viernes, 27 de marzo de 2026

LA AVENTURA DEL DOMINGO DE RAMOS

 

Cuadernillo de los senderos


El Domingo de Ramos salió un autocar del Polideportivo de Armilla con cuarenta senderistas y la ruta que se presentaba era de Cádiar a Murtas, unos veinte km. Pero no podíamos imaginar lo que nos esperaba aquel día primaveral de finales de marzo, de 2010. El autocar enfiló la Autovía Bailén-Motril y, media hora después, dejó atrás el pantano de Rules. Parece un chiste, pero lo cierto es que construyeron el pantano y se “les olvidó construir las acequias de riego”, por lo que toda el agua embalsada se pierde en el mar, aunque en Granada parece que ya estamos acostumbrados a estos desaguisados. El vehículo enfiló por la vieja carretera de la Alpujarra, mientras veíamos al fondo la Sierra de Lújar. En cambio, a mano izquierda, podíamos admirar el río Guadalfeo, en su tramo final, que llevaba bastante caudal por el deshielo. Un poco más allá se encuentra asentado en la llanura Órgiva, con sus esbeltas torres gemelas de la iglesia, mientras iban desfilando ante nuestros ojos los pequeños pueblos blancos, con el topónimo de origen árabe, diseminados por las laderas de Sierra Nevada: Cáñar, Soportújar, Carataunas, Almegíjar, Notáez, Cástaras, Lobres, Yegen, Mecina Bombarón... Al contemplar estos antiguos pueblos moriscos desde la lejanía, los convierten en uno de los más bellos paisajes de España,

Tras las intensas lluvias del invierno, algunas laderas de las montañas habían cedido a la presión del agua y habían invadido, en algunos tramos, hasta la mitad de la carretera. En cada curva había desprendimientos de tierra y era un verdadero peligro circular en aquellas circunstancias. En más de una ocasión, contemplamos asustados que la mitad del asfalto se había hundido, dejando una enorme zanja capaz de tragarse a cualquier vehículo, y el peso de un autocar podía provocar una tragedia en cualquier momento; o bien que había un metro de carretera sin asfalto, porque había cedido el terreno. Nos preguntábamos atónitos cómo era posible que los guías del sendero nos trajeran por aquí y no hubieran tomado la otra carretera, que era más segura, la que va por Lanjarón, Pampaneira, etc. Es más, el Domingo de Ramos no había ninguna máquina retroexcavadora trabajando y quitando la tierra que invadía la carretera, ninguna señal que advirtiera del peligro inminente, cuando tenían que haberla cerrado al tráfico pues un desprendimiento de las laderas podía provocar una tragedia en cualquier momento. Los vecinos de los pueblos se habían dado cuenta del peligro y apenas transitaban vehículos, pero ningún responsable de Tráfico adoptó la más elemental precaución ante la amenaza evidente de desprendimientos. ¿Quién se iba a atrever a conducir de noche, en aquellas condiciones? Yo tenía la impresión de que viajábamos por una carretera de Afganistán o de Nepal y que estaba viviendo una verdadera aventura, lo raro es que no hubiera ocurrido alguna desgracia o que los medios de la provincia no se hubieran hecho eco de las malas condiciones y del peligro para conducir por la carretera de La Contraviesa.

Cuando divisamos el pueblo de Cádiar, respiramos aliviados pensando que de buena nos habíamos librado, pues aquel episodio no se vivía todos los días. Con todo, hubo senderistas que no fueron conscientes del peligro que nos acechaba, es más, parecían divertirse con los baches, con el asfalto cortado en la carretera porque se había hundido, y no se daban cuenta de que en cualquier momento el autocar podía despeñarse por la ladera abajo. Desayunamos en Cádiar, pasamos por la ermita de San Blas y dejamos atrás el viejo cementerio, poblado de cipreses, al que veríamos horas después a lo lejos, durante gran parte de la etapa. Todo fue subir y bajar montañas, por aquellos terrenos abruptos, sufriendo el cansancio en las subidas y lo penoso en las bajadas. Pero las vistas que ofrecía el paisaje, con Sierra Nevada al fondo, eran impresionantes, todo un espectáculo: la nieve en las cumbres de la Sierra mientras que en las laderas destacaban los pequeños pueblos blancos… A mitad del camino se nos unió un enorme mastín, que se encontraba junto a unos viñedos, pero asustaba nada más verlo. En cambio el perro era bastante pacífico, al principio nos seguía de lejos pero luego fue tomando confianza y se unió al grupo como uno más.

