miércoles, 3 de septiembre de 2014

LOS OLVIDADOS QUE LIBERARON PARÍS








·        EVA DÍAZ PÉREZ,  redactora del El Mundo. 28 de agosto. 
·         
·       
París había dejado de ser la ciudad sonámbula, suspendida en el silencio y el miedo. Las radios clandestinas lo habían anunciado: se acercaban los carros de combate del general Leclerc. En las afueras ya se escuchaba el engranaje de metales de los blindados, el avance de las tropas, el murmullo que anticipa la victoria. París estaba a punto de ser liberada de la ocupación nazi.
Hace setenta años de aquella epopeya, uno de los episodios extrañamente felices de la Segunda Guerra Mundial, el comienzo del fin: la retirada de Hitler de la Francia ocupada. Esta semana se ha conmemorado esa fiesta de la liberación con varios homenajes. Los franceses saben celebrar las páginas ilustres de su Historia, aunque en realidad en buena parte las protagonizaran otros. Por ejemplo, los españoles republicanos que lucharon para expulsar al ejército alemán de París. Esos mismos que han permanecido en el olvido durante décadas, arrojados del tiempo y de la Historia. Durante años la historiografía francesa se ha ocupado de restar importancia a los extranjeros que lideraron su gesta, entre otras cosas porque había que maquillar el dudoso papel que Francia había hecho durante la Segunda Guerra Mundial al ser ocupada y admitir la farsa de la Francia libre de Pétain en Vichy.


Un andaluz lo narró en un libro valiente y estremecedor que permaneció durante décadas sin editarse. Se trata de La agonía de Francia, del periodista sevillano Manuel Chaves Nogales. Tras huir de España durante la guerra, consciente de que -como él mismo escribió- había contraído méritos suficientes para ser fusilado por un bando y por otro, Chaves Nogales se instala en París. Allí asiste a la caída de Francia, que era para los refugiados el último baluarte de la democracia ante la barbarie del totalitarismo. "Se encontraban con un nazismo vergonzante, larvado, con el cadáver maquillado de una República Democrática en cuyas entrañas podridas germinaba la gusanera del totalitarismo". Y aclara que para los españoles la decepción era doblemente trágica. "Era la segunda patria que perdíamos".


Decía Chaves Nogales que el París de los nazis era una ciudad que "había tomado un aire siniestro": "Tenía una luz cernida de apocalipsis, una atmósfera cargada y espesa en la que las gentes se movían como espectros".
Otra andaluza también fue testigo de aquella ciudad siniestra. Se trata de la jurista y parlamentaria malagueña Victoria Kent, quien protagonizó una curiosa historia ya que estuvo oculta en un pequeño apartamento cerca del Bois de Boulogne durante los cuatro años que duró la ocupación de París. Kent se escondía de la Gestapo ya que temía que la denunciaran a la policía franquista. Por eso mantuvo una identidad falsa: Victoria Kent era madame Duval.


Para consolarse en esos larguísimos y tenebrosos años, Kent escribió un libro a modo de diario encubierto: Cuatro años en París. Y anota comentarios sobre aquella ciudad en la encrucijada de la Historia: "Se diría que la ciudad había sido sorprendida en un momento de escalofrío". Victoria Kent, cuya misión era alojar a niños sin familia en colonias infantiles, se refugia en los años felices de la infancia perdida en Málaga, recuerda el sol tibio ahora en esta fría ciudad silenciosa, el sabor de las naranjas, la dulzura de las pasas, la cal blanquísima de las paredes. Y también se refugia en el humor. Kent observa los camiones y vehículos alemanes pintarrajeados que circulan sin tregua por París: "A veces, tengo que hacer un esfuerzo para no determe y reír de buena gana, francamente, creo estar contemplando los preparativos para la romería del Rocío".


Los días se suceden y parecen los mismos, escucha en la radio las pesimistas noticias sobre España, observa hasta el hastío los objetos del pequeño piso, las voces de la vida tras las paredes, los pasos que suben por las escaleras, se obsesiona con el reloj y teme los sueños intranquilos.
Y por fin llega el gran día de la liberación con los tanques de Leclerc llenos de exiliados republicanos que habían luchado contra los nazis como la última salvación para liberar a España. Esta es la entrada que la malagueña Victoria Kent escribe en su libro: "¿Y esos tanques? ¿Veo claro? ¿Son ellos? Sí, son ellos. Son los españoles. Veo la bandera tricolor; son los que atravesando el África, llegan hasta los Campos Elíseos. Los tanques llevan nombres que son una evocación 'Guadalajara', 'Teruel', y son los primeros desfilando por la gran avenida. París aplaude. París aplaude a los españoles curtidos en una lucha de nueve años, que sonríen hoy al pueblo liberado. París aplaude a la España heroica de ayer, a la España libre, democrática y fuerte de mañana. Parece un sueño... Parece un sueño".

