jueves, 19 de septiembre de 2013

EL BARRIO FÍGARES



El antiguo palacete de Alhamar, que fue derribado







Recuerdo que, cuando llovía, aquello se convertía en el barrio de los 1.001 charcos y entonces tenías que ir saltando como una rana, en medio de la escasa iluminación de las calles. En la década de los setenta, Granada distaba mucho de ser una ciudad límpia, pues había pocos contenedores y la basura se amontonaba en las aceras. En la calle Azhuma todavía quedan unas cuantas casas bajas –de las primeras que se construyeron en el barrio–, con sus escaleras de entrada y sus jardinillos, donde se ven algunos naranjos y palmeras. Y sin embargo tienen los días contados. El 21 de junio pasado derribaron una casa al final de la calle Azhuma, como puede verse en la foto. Y enfrente se vende otra vivienda.
Un poco más abajo, en la calle Marqués de Mondéjar, tenemos el Bar Domingo: “¿Qué va a ser, amigo?”. Domingo remanece de Alcalá la Real, aunque hace unos años que se jubiló y ahora atiende en la barra su hijo Miguel. Mismamente, en este solar se encontraba el cine de verano Albéniz –la entrada la tenía por la calle Alhamar–, adonde íbamos a ver aquellas macanas de entonces, y así te pasabas la película entre los rocambolescos ligues del ‘Cateto a babor’, de Alfredo Landa, y las cáscaras de pipas que te llovían por el cogote: “¡Pero, hombre, por Dios!”. Cerca del Bar Domingo, encontramos ‘Ediciones Miguel Sánchez’, conocida por sus famosa edición de ‘Cuentos de la Alhambra’, de la que conservo un ejemplar de 1977. Tirando de frente se encuentra la calle Chueca, donde vi por última vez a mi padre, a finales de ese año.


Un zapatero sobrevive en la calle Chueca





Hace algunos años, en la calle Chueca se ganaban la vida dos zapateros, que estaban separados por unos metros. Uno de ellos era ‘Rápido Cáceres’, lo mismo te ponía unas medias suelas, que le metía la horma a los zapatos del nene. Pero los vientos del progreso han ido barriendo todas estas profesiones humildes y artesanas, que han tenido que echar las persianas al negocio. Un poco más allá, en la calle Maestro Bretón, estaba el horno de ‘La espiga del Sur’, donde despachaban unas cuñas de chocolote que estaban muy ricas. Hace tiempo que se lo llevaron, pero las panaderías ya no despiden aquel fuerte olor a pan cocido, como en los hornos de leña de entonces.
 Un personaje que llamaba la atención del barrio, a mediados de los setenta, era María ‘la Borracha’. Esta mujer era de estatura pequeña y tendría unos cincuenta y tantos años. A veces la veía cruzar las calles de Alhamar o San Antón, a las nueve de la mañana. Vestía de forma estrafalaria y solía hablar sola, pero algunos graciosos se metían con ella y le decían: “¡Borracha, que eres una borracha!”. Entonces, María se volvía furiosa hacia el descarado y lo ponía a parír: “¡Me cago en to tus muertos, so cabrón. El borracho serás tú…!”. Y así se tiraba un rato, en mitad de la calle, lanzando insultos a diestro y siniestro contra todo lo que se movía, dando voces y haciendo gestos con las manos. A esa hora de la mañana, María tenía la mirada perdida y se notaba que ya le había pegado al morapio, pero ella desfogaba así toda la rabia que llevaba dentro. Era mentarle la bebida a María y saltaba como un cohete, dando un espectáculo. Daba pena verla en ese estado, pues caminaba haciendo eses, sin importarle demasiado. ¡Qué triste historia llevaría a la embriaguez a esta desdichada mujer!

La calle Ribera del Genil (antes Alférez Provisional), con sus tiendas y bares, es la más luminosa del barrio Fígares al estar al lado del río. Cuando empezaron a construir pisos en estas eras, llamaron ‘Tercera paralela de Ronda’ al tercer bloque que hay a partir del Camino de Ronda. La calle Ribera del Violón es su hermana gemela y, en un olvidado rincón, se encuentra la histórica ermita de San Sebastián –con anterioridad fue una mezquita o morabito–, donde Boabdil entregó las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos, que tanto hicieron por Granada, aunque muchos no lo sepan. Lo mismo podríamos decir de los reyes nazaríes, como Alhamar ‘el Rojo’, que construyó la Alhambra. En este romántico paraje de la ermita de San Sebastián acabó toda una época –ocho siglos de dominio musulmán– y nació otra, que dieron en bautizar como la Edad Moderna. Un poco más arriba estaba el ‘Tontódromo’, donde ligamos nuestros primeros fracasos y quebrantos de juventud, al compás de la ruidosa música de los coches de choque. Aquí, en los años sesenta, se organizaba la tradicional Feria del Ganado, donde se reunían los curiosos, tratantes y ganaderos. Entonces los tratos se cerraban con un apretón de manos.
Hace unos años, de la noche a la mañana y en medio de la indiferencia general, derribaron el palacete Alhamar para construir un hotel, pues había mucha tela en juego. Es la Granada ganivetiana que desaparece, lo mismo que las antiguas casas del barrio y los zapateros. Antaño se alzaba orgullosa la fábrica de harinas ‘Gran Capitán’, mientras que la acequia Gorda del Genil bajaba presurosa por la calle Agustina de Aragón. Hace un par de años la embovedaron, a la altura del colegio Tierno Galván, por lo que ya no oiremos, en las noches de verano, los susurros del valeroso Doncel de Sigüenza, que murió en una emboscada que le tendieron los moros, en la Vega de Granada.
El barrio Fígares, situado entre el Camino de Ronda y el río Genil, es como un pueblo pequeño y tranquilo donde se conocen todos los vecinos y donde los ancianos salen a tomar el sol, en los atardeceres del invierno. Recuerdo a mi paisano Jesús Martínez que se sentaba en un banco, que había al principio de Ribera del Genil, para apurar el último sol que se ponía por la Vega. Y a mí me trae muchos recuerdos, de cuando paseaba por sus abandonadas calles de tierra y mal iluminadas, pero con olor a pan y a música de cine de verano. El 20 de septiembre comienzan las fiestas del barrio Fígares. El barrio empezó a tomar forma con las casas que edificó el arquitecto granadino, Matías Fernández-Figares, en la década de los años 30. Hoy se llama barrio Fígares-Río Tenerías, por las fábricas de los árabes que curtían las pieles.



