viernes, 28 de marzo de 2025

DEDICATORIAS DE LIBROS

 






De cualquier cosa te sacan un libro pero, a veces, nada más leer unas cuantas líneas, o simplemente la dedicatoria, ya te haces una idea: porque la escritura delata al autor tanto o más que si lo viéramos expresarse. Hay dedicatorias, como la de Gerardo Venteo, en un ejemplar de En el corazón dormido del esparto, que te llegan dentro: Para Leandro, porque sé que compartimos la mirada y la memoria de las cosas sencillas y entrañables. En la página anterior, mi prima, Ángeles Domingo García (falleció en 2005), escribió en este libro que me regaló: Para que no te olvides nunca de tus raíces y del Altiplano granadino. Ella fue como una hermana para mí. En el libro Tras la senda del lobo, el autor se deja llevar por la nostalgia: A la memoria de mi entrañable amigo y maestro, Manolín, y en recuerdo de los tiempos en los que tuvimos al lobo como compañero en el monte. El caso es que no dejaron ningún lobo vivo.

Raymond Andrea nos previene en El discípulo y Shamballa: He aprendido mucho escribiendo sobre este tema y usted podrá también aprender leyéndolo, pero necesitará tener un corazón abierto y un espíritu despierto. Le doy mi sincera bendición. Raymond fue Gran Maestro de la antigua y mística Orden de la Rosa-Cruz. El libro Pueblos y gentes de allí abajo pretende ser un homenaje al mundo rural, pero el autor no logra expresarse del todo bien: A mis padres que me facilitaron la libertad de conocer otros horizontes, que tanto me dieron y nunca me pidieron nada, tanto que les hacía falta todo. En Julia & las Islas –un título algo cursi–, se aprecia en la portada a una mujer desnuda tomando el sol en la playa y, al fondo, un faro coronando el monte. La autora se despacha con esta dedicatoria: La casa, de color verde pastel, está cruzando los cañaverales, que une la playa y el mundo. En El valor de la solidaridad se encuentra esta extensa nota del autor: Quiero hacer constar mi profundo respeto y consideración por el trabajo comprometido y silencioso que desde hace siglos vienen realizando las mujeres para alcanzar un trato igualitario ante el dominio socio-cultural de los hombres. Ruego me perdonen si en el uso del lenguaje recurro al genérico masculino por error o por falta de creatividad. Las comas se ve que le producen alergia y, queda claro, a qué público va dirigido el libro. Éste otro se intitula Ahora que sales con él (consejos a las adolescentes), donde podemos encontrar estas bonitas preguntas: ¿Qué hace falta para encontrar y mantener un buen novio? ¿Encontrarás algún día a alguien bastante simpático y chalado que quiera salir contigo?... Deseamos lo mejor de Dios para ti.

En cambio, la autora de ¿Por qué esperar a estar casados?... si ya nos queremos, aclara que los beneficios del libro se destinarán a un Centro de Acogida para mujeres y sus hijos que por diferentes circunstancias, no pudieron esperar y, tras un embarazo no deseado, se encuentran solas. Al abrir un libro de poemas, nos encontramos este derroche de imaginación (sic): ¿Crees en el cielo? No nos lo merecemos. (Conversación oída en una taberna). El escritor jiennense, Juan Eslava Galán, en su novela, Santos y pecadores (Álbum de recuerdos de los españolitos del siglo XX), recoge este epitafio de cuando las cartillas de racionamiento. A doña Petaca Vacía: Falleció en el momento de acabársele los cigarros. Su desconsolado esposo Don Puro; hijos de Chicote y Doña Colilla; hijos políticos Doña Cerilla y Don Encendedor y el reverendo papel de fumar. Suplican a Vds. nos den un cigarro para socorrer a tan desconsolada familia. No se permiten amarraduras. Se suplica un cerillo. El duelo recibe en el estanco



Esta frase me la dedicó el escritor Juan Bustos, que fue columnista de Ideal y Cronista Oficial de la ciudad de Granada, en su libro Un siglo que se va, en 2004: A mi amigo y compañero de inquietudes, con mi incondicional amistad. Y en Versos, canciones y nanas para Nana, la escritora Ayes Tortosa escribe unas letras: Con todo mi cariño, estos versos sin edad. Pero la palma se la lleva la primera novela del  Premio Nobel, Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte. Aquel zagal bravucón y espigado se tiró dos años, con su obra tremendista debajo el brazo, hasta que un editor se lo publicó: Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera. Sin embargo, en la segunda edición de Viaje al Pirineo (1965), don Camilo escribe esta simpática dedicatoria: A mi amigo don Felipe, castellano de Buñol, en el reino de Valencia, viejo artillero que perseguía los conejos a palos.  

En Las Clásicas Poesías podemos leer: Y a mi yerno... / también está dedicado, / porque en todos estos años / que en terminarlo he tardado / ha trabajado al par mío / noche y día sin descanso / corrigiendo ortografía / porque de ella estoy pegado. Esta otra obra se llama Pases y compases y lleva el subtítulo de Verdad, Poesía y Fantasía del Toreo. En el prólogo, el autor asegura que La trascendencia del Toreo va más allá de la Verdad de una desigual lucha entre el hombre y la fiera. En fin, se notan algunos fallos con las letras mayúsculas. El libro Mi vida, lleva el subtítulo Auto-recopilación de hechos y comentarios para una posible biografía, de un tal José Arce, impreso en Madrid en 1957. En las páginas interiores aclara que Se han impreso diez ejemplares en papel registro, numerados del uno al diez. De la asignatura de Educación Política, de tercer curso de bachillerato, conservo Cartas a mi hijo (1965), de Gaspar Gómez de la Serna, donde viene esta cita: Guarda en tu corazón las cosas narradas, pues se apoyan en testimonios tomados de lejos. Avieno: Ora Marítima.