Con estos españoles ocurrió lo mismo que con los que sufrieron en los campos de exterminio, aquellos que llevaban un triángulo azul con un S de spanier, de rotspanier (rojos españoles). Los supervivientes regresaron a sus países porque había un país que los reclamababa, pero España era de Franco y los republicanos vencidos no tenían más opción que el exilio. Fueron los apátridas, los sin tierra, los más derrotados de todos los derrotados.
Pero regresemos a esa mañana de agosto en la que el general Leclerc entra con la Nueve -9º Compañía de la Segunda División Blindada de la Francia Libre- llena de republicanos españoles para liberar París. Son muchos los que protagonizan este episodio como el valenciano Amado Granell o los quellegan hasta el cuartel general de Von Choltitz, encargado de la defensa de París. Son el extremeño Antonio Gutiérrez, el aragonés Antonio Navarro y otro andaluz, el sevillano Francisco Sánchez quienes lo detienen. Choltitz creyó que eran franceses, pero se dio cuenta de que lo habían derrotado unos españoles. Aunque eso aparezca en pocas historias.
Hace unos días la web www.todoslosnombres.org, que se ocupa de rescatar las historias de olvidados y desaparecidos del franquismo, la Guerra Civil y el exilio, recuperó la extraordinaria historia de otro andaluz que participó en la epopeya de la Nueve: Manuel Pinto Queiroz-Ruiz, más conocido por su seudónimo Manuel Lozano. Era hijo de un barbero anarquista y trabajó como obrero en las viñas jerezanas. Su vida -que relató Laurent Giménez en 1985 en Agosto 1944. Los españoles en la Liberación de ParísTestimonio de un anarquista español- sigue el manual para el asombro de tantos personajes que protagonizaron estos tiempos salvajes.

Manuel Lozano se exilió en Orán en 1939 pero es arrestado e internado en varios campos de concentración de Argelia y Marruecos. Finalmente es liberado cuando las tropas angloamericanas ocupan el Norte de África y se incorpora a los Cuerpos Francos de África. Así llega a Francia con la División Leclerc en la Novena. El 24 de agosto de 1944 es el primero en entrar en París, ciudad donde muere en el año 2000. Pero ¿quién ha recordado su historia?
En el cementerio de Père Lachaise de París hay un monumento dedicado a los españoles que lucharon por la liberación de Europa y a los que sufrieron en los campos de exterminio. El memorial se realizó en 1969. En París el Memorial Leclerc en el barrio de Montparnasse recuerda el heroico episodio de la liberación, pero las referencias a los españoles son mínimas y eclipsadas por el papel de los franceses que con la victoriosa liberación y el papel de la resistencia intentaron borrar la vergüenza de la Francia de Pétain.
Republicanos españoles en Le Perthus.
Esa Francia que recibió a los republicanos españoles en campos de concentración. Así fue la respuesta que el país que había sido ejemplo y símbolo de la democracia ofreció a la moribunda República española: los campos de Saint Cyprien, Argèles-sur-Mer, Gurs, Le Perthus, Septfrand o Bacarés.

Otro andaluz, Manuel Andújar, que padeció el infierno francés de Saint Cyprien y lo narró en Saint Cyprien, plage, campo de concentración(1942), comprendió que la única forma de que no se olvidara su historia colectiva era escribirla. En el libro El exilio español de 1939 recordaba con pasión y rabia el papel de los desterrados españoles en la Historia: "Las legendarias hazañas bélicas, la convulsa geografía de los combates -Narvik, Tobruk, estepas y ciudades rusas, Indochina, resistencia francesa, los primeros tanques de Leclerc, tripulados por españoles en la liberación de París- unidas están para siempre en la Historia al denodado esfuerzo de los hombres de la España liberal, la expatriada. Su aportación también a raudales -cenizas, cadáveres, indelebles torturas- en los campos de concentración y exterminio nazi". No es demasiado tarde para contarlas ¿no?

Principio del formulario
Final del formulario

2 » Comentarios
1.     http://estaticos03.elmundo.es/social/img/avatars/medium-comments_default.pngCecilio Gordillo GiraldoCecilioGordillo01.sep.2014 | 08:33
#1
Cuanto trabajo "nos" queda aún por hacer Eva. Aunque algunos dicen que esto debería ser, también, un trabajo del Estado. jajajaja
2.     http://estaticos04.elmundo.es/social/img/avatars/medium-comments_default.pngboreas02.sep.2014 | 11:08
#2

Si el partido Popular tuviera de verdad respeto a la democracia, se tomaría más en serio el valor de estas personas, que ellas si que dieron un ejemplo de patriotismo y de coraje, luchando y muriendo defendiendo muchas de las cosas de que gozamos ahora, incluso que el PP sea un partido demócrata y pueda participar en unas elecciones, a ver si se aclaran, si eran rojos pero españoles de verdad.


casano03.sep.2014 | 12:20

#3

Miles de exiliados españoles vivieron después en Francia, los imagino en París y en otras ciudades pasando muchas faltas. Hoy, sus hijos son franceses. En el cementerio de Père-Lachaise están enterrados el expresidente de la República, Juan Negrín, Largo Caballero y la fotógrafa Gerda Taro, que fue la pareja de Robert Capa, a quien España le debe tantas fotografías de la Guerra Civil que dieron la vuelta al mundo. En el cementerio de Montparnasse estuvo enterrado el pintor Manuel Ángeles Ortiz. Después de todo, Francia ha sido nuestra segunda patria, cuando las cosas iban mal en España.






lunes, 18 de agosto de 2014

LA LEYENDA DEL POETA



“Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra... Mis primeras emociones  están ligadas a la tierra y a los trabajos de campo”. F.G.L.

