estuvo en la oposición defendió el río contra el PP, pero cuando gobernó se plegó a los intereses del PSOE, a favor de entubar el río y prometiendo regadíos a los agricultores castrileños para marear la perdiz. Si hubiera defendido el río de sus padres y antepasados -como era su obligación-, se hubiera metido al pueblo en el bolsillo.

martes, 21 de enero de 2014

DOMÍNGUEZ ORTIZ, ONCE AÑOS DESPUÉS








Recuerdo que aquel gélido día, del 21 de enero del 2003, Granada se despertó huérfana con la muerte del historiador Antonio Domínguez Ortiz. Como un suspiro han pasado ya once años y, tras las frases solemnes y sentidas del día del entierro, ¿qué recuerdo nos queda del ilustre investigador? En fin, ya se sabe que las alabanzas son huecas y grandilocuentes, pero la memoria suele ser corta. Por aquellos días, el historiador Juan Pablo Fusi definía así a Domínguez Ortiz: “Su sencillez y falta de pedantería lo convierten en un ejemplo de intelectual”. La escritora Pilar Mañas lo recordaba como un hombre que nos explica la Historia con la sencillez de los sabios. Y la académica e historiadora, Carmen Iglesias, señalaba que “es un maestro irrepetible. Supo hacer accesible al gran público su trabajo de años en los archivos”.

En el año 2000, Domínguez Ortiz publicó su último libro, España, tres milenios de Historia; pero en el prólogo ya advertía: “Escribo estas páginas, con cierto aire de testamento literario... responden a una necesidad, satisfacen unas aspiraciones, llenan un vacío; el vacío que deja la ausencia de una auténtica enseñanza histórica en los actuales planes de estudio de la enseñanza obligatoria”. Y se quejaba de que el nuevo plan de enseñanza era malo, “porque ha destruido la personalidad de la Historia, que se ha metido dentro de un área de Ciencias Sociales”. Lo ilustraba con el ejemplo de que tenía más importancia la Revolución de Asturias que la pérdida de América. Pero, a continuación, añadía: “Eso es un absurdo total. Lo importante de la Historia de España es aquel período en que ésta es universal, y eso es lo que interesa y lo que los extranjeros aprenden”. Como no podía ser menos, reivindicaba las tradiciones de los pueblos, pues decía que se había creado “una polémica artificial” con la Toma de Granada.

¿Por qué los granadinos –pregunto yo–, tenemos que renunciar a nuestras tradiciones o avergonzarnos de nuestro pasado histórico? ¿Acaso renuncian a sus costumbres y fiestas ancestrales los árabes, hebreos, ingleses...? Todos los pueblos procuran conservarlas bajo siete llaves y, si no, ahí están las conmemoraciones de las batallas de Trafalgar, Normandía, Waterloo....,  con su aire festivo: lanzando vivas y pegando unos cuantos cañonazos. Los franceses están muy orgullosos de Carlos Martel –el abuelo de Carlomagno–, que derrotó a los árabes en la batalla de Poitiers y detuvo el islam. Cuando Granada fue tomada, el 2 de enero de 1492, toda la cristiandad celebró la victoria, las campanas repicaron por toda Europa, pues unos años antes había caído Constantinopla en poder de los turcos.

El Islam fue expulsado definitivamente de Europa, aunque yo no discuto que los árabes fueron los más avanzados de su época y que los mejores monumentos de Andalucía los construyeron ellos, ni pongo en entredicho que estuvieran cerca de ocho siglos en la Península, que muchos españoles lleven apellidos de ellos y que el 20% de nuestro vocabulario tenga origen árabe. Hay una época de la historia que me gustaría vivir para conocer a los personajes de los Reyes Católicos (Fernando fue el político hábil que incumplía sus promesas, e Isabel destacó por su tesón y fervor religioso); a Boabdil que ha sido un personaje maltratado por la historia, y no digamos a Cristóbal Colón, que también murió en la miseria y despojado de sus títulos. España fue el primer Estado de Europa y Granada le debe mucho a los Reyes Católicos (quisieron que los enterraran aquí), pero quienes critican la Toma es que no conocen nuestra historia. Cuando el rey Felipe II miraba el cuadro de sus abuelos, los Reyes Católicos, exclamaba: “A ellos se lo debemos todo”. Pero es una desgracia que los extranjeros tengan que reescribir nuestra Historia.

