El BLOG DE LEANDRO GARCÍA CASANOVA

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viernes, 25 de julio de 2014

EL ACCIDENTE DE TRÁFICO








Por si le puede servir a alguien esta amarga experiencia que pasé hace poco, debido a la desidia e irresponsabilidad de unos y otros. Los males a veces no vienen solos, pero no hay que desanimarse y debes de jugar con las cartas que tienes. La vida es así de dura y cruel y en España las compañías de seguros todavía dejan mucho que desear. Este anexo lo entregué (le he quitado los datos) junto a la ‘Declaración amistosa del accidente’.



ANEXO A LA DECLARACIÓN DEL ACCIDENTE DE TRÁFICO

Accidente en…, a las 18:45 horas, el 7 de junio de 2014. Antes de llegar al cruce de calles, toqué el claxon pero A. D. se saltó el “Ceda el paso” y así lo reconoce en su declaración. Iba completamente embalada, con su hija de acompañante y una niña pequeña. Entonces me dijo que tenían mucha prisa, que hiciéramos el parte cuanto antes. La acompañante manifestó que estaba cumplida del embarazo, le dolía la barriga y que iban al hospital de Granada. Mi mujer le contestó que llamara a una ambulancia, pero dijo que no, que irían juntas. Más tarde me di cuenta que por la avenida de… se va a un barrio, y que la calle… (en dirección a Granada) acababan de dejarla unos cien metros antes. No decía la verdad. De acuerdo con A., empecé a rellenar el parte amistoso y le pedí el seguro del coche. Me entregó dos fotocopias del seguro, pero le pedí el recibo anual para ver si estaba en vigor. Como no me lo entregaba, mi esposa llamó a la Guardia Civil por teléfono y le confirmó que tenía el seguro en vigor, y que venía una patrulla. A. entonces empezó a rellenar otro parte amistoso, a pedirme datos y que le entregara mi seguro. Le pregunté por qué no quería que yo rellenara el parte amistoso y contestó que tenían prisa.

Sin embargo, se presentaron dos policías locales, llamados por la hija de A.  Les dijo que yo no las dejaba marchar (esto es falso, y tendrían que explicar por qué querían marcharse sin rellenar debidamente el parte, porque nosotros también teníamos prisa) y que no quería rellenar el parte, así como que estaba embarazada y le dolía la barriga. Pero no dijo a la policía que estaba cumplida y que se dirigían al hospital a Granada, como nos dijeron a nosotros. Entonces, un policía me aclaró que la embarazada tenía que irse al hospital y tenía preferencia, por lo que el accidente no tenía ninguna importancia. Accedí a rellenar el parte de A., pero el croquis no indicaba nada y tampoco señalaba los daños de los vehículos en las observaciones. Entonces el policía dijo que el parte señala con una ‘X’ que A. no respetó la señal de preferencia y que ya no hacía falta rellenar más. Le contesté que yo no firmaba el parte porque faltaban los datos antes citados, acto seguido el policía cogió la declaración y escribió en el lugar de mi firma “Se niega a firmar”, como puede apreciarse, y me advirtió que, como yo no firmara el parte, iba a ser el responsable de todo. Seguidamente, ordenó a las dos mujeres que se marcharan y que le trajeran el parte del hospital.

¿Habría que preguntar, a qué viene esta amenaza del policía, tratando de intimidarme e inculparme, en vez de mostrar una actitud imparcial y verificar los hechos que allí ocurrieron? No se entiende esta actitud hostil del policía local hacia mí, tratando de obligarme a firmar un parte de accidente, donde no se recogen los daños de ambos vehículos y cuando el croquis dibujado por A. no indica nada, con la agravante de que intenta hacerme responsable del accidente, cuando la causante fue A. ¿Si era urgente, por qué no llamó a una ambulancia para que se llevara a la embarazada (esta rehusó llamar unos momentos antes, cuando se lo dijo mi mujer), cuando el choque ni siquiera fue violento pues la chapa de los vehículos se hundió unos centímetros? Este policía se enfadó conmigo desde que llegó, sin yo dirigirme mal hacia él en ningún momento (yo no estaba para más discusiones), diciéndome: “Tú no eres abogado, no tenías que haber llamado a la Guardia Civil”, y presionándome para que accediera a todo lo que decían las dos mujeres. Fue precisamente el policía que le acompañaba, el que señaló con una ‘X’ en el parte que A. no respetó la señal de preferencia, porque ni eso figuraba. Lo que es de agradecer.
En cuanto a los daños en mi vehículo: paragolpes delantero desencajado y abollado, el lateral derecho se ha doblado un poco, hundiendo el faro derecho hacia dentro por lo que la luz de posición no funciona, y el capó no se puede cerrar. Los daños del otro vehículo: chapa abollada en el lateral izquierdo, pegando a la rueda, y puede que en la puerta del conductor.
A causa de estas circunstancias anormales e incomprensibles, me veo obligado a presentar este anexo a la declaración de mi parte de accidente, para aclarar los hechos.