Monolito en el Barranco de Víznar







Alguna vez le dije a Juan de Loxa que, “a Lorca le hubiera gustado la muerte que tuvo”. Él no podía imaginar que su vida iba a terminar en tragedia, como sus dramas de Yerma, Bernarda Alba o Bodas de sangre. Es más, creo que el fusilamiento y entierro de Federico servirían de  título para su mejor obra no escrita: ‘La leyenda del poeta de Granada’. Comienza en la Colonia de Víznar (aquí se encontraba el molino de ‘las Pasaeras’ y, unos metros más abajo, puede verse hoy ‘la Casita de Papel’, donde estuvo parando Agustín Penón), con el trasiego de las camionetas descargando a los condenados a muerte, como si fueran ganado. Los conducían a una habitación de la planta baja y aquí permanecían hasta que les daban ‘el paseíllo’: “Y a las nueve de la noche / le cierran el calabozo, / mientras el cielo reluce / como la grupa de un potro”. En un momento dado, el guardia Tripaldi le dijo a Lorca que, si se arrepentía, sus pecados le serían perdonados. A continuación, le ayudó a rezar el ‘Yo pecador’: “Mi madre me lo enseñó todo, ¿sabe usted?, y ahora lo tengo olvidado”, le contestó el poeta.
Hace unos 30 años que, en el Barranco de Víznar, hay una singular cruz en el suelo, hecha con piedras y piñas, y adornada con ramos de flores. Entre las piedras se encuentran algunos papeles doblados, que contienen poesías y frases de las familias de los fusilados. En el 2001, el Ayuntamiento de Víznar construyó en el Barranco como un anfiteatro y, no hará un mes, que la Iglesia ha clavado allí una cruz blanca, de unos 7 metros de altura. “Lorca eran todos”, reza una placa recordando el genocidio. Pero habría que añadir: “Todos eran españoles”, tanto las víctimas como los verdugos. Desgraciadamente siempre ha sido así en España, porque parece ser que todavía no hemos superado el concepto de tribu, que decía Estrabón.

“Por aquí no se podía pasar. Subíamos desde las eras del pueblo y cuando fusilaban se veían las lucecillas de los disparos”, contaba el octogenario Antonio Fernández, que a la sazón tenía 15 años. El rumor que se oye por este lugar se debe a la acequia de Aynadamar, no sin razón llamada ‘Fuente de las lágrimas’, que fue construida hace mil años por los árabes. En el sangriento frente de Badajoz, Pemán le pidió al Caudillo una nota oficial sobre el fusilamiento, pero éste le contestó: “Pero, hombre, José María, ¿qué importancia tiene un poeta, más o menos, cuando está en juego una guerra?”. Franco, en su megalomanía, erigió el monumento al Valle de los Caídos –como Napoleón, el Arco del Triunfo de París– creyendo que, con unos renglones en la Historia, pasaría a la posteridad. Otros excavaron las fosas del Barranco para devolvernos a las cavernas. Pero no sabían que el monumento, las fosas comunes, los nichos de los fusilados y las tapias de los cementerios iban a ser la conciencia de todos los españoles.
Gerardo Ruiz, concejal de IU, de Medio Ambiente, en el Ayuntamiento de Víznar, me dice que su padre le indicó a Agustín Penón el lugar donde podía estar enterrado Federico. En agradecimiento, le regaló los lujosos zapatos que llevaba: “Eran negros, con la suela de cuero resbaladiza, y los llevé puestos hasta los años setenta –recuerda el concejal Gerardo, y añade–. A Penón lo recuerdo de chico, como algo que se me escapa”. La leyenda del poeta continúa por el viejo camino de Víznar a Alfacar –estos días de agosto, los vecinos suelen pasear por aquí al caer la tarde–, y se pierde junto a un solitario olivo, donde dicen que fue fusilado al amanecer. Pero el día que encuentren los restos de García Lorca, iremos a rezarle una oración a su tumba, por donde llora la ‘Fuente de las lágrimas’.
Cuentan que, en las noches de luna llena de agosto, se oye el murmullo de las ánimas por ‘los Pozos’ del Barranco de Víznar. En este triste paraje se echa de menos un monolito y, de aquí a unos años, para cuando los españoles nos reconciliemos con nuestro pasado, habría que incluir en una lápida de mármol los nombres de todos los fusilados. Y ya me despido, con estas frases del poeta en Madrid: “Estos campos se van a llenar de muertos. Está decidido. Me voy a Granada y que sea lo que Dios quiera”. Señor, dales el descanso eterno...

Publicado en La Opinión de Granada, el 18 de agosto de 2006


Posdata: A finales de julio de ese año, me acerqué a ver la Exposición en la Casa de los Tiros, un homenaje a García Lorca en el setenta aniversario de su muerte. Allí se encontraba filmando un equipo de televisión, del programa Informe Semanal, y según me dijeron saldrá el sábado diecinueve de agosto. Grabaron las fotos de la Exposición, sobre todo, la del ‘Grupo de prisioneros en La Colonia de Víznar’. Todos ellos aparecen con el mandil de masones, y con las palas y espuertas para su trabajo de enterrar a los fusilados. Hablando en privado con el jefe del programa, me confesó que Ian Gibson no quiso venir a Granada para entrevistarlo, pues aquí suelen criticarlo. “Sí, le dije, Granada sigue siendo una ciudad provinciana donde la envidia está a la orden del día. Es más, si García Lorca viviera hoy, hubiera tenido que salir de aquí por piernas”. El poeta se quejaba de que en Granada “se encontraba la peor burguesía del mundo”.


El 18 de agosto de 1976, con motivo del cuarenta aniversario de la muerte del poeta, un grupo de escritores subió hasta el Barranco de Víznar para depositar una corona de flores. Copio de Ideal la noticia de entonces: “…al grupo de escritores, unos veinte aproximadamente, se sumaron unos niños. En el lugar había colocada una gran cruz, hecha con piñas por alguna persona que ha querido de esta manera recordar al poeta granadino. En nombre de este grupo, Juan de Loxa leyó un poema al anochecer”. Acompañaron al acto, los poetas José García Ladrón de Guevara y Rafael Guillén, entre otros. También protagonizaron, el cinco de junio, de ese año, el acto “El 5 a las 5”, en Fuente Vaqueros, en recuerdo de la fecha del nacimiento de García Lorca. Franco había muerto en noviembre de 1975 y España seguía siendo una dictadura.