Domínguez Ortiz, siguiendo a Sánchez Albornoz, estaba convencido de que la unidad de España es algo reconocido desde la antigüedad. Pero, ya en el 2002, barruntaba el peligro de que se volviera a romper el Estado español: “Con la Constitución que tenemos hay amenaza de resquebrajamiento, porque fomenta las divisiones, las autonomías y los particularismos. La lección que debemos sacar, es que hemos llegado al límite y que, más allá, no hay nada más que la destrucción de España”. Y lanzaba un aviso a navegantes: “Las discusiones sobre ampliar la Constitución, hacerla más flexible y aumentar las atribuciones a las comunidades, conduce directamente a los reinos de taifas”. ¿Hace falta recordar lo que ya decía el abuelo de Maragall en su tiempo?: “¡Adiós, España!”. El titiritero de Artur Mas quiere la independencia de Cataluña y Rubalcaba, para salvarle la cara al Partido Socialista Catalán de Pere Navarro, pide la reforma de la Constitución para reconocer los privilegios de los catalanes. Once años después, los pronósticos de Don Antonio siguen vigentes.

Todos coinciden en que Don Antonio fue, ante todo, un hombre honesto: “La historia de España está sujeta a discusión y, a lo único que se puede aspirar, es que las personas de buena voluntad interpreten las cosas rectamente y no con un sentido partidista, que es lo que muchas veces sucede”. Incluso se sentía orgulloso de que, Pierre Vilar y él, estaban de acuerdo en casi todo. El historiador debe ser como el notario que levanta acta del pasado, y no como esos intérpretes sectarios que se arriman al sol que más calienta. Pero, cuando uno se pone a releer la Historia de España, te entran ganas de llorar por los malos gobernantes que ha tenido y que, casi siempre, apostaron a caballo perdedor. Y sin embargo, cuanto más la conoces, más amas a tu patria. ¡Triste de ti, España! Te sobran salvapatrias y te faltan gobernantes mediocres, que siquiera tengan algo de sentido común.

Me llamó la atención que la revista valenciana Historia Social (número 47, de 2003), le dedicara un monográfico a Domínguez Ortiz –lo tenían planificado para antes de su muerte–, y quizá por ello me decidí a dedicarle este humilde artículo, a pesar de considerarme un profano de la Historia. El mejor homenaje que le podemos dedicar se resume en esta frase del dramaturgo, José Martín Recuerda, con motivo de la muerte del historiador: “Fue mi profesor en el Instituto Padre Suárez. Yo era un muchachillo, pero me hice amigo de él y me enseñó a amar la Historia”. Creo que los granadinos tenemos una deuda pendiente con Don Antonio, un maestro de la Historia sencillo, sabio y prudente. ¡Ay, de la mi Granada, tan cicatera y sin memoria!