La escritora Concha Espina publicó El Jayón (un drama en tres actos), en 1919.  Copio esta dedicatoria suya, escrita y firmada a pluma, en un ejemplar de esta obra: A Margarita Xirgu la gran actriz, devotamente. Concha Espina. Madrid 1925. El escritor almeriense, Francisco Villaespesa, firma esta dedicatoria a pluma (es muy parecida a la de Concha) en un ejemplar de  su obra, El alcázar de las perlas (1912), que trata sobre la Alhambra: A la gran actriz, Margarita Xirgu, con admiración de un devoto. Villaespesa. Esta leyenda trágica, en cuatro actos y en verso, el autor se la dedica A los insignes artistas María Guerrero y… con todo el agradecimiento y el afecto de Villaespesa. Y unas páginas más adelante se lee: Esta obra fue estrenada con extraordinario éxito por la Compañía Guerrero-Mendoza en el Teatro Isabel la Católica de Granada, la noche del 8 de noviembre de 1911…

El expresidente de la II República, Manuel Azaña, en sus Memorias políticas y de guerra (las escribió durante la Guerra Civil, en el Palacio Real de Madrid) escribe en la dedicatoria un párrafo que he abreviado: No me propongo contarle al público mi vida personal entera (…). Mi designio es otro. Las violentas fortunas de la política me han arrebatado tarde y por breve tiempo. Desquite de la brevedad, su violencia. En El primer manuscrito (con lecturas educativas, género epistolar…), de José Dalmau Carles (1918), puede leerse: Al distinguido compañero y muy querido amigo Antonio Cabrera de las Casas en testimonio de leal amistad y cariñoso recuerdo. El autor. Y finalizo con el Premio Nobel francés, Albert Camus, que le dedicó a su madre la novela El primer hombrecon esta frase: A ti, que no podrás jamás leer este libro. Ella no pudo leer ninguna de sus obras, porque era analfabeta.  José Román, un desconocido maestro de Jaén, autor de A dos voces, tampoco se queda atrás: A mi madre, que me enseñó a descifrar en la vida lo que ella no pudo leer en los libros. En fin, he recogido unas bellas frases de las dedicatorias de libros.

 Publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/2025/03/27/leandro-garcia-casanova-dedicatorias-de-libros/?fbclid=IwY2xjawJTIPVleHRuA2FlbQIxMAABHXghoXy_2MJDqH8wa_Rl7bLrZ6x0p23VXeKDIHgJuHJwxC0oreCeXecneg_aem_7bKzM0D8aVWiVDy5rIyUKA


viernes, 21 de marzo de 2025

SOBRE EL COLEGIO DEL AVE MARÍA

Don Andrés con los niños, en las escuelas
 

Cuando la vida os desparrame recordad estos muros que os cobijaron



Llueve mansamente sobre Granada y hoy es de esos días en que la fina lluvia te levanta la moral. Bajando por la Cuesta del Chapiz, la Alhambra aparece al fondo, como un castillo encantado. ¡Cuántas veces no habré transitado por esta cansina cuesta, en mi época de estudiante! El Colegio del Ave María es como un patio rectangular, con el paisaje de la Alhambra alzándose sobre la arboleda; es aquí donde solía posar para la posteridad don Andrés Manjón. En estas viejas aulas aprendimos a levantarnos cada vez que entraba en clase un profesor y, alguna vez, nos plantamos en el comedor. Hoy, en cambio, el mundo de la enseñanza está en crisis pues los profesores ya no tienen las prerrogativas de antaño. Pero es que tampoco las tenemos los padres.

En aquella terraza la lavandera tendía la ropa, mientras que don Fidel Villar, el profesor de Educación Física, nos advertía de que no quería tiendas de campaña. Esta tarde, parda y tibia, llueve lentamente sobre el patio avemariano. Aquí está la sala de profesores y en esta clase daba Latín don José Cotes. Todavía conservo varios libros de aquella época, aunque el tiempo ha sido implacable con nosotros. En esta aula asistíamos a las clases de Historia, Filosofía y Literatura y, en aquella otra, don Cristóbal nos enseñaba Ciencias Naturales; si queríamos aprobar, teníamos que llevarle como ofrenda una cajica bien surtida de minerales. Aquí da la impresión como si nada hubiera cambiado desde los años setenta. Páginas de periódicos del día cuelgan de los tablones de anuncios del patio, para que los alumnos estén al corriente de los acontecimientos consuetudinarios.

He quedado con el director de la Casa Madre, Antonio Casquet, y, al vernos, caemos en la cuenta de que nos conocemos de antiguo: cuando él cursaba quinto de Bachiller, yo estaba en sexto. El mundo es un pañuelo y hablamos de todo un poco, pues no en vano han pasado treinta y cinco años. Le pido que me enseñe la tumba del padre Manjón: allí, bajo el altar de la capilla y en una sencilla lápida de mármol blanco, con las letras A.M. (Andrés Manjón), descansa en paz el fundador de las Escuelas del Ave María. Éste no es el sepulcro multitudinario de Fray Leopoldo, pues aquí se respira silencio y por las mañanas don Andrés debe de oír sin duda los cánticos de los niños que tanto amó. En la planta de arriba están las habitaciones donde se conservan sus objetos personales: el viejo bonete, raído ya por el tiempo, las sotanas, capas y sombreros que usaba, las plumas con las que escribía pidiendo dinero, incluso una imagen suya a lomos del borriquillo peludo –ambos a tamaño natural–, que diseñó la Asociación de Vecinos del Albaicín y que este año expusieron en el paseo que lleva el nombre del fundador.

