sábado, 17 de noviembre de 2012

EL COLEGIO ELECTORAL DEL SEÑOR CANDIDATO




Elecciones al Parlamento de Andalucía

 El 25 de marzo, tuve el honor de ser presidente de una mesa electoral (el distrito del centro), en un pueblo del cinturón de una capital andaluza. Aunque me había leído el manual, barruntaba que aquello iba a ser bastante complicado. El primer problema apareció a las 8:50 horas. Viene la representante de la Administración y me dice: “Esta apoderada quiere votar ahora, porque tiene que irse a una mesa”. Miré mi reloj y le contesté: “Hasta las 9 de la mañana no empieza la votación”. Más tarde me enteré que la apoderada del PSOE era madre de un político que se presentaba para diputado. La mujer se pasó prácticamente toda la mañana sentada en una silla, que había colocado al lado de las papeletas y de la cabina electoral, de manera que controlaba a los votantes de las cuatro mesas electorales. Yo no me di cuenta de esto hasta que me lo dijo un apoderado del PP, sobre las tres de la tarde. Pero lo peor era que en el colegio no se oía otra voz que la de esta apoderada, pues hablaba bastante fuerte. A esto hay que añadir, que la esposa del político estaba de interventora en la mesa de al lado mientras que el político también era apoderado: miraba las listas y hablaba con unos y otros.

Si esto no era bastante, la primera vocal de mi mesa fue invitada a comer por el padre del político. Tardó hora y cuarto para comer y, a la tercera vez que le pregunté si había dado la participación del número de votantes al mediodía, a la representante de la Administración, fue cuando me dijo que sí. Por la tarde ya no me informó de nada, esto es, dio la participación de votantes a mis espaldas. Antes de irme a comer quité las dos sillas que había al lado de las papeletas y, a continuación, llegó la madre del político dando voces: “¿Quién ha quitado las sillas de aquí? ¿Quién ha sido?”. Me levanté y le dije: “He sido yo, las sillas no tienen por qué estar al lado de las papeletas”. Me marché, pero la apoderada siguió dando voces en el local. Cuando regresé, me enteré que un apoderado del PP le advirtió que, si volvía a colocar las sillas al lado de las papeletas, iba a poner una reclamación. A partir de entonces, la mujer se sentó cerca de una mesa y, al menos, los electores ya no votaron coaccionados.


En el pueblo, algunos padres tienen la costumbre de entregarle el sobre con el voto al niño y este lo introduce en la urna. Yo no sabía nada de esto y me negué en redondo. Les explicaba que el voto es personal y que sólo votan los mayores. El caso es que vino un joven, dando voces y con amenazas, hasta que le dije con el móvil en la mano: “Vote y váyase, o llamo a la policía municipal”. El joven se marchó, pero la apoderada hizo un comentario a favor del joven y, más tarde, otra apoderada del PSOE se tiró una gracia diciendo que iban a llamar a la policía municipal. Como el 25 de marzo era el cumpleaños de la alcaldesa del PSOE, pasaron bandejas de pasteles entre las mesas y, sobre las 18 horas, uno empezó a cantar el “cumpleaños feliz”, mientras animaba a los miembros de las mesas para que cantáramos. Creo que un colegio electoral no es el sitio más adecuado para celebrar el cumpleaños de nadie. Poco después, votaron el político (en mi mesa) y la alcaldesa, y un fotógrafo los inmortalizó.

Como yo tenía algunas dudas, un interventor me dijo: “Los votos nulos se cuentan como votos en blanco, porque si no en el Ayuntamiento te hacen preguntas... Luego decidimos en la votación”. Le contesté que un voto nulo no se puede convertir en uno en blanco y que los interventores tenían voz, pero sin voto (al final, salieron 4 votos nulos y 2 en blanco). Hablando después con un apoderado del PP, me contó que en las elecciones municipales la cosa era peor: los apoderados se sentaban en varios sitios estratégicos, cerca de las papeletas, y que en el pueblo se dejaba que los niños votaran. Lo sorprendente es que el político había convertido el colegio electoral en su ‘chiringuito’: allí tenía a su familia y a todos sus agentes colocados, había calculado hasta los mínimos detalles y, al final, salió elegido diputado. Trato de demostrar los vicios en los colegios electorales, para que la Junta Electoral evite estas irregularidades. Yo me llevé unos cuantos disgustos y todavía estoy avergonzado de lo que pasó allí el 25 de marzo. El sistema está viciado y todavía estamos muy lejos de Europa.
Leandro García Casanova


 Artículo publicado el 29 de marzo de 2012, en el ABC de Sevilla.

Posdata: Pasadas las elecciones autonómicas, una mañana el diputado elegido siguió en su coche a mi mujer por la calle y, cuando llegaba a mi vivienda, hizo como que le hacía una foto. Sin duda, trataba de impresionarnos. Si todo esto lo hacen en un colegio electoral, a la vista de todo el mundo y con total impunidad, ¿qué no harán en otros sitios? ¡Pobre Andalucía!, muchos están empeñados en que no salga de su atraso, así medran mejor. Esperemos que esta publicación no me traiga problemas.



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