viernes, 17 de enero de 2014

Y EN EL BALCÓN AQUEL

Amelia y su marido Julián





Lo único que deseaba era que aquel año de gracia de 1999 terminara cuanto antes, pues había tenido una racha de mala suerte. Y agazapado como los gatos, esperaba pacientemente a que el tiempo escampara. En agosto me fui a Castilléjar a pasar unos días, pues llevaba una temporada sin ir. Visité a Amelia, a quien no veía desde hacía bastantes años, y la encontré sentada en el balcón de su casa. Me recibió igual que siempre, como si fuera de la familia, pero era ya una sombra de lo que fue. Se encontraba tan mal de salud, que me dijo: ¡Cuando vengas para el año que viene, yo ya no estaré! Me quedé sin saber qué responder, pues hay que tener valor para decir esto: De todas formas yo me pasaré y, si no estás, eso ya es cosa tuya, le dije, medio en broma. Me llamó la atención la lucidez y entereza de aquella mujer, la bondad de su alma y, sobre todo, su hablar dulce. Todavía recuerdo su cálida voz. Pero Amelia se encontraba en ese tramo de la vida que sólo espera a que pase el último tren. Es más, sabe que ya ha salido de la estación y que tiene sacado el billete: ¡Viajeros al tren! ¡Aquellos que hayan nacido en mil novecientos...! Y así, en cuanto llegan a su destino, los van recogiendo a puñados, por quintas. ¡Vamos, señores, que nos vamos!

 Primero, la enfermedad se va cebando con ellos y los malea un poco. Y cuando llega el día en que se acobardan, se mueren de pena. ¡Ése es su triste remate! Es el aviso de que les queda poco tiempo: La mamá lleva unos días en que apenas habla, me dijo mi hermano Raúl antes de que ocurriera lo inevitable. Sin embargo, ahora parecía que ya todo le daba igual a Amelia pues la muerte significaba una liberación. Hacía tiempo que había aceptado el reto, con esa dignidad que a veces tienen las mujeres... Unos años antes me había hecho esta confesión: Oye, ¿sabes que tu padre y yo fuimos medio novios? Pero, mira por donde, tu madre supo ligárselo (Amelia y mi padre eran primos hermanos). Así de sencilla y espontánea era. Y allí dejé a Amelia aquella noche calurosa y triste de agosto: sentada en la silla de su balcón y en medio de la soledad de su alma, esperando el momento de la partida. ¡Ya con el pie en el estribo...! Y la paloma no se equivocó: murió dos meses más tarde. Pero su melosa voz seguía resonando en mi torpe conciencia: ... ya no estaré para el año que viene. Fue entonces cuando me acordé de los versos de Juan Ramón Jiménez: 

 Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;

             y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco...


 De mi novela Diálogos en la tierra de los ríos, 2003

 Publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/2025/07/24/leandro-garcia-casanova-y-en-el-balcon-aquel/?fbclid=IwY2xjawLvWUtleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBiYTRhbW1OdlJQTlZxa1lxAR6e-iEJfV9VWMYI94XJMyy6L9waiYcabHMX9U_ftaR-IKq0DCcVN-JF18-2Lw_aem_g7eaTcc-SM7jj8l8s9OSEw

      
 





lunes, 30 de diciembre de 2013

FUNCIONARIO CAMINA LIGERO

El video es genial, un derroche de imaginación, asín que yastás pulsando el play o el pon

jueves, 19 de diciembre de 2013

LOS CUADRILLEROS DE LA NAVIDAD

Hermandad de Ánimas. Castilléjar, años sesenta



El Día del Nacimiento (25 de diciembre), vuelta por lucha: a misa, merienda y juerga, me dice Dolores Mañas, la Manca. ¡Entonces hacíamos unos bailazos!... Yo, comparación, estaba bailando con mi novio, y llegaba otro y decía: ‘Dos pesetas porque se vaya el novio y no baile más. Y, claro, éste subía a cuatro pesetas. Pues yo doy seis, replicaba el otro... Pero cuando uno decía, ¡ánimas benditas!, entonces se plantaba, y al otro le tocaba pagar todo lo que habían apostado. Así era el baile de Pujas en Castilléjar. En esto, Dolores no puede evitar un ramalazo de nostalgia: Nosotros nos ‘casemos’ después de la guerra y la tía María la Bolilla fue la guisandera. Josefa, la del pan, va directamente al grano: Con tres celemines de harina, salían unos siete panes de a quilo... En los años 50, teníamos que hacer turnos por Navidad: diez o doce mujeres venían por las noches a hacer sus dulces caseros, y por el día cocíamos el pan. Josefa recuerda que entonces las mujeres amasaban en su casa, en una artesa, y nosotros íbamos por las casas recogiendo los panes en una tabla. También teníamos que salir todos los días a por una carga de leña al monte, aunque estuviera nevando. En estas andanzas me acompaña Rafaelillo, el municipal, y me cuenta que algunos niños, cuando no se portaban bien, la víspera de Reyes encontraban los ‘alpargates’ en la ventana llenos de cagarrutas de las cabras. Y luego, cuando se anima, me larga este villancico: Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad, / saca Perico la bota que nos vamos a ‘chispar.