Granada, 9 de junio de 2014






AL DEFENSOR DEL CLIENTE

… con el número de póliza… y número de siniestro…, le expone la siguiente queja contra el agente de seguros de…
Han pasado 15 días desde el siniestro (7 de junio) y sigo sin ninguna información del agente, con el vehículo averiado y sin poder circular: el capó levantado, la luz de posición rota y también está perdiendo aceite del motor, por lo que pueden robármelo en cualquier momento o multarme. La incomprensible actitud del agente de no informarme de nada y de no permitir que arreglen mi vehículo en el taller, está haciendo que tenga mi vehículo  inmovilizado, a pesar de que la parte contraria reconoce en su declaración del accidente, del día 7, que se había saltado un ceda el paso (documentos uno, dos y tres).
Le envío una copia de la reclamación (documento cuatro) que le puse al agente, el 16 de junio, en la oficina de la Compañía más próxima, pues en tres ocasiones que me pasé no estaba en su despacho, mientras que N., que gestiona los partes, está de baja según me confesó por teléfono. La declaración del siniestro me la selló el día 9 una oficinista ajena a la aseguradora, aunque con el sello de la compañía –se ve que el agente le ha dado instrucciones para que atienda al público en su ausencia y selle los siniestros– y la petición de un perito la efectuó el día 10 una trabajadora de la sucursal más próxima. El siniestro lo envió N. a la otra compañía el día 11 (la oficinista se lo envió escaneado), sabiendo que mi vehículo se encontraba inmovilizado.

En las ‘Condiciones Particulares y Generales del Contrato’, 1º.3. Indemnización de daños, dice lo siguiente: “Se entenderá que existe responsabilidad del conductor o propietario del otro vehículo: c) Cuando sea reconocida por escrito por dicho conductor o propietario. e) Cuando la Compañía, a la vista de las circunstancias objetivas que conozca, así lo estime, por su propia iniciativa, para evitar retrasos innecesarios”. En Reclamación de daños, dice: “A) Interés del asegurado. 2. El adelanto de las indemnizaciones que reconozcan formalmente el deber de los aseguradores de quienes resulten responsables del accidente”. Si la otra compañía tiene siete días para contestar y han pasado 15 días desde el siniestro, mientras que el agente no me ha informado del estado de tramitación del siniestro ni ha permitido que arreglen mi vehículo en el taller, ¿estamos ante un incumplimiento de las obligaciones del contrato de…?, por lo que tendría que reclamar, además de la responsabilidad del agente, los graves daños y perjuicios que me está causando este retraso injustificado e innecesario. ¿Está utilizando intencionadamente el agente el retraso en la reparación del vehículo para tenerme cogido y para que no me dé de baja en…, porque la póliza vence el próximo 30 de junio? ¿Por qué no me informa de la tramitación del expediente ni da la conformidad al taller?... Ayer, día 21, le envié por correo electrónico al citado agente el escrito que le adjunto (documento cinco). Debo aclarar que ignoraba que… tuviera el Departamento de Defensa del Cliente.
 Por todo ello, espero su mediación en este asunto y, en caso de llegar a una pronta solución amistosa, yo retiraría la reclamación del 16 de junio.

 23 de junio de 2014


            Posdata: Entregué esta reclamación en una sucursal de mi compañía, pero aquí me dijeron que a la compañía contraria no le constaba ningún parte de siniestro, por lo que el plazo se alargaba otros siete días: “No existen antecedentes”, decía el escrito de otra la compañía. Resulta que después de 17 días del accidente, el otro asegurado no había entregado el parte. ¿Quién se iba a creer esto, cuando hay obligación de dar parte en el plazo de siete días? ¿No se sanciona esto? Mayor desidia e irresponsabilidad no se puede pedir a una aseguradora. Sin embargo, me decidí y al día siguiente llevé a reparar el vehículo donde lo habían peritado con anterioridad. Me costaba la reparación 1.200 euros (lo justo que tenía para pasar el mes) y tardaban casi una semana en arreglarlo. No me quedaba otra opción, pues no podía utilizar el vehículo ya que el capó estaba descuadrado y se podía levantar en cualquier momento con el consiguiente riesgo para la vida del conductor y los ocupantes. Tampoco me funcionaba la luz de posición del faro derecho, por lo que podían multarme. Pero esto a las compañías les traía sin cuidado. Al día siguiente de llevar el coche al taller, me llamó el mecánico de la Peugeot dándome una grata noticia: “Tu compañía se hace cargo de la reparación”. La reclamación había surtido efecto y se ve que ya no querían problemas, yo tampoco iba a parar y estaba dispuesto a acudir a los medios de comunicación a contarles el caso. Un día antes de que expirara el contrato, me di de baja en la aseguradora por la poca seriedad del agente de seguro y por todo lo que me había hecho pasar innecesariamente. Con fecha del 8 de julio, recibí contestación del Defensor del Cliente, con esta resolución en el párrafo final: “En este sentido, debemos informarle que este Departamento no observa incumplimiento de la Compañía en sus obligaciones contractuales y/o legales; entendiendo por todo ello que la tramitación del siniestro ha sido correcta”.