Asociación Antiguos Alumnos A.M.

A mí me impresionan estas habitaciones, porque te llevan a otro tiempo, me dice el director. Quiere abrir el museo del Padre Manjón –la mayoría de los granadinos ignora que está enterrado aquí–, pero reconoce que habría que hacer muchas cosas en la Casa Madre. Yo estoy seguro que, después de tantos años, seguiría ganando batallas porque la cosa no está como para tirar cohetes: El colegio tiene su historia y la Delegación de Educación nos lo pone cada vez más difícil, pues este año nos han suprimido dos cursos de Primaria y uno de Secundaria. Ahora tenemos 600 alumnos entre Secundaria y Bachillerato, entre ellos unos 270 internos, de ambos sexos. Con motivo del Centenario del Seminario de Maestros, han organizado durante tres días una exposición de fotos antiguas, que han tenido que desmontar porque hacía falta el aula. Antonio Casquet me las va enseñando en su despacho.

La ausencia de cuadernos se suple con pizarras y pizarrines, dice este pie de foto, donde se observan a unas niñas aprendiendo en el paseo que lleva a las escuelas. Aquí aparece la cueva, que todavía se conserva, donde el padre Manjón se quedó maravillado al ver a la maestra Migas dar clase a unos gitanillos del Sacromonte. Con ellos creó la primera escuela del Ave María, la Casa Madre, en 1889, y luego las extendió por toda España. Con posterioridad, en 1905 fundó el Seminario de Maestros. En otro retrato antológico, de principios del siglo pasado, se ve a un cura con sombrero de teja enseñando las primeras letras y números al aire libre. Todos los niños llevan gorrilla y algunos se protegen del frío con largas bufandas: parecen personajes salidos de una novela de Dickens. Hace un año le enseñé a Antonio Idígoras, maestro impresor de las Escuelas de San Cristóbal, la foto de unos niños que se ensayan en la música. Y va y me dice: Ése que está tocando el tambor, es mi abuelo

En procesión por la Cuesta del Chapiz


Es sublime la instantánea de don Andrés, ya en sus últimos días, acariciando a una gitanilla y rodeado de un enjambre de niños desarrapados. Quizá esta imagen recoja, como ninguna otra, toda su obra. Aquí vemos a los alumnos y profesores, en los años 50, con esta leyenda: Huestes de don Bernardo, San José os ampare y don José os apruebe. Y aquella otra foto cargada de sentimiento: Los gallos del Colegio con la cabeza a pájaros, próximos a dejarnos. Cuando la vida os desparrame recordad estos muros que os cobijaron. En su libro, El maestro mirando hacia dentro (me lo regaló el maestro Antonio Idígoras), el célebre pedagogo precisaba que educar no es transmitir ciencia, sino abrir ventanas, esto es, inteligencias al campo de la verdad... hacer y formar hombres cabales. Por eso, el museo rescatará del olvido la humilde figura del padre Andrés Manjón.

Posdata: De casualidad he encontrado este artículo de 2005, lo tenía completamente olvidado pero merece la pena recordarlo. Quiero tener un recuerdo para mi paisano, Mariano Zambudio, que fue director del Ave María en los años setenta.

Artículo publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/2025/03/20/leandro-garcia-casanova-sobre-el-colegio-del-ave-maria/?fbclid=IwY2xjawJJQHhleHRuA2FlbQIxMAABHXoFQSlHTrF4nzodC330mdrK8DJXCnpt5C3JzBPZI7XhEQvxzwdJcaIaMw_aem_VJyfGI-stbXZbMHUrgm43w


viernes, 14 de marzo de 2025

PROBLEMAS EN LA FACULTAD



Claustro de la Facultad de Derecho, de Granada




En 1991, yo estaba trabajando de administrativo en un instituto de enseñanza secundaria  de Martos y aprobé el Acceso a la Universidad para mayores de 25 años, por lo que me matriculé de primero de Derecho en la UNED (Universidad de Educación a Distancia) de Jaén. Quería seguir estudiando y sacar tres cursos de Derecho para preparar unas oposiciones a la Administración. En la UNED había que estudiar todo el libro y asistir a las tutorías en la Facultad de Derecho de Jaén. El caso es que un día conocí a José Calabrús, decano de los abogados de Jaén, que impartía clases de Derecho Romano en  la Facultad. Me aconsejó que me matriculara allí y asistiera a las clases por la tarde, porque era mejor que estudiar por la UNED. Y así lo hice, tengo que decir que este profesor fue de lo mejor que he conocido en la enseñanza. En Derecho Internacional tuve al catedrático Juan Manuel de Faramiñán (lo encontré años después, con motivo del premio que me concedió el Colegio de Gestores de Granada, al mejor artículo periodístico en 2003, de Andalucía Oriental), pero su asignatura era muy extensa y había que dedicarle muchas horas de estudio, por lo que tenía un alto porcentaje de alumnos suspensos. En Derecho Natural nos enseñaban a razonar pero un día en la clase el profesor nos iba preguntando a los alumnos. Yo me había estudiado la lección pero recuerdo que las ideas me iban y venían de la cabeza, en un momento dado sabía las preguntas de la pizarra y en cuestión de segundos se me borraban de la memoria. Desde los veinte años yo no estudiaba y ahora tenía que dedicarle muchas horas (tampoco sabía estudiar), por lo que unido a la vida estresada que llevaba me dieron mareos con los primeros exámenes, hasta conduciendo el coche me entró un mareo. El médico me recetó una medicación fuerte y me fui reponiendo.