Entre almendros y vides, llegamos a lo alto de La Contraviesa, a unos 1.200 m. de altitud. Aquí encontramos un bonito chalé, donde viven una noruega y un holandés, con varios coches y cinco perros que les sirven de protección en este paraje tan aislado. Un perro negro, de menor tamaño, persiguió al viejo mastín, que salió huyendo y ya no lo vimos más. Yo temía por la suerte de aquel pobre animal, cuando llegáramos a Murtas y nos montáramos en el autocar. Entonces tendría que regresar a su guarida de noche, a unos quince km de distancia. El holandés había salido y la mujer se ve que estaba tomando el sol completamente desnuda, según dijeron los primeros senderistas que llegaron al chalé. Rápidamente, ella se puso una bata y a continuación nos explicó el significado de varias esculturas, que había hecho su marido, y que se hallaban diseminadas por el terreno: un armatoste de hierro, como una colmena con celdas, representaba la vida en la ciudad; otra escultura era una silla de bronce y del asiento sobresalía un enorme falo. En este punto la noruega, de unos cincuenta años y de aspecto hipy, ya no supo darnos una explicación convincente, pero tenía muchas ganas de hablar, quizá por la soledad de aquel paraje. Varios senderistas aprovecharon y se hicieron una foto junto a la silla fálica.

Vista parcial de Soportújar


Poco después bajamos por una ladera muy pronunciada y luego subimos por un terreno bastante abrupto, donde apenas se podía pasar por los árboles y los matorrales, lo que provocó que algunas mujeres protestaran al guía. Después, el sol y las cuestas hicieron muy penoso el ascenso, pues varias senderistas se quedaron exhaustas y sin agua, por lo que tenían que descansar con frecuencia. Repartí agua a varias de ellas y un guía me dio una pastilla de glucosa, que me reanimó bastante. Después de un descanso subimos por el monte hasta la fuente de Mecina Tedel y, unos km más adelante, llegamos por fin a Murtas, famosa por su vino y sus trovos. Desde su collado (a 1.200 m de altitud) se puede contemplar el Mar Mediterráneo, pero esa tarde había neblina en el horizonte. El guía no calculó bien y nos hizo andar más km de la cuenta, durante más de seis horas de camino: convirtió el Domingo de Ramos en una aventura y casi en un Viernes de Pasión. El regreso lo hizo el autocar por Pampaneira y Lanjarón, porque circular por la carretera de La Contraviesa era un suicidio.

Desde 1996 hasta el año 2010, aproximadamente (fueron los años en los que participé), la Diputación de Granada, a través del Área de Deportes, patrocinó la actividad deportiva, Caminando por senderos de Granada. Copio del cuadernillo que nos entregaron, sobre la historia del programa 1996-2001: “El sendero de Gran Recorrido GR-7 es el tramo español del Sendero E-4 que, procedente de Grecia, atraviesa Europa y entra en España desde Andorra por Cataluña. Atravesando las Comunidades de Cataluña, Valencia y Murcia…”. De manera que un domingo al mes, unos once autocares salían del Polideportivo de Armilla con destino a otras tantas rutas, por la variada y sin par geografía de Granada. Era un espectáculo ver saliendo de la explanada a tantos autocares, a las ocho de la mañana, más que en la Estación de Autobuses Granada. Andábamos cerca de veinte km o más, y a veces veníamos reventados de subir y bajar montes o de caminar por veredas, pero el deporte al menos nos mantenía en forma y a la vez pasábamos media jornada con los compañeros de fatigas. Antes del regreso, pasábamos media hora en algún bar de pueblo, echando unos tragos y comentando las incidencias. Era una forma de hacer deporte y cultivar amistades, hasta que en 2010 la Diputación dijo que no subvencionaba el deporte a los quinientos senderistas que sudábamos la camiseta los fines de semana, mientras le subía los sueldos y dietas a los diputados y cargos de confianza. Años después los ayuntamientos de los pueblos empezaron de nuevo a subvencionar los senderos de los domingos, a los adultos y mayores, por lo que continuamos en la brecha y es de agradecer.  