        Pero si el asegurado deja de pagar en el plazo o no da el parte de siniestro en siete días, sí hay incumplimiento. No se podía esperar otra cosa por lo que algunas compañías seguirán gozando de total impunidad y causando estragos entre los asegurados.

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lunes, 14 de julio de 2014

MARÍA 'LA DE RAFAEL'



María, con su hija Carmen y Leandro. Mayo 2013








Los años no pasan en balde y, cuando llamo a María Gómez, veo que anda torpemente mientras abre el candado de la cancela de su casa. “¿Cómo va eso, María?”. Y cuando saludo a su marido, Rafael Martínez, éste sonríe y parece como si me conociera de toda la vida. A pesar del alzheimer galopante, que le arrebató su mente. Pero de seguro que no me ha reconocido, que todo ha sido un espejismo. Los médicos aseguran que Rafael está en un estado que ya no conoce a nadie. Debe de ser una especie de limbo para el enfermo, y un infierno para quien lo cuida. Pero la vez anterior hizo lo mismo, sonrió al verme, como si me conociera de toda la vida. Sin embargo, a María no hace falta que yo le explique demasiado a lo que vengo:

-Ahora vienen dos muchachas a vestirlo, porque Rafael se lo hace todo. Él ya no conoce a nadie, ni siquiera a su mujer. ¡Pues sí! ‘Cucha’ que te digo, esta noche ‘pasá’ me ha cogido la mano y ¡ha puesto una cara!... Pero él no sabía que era mi mano. Y yo ya quería deshacerme de él, pero no podía. Sí, sí. ¿Que si me echas una foto? ¡A mí me da igual! Tengo 83 años, así que ya todo me da igual. Recuerdo que mi suegra, la tía Luisa, tenía una tienda donde vendía azúcar en terrones y de todo. Pregunta y verás quién era mi suegra..., y mi suegro. Buenas personas donde las haya,  ¿eh? Y si es Rafael, todo el pueblo lo sabe; y tu padre también, que en gloria esté. Nosotros... pues que hemos ‘pasao’ muchas penas y que hemos ‘tenío’ dos hijas para nuestra suerte. Pero hemos ‘penao’ mucho... ¡Y qué te voy a decir más!

-Cómo era la vida entonces, cuéntame cosas de aquella época, de cuando eras una mocica –le digo:

-Mira, no teníamos patatas, ni cebollas, ni ajos pero hacíamos de comer. Hacíamos una lata de habas ‘tostás’. ¡Qué lástima! Mira, se juntaba el Curro, se juntaban las Curras, que estaban solteras. ¿Tú no te acuerdas de eso? Y nos comíamos una lata de habas ‘tostás’... ¡Si no teníamos nadie ‘ná’, ‘ná’, ‘ná’! Había mucha pobreza, pero hoy, gracias a Dios, tenemos de todo. Ahora estamos muy viejos, y ya no podemos valernos de los años que tenemos. Antes decían mis hermanos: “¡Ay qué boca tiene mi María!”. Y ahora la tengo como si la tuviera ‘podría’... Aquellas migas que antes nos comíamos casi sin aceite, que era verdad ¿eh? Porque movíamos las migas con la rasera para que aquello no se hiciera una pelota. ¿Y el jabón?, que no teníamos ni para lavarnos. ¡Mucha miseria es lo que había! Y no es decirlo, es pasarlo. ¡Buenooó...! Si dijera una toda su vida, habría que hacer un libro. Y ahora que tenemos algo, pues eso, que no podemos disfrutarlo. El Rafael se hace todas sus cosas dentro de su cuerpo, desde hace por lo menos cuatro años. Y yo ‘pos’ aquí hecha una mártir, que si me voy ‘pallá’ o ‘pacá’...