Universidad de Jaén


El caso es que trabajaba por la mañana en el instituto, comía y por la tarde iba a las clases de la facultad. Aquí entablé amistad con varios alumnos mayores y nos intercambiábamos los apuntes. Aquello era un sin vivir, del trabajo al estudio y las clases (la Facultad de Jaén estaba a veinte kilómetros), por lo que apenas veía a mi mujer y a los dos hijos pequeños que teníamos. A veces me entraban ganas de llorar porque ya no controlaba la mente, me metía libros de un kilo en la cabeza mientras pasaba buenos ratos en clase con los compañeros. Recuerdo que el profesor de Economía Política nos habló del mérito que teníamos estudiando y trabajando, aunque me suspendió en junio y después me aprobó en septiembre. Algún que otro profesor se quejaba de los alumnos de la mañana, decía que leían el periódico en clase o no ponían la suficiente atención, mientras que nosotros llevábamos una vida sacrificada. Recuerdo que otro profesor me decía que yo escribía bien y no tenía faltas de ortografía, mientras que muchos alumnos solían tener faltas. Y así, en tres años, saqué con becas los tres cursos de Derecho en la Facultad e Jaén. Sin embargo, el profesor de Derecho Civil de tercero me suspendió en un examen trimestral. Fui a su despacho a revisar el examen pero resulta que no lo encontró. Otro día me amenazó delante de los compañeros de clase, cuando le dije que iba a presentar un escrito al rector: Tenga cuidado con quien se juega los cuartos. El escrito se lo entregué al vicerrector y le comenté que en el tablón de anuncios siete alumnas aparecen en la lista de 35 aprobados, pero tienen el examen condicionado por lo que deberán pasar por el despacho del citado profesor. Este profesor era un personaje conocido en Jaén. Al final me examinó de Derecho Civil un tribunal calificador, que presidía el catedrático José González García, y conseguí un aprobado. Ambos habíamos estudiado el bachiller en el Seminario de Guadix, y falleció en 2012.

En 1995 vine a Granada y me matriculé en cuarto de Derecho (en 1996), precisamente mi madre falleció unos meses antes. Yo había salido de Granada en 1976 y varios amigos fallecieron durante esos años, de manera que regresaba casi como un extraño. En la asignatura de Derecho Civil teníamos un profesor joven, a veces nos decía a los alumnos en clase que éramos unos vagos (yo me levantaba a las seis de la mañana todos los días) y otras lindezas por el estilo. El caso es que me suspendió en el examen trimestral y entonces le pedí la revisión del examen. El trato que me propuso era ya un engaño: yo no solicito un tribunal ni reclamo al Defensor Universitario, mientras que el parcial queda condicionado a que apruebe el examen final. Sin embargo, al día siguiente, el profesor comentó en clase (yo no asistí) que le había resultado desagradable la revisión del examen, que le exigí un trato preferente respecto a los alumnos jóvenes y que lo amenacé. Entonces envié sendos escritos al Defensor Universitario y al rector pero todavía estoy esperando las respuestas. Al final no me quedó otra salida que abandonar los estudios de Derecho en 1997. Años después me encontré a este tipo en un acto cultural y lo ignoré. En la facultad se comentaba entonces que lo habían colocado a dedo, por amistad con el jefe de departamento. 

Fachada de la Facultad de Derecho, de Granada 

Fue a mediados de 1924 cuando me encontré en un supermercado de Guadix a un conocido de la Facultad de Derecho de Granada y lo saludé, aunque no me acordaba de su nombre: Sí, yo estaba entonces en la secretaría de la facultad pero ya me jubilé, respondió. Era Alejandro Zubeldía, entonces le conté por encima lo que me pasó con el profesor de Derecho Civil y me dijo: Lo conocíamos, pues también tuvo problemas con varios alumnos pero intervinimos a tiempo. Si me lo hubieras dicho, no te habrías marchado de la facultad. Después de casi treinta años, aquellas palabras generosas fueron como un bálsamo para mí ante tanta frustración. ¿Cuántas veces me habrá repetido mi mujer que siguiera estudiando? Sin embargo, poco hubiera podido hacer ante aquella trama en que se tapaban los unos a los otros. ¿Qué alumno se iba a atrever a pedir la revisión del examen, si después el profesor te acusaba ante tus compañeros de que lo habías amenazado y le habías exigido un trato preferente? O bien te amenazaba él. Los que entonces pedíamos los más elementales derechos a algunos profesores que daban clases de Derecho, pero no tenían la decencia de enseñarte el examen porque sabían que era bueno, tuvimos que abandonar la carrera y salir por la puerta de atrás. Es evidente que en los años noventa la democracia no había llegado a la Universidad y que los alumnos prácticamente no teníamos derecho a nada. Sin embargo, también tengo que decir que en aquellos años impartían clases en la Facultad de Derecho de Granada y estudiábamos sus obras, el filósofo y jurista Nicolás María López Calera y el catedrático y jurista de Derecho Romano, Fermín Camacho. Mientras que en la Facultad de Derecho de Jaén estaban el catedrático y vicerrector de Estudiantes, José González García, y el decano José Calabrús, un hombre bueno.