Andrés Martínez, el molinero, es la viva memoria de lo que ocurría en Castilléjar en los años treinta: Por abrazar a la novia, vale tanto, señalaba el encargado del baile de las Ánimas. Y tú tenías que pujar: ‘¡A ver, tráeme a fulana que quiero bailarla! Pero Andrés asegura que hubo muchos palos por esto y que entonces, con una peseta, te corrías una juerga. Rafa Cuevas, director de las revistas Úskar y Cuadernillos de la Sagra, de Huéscar, me acompaña a la aldea de La Parra a visitar a Roque Rodríguez, apodado el Abujeros, que escribe trovas y también canta con los Cuadrilleros de San Clemente: ¡Abran las puertas del templo!, / que venimos a adorar a Jesús Sacramentado / que está puesto en el altar. Este canto lo hacemos en la ‘mesma’ puerta de la iglesia y luego le vamos cantando al cura mientras se viste. Tocamos hasta cincuenta coplas en la misa del Día del Nacimiento. Y el juglar nos canta esta trova popular: ¡Santo, Santo, Santo, San Antón! / ¡Qué Santo tan ‘afortuno’! / Tú ya tienes tu lechón, / ¿pero cuántos no tendrán ninguno? Mariano Teruel, el Barranquero, también se deja caer: ¡Oh divino San Antón! / Antes de que se cumpla el plazo, / si me guardas el lechón, / yo te traeré un espinazo. Y a Rafa le sienta bien el relente del pantano: Ojalá, que en vez de ir dando voces por la vida, pudiéramos sentarnos a la lumbre a contar nuestra historia, o cantar como hoy una improvisada trova. Seguro que nos iría mejor

Plaza Mayor de Huéscar



Es la una de la tarde del Día de la Inmaculada y, en la plaza Mayor de Huéscar, la gente se va animando mientras los bares no dan abasto. Llama la atención un pequeño remolque con este letrero: Peso 180 kg. Por curiosidad, uno se asoma al remolque y descubre, con asombro, al cerdo –con perdón- más grande que haya visto en su vida. El animal, que parece un hipopótamo de secano, está echado sobre un poco de paja y lo único que mueve son los hocicos, como diciendo: ¿Qué habré hecho yo para que me miren tanto? Seguramente ignora que un poco más allá, en la otra esquina, están vendiendo las papeletas y preparando el saco: ¡Oiga, a cuarenta duros la tira! Pero, a las dos en punto de la tarde, Huéscar parece la ciudad sitiada de Kandahar: el estampido de los cohetes retumba sobre el azul cielo güesquerino, y los lugareños, presurosos, convergen desde las calles hacia la plaza Mayor, porque la función va a empezar: ¡Señores, hagan el favor, se va a proceder a la rifa del marrano de San Antón! Todas las papeletas vendidas, con el nombre de cada comprador, se meten en un saco. Y ya sólo queda esperar a que salga el número agraciado.  Pero estoy por decirle que el cochino –con sus 16 arrobas- va atando cabos: ¿Y qué estarán celebrando hoy con tanta gente y tanto petardo? Sin embargo, la tradición se ha perdido ya: Antiguamente, al marrano lo dejaban suelto por las calles y se pasaba todo el verano comiendo –trigo, panizo o lo que le echaran-, hasta que lo rifaban por la Inmaculada, señala Rafa Cuevas.