De mi libro 'Diálogos en la tierra de los ríos' (2003). Edición agotada
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sábado, 28 de junio de 2014

EL MISTERIO DE SAINT-EXUPÈRY


Saint-Exupéry, delante del caza que pilotaba






El domingo, 29 de junio, se cumplen 114 años que nació el escritor francés, Antoine de Saint-Exupéry, con tal motivo recupero este artículo dedicado al autor de 'El principito':

       Muchas veces me había preguntado, como todo el mundo, por la misteriosa desaparición del aeroplano ‘L’intransigeant’, del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, autor de ‘El principito’, una obra cumbre de la literatura contemporánea: ¿fue un accidente y el mar se tragó el avión, o lo derribó la aviación alemana? En 1988, un pescador encontró cerca de la costa de Marsella una pulsera que había pertenecido al escritor, y que era un regalo de su mujer Consuelo. Diez años después, en 1998, aparecieron los restos del avión que pilotaba Saint-Exupéry, en la misma área geográfica donde se había perdido el contacto por radio, gracias a la labor del submarinista Luc Vranell y del buscador de tesoros de guerra, Lino von Gartzen.

Ellos fueron precisamente quienes lograron arrancar la confesión al piloto alemán Hors Rippert, de 88 años, de manera que la noticia ha saltado a los periódicos de todo el mundo a mediados de marzo: él mismo derribó el avión del escritor, durante la mañana del 31 de julio de 1944, por lo que no se ha llevado el secreto a la tumba. Hors cuenta, con todo lujo de detalles, en su libro ‘El último secreto’ (Ediciones Rocher), cómo derribó, con su caza ‘Messerschmidt ME-109’, el avión ‘Lightning P38’ donde viajaba precisamente el mito de su adolescencia, reconvertido en piloto del ejército aliado. La conciencia y el honor le hicieron exclamar al alemán: “Ya pueden dejar de buscar, fui yo quien abatió a Saint-Exupéry. El aparato estaba a 3.000 metros debajo de mí, cerca de Marsella. Nada más verlo, me dije: ‘Si te acercas un poco más, te voy a reventar’. Le disparé y le alcancé. Cayó en picado hacia el agua. Nunca vi al piloto”.

El aviador alemán, héroe de la ‘Luftwaffe’, trata de justificarse como puede: “Tardé muchos años en sospechar que yo derribé el avión de Saint-Exupéry. Para mí fue un episodio bélico sin más, un lance de la guerra. Después comencé a leer noticias sobre la desaparición. El año, el mes, el día y la zona geográfica, la costa de Toulon coincidían con la misión que yo emprendí. Y siento mucho que así fuera”. El teutón había leído muchos de los libros de Saint-Exupéry, especialmente los de juventud, que estaban dedicados a la experiencia de los pilotos aéreos, como ‘El aviador’, ‘Correo del Sur’, ‘Vuelo nocturno’. Pero, en el fondo, se veía en el papel de verdugo: “Me negaba a mí mismo que fuera yo quien lo derribó. Me engañaba. Pero también me parecía injusto llevarme el secreto conmigo. Por honor a la historia y por honor a Saint-Exupéry”. Te pones en su lugar y debe de ser horrible cargar esa muerte sobre la conciencia, así como despertarse cada mañana con la misma pesadilla. El viejo Hors quizá ha esperado demasiado tiempo, cuando le queda poco para morirse, pero habrá pensado aquello de “más vale una vez colorado, que ciento amarillo”. Ahora, tras su confesión pública, podrá dormir algo más tranquilo el resto de sus días, pero el secreto lo ha tenido guardado en el baúl cerca de 64 años. Toda una vida.


El libro de Hors Rippert aparecerá estos días en las librerías francesas –seguro que será un éxito–, mientras que los periódicos se han hecho eco de los pormenores de su confesión, que cierra para siempre el enigma literario más famoso de la II Guerra Mundial. En cuanto a la obra de ‘El principito’ –es un canto a la amistad, al heroísmo y a la responsabilidad–, cada año se venden en Francia 300.000 ejemplares y ha sido traducida a 180 idiomas. Desde su publicación, se han vendido 80 millones de ejemplares de la fábula del muchacho, ocupando el tercer puesto en los hábitos de lectura de los franceses, detrás de ‘La Biblia’ y de ‘Los Miserables’, de Víctor Hugo. En la dedicatoria de ‘El principito’ podemos leer: “Todas las personas mayores han sido niños antes (pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria. A Leon Werth cuando era niño”. Da la impresión como si Saint-Exupéry se hubiera inspirado en el prologuillo de ‘Platero y yo’, donde el poeta moguereño, Juan Ramón Jiménez, parece jugar al escondite: “Advertencia a los hombres que lean este libro para niños”.