Artículo publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/2025/03/12/leandro-garcia-casanova-problemas-en-la-facultad/?fbclid=IwY2xjawJArHlleHRuA2FlbQIxMAABHVJbkVPk3toyM2M6yh9FmlZTKFNCnrt_a2LVFy5fLuDirZtGdwRhe0MJlQ_aem_Qwq7DaiOTaRyzEw4iN4W1Q


viernes, 28 de febrero de 2025

LA LECCIÓN DE JOSÉ SARAMAGO

José Saramago


Cuenta una antigua leyenda maronita que hace muchos siglos existió un beduino bastante rico, llamado Amaar, el cual tuvo muchas mujeres y numerosa descendencia. Y cuando sus hijos se hicieron mayores, muchos de ellos se dispersaron por los confines del mundo: Europa, África, América, Palestina, Arabia... Los que arribaron a Europa, con el tiempo hicieron una revolución, levantaron una fortaleza en sus costas y, en general, vivían bien. Lo mismo ocurría con los norteamericanos. En cambio los hijos de Amaar, que no emigraron, siguieron viviendo en las tierras cálidas de los desiertos: se alimentaban de dátiles y, como sus antepasados, se desplazaban en austeros camellos. A pesar de que oraban varias veces al día, vivían prácticamente en la Edad Media y bajo las arbitrarias órdenes de los califas. Peor aún les fue a los africanos: cuando dejaron de ser explotados por sus hermanos del Norte, los colonos europeos, se desangraron en continuas luchas tribales. Al final vivían poco menos que en la Prehistoria y siempre estaban gobernados por ‘tiranuelos’, como Mobutu Sese Seko o el sargento Idi Amín Dadá. Sin embargo, en Palestinala tierra prometida- dos pueblos convivieron pacíficamente durante siglos: los palestinos, que ocupaban la mayor parte del territorio, y los israelitas –ellos se consideran el pueblo elegido-, que eran una minoría. Pero con el tiempo, los israelitas, ayudados por sus poderosos amigos, los norteamericanos, fueron echando a los palestinos de sus tierras. Y hoy Palestina se ha convertido en un polvorín, donde las madres claman venganza por la muerte de sus hijos, porque dos personajes un tanto siniestros imponen su ley: Sharon y Arafat. Se da por hecho que la paz en Oriente Medio no vendrá de la mano de ellos.

Pasaron los años y Amaar, el Beduino, se quedó ciego. Cuentan quienes le conocieron que, al final de sus días, lloraba amargamente su desgracia: ¿Pero, cómo es posible que mis propios hijos no hagan otra cosa que hacerse la guerra, o que unos exploten a los otros? ¿Y cómo se explica que la mayoría de ellos esté pasando hambre, mientras que unos pocos tiran la comida y viven en la más desvergonzada opulencia? Y a los vecinos que le preguntaban les decía, como tratando de justificarse: Yo crié a mis hijos bajo este techo y siempre les di a todos por igual, y mis mujeres los amamantaron con sus pechos. En medio de la más absoluta desolación, razonaba así: No me importa que mis hijos no sean iguales, incluso que unos tengan más que otros, porque esto es ley de vida. Pero no les perdonaré jamás a estos bastardos que se maten entre ellos, o que no se ayuden ni se miren como hermanos. ¡Y yo, desdichado de mí, que creí haberles inculcado algunos sentimientos...! Al final -dice la leyenda maronita-, Amaar se vio abandonado de sus ingratos hijos y murió de tristeza, al comprobar que su vida había sido un completo fracaso, y que ya no tenía ningún sentido seguir viviendo: ¡Si yo no hubiera nacido, mis hijos no estarían matándose!, fueron las últimas palabras de Amaar, el Beduino.

Pero lo cierto es que una ola de egoísmo e incomprensión se extendió entonces por la Tierra: los orgullosos europeos eran incapaces de comprender las costumbres y el atraso de sus hermanos árabes. Y al revés. Éstos creían que todas sus desdichas se debían a sus hermanos más ricos y no a sus sistemas políticos caducos. Y el tan siempre perseguido pueblo de Israel, cuando se sintió fuerte, oprimió a sus hermanos más pobres, los palestinos, mientras ahora ‘orvalla’ (llueve) sobre Ramala. El caso es que los hijos de Amaar, el Beduino, siempre andaban enredando, enfrascados en guerras interminables, o robándose los unos a los otros. Pero está escrito en el libro del Génesis: Al principio creó Dios el cielo y la Tierra. Pero la Tierra era informe y vacía y las tinieblas cubrían la superficie del abismo. Y unos días más tarde, dijo Dios: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra. Y más adelante, dice lo siguiente: Dios había plantado al Este del Edén un jardín delicioso, en que colocó al hombre que había formado. Pero lo que no dice el libro del Génesis –ni siquiera llegó a sospecharlo el desventurado Amaar- es que Dios, el Misericordioso, el Todopoderoso y el Sembrador, al esparcir los granos en el Paraíso, algunos cayeron en  pedregales donde había poca tierra y se secaron porque no tenían raices. Y desde entonces, aquel Paraíso de delicias, en que el Señor Dios puso al hombre para que lo cultivase y guardase, se convirtió para siempre en la Tierra del Egoísmo. Este cuento lo escribí en 2002 y tanto Sharon como Arafat hace años que fallecieron.

Guerra en Gaza


Precisamente en el mes de marzo de 2002, José Saramago, Premio Nobel de Literatura (falleció en 2010), visitó Cisjordania e Israel y en todo momento mostró su solidaridad con el pueblo palestino y criticó la actitud las autoridades israelíes. En una de las televisiones israelíes llegó a decir que lo que se estaba haciendo con la población palestina era lo mismo que los nazis hicieron con la población judía, comparando a Ramala con Auschwitz. El escándalo que generó en medios israelíes fue mayúsculo y, en una larga entrevista publicada en abril de ese año en la Revista Diners, Saramago dejó clara cuál era su postura.

¿Qué quiso decir al recordar a Auschwitz?