Cuando me encontraba en el anfiteatro, del Barranco de Víznar, sentí como si me llegara un mensaje de alguien, como diciéndome, “que estamos aquí”. Tuve una sensación extraña, pero es que en este paraje sagrado te sientes sobrecogido. El dilema ahora es: ¿buscamos los restos del poeta entre la inmensidad de 2.000 granadinos fusilados? 





'Lorca, el último paseo'

lunes, 11 de agosto de 2014

LA VERDAD SOBRE GARCÍA LORCA















ENTREVISTA AL POETA LUIS ROSALES
ENTREVISTA A GABRIEL POZO 

En la entrevista de Ian Gibson a Luis Rosales, no tiene nada de extraño que García Lorca fuera partidario de una dictadura militar en aquel tiempo de tanta violencia. En agosto de 1936 fue cuando más fusilamientos se produjeron en España. Pío Baroja también fue partidario de una “dictadura inteligente” muchos años antes, debido a los malos gobernantes que tenía España al final de la Restauración. Y así pensaban muchos intelectuales de aquella época. Cuando dio el golpe de Estado el general Primo de Rivera, en 1923, en España fue recibido con alivio ante la incapacidad e ineptitud de los políticos. 
Que García Lorca fuera de derechas, tampoco es un secreto. Su amistad con Luis Rosales era ya un síntoma, incluso el poeta Gabriel Celaya mencionó la amistad que tuvo en Madrid con José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange. A Luis Rosales no le gustó que Celaya dijera esto tras la muerte de García Lorca. El escritor granadino también procedía de una familia acomodada pero, a partir de su fusilamiento, la izquierda se apropió de su imagen.

Al final de la información, dice: “Gibson, por su parte, indicó que las declaraciones sobre el supuesto apoyo de Lorca al alzamiento militar se deben a que 'Rosales me dio la versión del régimen franquista, porque esa era la que había en 1966, con el dictador en activo’". Esto no es cierto, Rosales le da su propia versión, pues era un poeta bien visto por el Régimen y no necesitaba inventar nada. Y yo no creo que Lorca apoyara el alzamiento militar, pues hubiera sido el primer caso de fusilar los fascistas a uno de los suyos. Otra cosa es que haga una declaración en un momento dado. García Lorca tenía sus enemigos en Granada, por el drama de 'La casa de Bernarda Alba' (retrata a la familia de Frasquita Alba) y por el 'Romance de la Guardia Civil', en que la critica. 'Pepiniqui', hermano de Luis Rosales y con influencia en la Falange en Granada, llamaba a García Lorca "el maricón de la pajarita". Y el poeta decía que en Granada "se encontraba la peor burguesía del mundo".

Estoy de acuerdo en lo que opina el escritor Gabriel Pozo en la entrevista. Al morir la actriz Enma Penella -hija de Ruiz Alonso-, publicó un libro sobre la muerte de García Lorca y con las confesiones de la actriz.


viernes, 25 de julio de 2014

EL ACCIDENTE DE TRÁFICO








Por si le puede servir a alguien esta amarga experiencia que pasé hace poco, debido a la desidia e irresponsabilidad de unos y otros. Los males a veces no vienen solos, pero no hay que desanimarse y debes de jugar con las cartas que tienes. La vida es así de dura y cruel y en España las compañías de seguros todavía dejan mucho que desear. Este anexo lo entregué (le he quitado los datos) junto a la ‘Declaración amistosa del accidente’.



ANEXO A LA DECLARACIÓN DEL ACCIDENTE DE TRÁFICO

Accidente en…, a las 18:45 horas, el 7 de junio de 2014. Antes de llegar al cruce de calles, toqué el claxon pero A. D. se saltó el “Ceda el paso” y así lo reconoce en su declaración. Iba completamente embalada, con su hija de acompañante y una niña pequeña. Entonces me dijo que tenían mucha prisa, que hiciéramos el parte cuanto antes. La acompañante manifestó que estaba cumplida del embarazo, le dolía la barriga y que iban al hospital de Granada. Mi mujer le contestó que llamara a una ambulancia, pero dijo que no, que irían juntas. Más tarde me di cuenta que por la avenida de… se va a un barrio, y que la calle… (en dirección a Granada) acababan de dejarla unos cien metros antes. No decía la verdad. De acuerdo con A., empecé a rellenar el parte amistoso y le pedí el seguro del coche. Me entregó dos fotocopias del seguro, pero le pedí el recibo anual para ver si estaba en vigor. Como no me lo entregaba, mi esposa llamó a la Guardia Civil por teléfono y le confirmó que tenía el seguro en vigor, y que venía una patrulla. A. entonces empezó a rellenar otro parte amistoso, a pedirme datos y que le entregara mi seguro. Le pregunté por qué no quería que yo rellenara el parte amistoso y contestó que tenían prisa.