Copio un párrafo de ‘El principito’: “A la luz de la luna, miré su frente pálida, sus ojos cerrados, sus mechones de cabellos que temblaban al viento y me dije: ‘Lo que veo aquí, es sólo una corteza. Lo más importante es invisible (…). Lo que me emociona tanto en este principito dormido es su fidelidad por una flor, es la imagen de una rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, aún cuando duerme…’”. En el aeropuerto de Toulouse, hay una placa que recuerda al célebre piloto desaparecido, Antoine de Saint-Exupéry: “Por haber despegado del aeropuerto, cuando trabajaba como correo en la línea que comunicaba Francia con Senegal y por haber hecho feliz a la gente”. Aquí, en Granada, sin ir más lejos, tenemos la leyenda del poeta, que fue fusilado cerca de la fuente de Aynadamar –la fuente de ‘Las lágrimas’–, pero todavía no ha aparecido. Y uno se pregunta: “¿Cuándo se desvelará el misterio y sabremos dónde enterraron a García Lorca?”.

Este artículo se publicó el 27 de marzo de 2008, en el diario 'La Opinión de Granada'.


http://en-clase.ideal.es/opinion-200/1994-el-misterio-de-saint-exup%C3%A9ry.html

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martes, 10 de junio de 2014

PARÁBOLA DEL NIÑO BONITO







A media mañana, de un día de finales de febrero, paseo por un camino de tierra a las afueras de la ciudad. Uno se queda maravillado contemplando el manto de hierba y de jaramagos que cubre el campo, donde, un poco más allá, se extiende el olivar. Aquí sólo se oye el canto alegre de centenares de jilgueros, que revolotean entre las ramas de los olivos. En realidad es un canto a la primavera que se ve llegar a lo lejos, a pesar de las bajas temperaturas de estos días –está nevando en cotas bastante bajas–, de manera que los gorriones se inflan como globos, y las palomas, ateridas de frío, se acurrucan en los tejados de las casas. Si algo destaca en el paisaje de la provincia, es la nieve cubriendo con su manto blanco las cumbres de las montañas. Ahora enfilo un sendero casi solitario, donde a un lado del camino, han ido tirando toda clase de ropa y enseres: aquí unos pantalones y jerséis, allá un sombrero de paja, un poco más arriba juguetes de un niño...

Llama poderosamente la atención una muñeca de plástico, con el pelo rubio y enmarañado, tirada allí, en medio de la hierba. Tiene la cara vuelta hacia un lado y los brazos abiertos, y se ha quedado en esa extraña postura como si realmente alguien la hubiera asesinado. Un poco más allá vemos ropas de niño desperdigadas en la cuneta, junto a un caballo de plástico y un piano con teléfono. Me agacho y cojo un chalequillo de color marrón, con sus bolsillos y botones. Una preciosidad. Es de la talla cuatro, para un niño de dos o tres años. No más. Pero lo cierto es que yo nunca había visto una prenda de marca tan pequeña y al mismo tiempo tan bonita. Al lado hay una chaquetilla de color azul marino, haciendo juego con el chaleco, y entonces uno se imagina al niño en una fiesta de fin de curso, o quizá en un teatrillo que la maestra ha montado en el colegio. También puede que haya estrenado el traje en su cumpleaños, rodeado de amiguillos, y uno se imagina a sus padres, muy jóvenes, aplaudiendo en medio del alboroto infantil: “¡Cumpleaños feliz, te deseamos todos...!”.

Entonces me asaltan demasiadas preguntas: ¿Por qué estas prendas son tan nuevas y recientes, pues apenas las han usado? Y ¿cómo es que las han abandonado precisamente aquí, orilla de un triste sendero, y quizá en la oscuridad de la noche? Noche oscura del alma. ¿Se divorciaron los padres del niño?... Y así, mis dudas se quedan flotando en el aire eterno del olivar, donde ahora se respira un suave y dulce olor a ramón quemado. Más adelante siguen apareciendo indumentarias de todos los colores, cual si de un mercadillo se tratara: una bata pequeña de color rosa me recuerda a mi hija cuando apenas tenía unos años, un jersey con letras y corazones estampados, un primor de camisa blanca donde viene bordada la palabra ‘Baby’s’, una sudadera donde aparece una joven china, unos pantaloncillos de pana y varias prendas de marca, a cual más vistosa.