Los guías pertenecían alClub la Verea”, de Churriana de la Vega, eran buena gente y unos profesionales, entre ellos estaba el maestro, Manuel Varo Sánchez, que editó precisamente el libro "Caminando por senderos de Granada", donde recoge la experiencia de aquellos años de senderismo y va detallando las rutas, leyendas y paisajes de la provincia.

Publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/leandro-garcia-casanova-la-aventura-del-domingo-de-ramos/

viernes, 13 de marzo de 2026

POR EL CAMINO DE MONTEVIVE


Las Gabias y al fondo Granada

 


A las 7:30 de la mañana del domingo, tres de septiembre de 2003, un amigo y yo subimos por la Cuesta Blanquilla mientras que un gatillo negro abandonado nos contempla desde un solitario solar. Dejamos atrás las últimas casas de Las Gabias y nos adentramos por los montes. Pero lo que nos llama la atención, a esta temprana hora, es la caravana de turismos que se ven por la carretera de La Malahá: salen de las dos discotecas cercanas, en medio de pitidos de claxon, voces de borrachos y música rockera a todo gas. Un coche va haciendo eses, con el riesgo de colisionar con los que vengan de frente, y un solitario chaval camina por el arcén en dirección a Las Gabias. No se le ve muy católico. Es un espectáculo ver la marea de vehículos que se dirigen a Granada, a dormir la mona, después de estar toda la noche de juerga. Bebiendo y soplando. La Guardia Civil de Tráfico podía hacer una excelente labor de reeducación vial, siguiendo las instrucciones del Pere Esteve, como la inmediata retirada del carné de conducir. La pareja no tiene nada más que ponerse en la carretera y parar a los sospechosos.

Parte del Área Metropolitana de Granada


Poco después, desde lo alto de un monte, observamos a los conejos correteando por la Rambla de la Cañada Honda, un auténtico vertedero clandestino donde echan los cascotes de las obras, sin que el Ayuntamiento de Las Gabias mueva un dedo. Subiendo a Montevive también se pueden ver sofás, muebles viejos y toda clase de trastos y electrodomésticos tirados a un lado del camino. Un poco más arriba, las vistas son impresionantes: Granada aparece al fondo y, más acá, lo que queda de la Vega; a la izquierda Cúllar y Santa Fe, y a mano derecha, Sierra Nevada con los pueblos desparramándose por las laderas. Mientras tanto, a nosotros nos espera un camino de polvo y sudor, pues la temperatura rondará los 20 grados. A un lado dejamos el camino a la finca del Cortijo de Malpasillo y, en cuestión de una hora, llegamos a Montevive. Pero ya no es aquella montaña orgullosa y esbelta, de 971 metros de altitud, que se asemejaba a los pechos de una mujer. Ahora ni siquiera es un monte: es una masa de tierra informe, mutilada y vaciada en la parte superior. A Montevive hace tiempo que lo descuajaringaron: esto es, le extrajeron el corazón con las retroexcavadoras.