Ánimas, Cascaborras e Inocentes, de Puebla de Don Fadrique





De La Puebla de Don Fadrique se dice que es la Puerta de Andalucía, pero el portal debe estar abierto porque un frío de nieve de la Sagra –sierra sacra- da la bienvenida al forastero. Esperanza Rodríguez, presidenta de la Asociación Local de Mujeres Conmu, me explica que, en la madrugada del 8 de diciembre, los tres despertadores –que llevan dos farolas y un Cristo– van llamando a los componentes de la Hermandad de las Ánimas. La procesión del Rosario de la Aurora comienza un poco después, a las seis de la mañana, y, al son de cantos y rezos, van despertando al vecindario mientras amanece en La Puebla. Y más tarde, sobre las ocho, se celebra la Misa de los Despertadores. Balbino Sánchez y José Gómez dirigen el Hogar del Pensionista y me invitan a la ceremonia de la Entrega del estandarte de la Virgen del Carmen –que tiene lugar esa misma tarde– entre los miembros de la Hermandad de las Ánimas. El hermano que lo recibe debe guardar el estandarte en su casa durante un año.

 Tan singular ceremonia la presiden varios poblatos, disfrazados de autoridades y vestidos con trajes y gorros del siglo XVIII. Engalanados también con sus sombreros y trajes típicos, los acompañan cinco alegres Inocentes, y seis pícaros Cascaborras, que van pidiendo dinero por la calle, o lo mismo te arrean un vejigazo. Y ya, durante la Navidad, con el estandarte de la Virgen, van de puerta en puerta cantando villancicos o jotas. Por eso, en esta Comarca del Altiplano, nada de extraño tiene que traten de usted a su padre, o que le hagan una cruz al pan antes de partirlo. Pero, es lo que le digo: si en estos días va buscando a alguien en particular, puede que lo encuentre entretenido en alguna matanza, aliñando el embutido o zampándose una buena morcilla. Como mandan la tradición y el Santo San Antón.

      Posdata: Este artículo salió publicado en Ideal de Granada, el 24 de diciembre de 2001 y en mi libro Artículos del Altiplano y de Granada (2014). Dolores Mañas y Andrés Martínez fallecieron unos años después de la publicación. Josefa murió el 7 de abril de 2018, mi madre amasaba en su horno todas las semanas, en los años sesenta, y recuerdo a aquellas mujeres con el pañuelo en la cabeza, dándole vueltas a la masa.

II Encuentro de Cuadrillas de Castilléjar, enero de 2013. Cuadrilla de Castilléjar. Dori Carasa

martes, 10 de diciembre de 2013

EL RINCÓN DE JUAN LÓPEZ

Juan y Engracia Marín






Estamos sentados al lado de la chimenea del bar ‘El Rincón’ y, cuando voy a hacerle la entrevista, Juan López me dice: “¡Es que estoy muy ‘cortao’, tú!...”. Nada, nada, tú tranquilízate. Al cabo de unos minutos, veo que Juan se ‘encarrucha’, coge carrerilla y se lía a pegarle capotazos al toro. La verdad es que cuando lo oigo en la cinta unos días más tarde, veo que se expresa bastante bien: dice lo que tiene que decir, sin pelos en la lengua. Y además, se nota que le sale de dentro del alma, como si fuera una confesión.