Más adelante encuentro en el suelo dos cuartillas escritas –aparecen dobladas, como de haber estado metidas en un sobre, pero no llevarán aquí muchos días–, transcribo literalmente unas líneas, con sus faltas de ortografía y todo, ya que si las retoco perderían espontaneidad y frescura: “Hola mi vida cuanta farta me haces y cuanto te echo de menos no sé que boy hacer deberdad nene el dia que tu me fartes te quiero tanto qué no se vivir sin ti prefiero morirme yo antes que tu y solo el señor sabe todo lo que mi corazón siente no se como desaogar mi pena estanta las ganas que tengo de llorar que no te lo puedes ni imaginar. Sí cariño si estoy muy pero que muy triste y todo porque me bas adejar muy solita (...) Quisiera despertar y encontrarte a mi lado y muy abrazaditos los dos, pero lla bes que esto es imposible ¡o no! (...) Cuando yo valla con mi barriguilla por delante por lo menos podras ber a tu hijo casi todos los dias y lo tendras en tus manos y que ballas cojiendo practica como se coje a un niño y ensallar como padre que bas a ser si dios quiere y dios me adado esa suerte para que yo me alla quedao embaraza seria nuestra felicidad...”. Al final de esta carta sin destino destaca el dibujo de dos palomas unidas por las palabras “te quiero”, y el nombre de los enamorados.

¿Qué habrá sido del hijo que, con tanto orgullo, llevaba la madre en su barriguilla, cuando le escribió estas bellas páginas de amor a su ‘marío’ y que según ella se encontraba en la cárcel? ¿Qué hacían estas cuartillas tiradas en el suelo? Y ¿qué fue del “niño bonito”, pareciéndose a un torero, con su chaleco marrón y su chaquetilla azul marino? Al final, todos nuestros trajecillos, nuestros juguetes, nuestras cartas e incluso nuestros recuerdos irán a parar a la cuneta de un camino de tierra, cual si de un estercolero de la infancia se tratara. Allí junto al olivar, donde canta el jilguero anunciando la primavera.

 
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jueves, 29 de mayo de 2014

56º ANIVERSARIO DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ










Dedicado a Rocío B. García-Fresneda Romero


 Te he dicho, Platero, que el alma de Moguer es el vino, ¿verdad? No; el alma de Moguer es el pan. Moguer es igual que un pan de trigo, blanco por dentro, como el migajón, y dorado en torno –¡oh sol moreno!– como la blanda corteza. Si uno va a Moguer, podrá leer ésta y otras poesías de Platero y yo, en los azulejos de las últimas calles, blancas de cal con sol, porque JRJ fue el andaluz universal. De joven, renunció a seguir estudiando Derecho y se entregó totalmente a la poesía. Así le expresa su cariño: Yo tengo escondida en mi casa, por su gusto y por el mío, a la Poesía, como una mujer hermosa; y nuestra relación es la de los apasionados. En 1900 se marchó a Madrid, adonde lo llaman Villaespesa y Rubén Darío, para luchar por el Modernismo. La muerte de su padre le produce una fuerte crisis, por lo que tuvieron que internarlo en un sanatorio mental en Francia. Sobre esto escribiría en La colina del alto chopo: Siempre he creído que tengo una mitad de locura y otra de ponderación. Toda mi obra me parece que refleja esas dos mitades. La parte matinal: equilibrio, cálculo, medida; la del anochecer: impresión, romanticismo, exaltación.
En 1905 se traslada a Moguer y durante seis años escribe su elegía andaluza Platero y yo. En 1911 vuelve a Madrid y se hospeda en la Residencia de Estudiantes. El escritor conoce entonces a Zenobia Camprubí y consigue enamorarla a través de las traducciones que realizaron juntos del Nobel bengalí, Rabindranath Tagore. En 1916 se casa con Zenobia en Nueva York y, con motivo de su boda, escribe Diario de un poeta recién casado. Al comenzar la Guerra Civil, el matrimonio abandona España y reside en varios países americanos: Argentina, Cuba y Florida. En 1951 se instala en Puerto Rico, donde Juan Ramón da clases en la Universidad de Río Piedras. En 1956 la Academia Sueca le concede el Premio Nobel de Literatura, pero esta noticia coincide con la muerte de Zenobia, su compañera ideal. El poeta, en sus últimos días, le dedicó esta frase: A Zenobia de mi alma, / este último recuerdo/ de su Juan Ramón/ que la adoró como a la mujer/ más completa del mundo/ y no supo hacerla feliz. En una foto, se ve a JRJ depositando un ramo de flores sobre la tumba de su esposa.