Sin embargo, se presentaron dos policías locales, llamados por la hija de A.  Les dijo que yo no las dejaba marchar (esto es falso, y tendrían que explicar por qué querían marcharse sin rellenar debidamente el parte, porque nosotros también teníamos prisa) y que no quería rellenar el parte, así como que estaba embarazada y le dolía la barriga. Pero no dijo a la policía que estaba cumplida y que se dirigían al hospital a Granada, como nos dijeron a nosotros. Entonces, un policía me aclaró que la embarazada tenía que irse al hospital y tenía preferencia, por lo que el accidente no tenía ninguna importancia. Accedí a rellenar el parte de A., pero el croquis no indicaba nada y tampoco señalaba los daños de los vehículos en las observaciones. Entonces el policía dijo que el parte señala con una ‘X’ que A. no respetó la señal de preferencia y que ya no hacía falta rellenar más. Le contesté que yo no firmaba el parte porque faltaban los datos antes citados, acto seguido el policía cogió la declaración y escribió en el lugar de mi firma “Se niega a firmar”, como puede apreciarse, y me advirtió que, como yo no firmara el parte, iba a ser el responsable de todo. Seguidamente, ordenó a las dos mujeres que se marcharan y que le trajeran el parte del hospital.

¿Habría que preguntar, a qué viene esta amenaza del policía, tratando de intimidarme e inculparme, en vez de mostrar una actitud imparcial y verificar los hechos que allí ocurrieron? No se entiende esta actitud hostil del policía local hacia mí, tratando de obligarme a firmar un parte de accidente, donde no se recogen los daños de ambos vehículos y cuando el croquis dibujado por A. no indica nada, con la agravante de que intenta hacerme responsable del accidente, cuando la causante fue A. ¿Si era urgente, por qué no llamó a una ambulancia para que se llevara a la embarazada (esta rehusó llamar unos momentos antes, cuando se lo dijo mi mujer), cuando el choque ni siquiera fue violento pues la chapa de los vehículos se hundió unos centímetros? Este policía se enfadó conmigo desde que llegó, sin yo dirigirme mal hacia él en ningún momento (yo no estaba para más discusiones), diciéndome: “Tú no eres abogado, no tenías que haber llamado a la Guardia Civil”, y presionándome para que accediera a todo lo que decían las dos mujeres. Fue precisamente el policía que le acompañaba, el que señaló con una ‘X’ en el parte que A. no respetó la señal de preferencia, porque ni eso figuraba. Lo que es de agradecer.
En cuanto a los daños en mi vehículo: paragolpes delantero desencajado y abollado, el lateral derecho se ha doblado un poco, hundiendo el faro derecho hacia dentro por lo que la luz de posición no funciona, y el capó no se puede cerrar. Los daños del otro vehículo: chapa abollada en el lateral izquierdo, pegando a la rueda, y puede que en la puerta del conductor.
A causa de estas circunstancias anormales e incomprensibles, me veo obligado a presentar este anexo a la declaración de mi parte de accidente, para aclarar los hechos.

Granada, 9 de junio de 2014






AL DEFENSOR DEL CLIENTE

… con el número de póliza… y número de siniestro…, le expone la siguiente queja contra el agente de seguros de…
Han pasado 15 días desde el siniestro (7 de junio) y sigo sin ninguna información del agente, con el vehículo averiado y sin poder circular: el capó levantado, la luz de posición rota y también está perdiendo aceite del motor, por lo que pueden robármelo en cualquier momento o multarme. La incomprensible actitud del agente de no informarme de nada y de no permitir que arreglen mi vehículo en el taller, está haciendo que tenga mi vehículo  inmovilizado, a pesar de que la parte contraria reconoce en su declaración del accidente, del día 7, que se había saltado un ceda el paso (documentos uno, dos y tres).
Le envío una copia de la reclamación (documento cuatro) que le puse al agente, el 16 de junio, en la oficina de la Compañía más próxima, pues en tres ocasiones que me pasé no estaba en su despacho, mientras que N., que gestiona los partes, está de baja según me confesó por teléfono. La declaración del siniestro me la selló el día 9 una oficinista ajena a la aseguradora, aunque con el sello de la compañía –se ve que el agente le ha dado instrucciones para que atienda al público en su ausencia y selle los siniestros– y la petición de un perito la efectuó el día 10 una trabajadora de la sucursal más próxima. El siniestro lo envió N. a la otra compañía el día 11 (la oficinista se lo envió escaneado), sabiendo que mi vehículo se encontraba inmovilizado.

En las ‘Condiciones Particulares y Generales del Contrato’, 1º.3. Indemnización de daños, dice lo siguiente: “Se entenderá que existe responsabilidad del conductor o propietario del otro vehículo: c) Cuando sea reconocida por escrito por dicho conductor o propietario. e) Cuando la Compañía, a la vista de las circunstancias objetivas que conozca, así lo estime, por su propia iniciativa, para evitar retrasos innecesarios”. En Reclamación de daños, dice: “A) Interés del asegurado. 2. El adelanto de las indemnizaciones que reconozcan formalmente el deber de los aseguradores de quienes resulten responsables del accidente”. Si la otra compañía tiene siete días para contestar y han pasado 15 días desde el siniestro, mientras que el agente no me ha informado del estado de tramitación del siniestro ni ha permitido que arreglen mi vehículo en el taller, ¿estamos ante un incumplimiento de las obligaciones del contrato de…?, por lo que tendría que reclamar, además de la responsabilidad del agente, los graves daños y perjuicios que me está causando este retraso injustificado e innecesario. ¿Está utilizando intencionadamente el agente el retraso en la reparación del vehículo para tenerme cogido y para que no me dé de baja en…, porque la póliza vence el próximo 30 de junio? ¿Por qué no me informa de la tramitación del expediente ni da la conformidad al taller?... Ayer, día 21, le envié por correo electrónico al citado agente el escrito que le adjunto (documento cinco). Debo aclarar que ignoraba que… tuviera el Departamento de Defensa del Cliente.
 Por todo ello, espero su mediación en este asunto y, en caso de llegar a una pronta solución amistosa, yo retiraría la reclamación del 16 de junio.