    –Nací en el 48 en Los Evangelistas, y recuerdo cuando bajaba al cine de Manolo, pues entonces valía a tres pesetas el gallinero. Pero allí se pasaba mucho frío. Y luego, con los amigos me daba unos interminables paseos por la calle Mayor, o bien nos íbamos al bar de Faustino. Llevábamos unas cabezas de conejo y unas botellas de vino, y allí cantábamos, bailábamos y cogíamos un buen pelotazo. Y, envalentonados, salíamos a la calle y nos acercábamos a alguna muchacha que nos gustara. Y que ésta te respondiera “pero,  ¿adónde vas, tío?”. Años más tarde, subíamos a Galera en bicicleta pero nunca hicimos ‘na’. Siempre íbamos al baile, ¡pero nadie quería bailar con nosotros! El caso es que subíamos todos los sábados y domingos, pero ya solamente a beber vino del país. Y lo único que conseguí fueron muchos porrazos en el camino de vuelta, en aquellas noches de ‘yelo’ y lluvia. Y hasta perdí un zapato en el Puente de Hierro de Galera. La última vez que estuve allí fue en el 71, con Emilio, ‘el Chache’. Después de hartarnos de vino, recuerdo que salimos de allí a las doce de la noche. ¡Y llegamos a Castilléjar a las diez de la mañana, del otro día! Con la que estaba cayendo y el barro que había en el camino, nos caímos muchas veces. Y bueno, empecé a trabajar, emigré y me hice soldador. Hasta que me caí de un andamio, desde una altura de dieciséis metros, en Crevillente (Alicante). Y me quedé parapléjico en una silla de ruedas. Antes de todo esto, me había ido con un amigo a un pueblo de Cuenca, donde conocí a una vecina suya y nos hicimos novios. Yo le escribía cartas desde Alicante –como la cantante Cecilia-, o cogía el tren y me presentaba en Cuenca. Luego seguí viéndola durante la mili y, cuando tuve el accidente, le pedí montones de veces que me dejara por mis circunstancias. Pero ella no quiso dejarme. Creo que entonces me salvó la vida, pues yo continuamente tenía la idea del suicidio en la mente. Había cumplido veintiún años y sabía que jamás iba a volver a caminar. Y bueno, ella tuvo muchos más cojones que yo y consiguió que nos casáramos, cosa que yo no quise en ningún momento.



El monólogo discurre sosegado junto a la lumbre, y ahora Juan está en uno de esos momentos en que se siente seguro de lo que dice. Pero, cuando se quede solo, es posible que se líe a pensar, a pensar, y a pensar... Y claro, eso no es bueno. Sin embargo, eso ocurre cuando se está sentado en una silla de ruedas (y sin estar sentado también): entonces la dichosa silla no la tiene uno debajo del culo, sino encima de la cabeza. ¡Por montera! Se podría decir que la dichosa silla sirve para todo, pero no aprovecha para nada; y además, pesa lo suyo, como el plomo. ¡Ahí está el misterio! Porque, cuando uno anda, va para arriba y para abajo, entra y sale; esto y lo otro.... Entonces mueves los pies mientras que a la cabeza le va dando el aire y te vas fogueando. Pero, cuando ‘te regalan’ un cacharro de éstos de por vida y te amarran a él, entonces la cosa cambia un montón... ¡Es tan difícil querer a una silla de ruedas y hablarle en susurros, en esos momentos de soledad, cuando el ánimo está por los suelos!... Como si fuera tu sempiterna compañera. Pero Juan, en medio de la penumbra de su mente, ve cómo el mundo sigue andando con sus miserias y completamente ajeno a su paraplejia.