Biblioteca de Juan Ramón Jiménez



Mis días se van río abajo, salidos de mí hacia la mar, como las ondas iguales y distintas (siempre) de la corriente de mi vida: sangre y sueños. Pero yo, río a conciencia, sé que siempre me estoy volviendo a mi fuente. Totalmente deshecho, Juan Ramón sobrevivió dos años a Zenobia. El 29 de mayo de 1958 murió en Puerto Rico y, el 6 de junio, los restos del matrimonio fueron trasladados a Moguer. En la revista ‘Montemayor 2007’, Rosario F. Cartes describe así el traslado de los féretros: El día seis esperábamos el cortejo fúnebre que acompañaba a Zenobia y Juan Ramón al cementerio de Jesús, del que tanto había escrito el poeta (…). Lo que debió ser un cortejo ordenado en un principio era, al entrar en la calle Friseta, muchedumbre, el pueblo desbordado aunque tranquilo; la comitiva era tan compacta, que no se distinguían ni clero, ni autoridades, ni familiares, ni las personalidades que habían llegado de fuera, de Huelva, de Sevilla, de Madrid… Apenas rebasadas las últimas casas, sucedió. Un hombre y su burro en una quietud de estatua, observaban la comitiva bajo un intenso sol, desde la altura del vallado. El hombre, en traje de faena y destocado, con un cigarro como hábito de la boca, permanecía en pie junto al animal…

¡Qué estampa más sentimental –parece sacada del ‘Bienvenido, Míster Marshall’, de Berlanga– logró captar el fotógrafo, camino del cementerio!  En las fotos se ven a los hombres llevando coronas de flores, el monaguillo con la cruz de guía y los féretros en medio de la muchedumbre, que abarrotaba las calles de Moguer. Y el labriego, junto al jumento, viendo pasar el cortejo fúnebre, como dando la última despedida al poeta. Rubén Darío lo recordaba así: En la red de tus versos / está presa, Jiménez, / una gaviota blanca. En 1982 estuve viviendo en Moguer y los recuerdos que tengo son imborrables. Yo iba con frecuencia a la Casa-Museo de Zenobia y Juan Ramón, en la calle Nueva, la antigua casa del poeta. El bibliotecario me daba la llave del sótano, abría una puerta y… ¡oh feliz mortal!, allí reinaba un silencio sagrado de manera que me quedaba extasiado, contemplando aquellas estanterías repletas de libros.

Plaza de las Monjas, y convento de Santa Clara a la derecha



  En la planta baja se conservaba la biblioteca personal de JRJ, con más de 4.000 libros; y en la planta alta se encontraba el despacho del poeta, donde escribió sus primeros versos, y el dormitorio con la cama. En mayo de 2008 se celebró una exposición, en la Biblioteca Pública Provincial de Granada, dedicada a Juan Ramón con motivo del cincuentenario de su muerte: en 35 paneles, se recogían sus primeros versos, el expediente académico, sus obras, la concesión del Premio Nobel, etc. En la Alhambra, hay una placa donde Juan Ramón dejó el recuerdo de su visita: Se fue a Granada por silencio y tiempo, y Granada le sobredio armonía y eternidad. 

 Moguer, en la década de los ochenta, vivía de la agricultura y sobre todo de la fresa que ya había tomado un gran auge, por lo que se veían grandes campos de cultivo. Aquella tierra producía, además, buen vino y un mosto excelente, por lo que en muchas bodegas se podían saborear tranquilamente estos caldos. Recuerdo que en el mesón El lobito se celebraban entonces peleas de gallos americanos, donde la gente apostaba dinero. Es posible que JRJ escribiera estos versos pensando en su muerte: Moguer, Madre y hermanos. / El nido limpio y cálido… / ¡Qué sol y qué descanso / de cementerio blanqueado! El célebre Platero fue enterrado en Fuentepiña, en la casa de campo del poeta.

“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”. 

Dedicatoria a Zenobia


Llegada de los restos a su casa de Moguer


La comitiva fúnebre camino del cementerio



http://en-clase.ideal.es/opinion-200/1954-leandro-garc%C3%ADa-casanova-%C2%ABa-juan-ram%C3%B3n-jim%C3%A9nez,-en-el-56%C2%BA-aniversario-de-su-muerte%C2%BB.html

Comentarios, en Ideal en Clase:

 Leandro, 1 de junio. Moguer es una joya, blanco como los pueblos andaluces, blanco por dentro, como el migajón, y dorado en torno. Nosotros vivíamos en la calle del Río, paralela a la calle de la Ribera, como dice JRJ, porque a principios del siglo XX era la ribera de las marismas. Borges era el mejor escritor hispano de su tiempo, pero parece que ha caído en el olvido, gracias por tus palabras pero yo soy un aficionado a la escritura