Quise decir exactamente lo que dije: cercadas por el Ejército israelí, rodeadas por más de 200 asentamientos de colonos, las ciudades y las aldeas palestinas, incomunicadas por carretera, están transformadas en auténticos guetos, donde no se puede entrar y de donde no se puede salir sin la autorización de las fuerzas militares israelíes. El comportamiento de esas fuerzas y, sobre todo, el espíritu que las impulsa se parece perturbadoramente a la acción y al espíritu nazi. Simplemente, la palabra Auschwitz, en Israel, es una palabra ‘prohibida… Auschwitz es, para los judíos, al mismo tiempo, una herida que nunca cicatrizará y un muro que no les permite ver la realidad. Al decir Auschwitz pretendí sacudir a la sociedad de Israel, forzar un debate, y el debate está abierto. Llamarme antisemita no resuelve nada. Para los judíos todo el que no es prosemita es antisemita (...).

¿Pidió perdón por lo que dijo?

Al serme preguntado, en una entrevista de la televisión israelí, si sería capaz de pedir perdón a las personas que se sintieron heridas por la palabra Auschwitz, respondí que sí, pero solo por haberlas herido, no por haber pronunciado la palabra. Si la palabra maldita les ofende, que la sustituyan por éstas: ‘Israel comete todos los días contra los palestinos crímenes que entran en la definición de crímenes contra la humanidad’.

La pregunta es: ¿qué no diría hoy José Saramago con los cerca de cuarenta mil muertos civiles (ancianos, mujeres y niños) en la guerra de Gaza, llevada a cabo por el Ejército israelí, en medio de tanto silencio cómplice? Sin embargo, ningún intelectual alza la voz hoy día ante tanta carnicería. Y en este plan, ¿de qué ha servido que miles de ucranianos hayan muerto defendiendo a su patria ante la invasión del tirano ruso, para que hoy venga el presidente de los Estados Unidos, un patán sin escrúpulos, legitimando la invasión y las muertes y, no contento con esto, quiere quedarse con las tierras malas de Ucrania. También quiere expulsar a los dos millones de habitantes, que viven en la Franja de Gaza, a Jordania y Egipto, cuando la Corte Internacional de Justicia ha dictaminado que se está cometiendo un genocidio. Ante tanta vergüenza y silencio, alguien tendría que alzar la voz y decir: La derrota de Ucrania es también la derrota de Europa. ¿Cuál será el próximo país europeo que invada Putin? Se repite la historia del acuerdo firmado en la conferencia de Munich, en septiembre de 1938, entre Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia: se cedió a Alemania la región checoslovaca de los Sudetes, que Hitler había invadido previamente, para no desairarlo. Sin embargo, cuando Alemania invade Polonia, en septiembre de 1939, se vieron obligados a declararle la guerra y entonces comenzó la II Guerra Mundial.

 Una tarde, a comienzos de siglo, el escritor portugués dio una conferencia en la Facultad de Ciencias de Granada y recuerdo que le pedí al escritor y actual director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, que me lo presentara, pero en un momento dado me indicó de lejos que me acercara a saludarlo. Y allí me presenté yo solo: Mire usted, que yo soy de un pueblo al lado de Castril… Recuerdo la mirada fría y distante de José Saramago, como el que se pregunta: ¿Y este, de dónde ha salido? Poco después dio la conferencia en la facultad, abarrotada de estudiantes, pero había dado una lección de solidaridad al mundo denunciando el gueto de Israel a los palestinos.

Artículo publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/2025/02/26/leandro-garcia-casanova-la-leccion-de-jose-saramago/?fbclid=IwY2xjawIuOJBleHRuA2FlbQIxMAABHfx4xLkygdfdDb8EUZ7bivA_Qjr9LbxKnEiifkhGM90iCWRdT3ktOWXM6w_aem_6glxXPmwl9rwQG43WEkPTA


miércoles, 19 de febrero de 2025

CASTILLÉJAR DIGITAL, junio de 2009

 

Portada de Castilléjar Digital, 2009



Textos copiados de la revista CASTILLÉJAR DIGITAL, número 4, de junio de 2009, elaborada por Luis Dengra Felgueres. Entonces era dinamizador del Centro Guadalinfo y actualmente trabaja en Punto Vuela Guadalinfo. Hay que señalar que las autoras recuerdan la vida y las costumbres del pueblo, a finales de los años treinta y de los cuarenta en adelante.

1.    Historia de Castilléjar

Castilléjar es una villa situada en la parte norte de Granada, a 140 km de la capital. Tiene 1800 habitantes y 4 anejos: Los Isidros, Los Olivos, Dolosa y Los Carriones. Los pueblos que la rodean son: Huéscar, Galera, Benamaurel y Castril. Es un pueblo fundamentalmente agrícola. Tiene una hermosa tierra de regadío y su mayor cultivo son los cereales y legumbres. En la tierra árida se cría esparto y hay espejuelos. El esparto se coge como medio económico, su elaboración es útil y bonita. El espejuelo esta bajo tierra, son piezas pequeñas y grandes, de varios colores: grises y otros rubios transparentes. Una vez sacado de la tierra, se cuece en hornos de leña, se extiende y se pica con un rulo grande, enganchado a las bestias. Se cernía y quedaba fino para la construcción. Por el pueblo pasan dos ríos, llamados Guardal y Galera. Los dos riegan nuestra vega. El pueblo se abastece de agua del río Guardal. Contaban los antepasados que hubo una sequía grande, todas las fuentes quedaron secas a excepción de la de este río y a raíz de esta sequía vino una epidemia de cólera. La gente moría sin remedio hasta que, al cabo de unos meses, se formó una tormenta, el río salió fuera de su cauce, arrastró un tronco más de cien kilómetros y se paró en una orilla del pueblo. La gente quedó asombrada. Aquel tronco era algo misterioso, así que los vecinos del pueblo pensaron en hacer una imagen de Santo Domingo de Guzmán con él. También construyeron una ermita en el mismo sitio. Todo se llevó a cabo y, tanto lo adoraron, que aquella fatal enfermedad desapareció milagrosamente. Desde entonces, Santo Domingo es el patrón de Castilléjar. Su fiesta se celebra el día 8 de Agosto. Antiguamente, desde la ermita se subía la imagen a la iglesia para hacer las novenas y el último día de feria se bajaba de nuevo a la ermita.