–Pues bueno, me casé de blanco. Yo no soy muy creyente, pero mi novia me dijo que no le quitara la ilusión de ir a la iglesia vestida de blanco; y me pareció que debía transigir en algo y darle ese capricho. Me casé y me vine al pueblo. Fui inmensamente feliz y siento no haber ‘vivío’ con ella antes del accidente que me dejó inválido. Pero murió a los dos años y creo que pasó conmigo lo peor de mi vida, porque yo me casé antes de que me dieran el alta del hospital. Entonces, yo no estaba adaptado a salir a la calle y a relacionarme con la gente en una silla de ruedas, porque me tiré tres años y medio encerrado en un hospital de Madrid. Tanto los médicos como las enfermeras me crearon una burbuja muy protegida y, después, cuando salía por Madrid, siempre iba con ellos. Yo entonces tenía el mundo que ellos me habían creado. Pero, volver a Castilléjar recién casado y en una silla de ruedas, fue una situación bastante terrible. Y bueno, cada momento, cada día que pasa, me duele mucho no tenerla a mi lado para compartir todo lo que yo pude haberle dado. Sin embargo, no se lo pude dar nunca, porque estuvo poco tiempo conmigo. Tras su muerte, me tuve que habituar a la silla de ruedas. También he sufrido en mis carnes la marginación de la gente, aunque paso mucho de ella. Los que fueron mis amigos de la infancia me ven y siempre me hacen un saludo, pero como lejano y de cumplimiento. Y si comparten conmigo un café o un vaso de vino, es por lástima; es como si, aparte de estar en una silla de ruedas, yo tuviera también algún coeficiente mental bastante bajo. ¡Cosa que no es así! Entonces paso de todo el mundo y no demuestro nunca que estoy triste; y cada noche y cada día, pues me acuerdo de mi mujer. Te diré que he tenido oportunidad de rehacer mi vida con alguna muchacha. Pero, cuando he estado próximo a hacerlo, a dar el paso para compartir mi vida, mi soledad y mis palabras con otra persona, siempre aparece el recuerdo de mi mujer –y matiza-. ¡Siempre me viene el recuerdo! ¡Ella es como la sombra que alarga su brazo desde donde esté!



Parece un ‘Volver a empezar’, como la película de José Luis Garci, donde trabajaba el desaparecido Antonio Ferrandis. Pero, ahora, Juan López va entreteniéndose con los recuerdos que se le escapan como el agua entre las manos: en esos momentos compartidos con su malograda Maricarmen. Y tras los titubeos iniciales, habla como quien hace tiempo lleva las cosas guardadas y te abre el corazón: corazón ‘herío’. Afirma que tiene amigos que viven con la ilusión de que encuentren el remedio –o el milagro–, que los libere de la tiranía de la silla de ruedas. Pero él está ya a vueltas de todo y cree que morirá sentado. Aunque hace unos años me confesaba sus esperanzas de poder andar algún día.

      –Yo no creo en el más allá, pero Maricarmen siempre me impide que yo pueda compartir mi vida con otra persona... Porque yo sigo queriéndola a pesar de que murió en el 77. ¡Es como si la tuviera todavía! Y cuando salgo a la calle, pues me pinto la cara como pueda hacerlo un payaso en una función. ¡Porque la vida continúa! Pero yo llevo dentro mucho más dolor que alegría, aunque creo que lo disimulo muy bien; y por otro lado, la gente se ríe bastante conmigo –y matiza–, aunque no de mí. Pero, vamos, por mi forma de estar y de comportarme, es un dolor oculto que yo llevo dentro. ¿Qué cómo ando ahora? Pues, aparentemente y de cara a los demás, muy bien; pero en mi intimidad, entre las paredes de mi casa, realmente estoy bastante ‘hundío’. Ando de depresión en depresión, aunque nunca nadie me lo nota. Y luego..., pues tarde o temprano tendré que buscar ayuda médica y de pastillas para seguir viviendo. Vivo con mi madre, que tiene 84 años y está muy mal de salud; y por eso me estoy manteniendo más o menos, llevando una vida normal. Pero el día que se muera mi madre, ¡no sé!... –Juan se queda un momento pensativo y, al poco, prosigue diciendo-: Podía explicar muchas más cosas, pero lo he ‘resumío’ porque no creo que yo sea lo bastante importante como para que llene páginas y páginas en un libro. Mi vida no tiene importancia para nadie, excepto para mí, aunque ya te digo que podría entrar en muchos detalles –y con ese orgullo, concluye diciendo-: te he contado muy poco para lo que realmente puedo contar...