Rocío B. García-Fresneda Romero .Universidad de Granada 30 de mayo
Me ha gustado mucho, gracias por dedicármelo. Nunca me olvidó de que nací en Huelva, ironías de la vida pues la tengo a escasos kilómetros a pesar de haber recorrido la mitad de Andalucía. Tienes una prosa mejor que la de Borges y muchos escritores. Concisa, clara y culta, llena de citas y conocimientos; momentos que sólo un hombre de mundo y experiencia a través de los libros puede tener
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lunes, 12 de mayo de 2014

DON MANUEL MEDIALDEA

Don Manuel Medialdea, de joven






Dedicado a hijo, Adolfo Medialdea







Hacía bastantes días que no veía al viejo profesor guadijeño, pero aquella mañana de invierno me tranquilicé al verlo en la calle y de nuevo echamos un rato de animada charla. Algún tiempo después yo estuve ensimismado en mis cosas, hasta que decidí preguntar por don Manuel Medialdea Valero. Me dirigí al bloque de pisos donde vive, y no tuve que esperar para que un anciano amable me diera la triste noticia: Don Manuel murió hace unos meses. Y a modo de despedida, me dijo: Era lo más alegre que teníamos en la casa. Don Manuel nació en Guadix, en 1932, y falleció de un infarto en Granada,  el 5 de enero de 2011. Licenciado en Matemáticas e Historia, dio clases en el Seminario y en el Colegio de la Presentación, de Guadix. 

En los años setenta, se trasladó a Granada y ejerció la docencia en los Colegios Divina Infantita y Virgen de Gracia. Al jubilarse, recibió una insignia de Educación. A veces me lo encontraba por las mañanas, en la calle Melchor Almagro, camino del supermercado. En los quinientos metros que recorría, a lo mejor se paraban a saludarlo tres o cuatro personas: un antiguo alumno, un taxista, algún conocido... Era un hombre abierto, sincero y entrañable que le gustaba hablar con la gente, se veía que eso le resucitaba. Un día le dije, por aliviar un poco su dolor: En cien metros a la redonda, conozco a dos familias que también han perdido a sus hijos en la juventud. Don Manuel se despidió cortésmente y no me respondió, a pesar de que llevaba dentro una pena muy grande por la temprana muerte de su hija.

Esta anécdota de los años sesenta lo define cómo era. A la hora de matemáticas, se presentó en el aula del Seminario y nos dijo: Esta tarde no os daré clase porque tengo fiebre y me encuentro enfermo. Yo tendría trece años y aquel gesto del profesor se me quedó grabado para siempre. Su carácter afable, la confianza que nos daba, su profesionalidad… Has metido el cuezo (la pata), decía de vez en cuando a algún alumno despistado, y todos nos echábamos a reír. En la calle me paraba y me contaba historias graciosas, era un derroche de alegría. 

A pesar de que era conocido y querido en Granada (no digamos en Guadix), parece ser que don Manuel ha caído en el olvido. La tristeza me invade estos días, cuando paso por el portal de su casa, y por eso creo que se merece algo más que unas breves líneas. Era un hombre bueno y cercano, al que le cogías cariño, y ése es el recuerdo que me ha quedado de este profesor guadijeño.

Posdata: Su hijo Adolfo me dijo que si hubiera hecho ejercicio estaría viviendo, pero él no salía de por aquí. Tras la muerte de su hija, cuidó de su mujer, que estaba enferma. Yo era torpe para las matemáticas, pero don Manuel las hacía amenas por su forma de ser alegre.  La foto de su padre me la cedió Adolfo. 

Publicado en mi libro Artículos del Altiplano y de  Granada, 2014

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jueves, 1 de mayo de 2014

VEINTICINCO AÑOS DE SOLEDAD


Este reportaje está extraído del diario Ideal, del 25 de marzo de 1990, y fue escrito por el corresponsal Javier Díaz Forcada. Eduardo Iglesias 'El maestrillo del Barranco de Túnez' falleció pocos años después, aunque sigue siendo un personaje recordado en la zona de Castril. 
Todos estos documentos me los ha proporcionado mi amigo huesquerino, Juanjo Martínez. El título es un recuerdo al escritor Gabriel García Márquez, fallecido recientemente. A mi padre le dio clases un maestrillo, en los años veinte, que se pasaba por los cortijos y le pagaban en trigo o algunas pesetas. Esto era frecuente en aquellos años.

He recortado las páginas del periódico, para que la letra salga más grande. 



http://txillo.wordpress.com/2013/12/09/el-maestrillo/














El 'Maestrillo' del barranco de Túnez, la historia de un anacoreta junto a una fuente





Copiado del libro 'La Sierra del Agua. 80 viejas historias de Cazorla y Segura', de Antonio Castillo y David Oya. 
Posted by leandro at 10:03 4 comentarios:
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