Plegaria a santo Domingo, años 50













Como todos estos términos, Castilléjar también fue poblada por los moros. Hay muchos puntos donde dejaron sus tesoros y reliquias. En la  Morería han encontrado ornamentos religiosos, La Balunca ha sido excavada varias veces y también han encontrado cerámicas y restos humanos. En el camino hacia La Balunca había una piedra enorme en forma de huevo. Esa piedra estuvo centenares de años allí y un día, por los años 50, apareció rota. Decían que tenía un tesoro, no se supo quién la rompió. Castilléjar siempre ha sido un pueblo agrícola, ha tenido poca industria aunque hace muchos años había caldera de aguardiente y esencias, almazara para hacer aceite, telares para tejer, picadora para picar esparto y seis molinos para moler trigo. De todo esto ya no queda nada. El pueblo tiene dos plazas, la Plaza Nueva y la Plaza Mayor, donde está situada la iglesia de la Purísima Concepción. De estilo mudéjar, es del año 1657 y fue inaugurada el 20 de febrero 1756. En la ermita de Santo Domingo decían misa los primeros domingos de cada mes y el Domingo de Ramos se bendecían las palmas. En aquel entonces había muchas fiestas, la más importante era la de la Virgen del Rosario y la del Señor Resucitado. Novenas había casi todo el año y hermandades todos los santos tenían la suya. La del Santísimo era de las más importantes. Los terceros domingos de cada mes dentro de la iglesia había una exposición con el Santísimo y el palio. A este acto se llamaba Minerva. La Hermandad de la Virgen del Rosario y la de las Ánimas eran la misma. Hacían alegres las navidades. Había Misas de Gozo, empezaban el 16 de diciembre y duraban hasta la Nochebuena, en que terminaban en la Misa del Gallo. Suponía un sacrificio levantarse a las 6 de la mañana, pero merecía la pena oír tocar las guitarras y cantar los villancicos todos los días de Navidad. Era fiesta, incluso el Día de los Inocentes, que era costumbre romper un cántaro en el coro para dar la inocentada a la  gente (todos nos asustábamos). Después de la misa la hermandad iba por las calles, entraban en las casas y decían se canta o se reza. Donde había luto rezaban, donde no, cantaban. La gente les daba cosas del campo, embutidos o dinero, y todo lo que recogían, el Día de los Reyes lo subastaban en la plaza. La Hermandad de San Antón también tenía una tradición, que era comprar un cerdo y echarlo de careo. Corría todo el pueblo, la gente le echaba comida y agua. Cuando estaba gordo, lo rifaban. La iglesia ha sido siempre el lugar más significativo para los creyentes. Es donde celebramos bautizos, comuniones, casamientos y el adiós a nuestros seres queridos. Había mucha devoción, se hacían los siete domingos a San José, los nueve viernes al Corazón de Jesús, estaban los grupos de Acción Católica, las Hijas de María y las Marías del Sagrario. Todo ya se ha perdido, solo nos quedan recuerdos de aquellos tiempos.

Primi Ybar

Consagración de Castilléjar al Corazón de María, 1954 

 2.    La ermita de San Marcos

En las Eras Altas teníamos la ermita de San Marcos. Era muy antigua, ni se sabe la antigüedad que tenía. Fue  vendida a finales de 1980 por el párroco de Castilléjar, D. Mariano, para restaurar la iglesia de la Purísima Concepción o así lo dijo él. Todo el pueblo sentimos mucho la desaparición porque teníamos grandes recuerdos de ella. El 25 de abril, día de San Marcos, todos los años por la mañana un grupo de personas bastante grande salíamos de la iglesia de la Purísima cantando las letanías, que por aquel entonces se cantaban en latín, hasta llegar a la ermita. A continuación, la santa misa. Después de la misa, el sacerdote salía a la puerta de la ermita y bendecía los campos. La ermita estaba muy limpia para ese día, porque las vecinas de la barriada se preocupaban de limpiar, vestir el altar y adornarlo. La imagen de San Marcos muchas personas no la conocimos, porque en la guerra fue destruida. También la ermita se utilizaba para despedir a nuestros queridos difuntos. Cuando moría una persona, el sacerdote, el sacristán y los acólitos iban a por el difunto a la puerta de su casa, de allí a la iglesia y la última despedida era en la puerta de la ermita, donde el sacerdote rezaba un responso y subían al cementerio viejo a enterrarlo. Toda esta ceremonia la hacían andando con el difunto a hombros, pues entonces no había coches fúnebres, y por el contrario sí había muchos familiares, pues todos éramos familias numerosas. Para descansar del difunto se llevaba una mesa vestida de negro.

Resurrección García


3.    Las niñas en la escuela, en 1938 y 1940

En el mes de mayo vestíamos todas las niñas, con ayuda de la maestra, un altar a la Purísima Concepción. Nos mandaba al campo a coger flores silvestres para ponérselas a la Virgen, flores como el majoleto, flor de tapaculo, zapaticos de la virgen, peos de rana, amapolas, etc. Porque en el pueblo no había nada más que un rosal, el de la tía Fabiana, que vivía en la cuesta del río, al lado de la posada, y las vendía a perrilla la rosa pero como no teníamos dinero, las niñas nos conformábamos con ir a verlas. Todas las tardes, en la escuela, le rezábamos el rosario a la virgen y le cantábamos canciones como:

Catalina Pérez

Bendita sea tu pureza,

eternamente nos sea pues todo

un Dios se recrea en esta graciosa

belleza, a ti celestial princesa,

Virgen Sagrada María te ofrezco

en este día, alma, vida y

corazón. Mírame con

compasión, mírame con

compasión, no nos dejes madre

mía, no nos dejes madre mía...