     Cuando Juan termina de hablar, le digo “y la función continúa, ¿no?”. Pero, lo que son las paradojas de la vida, el desigual reparto de suertes y la tornadiza rueda de la Fortuna: su hermano Manuel tiene una reluciente Harley-Davidson esperándole a la puerta, ¡como una jaca alazana! Mientras que a Juan, el andamio alicantino le regaló un sillín con sus dos ruedas, ¡como una penca mula cuatralba! No hace falta que entres en detalles ni nos cuentes más cosas, Juan. Porque nunca podremos comprender a quien está amarrado a una silla de por vida. Pero, ‘cucha’ que te diga, te podrán inmovilizar el cuerpo pero tú tienes que liberar tu mente.



De la novela, ‘Diálogos en la tierra de los ríos’ (2003), de Leandro García Casanova



Posdata: Juan recibió algunas críticas por esta entrevista que le hice, yo también recibí dos críticas por otras semblanzas, aunque en general ‘Diálogos’ tuvo muy buena aceptación en todos sitios, pues procuré no juzgar ni criticar a los demás, sino que traté de reflejar la intrahistoria (las pequeñas historias) de un pueblo, a través de mis recuerdos de la infancia. Sin embargo, no entiendo las críticas a Juan, teniendo en cuenta el accidente que tuvo, que lo dejó impedido en una silla de ruedas, y la pérdida de su mujer Maricarmen. ¿Tan difícil es ponerse en su lugar e intentar comprender siquiera un poco su situación de inválido? ¿O lo criticamos encima por lo que dice o deja de decir?

 A nadie le gusta estar en un hospital –al menos la mayoría tiene la oportunidad de que le den el alta–, o perder a un ser querido, y menos aún estar amarrado a una silla de ruedas de por vida, sin poder andar ni hacer muchas cosas que los demás sí podemos. En la entrevista, Juan se expresa libremente y da rienda suelta a su sinceridad, manifestando sus inquietudes, el sufrimiento que lleva dentro y afrontando la dura y cruel realidad del día a día. No ofende a nadie, sino que dice cómo se siente en la silla de ruedas, sin poder desplazarse, ni siquiera salir del pueblo para compartir sus problemas con otros impedidos como él. Sí, sin poder llevar una vida normal como sus paisanos y como todos nosotros. No hace falta decir que eso es muy duro.

 Ni a mí ni a nadie nos gustaría estar en esa situación, pues me faltarían fuerzas para sobrellevarla y posiblemente echaría de menos la comprensión y la ayuda de los demás, que es el problema de siempre, que nunca nos ponemos en el lugar del otro. Sólo nos importa lo nuestro y no somos capaces de ver lo que ocurre más allá del tabique de nuestra casa y de solidarizarnos con el prójimo o el vecino de al lado.



Estas frases las decía Irene Villa, el otro día, en una entrevista en televisión:

“Las barreras mentales son las más difíciles de saltar. Ya hemos llorado bastante. Hay que reírse de uno mismo. La autoestima lo es todo, pero hay que trabajarla”.


Juan López falleció el 27 de abril, tras una larga enfermedad. Con él se va un amigo y un ejemplo de la lucha por la vida. Esto es lo que me cuenta Mariquilla Galvez, pues chateaba con Juan López : "Hola buenos días pues si yo se lo que hablaba cómico, además es que tengo las conversaciones en el mesenger, y el lo tenia claro de que algo malo tenia, por la químico que le estaban dando que desvía que se ponía malísimo y que a cada un dos por tres tenía que estar en urgencias porque se le atoraba una sonda que creo que tenia,y como te digo están ahí las conversaciones, y me lo decía que lloraba mucho, y la ultima conversación que tuve con el me lo dijo que estaba llorando, yo trataba de animarlo, no le decía, no tu no tienes nada, sino que trataba de decirle que luchara, que los milagros existían...".
Ahora descansa en paz. Van más de 600 lecturas, a primeros de mayo

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