Calle Alhamar

Otra casa barata derribada. 2013

Ya quedan pocas casas antiguas

Granada en 1968. Camino de Ronda y la Vega. Dídimo Ferrer

Adiós a la última vivienda superviviente del barrio Fígares de Granada
Demolición ·
 Las palas excavadoras derriban la casa unifamiliar típica de la calle Alhamar ubicada en la esquina con Mulhacén para que se levante un bloque de bajo más tres plantas
Javier F. Barrera
Granada
Lunes, 3 de marzo 2025, 23:33
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El barrio Fígares de Granada, tal y como fue concebido por su creador, el arquitecto Matías Fernández Fígares, no ha seguido con vida más allá de un siglo –fue construido ente los años 1924 y 1930–, al derribar las excavadoras esta semana la última vivienda que había sobrevivido al desarrollo del siglo XX y a la llegada del siglo XXI. Esta vivienda de dos plantas ubicada en la esquina de la calle Alhamar con la calle Mulhacén y con entrada por esta última, ha sido hasta ahora la representante de una estirpe que ahora desaparece de un plumazo y para siempre.
Desde esta semana del popular barrio de Fígares solo se conserva el nombre de su arquitecto
Los carteles informativos colocados en la valla perimetral de la manzana informan que la empresa constructora es Mulconsa, «especialistas en obra residencia y rehabilitación», según informa en su página web, y con sede en la ciudad de Granada. De igual forma, se muestra la licencia municipal del Ayuntamiento de Granada, donde se puede leer que se trata de una «obra de demolición y construcción de un edificio plurifamiliar». La fecha de la concesión de la licencia es del año pasado, concretamente, del 14 de marzo de 2024 y la fecha de finalización estimada es el 10 de febrero de 2026. Ahora se levantará un bloque de bajo más tres plantas.
La vivienda ahora derribada llevaba cerrada y sin estar habitada toda una década. Fue en 2016 cuando aparecieron los carteles pegados a las ventanas del edificio en el que se anunciaba que estaba a la venta. Incluso, para prevenir cualquier tipo de incidente, la puerta de acceso, por la calle Mulhacén, fue tapiada y la escalera de acceso también fue eliminada.

La vivienda, antes de su demolición. Ramón L. Pérez

Últimos vestigios

La desaparición de la fisonomía del barrio Fígares ha sido un gota gota continuo. Juan Bustos, que fuera cronista oficial de la ciudad de Granada, denunció en estas mismas páginas la lenta pero inmisericorde destrucción de estas viviendas. «El sistemático destrozo de este barrio Fígares empezó en 1970, machacando su anterior coherencia con un abusivo y aberrante aprovechamiento de construcciones desaforadas».

El barrio que proyectó Matías Fernández Fígares, construido entre 1924 y 1930 y que un siglo después ve llegar su final, fue uno de los de más alta calidad urbana de la ciudad. «Un excelente ejemplo de barrio de densidad media con un equilibrio entre la edificación y el espacio público», sostiene el arquitecto Pedro Salmerón.

Todo el mundo recuerda sus sencillas y amables viviendas unifamiliares construidas en hilera, de dos plantas, con arriates de flores y arbustos a ambos lados de la puerta, una escalerita de acceso y, generalmente, un patio interior. En sus buenos tiempos, y muy a tono con su graciosa sencillez, todas estas edificaciones -más amplias las de las esquinas- alegraron sus fachadas con discretos toques ornamentales de bastante buen gusto generalmente, recuerda el periodista Juan Bustos en sus crónicas.

Tres décadas después, en el año 2000, la ciudad convulsionó porque no fue una de estas casitas la que desapareció, sino todo un palacete, junto al Camino de Ronda, que apenas sobrevivía incrustado entre dos gigantes bloques de pisos de hormigón. Su demolición fue una tragedia muy sentida en Granada.

Este periódico recogió entonces que la calle Alhamar perdía de esta forma su última villa, un edificio de los años treinta que quedó desprotegido por un olvido del plan de urbanismo vigente. «La casa fue destruida en cuestión de horas. El derribo llegó nueve días después de que el gobierno municipal (PSOE, IU y PA) aprobara la licencia. Fue el pasado 14 de abril, el Viernes de Dolores (y aniversario de la Segunda República). En cuestión de nueve días, con un fin de semana por medio (el del Domingo de Ramos) y cuatro festivos de la Semana de Pasión, la administración local ha debido notificar, al parecer, la autorización de demolición a la Inmobiliaria Moleón, la promotora del bloque a construir en el solar de la villa (con la altura de la zona). Eso es eficacia administrativa», criticaba la crónica.

Todavía quedaban unas cuantas casitas más en la calle Alhamar, que solo sobrvivieron hasta los años siguientes hasta que, al fin, desde esta semana, del barrio de Fígares solo se conserva el nombre de su arquitecto.