Montevive al fondo y la A-44 abajo


A la izquierda hay explanadas, con taludes por donde van echando la tierra y las piedras, algunas enormes, que extraen de sus entrañas. Y en la parte posterior, mirando a
La Malahá, se encuentra la mina mientras que en la cima del monte sobreviven a duras penas dos encinas centenarias. Cuando contemplábamos, asombrados, a la mítica montaña de color de cobre, una bandada de perdices empezó a corretear por un sembrado. Seguidamente, otra bandada de cuervos –también anida aquí una colonia de búhos reales y zorros– pareció desaprobar nuestra presencia con sus escandalosos graznidos y, batiendo las alas, desaparecieron en un instante. Los cuervos vienen de la Vega de Granada y, a veces, al amanecer veo a la bandada volar por encima de mi casa. Después siguió un silencio sepulcral roto por el agradable canto de una perdiz. Pero el paisaje no puede ser más inhóspito: aparte de la montaña reducida a escombros, llaman la atención los carteles, vallas y torretas. Nada menos que tres vallas altas cerrando el paso a los visitantes y curiosos, a pesar de que el monte es público en la parte no afectada por la mina. Y en cuanto a los carteles, me entretuve en copiarlos. Éste prohíbe el paso a todo tipo de vehículos, aquellos dos, en letras negras, advierten: “Cantera, peligro explosivos”. Como las vallas nos impiden el paso, vamos bordeando la montaña y, cada centenar de metros, avisan del peligro de explosivos.

En el cerro de al lado, hay una fosa en el suelo donde yace semienterrado un perro. Está boca arriba y con las patas señalando al cielo, pues ni siquiera se molestaron en taparlo con tierra. Al fondo del barranco se ven dos vehículos de cazadores, con sus respectivas perreras. Un poco más allá, varias hectáreas de terreno están aplanadas por las retroexcavadoras. ¿Qué irán a hacer aquí, en este sitio tan contaminado por el estroncio? Los escopetazos se oyen cada vez más cerca y, al poco, dos hombres rastrean con sus perros las laderas del monte cercano. Vamos rodeando la montaña, pero todo es un inmenso talud de unos 50 metros por donde van arrojando las piedras de desecho. Subimos a una loma y de pronto aparece la extensa llanura de la Comarca del Temple, mientras que a la derecha está el caserío blanco de La Malahá. Hace rato que un olor denso y fétido flota en el aire: viene de abajo, donde se encuentra la Planta de Reciclaje de Alhendín, que transforma la basura doméstica en compost, un abono para las plantas. Emprendemos el regreso, pues el calor aprieta, y me fijo en las tres torretas alrededor de Montevive que serán de Telefónica y de alguna emisora de radio.

El camino que lleva a Montevive


Conforme bajamos, el corazón de Granada parece retumbar por sobre la Vega: ¡pom, pom, pom! Es el ruido del tráfico de vehículos, de las fábricas, de la maquinaria, en suma, el bullicio de la humanidad. Dos bandadas de aves –unas cincuenta o sesenta– se entretienen dibujando círculos en el cielo. Son enormes, como las águilas perdiceras, y comprobamos que tienen el pico curvo. Su plumaje es negro, mientras que por el vientre y bajo las alas es de color gris. Nunca habíamos visto tantas aves juntas, las contemplamos con los prismáticos cuando se posan en las copas de los almendros cercanos. Unos días más tarde llamé por teléfono a ‘Flora y Fauna’, de la Delegación de Medio Ambiente, donde me informaron que no saben nada de la bandada de aves, pero pueden ser águilas ratoneras, ya que en este tiempo emigran a África por el Estrecho de Gibraltar. El espectáculo es impresionante: ver a tantas águilas juntas, dibujando círculos en el cielo y posándose después sobre los resecos almendros de estos parajes, para hacer un alto en su viaje de miles de kilómetros a África.

En 2005, la Consejería de Medio Ambiente elaboró un informe, donde textualmente se lee: “La mina de la Aurora es la mayor devastación provincial en un área de estas características, y la montaña de Montevive ha sido transformada en una escombrera... En más de 50 años de actividad no se ha restaurado nada”.

Dos años después de escribir este borrador, en octubre de 2005, se produjo un accidente de circulación, en una curva, entre Las Gabias y Churriana de la Vega. Un vehículo se estrelló contra el muro de hormigón, de un chalé, fallecieron tres jóvenes de Churriana y otro quedó en estado crítico. Pasado un tiempo, la Guardia Civil hizo controles los fines de semana en la carretera y desde entonces dejaron de venir centenares de jóvenes a las discotecas. La Rambla de la Cañada Honda y el camino también dejaron de ser vertederos, donde tiraban los escombros y los muebles viejos. El pasado siete de marzo subí por el camino de Montevive hasta la Autovía A-44, conocida como Autovía de Sierra Nevada-Costa Tropical, que conecta Bailén con Motril. Crucé el puente para los peatones y desde aquellos parajes se divisa a lo lejos la impresionante montaña de Montevive, con sus dos centenarias encinas (como si fueran eternos guardianes), pero dejé para otro día subir más arriba pues el camino estaba intransitable por el barro.