 23 de junio de 2014


            Posdata: Entregué esta reclamación en una sucursal de mi compañía, pero aquí me dijeron que a la compañía contraria no le constaba ningún parte de siniestro, por lo que el plazo se alargaba otros siete días: “No existen antecedentes”, decía el escrito de otra la compañía. Resulta que después de 17 días del accidente, el otro asegurado no había entregado el parte. ¿Quién se iba a creer esto, cuando hay obligación de dar parte en el plazo de siete días? ¿No se sanciona esto? Mayor desidia e irresponsabilidad no se puede pedir a una aseguradora. Sin embargo, me decidí y al día siguiente llevé a reparar el vehículo donde lo habían peritado con anterioridad. Me costaba la reparación 1.200 euros (lo justo que tenía para pasar el mes) y tardaban casi una semana en arreglarlo. No me quedaba otra opción, pues no podía utilizar el vehículo ya que el capó estaba descuadrado y se podía levantar en cualquier momento con el consiguiente riesgo para la vida del conductor y los ocupantes. Tampoco me funcionaba la luz de posición del faro derecho, por lo que podían multarme. Pero esto a las compañías les traía sin cuidado. Al día siguiente de llevar el coche al taller, me llamó el mecánico de la Peugeot dándome una grata noticia: “Tu compañía se hace cargo de la reparación”. La reclamación había surtido efecto y se ve que ya no querían problemas, yo tampoco iba a parar y estaba dispuesto a acudir a los medios de comunicación a contarles el caso. Un día antes de que expirara el contrato, me di de baja en la aseguradora por la poca seriedad del agente de seguro y por todo lo que me había hecho pasar innecesariamente. Con fecha del 8 de julio, recibí contestación del Defensor del Cliente, con esta resolución en el párrafo final: “En este sentido, debemos informarle que este Departamento no observa incumplimiento de la Compañía en sus obligaciones contractuales y/o legales; entendiendo por todo ello que la tramitación del siniestro ha sido correcta”.

        Pero si el asegurado deja de pagar en el plazo o no da el parte de siniestro en siete días, sí hay incumplimiento. No se podía esperar otra cosa por lo que algunas compañías seguirán gozando de total impunidad y causando estragos entre los asegurados.

lunes, 14 de julio de 2014

MARÍA 'LA DE RAFAEL'



María, con su hija Carmen y Leandro. Mayo 2013








Los años no pasan en balde y, cuando llamo a María Gómez, veo que anda torpemente mientras abre el candado de la cancela de su casa. “¿Cómo va eso, María?”. Y cuando saludo a su marido, Rafael Martínez, éste sonríe y parece como si me conociera de toda la vida. A pesar del alzheimer galopante, que le arrebató su mente. Pero de seguro que no me ha reconocido, que todo ha sido un espejismo. Los médicos aseguran que Rafael está en un estado que ya no conoce a nadie. Debe de ser una especie de limbo para el enfermo, y un infierno para quien lo cuida. Pero la vez anterior hizo lo mismo, sonrió al verme, como si me conociera de toda la vida. Sin embargo, a María no hace falta que yo le explique demasiado a lo que vengo:

-Ahora vienen dos muchachas a vestirlo, porque Rafael se lo hace todo. Él ya no conoce a nadie, ni siquiera a su mujer. ¡Pues sí! ‘Cucha’ que te digo, esta noche ‘pasá’ me ha cogido la mano y ¡ha puesto una cara!... Pero él no sabía que era mi mano. Y yo ya quería deshacerme de él, pero no podía. Sí, sí. ¿Que si me echas una foto? ¡A mí me da igual! Tengo 83 años, así que ya todo me da igual. Recuerdo que mi suegra, la tía Luisa, tenía una tienda donde vendía azúcar en terrones y de todo. Pregunta y verás quién era mi suegra..., y mi suegro. Buenas personas donde las haya,  ¿eh? Y si es Rafael, todo el pueblo lo sabe; y tu padre también, que en gloria esté. Nosotros... pues que hemos ‘pasao’ muchas penas y que hemos ‘tenío’ dos hijas para nuestra suerte. Pero hemos ‘penao’ mucho... ¡Y qué te voy a decir más!

-Cómo era la vida entonces, cuéntame cosas de aquella época, de cuando eras una mocica –le digo:

-Mira, no teníamos patatas, ni cebollas, ni ajos pero hacíamos de comer. Hacíamos una lata de habas ‘tostás’. ¡Qué lástima! Mira, se juntaba el Curro, se juntaban las Curras, que estaban solteras. ¿Tú no te acuerdas de eso? Y nos comíamos una lata de habas ‘tostás’... ¡Si no teníamos nadie ‘ná’, ‘ná’, ‘ná’! Había mucha pobreza, pero hoy, gracias a Dios, tenemos de todo. Ahora estamos muy viejos, y ya no podemos valernos de los años que tenemos. Antes decían mis hermanos: “¡Ay qué boca tiene mi María!”. Y ahora la tengo como si la tuviera ‘podría’... Aquellas migas que antes nos comíamos casi sin aceite, que era verdad ¿eh? Porque movíamos las migas con la rasera para que aquello no se hiciera una pelota. ¿Y el jabón?, que no teníamos ni para lavarnos. ¡Mucha miseria es lo que había! Y no es decirlo, es pasarlo. ¡Buenooó...! Si dijera una toda su vida, habría que hacer un libro. Y ahora que tenemos algo, pues eso, que no podemos disfrutarlo. El Rafael se hace todas sus cosas dentro de su cuerpo, desde hace por lo menos cuatro años. Y yo ‘pos’ aquí hecha una mártir, que si me voy ‘pallá’ o ‘pacá’...