También le decíamos versos como:

Virgen María, madre de Dios,

de Castilléjar toma una flor,

María, blanca paloma, si no

tienes flores toma mi corona,

como soy tan pequeñita y tengo

tan poca voz, pero sí puedo

decir viva la madre de Dios, etc.

Catalina Pérez

La Virgen del Rosario, 1955


 4.    Oficios perdidos: la capota

Entre los años cincuenta y principios de los noventa, desde mayo hasta primeros de agosto, principalmente, las mujeres y los niños tenían un oficio: la capota. Aunque nosotros la llamamos así, su nombre es alcaparra. Era una manera de sobrevivir en verano. De ahí salían las compras como el pescado, las verduras o algún caprichillo de esos. Las mujeres más guardosas se preparaban de arroz, harina, azúcar, fideos, etc. Así tenían para empezar el invierno con más facilidad. Los niños se compraban la ropa para la feria y el día de la Virgen de Agosto, aunque también disfrutaban de los helados. Yo misma también compraba la capota y la embarrilaba. Eran unos barriles de madera, se echaba la capota y en otro barril aparte se hacía el aguasal, con un pesa sales. Se ponía el agua a punto de sal y se iba añadiendo al barril de capota hasta que se llenaba. Se tapaba el barril y se dejaba todo el verano al sol para su cocción. Luego se lo llevaban a los almacenes para guardarlos en botes pequeños y distribuirlos. Hubo quien puso secanos de escaparreras porque la pagaban bien: 1 kg de pequeña, 1.000 pts (6 €). 1 kg de gorda, 250 pts (1,5 €). También se compraba revuelta, a 300 pts (1,8 €). Estaba muy bien. En aquellos años, el que cogía capota rápido se ganaba unas 5.000 pts (30 €), para el medio día. Otros días ibas y no encontrabas nada, porque era un hervidero de gente por todos los cerros. Gracias a que solamente las dejabas de coger durante dos días y ya tenían otra vez. Es una mata que cuanto más las coges, más echan, y cuanto más sol, también. Recuerdo que cuando llegaban las doce del medio día y en adelante, se formaban muchas polémicas en los sitios donde compraban la capota, porque había que cribarla, y algunas cribas tenían los agujeros más gordos que otras, y eso se miraba mucho. Ahora en los años que vivimos todavía se coge, pero da vergüenza ver que la pagan a 2 €, que no te da ni para alpargates, además de que no la compran nada más que en Benamaurel, así que no la coge casi nadie. A mí me da pena ver las escaparreras llenas de flores y de capota, así que la cojo para echarla en aguasal y hago las ensaladas tan ricas, a la vez que recuerdo tiempos pasados.

Ángeles Ramón Carrión, Cuca



 http://www.castillejar.es/digital/index.asp  

guadalinfo.castillejar@andaluciajunta.es

http://www.castillejar.es/digital/datos/castillejar_digital_junio_2009.pdf

 
Anotaciones.
Copio estos datos de Castilléjar: Moriscos y cristianos. 1488-1570. Señorío de los Abduladines, del conde de Lerín y del duque de Alba. Su autor fue Rafael Carayol Gor (párroco de Galera e historiador), que falleció en la Navidad de 2001 y le dediqué un artículo en Ideal, con motivo de su fallecimiento. Este trabajo fue publicado en Úskar. Revista Histórica y Cultural de la Comarca. Número 4, año 2001. 
El viernes 12 de marzo de 1501, Juan García Rama, con el consentimiento y testimonio de cristianos y mudéjares de la villa convirtió la dicha mezquita en iglesia, y mandó que se la llamara de San Gregorio… Quizá, por estar dispersa la población, junto al baño, que estaría cerca del rio, había otra mezquita. El mismo día 12 la tomó en posesión el clérigo lorquino imponiéndole el nombre de Santa Ana. Y en una nota a pie de página, añade: Muchos años después allí se levantó la ermita de Santo Domingo.

 Transcribo este párrafo del Diccionario Geográfico (1776), de Tomás López.
Se halla situada esta villa entre dos ríos, el uno llamado Guardal y el otro nombrado de Galera; ambos se juntan a distancia de doscientos pasos y sin tener más puente que unos palos para el paso preciso de caballerías… Las enfermedades más comunes en este pueblo son tercianas: los muertos igualan por lo regular a los nacidos, que suelen ser cada año unos diez y nueve o veinte.
Fiesta de San Isidro, 2009



Las tres estampas religiosas las guardaba mi madre en el misal. La Consagración de Castilléjar al Corazón de María tuvo lugar el 10 de octubre de 1954, en la Plaza del Caudillo, siendo alcalde Nicolás Martínez y párroco don Atanasio Martínez, mientras que el orador del acto fue el padre guardián del convento de san Francisco, de Orihuela. 
 
Posdata. Si alguien tiene una foto de la ermita de san Marcos o que esté relacionada con el artículo, la publicaría aquí con su nombre. La terciana es la malaria o paludismo, una enfermedad infecciosa transmitida por los mosquitos. La fiebre se repetía cada tres días y de ahí le viene el nombre. Finalmente, expresar mi agradecimiento a Luis Dengra por recoger estos antiguos recuerdos de castillejaranas en la revista, de hace casi noventa años. Y señalar que me ha llevado muchas horas darle forma al artículo.