Sierra Nevada, entre almendros y olivos


Lo cierto es que, subiendo y bajando por el
camino de Montevive, no oí el runrún de los vehículos y de las máquinas, como veintitrés años atrás, porque ha disminuido bastante el tráfico en la antigua carretera de Bailén-Motril y en las carreteras cercanas, debido a que el metro llega hasta Armilla. También ha desaparecido la negra capa de contaminación atmosférica que se veía por encima de los edificios de Granada (era una de las ciudades más contaminadas de España), al disminuir la circulación de los vehículos, mientras que en Las Gabias también cerraron los centenarios tejares, que elaboraban ladrillos para la Alhambra. El tráfico de la Autovía A-44 se oye conforme subes por el monte, al mismo tiempo que el paisaje te ofrece unas vistas espectaculares de Sierra Nevada, que se alza en el horizonte. Como había llovido de forma intensa el día anterior, el camino estaba embarrado, hasta un turismo se había quedado inmovilizado debido al barro en una orilla. Hacía años que no subía por aquí, pero ahora en este paisaje semidesértico están los almendros en flor y le dan el aspecto de una postal. Al lado de la autovía, en las laderas de los montes, se ven numerosas madrigueras de las liebres mientras que en los ribazos del camino hay agujeros más grandes donde se refugian los lagartos y zorros.

Aspecto de la cara sur de Montevive. Javier Flores

Copio estos párrafos del artículo:
“Montevive, la desconocida y estratégica mina de celestina de la cuenca de Granada”, de Noemí Ariza Rodríguez, publicado el 8 de diciembre de 2022, en El Independiente de Granada.

“Pocos granadinos tienen constancia de que el yacimiento de mineral de celestina de Montevive, situado en las intersecciones de los municipios de Las Gabias, La Malahá y Alhendín, es la mayor reserva de Europa de este mineral inerte de estroncio, incluido últimamente como mineral crítico en Unión Europea por sus notables aplicaciones en el campo de la electrónica, telecomunicación, informática (pantallas de TV, ordenadores, radar, semiconductores, dieléctricos, resistores, monocristales), metalurgia, aleaciones (moldes, productos de soldadura, tratamiento de aceros, refinado electrolítico), electrólisis del zinc, automoción y otras como imanes permanentes o acumuladores eléctricos. Es por ello que desde los departamentos de Mineralogía y Petrología e Ingeniería Química de la Universidad de Granada surgió el interés por un estudio en conjunción con la empresa Canteras Industriales S.L., la empresa que explota la mina, que ha sido publicado recientemente en la revista Minerals (…).Canteras Industriales S.L. que tiene la concesión minera de explotación, tiene como principios conseguir el mayor aprovechamiento aplicando técnicas respetuosas con el medio ambiente”.

Es evidente que, casi un cuarto de siglo después, hay menos contaminación acústica y atmosférica en el Área Metropolitana de Granada, a la vez que también ha mejorado el medio ambiente.

Publicado en Ideal en Clase

https://en-clase.ideal.es/leandro-garcia-casanova-por-el-camino-de-montevive/

Posdata. Copio este párrafo del artículo En el corazón de Jabalcón, publicado en La Opinión de Granada, el 13 de noviembre de 2007, y en mi blog el 3 de octubre de 2014.

“En cuanto a la montaña de Montevive, la empresa minera despidió a los pocos empleados que tenía y dejó de sacar estroncio, de manera que aquello lo tienen cerrado. El estroncio es un mineral muy peligroso que contamina el agua y el aire, precisamente, un médico me dijo por esa época que en Las Gabias había cánceres de estómago y otras enfermedades debido a la contaminación del estroncio y a los abonos del campo. Entonces el agua que bebíamos allí era de los pozos".