De mi libro 'Diálogos en la tierra de los ríos' (2003). Edición agotada

sábado, 28 de junio de 2014

EL MISTERIO DE SAINT-EXUPÈRY


Saint-Exupéry, delante del caza que pilotaba






El domingo, 29 de junio, se cumplen 114 años que nació el escritor francés, Antoine de Saint-Exupéry, con tal motivo recupero este artículo dedicado al autor de 'El principito':

       Muchas veces me había preguntado, como todo el mundo, por la misteriosa desaparición del aeroplano ‘L’intransigeant’, del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, autor de ‘El principito’, una obra cumbre de la literatura contemporánea: ¿fue un accidente y el mar se tragó el avión, o lo derribó la aviación alemana? En 1988, un pescador encontró cerca de la costa de Marsella una pulsera que había pertenecido al escritor, y que era un regalo de su mujer Consuelo. Diez años después, en 1998, aparecieron los restos del avión que pilotaba Saint-Exupéry, en la misma área geográfica donde se había perdido el contacto por radio, gracias a la labor del submarinista Luc Vranell y del buscador de tesoros de guerra, Lino von Gartzen.

Ellos fueron precisamente quienes lograron arrancar la confesión al piloto alemán Hors Rippert, de 88 años, de manera que la noticia ha saltado a los periódicos de todo el mundo a mediados de marzo: él mismo derribó el avión del escritor, durante la mañana del 31 de julio de 1944, por lo que no se ha llevado el secreto a la tumba. Hors cuenta, con todo lujo de detalles, en su libro ‘El último secreto’ (Ediciones Rocher), cómo derribó, con su caza ‘Messerschmidt ME-109’, el avión ‘Lightning P38’ donde viajaba precisamente el mito de su adolescencia, reconvertido en piloto del ejército aliado. La conciencia y el honor le hicieron exclamar al alemán: “Ya pueden dejar de buscar, fui yo quien abatió a Saint-Exupéry. El aparato estaba a 3.000 metros debajo de mí, cerca de Marsella. Nada más verlo, me dije: ‘Si te acercas un poco más, te voy a reventar’. Le disparé y le alcancé. Cayó en picado hacia el agua. Nunca vi al piloto”.

El aviador alemán, héroe de la ‘Luftwaffe’, trata de justificarse como puede: “Tardé muchos años en sospechar que yo derribé el avión de Saint-Exupéry. Para mí fue un episodio bélico sin más, un lance de la guerra. Después comencé a leer noticias sobre la desaparición. El año, el mes, el día y la zona geográfica, la costa de Toulon coincidían con la misión que yo emprendí. Y siento mucho que así fuera”. El teutón había leído muchos de los libros de Saint-Exupéry, especialmente los de juventud, que estaban dedicados a la experiencia de los pilotos aéreos, como ‘El aviador’, ‘Correo del Sur’, ‘Vuelo nocturno’. Pero, en el fondo, se veía en el papel de verdugo: “Me negaba a mí mismo que fuera yo quien lo derribó. Me engañaba. Pero también me parecía injusto llevarme el secreto conmigo. Por honor a la historia y por honor a Saint-Exupéry”. Te pones en su lugar y debe de ser horrible cargar esa muerte sobre la conciencia, así como despertarse cada mañana con la misma pesadilla. El viejo Hors quizá ha esperado demasiado tiempo, cuando le queda poco para morirse, pero habrá pensado aquello de “más vale una vez colorado, que ciento amarillo”. Ahora, tras su confesión pública, podrá dormir algo más tranquilo el resto de sus días, pero el secreto lo ha tenido guardado en el baúl cerca de 64 años. Toda una vida.


El libro de Hors Rippert aparecerá estos días en las librerías francesas –seguro que será un éxito–, mientras que los periódicos se han hecho eco de los pormenores de su confesión, que cierra para siempre el enigma literario más famoso de la II Guerra Mundial. En cuanto a la obra de ‘El principito’ –es un canto a la amistad, al heroísmo y a la responsabilidad–, cada año se venden en Francia 300.000 ejemplares y ha sido traducida a 180 idiomas. Desde su publicación, se han vendido 80 millones de ejemplares de la fábula del muchacho, ocupando el tercer puesto en los hábitos de lectura de los franceses, detrás de ‘La Biblia’ y de ‘Los Miserables’, de Víctor Hugo. En la dedicatoria de ‘El principito’ podemos leer: “Todas las personas mayores han sido niños antes (pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria. A Leon Werth cuando era niño”. Da la impresión como si Saint-Exupéry se hubiera inspirado en el prologuillo de ‘Platero y yo’, donde el poeta moguereño, Juan Ramón Jiménez, parece jugar al escondite: “Advertencia a los hombres que lean este libro para niños”.

Copio un párrafo de ‘El principito’: “A la luz de la luna, miré su frente pálida, sus ojos cerrados, sus mechones de cabellos que temblaban al viento y me dije: ‘Lo que veo aquí, es sólo una corteza. Lo más importante es invisible (…). Lo que me emociona tanto en este principito dormido es su fidelidad por una flor, es la imagen de una rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, aún cuando duerme…’”. En el aeropuerto de Toulouse, hay una placa que recuerda al célebre piloto desaparecido, Antoine de Saint-Exupéry: “Por haber despegado del aeropuerto, cuando trabajaba como correo en la línea que comunicaba Francia con Senegal y por haber hecho feliz a la gente”. Aquí, en Granada, sin ir más lejos, tenemos la leyenda del poeta, que fue fusilado cerca de la fuente de Aynadamar –la fuente de ‘Las lágrimas’–, pero todavía no ha aparecido. Y uno se pregunta: “¿Cuándo se desvelará el misterio y sabremos dónde enterraron a García Lorca?”.

Este artículo se publicó el 27 de marzo de 2008, en el diario 'La Opinión de Granada'.



martes, 10 de junio de 2014

PARÁBOLA DEL NIÑO BONITO







A media mañana, de un día de finales de febrero, paseo por un camino de tierra a las afueras de la ciudad. Uno se queda maravillado contemplando el manto de hierba y de jaramagos que cubre el campo, donde, un poco más allá, se extiende el olivar. Aquí sólo se oye el canto alegre de centenares de jilgueros, que revolotean entre las ramas de los olivos. En realidad es un canto a la primavera que se ve llegar a lo lejos, a pesar de las bajas temperaturas de estos días –está nevando en cotas bastante bajas–, de manera que los gorriones se inflan como globos, y las palomas, ateridas de frío, se acurrucan en los tejados de las casas. Si algo destaca en el paisaje de la provincia, es la nieve cubriendo con su manto blanco las cumbres de las montañas. Ahora enfilo un sendero casi solitario, donde a un lado del camino, han ido tirando toda clase de ropa y enseres: aquí unos pantalones y jerséis, allá un sombrero de paja, un poco más arriba juguetes de un niño...

Llama poderosamente la atención una muñeca de plástico, con el pelo rubio y enmarañado, tirada allí, en medio de la hierba. Tiene la cara vuelta hacia un lado y los brazos abiertos, y se ha quedado en esa extraña postura como si realmente alguien la hubiera asesinado. Un poco más allá vemos ropas de niño desperdigadas en la cuneta, junto a un caballo de plástico y un piano con teléfono. Me agacho y cojo un chalequillo de color marrón, con sus bolsillos y botones. Una preciosidad. Es de la talla cuatro, para un niño de dos o tres años. No más. Pero lo cierto es que yo nunca había visto una prenda de marca tan pequeña y al mismo tiempo tan bonita. Al lado hay una chaquetilla de color azul marino, haciendo juego con el chaleco, y entonces uno se imagina al niño en una fiesta de fin de curso, o quizá en un teatrillo que la maestra ha montado en el colegio. También puede que haya estrenado el traje en su cumpleaños, rodeado de amiguillos, y uno se imagina a sus padres, muy jóvenes, aplaudiendo en medio del alboroto infantil: “¡Cumpleaños feliz, te deseamos todos...!”.

Entonces me asaltan demasiadas preguntas: ¿Por qué estas prendas son tan nuevas y recientes, pues apenas las han usado? Y ¿cómo es que las han abandonado precisamente aquí, orilla de un triste sendero, y quizá en la oscuridad de la noche? Noche oscura del alma. ¿Se divorciaron los padres del niño?... Y así, mis dudas se quedan flotando en el aire eterno del olivar, donde ahora se respira un suave y dulce olor a ramón quemado. Más adelante siguen apareciendo indumentarias de todos los colores, cual si de un mercadillo se tratara: una bata pequeña de color rosa me recuerda a mi hija cuando apenas tenía unos años, un jersey con letras y corazones estampados, un primor de camisa blanca donde viene bordada la palabra ‘Baby’s’, una sudadera donde aparece una joven china, unos pantaloncillos de pana y varias prendas de marca, a cual más vistosa.

Más adelante encuentro en el suelo dos cuartillas escritas –aparecen dobladas, como de haber estado metidas en un sobre, pero no llevarán aquí muchos días–, transcribo literalmente unas líneas, con sus faltas de ortografía y todo, ya que si las retoco perderían espontaneidad y frescura: “Hola mi vida cuanta farta me haces y cuanto te echo de menos no sé que boy hacer deberdad nene el dia que tu me fartes te quiero tanto qué no se vivir sin ti prefiero morirme yo antes que tu y solo el señor sabe todo lo que mi corazón siente no se como desaogar mi pena estanta las ganas que tengo de llorar que no te lo puedes ni imaginar. Sí cariño si estoy muy pero que muy triste y todo porque me bas adejar muy solita (...) Quisiera despertar y encontrarte a mi lado y muy abrazaditos los dos, pero lla bes que esto es imposible ¡o no! (...) Cuando yo valla con mi barriguilla por delante por lo menos podras ber a tu hijo casi todos los dias y lo tendras en tus manos y que ballas cojiendo practica como se coje a un niño y ensallar como padre que bas a ser si dios quiere y dios me adado esa suerte para que yo me alla quedao embaraza seria nuestra felicidad...”. Al final de esta carta sin destino destaca el dibujo de dos palomas unidas por las palabras “te quiero”, y el nombre de los enamorados.

¿Qué habrá sido del hijo que, con tanto orgullo, llevaba la madre en su barriguilla, cuando le escribió estas bellas páginas de amor a su ‘marío’ y que según ella se encontraba en la cárcel? ¿Qué hacían estas cuartillas tiradas en el suelo? Y ¿qué fue del “niño bonito”, pareciéndose a un torero, con su chaleco marrón y su chaquetilla azul marino? Al final, todos nuestros trajecillos, nuestros juguetes, nuestras cartas e incluso nuestros recuerdos irán a parar a la cuneta de un camino de tierra, cual si de un estercolero de la infancia se tratara. Allí junto al olivar, donde canta el jilguero anunciando la primavera.